«EaaRumA» Fic de MissAnunnaki

Capítulo 12

Constantemente me sentía rodeado de un aura oscura, pero a la vez celestial, me ponía incómodo; ellos se notaban tan calmados, ¿Acaso no podían comprender lo angustiado que me encontraba? ¿Acaso no podían compadecerse de la pobre Riza? Algo me incomodaba, me sentía metido dentro de una burbuja, quería disculparme y decirles que sintieran lo que yo, pero sabía que no lo harían. Suponía que Georg lo reprimía, o no quería armar tal escándalo como el que estaba montando yo.

—Tendrás mi apoyo, elijas lo que elijas, Tom —la voz de Moritz me obligó a que lo mirara. Hizo una mueca y se mostraba tranquilo, ¿Cómo podía estarlo? Yo estaba que hervía pero sabía controlarlo, no podía comprenderlo, ¿Dónde estaban los sentimientos? —Si quieres enfrentarte sólo a ellos, no me opondré. Es más, tú…

No terminó de concluir, ya que se quedó quieto, como si algo brusco le hubiera golpeado el cuerpo, vi que una flecha le atravesaba el mismo y el horror se apoderó de mí. Retrocedí varios pasos, viendo como su piel se volvía grisácea, miré para atrás, ¡Ahí estaba Georg! Llevaba la mirada seria, y luego triunfante por haber dado en el blanco. Volví a ver a quien se encontraba a mi lado y su rostro se volvía como un demonio, se derretía. La confusión me dominó, ¿Qué era todo esto?

El vampiro corrió hasta estar con el otro Georg, pero yo no podía avanzar, ya que me habían tomado del brazo tironeando para sí. Me giré y Bill me sostenía, me quería llevar a la dirección donde Riza se encontraba metida en problemas, la desesperación me carcomía, los nervios aumentaban y la confusión ya no podía hacer más, rebalsaba. En un abrir y cerrar de ojos, me encontraba abandonando el suelo, mi brazo ardía, levanté la vista y un demonio me sujetaba con fuerza. Busqué a los verdaderos, entonces la tranquilidad venía a mí, cuando vi a Riza que observaba para arriba, a mí, siendo llevado por quién sabía qué.

Todo había sido un engaño, no sabía lo que había sucedido cuando cerré los ojos, no sabía si en verdad estaba muerto, ahora ya no podía concentrarme en la verdad, ¿Qué era real? ¿Cómo eran capaces de transformarse en ellos? ¿Qué había pasado exactamente? ¿Acaso Ronda tenía que ver en todo esto? ¿Por qué tanta maldad hacía mí?

La maniobra del demonio fue brusca, oí su jadeo y no lo veía solo, Bill estaba con él, no sabía si el verdadero pero el asunto era que no me encontraba solo. Parecía estar sufriendo, y de la nada, me sentí caer. Mi cuerpo se acomodó, de modo que mi cabeza no fuera hacia abajo, ahora caía de espaldas, miraba mis brazos extendidos, y como el demonio luchaba contra Bill, lo lastimaba, pero él le hacia el doble de daño. Enterró su mano con mucha potencia, y el demonio se volvía de un color gris, similar a lo que le sucedió a Georg cuando esa flecha le dio en el pecho, si era que se trataba del verdadero Moritz.

Mi espalda chocó contra algo suave, caliente, y al parecer vivo. Su gruñido me advirtió de quién se trataba, pronto me vi rodeado de árboles desnudos y allá, en el cielo y lejos, a Bill que observaba como esa ceniza se desvanecía. Me di la vuelta, y Riza, la loba, me observó con esos tiernos y salvajes ojos. La alegría me correspondió y la abracé como si se tratara de un pequeño con su osito de felpa, apreté fuertemente los párpados sintiendo su calor, me ponía contento saber que solo era una trampa, que todo no era cierto, que la falsa tranquilidad de Georg solo era parte de una emboscada. También, me sentía aliviado de que el verdadero Bill no escuchó lo que le había dicho al impostor, pero se tornaba difuso, ¿Qué querían hacer conmigo? El viejo truco de llevarme al infierno haciéndose pasar por otros.

—Creí que estabas en problemas —le dije mientras la miraba; para algunos ella podía lucir espeluznante y asesina, pero para mí solo parecía una cachorra fiel a su dueño, aunque no la consideraba mi mascota. Su gruñir era distinto ahora, parecía decirme algo.

— ¿No es grandioso? —oí a unos metros de distancia, levanté la vista y mi sonrisa se desvaneció. Me levanté y Riza hizo lo mismo, veíamos a unos tipos parados, mirándonos con frialdad. Sus apariencias eran extrañas, no parecían humanos, había algo que les rodeaba que no era de este mundo, o por lo menos no de los vivos. — ¿Así que por fin te olvidaste de Bill?

No comprendía porqué preguntaba algo como eso, el sujeto que lo había formulado llevaba una vestimenta oscura, como una túnica que le iba hasta por encima de los tobillos. En cambio, la otra persona usaba ropa como la nuestra, y… Un momento, recordaba a ese sujeto, era el que se encontraba con la mundana, aquella vez cerca de la cabaña. ¡Sí, era él! Parpadeé ante la sorpresa de volver a encontrarlo, mi cuerpo no reaccionaba, se quedaba inmóvil frente a ellos.

Riza se puso en posición de ataque y gruñó al reconocer lo que les rodeaba. Los pasos de Georg me hicieron estar alerta, ya no sabía qué era real y qué no; levanté la vista y el vampiro nos observaba a medida que bajaba. La lluvia que caía sobre nosotros era demasiado densa, se la podía confundir con agua nieve por la lentitud que tenía al descender de las nubes grises. Un sujeto era alto, el otro un poco bajo, pero no por eso dejaba de mostrarse firme al lado del que había hecho la pregunta.

— ¿No te sorprendes de verme? —preguntó, extendiendo sus brazos, mostrando una sonrisa, aquella misma delataba unos colmillos. Llevaba ojos azules, no sabía si se encontraba a la defensiva, yo no bajaba la guardia de todas formas. —Ansiaba tanto este momento.

La sorpresa llegó entonces, toda mi vida pasaba sobre mi cabeza, los primeros momentos en los que era consciente, los años que llevaba en esta reencarnación. Comenzaron a mezclarse con las vidas anteriores, repitiendo algunas escenas o movimientos, recreando una y mil veces el final. Bill llorando en varias ocasiones, día o noche, verano o invierno, mojado por la lluvia o sudando por el calor del desierto; todo formaba un círculo, el escalofrío se impregnaba por mi piel y un cosquilleo se sintió en la nuca. El responsable de todo ese caos se encontraba frente a mí.

—Bart. —sentencié. Él asintió haciendo una reverencia.

—Tanto tiempo sin vernos, ya sabes como es esto.

—Esta vez es diferente, soy un cazador. —me adelanté. —No te lo haré fácil, en otra vida pude haber sido un idiota pero esta vez no.

—Shannon. —dijo y sentí una ráfaga de viento golpearme la cara. Pronto algo me tomó del cuello y me apretaba con harta fuerza, la impotencia y falta de aire se manifestaron; me encontré con la mirada monstruosa de aquel tipo, pero me arrojó al suelo en cuanto su cuerpo se hizo para atrás.

Me caí sentado, Riza tironeaba al tal Shannon con demasiada ira, sentí los brazos de Georg que me ayudaban a reincorporarme. Observaba como ellos luchaban, pero duró poco, ya que un grito de Riza me hacía dar cuenta de que la había herido. Salí corriendo pero alguien me ganó de antemano, la velocidad de Hagen era más rápida de lo normal cuando andaba en peligro, tomó sus herramientas y tiró una flecha en dirección a Shannon, pero él logró esquivarla. Eso no impidió que el cazador siguiera corriendo y se tiró sobre él, dejando a Riza a un costado, sumisa ante el daño que le había causado.

Troté en dirección a ella, pero vi que alguien se inclinó de forma veloz hacia mí, rápidamente hicimos contacto visual y mi respiración se acortó al ver a la mundana frente a mí. No tenía la apariencia de siempre, estaba cambiada, su cabello y sus ropas eran distintas, me sonrió de manera maliciosa y extendió su mano a quién sabía donde, lo mandó en mi dirección y observé, por el rabillo del ojo derecho, que algo venía a mí con rapidez. Logré agacharme, se trataba de un pedazo de tronco, volví a mirarla, no completó su transcurso hacia mí, ya que el vampiro fue tras ella.

Recordaba que los vampiros antiguos no podían luchar entre sí, pero si la mundana era solo una bruja, entonces podían. Luchar y matar, eran cosas diferentes, pero siempre se tenía que llegar de una a otra. Luchar para matar, matar para demostrar la lucha, como en esos cuentos y reencarnaciones que había pasado, todo para conseguir la dominación de un territorio, algo o alguien, o también cuando la política pasaba su límite, y se recurría a la violencia, como los golpes de estado.

Bill extendió ambos brazos, en direcciones diferentes, inspiró profundo y apretó sus labios. Shannon y la mundana dejaron de luchar, se encontraban quietos en sus lugares, era algo sorprendente, no sabía que los vampiros antiguos podían hacer ese tipo de cosas. Su aura estaba poderosa, emanaba unas energías tan fuertes que me sentía algo debilitado. Eso me preocupaba, porque estaba gastando sus fuerzas, y le traería consecuencias, porque no había bebido mucha sangre la última vez.

—No permitiré que elimines a sus amigos. —decía el vampiro, miró directo al tipo de túnica. —No volveremos a lo mismo, Jared.

Dijo su nombre en un susurro, un susurro que provenía de alguien que había sufrido mucho, que estaba cansado y dolido por todo lo que debía atravesar, siglo por siglo. Que dijera su nombre me recordaba a un montón de situaciones, era como si las piezas iban en su lugar por su propia cuenta.

—No es a ti a quien quiero lastimar —parecía que había provocado en él algún estímulo, porque su voz había cambiado y parecía estar neutro con la situación. —Lo sabes muy bien. Sabes porqué él, y tú, deben pagar por esto. Tú mismo te sentenciaste al eterno conjuro, dijiste que no te importaba, dijiste que lo querías, que era lo más importante en tu vida, que no querías perderlo.

Todos pasábamos a un segundo plano, me quedaba mirándolos, como un niño que apenas podía comprender la vida de los adultos, intentando sentir empatía, más no lo lograba.

— ¡Cállate! —le ordenó Bill, por un momento pensé que era un humano, podía sentir que algo lo estaba estorbando, que no quería que yo me enterara de algún asunto. — ¡No hables más!

—Y mientras tú lo amabas, yo te amaba, ¿No te acuerdas? —dirigió su mirada a mí, yo inflé el pecho y el enfrentamiento comenzó. —Pero tú… ¡Tú te metiste en la felicidad de ambos! ¡De no haber sido por tu jodida existencia, no estaríamos todos aquí, él no estaría pagando por algo que se auto ordenó por amarte, y todo… Todo por no hacerte desaparecer para siempre!

Vacío, un vacío se instaló en todas mis emociones, era como si de pronto me encontraba muerto y no sentía absolutamente nada. Busqué los ojos del vampiro, me observaba con una expresión de un cómplice al descubierto, negaba con la cabeza, haciéndome entender que no creyera en sus palabras. Era un capricho, un deseo egoísta, un pacto eterno y doloroso. La verdad dolía, saber que era el autor de una separación de vampiros, y que debido a su locura había aniquilado a media población vampírica por su amor, me hacía la criatura más miserable del universo.

Por eso Bill lo evitaba a toda costa, por eso no quería este reencuentro, sabía lo que pasaría, sabía todo lo que iba a suceder luego; mi mente estaba en una laguna de confusión, a tientas podía saber lo que sucedía en mis anteriores vidas, creía que con el pasar de los años la memoria se iba deteriorando debido a que no podía cargar con tanta información. Y ahora que volvía a saber la verdad, una vez más, me daban ganas de borrarme del planeta. Pero… si hiciera eso, todo lo que había hecho hasta ahora, ¿Había sido en vano?

No.

—Si quieres eliminarme, y para siempre, entonces hazlo. —Riza echaba gruñidos, Georg la contenía y me observaba con seriedad. —Pero a ellos no les hagas daño. Dame una lucha, solo los dos, vénceme con tus manos.

Intercambiamos miradas, se quedó pensativo unos instantes, tal vez pensando en la posibilidad de morir. Solo un cazador podía vencer hasta al más poderoso vampiro, y ojalá pudiera destruir a uno, pensaba que ese era mi sueño en esta vida.

—Aplástame la cabeza.

&

-Es la primera vez que me desafías -se mostraba lunático con su sonrisa, sus palabras estaban cargadas de ira, las contenía, le ponía barricadas para que no salieran a gritos. -Puesto que antes solo implorabas porque te dejara vivo.

-Ahora imploro que me elimines, si es que puedes hacerlo. -enfrentados, podíamos ver como las ráfagas de viento se llevaban las gotas débiles, el frío nos azotaba sin piedad, pero mi sangre hervía al tener al enemigo que tanto me costaba derrotar. En vidas anteriores no era un cazador, y mi inexperiencia en peleas y entrenamientos, me alejaba de la posibilidad de siquiera enterrarle un puñetazo en la cara.

Coloqué un pie hacia atrás, marcando la tierra; era la primera vez que lucharía con un antiguo, no había practicado pelea con alguno, sin embargo, había estudiado todos los movimientos de Bill. Lo observaba siempre, no sabía si se daba cuenta de eso, lo examinaba en cada gesto y paso que daba, tratando de comprender. La diferencia era que él y Bart eran distintos, Bill se asemejaba a un humano, solo cuando luchaba se comportaba como tal, ahí era donde prestaba suma atención.

– ¡No lo hagas, Tom! -la voz del vampiro fue algo que me desconcentró de inmediato, volteando a verle. Su rostro angelical se mostraba asustado, con el entrecejo fruncido y sus labios separados, dejando el rastro de sus colmillos. Estaba preocupado, todo su tiempo de búsqueda concluida terminaba en esto, y yo no quería que eso sucediera jamás.

Su rostro dolido, agotado y asustado fue lo último que vi; imágenes tormentosas me invadieron, veía el cielo, luego la tierra, sentía el sabor a sangre y como mi cuerpo se calentaba con el pasar de los segundos, disfrutando de la victoria en ocasiones, y otras fracasando de tiros errados. Mis movimientos me recordaban a vidas pasadas, los ojos azules no se despegaban de mí, me seguían en cada acción que cometía, sorprendiéndose, tal vez, de mis habilidades al ser cazador.

Me dolía varias partes del cuerpo, más no cesaba la lucha por sobrevivir, no podía describir la fuerza inmortal que el vampiro antiguo tenía, era cien veces peor, la entrada al infierno, el ácido que perforaba la piel. Estaba cubierto de tierra mojada, de sudor y sangre, no me importaba, no solo yo estaba herido, había conseguido darle en algunas partes de su anatomía. Pero sabía su objetivo, quería cansarme hasta que ya no pudiera más, marearme en el intento, hacerme confundir hasta caer de rodillas, para así, seguramente, dar su golpe final.

– ¿No estás cansado? -su pecho subía y bajaba de manera relajada, la mía era todo lo contrario; necesitaba agua y unos pulmones nuevos. Se acercó y me golpeó nuevamente en el estómago, eso me hizo saltar hacía atrás, retrocediendo luego torpemente soportando ese dolor espantoso. – ¿No quieres sentarte?

Mi cuerpo respondió al golpe en la espalda, sintiendo como si una puñalada se me atravesaba sin filtro, eché un gemido y me obligó a caer de rodillas. No podía dejar de pensar entonces en los demás, no sabía qué estaban haciendo, el mareo y mi objetivo me tenían cegado. Parpadeé constantemente, intentando aclarar la visión, ya que se estaba poniendo difuso. A tientas podía entender que Bart estaba frente a mí.

Solo era una lucha entre los dos, Riza y Hagen lo comprendían, y aunque intuía que querían tirarse sobre el vampiro, se tragaban el orgullo de cumplirlo porque no era asunto de ellos; él que no entendía era Bill, percibía sus ondas y no eran para nada agradables. Él seguía manteniendo a los otros en trance, y junto con su acumulación de fastidio, se volvía complicado para él, porque estaba gastando demasiada energía.

-Me sorprendiste, Tom, en serio -respiraba agitada, mostraba una victoriosa sonrisa. Él estaba de pie como si nada, yo apenas podía recobrar el aliento, me dolía todo, y sentía que en cualquier momento caería rendido. -Pudiste aguantar más de diez minutos, me impresionas.

– ¿Quieres ver el final? -pregunté entre dientes, se rió negando con la cabeza, yo comenzaba a ponerme de pie con ciertas dificultades. Di unos brincos para estar erguido, e inflé el pecho para sentirme orgulloso. -Aún me quedan fuerzas.

Miré de reojo hacia Bill, él comenzó a tambalearse, sus brazos comenzaron a bajar, sus ojos se pusieron en blanco y el cuerpo cayó al suelo. Me alerté de inmediato y corrí, todo se ponía denso, mis pasos eran tan lentos que me esforzaba el doble por llegar hasta él. Me arrojé al suelo unos pasos antes, deslizándome por la tierra, ensuciándome más de lo que ya estaba. Lo tomé de la nuca y sus ojos estaban casi cerrados, su piel era muy pálida; pronto me daba cuenta de que ya no tenía fuerzas para seguir. Las débiles gotas empapaban su angelical rostro, mi incertidumbre me atoraba la garganta y observaba desde sus ojos hasta su pecho, y viceversa. Al establecer la conexión con nuestros ojos, lentamente veía como esos se ponían de color miel, aquellos que eran tan celestiales y hermosos. Sus pestañas arqueadas se unían con las de la parte inferior de una manera lenta y coordinada, se volvían a separar después para no irrumpir con nuestra escena.

Todo se había ido a la mierda para mí, él tenía que estar bien, él era el combustible para que yo arrancara, si lo veía vulnerable se me derrumbaba todo. Sus brazos se levantaban, acariciando con sus dedos mi pecho, cada centímetro que recorría de mi piel lo adormecía, sus roces eran una morfina para mi cuerpo. Dichos dedos se enterraron en la tela de mi remera rasgada y sucia, tomando de ella; de pronto oí un grito de Hagen, y todo cobró el sentido normal.

No sabía de dónde había sacado la fuerza, pero él se levantó, cambiando de posición, dando un giro conmigo de noventa grados, ahora él tomaba el lugar donde yo me encontraba segundos antes. Fue ese segundo, esa franja de segundo, en el que nuestras miradas cobraron un bello y relajante momento. Sus ojos color miel, brillosos, magníficos y encantadores me calmaban de cualquier calvario, me decían que todo iba a estar bien, que por más que viniera el fin del mundo, él no me iba a abandonar… O por lo menos así lo pensaba.

Al transcurrir ese segundo, él emitió un espasmo, frunciendo el ceño, haciendo temblar sus labios que se abrían luego de eso. Comenzó a pestañear repetidas veces, me asusté de verlo así; y entonces, entonces lo comprendí. Bajé la mirada hacia su pecho, había algo de metal que salía de su abrigo, comenzando a manchar todo de color bordo. Él también colocó su mirada en el lugar, su cuerpo empezó a temblar, y sus manos ya no hacían presión en mí. La desesperación despertó, el miedo me abrazaba una vez más y reaccioné, pero en lugar de ser maduro, el pánico no me dejaba hacer otra cosa que gritar su nombre.

Su cuerpo emitió otro espasmo, viendo como ese objeto de metal puntiagudo desaparecía de su pecho; detrás de Bill, Ronda me observaba con una furia indescriptible, y en cuanto el contacto visual había sido concretado, Riza se la llevó, haciéndola añicos en el camino. El conflicto volvía a surgir, Hagen nos protegía, ¿Pero de qué iba a protegernos? Si Bill ya no podía ser protegido.

– ¡Bill! -le tomé de ambos brazos, su cuerpo se venía hacia adelante y la cabeza chocó contra mi pecho. No, no podía estar pasando esto, ¡Esto no tenía que ser así! ¡Bill, tú no podías hacer eso! – ¡No me hagas esto!

Me separé de él y ahora una línea de sangre decoraba esos labios tan suaves y fríos. Tenía los párpados entrecerrados y la sangre no paraba de brotar de su pecho, le corría los mechones del rostro, dejando al descubierto el mismo, intentando que recobrara. Encima no tenía fuerzas, no podía continuar de esa manera. Maldita seas que actuaras como un humano en este momento, debías demostrarme lo glorioso que eres, ¡Tenías que ser más fuerte que ese idiota!

– ¡Muérdeme! ¡Muérdeme ahora! -mis manos temblaban, me dolía el cuerpo, el frío me había congelado la mitad de las piernas. – ¡Bill, muérdeme!

No me decía nada, permanecía inmóvil, mirándome como si quisiera decirme miles de cosas. Tal vez me las estaba diciendo, pero con esta desesperación no podía captarlas a través de la conexión, ¿¡Por qué estaba pasando esto!? ¡Debía ser yo, no tú! ¿Por qué lo hiciste, Bill? ¡Dime porqué! Una vez más me defendías, una vez más me salvabas de algo que yo debía pagar, ¿Por qué mierda tenías que hacerlo?

– ¡Hazlo, por favor! ¡Maldita sea, hazlo de una vez! -me incliné a él, descubriendo mi cuello, apoyando su cabeza sobre mi hombro y de costado. No paraba de tiritar, el nudo en la garganta se presentaba y, no pudiendo contenerlo, me largué a llorar. -Bill, no me dejes. Muérdeme de una vez.

Le supliqué dos veces, el temblor en mis labios mostraba la debilidad, las lágrimas que acompañaban la densa lluvia no me hacían sentir más estúpido, ¿Cómo no lo veía venir? La hija de puta era una bruja, podía hacer lo que fuera con cualquier tipo de vampiro, ella era la verdadera dueña de todo el clan. Y justo el vampiro se venía a meter en mi muerte; estaba bien sin que ellos se metieran, mi debilidad me desconcentró y no podía hacer nada, simplemente ir tras él y tratar de contenerlo.

De a poco sentía que su cabeza se acercaba a mi cuello, eso me hacía mantener las esperanzas, aún si yo estaba muriendo iba a dejar que tomara de mi sangre, quería que se recuperara pronto y que volviera a ser el de antes, el que me sonreía, el que me amaba y entendía, pasara lo que pasara. Quería que volviera a defenderme, porque a pesar de que me iba a enfadar luego, sabía que en el fondo me alegraba por saber que él estaba para mí.

Sus labios chocaron contra mi cuello, un cosquilleo me acribilló la columna, me sentí preparado para su sanación. Más no llegó, solo me dio un beso, y yo apreté los párpados, comprendiendo lo que quería decir con eso. Me eché a llorar de nuevo, y separó los labios de mi cuello, descansando en mi hombro.

Descansando para siempre.

Continúa…

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por MissAnunnaki

Escritora del Fandom

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