
«EaaRumA» Fic de MissAnunnaki
Epílogo
-Riza-
(En el capítulo 8)
—No quiero que me odies después de esto, en verdad necesito decirlo antes de que mi cabeza explote.
Bien, era ahora o nunca, si había logrado que me pusiera atención debía aprovecharla tanto como pudiera. Los nervios me ganaban y delataban los mismos haciendo un movimiento de pies, parecía ridícula: la típica chica de secundaria que se le estaba por confesar al galán del salón. Él no sabía todo lo que provocaba en mí, había guardado este secreto desde el primer momento en el que le había visto. Tampoco entendía porqué me había decidido a contarle la verdad ahora, cuando el vampiro había aparecido; aunque la realidad era que todo surgió desde antes que lo conociera, bueno, desde antes de que volviera a aparecer.
—Riza, deja de hacer todo esto tan largo. Dilo de una vez, sabes que no me gusta cuando te pones tan misteriosa, me molesta mucho, lo sabes. Me pongo muy inquieto y me tienes como un niño que…
—Me gustas.
— ¡Pero qué estúpida! —golpeé el tronco de un árbol con el puño, se sacudió el mismo y cayó un poco de nieve. Exhalé el aire, mirando alrededor. La jodida nieve había mojado todas las ramas, y era imposible conseguir unas secas para la chimenea, y aunque también me había alejado de la pequeña cabaña para poder sacarme de la cabeza a la idiota de la «mundana». Algo de ella no me gustaba, a larga distancia podía percibir que tenía un aura maligna, y la muy zorra lo escondía tras sonrisitas y amabilidad. — ¡Oh, váyanse a la mierda!
Ahora le daba patadas al condenado árbol, cuando me ponía violenta era porque las cosas no salían a mi favor. Bufé mientras sentía un aroma que me daba escalofrío, dejé de comportarme como lo que era y decidí erguirme para aparentar que nada sucedía. Tragué saliva, intentando disimular la ira que me carcomía al darme cuenta de que había sido rechazada por la única persona que podía llegar amar, o eso pensaba.
Mi padre, como siempre, arreglaba los matrimonios en las jaurías, pero yo no quería casarme con ninguno, yo quería estar con Tom. No sabía qué era lo que realmente me atrapó de su persona, suponía que el hecho de ser mundano. Bueno, ahora era un mundano especial ya que tenía sangre de cazador. Creía que eso también tenía que ver, un cazador siempre tenía una mascota, y yo me consideraba su mascota, aunque él dijera que eso no debía ser así. Él siempre me contenía, me alimentaba y me cuidaba, yo lo protegía cuando andaba en problemas; era como el dueño y su perro, yo estaba atada a su tobillo por aceptarme tal cual era, por quererme más allá de que fuera una persona que se transformaba en lobo.
— ¿Sabes algo de la mundana? —no me equivocaba cuando decía que ese aroma me producía escalofrío. La voz de Hagen me hizo tiritar hasta en el lugar más recóndito de mi ser, y todo por el motivo que había surgido entre nosotros.
—No, no sé donde puede estar esa tipa —le contesté de mala gana, mojé mis labios de manera desesperada, gritando por dentro que él me dejara sola cuanto antes. Su presencia me ponía un poco nerviosa, tenía mis razones, él me las había dado ese día que fue a verme, antes de volver a encontrarme con Tom.
— ¿Por qué te cae mal?
No me caía mal, me caía pésimo que estuviera con nosotros. No por el hecho de ser mujer, bueno, para qué mentir; estaba celosa, todos se acoplaban a las estupideces que ella les decía, esa apariencia de niña buena no iba conmigo. Yo era la única mujer en el grupo, la única que podía hacer lo que se me antojara, ser la histérica y la que opinaba sobre la realidad de la situación, pero que justo viniera otra tipa a querer tomar mi lugar, porque así lo sentía, me ponía el doble de jodida. Y más con la estupidez de confesarme a Tom en el momento equivocado.
— ¿Y por qué de repente te importa? —le devolví la pregunta, me di la vuelta y efectuamos el contacto visual. Me costaba mirarlo más de diez segundos a los ojos, la piel se me erizaba por debajo del abrigo prestado. Había conseguido ropa en la pequeña cabaña, si bien era de hombre, no duraría mucho hasta la próxima emboscada.
—Sabes perfectamente porqué —la seriedad de sus palabras me ponían en aprieto. No podía creer que después de aquello, provocara en mí un estremecimiento que me hacía olvidar hasta de mi nombre. —Dije que iba hacer lo posible para que me correspondieras.
— ¡Basta ya! —exploté de la vergüenza, el miedo y la ira. —No puedo pensar en eso si me presionas todo el tiempo.
Otro atardecer me abandonaba, otra vez me encontraba sola, sin saber a qué dirección ir. Ya estaba recuperada del daño que había sufrido, la conversación que había tenido con mi padre había sido dura, pero no iba a cambiar de postura, necesitaba estar al lado de Tom. Quería protegerlo y que él lo hiciera conmigo, solo así podía estar bien.
Me abracé para no sentir frío, miraba el horizonte, donde el panorama era limpio y no se encontraba el bosque. Huí luego del conflicto, respirar aire puro me tranquilizaba, estar rodeada de la naturaleza me volvía vulnerable.
—Ya sé que estás por ahí —solté de la nada, mientras me cuestionaba percibí el aroma de Georg. Me giré y él apareció, caminaba de forma pacífica. Se plantó frente a mí y yo tenía hartas ganas de preguntarle por Tom.
—Antes que nada, él tomó su camino. Nos separamos para cumplir nuestros objetivos, y yo estoy aquí para cumplir el mío.
— ¿Objetivo? ¿Qué objetivo? —pregunté con total desconcierto. Se acercó a paso rápido, tomó mi cara con una de sus manos, y la misma condujo sus labios a los míos.
La presión que había ejercido fue suficiente para unirnos, la sensación de besarlo me invadió por completo, volviéndome parte de alguna fantasía que otra persona tenía en su cabeza. Cerré los párpados con fuerza, experimentando un beso que superaba las expectativas, pero al despertar de esa hipnótica acción, me vi obligada a empujarlo, no de forma descarada, sino algo suave, porque logró estabilizarme de alguna manera.
— ¿Qué te pasa? —me alteré al instante, el escalofrío me azotaba contra la espalda y me abracé para espabilar esa incomodidad. — ¿Estás loco, Hagen? ¿Por qué lo hiciste?
—Porque me gustas, y no podía estar lejos sin evitar pensar en ti. —estática, como si me hubieran arrancado el corazón con un bate de béisbol, le observaba impresionada. —Y no voy a ceder ante ello.
— ¿Por qué te pones nerviosa? ¿Acaso logré que te olvidarás de Tom? —Me eché una pequeña carcajada y negué con la cabeza. En realidad todo se dio vuelta desde aquella vez, él se comportaba de forma amable, aunque también me había dicho, en ese momento, que todo lo hacía porque estaba celoso de que me gustara Tom; y ahora con la presencia del vampiro ese, todo estaba jugando en mi contra.
— ¿Qué te hace pensarlo? —mantuve mi sonrisa y me crucé de brazos. Sin pensarlo, sin ni siquiera darme un indicio de sus movimientos, me llevó contra el tronco del árbol, logrando chocar mi espalda a la misma. Se desvaneció la sonrisa y mi defensiva, no negaba que me volvía un poco sumisa ante él, no sabía lo que me estaba sucediendo.
—Ahora mismo estás nerviosa. —me dijo con una sonrisa. Miré su cuello, me rehusaba a seguir subiendo la mirada, temía por lo que iba a venir. Quería preguntarle porqué actuaba así conmigo cuando estábamos solos, y cuando habían personas cerca, él actuaba tan frío.
—No entiendo tu comportamiento —apreté mis labios. —Antes solías odiarme, ahora… Ahora parece que quieres comerme.
—Eso tendría que ser al revés, considerando que tú eres la loba.
A la mierda todo. Fijé la vista en sus labios, y él cometió el resto. No sabía porqué me entregaba a sus labios sin forzar tanto, pensaba que era algún tipo de magnetismo que tenía con él. Sujeté su cara con mis manos, mientras surgía de mi interior sensaciones que no podía detallarlas a la perfección, eran extrañas, y a la vez agradables. Todo a mi alrededor tomaba un rumbo distinto, me estaba acoplando a su aroma, sintiéndome vulnerable, formando parte de mi lista familiar.
Sus manos se sujetaron con fuerza de mi cintura, haciendo presión con su cuerpo, encerrándome más, estampado mi anatomía tanto como podía contra el árbol. Lo salvajismo lo llevaba en la sangre, y al parecer él se adaptaba a lo mío. Pronto comenzaba a calentarse el entorno, más no quería separarme de él por un motivo que no conocía.
— ¡Georg, Georg! —esa asquerosa voz interrumpió todo lo que habíamos creado. Nos separamos y yo miré el suelo, apretando los labios. Oí la exhalación de Hagen, y la rabia por la zorra de la mundana brotó de inmediato. La idiota estropeó todo. — ¡Será mejor que vengas a ver esto!
Aclaré la garganta y él me dio una mirada, yo asentí, dándole a entender que fuera a atender el vínculo que tenía con esa mundana. Él trotó hasta llegar a la mundana, yo salía de ese lugar con algo de preocupación, esperaba que los otros dos no estuvieran cerca. Georg me gritó, me decía que el peligro acechaba y que debía avisar a los demás. Pronto percibí en mi olfato algo desagradable y sediento de sangre, corrí con todo lo que podía y grité antes de llegar a la puerta de la cabaña; a todo pulmón gritaba el nombre de Tom.
Todos estábamos por correr peligro.
&
-Ronda-
(Toma lugar antes del capítulo 2)
No iba a ceder, no iba a permitir que te destrozaran el corazón. Por culpa de ese idiota enloqueciste, te volviste obsesionado con él, te llevabas las almas de mundanos y vampiros en la espalda, solo porque querías vengarte de ese condenado rechazo. Tus órdenes ya las sabía de memoria, como también el momento en que debía seguirle los pasos; interferir en sus recuerdos si era posible, utilizando un poco de magia para desviarlo de su objetivo. Aunque los dos sabíamos que ellos tenían algo que los unía, algo que jamás se bloquearía o moriría, porque era más fuerte que cualquier poder en el mundo.
— ¿Pudiste encontrarlo? —me preguntó Shannon, caminaba a la par mía mientras nos dirigíamos hacia el objetivo.
—Siempre encuentro lo que quiero —dije adrede. En la oscuridad andábamos como dos perros callejeros, el toque de queda estaba activado, no había ninguna alma mundana por los barrios.
Las calles estaban húmedas, la tormenta que había ocurrido en la tarde dejó devastada todo lo que había a su paso. Se sentía un poco el frío, más no retrasaba nuestro destino. Aquellos pasos iban en dirección a quién debíamos encontrar, todo estaba sucediendo acorde a mis premoniciones, pero como toda magia, podía fallar. A veces lo que veía no terminaba por concretarse, o el final era distinto.
—Tú deberías interferir en el asunto, ¿No dijiste que se moverán en grupo? —el hermano de Bart no se callaba nunca. Y aunque me había confesado sus sentimientos hacia siglos atrás, lo nuestro no podía ser, porque yo le pertenecía a alguien más.
—Puede ser, mis visiones no son del todo precisas. Lo sabes —contesté mientras no perdía el rastro de Bill.
La rapidez con la que se desplazaba me advertía de un acontecimiento que tenía que ver con Tom. Me quedé parada un momento, unas imágenes se me venían a la mente: un bosque oscuro, tres personas, pero a ellos se le sumó el vampiro. Di un respingo al concretar la visión, tenía algo que me sujetaba de la muñeca, al volver a la realidad, Shannon me sostenía con suavidad. La conexión que efectuamos me bloqueó por completo el rastro, los sentimientos interferían mucho con lo que me proponía, eso me jugaba bastante en contra porque la desconcentración arruinaba todo.
— ¿Qué viste? —me preguntó, sus ojos claros me provocaban escalofrío. Yo quería negarme este sentimiento, no quería rendirme ante él porque no me merecía. Era una desgraciada, y debía estar con personas que pertenecían al mismo bando: Bart era el indicado.
—Tienes razón, debería interferir. Recuerda las reglas de Bart: dejar que todo fluya como se debe, para al final dar un golpe perfecto.
Sus órdenes eran enfermizas, al principio me negaba aceptarlas, pero no me gustaba verlo sufrir; me dolía muchísimo. Yo lo amaba, le había prometido hacer lo que me pidiera si quería demostrarle cuanto lo quería, ¡Pero todo esto era insano! Y aún así, sabiendo la locura que lo carcomía, la obsesión que se cobraba millones de vidas, yo seguía a su lado, aceptando sus reglas, siguiendo a un vampiro que yo odiaba.
Lo odiaba por haberme arrebatado lo que más amaba.
— ¿Qué te pasa, imbécil? —empujé a Shannon cuando me besó luego de discutir. El nudo en la garganta se aproximó, no quería decirle que también le quería, porque no podía aceptar todo el daño que le había ocasionado. No sabía si era pena o compasión, pero estos sentimientos eran distintos a los que tenía con respecto a Bart.
—Solo hago lo que quiero —sentenció como un caprichoso, inspiré profundamente y negué con la cabeza. —Ronda, tú no puedes estar detrás de Jared, los dos sabemos que no tiene ojos para nadie excepto para ese vampiro.
Él era el único que le llamaba por su verdadero nombre, y me causaba escalofríos al oírlo, desconocía la razón. Toqué el concreto con las manos, sintiendo la frialdad de las mismas; en ese oscuro y extenso pasillo me sentía acorralada. Yo era más fuerte que cualquier vampiro, pero cuando me encontraba cerca de Shannon todo ese poder desaparecía y me sentía pequeña. Tal vez era la voz autoritaria, o la seriedad de la misma al hablar, lo que me ponía en plan de sumisa.
—Tú no me puedes obligar a amar a alguien. —comencé a caminar, tomando valor, recuperando mi poder, siendo yo otra vez. Las fuerzas que tuve que tomar fueron enormes. Él no me merecía, no debía amarme, no me sentía a su nivel.
Tomé una respiración profunda, al tiempo que me dirigía al despacho de Bart, debía saber su siguiente paso con respecto a la dictadura de vampiros que se estaba extendiendo gracias a él. Su más preciado deseo era que el mundo entero sea vampírico, desterrando a los mundanos, mandándolos a lugares clandestinos, donde los tratarían como animales hasta que fuera hora de dar de comer a nuestros invitados. Aunque todo comenzaba a salirse de control, algunos terminaban siendo unos sedientos de sangre y se propagaban con rapidez.
Pensando en esto, recordaba cuando Bart decidió convertirme en vampiro. No había muchas brujas-vampiro, algunas enloquecían en la transformación o morían en semanas, solo unas pocas habían podido pasar la prueba. Había decidido la edad de veintiséis años para convertirme, porque me sentía completa, no me gustaba envejecer y ya había pasado por todo a tan corta edad.
Me detuve antes de ingresar al despacho, oía la voz de Bart y no se mostraba de buen humor. Retrocedí y me apoyé contra la pared, agudizando mis sentidos, pudiendo escuchar la conversación como si yo estuviera frente a él. Volteé a ver si Shannon estaba cerca, pero había desaparecido, solo se podía ver la luz de la luna entrar por las ventanas.
— ¿¡Qué estás haciendo!? —esa voz… El vampiro estaba tenso. — ¡Suéltame, idiota!
Parecía que estaban forcejeando, se escuchaba la respiración exagerada de Bart y los insultos inocentes por parte de Bill. Mi pecho sentía un peso no controlable, era como si en cualquier momento se iba a resquebrajar hasta convertirse en mil pedazos esparcidos por el suelo.
— ¿Por qué lo quieres a él, eh? —la perversión en su voz, y por cómo podía sentirlo a través de mi don, me provocó un malestar. —Te daré motivos para que me quieras…
Se oían jadeos, podía sentir la presión en ellos. La descompostura me dejó con un vacío en el pecho, lo que estaba oyendo y percibiendo era lo que más temía; odiaba a ese vampiro, aborrecía su existencia porque se llevaba toda la atención de mi superior. Parpadeaba mientras intentaba mover mi cuerpo, más no lo lograba, era como una parálisis absoluta, impidiéndome huir de lo que no quería ser testigo. Presioné los párpados unos segundos después, escuchando cómo Bart le decía en susurros, firme, autoritario, seguro de lo que quería, que no iba a permitir que se fuera con ese mundano. Bill tan solo jadeaba, pero se resistía, lo podía sentir. Sin embargo, otra parte de mí detectaba una pizca de placer, quería negármelo: imposible.
Mi mano, por instinto, fue a mi boca tapando los sollozos, dejando caer mi cuerpo como si el alma se hubiera ido lo más lejos posible en menos de un segundo, dejando una anatomía, abandonando todo tipo de sentimientos. El impacto contra el suelo me hizo volver a la realidad, me encontraba con los ojos llorosos y el temblor en las manos. ¿Por qué? ¿Por qué tenía que elegir a un purasangre? ¿Por qué, entre todos los vampiros que existían, justo tenía que ser él?
¿Por qué me destruías sin saberlo?
—Voy a infiltrarme. —hablé luego de recordar aquello, jamás se apartaba de mí, a veces me obligaba a soñarlo y cambiar el pasado, pero al fin y al cabo, todo terminaba siendo un sueño. —Pero no me sigas, Bill puede rastrearte.
— ¿Estás segura de poder hacerlo? —me preguntó, me detuve y se puso frente a mí, nos miramos a los ojos por unos instantes.
—Tengo un plan, haré que regresen a la ciudad, mandaré a que lastimen a la amiga de Tom. Poco a poco haré que se vaya separando el grupo. —sonreí.
—Confío en ti. Me encargaré de correr la voz con respecto a Tom —sus ojos brillaron, pasando de esos color miel a unos azules infartantes. Asentí y se marchó, dejándome a cargo del plan.
Sentía una presión en el pecho, algo demasiado tierno se acercaba, como si un recuerdo familiar olvidado retornaba de entre los muertos. Apreté los dientes, molestándome por ese vínculo estúpido, miré en una sola dirección. Allí la vi, con toda apariencia santa, nadie podría pensar que era una bruja.
—Wanda, ¿Qué haces aquí? —le pregunté apenas la vi. Esa apariencia de niña tierna me ponía los pelos de punta. Mi gemela era diferente a mí, mi madre nos crió con un lado diferente cada una; ella era la buena, yo pertenecía al infierno.
—No vine a pedirte que te detengas —ella siempre quería que desistiera a todo esto cuando estaba con sus cinco sentidos. Su corazón era puro, y durante todos estos siglos fue la vocera de los vampiros antiguos, influenciada forzosamente por Bart. A pesar de que era bruja, ella se convirtió en vampiro mucho antes que yo, se desconocía cómo y porqué, jamás me lo contó y no me interesaba tampoco. —Solo quiero darte esto.
Extendió su mano, su piel pálida era demasiado, parecía un ser de otro planeta de lo resplandeciente que era. Me mostró un colgante, le miré y el vínculo se activaba, odiaba cuando hacia eso, de todas formas lo tomé. Ella era más poderosa que yo, pero no lo demostraba; decían que los que tenían poderes podían hacer cosas perversas e indestructibles, pero ella no tenía esas intenciones, aunque cuando Bart lograba hipnotizarla, usaba sus poderes para lograr lo que quería.
—Me lo envió Bart, ya sé lo que tienes en mente. —al depositarlo sobre mi cuello, sentí un aura rodearme, una luz púrpura me cubrió y sentí que algo cambiaba. —Ahora estás lista.
Los ojos de Wanda eran de color verde, muy fuertes, y solo se ponían así cuando andaba bajo los dominios de Bart. Ella era fácil de manipular porque tenía un corazón puro, no me daba pena, no tenía ninguna compasión por ella. Se alejó de mí caminando, miré un poco el collar, esto sería como camuflaje. En verdad Bart y Wanda sabían el futuro, en realidad Wanda sabía toda la verdad, entonces el otro le obligaba a que le contara sin secretos, para eso usaba el hipnotismo; era como un suero de la verdad.
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-Wanda, la hermana gemela de Ronda-
(Sucede entre el capítulo 12)
— ¡Debemos hacer algo! ¡Él morirá!
Me desconcertaba verlos elevarse en el aire, mientras sentía como el corazón se me oprimía de ver tanta maldad. Yo no había nacido para ese lado oscuro, mi madre me crió por una buena razón. Ella decía que dentro de mí siempre había algo malo, y que dentro de Ronda también había algo bueno, éramos como el ying y el yang; en todo el panorama de tranquilidad siempre habrá una pizca de caos, y viceversa. Sin embargo, al mirar como se desataba el calvario, se me hacía un nudo en la garganta y la impotencia me ganaba, no podía ayudarlos, no luchando. Yo no tenía poderes destructivos, los míos eran curativos y encantamientos inofensivos, Ronda lo sabía perfectamente.
— ¡Wanda, dime que ése no es el final! —me gritaba Gustav. Le miré, con los ojos aguados, su incertidumbre me ponía más nerviosa, pero llegué a negar con la cabeza.
—Unos vampiros se lo llevaran, Bart quiere hacerlo personalmente, pero no sucederá. —le dije con toda seguridad. Él suspiró y yo quería salir corriendo, más sabía que no debía hacerlo porque yo era parte del desenlace de esta historia.
Veía como Bill se transformaba en lo que en verdad era, se desquiciaba demasiado cuando se metía con lo que quería. Sabía que lo amaba, me lo había contado todo y siempre recurría a mí cada que necesitaba ayuda con algo. Esto debía ser demasiado raro, mi gemela quería dañarlo y él era mi amigo sin importar eso; la realidad era que entre mi hermana y yo había barreras, no me trataba como si fuera su hermana, me trataba como si fuera la esclava de Bart. Gustav me había visto incontables veces hacer cosas que, estando en mis cinco sentidos, jamás haría, y todo por el condenado hipnotismo. Pero él había descubierto un bloqueo, por lo que Bart en este momento estaba pensando que yo me encontraba encerrada bajo la hipnosis, y siguiendo mi visión falsa, porque le había dado una no certera, se fue confiado en mis palabras.
—Vamos, debemos alertar a Bill —le dije mientras salíamos de nuestro escondite.
Gustav y yo no éramos de luchar, o por lo menos yo no lo era. Ser de clase B le permitía estar sereno, pero cuando había peligro se volvía contra sus reglas, y era mejor no estar cerca cuando se ponía en ese plan porque ellos dominaban los cuatro elementos, y podían usarlos a su antojo en gran cantidad. Con sus poderes, y mis visiones, habíamos ayudado a Bill para que encontrara a Tom y que se convirtiera en cazador. Sin embargo, la mayoría del tiempo siempre era hipnotizada, por lo que olvidaba las cosas y debía empezar de nuevo.
Eso se había terminado.
Caminábamos por el lugar, no me gustaba el invierno, no me identificaba para nada. Por ende, cada que pasaba por árboles o arbustos secos, éstos florecían y el invierno se terminaba en ellos, no podía evitarlo, me encantaba tener todo con vida y color. Elevé la vista y Bill descendió al reconocerme, Gustav se puso adelante, él siempre defendiéndome de toda persona que me observaba.
Se apresuró a mí apenas pisó el suelo y sus ojos color miel se posaron en los míos. Sabía que venía a advertirle o a contarle algunas de mis recientes visiones, sus compañeros también se acercaron, me quedaron observando mientras tras mi paso todo se ponía verdoso y lindo. Nos quedamos parados, observándonos, sintiendo una tensión en nosotros.
—Habrá dos muertes —dije en un hilo de voz, me apenaba decirles quiénes iban a ser. La loba me fijaba con algo de desconfianza pero le transmití energías positivas, al tiempo que le otorgaba una visión real de mí, demostrando quién era y lo que venía hacer aquí, eso pareció tranquilizarla. Volteé a mirar a Bill. —No será Tom.
Contándoles mi visión, les dije lo que debían hacer si querían que se llevara a cabo. Les seguíamos el rastro a los vampiros que se habían llevado a Tom, ellos siguieron el camino pero Gustav, Bill y yo nos quedamos atrás, teníamos que seguir la otra parte del plan. Él me sostenía de la mano, transitando alertas por el bosque, siendo camuflados debido al campo de fuerza de defensa que había puesto en nosotros para que no nos rastrearan, así Ronda no podría sentirme.
Ronda… Sabía que su final se acercaba, nada era más terrible que perder a un ser querido, más no podía cambiar el futuro, si llegaba hacer eso, no iba a morir ella pero si otra persona en su lugar y eso no sería bueno para nadie. Las cosas se debían dar como eran, sin interferir, dejar que solo fluyera.
—No debemos acercarnos tanto, creo que aquí está bien —Me paré frente a Bill, quién me observaba todo curioso por mi próximo paso. Le tomé de las manos y nos miramos directo a los ojos. —Tienes que tener la mente en blanco, yo haré el resto.
Escasos minutos más tarde, los tres nos íbamos por otra parte, dirigiéndonos al lugar donde se llevaría a cabo la última lucha. Corríamos con todo lo que se podía, en mi mente podía ver el rastro de una persona, que había logrado encontrar a Riza y a Georg, y fue allí que ellos dieron con los intrusos que se llevaron a Tom; el compañero de Bill le apuntó con la flecha según mis previas indicaciones, entonces todo se volvía un alboroto. Nosotros continuábamos corriendo hacia el destino final, nos escondimos tras un enorme tronco de árbol y Gustav logró que el ambiente se tornara difícil, yo me esforzaba por mantener el campo de fuerza protector, y a la vez, controlar a nuestro intruso.
— ¿No es grandioso? —al escuchar esa voz, una extraña sensación me recorrió la espalda, algo realmente desagradable se presentaba en mí. Apreté mis labios y pude ver, a través de la visión del intruso, que descendía sin dejar de enfocar a Bart y a Shannon, la conversación tomó lugar y observé al verdadero Bill, su pecho subía y bajaba, aguantándose esas ganas de salir en defensa de su amor eterno.
El hermano de Bart tomó del cuello a Tom, tanto el falso como verdadero Bill se alarmaron por aquello, pero yo les había contado cómo iba a suceder todo, por lo que un poco aliviados estaban. Y entonces el plan se puso en marcha, la compañera de Tom lo defendió, la lucha se presentó, cada paso estaba previsto y se debían sufrir unas pequeñas consecuencias, pero al final obtendrían una gran victoria.
Ronda no se quedaba atrás, nosotros tres como espectadores debíamos esperar al momento indicado para contraatacar, Bill se mordía el labio de la impotencia y yo le sostenía con suavidad la muñeca para que se controlara. Tomé la dominación del reflejo intruso y deposité un encantamiento a Shannon y Ronda, ellos se quedaron inmóviles. Me estaba dando una leve migraña del harto uso de mis poderes, sabía que las consecuencias serían graves pero si no interfería Tom no seguiría con vida.
—Wanda, no puedo dejarlo solo, tengo que interferir —decía Bill mientras me observaba con incertidumbre, yo negué con la cabeza.
—No… No debes hacerlo ahora, espera un poco más —apreté los dientes y volví a concentrarme, toda esta carga comenzaba a cansarme pero debía soportarlo.
El enfrentamiento entre cazador y antiguo tomaba territorio, nadie debía meterse, todos debían ser testigos de la victoria de uno de ellos. Gustav volvió a dominar uno de sus elementos y el entorno se volvía sombrío, todo acorde a mis planes; la lucha fue dolorosa, Bill insultaba y se contenía de no poder hacer nada, mientras que seguía sujetando su muñeca para poder seguir con mi visión. El cazador había ligado muy feo, mientras que Bart solo había recibido unos rasguños, eso me ponía un poco… ¿Enojada? No, esto no debía sentirlo.
— ¿Quieres ver el final? —decía Tom, entonces me puse atenta y caí en la cuenta de que ya era hora, cerré los párpados un instante, mandando unas señales al reflejo de Bill. —Aún me quedan fuerzas.
El segundo se desmayó, dejando el encantamiento, y eso, me hizo sentir más vulnerable pero no lo demostré, eché un gemido y recobré el sentido luego de unos segundos. Miré que Tom fue a socorrer al reflejo y Bill movía sus pies, queriendo ir y decir que todo era un mentira. Más se debía controlar. La profecía ya se estaba cumpliendo, el alivio reinaba, solo faltaba la última acción por parte del reflejo y cuando eso sucedió, nos quedó aguardar.
Bill escuchaba los lamentos de Tom, estaba sufriendo porque su reflejo cumplía el ciclo, y yo le contenía mientras depositaba mi mano en su hombro. El que Tom fuera engañado no se lo perdonaría jamás, pero era la única forma de que esto sucediera, así lo aclaraba mi premonición. Me dio una punzada al sentir como Ronda se deshacía del vampiro, estaba más que loca por cometer aquello, pero no se había imaginado que en el lugar de la persona que odiaba, estaba la persona por la cual sentía pena. Al retirar el cuchillo, y luego de pensar que había asesinado a Tom, se desconcertó al darse cuenta de aquello, quería decir algo, pero fue demasiado tarde ya que la compañera de Bill se la llevó para hacerla añicos.
Adiós hermana. Jamás habías sentido por mí lo que yo por ti, mamá nos había criado separadas, porque no quería que me contaminaras con tu naturaleza maligna. Siempre fuiste aquella persona autoritaria, esa que me trataba como si fuera basura, pero no te guardo rencor, sabía porqué lo hacías; tú eras así. Y aunque quería sentir una tristeza, pena o desconcierto, no me era tan fácil, porque no me permitiste quererte.
Inspiré profundamente, ahora era cuando se debía hacer la cuenta regresiva para poder interferir. Tom estaba por perder la cordura al ver que Bill no reaccionaba, el verdadero estaba derramando lágrimas y eso me hacía sentir más vulnerable. Cuando cumplió el ciclo, fue el momento.
Tres… Tom lloraba.
Dos… Bill no podía controlarse.
Uno… Miré a Gustav, quién asintió al comprender lo que estábamos por hacer.
—Es hora. —dije en un susurro.
Salíamos de nuestro escondite, haciendo desaparecer el reflejo de Bill y Tom no comprendía absolutamente nada. Entonces vi a Bart, que me observaba desconcertado, Gustav tronó sus dedos y una chispa de fuego, que luego se convirtió en una bola de la misma, logrando apoderarse de su mano y todo alrededor se derretía, se arrojó al cuerpo de Ronda, mereciendo ser cremada como todas las brujas malignas. Tom se dio la vuelta a ver a Bill, y no podía creerlo.
Avancé mientras extendí mi mano a su dirección, y el encantamiento lo detuvo, quedando inmóvil. Miré a Moritz y comprendí lo que debía hacer, yo no podía ver la muerte, así que me volteé mientras seguía señalando a Bart. Fijé la vista en el cazador y el vampiro, Tom lloraba sin poder creerlo mientras que Bill lo estrechaba en sus brazos; sonreí ante aquella imagen.
Se escuchó un grito desgarrador y luego una explosión que llevó el entorno a cubrirse de cenizas. Moritz había matado al vampiro más antiguo, ¿Sabían lo que eso significaba?
—Tú no eres así —mis ojos fueron en dirección a Shannon, me miraba aturdido. —Tú…
Comencé a caminar a él, dejando tras de mí un sendero de flores y césped verde. El clima se estaba aclarando, lo horrible ya había pasado.
—Tú tampoco, sin embargo… Acabo de liberarte.
Se abalanzó a mí, abrazándome. Sollozaba en silencio y yo solo intentaba borrarle el horror mientras acariciaba su espalda. El poder curativo de los recuerdos tomaba lugar en su organismo, implementando buenos momentos y deshaciendo los malos. Él no merecía cargar con aquello, él era bueno; tan solo era manipulado, como yo, por Bart. Su hermano.
Ahora… Solo quedaba destruir al resto de los vampiros demonios, y esperaba, aunque sabía que no iba a ser así, que no se pusieran rebeldes solo porque su líder había muerto.
Acababa de meternos en un lío más grande.
F I N
Bueno, creo que fue el final más berreta que pude haber hecho xd Es la primera y última vez que hago algo como esto xd. Gracias por leer, comentar. Les dejo otra vez con el tema El Cazador, de Cirse, porque es lo que me motivó a seguir con este fanfic (Solo constaba de una parte). Pasen a leer Wünschen, un fic twc no relacionado con trama REAL xd ya, adiós, gracias por todo <3
no entiendo dice que tiene 40 capitulo pero al leer solo llegó a 13 ??
Cuando vi este mensaje entré en pánico y me fui al archivo original para comprobar.
Efectivamente, cuando fue publicada en wattpad, la historia tiene 43 partes, pero eso porque los capítulos eran extremadamente cortos (Ejemplo Capítulo 1, parte 1, parte 2, parte 3, etc) y decidí ponerlos sólo en uno.
Pero te aseguro que la historia está completa.
Gracias por la preocupación y por el aviso 😉