«EaaRumA» Fic de MissAnunnaki
Capítulo 2
Yo nunca pensaba antes de actuar, directamente iba al objetivo, y eso era lo que estaba haciendo en estos momentos. Hagen me había dicho que no hiciera eso, pero la verdad era que quería terminar con la vampiresa clase C, que era la que manejaba el grupo; matando a esa mujer el grupo dejaría de tener esa orden y solo nos quedaría eliminarlos, algo que era fácil ya que éramos tres y no uno. El bosque era escandalosamente oscuro, no podía ver demasiado y se me dificultaba ya que las nubes tapaban a una luna que todavía no llegaba a completarse en su ciclo.
Pisaba con cuidado mientras olfateaba ese olor a sangre fresca, me guiaba por eso, porque si íbamos al caso de rastrear por pasos jamás los iba a encontrar. Con Hagen y Riza habíamos decidido separarnos para ver quién encontraba primero a la de clase C, intuía que podía ser yo el primero, ya que sentía cerca su presencia, su aroma cada vez se aclaraba más con avanzar en ese bosque de pinos y robles viejos. Me detuve de inmediato cuando el aroma se me hacía muy cercano, viré los ojos de izquierda a derecha en un movimiento rápido.
No podía acertar de donde provenía, cuando pensaba que venía de un lado, mágicamente se percibía del opuesto. Pronto me sentí mareado por esa estrategia, enseguida me di cuenta de que esa mujer sabía como manipularte, preparé el arma cuando aún me sentía desorientado. Quise gritar a los otros dos, pero me empujaron y caí hacía adelante, mi rostro golpeó una raíz gruesa de árbol y permanecí así por unas centésimas, al instante me levanté de inmediato y me encontré con el horror. Los vampiros de clase C se calificaban como descendientes de un vampiro puro y una bruja, su aspecto era terrible y por eso vivían en bosques o zonas donde el ojo humano no los pudiera ver, porque ellos se sentían rechazados. Sin embargo, cuando tenían hambre utilizaban sus poderes de brujos para atraer la comida, suponía que en este caso ella había manipulado a ese grupo de vampiros clase F para llevarle sus presas.
Tenía la piel pálida, como la mayoría, y su rostro estaba rasgado, como si ella misma se hubiera clavado las uñas por todo su rostro, la sangre estaba un poco seca de esas heridas y sus colmillos estaban a la intemperie, listos para poder cumplir con su trabajo. Tan pronto como la miré, sus ojos se tornaron azules y eso me advirtió de que intentaría beber mi sangre. Gritó con todo lo que pudo, extendió sus brazos mientras lo hacía, sus uñas estaban largas y sucias; ella estaba llamando a los vampiros para que vinieran a mí.
De forma inmediata, yo arrojé una estaca en su dirección pero ella supo esquivarlo con un movimiento de mano, podía controlar las cosas, así que se me tornaría difícil esta vez, esperaba contar con el apoyo de los otros dos, ojalá no estuvieran tan lejos de donde me encontraba.
Oí gritos que provenían de todas partes, entonces comencé a prepararme para lo que fuera, uno se me abalanzó y ambos rodamos por las hojas y ramas, le di un codazo y apunté con el arma hacía su pecho, disparé y empezó a retorcerse, pronto agudizaba mis sentidos y podía intuir por donde venían los demás, comencé entonces a disparar. La ayuda no tardó mucho, Riza se llevó puesto uno que estaba por atacarme detrás, sus dientes de loba se clavaron en aquel cuerpo y comenzó a zarandear con fuerza. Hagen se presentó saltando desde un tronco de roble, tenía experiencia con el arco, así que utilizaba flechas hechas de álamo.
Me sentí aliviado por un instante, y solo por uno, ya que me tomaron del hombro y clavaron las uñas en el mismo. Me quejé y giré la cabeza, esa vampiresa me hundió en el suelo debido a que comenzó a enviar ondas por mi cabeza, logrando que mi cerebro captara las señales de relajación de músculos. Caí de rodillas al suelo, mis ojos estaban postrados en los suyos, quería moverme, luchaba contra las señales de ella para que pudiera reaccionar mi cuerpo pero algo bloqueaba, la sinapsis no funcionaba. Sus uñas se enterraban más y eso sí podía sentirlo, apretaba los dientes mientras peleaba contra mí mismo para conseguir lo que quería. Por momentos pensaba que no podría y que los demás estaban demasiado ocupados como para ayudarme, aunque el gruñido de Riza se sintió tan cerca, que cuando quería atacar a la vampiresa un grupo de vampiros fue tras ella y no pudo avanzar más.
Sus ojos no paraban de brillar, ese azul tan exótico me recordaba a los del vampiro. Su rostro se fue acercando al mío con lentitud, abría su boca mientras se contemplaban esos colmillos puntiagudos, perfectos y blancos. Su otra mano logró mover mi cabeza a un costado, dejando al descubierto mi cuello. Lo que había provocado en mí era una total dominación y solo podía reaccionar al dolor que me provocaba al clavar sus uñas. Cerré los párpados, odiaba a los de clase C porque conseguían manipularte.
Su mano se apartó de inmediato, haciendo que una onda alfa permanente se oyera dentro de mí cabeza y eso me hizo caer de costado al suelo, podía ver que alguien estaba sobre la vampiresa pero no sabía si era Riza o Georg. Mi pecho subía y bajaba constantemente, respiraba con algo de dificultad debido a que ahora podía sentir mi cuerpo, ya no estaba bajo los dominios de su poder.
Reconocí la figura que ahora se ponía de pie, la vampiresa no se movía. Él estaba aquí, él estaba intimidando a otro vampiro. Extendió su brazo, mostrando la palma de su mano y se oyó el desgarrador grito de la vampiresa, seguido de aquello, su cuerpo se volvió de un material gris, como cuando se veía a medusa a los ojos: se había convertido en ceniza. Me quedé mirando a la de clase C, inmóvil, convertida en ceniza, con su horrorosa cara asustada.
Me recuperé, me puse de pie y él se dio la vuelta. Su boca estaba cubierta de sangre, había luchado, pero lo último que había hecho… Eso solo lo podían hacer los de clase A, eran auténticos, los más purasangre de todos los purasangre vampiros. Ellos eran los vampiros más viejos, ya que eran los primeros que habían existido en el mundo y no era como el resto de las clases. No luchaban a menos que fuera algo verdaderamente grave, creo que en eso último me estaba equivocando; los nobles, o sea los B, dominaban los cuatro elementos, habían surgido cinco siglos después de los A.
Sus ojos eran de color miel, no parecía hambriento. Me quedó mirando con seriedad, sentí la tensión entre nosotros, había algo en el medio que hacía el ambiente demasiado denso, y creía que era por el reencuentro. Era la primera vez en mucho tiempo que lo tenía frente a mí, un momento por el cual había estado esperando, pero en otras circunstancias, no teniendo que proteger mi vida, no intentando quitarme el trabajo. Apreté mis labios, su frase de proteger a los demás volvía a tomar lugar. Él no tendría que haber hecho eso, porque por algo yo estaba en el mundo, de lo contrario, ¿Para qué mierda existían los cazadores? Una sensación molesta se almacenaba en mi garganta, y arrojé el arma al suelo de la bronca.
La jodida impotencia.
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Había una montaña de vampiros siendo cremados en el medio del bosque, Riza estaba cubierta con una manta que Hagen le había dado. Ese momento tendría que haber sido grabado ya que no era usual que él hiciera algo por alguien, por segundos sentía que al fin estaban cayendo en la trampa, solo un empujoncito más al cazador y ella podría ser feliz.
Me encontraba sentado en el suelo, viendo como el fuego se alzaba en lo alto, y los destellos se iban danzando hacía el cielo para desaparecer, y el humo que los acompañaba desprendía un olor putrefacto. Mi vista se perdía en el cielo estrellado, la luna ya estaba casi completa y yo debía buscar un refugio para Riza, porque de haber luna llena, ella se volvía alguien fuera de sí. Por eso recurría a mí, sabía cómo podía evitar que ella destrozara lo primero que encontrara en su camino.
— ¿No vas a hablar con él? —preguntó Hagen, estaba parado a mi lado, limpiando un poco las flechas que había retirado de los cuerpos. Él reciclaba, los limpiaba con un paño y luego los lavaba para no tener que hacer el trabajo que a mí me costaba tiempo y lastimaba mis manos, ya que nunca utilizaba equipo de protección para evitarlo. Me dio una mirada fija, como esperando a que le contestara. — ¿O qué? ¿Estás enfadado porque un vampiro te defendió de otro?
Me levanté de inmediato, oí un gruñido de su parte, había dado justo en el clavo y eso me ponía más molesto. Que un vampiro saliera en mi defensa era algo que no soportaba, y no por el hecho de que fuera un vampiro. Bueno, además de eso, era porque ese mismo me había dicho que yo debía defender a los demás, y no que me protegieran. Era tan absurdo lo que acababa de ocurrir; pero por más extraño que parecía, yo sabía que no iba a ser mordido, no sabía si mi subconsciente había sido afectado también, o en verdad intuía que él iba a aparecer.
Caminaba con toda mi autoridad, pasando de largo a Riza que quería sostenerme del brazo pero yo me zafé de eso, estaba que echaba humo por donde fuera, y todo por culpa de ese vampiro. Lo vi parado de espaldas hacía mí, moviendo su cabeza de un lado a otro mientras también se enfocada en el cielo estrellado, parecía que disfrutaba de su gloriosa victoria. Me ponía aún peor.
— ¡Hey, tú! —le grité cuando me encontraba cerca, él se giró de inmediato y sentí un calor que recorría por todo mi cuerpo, ¿Por qué me sentía de esa manera cada que teníamos contacto visual? Moví mis hombros en un suave balanceo debido a la sensación que estaba provocando en mí, y continué firme a mi enojo. — ¿Por qué apareciste de repente?
—Estabas en problemas, y quise ayudar —se cruzó de brazos. Aún seguía con su misma apariencia, la desgracia de ser vampiro era que podías ser joven, o niño, o adulto para toda la eternidad hasta que llegara el día de su muerte. Aunque los A y nobles jamás morían, solo rara vez ocurría, ya que ellos eran los más sabios de todos los vampiros en el mundo. —Al fin puedo hablarte de frente.
—También me alegra eso —claramente, mi sarcasmo se había notado. —Pero, ¿Qué quieres exactamente?
Le quedé mirando serio, suspiró y decidió mirar el fuego por un momento. Me quedé entonces viendo su silueta, realmente era un vampiro, aquella belleza no era digno de un mundano, todo él era inalcanzable, tan frágil y fuerte a la vez, tan inocente y temerario. Sus uñas estaban pintadas de negro, largas, con anillos que decoraban sus dedos, con un pañuelo negro atado a su muñeca, vestido de la forma que los cazadores usaban para su trabajo, pero él le daba su propio toque único.
Lentamente volvía a caer en sus garras, como en aquella vez que estaba en mi habitación, el escalofrío se apareció y yo negué con la cabeza para quitar ese recuerdo. Había pasado bastante tiempo desde esa cercanía, tan ansiosa, tentadora y furtiva. Yo pensaba que era un sueño aquel día, cuando estuvimos solos en esa habitación antes que llegara Riza, el contacto me hizo dar cuenta de que no era así, sino que era la realidad, y que deseaba que no terminara nunca. Pero cuando ella llegó, todo se fue a la mierda.
Me sentía extraño con todo lo que sentía al mirarlo, era como una especie de Deja Vu o algo parecido, tampoco creía en esas reencarnaciones. Suponía que era él quién me transmitía esas ondas, me confundía y alegraba cada vez que lo miraba.
—No puedo decirlo. —su voz fría denominaba algo que capaz no quería oír. ¿Por qué un vampiro me seguía? ¿Y si era clase C? ¡Podía ser por eso que rendía a sus pies cada que nos encontrábamos! Sin embargo, en el caso en que eso fuera verdad, ¿Por qué tardaba tanto, y había esperado todo este tiempo, para enfrentarme? —Solo… Deja que esté bajo tu sombra.
Nuestros ojos se volvieron a encontrar y noté un destello en los suyos. Eso me hizo tomar una bocanada de aire que no disimulé para nada, él no se inmutó de eso, ¿Porqué tanto misterio? No se podía confiar ni en uno mismo, porque a la primera te traicionaban, y mucho menos, tratándose de un vampiro, ¿Qué tenía pensado hacer?
— ¿Y porqué habría de permitir eso? —fruncí las cejas y me crucé de brazos. Él deshizo la unión de los suyos y parecía fastidiado por mi pregunta. Caminó de un lado a otro mientras pensaba en algo, yo no lo recordaba así, parecía todo un seductor al principio, pero ahora actuaba casi como un humano: preocupado, alterado y, tal vez, con ganas de golpearme. Soy propenso a lo último. — ¿Por qué voy a dejar que un vampiro esté a mi lado?
—Porque sé cosas que tú no sabes. —me miró de la nada. —Por ejemplo, sé porqué no puedes recordar tu pasado, o porque no sabes como se llama tu madre.
— ¡Ya basta! —Riza se puso delante de mí y yo no podía salir de mi asombro, ¿Cómo carajo sabía eso de mí? ¿Qué estaba planeando? ¿Acaso por eso me había seguido? ¿Quería controlarme de alguna manera? — ¡Tú no tienes nada que hacer aquí! ¡Mejor vete a tu mansión lujosa y déjanos en paz!
— ¿Por qué debo obedecer órdenes de un cachorro? —a modo de sorna, el vampiro le sonrió a Riza y ella infló su pecho de mala gana.
Mi madre. Él sabía cosas que yo no, ¿Porqué mentiría con eso? Aunque en ningún momento a lo largo de estos años había mencionado algo sobre eso, tenía sentido lo que me estaba diciendo. Pero, ¿Cómo era que sabía sobre ella y mi pasado? ¿Me estuvo siguiendo toda la vida? Una marea de confusión se instaló en mi mente, logrando que mi entorno se sintiera denso. Si quería mi sangre ya me hubiera mordido, y no jugaría con algo como eso para obtenerme, ¿O sí?
—Mira, purasangre. —la voz de Riza me sacó de la laguna. —Más te vale que te vayas ahora mismo, o seré capaz de colocar mis dientes sobre tu frágil cuerpo. Y no vuelvas a…
—Riza. —al decir su nombre, ella volteó a mirarme con total desconcierto. —Cálmate. Creo que lo mejor es que se quede con nosotros.
— ¿¡Qué!? ¿Estás loco? ¿Cómo puedes dejar que este vampiro esté con dos cazadores? ¿Acaso son idiotas? —estaba desquiciada, cada palabra amenazaba con que se transformaría en cualquier momento.
—No, el idiota es tu novio. —La arrogancia de Hagen nunca faltaba en momentos como este. Le fulminé con la mirada y él miró al vampiro. —Es de clase A, Riza, por lo tanto, no te va a morder, ni a ti ni a ninguno de nosotros. Pero lo que debe explicar es su motivo, y debe hacerlo ahora.
—Si, capitán. —el vampiro rodó los ojos. Como para ser de clase A tenía un temperamento realmente variado. Yo los tenía como serios e indiferentes, pero la primera impresión nunca bastaba para conocerlos verdaderamente.
Caminamos de vuelta a la camioneta luego de enterrar las cenizas y de haber terminado esa discusión. Riza iba adelante, atrás de ella Hagen iba callado, sumergido en quién sabía qué cosa. Los últimos éramos nosotros, yo observaba de reojo al vampiro cada que podía y él solo tenía la vista centrada en el camino. No sabía si era la mejor decisión, pero podía ser que por fin obtendría respuestas. Hagen no se hacia problema con eso porque después de volver, él se iría por su camino y no tendría que cargar con un vampiro en su espalda.
—Detente un momento. —Él se paró frente a mí y vi como los otros dos se alejaban de nosotros. Mi comportamiento cambió y me sentía un poco nervioso.
— ¿Qué sucede? —Él se acercó rápido, colocando su rostro a mi lado, chocando su mejilla con la mía. Sentí su respiración contra mi oreja y eso me hacía un poco de cosquilla. Inmóvil, mi ojos se postraban sobre un roble que quedaba cerca. Este acercamiento era tan peligroso como esperado, y aún así yo solo dejaba que se mantuviera.
—Solo quiero darle las gracias por confiar en mí, cazador. —sus labios, gruesos y fríos se depositaron en mi piel, haciendo algo de presión y yo quise retorcerme. Empezó a hacer un camino de besos hasta llegar a la comisura de mis labios, frenó la acción y se separó de mí. —cuando quiera, puede preguntarme lo que desee.
Se alejó de mí y siguió caminando, me dejó solo y con tantas cosas en la cabeza. Estaba siendo seducido por un vampiro, ya había pasado antes pero cada que comenzaba con sus juegos se desataba algo dentro de mí que, por el momento, podía manejarlo. Temía de que en algún instante se saliera de control y actuara por mis propios impulsos. Caí en la realidad y caminé para alcanzar a los demás.
Estaba seguro que a partir de hoy, todo sería difícil con el vampiro entre nosotros, y más para mí.
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Ahora me tocaba viajar en el sector de carga junto con el vampiro, Riza se rehusaba a estar atrás, por lo que se había quedado en la cabina junto con Hagen que conducía el vehículo. Guardaba las estacas en el estuche que había confeccionado especialmente para ellos, miraba de reojo al vampiro mientras que él parecía mirar las estrellas. Era muy raro estar cerca de uno, cuando la mayoría del tiempo me la pasaba aniquilándolos; aunque era demasiado obvio que solo manteníamos a los vampiros sanos, ya que los cuerdos no tenían motivos específicos para quedarse.
Por lo menos sabía que no tenía la intención de morderme, porque ya hubiera reaccionado a las estacas que estaban cerca de mis manos, y era que los vampiros se ponían molestos, pero recordaba que él era de clase A, la más antigua de todas. Habrá visto toda una evolución de los humanos, no sabía desde qué año estaban los de su tipo en el mundo, tenía la vaga idea de que era incluso mucho antes de Cristo.
Quería preguntarle, eso y muchas otras cosas. Era como un niño curioso que debía saber las respuestas a los porqué de todo, precisaba indicios, detalles, algo sobre mí y sobre él, el móvil de estar con nosotros. ¿Acaso quería ayudarnos? ¿Quería vigilar nuestros movimientos? ¿Era el enemigo? Mi cabeza solo almacenaba cuestionarios, jamás podía encontrar la información correcta porque nunca llegaba a saberla del todo. Y ahora que tenía alguien que pudiera responderlas, me daba algo de pena preguntar.
— ¿Esperarás todo el viaje de regreso a casa para preguntarme algo? —Ambos nos miramos y él vio las estacas que eran envueltas en una manta, había dejado de tratarme de manera formal. Bajaba la mirada, nos movíamos constantemente debido a que Hagen manejaba como un loco, pero no al borde de descarrilarnos del camino. — ¿Qué quieres saber primero?
—Bueno… —eché un suspiro, la presión venía a mí. Me tranquilicé y decidí preguntar por él primero. — ¿Por qué estás aquí? ¿Por qué me estuviste siguiendo todo este tiempo?
Él frunció el entrecejo, parecía que había empezado mal con la pregunta esa, pero era tan obvio que lo iba hacer. Juntó sus piernas, flexionándolas y abrazó las mismas, apoyando su cabeza sobre las rodillas y mostrando una mirada apagada. Lucía como un humano, pero todo era apariencia; seguramente había aprendido mucho en todo su transcurso. Solo en dos ocasiones había podido ver a vampiros de clase A y nobles, y eran demasiado estrictos e indiferentes, actuaban como si se hubieran quedado en la época del renacimiento. Pero él se comportaba como cualquier humano, había adoptado muy bien ese disfraz.
—Esto te sonará muy raro —comenzó a hablar y postré toda mi atención en él. —Normalmente te lleva, como máximo, un mes para recordar quién soy y porqué termino a tu lado siempre… Carajo, esto es estúpido.
Vaciló y yo me sentía confundido por lo que había dicho, ¿Ya sabía quién era? ¿Tenía que ver con que no recordaba el pasado? Él bufó y miró hacía atrás, la oscuridad no era tan tenebrosa después de todo, la luna nos brindaba un poco de su luz blanca para no sentirnos solos en el sector de carga.
— ¿Porqué dices que es estúpido? —las estacas envueltas las metí dentro de la mochila, lo cerré y lo dejé a mi lado. —Y aclárame todo eso porque no estoy comprendiendo lo que dices.
—He vivido muchos siglos, casi te diría que la mitad de la edad de la tierra desde su formación, y en ese transcurso he conocido a alguien… —parecía ponerse muy deprimido con ese tema. Vivir eternamente podía tener sus desventajas, él siempre veía morir a los demás, mientras que seguía manteniendo esa juventud debido a esa herencia de sangre. —A ti.
Se quedó callado un momento, yo no sentía absolutamente nada, era como si mi alma hubiera abandonado mi cuerpo y me hubiera quedado absorto en lo que acababa de decir. ¿A mí? ¿En toda su vida me conoció a mí? ¿Cómo era eso posible? No, definitivamente no era eso. No creía en eso, era inaceptable.
—Tú nunca crees en la reencarnación, pero es así —tragó saliva. —Tú reencarnas una y otra vez, Tom. Te he visto convertirte en la misma persona durante siglos desde que te conocí, y he intentado cambiar eso a lo largo de mi vida para que pudieras ayudarme, ahora lo he logrado. Eres un cazador.
— ¿Qué estás diciendo? ¡Eso no es verdad! Yo no creo en ese tipo de cosas, ¡Me estás haciendo una mala broma! —no sabía por qué me alteraba tanto, tal vez porque sentía algo de angustia el saber que los sueños que tenía, había cierta similitud con lo que estaba diciendo. A veces soñaba que era un gladiador, o un herrero, o un pescadero, o un espartano, incluso alguien de la alta sociedad de la revolución francesa. Lo había asociado con eso.
—Te llevará unas semanas recordarlo, siempre es así. —me apoyé contra la cabina y quedé recostado. Mis pensamientos eran profundos, se creaba otra marea de interrogatorios.
— ¿Y por qué has tardado todo este tiempo para decirlo? —volteé a mirarle y él se quedó estupefacto. Esos ojos que me miraban parecían brillar como las estrellas, una parte de mí le agradaba verle el rostro, la otra se sentía perdida en un río turbio de cosas que no entendía por el momento.
No me contestó esa pregunta, yo suspiré y miré el cielo una vez más. Un poco de silencio me vendría bien para aclarar todo este asunto, debía asimilar la situación para tratar de comprender lo que estaba ocurriendo. Cerré los párpados unos segundos, queriendo pensar de forma tranquila. La inquietud y curiosidad no me dejaban hacerlo adecuadamente, entonces los abrí y me encontré con el vampiro. Sus manos estaban apoyadas a los costados de mi torso, sus dreadlocks caían a un lado.
Sus ojos eran mágicos, tan divinos y cautivadores. Por mi cabeza pasaba su voz diciéndome sobre la reencarnación, ¿Será que por eso me ponía nervioso o sentía esa sensación prohibida hacía él cuando lo tenía cerca?
—Te he visto millones de veces de esta manera —me decía casi en un susurro. —y tú siempre me mirabas de la misma forma en la que lo haces ahora, con curiosidad y admiración.
En mi interior, algo empezaba a surgir, a la vez, sentí un crujido. Se estaba desenvolviendo lo que desconocía, sus palabras me llegaban en el fondo, logrando que un sentimiento agradable se apoderara de mi pecho. Involuntariamente, mi mano se alzó, depositando la palma sobre su mejilla y él la apoyó con suavidad, su piel era tan perfecta, y fría, pero no por eso dejaba de tener una textura exquisita.
—No quiero perderte. —cerró sus ojos, apretando los párpados con fuerza. —Por eso he vuelto, porque ya no quiero verte morir y esperar a que reencarnes en alguien más.
Una leve bocanada de aire, y mis ojos que se abrían de par en par, fue lo único que podía efectuar en ese momento. Me quedé estático ante sus palabras, él parecía que estaba a punto de llorar, y eso me hacía tenerle compasión, pena y un poco de dolor. Sí, dolor. Aunque no estaba acostumbrado a sentirme de esa manera, por alguna extraña razón, y pensaba a creer que era por lo que me había dicho, quería consolarlo. ¿Podía ser que era la reencarnación de quién pensaba?
Continúa…
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