«EaaRumA» Fic de MissAnunnaki
Capítulo 3
«Tú nunca crees en la reencarnación, pero es así.»
«Tú reencarnas una y otra vez, Tom. Te he visto convertirte en la misma persona durante siglos…»
Sus palabras retumbaban en mi cabeza, me movía de un lado a otro en la cama. ¿Cómo podía pasar eso? No quise saber más nada porque estaría sin dormir por lo que restaba de mi vida, y aunque tenía curiosidad, debía aguantar. Requería tiempo, tanto para asimilar la situación como para comprender la actitud del vampiro con respecto hacía mí. En una primera instancia parecía que quería morderme, pero tal vez intentaba que lo recordara, y al no obtenerlo, recurrió a la confesión. Lo último era lo mejor.
Miré hacía la ventana, las finas cortinas no tapaban del todo la luz que la luna emitía. Hacía frío pero en la habitación eso no se sentía, salí de la cama con cierto sigilo, como si no quisiera despertar a alguien; la realidad era que me encontraba solo en la habitación, Riza estaba enojada por haber dejado que el vampiro se quedara con nosotros que se fue a dormir en el living. Georg estaba en el cuarto de al lado y el vampiro se había quedado cerca de casa. Habíamos tardado todo un día en regresar a casa debido a las dos paradas que habíamos hecho en el trayecto, llegamos al anochecer.
Me quedé mirando tras la ventana de la habitación, corriendo un poco la cortina con la mano. No dejaba de pensar en lo que me había dicho, era difícil conciliar el sueño cuando sabías que reencarnabas en alguien siempre. Lo que me mantenía incómodo era que él me había conocido, y que volvía en otra vida, una y otra vez, siendo alguien para él. ¿Qué tipo de relación tenía? ¿Era mi hermano? ¿O solo lo decía para tenerme cerca? Era un purasangre, podía hacer lo que se le antojara en el momento, ¿En verdad jugaría con eso? ¿Dañaría tanto a un humano con tal de obtener lo que quería?
—Deja de pensar tanto en eso, y hasta en esta vida sigues desconfiando de mí. —me giré de inmediato. De la penumbra que había en la esquina de la habitación, cerca de la puerta, él salió y se dejó ver un poco mejor el rostro. Empezó a caminar hasta ponerse a mi lado, observó por la ventana también. —Y no es tan cierto eso de que los más antiguos son los más serios.
— ¿Alguna vez dejaste de leer la mente? —me sentía un poco molesto con que se entrometiera en cosas ajenas, pero suponía que me daría una respuesta satisfecha.
—Es imposible no leer la tuya —me contestó manteniendo la vista afuera, yo me quedé perplejo con su respuesta.
—Dime en qué estoy pensando ahora. —tenía que ser una broma, aunque ellos tenían la capacidad de hacer eso. Si sabía todo sobre mí, entonces no necesitaba preguntarme nada, pero en mi caso, todo era totalmente nuevo y quería saber quién era él para mí.
—Lo último que pensaste es sobre la relación que tenemos. —Increíble, realmente podía hacerlo. — ¿Realmente quieres saberlo? Sin importar lo que sea, o la reacción que tengas en el momento, porque te conozco demasiado y me mandaras al demonio al instante.
—Trataré de no decepcionarte. —él bufo y se alejó, dirigiéndose a la cama. Se sentó sobre ella y yo me crucé de brazos, esperando a que me lo dijera; un escalofrío me acorraló contra la ventana y me separé de la misma segundos después, eso que sentía me advertía de algo.
—Digamos que… Somos… Tú eres… —dudaba, dudaba demasiado, no me miraba mientras hablaba, parecía debatir algo en su cabeza y al mismo tiempo soltaba esas palabras. —Somos amigos, muy cercanos. De esos que se tratan como hermanos, inseparables, luchadores… Sí, somos buenos amigos, los mejores amigos de la historia.
Había algo que no cuadraba, el tono de su voz no denominaba la energía necesaria que cubría esas palabras. No lo decía en serio, aunque tampoco podía saber si estaba mintiendo ya que no recordaba lo que se suponía que debía recordar. Aclaró su garganta y permaneció callado, yo solo aceptaba la relación que me había dicho que teníamos, una relación de amigos. Pero empezaba a no creer en eso cuando memoricé lo que había sucedido en la parte trasera de la camioneta, él estaba sobre mí, aquel contacto, esos segundos fueron suficientes para hacerme sentir como otra persona.
—Bien, creo que mejor te dejo dormir. —se puso de pie y yo caminé, logrando tomar su muñeca, nos miramos de repente, él estaba sorprendido de haber efectuado esa acción, mi mirada estaba fija en la suya. — ¿Qué sucede?
—Si quieres puedes dormir aquí.
—Soy un vampiro, no duermo en las noches. —estúpido, mi comentario había sido demasiado estúpido, ¿Qué clase de cazador era? —Pero tú deberías descansar. Yo estaré por aquí, vigilando.
Lo liberé de mi agarre con cuidado y él bajó la mirada. Asintió y se marchó, sentía una presión en el pecho, ¿Se podía calificar como culpa? No podía ser eso, no había hecho nada para ofenderlo o algo, pero ahí estaba, haciéndome más pensativo. Caí de forma pesada sobre la cama y cerré los ojos, quería dejar de sentir eso, no me agradaba.
No había llegado a dormir tres horas completas, que la alarma había sonado. Medio dormido estiré el brazo pero toqué algo suave y abrí los ojos, a mi lado estaba el vampiro, durmiendo con los dedos entrelazados y sus manos sobre su abdomen. Lucía relajado, era como un bonito sueño: resplandeciente, pálido y hermoso. Lo contemplé durante unos segundos, ya que la alarma volvió a sonar e interrumpió el buen ambiente que había en la habitación.
Me salí de mi cama y me instalé en el baño para darme una ducha y hacer esa rutina de siempre. Media hora después me encontraba en la cocina, Riza estaba preparando el desayuno, Hagen bebía su café como todo un veterano mientras leía el periódico con sus gafas de marco grueso oscuro. Viéndolo de esa manera, parecía una típica escena de una pareja normal de recién casados.
—Buen día —saludé, pero ninguno de los dos me devolvió el saludo. Riza me dejó la taza de mala gana sobre la mesa, y Georg solo me dio una mirada de reojo, para luego seguir con la lectura. Bueno, parecía ser el único que estaba de buen humor el día de hoy.
— ¿Y ese vampiro? —me preguntó Riza con enfado — ¿Dónde pasó la noche?
—La verdad no lo sé, pero ahora está en mi cuarto. —me impresioné de la tranquilidad con la que lo había dicho, recordé que era un succionador de sangre y que podría haber bebido la mía. Eso no era nada, lo que sí fue el estallo de bomba que Riza había efectuado.
— ¿¡Qué demonios significa eso!? ¡Déjame ver tu cuello! —me tomó de la cara con ambas manos y me giró, dejando al descubierto el cuello. Lo inspeccionó con mucho detenimiento, yo no hacía nada para impedirlo. — ¿Cómo permites que eso suceda? No sabemos si es de fiar, Tom. ¿Y si nos está tendiendo una trampa? No podemos estar seguros con él en esta casa.
Vacilé con la cabeza y ella me observó con el entrecejo fruncido. Bufó y se sentó a mi lado. Me tomó de ambas manos por debajo de la mesa y yo me sentía extraño por eso.
—Tom, escucha lo que te digo. No debemos estar con un vampiro, y menos tú, que cazas a esos chupasangre. Tengo un presentimiento de que algo no bueno saldrá si tenemos ese tipo de juntas, lo percibo, y tu también deberías percibirlo. —Sus ojos eran diferentes a los del vampiro. Los de ella eran color café, parecían dos bolas de chocolate, su cabello rojo ondulado resaltaba en esa piel no bronceada. Era la única mujer lobo asiática que se conocía hasta el momento, o por lo menos era la única con esos rasgos que se conocía en el país. —Por favor, no te acerques a ese vampiro.
Yo suspiré, de reojo miré a Georg y él tenía sus ojos claros postrados en el rostro de Riza, ella me observaba algo angustiada. No sabía si tenía miedo o quería protegerme de algo que yo no sabía. Ella y yo nos protegíamos constantemente de cualquier cosa, éramos un buen equipo juntos y no me enfadaba con ella cuando intentaba salvarme, porque la amistad que teníamos de por medio era lo que me permitía defender, y ser defendido, solo por ella; no dejaría que otra persona lo hiciera, y todo por el comentario que había dicho el vampiro aquella vez.
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— ¿Esto es en serio? ¿Vas a dejarme con ese muerto hasta que vuelvas? —Riza venía tras de mí, con Hagen estábamos dirigiéndonos a la camioneta ya que había recibido una invitación de cazadores al atardecer. Claramente no debíamos dar la información de que un vampiro clase A estaba con nosotros, no queríamos saber las consecuencias de ello, aunque en el fondo ya lo sabíamos. —¡Te juro que cuando vuelvas, yo no voy a estar y ese vampiro menos! Porque me desharé de él.
—Riza, escúchame —me giré de inmediato, ya comenzaba a fastidiarme su comportamiento de niña. Ella tenía el entrecejo fruncido, eran pocas las veces que tenía la oportunidad de verla así. —No puedes acercarte a él a menos que sea con buenas intenciones, ese vampiro sabe cosas que yo no, y creo que sería mejor conservarlo para responder mis dudas, ¡Tiene respuestas valiosas!
— ¿Y cómo estás tan seguro de eso? ¿Cómo puedes confiar en alguien como él? ¿¡Acaso no sabes por qué eres cazador!? —golpeó la camioneta con la palma de su mano con rudeza, le quedé mirando extrañado, ¿Realmente lo sabía? — ¿Porqué no confías en mí?
—Vamos, Thomas. No debemos llegar tarde, conoces las reglas. —la voz autoritaria de Hagen me pedía que entrara al vehículo. Riza apretó sus labios, y con sus cejas fruncidas, daba la sensación de que iba a romperse. Eso me hacía sentir una mierda, ella pensaba que no confiaba, pero era que lo que el vampiro me había dicho era algo tan confidencial, que me había emocionado por saber más. Tragué saliva al ver su rostro, no me gustaba cuando siempre la cagaba.
—Me quedaré aquí, con ese vampiro, tú solo… —Exhaló el aire y negó con la cabeza, al tiempo que se iba apartando. La llamé por su nombre dos veces en un intento por pedirle disculpas pero ella no me dejó hacerlo, ya que se fue hacía el jardín delantero cruzada de brazos. Yo bufé, ahora estaba enojado conmigo mismo, e ingresé de mala gana a la cabina. Cerré la puerta y Georg encendió el motor.
Veía por el espejo retrovisor como me alejaba de ella, me sentía realmente culpable de hacerla sentir de esa manera. Estaba dudando de su confianza, de nuestra amistad. Ella había estado conmigo desde antes que fuera cazador, y ahora le hacía caso a un vampiro que recién acababa de conocer. Tenía motivos para ponerse alterada, quería protegerme como yo lo haría en otra circunstancia si ella no pudiera ver la realidad; ella sería la cruda verdad, pero era mejor eso que estar ciego, creyendo que nada malo estaba sucediendo.
—Nunca he visto a Riza tan alterada como ahora, incluso estoy sintiendo algo de pena por ella. —Georg también estaba por recriminarme las cosas en la cara. Genial, todo esto iba mejorando. —Dime, ¿Por qué te dejas manipular por el vampiro?
—Tú siempre me preguntabas si lo veía, y ahora que lo tengo cerca, me hablas como si quisieras que lo alejara de mi existencia. —le miré, él no hizo ninguna cara, mantenía su seriedad. — ¿Y para qué estoy diciendo esto? A ti nunca te importó la vida de los demás.
—Es verdad. —contestó, no parecía molesto ni ofendido por mi comentario. —Pero últimamente me preocupa tu amiga, si no haces algo la puedes perder, deberías escucharla. Pienso que estás siendo inmaduro al aceptar a ese vampiro, cuando sabes perfectamente que no podemos tener ninguna alianza con los más antiguos, por el simple hecho de que ellos son superiores. Lo sabes, te lo he dicho miles de veces.
—Él no actúa como si fuera uno de ellos. Y si fuera uno de clase C, no habría aguantado el olor de nuestra sangre, y habría saltado sobre nosotros.
—Estoy de acuerdo con que no es clase C —Suspiró, cuando quería podía tenerlo de mi lado pero no iba ser en esta ocasión. —Pero deberías dejar de actuar por tus propios impulsos, y pensar un poco lo que estás haciendo.
El sermón había concluido, a veces pensaba que no había dejado de tener dieciocho, siempre hacía estupideces y me comportaba como tal. Pero otras veces actuaba como uno de veinticinco, ¿Acaso el que había enfrentado a Riza era el de dieciocho? Idiota debían considerarme, la culpa no me abandonaba por nada del mundo, y sabía muy bien que debía arreglar eso. Necesitaba mucho valor para admitir que tenía razón, debía hacer un gran esfuerzo para dejar de lado el orgullo; algo que era tan característico en mí porque lo utilizaba como escudo para no demostrar lo que sentía.
La reunión fue llevada a cabo en un restaurante de la ciudad a puertas cerradas, nadie nos podía molestar. Dichas reuniones no pasaban de la media hora, lo único que se debía decir era si se había concretado la misión encomendada y los nuevos que debíamos tomar. Cazadores de todo el continente estaban en ese restaurante, solo habían dos en el país, el resto estaba expandido por toda la masa continental. El cazador más veterano tenía el privilegio de dar las nuevas misiones, y aunque había tecnología de por medio para dar conocimiento a esas asignaciones, se pensaba que era mejor hacerlo personalmente.
— ¿Han escuchado el rumor de la rebeldía de Bart? —preguntó David, él siempre tenía los últimos chismes del mundo vampírico. Se rumoreaba que tenía un romance con una vampiresa, pero todo eso era una hipótesis a verificar. —Si no nos metemos en su camino, estaremos a salvo.
—David, no creo que a los cazadores les interese la vida de los vampiros y sus broncas con los de su especie. —Shiro parecía estar harto de escuchar las primicias que tenía para presumir a sus colegas. Yo solo estaba esperando a que el veterano diera las nuevas para poder ir a casa y tratar de hablar con Riza, pedirle disculpas por mi actitud de niño.
—Bien, si no tienen nada más que decir, me gustaría que me escucharan un momento. —Ethan acaparó la atención de todos los presentes. —Como el señor Jost ha mencionado, hay una disputa entre los vampiros antiguos, esto a la brevedad traerá consecuencias en el mundo de los vampiros. Se irán informando acerca de los movimientos de todos, más los de clase C, que influyen de forma intensa en las consecuentes clases. La nueva misión es esta: mantenerlos vigilados a todos, para ello necesito la colaboración de ustedes, los cazadores de los otros continentes restantes ya están en marcha. Sé que no podemos cubrir el nuestro de forma rápida, pero habrá que hacer un intento para lograrlo. No hace falta decir algo sobre los de clase C en adelante, espero que tengan una buena cacería.
Los treinta cazadores presentes estrecharon sus manos uno contra otros luego de las palabras del veterano. Mientras que se despedían iban retirándose para sus ciudades asignadas, Hagen y yo debíamos quedarnos en este país.
—He oído que pudieron contra un grupo comandado por una clase C. —Ethan se dirigió a nosotros. —Ustedes dos hacen un buen equipo, si tuvieran más de ustedes todo esto sería armonía.
—No haga sentir de menos al resto de los cazadores, Ethan. —Georg esbozó una leve sonrisa y yo miré el reloj del móvil. Tenía que volver antes de que anocheciera, el vampiro despertaría y encontrarse con Riza a la primera podía ser totalmente un caos. El móvil empezó a sonar y el remitente de la llamada entrante era de ella. Tomé una bocanada de aire y atendí.
—Tom… Ven rápido… No puedo ver nada… Hay mucho humo… —se oía puro estruendo de fondo, y a ella que tosía constantemente. Me alerté de inmediato, quería preguntarle pero un golpe seco tuvo lugar y ya no me habló más. Me giré hacía Georg y le dije que debíamos irnos ahora. Nos despedimos de Ethan y salimos hacía el vehículo.
Al estar dentro, él aceleró, le conté lo que había sucedido. No se mostraba alterado en absoluto, o por lo menos no tanto como yo. ¿Qué demonios había pasado? ¿Acaso Riza había peleado con el vampiro y terminó así? Toda la incertidumbre se planteaba, me hacía sentir más culpable de lo que ya me sentía. Tal vez, si no le hubiera hablado de esa manera y le hubiera hecho caso, no estaría preocupado o pensando lo peor. Me ponía impaciente al no llegar tan rápido, deseaba ser un vampiro para moverme con tanta agilidad y llegar al lugar que quería en menos de lo que un humano corriendo podría.
La volví a llamar pero me mandaba al buzón, intentaba una y otra vez y lo mismo. Me desesperaba con cada minuto, ¿Qué mierda había pasado? Lo único que sabía era que podría haber sido mi culpa, esperaba que no estuviera en malas condiciones, quería creer que era una jodida broma para estar pronto en casa, pero recordaba el tono de su voz, que tosía, y que estruendos espantosos de objetos cayéndose por el suelo tenían la clara explicación de que no podía ser una broma. Ella no jugaría con eso, tenía límites.
A lo lejos podía ver como una gran cantidad de humo negro se levantaba en el aire, saqué la cabeza por la ventana para apreciarlo mejor. Mi hogar estaba en llamas, insulté y pedí a Georg que condujera más rápido y lo hizo. Me culpaba tantas veces en mi mente que estaba por perder la cordura en cualquier momento. Minutos bastaron para estar cerca de casa, afuera de los suburbios. Me bajé antes de que frenara la camioneta y reconocí el cuerpo de Riza tirada en el suelo. Estaba cubierta de hollín, tapada con una manta, había manchas de sangre por la misma y eso me había puesto paranoico. Parecía que quería convertirse en loba pero no lo había logrado, o tal vez sí pero alguien la había herido hasta que ella se desmayó.
Alcé la mirada y veía como la casa estaba envuelta en llamas, todo se estaba cayendo de apoco, el fuego era tan intenso que temía porque nos alcanzara. Hagen se acercó y me ayudó a tomarla con cuidado, los dos la llevamos a la camioneta, y yo no dejaba de mirar mi hogar, ¿Qué demonios había sucedido?
—Tienen que irse, ¡Ahora! —nos dimos la vuelta, el vampiro tenía los ojos azules, la capucha cubría sus dreadlocks y parecía estar luchando debido a que su respiración estaba agitada. —Deben llevarla a un hospital, lejos de aquí. ¡Váyanse ahora!
No podía asimilar la situación, Hagen me separó de Riza y cerró la puerta, la vi con la cabeza apoyada contra el vidrio y las manchas de sangre. Me gritó que entrara al vehículo, pero salté hacía el sector de carga y la camioneta dio marcha a toda velocidad. Observé por sobre mi hombro al vampiro, que me miraba sin ninguna expresión específica, no comprendía lo que había sucedido pero mi amiga estaba herida, y él había estado cerca, ¿Tenía que ver con todo eso? ¿Él fue el autor de ese desastre?
Continúa…
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