«EaaRumA» Fic de MissAnunnaki
Capítulo 4 (P.2)
No tenía donde ir, mi hogar, mis cosas, absolutamente todo estaba hecho cenizas y borrados de mi memoria. Mi amiga, la que me había acompañado desde mi verdad, ahora se encontraba lejos de mí, para siempre había perdido el contacto con ella. Y ni siquiera pude despedirme, abrazarla, decirle que no hiciera estupideces y actuara como la mujer madura que era, pero lo ocultaba tras esa sonrisa de niña. Todos nuestros recuerdos pasaban por mi mente mientras me encontraba sentado en el sector de carga junto con el vampiro, Hagen conducía a quién sabía dónde, y la humana nos acompañaba. Ella tenía algo importante que decirnos.
Me sumergía en los momentos con Riza, ella me cuidaba y vice-versa, juntos habíamos creado una amistad única, demostrando que la relación amistosa entre un hombre y una mujer si existía.
Ya no tenía nada material, no tenía ni siquiera la compañía de la amiga que siempre había estado; ahora me sentía completamente solo, al borde de caerme por el abismo de la nada, intentando llevarse lo poco que me quedaba: mi alma, mi cuerpo. Solo debía luchar para no caer, haciendo el equilibrio perfecto entre rendirme y seguir adelante, como siempre lo había hecho. No me quedaba más que la voluntad y la pequeña esperanza de continuar, empezar de nuevo.
Algo frío se depositó sobre mi mano, el tacto se agudizó, se trataba de unos finos y delgados dedos. Aparté la misma y volteé a ver al vampiro. Me fijaba con detenimiento, sus ojos ya no poseían esa brillo de siempre, lucía apenado, o triste. La mano que había tocado la mía, se la llevó contra su pecho y la cubrió con la otra, protegiendo ese contacto, acurrucando esa sensación. Cerró sus párpados un momento, inspiró profundo y observó hacía adelante, sintiéndolo mejor, su rostro me lo decía.
—Quiero que recuerdes, Tom —la capucha se movía debido al viento, hacía algo de frío pero podía soportarlo. —Quiero que comprendas lo que mi congelado y eterno corazón soporta por ti.
Me quedé quieto ante sus palabras, cada centímetro de mi piel comenzaba a erizarse, teniendo un poco más de frío, y esta vez no podía aguantarlo. Comenzaba a tiritar, pero lo que parecía acalorarse era mi rostro. Sus ojos volvieron a conectarse con los míos, una mirada enternecedora adoptó y no dejaba de admirarlo. Podía ser que de apoco recobraba los sentimientos perdidos, era una posibilidad, o tal vez eso era nuevo en mí, y había logrado surgir gracias a su imagen. Él era perfecto, como un ángel, su rostro, su voz, su cabello rebelde, la manera en la que caminaba, todo él era fantástico. Pensaba que se trataba de una alucinación mía cuando le veía, pero al rozar nuestras manos, o sentir sus ojos puestos en mí, sabía que no lo era.
Su brazo comenzó a extenderse, miraba como esos delicados y pálidos dedos, con las uñas pintadas de negro, se alzaban en mi dirección, queriendo tocar mi mejilla. Inmóvil, solo quería saber hasta donde llegaría, pero eso no pudo ser posible, ya que se cayó a un costado. Sus párpados se cerraron al instante y sus labios estaban entreabiertos, mostrando un poco sus colmillos, aquellos que le quitaban todo lo ángel a su rostro.
Comencé a llamarlo por su nombre, era la primera vez que lo decía pero no podía oírme, estaba inconsciente, ¿Qué le había pasado? Entré en una desesperación controlada, lo único que se me ocurrió fue apoyar su cabeza sobre mis piernas estiradas, rodearle con un brazo por debajo del suyo. Le retiré un poco la capucha para verle mejor su rostro, parecía estar dormido, ¿Acaso estaba cansado? No podía ser eso, los vampiros dormían de día, ¿Porqué él de repente se caía y estaba así? Una vaga idea de que tal vez no se estaba alimentando invadió mi cabeza, o tal vez… Y si… No, no podía ser eso.
Le avisé a Hagen que algo había sucedido con el vampiro, él decía que pronto llegaríamos a su hogar, a regañadientes aceptó que el vampiro se quedara conmigo.
Una vez que habíamos llegado a la casa de Georg, llevé al vampiro entre mis brazos a la habitación el cuál me había dado para poder quedarme, aunque fuera solo por esa noche. Lo recosté en la cama, mis manos fueron a la cremallera de su chaqueta y lo deslicé hacía abajo con suavidad, al abrirlo de par en par. Algo se me asomó a la cabeza:
Se oía el sonido de la lluvia, pero eso no importaba. A mi lado se encontraba Bill, abrazándome como si no quisiera perderme, su cuerpo siempre estaba frío, pero esta vez estaba cálido. No quería soltarme, sabía que si lo hacía, podría no llegar a hacerlo nunca más.
Ese era mi destino, descubrir la verdad y morir, para luego reencarnar y pasar por lo mismo, una y otra vez. Al principio solo dejábamos que sucediera, pero pronto los dos comenzamos a desarrollar deducciones y tratábamos de evitar que muriera de nuevo, pero al final siempre fracasaba. Él ya no me volvía a ver hasta encontrarme en otra vida. Veces interminables lo había visto llorar cuando recordaba todo, pero, y aunque hacía todo lo posible para ayudarlo y tratar de terminar con esto, yo moría. Sin ningún aviso, en accidentes catastróficos que no se podían evitar, porque nadie lo veía venir.
Me alejé de inmediato, como si fuera que había visto al mismísimo diablo parado frente a mí. Me llevé un susto terrible, y casi me estampaba contra el piso, ¿Qué había sido eso? ¿Acaso estaba recordando? Solo sucedió cuando toqué su chaqueta, y era que en parte toqué su pecho.
Tocaron la puerta y fui corriendo a abrir, la mundana me miró sorprendida, tal vez mi cara de espanto no se había ido. Moví la cabeza para despabilar todo eso y ella me decía que Hagen había preparado algo para comer, y que aprovechara para escuchar lo que tenía que decir. Aunque sospechaba que seguro ella quería unirse a nosotros, y como respuesta iba a tener un no porque era humana, no iba a resistir tanto como los cazadores solían hacerlo.
Miré una vez más al vampiro y salí de la habitación, cerrando la puerta. Con ese recuerdo en la cabeza nos fuimos a la cocina, habían pares de emparedado para cada uno en un plato individual. Lo tomé con rapidez y comí la mitad de un bocado, necesitaba distraerme y tratar de olvidar lo que había rememorado. Pero era imposible, cada que masticaba, esa imagen y su piel contra la mía se aclaraba, y se sentía mejor, luciendo real. La única persona que podía contestar eso era el vampiro, pero ahora estaba desmayado, o dormido, o en algunos de esos viajes ancestrales.
—Si sigues masticando, probablemente consigas morderte la lengua. —la humana sin nombre obtuvo su razón, me mordía la lengua y soporté el dolor por unos segundos. La miré con el entrecejo fruncido mientras calmaba ese dolor con la mente, ella solo esbozó una sonrisa.
— ¿Y por qué estás aquí? —preguntó Hagen. Ella se limpió las manos como toda una señorita y se acomodó las trenzas que tenía a cada lado de su cabeza.
—Fácil: no hay cazadores, una humana debe hacer el trabajo. —Georg se echó una carcajada terrible, yo no podía hacer lo mismo por el reciente accidente, pero las ganas estaban. ¿En verdad quería hacer eso? Era patético. —No se rían, soy la tataranieta de Noah Cuvier, ¿Saben quién es él?
—Uno de los más privilegiados cazadores en la historia de los cazadores. —intervenía Hagen. —El primer cazador. Lástima que su esposa haya sido de sangre común, engendró a su hijo Mathius, mitad humano y mitad cazador, se casó con Joceline, humana. Y tuvieron una hija, que se casó con un empresario. Por lo tanto, novata, tú solo eres un quince por ciento, o menos, cazador. No tienes la suficiente sangre y fuerza que uno debe poseer.
—Ah, se me había olvidado que hablaba con el más poderoso —exageró ella. El mundo de los vampiros, lobos y cazadores había nacido mucho antes de que se diera a conocer, pero hacía diez años se había proclamado la convivencia con ellos, exponiéndolos, diciendo que eran reales y que no había que temerlos. Pero eso último comenzaba a cambiar. —Él galán de galanes, todos hablan de ti, oh poderoso Georg Moritz Hagen Listing. Las chicas darían su cuerpo por una cita contigo.
¿De verdad esa chica quería ser cazadora? Porque actuaba como toda una puberta. Aunque no me sorprendería que se camuflara como uno de nosotros para estar cerca de Georg, esas fanáticas hacían lo que fuera con tal de tenerlo a cinco centímetros de distancia. Tenía que probar que no era una broma, de inmediato le arrojé un vaso en dirección a su rostro, ella corrió la cara pero la detuvo con su mano, me fulminó con sus ojos color café, y depositó el vaso de mala gana sobre la mesa. Bien, una fanática hubiera recibido de lleno el golpe en la cara, yo hubiera corrido el riesgo de desmayarla, pero algo me decía que ella podría tener ese quince por ciento, o menos, de sangre de cazador recorriendo por sus venas.
—Miren, sé que no soy lo suficientemente cazadora como para ser tan grandiosa como ustedes, pero en verdad quiero contribuir con algo. —nos miró a los dos, Moritz masticaba su comida con toda la lentitud del mundo, parecía que le importaba una mierda lo que decía. —Pero puedo ayudarlos, créanme.
La cruzada de miradas que efectuamos con Listing fue de debate, nos podíamos comunicar, nos tomamos el tiempo y él dio el veredicto. Aceptó a la jovencita, pero le estableció reglas que debía seguir, y que eso no era un juego de niños. Vería correr sangre fuera a donde fuera, y no podría pegar un ojo en toda la noche, porque era en ese momento donde los vampiros salían a buscar sus presas o hacer maldades.
Se escucharon pisadas en el piso de arriba, los tres miramos el techo como si tuviéramos rayos equis para poder ver lo que había. Solo una cosa podía significar eso: el vampiro había despertado.
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Subía las escaleras con prisa, pensando en tantas cosas. Ahora tenía un remolino en la mente y no podía controlarlo: la cazadora, los recuerdos, Riza, el vampiro, todo se juntaba y me encontraba inquieto. Me dirigía a la habitación una vez que ponía el pie en el segundo piso de la casa, fui casi a paso veloz y empujé la puerta, el vampiro estaba mirando por la ventana, se giró apenas me percibió y estaba más pálido que de costumbre.
—No me he alimentado en tres días. —me habló, poco a poco comencé a acercarme. — ¿La humana sigue aquí?
— ¿Piensas alimentarte con ella? —le pregunté curioso, él esbozó una débil sonrisa y negó con la cabeza. Bien, por lo menos no debía defenderla, aunque no tenía que perderle de vista solo por si acaso.
—Es terrible que desconfíes de mí todavía —el tono de su voz denominaba ofensa, se me había olvidado que podía leerme la mente cuando quería, así que debía tener cuidado con lo que pensaba, pero no sabía si lo hacía todo el tiempo o solo cuando sabía que yo le contradecía. —Podré soportar sin beber sangre por unos días más, pero hasta eso, debo ir buscando alimento.
— ¿Por qué no me muerdes? —estaba claro que los vampiros se deshacían por la sangre de los cazadores, en parte siempre ocasionaban problemas para que nosotros fuéramos a darles una visita y así aprovecharse. Pocos habían muerto, y eso era porque los vampiros habían tenido planes extraordinarios que fueron llevados al éxito sin problemas. Pero también sabía que si eras mordido por un vampiro antiguo o noble, morías al instante, en cambio, las siguientes clases solo te podían matar si eran varios de ellos a la vez, porque te sacaban toda la sangre en cuestión de segundos. Si solo te mordía uno no pasaba nada, no te convertías en uno más. —No quieres que…
—De hecho, ya lo he hecho antes. —me cortó, me sentía confundido con eso. —Es cierto que si un antiguo bebe sangre de cazador muere, pero solo si se pasa los treinta segundos, ese detalle es el que nunca han revelado. Porque el veneno se libera al pasar ese tiempo.
Siempre quise preguntar cómo es que uno se convierte en vampiro, los humanos pueden hacerlo con facilidad debido a la debilidad de su sangre y sistema inmune, pero los cazadores son fuertes en eso, y es algo difícil que te conviertas, o te matan o no eres un vampiro, pero jamás te conviertes en uno de ellos. Agradecemos nosotros, los cazadores, de tener sangre pura de cazador; de no ser así, alguno de nosotros ya hubiera sido un inmortal.
— ¿Conmigo? —pregunté, él asintió de inmediato. ¿Así que yo le había dado mi sangre para alimentarse? Suponía que eso sucedía en casos extremos, aunque también era un sacrificio como cazador; los vampiros no se podían controlar una vez que succionaban la sangre, y creía que era peor cuando se trataba de un cazador. — ¿He muerto por eso?
—Claro que no —su débil sonrisa me advertía de que debía alimentarse tan pronto como podía, caminó mientras se impulsaba con su mano sobre la pared, luego transitó por su propia cuenta hasta sentarse con dificultad en la cama. Se lo veía tan frágil que comenzaba a darme algo de pena. Avancé para situarme en el otro extremo de la cama, me giré para verle y él tenía las manos sobre las sabanas. —Pero no quiero obligarte a hacerlo, puedo sobrevivir unos días.
— ¿Y qué pasa si no lo logras? —no me contestaba, le miraba la espalda. Esa delgada tela tapaba su piel pálida, por un instante quería saber cómo era tocar la piel de un vampiro, aunque ya había tenido la oportunidad de saberlo. —Mejor, hazlo de una vez. Si me dices que no he muerto antes, entonces tampoco lo haré ahora.
Dirigí la mirada hacía él y sus ojos color miel me observaban con detenimiento, lucía cansado, ojeroso, pero él intentaba hacerse el fuerte. No lo lograba, cada minuto que transcurría su fuerza se iba gastando, ya pensaba que me estaba mintiendo con eso de poder soportarlo por unos días, no se le veía para nada bien. A mi no me importaba eso que tomara mi sangre, alguna parte de mí decía que él no dejaría pasar los treinta segundos, además, debía confiar en él, y creía que haciendo eso podía ponerlo a prueba.
—Si piensas que con eso puedo ganarme tu confianza. —su voz era suave, como un canto de madre a un hijo para que durmiera. Se subió a la cama y gateó lentamente hasta mí, se sentó sobre sus talones y piernas. Nos miramos por unos segundos, creando una tensión. Tragué saliva, sentía como una serpiente de calor abrazando mi cuello y subiendo por mis mejillas. — ¿Sabes lo que sucede cuando un vampiro muerde a un cazador, además de que puede llegar a morir?
En eso me había agarrado desprevenido, ¿Podía suceder algo? Solo podía saberlo si lo comprobaba. Sin decir nada, volteé el rostro un poco, exponiendo el cuello, sentí una brisa fría que barría la curva del mismo y la piel se erizó enseguida. Mierda, ¿Estaba seguro de lo que estaba por hacer? Otra vez actuaba sin pensar las consecuencias, pero era que no quería que se alimentara de la humana, no sabía si era celos o algo por el estilo, no podía ser eso tampoco. De seguro ya me estaba volviendo loco.
—Solo… Cierra los ojos —me decía muy cerca del oído, su respiración me hacía estremecer. Debían tomar nota, un tipo estremeciéndose era algo nuevo en este mundo. Sus manos se depositaron, cada una, sobre mis hombros, se aferraron un poco y eso me ponía en alerta, él estaba asegurando su presa. Yo trataba de mantener la vista hacía la ventana, pero sentía varias cosas dentro de mí que no me dejaban concentrarme. —Tienes que relajarte, así será mejor.
Le hacía caso, cerré los párpados e inspiré profundo, de pronto sentí unos labios depositarse sobre mi cuello, y el infierno amenazó con desatarse. Unas ondas se enviaron por todo mi cuerpo, imaginé el fuego expandirse por todos lados, algo que me hacía cosquillas, algo que me quemaba, que me aturdía, que me comprimía. Pero no eran sus colmillos, todavía no había sentido esas agujas penetrar mi piel y tomar mi sangre. Él empezó besando mi cuello, cada que lo recorría con sus labios, ese torbellino de llamas tenía una intensidad indescriptible, y era tan agradable. Me dejé llevar, me relajaba que hiciera eso. No sabía si sus ojos seguían de ese color que transmitía calidez y simpatía, o si se habían puesto azules, amenazadores y fríos.
—Perdón por esto… —susurró con algo de cansancio y tristeza, segundos de inmovilidad y sonido muerto se oyeron, pero después…
Él lo hizo.
Continúa…
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