EaaRumA 5 (P.1)

«EaaRumA» Fic de MissAnunnaki

Capítulo 5 (P.1)

Recordaba unas manos que paseaban por mi pecho desnudo, también una risita que me divertía, incluso una armoniosa voz que me llamaba, con incertidumbre y alivio a la vez, y un perfume totalmente hipnótico. La imagen se volvía clara, entonces me daba cuenta de que Bill estaba sentado a mi lado, tomando mi mano; en cuanto habíamos hecho contacto visual, él se acercó y me sonrió. No se le veían los colmillos, hasta su ropa había cambiado y su cabello estaba sujeto en una coleta. Me decía cosas que no podía escuchar, pero a juzgar por su expresión parecía estar angustiado, yo podía ver más allá que la habitación no era la misma, todo era oro y telas finas, con cuadros de mujeres desnudas que posaban libremente para el artista, ángeles y demonios la acompañaban, presumiendo lo mejor que tenían.

Él me tendió un jarrón color marrón y yo lo tomé, había agua en su interior, por lo que bebí enseguida, mientras que se ponía a mi lado, acurrucándose en la cama conmigo. Ahora podía percibir los sonidos, parecía estar aturdido al principio. No me decía nada, parecía tener culpa por haberme mordido, me tenía abrazado por la cintura, yo solo dejé el jarrón en la otra mesita de luz y lo abracé sin más. Se quedó inmóvil, su cuerpo parecía muy frágil pero era porque lo había tomado desprevenido, pronto se tensó y concluyó la acción; me decía que lo sentía, y que no quería hacerme daño pero no se podía controlar. Yo tan solo lo apretaba contra mí, cerrando los párpados.

Comenzaba a moverme de un lado a otro, mi cabeza daba vueltas sin cesar y me sentía demasiado débil como para abrir los ojos, así que solo agudicé los oídos y podía oír la mañana: sonido de tazas, el tráfico típico y lo que parecía ser el televisor. Trataba de separar los párpados pero me costaba un poco, mi espalda y cuello dolían como si había pescado una gripe violenta, no tenía fuerzas para sentarme siquiera.

Poco a poco lo iba intentando, y cuanto más esfuerzo hacía, más podía ver lo que me rodeaba. Y para cuando lo había logrado, me encontraba en la habitación que Georg me había dado para descansar. Por un instante mi cuerpo se adormeció por completo, era como si estuvieran centenares de burbujas emergiendo y expirando, provocando la sensación de que unas miles de hormigas transitaban por debajo de mí, o por lo menos eso fue lo segundo que sospeché. Al recuperar la movilidad, me senté de golpe y todo me dio vueltas, se movían las cosas de forma brusca, tal vez el vampiro había bebido más de la cuenta en poco tiempo.

Me toqué la cabeza, tratando de recordar qué era lo que había estado soñando. No podía acordarme, tenía una nebulosa en mi cabeza, me quedé pensando en eso hasta que me rendí y decidí salir de la cama. Las cosas no dejaban de moverse y tenía que ayudarme con la pared o algo que estuviera cerca para no caerme de cara al suelo o tropezarme. Sentí que la puerta se abrió y la voz de la humana me hizo detener los movimientos.

— ¡Alto ahí! —dejó lo que fuera que estaba sosteniendo y sus manos se apoyaron sobre mi torso, empujándome de nuevo hacía la cama. —En tu estado no deberías andar vagando por la casa, debes recomponerte y recuperar lo que perdiste.

Ella, muy amable, me mostró el desayuno en bandeja que traía, le quedé mirando unos momentos. ¿Cómo se había enterado de eso? Podía ser que el vampiro les había dicho lo que sucedió, pero no estaba tan seguro de eso. La tataranieta de Cuvier se sentó a mi lado y comenzaba a pasarme bocadillo por bocadillo, casi me daba de comer en la boca y yo no podía moverme mucho como para hacer esas cosas por mi cuenta.

—El vampiro ha tenido que irse, pero en la noche volverá. —me decía ella mientras me daba el café con cuidado. —Nos dijo lo que había sucedido, menos mal que se detuvo unos segundos antes, de lo contrario, cazador, no estarías tomando ese rico café.

¿O sea que casi me estaba por morir? ¿Cómo era posible? ¿Él no había dicho que jamás fallecí en eso? Pero, pensándolo de otro modo, él no se estaba alimentando, y vaya a saber uno desde hacía cuanto que no lo hacía; se veía al borde de desaparecer de no tener un poco de sangre en sus labios. ¿A dónde se encontraba ahora?

Esperaba que no se sintiera culpable por lo que había hecho, aunque yo mismo me había ofrecido al principio, en todo caso sería culpa mía por haberlo provocado. Pero no aceptaba la idea de que estaba por morirme, era que él no lo iba a permitir. Y siendo un vampiro antiguo debía aguantar bastante, ellos, al ser antiguos, tenían el apetito controlado, solo cuando había pasado un tiempo prolongado podían volverse a sentir hambrientos, o cuando luchaban constantemente ¿Acaso podía ser eso?

¡Y de pronto recordé!

El sueño que había tenido, yo actuaba como si me hubieran mordido y él me pedía perdón por hacerlo, ¿Acaso él solo me buscaba cuando tenía hambre? Y al no poder conseguir a alguien más, recurría a mí. No podía ser eso, pensaba que había algo más por lo del perdón, era otra cosa, no solo lo de la mordida. ¿Qué podría ser?

—Anda, come algo. —bajé de mis pensamientos y ella siguió alimentándome. En este momento me recordaba a Riza cuando debía curarme las heridas y me atendía como una enfermera. Me hacía la comida, me limpiaba las heridas, incluso actuaba tal ama de casa del año. Una nostalgia me invadió, recordarla en esas situaciones, también me recordaba que no iba a volver a verla jamás, y eso era un dolor tan grande que ya me olvidaba de los demás. —Hagen ha salido un momento, así que hasta entonces tendré que cuidarte.

—Nunca dijiste tu nombre —quería sacarme de la cabeza ese mal que me hacía el saber que Riza ya no iba a estar conmigo.

—Beth, mi madre solía decirme así desde pequeña, así que me quedó ese apodo. —Analizando esas palabras, me daba a entender de que había perdido a su madre, pero no me correspondía preguntar por eso, no teníamos la suficiente confianza. Bajó la mirada a la taza unos instantes, la tristeza comenzaba a notarse, por lo que me confirmaba más la hipótesis. —Ah… Iré a revisar mis instrumentos.

Se levantó de inmediato, yo no pensaba que podía llegar a ponerse tan sensible. Los humanos eran muy emocionales y sentimentales, yo también era humano pero del tipo excepcional. Y recién ahora estaba desarrollando esas sensibilidades y empatía que tanto había estado evitando desde que tenía memoria. Ella me dijo que si necesitaba algo que la llamara, dejó la puerta abierta y desapareció al instante.

Yo me quedé pensando en todo: en el vampiro, el sueño, los recuerdos, y lo que hubiera pasado si me llegaba a morir anoche.

Eso me decía que algo estaba andando mal con el vampiro, y tenía que preguntarle porqué.

&

Luego de desayunar, me sentí un poco mejor, por lo que decidí salir de la habitación. Me sobaba el cuello y sentía los dos puntos que los colmillos del vampiro habían sido clavados para poder alimentarse. Recordaba un poco de esa situación, la sensación escalofriante y seductora, también el sueño que había tenido. Todo empezaba a cobrar sentido, pero aún era difuso y sin el vampiro presente se tornaba peor.

Bajaba las escaleras sin apuro, aún no estaba del todo recuperado, por lo menos el mareo ya no estaba y no me sentía tan débil. La casa estaba en total silencio, no sabía a donde podía estar la humana, entonces la fui a buscar. Directamente fui a la cocina, no se me había ocurrido otro mejor lugar que ir ahí primero; al ingresar, veía que Beth miraba hacía arriba, sobre el aire flotaban unas frutas con un aura de color violeta. Fruncí el entrecejo al ver eso, ella se reía, parecía divertirse. La observaba con detenimiento, movía su cabeza de un lado a otro y las frutas también lo hacían.

Se escuchó el ruido de la puerta de entrada, yo me fui para atrás para que ella no pudiera verme, y también se escuchó que algunas cosas cayeron al suelo, entonces aproveché eso para ingresar a la cocina.

— ¿Pasó algo? —pregunté haciéndome el idiota, pero estaba tratando de disimular la sorpresa que ocultaba la humana, si era que en verdad era una humana. Ella negó con la cabeza, parecía nerviosa, tomó las frutas, que segundos antes flotaban en el aire, y las colocó en la canasta de mimbre.

—Ya era hora que despertaras. —habló Georg apenas entró a la cocina. —Estuve con el comisario, hay más trabajo esta noche, ¿Estás del todo bien?

—Estoy perfecto, ¿Tienes algo a parte de flechas? —le pregunté, él me decía que le siguiera y los dos nos fuimos al sótano de su casa. No dejaba de pensar en lo que había presenciado hacía unos minutos, era difícil abandonar esa situación. Tal vez aún tenía delirios por la falta de sangre, pero tampoco debía descartarlo ya que Beth estaba muy entretenida con eso, y parecía estar disfrutándolo al mismo tiempo.

Estaba tan ido con el tema, que no sabía cómo había bajado las escaleras, y no escuchaba a Georg cuando me hablaba. Miraba algunas armas que tenía, parecía más de colección que de utilería porque él siempre le era fiel a su equipo de arquería. Dejé todo atrás y me dediqué entonces a seleccionar algo que fuera acorde a mis movimientos y necesidades a la hora del enfrentamiento.

—Hay dos lugares esta noche, si podemos hacerlo rápido, tal vez lleguemos. —comenzó a empacar sus flechas, yo aún seguía debatiendo sobre qué arma utilizar. —Puedes llevar las que quieras, no las uso.

— ¿Sigues teniendo la motocicleta? —Él me quedó mirando con algo de sorpresa. —No lo dañaré, pero creo que es mejor si nos separamos, porque no quiero que te atrases por tener que andar con dos más.

—Las llaves están en el mostrador, la motocicleta está en el garaje. Ten —me arrojó una mochila y le miré. —Lleva lo que necesites allí, yo partiré en una hora. Y… Me llevaré a la humana también.

Agarró su arco y salió del sótano, miraba como se marchaba hacía las escaleras. Georg a veces podía ser buena persona, pero cuando él se daba cuenta de eso, volvía a ser la misma persona fría e hiriente de siempre. Yo intentaba comprenderlo, también había perdido a mi familia, pero no podía recordar de qué manera, y eso era lo que me impedía odiar al mundo: el no saber la razón del paradero de mis padres y los recuerdos. En serio, quería tener empatía sobre su tema, más no lo lograba porque simplemente era un punto en este mundo; un insignificante punto solitario.

Eché un suspiro, comencé a meter armas y estacas, cartuchos y demás cosas que pudieran servirme, aunque ni yo sabía porqué metía tantas cosas dentro de la mochila. Retiré todo y apoyé ambas manos sobre la mesa, volví de nuevo con la mochila y solo introduje lo necesario. Cuando todo estaba en su lugar, decidí prepararme también para salir en una hora, tomando caminos diferentes, volviendo como al principio. Solos.

Troté escaleras arriba, saliendo para el lado de la cocina. Beth estaba preparando algo de comer, parecía que ya se había enterado de lo que estaba por ocurrir. Levantó la vista y me observó, me sonrió y yo intenté hacer lo mismo pero salió fallado; ella me tendió un sándwich que preparó, lo tomé y le agradecí. Estaba por preguntarle pero, en lugar de eso, inconscientemente, mordí el sándwich, parecía que no quería saber eso en realidad, o no estaba preparado.

—Entonces… ¿Así es todo? ¿Los cazadores se separan? —preguntó ella mientras se sentaba en la silla, la canasta de frutas estaba intacta, la imagen de esas mismas flotando en el aire invadió mi mente. — ¿No trabajan en equipo?

—No hay muchos cazadores en el mundo, Georg y yo somos los únicos en Alemania. Así que, regularmente trabajamos solos, por nuestra propia cuenta. No hay compañerismo. —era triste saberlo, los cazadores eran solitarios, siempre enfrentaban todo sin ayuda, y cuando lo obtenían, no debían acostumbrarse a eso porque luego se disolvían y desaparecían. —Eso es el destino de un cazador: proteger y vivir solos. No podemos tener amigos, ya sabes como son los vampiros, ellos te quitan lo más valioso que tienes y lo transforman en una pesadilla.

Beth bajó la mirada, yo terminé de comer el sándwich y Georg le ordenó a la humana que le ayudara a empacar algunas cosas a la camioneta.

—Supongo que después de esto, nos separaremos. —El de ojos verdes asintió.

—Puedes quedarte con mi motocicleta, sé que ya no tienes hogar y que todas tus cosas han desaparecido, así que tenlo como regalo de consuelo. —Los chistes de Hagen eran tan amargos como sus risas. Jamás lo había visto u oído reír, una vez creí haberlo hecho cuando Riza intentaba cazar una mariposa en un prado, aquel verano en Holanda. Pero solo era una idea.

—Gracias. —Él asintió, me dijo donde estaba mi asunto y yo tomé la mochila. Los tres decidimos salir al mismo tiempo, él con mi camioneta, y yo con su motocicleta.

Saqué su vehículo a la intemperie y era realmente potente, yo también tenía una pero la había cambiado por la camioneta, ahora volvía a subirme en una de nuevo y la sensación era tan extraordinaria. Coloqué la llave y la giré, entonces todo comenzó a funcionar. Apreté el acelerador y ese sonido era la gloria más grande que podía haber escuchado, me bajé y puse la traba para que no se cayera, entonces aseguré la mochila en la parte de atrás.

Georg tocó bocina y yo saludé con una sonrisa, Beth solo me miraba con algo de intriga. ¿Qué había sido eso? Yo tenía la intriga por lo que había visto, tal vez se había puesto sensible por lo que le había dicho, pero eso era la verdad. Estábamos destinados a estar solos.

— ¿Pensabas irte sin mi?

Miré hacía adelante. El vampiro esbozó una exquisita sonrisa y comenzó a caminar hacía mí, presumiendo sus dreadlocks rubios y negros, deslumbrando su belleza natural en pleno día, desafiando la luz del sol, sintiéndose poderoso por ganarle. Tenía un aura especial, se lo veía espléndido, como un hermoso ángel que quería llevarme al cielo. Sus colmillos en ese gesto alegre me hacían sentir algo incómodo, pero no por eso apartaba mi cara de tonto de su hermosura.

Pasó por atrás de mí y luego apoyó una mano sobre el asiento de la motocicleta, inclinándose un poco para observarme. Se lo veía muy bien, hasta parecía simpático, no dejaba de sonreír.

— ¿Porqué tienes esa cara de tonto? —yo negué con la cabeza y me subí a la motocicleta, volteé a verle y él se subió detrás de mí. Sus manos aparecieron por los costados de mi torso, pronto unió sus dedos y me rodeó con sus brazos. Sentí un escalofrío. Él no estaba frío, estaba cálido, parecía un humano. —Gracias.

— ¿Por qué? —miré por sobre mi hombro, su rostro estaba casi rozando el mío. Lo veía por el rabillo del ojo y un calor me inundó enseguida las mejillas.

—Por confiar en mí.

No sabía porqué, pero eso me producía una sensación linda, como un gatito en una nube de mantas y ratitas de felpa. Una sonrisa apareció en mi rostro, de esas que solo podías dar cuando estabas en confianza, una sonrisa honesta. Había depositado mi confianza cuando le di mi sangre, tenía mis dudas sobre la muerte, pero aquí estaba. Sonriendo, teniendo nuevas experiencias, intentando recordar y revivir todo eso que, según el vampiro, me costaba tiempo obtener.

Parecía que ahora, el destino de los cazadores solitarios, se cambiaba.

Miré hacía adelante y di marcha con la motocicleta hacía el lugar donde debía, una vez más, defender la vida de los humanos.

Continúa…

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por MissAnunnaki

Escritora del Fandom

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