«EaaRumA» Fic de MissAnunnaki
Capítulo 5 (P.2)
Podía decir que me estaba congelando, hacía unos diez minutos el viento se había vuelto más denso y frío de lo habitual, aunque a esta altura del año era algo común, solo que no me lo esperaba tan pronto. Los lugares que permanecían cálidos eran mi espalda y mi torso, debido a que el vampiro descansaba sobre los mismos, no sabía responder si estaba durmiendo o disfrutando de esa acción, pero por lo menos no estaba solo.
Ya había entrado a la localidad de Loitsche, la noche aquí parecía ser tranquila, pero era así cuando los problemas surgían. Miraba atentamente cada calle que recorríamos, necesitaba saber si el objetivo estaba cerca o debía seguir buscando, y aunque era un tanto difícil, ya que el aroma del vampiro me desorientaba un poco, hacía el mejor esfuerzo para concentrarme en el del intruso.
Llegamos a dar con un parque, uno que estaba cerca de lo que parecía ser una escuela, todo era silencioso. Demasiado. Comencé entonces a reducir la velocidad con la motocicleta, mi olfato me estaba diciendo algo y por eso también me ponía un poco alterado. Logré detener el vehículo al cordón de la vereda, el vampiro parecía moverse detrás de mí, creería que estaba dormido. Se bajó y miró con curiosidad alrededor, yo quité la llave y fui directo a por la mochila, el ambiente estaba algo denso para una noche como ésta.
—Poco romántico el lugar al que me traes. —tenía los ojos entrecerrados, al parecer sí estaba durmiendo. Me parecía algo gracioso los comentarios humanos que lanzaba, por un momento no parecía un vampiro, parecía algo más cercano a un amigo.
—Trabajo es trabajo, debo ganar algo de dinero si quiero llevarte a comer —le seguí el juego. Ni yo sabía porqué estaba tan de buen humor como para andar diciendo ese tipo de cosas que resultaban algo empalagosas.
Me senté sobre la motocicleta estacionada un momento, el vampiro se encontraba de brazos cruzados a mi lado, de pie, con esa típica pose de mujer que intentaba ganar algo más que unas simples palabras. La noche en este pequeño pueblo sin dudas era el mejor, la urbanización era escasa y la armonía reinaba en las calles, pero eso también traía problemas para los cazadores, pues era indicio de que el peligro acechaba.
—Tom, sabes que puedes preguntarme lo que quieras, cuando quieras —habló, nos miramos y él suspiró. Al parecer estaba en mi mente todo el tiempo, podía estar leyendo este pensamiento ahora.
—Mis padres —fruncí el entrecejo, él se puso rígido. — ¿Qué ha pasado con ellos? ¿Por qué no puedo recordar mi infancia?
El vampiro jugó con sus manos un momento, tal vez tratando de buscar cómo comenzar su respuesta, no tenía que esforzarse tanto, yo me las arreglaría luego. Miraba como su perfecta nariz se arrugaba y sus labios formaban una pequeña trompita.
—Ah… No tienes recuerdos porque tú mismo pediste que no los tuvieras —eso sí que me tomó por sorpresa, ¿Porqué había pedido eso? ¿Y cómo había logrado que lo olvidara, o que no recordara alguna infancia de alguna de mis reencarnaciones? —Y tus padres… Ellos eran buenas personas, los he conocido cuando naciste. Me pidieron que cuidara de ti si les llegaba a pasar algo.
Soltó la lengua de inmediato, era todo tan rápido que apenas podía comprenderlo. Una sensación de vacío invadía todo mi cuerpo y me olvidé por completo del frío que tenía. Mis ojos se clavaron en el suelo, inmóvil, procesando la información, tratando de comprenderlo; mi respiración era muy calma, y eso me extrañaba en situaciones como estas.
—Lamento ser directo —se disculpó y bajó la mirada. El vampiro actuaba como humano, de eso no había alguna duda, y me agradaba que así fuera. No daba tantas vueltas con respecto a las respuestas, en parte sentía que estaba harto de comentar todo desde un principio, sabiendo que yo reencarnaba siempre y tenía que decirme todo el cuento. Lo entendía, o lo intentaba, porque de seguro ya estaba cansado de hacer eso. También quería saber porqué moría, o qué me hacía morir, y porqué él volvía a mí sabiendo lo que pasaba. ¿Acaso solo dejaba que sucediera? ¿Solo me dejaba morir para volver a verme en otra vida?
—No importa, solo… Deja que lo procese.
Saqué de la mochila un arma y me la guardé, luego empecé a caminar por la vereda, había un aire maligno que circulaba por aquí. El vampiro despertó enseguida y me tomó de la manga de la campera, me miró a los ojos y los suyos me advertían de un suceso. En el momento que me estaba por decir algo, una ráfaga de viento veloz se interpuso entre nosotros, y el vampiro desapareció de inmediato. Lo empecé a buscar con la mirada, y cuando me di cuenta, oí gemidos y un peso que golpeaba el suelo detrás de mí.
Me giré de inmediato, me encontré con unos ojos azules que me miraban con deseo. Sus labios entreabiertos presumían sus puntiagudos colmillos, listos para atacar; su piel pálida hacía notar demasiado sus venas, que por la iluminación de la luna, parecían líneas negras. A juzgar por su aparición delante de mí, me daba cuenta de que se trataba de uno de clase E: irracional, hambriento y desafiante.
Empezó a acecharme con su espalda encorvada, sus brazos abiertos y sus manos parecían garras de águila, con sus uñas largas y dedos delgados. Comencé a retroceder a medida que él formaba un círculo alrededor, tratando de acorralarme como a un indefenso, sabía que era de ese tipo de clase de vampiros, si fuera más inteligente hubiera usado una estrategia mejor. Pero éste parecía hambriento, y mi sangre lo había llamado de inmediato.
—Cazador, tienes una sangre muy deliciosa —me decía en susurros y jadeos, con sonrisa escalofriante. No lo pensé dos veces y tomé el arma, le apunté y le disparé. Pero en vez de que él muriera, saltó unos tres metros, levanté la vista para verlo elevarse por el aire, manteniendo esa posición de ataque con sus garras y la mirada lunática que poseía. Volví a apuntarlo y disparé, fallé de nuevo y cayó sobre mí, logrando que el arma se me escapara de las manos.
Sostuve mis manos alrededor de su cuello, mientras él intentaba, a toda costa, morder mi cuello. Me enseñaba sus colmillos y su horrible cara, luchaba contra mí para poder ganarme y reclamar mi sangre, que para él era el premio de la competencia. Una de sus garras me arañó la cara y me quejé, cerré un ojo, ya que me había rasguñado cerca de esa zona, y me sentí debilitado por un momento. El vampiro clase E aprovechó ese momento para lograr acercarse un poco más, la adrenalina y la tensión se apoderaron del momento, no podía contenerlo, era tanta la fuerza que ejercía sobre mí.
Cerré ambos ojos, y traté de concentrarme. Los jadeos del vampiro por intentar conseguir algo de mi sangre que brotaba ahora de mi pómulo, lo volvía aún más desquiciado, intentando conseguir una gota de mi sangre, satisfaciendo sus necesidades y el hambre que lo tenía inquieto. Recogí toda la fuerza y voluntad, empujé con brutalidad y él se hizo para atrás. Tomé esos segundos y me di la vuelta, para terminar con un pie y una rodilla apoyados en el suelo, observé hacía adelante. Tanteé mi cinturón de cazador y encontré la herramienta necesaria.
Me paré de inmediato y corrí. Le clavé la estaca en el pecho y el vampiro enloqueció por completo. Se golpeaba el pecho mientras iban de un lado a otro, como intentando quitarse la estaca, lo tocaba con sus manos y gritaba peor debido al material. Se cayó al suelo y comenzó a retorcerse. Su cuerpo de piel pálida empezaba a tomar color. Los de clase E eran los vampiros que, poco a poco, se convertían en esos seres perdiendo la razón, teniendo como objetivo alimentarse de todo ser humano que tuvieran a la vista. El Consejo nos había autorizado a matar a los vampiros que pertenecían a la clase D en adelante, porque eran los que no tenían razonamiento válido y, en la mayoría de las veces, actuaban por instinto y por necesidad de alimentarse, matando a humanos o convirtiéndolos en uno de ellos.
Busqué al vampiro y no lo veía por ningún lado, ¿Qué había sido eso desde hacía unos minutos? No sabía si un vampiro se lo había llevado, o algo había hecho él para dejarme a solas con el lunático. Verifiqué a mi alrededor si podía encontrarlo en alguna parte, pero no había rastro de ello.
De pronto, lo vi caer de un árbol. Se acomodaba la ropa y venía en mi dirección con suma tranquilidad. Sus dreadlocks estaban alborotados, así que imaginaba que un vampiro había ido a por él. Los purasangre no podían destruir a los de su misma clase, pero sí podían destruir a los que eran mitad vampiros y mitad humanos, porque aún conservaban una parte mortal. Aunque, de haberlo hecho, me molestaría, ya que era mi trabajo cazar vampiros, y ser ayudado por un purasangre, era como si yo no existiera.
—Hay vampiros que no tienen modales. —se acomodó la campera de cuero. —Ese grosero saltó sobre mí sin pedirme permiso.
— ¿Lo eliminaste? —le pregunté y asintió, tomé una bocanada de aire. —Tú no puedes matar vampiros.
—Sé que no, por eso están los cazadores —decía con voz inocente. Me crucé de brazos, que hiciera el trabajo por mí era algo frustrante. Yo no escogí esta vida de cazador, y luego venía un vampiro a eliminar a otro para arrebatarme mi trabajo. —Pero no iba a permitir que ese estúpido me tratara como a un objeto.
Definitivamente era un humano.
—Ya, no importa. —Busqué en la mochila un frasco de líquido y el encendedor, me acerqué al cuerpo y retiré la estaca, ahora debía reciclar, ya que no tenía herramientas para confeccionar mis propias armas. Lo había perdido todo. Rocié el cuerpo y luego lo prendí fuego, el mismo se encargaría de destruir su físico, así que no tendría que enterrarlo.
Me subí a la motocicleta, esperando de mala gana que el vampiro hiciera lo mismo. Estaba molesto, no lo podía negar, no me agradaba que hicieran mi trabajo. Un cazador debía proteger a los demás, matar vampiros era su destino, yo debía hacer el trabajo, no él.
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En silencio, marchábamos hacía no sabía donde. No tenía porqué volver a mi ciudad, donde no tenía nada. Mi hogar estaba completamente destruido y era realmente absurdo haber cambiado mi camioneta por la motocicleta, en parte lo había hecho porque podía desplazarme mucho mejor, pero a la hora de necesitar un lugar donde dormir, era un tema complicado.
Aceleré sin medir la velocidad, me desplazaba por las calles a toda velocidad. El viento me golpeaba con suma brusquedad la cara, entrecerraba un poco los ojos, y me importaba poco los invisibles peatones que se interponían en mi camino. Estaba sumergido en no ser la persona que quería ser, un cazador que podía luchar contra todos los que se interpusieran en mi camino. Quería ser yo quien matara a todos los vampiros lunáticos, no quería que me ayudaran, siempre había hecho las cosas por mi cuenta; aún cuando estaba a punto de morir, me las arreglaba para terminar con el vampiro que tenía encima.
Y de la nada venía un purasangre a mi vida, intentaba defenderme, protegerme, ayudarme, lo que fuera. Yo no necesitaba ese tipo de ayuda, no necesitaba un compañero que matara a todos por mí. En parte por eso también los cazadores eran solitarios, y cada que se juntaban, solo era en oportunidades de emergencia; la vez en la que estuvimos con Georg fue por eso, no éramos de hacer las cosas juntos, porque la competencia se alzaba entre los cazadores cuando intentaban luchar contra el mismo objetivo.
— ¡Tom, detente! —Al oír eso, me alerté de lo que estaba sucediendo, estábamos yendo directo a una camioneta, la calle se desviaba a la derecha.
Sentí mi cuerpo ligero, al tiempo que veía que solo la motocicleta seguía adelante, y que mi cuerpo se detenía sujetado por alguien, evitando ir hacía la camioneta verde oliva. Fueron unos segundos que me sentía en el aire, que todo iba lento, que mi cuerpo abandonaba el vehículo y levitaba. Mis pies se apoyaron en el suelo y retrocedí varios pasos, oí el impacto de la motocicleta contra la camioneta, y que luego esa se cayó a un costado, logrando hacer un bache importante en el enorme vehículo.
Y aquí iba de nuevo. El vampiro me había salvado de ser accidentado contra esa camioneta, no me gustaba que fuera protegido por alguien. Yo debía proteger a los demás, ser cazador de sangre era mi destino, estaba escrito, y no tenía porqué ser socorrido, ¡Ni siquiera por un vampiro!
— ¿Estás bien? —preguntó preocupado, se puso a mi lado y yo me alejé con mal gusto. —No quiero que me odies por intentar protegerte, no quiero que nada te pase.
— ¡Soy un cazador! ¡Estoy condenado a los riesgos! —Estallé, ya no podía contener la impotencia dentro de mí. Necesitaba sacarla a la luz. —Si me muero hoy, me muero. No puedo hacer otra cosa, estoy destinado a combatir contra vampiros, no necesito ayuda de otro para evitar mi muerte. Sé que en algún momento voy a morirme, y por lo menos voy a hacerlo sabiendo que fue protegiendo a alguien.
—Tom… —me observaba asombrado y triste a la vez, yo no podía controlar mi enojo, todo se estaba desbordando.
—Desde que llegaste… Lo único que hago es pensar en la frase que me dijiste —hice una pausa, si no sacaba lo que tenía dentro, pronto iba a colapsar. — «Un cazador debe proteger a los demás», y eso es lo que quiero hacer. No me importa si muero haciéndolo, por lo menos me voy a ir al infierno salvando a alguien. No necesito de tu ayuda, ni siquiera sé porque sigues conmigo; si dices que voy a morir, solo di cuándo y dónde, o quién va a matarme. No puedo cargar con un vampiro, no es correcto.
Le quedé mirando, sus ojos estaban clavados en el suelo, veía que los mismos brillaban demasiado, cerró los párpados y unas lágrimas empezaron a descender por sus mejillas. Sus brazos lo acobijaban, su cabello rebelde cubría un poco su rostro. Me puse derecho y caí en la cuenta de la honestidad que acababa de tener. El vampiro se abrazaba, meciéndose de un lado a otro mientras lloraba en silencio, yo solo me lamentaba por haber sido tan directo con él; sin embargo, haberle dicho todo eso me hacía sentir aliviado, solo que ahora cargaba con la culpa de haberle herido. Porque por algo estaba llorando.
Exhalé el aire apesadumbrado, en verdad odiaba hacer sentir así a las personas.
—Lo lamento —susurré mientras le miraba, él negó con la cabeza y se limpió las lágrimas con suma delicadeza. —No quería hacerte sentir de esa manera.
—Tienes razón —decía con la voz quebrada, miraba hacía arriba mientras se escurría las lágrimas con suavidad. —Lo único que hago es hacerte enojar, no tengo porqué estar aquí, no tengo porqué ver tu muerte.
Mi boca se abrió al oír eso, me impresioné que lo dijera tan frio y distante. Parecía estar dolido por mis palabras, pero necesitaba sacarlo. Él sollozó unos momentos, se limpió con el dorso de la mano las mejillas y me miró con el entrecejo fruncido, inspiró profundamente y yo retrocedí un paso. Podía percibir su molestia, su ofensa y algo más, pero en él era algo difícil de deducir lo último.
—Vas a morir en manos de Bart, siempre es así. —soltó sin filtro alguno. Sacó pecho y empezó a caminar hacía la dirección contraria de la que veníamos. —No te molestaré más, supongo que eso es lo más importante que debes saber.
—Bill, no quería ofenderte. Lamento si lo hice —no salía del shock de su premonición, y aunque eso hubiera estado bueno desde un principio, me refería a lo de marcharse, ahora quería que se quedara a mi lado porque quería saber más sobre mi anticipada muerte. —Quien es…
—No, no voy a quedarme contigo. Si estoy contigo, corres el doble de riesgo. —Mentía, me estaba mintiendo. Podía sentirlo, el tono de su voz era demasiado nervioso y sus labios temblaban al hablar, aún tenía esas ganas de seguir llorando pero se controlaba.
Siguió su camino, yo pensaba en algo para evitar que se fuera, y me dejara con la intriga. Entonces actué por instinto, y lo primero que hice fue ir tras él y le tomé de la muñeca, logré que se girara y nuestros rostros se encontraron. Sus dreadlocks rozaron mi cuello, su aroma me invadió de inmediato, y sus ojos color miel me fijaron con sorpresa. Le quedé mirando, tratando de que comprendiera que lamentaba hacerle sentir mal, no era mi intención herirle. Y sí, eso pensaba de él al principio, pero ahora sentía que, si se marchaba, no podría continuar. Porque me estaría preguntando sobre su paradero y lo que estuviera haciendo. Era tan cambiante en ese aspecto.
— ¿Cómo vas hacer que me quede? —preguntó, había estado leyendo mi mente. —Es la misma historia, Tom. ¿Cómo vas a sorprenderme ahora?
No sabía porqué, en ese instante mis ojos se fijaron sobre sus labios que se movían, desafiándome a cometer aquello que, según en el pasado, ya lo había hecho miles de veces. Eran hipnóticos, me atrapaban cada que los miraba, como diciéndome que los probara sin permiso alguno, porque al final él terminaría cediendo.
Mi corazón latía intensamente, lo que hacía que mi respiración se agitara un poco y el impulso comenzaba a desatarse en mí. Siguió hablando, pero le interrumpí al acercarme con rapidez, chocando mis labios con los suyos, emitiendo un beso inocente. Un roce de labios que no pasaba a mayores. Él se quedó callado, nuestros ojos se miraban con detenimiento, los suyos estaban abiertos de par en par, contenía el aire y yo percibía un cosquilleo y miles de descargas eléctricas por mis labios.
Su voz retumbaba en mi cabeza, podía escuchar su llanto, que susurraba mi nombre y que intentaba hacerme volver en sí. Pero yo no podía volver, tan solo le miraba con los ojos entrecerrados, él se esforzaba por hacerme reaccionar, su contacto era más anestesia para mí, no podía sentir sus manos alrededor de mi cuerpo, abrazándome, tratando de contenerme y dejarme despierto.
En el suelo, mi físico estaba totalmente adormecido, las gotas me molestaban más no podía hacer algo al respecto. Su cabello lacio oscuro, no tenía dreadlocks, estaba completamente mojado, al igual que la ropa que traía puesta: una remera a rayas suelta. Lloraba mientras apretaba los dientes y me estrechaba contra su pecho, quería hablarle pero no lo lograba. Mi cuerpo ya no se sentía, los latidos de mi corazón iban muy despacio, como pidiendo receso absoluto.
Se separó de mí para volver a mirarnos, mi mano se alzó, yo no lo había pedido pero había reaccionado de esa manera. Los ojos de Bill estaban llenos de lágrimas y agua de lluvia que caía sobre nosotros en la calle desierta. Acaricié su mejilla, él me sonrió apenado, sin dejar de llorar. Segundos después, todo se puso oscuro, y lo último que podía oír eran los sollozos de Bill.
Nos separamos, yo por aquel recuerdo, él porque estaba aturdido. ¿Cómo era posible eso? ¿Acaso era una muerte anunciada? ¿Un recuerdo de la reencarnación? ¿Tocarlo me devolvía los recuerdos?
Continúa…
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