
«EaaRumA» Fic de MissAnunnaki
Capítulo 6
La peor parte había llegado, la motocicleta se había quedado sin combustible y no había ninguna estación de servicio cerca. Los dos caminábamos por nuestros respectivos lugares, el vampiro por la vereda y yo por la calle junto con mi vehículo fallado. La temperatura parecía seguir bajando, el otoño se estaba convirtiendo en invierno de a poco, y eso dificultaba mi trayectoria, pero siempre conseguía las herramientas necesarias para combatirlas.
El vampiro no me dirigía la palabra, estaba cruzado de brazos mirando el suelo, repetidas veces le observaba de reojo y sus mejillas estaban enrojecidas, algo que me llamaba demasiado la atención; jamás había visto un vampiro ruborizado, siempre se mostraban pálidos y fríos, pero él parecía tener calor, o recordaba algo que lo hacía poner de esa manera. Y recordaba lo que había pasado entre nosotros, había sido un impulso de mi parte. Él se alejó y, sorprendido de mi acción, comenzó a caminar. Fue ahí que quería encender el motor pero la motocicleta ya había gastado toda su energía, teníamos toda la mala suerte del mundo.
Ahora estábamos saliendo del pueblo, con la esperanza de encontrar algo o alguien que nos pudiera ayudar, pero en este pueblo tan chico no creía que íbamos a encontrar lo que necesitábamos. Pasábamos por las casas oscuras, con sus jardines extensos y porquerías que adornaban los mismos, algunas luces seguían prendidas en el porche de las casas, como para aparentar que estaban despiertos pero no era así. Había edificios de dos pisos, como máximo, pero no lograba ver más que eso, tal vez estaba tan concentrado en encontrar gasolina que no veía más allá de lo establecido.
-Cazador, ahí adelante. -escuché la voz del vampiro, le di un vistazo pero él seguía caminando con seriedad y sin observarme. Miré hacía adelante y fijé la vista en esa estación de servicio que brillaba como oro en el fondo del mar; de forma inmediata avancé a paso rápido para poder cargar el tanque y así poder seguir a… Un momento, ¿A dónde debía ir ahora?
Me detuve en medio de la calle, ya se podía ver un poco más de tiendas, parecía que estábamos en el centro de la localidad. Pensaba en qué haría luego de cargar nafta, podía llamar al Consejo y ver si tenían más trabajo, aunque seguramente Hagen lo estaría haciendo todo, porque él era muy ágil para esas cosas. Y más estando con esa humana, que actuaba como cazadora, han de ser un equipo perfectamente coordinado.
-Hay un lugar al que podemos ir, si es que quieres descansar. -Los pasos del vampiro se escucharon, pasó por mi lado, siguiendo el rumbo hacía la estación de servicio. -Yendo para Heinrichsberg, hay un lugar donde puedes quedarte.
Observaba su cabello, y los pasos que efectuaba con tranquilidad. Tenía las manos dentro de los bolsillos de su campera y sus pies iban casi juntos, como si no quisiera caminar y lo estaba haciendo obligatoriamente. Inspiré profundamente, él tenía un motivo más para quedarse, no solo por haber cometido aquel impulso; tenía la sospecha de que quería decirme algo, y estaba buscando el momento adecuado para decirlo. En parte eso me mantenía bastante curioso, pero también estaba un tanto molesto, porque se comportaba de manera histérica, se ponía en plan de abandonar y al final terminaba quedándose.
Comencé a pensar que actuaba como si fuera una pareja de recién casados que discutían por las diversas opiniones. Que no se ponían de acuerdo pero, al fin y al cabo, terminaban acoplándose a una de las opiniones. Y era que podía suceder, ya que venía de varias reencarnaciones y él, bueno, él estaba condenado a la juventud eterna. Vaya uno a saber cuántos años tenía, y todo lo que había soportado. Tantas revoluciones y guerras, tantas dictaduras y democracias, mensajes de paz y conflictos extremos. Quería preguntarle sobre eso, cuántas veces había reencarnado y cómo había llevado a cabo dichas vidas; también quería saber cómo era que conocía a mis padres. Todo era tan intrigante que me emocionaba un poco, era extraño.
Me acerqué a la estación de servicios, no había señales del vampiro. Parecía que se había escondido debido a que no quería ser visto por ningún ojo humano, yo seguía con lo mío y fui a llenar el tanque. Saludé con confianza al sujeto que vigilaba la entrada del almacén, se escuchaba la radio de fondo, él leía el diario y parecía muy concentrado, así que no me devolvió el saludo. Mientras esperaba a que cargara, miraba para todos lados, verificando si el vampiro estaba en la penumbra o escondido detrás de algo; no lo encontraba.
Volteé a ver al sujeto, había dejado el diario sobre una de sus piernas, y le subió el volumen a la radio. Parecía una conferencia o algo parecido, una mujer hablaba mientras se oía voces detrás. El tanque se llenó y yo lo tapé, empecé a sacar el poco dinero que tenía y comencé a contarlo, la voz de la mujer se apagó y en su lugar apareció la de un hombre.
<<Me entristece anunciar esto, como mediador, es difícil llegar a comunicar una triste noticia. Por años, los vampiros y humanos convivieron en armonía, no de forma absoluta pero se había llegado a un acuerdo. Sin embargo, recordemos que hemos establecido un tratado debido a la desaparición masiva de mundanos, y aunque se había firmado dicho tratado, poco se logró. Y esta vez es demasiado fuerte: hay una disputa entre vampiros. La desaparición de humanos aumentó en estos últimos cinco años, y estamos buscando al responsable. Si bien los cazadores de vampiros están haciendo su trabajo, dentro de poco se verán enfrentados a una horda de vampiros que no son de clase A y B; por eso, es mi deber como mediador de vampiros y humanos, convocar a todos los cazadores del país, y del mundo, a reunirse con sus Consejos correspondientes, donde recibirán nuevas órdenes. Debemos parar con este enfrentamiento, los humanos no tienen la culpa de los conflictos con esos seres, pero si no se hace algo al respecto, se perderán vidas. Y el mundo solo estará poblado de demonios chupasangre… >>
Increíble que me había quedado hasta casi lo último. El tipo se levantó de su silla y se metió dentro de su negocio, cerró la puerta y apagó las luces, parecía estar asustado. Dejé el dinero igual, me subí a la motocicleta y percibí una brisa fría sobre mi nuca, al girarme, el vampiro estaba subiéndose a la parte de atrás del vehículo.
– ¿Ahora entiendes por qué debes ayudarme? -preguntó, sus manos estaban apoyadas sobre mis hombros, yo lancé un suspiro y encendí el motor. Pronto el comentario que él me había dicho tomó lugar en mi cabeza: todo estaba sucediendo por él, ¿Pero por qué? ¿Qué tenía que ver él en todo esto? ¿Y por qué justamente yo debía ayudarlo? Habían miles de cazadores en el mundo, siempre uno era mejor que otro, ¿Por qué había de escogerme a mí para eso? ¿Qué otra cosa me estaba ocultando?
Aceleré y olvidé la idea de ir al lugar donde el vampiro me había dicho. Directamente fuimos por la carretera en dirección hacía Magdeburgo, donde había un Consejo, el de Berlín era el principal del país, pero también tenía sedes. Si estabas cerca, podías ir.
-Tom, tengo que decirte todo antes de que todo esto termine. -era la forma más sutil que tenía para decir que iba a morir, ¿Por qué no había de impedirlo? -Podemos hacerlo, siempre hay posibilidades de que tengas éxito pero…
-Si muero, al menos sé qué soy para ti -le dije sin pensar. Él se quedó callado y aferró sus manos y brazos a mi torso, abrazándome con fuerza. Su cabeza se apoyó en mi espalda y me sentía muy bien con eso.
Ahora debíamos saber qué estaba pasando exactamente.
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Tenía frío y no me importaba, más me enfocaba en tratar de llegar lo antes posible a Magdeburgo. Las manos estaban congeladas, pero la vibración del manubrio los mantenía con algo de sensibilidad; las manos del vampiro estaban unidas una con otra, sus brazos me mantenían en perfecto estado. Su pecho chocaba mi espalda, su cabeza estaba apoyada en la misma. Parecía disfrutar de aquello, y yo no paraba de concentrarme en todo lo que había estado escuchando.
Y también, la manera en la que pasábamos de la discusión a la armonía, todo era tan extraño y nuevo para mí. En parte, no lo sentía así, había un trozo de mí que parecía estar acostumbrado a la situación, y pronto me acoplaba por completo, haciéndome entender de que era normal pasar de un momento a otro con él. Entonces, al final de todo, caía en la cuenta de que, inconscientemente, estaba volviendo a mi lugar: recordando, sintiéndome un tanto atraído por él.
—Las cosas estarán en su lugar cuando tú lo decidas. —la voz del vampiro me hizo maniobrar pero mantuve el equilibrio. —No te presiones.
Me abrazó más y sentía que iba a morir asfixiado, pero era obvio que no quería separarse de mí. Una sensación de nostalgia me cubrió, y percibía que él estaba pensando en algo que no era muy bueno. Le quería preguntar, pero tal vez no era conveniente, así que dejé que siguiera abrazándome, mientras que yo lo disfrutaba, y soportaba la falta de aire. Su voz retumbaba en mi cabeza, diciendo que yo moría, que tardaba en recordar, que reencarnaba y él debía buscarme para volver a morir. Recordé también esos momentos que recuperaba en los sueños, las situaciones que había vivido en mis anteriores vidas. La intriga de saber porqué o qué causaba mi muerte me carcomía las neuronas, me ponía alerta a todo lo que me rodeaba, y me volvía más paranoico de lo que ya era.
— ¿Puedes dejar de pensar en eso? —mojé mis labios, debía dejar de pensar ya que tenía a un vampiro que me leía la mente cada que quería. Dejó de apretujarme con fuerza pero continuó abrazándome, su cabeza aún seguía apoyada en mi espalda. —No quiero que estés enfocado en tu muerte.
— ¿Y qué quieres que haga? —pregunté con el entrecejo fruncido, él no podía ver eso. —Dices que muero en cada vida, es obvio que debo estar enfocado en eso.
—Puedes… ¿Puedes parar un momento la motocicleta? —A lo lejos se veía unos puntitos luminosos, parecía los de algún pueblo, aún faltaba un poco más para llegar a Magdeburgo. Decidí avanzar hasta llegar a los primero postes de luz que iluminaban la carretera, comencé a reducir la velocidad y me salí de la ruta para desplazarme por el césped. Frené segundos después y él se bajó del vehículo.
Apagué el motor y retiré las llaves. Me quedé sentado, con las manos descansando en mis piernas, mirando como él se ponía delante de la motocicleta, cruzado de brazos, dándome la espalda, con la cabeza gacha. Lo contemplé unos instantes, parecía estar debatiendo algo en su cabeza, como queriendo luchar por decir algo o no. Suspiré y miré un poco alrededor, estábamos cerca de un pueblo pero no podía recordar cual era, si seguía unos kilómetros más, tal vez sabría de qué pueblo se trataba.
—No debes ir a la reunión del Consejo. —me dijo de repente, se giró de forma brusca y me miró directo a los ojos. Los suyos demostraban incertidumbre, y aunque no lo creía, también percibía una pizca de miedo. ¿Un vampiro teniendo miedo? Eso era una primicia.
Mostré total desconcierto ante su comentario, me crucé de brazos y tomé una bocanada de aire, él bajó la mirada segundos después. Hasta en una situación como esa, él se veía bien con esa mirada: sus mejillas tomaban un color diferente, gracias a los postes de luz que podía detectarlo, en la oscuridad eso no hubiera sido posible.
— ¿Por qué no dejas que yo te guíe? —su voz sonaba tímida, como un niño que pedía dulces.
— ¿Por qué tienes cambios tan repentinos? —mi confusión rebalsaba, y las preguntas intentaban limpiarlas. —Si tienes algo que decir, solo dilo.
Cansado de tener esa conversación, el vampiro asintió, caminó a paso lento y se situó a mi lado. Yo le seguía los pasos con la mirada, sentía un escalofrío que recorría mi espalda y meneé los hombros en un intento por disimular la incomodidad. Sin decir nada, tomó mi mano izquierda y pude sentir como me transmitía una paz tan familiar, una calidez que me devolvía a unas tardes maravillosas, antes de descubrir que era cazador.
—Hay una posibilidad de que, cuando vayas al Consejo, mueras. —me quedé sin aire por unos segundos, mirando como él entrelazaba sus dedos con los míos. Pronto le transmití mi calor, y la energía que se juntaba era una especie de anestesia que te hacía sentir muy bien. —No puedes volver a ver a ninguno de esos cazadores. Ah… Si solo supieras todo.
—Dímelo. —le pedí.
—Las personas que alguna vez sentiste cercanas, serán las primeras que se volverán en tu contra. —decía mirando mi mano con la suya, yo no dejaba de observar su rostro decaído. Esas largas pestañas que adornaban sus cautivos ojos color miel, era una perfecta bienvenida al mundo de la perdición a primera vista. —No puedes volver a verlos, una vez que recuperas todo, se volverá un caos.
— ¿Y por qué crees que va a ser así?
—Porque siempre es así. —suspiró. Podía percibir la melancolía. Apretó sus labios y frunció las cejas, empezó a parpadear seguido. Veía que algo brilloso brotaba de uno de sus lagrimales y me incliné un poco para ver mejor: una gota de sal descendía con prisa, como queriendo ocultarse de mí, pero había dejado un camino de cristal que delataba su trayectoria. —Porque… Estoy condenado a perderte.
Alzó la mirada, yo no salía del asombro. Siempre me tomaba desprevenido con sus palabras; encontraba la forma de hacerme quedar perplejo, analizando lo que me decía. Podía sentir que algo dentro de mi pecho comenzaba a desintegrarse, como si hubiera explotado una bomba de ácido y estuviera quemando todo a su paso, siendo primero el corazón.
—Es mi precio por enamorarme de un mundano. —Su voz me dolía en el alma, me hacía sufrir y no me gustaba sentir eso, era nuevo y totalmente raro. Jamás había sentido tanta empatía por alguien, era la primera vez. O tal vez, no solo era empatía y comenzaba a sentir lo que en verdad debería, suponiendo que él y yo… — ¡No quiero perderte otra vez!
Se acercó a mí, soltó mi mano y me abrazó muy fuerte. Hundió su cabeza en mi pecho y se aferró demasiado; oía sus sollozos y la fuerza que hacía para contenerse pero no lo lograba. Sus gemidos y pequeños espasmos me decían que estaba llorando, apenas podía asimilarlo.
—Es una tortura, no sabes cuanto extraño que me abraces y protejas —Entre lágrimas me hablaba, mis brazos se movían por voluntad propia a medida que se descargaba, se levantaban y se acomodaban para poder resguardarlo en los mismos contra mi pecho, como un pequeño asustado. —No quiero que te vuelvan a separar de mí.
Al oír eso, mis ojos se abrieron más de lo normal, y sentía unas inmensas ganas de apretujarlo hasta que pudiera sentir mi contención como merecía. Me sumergí entre sus dreadlocks, ese aroma que emanaba ya era una costumbre sentirlo, y era tan magnífico poder contemplarlo. Mis brazos se movieron, mis manos buscaron su rostro y lo tomaron de forma suave, logré enfocar sus ojos en mí. Lucía tan herido, tan agotado por todo.
—Bill… —al escuchar que dije su nombre, sus ojos brillaron. —No voy a dejar que eso pase; siendo honesto, creo que de apoco estoy regresando a ti. Y aunque aún me sienta algo mareado, hay algo que tengo muy en claro —hice una pausa necesaria. —Sé que soy alguien muy especial para ti, y tú también lo eres para mí.
Una pequeña sonrisa se le dibujó en la cara, en medio de esas lágrimas volvió a abrazarme. Yo me quedé mirando el asfalto. Parecía como que tenía algún tipo de amnesia, con el pasar de los segundos iba recuperando los recuerdos perdidos, y solo era cuestión de tiempo para armar el rompecabezas.
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A mitad de la noche, en plena fría carretera, el vampiro no quería soltarme. Me abrazaba como si fuera que sería mi último día en la tierra, se aferraba a mi campera de cuero con sus manos que parecían garras, su cabeza estaba apoyada sobre mi pecho y se mecía de un lado a otro, como queriendo bailar. Mis brazos lo cubrían, como si lo estuviera protegiendo, el mentón descansaba sobre su cabeza, con la vista fijada hacia el lejano pueblo.
—Quédate —su voz era tan sublime, me daba una presión en el pecho cuando lo oía en susurros. —No vayas a ese lugar, quédate.
—No puedo estar de brazos cruzados todo el tiempo —le contesté, él dio un largo suspiro y me lo imaginé presionando más sus párpados, mordiéndose el labio inferior y sintiéndose más impotente de lo que ya se sentía por no poder lograr lo que quería. —Puedo quedarme, pero no sabré si voy a morir ahí o no.
—Pero no tienes que saberlo —soltó rápido. —Sé que morirás en manos de alguno de ellos, se volverán en tu contra. Solo debes quedarte conmigo, y todo irá bien.
—Bill… No tienes porqué… —miré para todos lados, comenzaba a sentir un olor que solo los vampiros clase F podían emanar. Dejé de abrazar al vampiro y él pareció percibirlo también, se separó, tomó una distancia bastante extensa de mí, como queriendo ser el primero en detectar a esos famélicos. — ¿Sientes eso?
Los dos nos habíamos mirado a los ojos, el rostro de Bill era demasiado pálido. Comprendía entonces de que estaba a punto de convertirse para poder luchar contra los novatos, pero en el intento de querer empezar a rastrearlos, sentí una brisa congelada y, segundos después, alguien me tomaba por la campera. En un instante, terminé estampado contra uno de los árboles que adornaba los laterales de la carretera, eché un gemido por el impacto hacia mi espalda y entrecerré un poco los párpados, soportando el nuevo dolor que comencé a sentir.
Oí el grito del vampiro, cuando abrí los ojos para poder ver de quién trataba, volví a gritar, pero ahora era yo quien lo hacía. Algo me quemaba el pecho, en mi piel se dibujaban tres líneas, las mismas ardían y producían un dolor insoportable. Apenas podía comprender que un vampiro clase F había saltado a mí, y no perdió el tiempo, por lo que comenzó a desgarrarme el pecho con sus uñas largas.
Veía su rostro, sus ojos estaban demasiado azules, sus colmillos se mostraban con tanto gozo; estaba con hambre y qué mejor que beber sangre de cazador. Pero su trabajo parecía que se estaba concluyendo, porque no podía efectuar algún movimiento en mi defensa, sus uñas seguían clavándose en mi pecho, lastimando mi piel, haciendo que la sangre saliera, manchando la tela de mi prenda. Pronto sentía que no debía moverme más, o podría morir en el intento; sentía los latidos de mi corazón, los jadeos del vampiro no se escuchaban, solo mi lenta y profunda respiración, acompañando los latidos, como una dolorosa canción de despedida.
Contemplaba como ese lunático me destrozaba, pero no solo fue él, sino que también otro se sumó al evento sangriento. Entre los dos intentaban obtener algo de mí, en ese momento, mis párpados comenzaba a ponerse pesados, mi vista se tornaba difusa y no podía sentir nada más; intentaba forzar la vista para poder recordar sus caras, y a duras penas podía lograrlo. Eran horribles, escalofriantes, pertenecientes a las más oscuras y demoníacas pesadillas que uno podía haber tenido en la vida.
Pero de pronto, los dos fueron arrojados a un lado, entonces mi cuerpo cayó al suelo, de costado. Veía mi mano estirada en el suelo, y que ambos vampiros movían sus pies como unas cucarachas. Atrás de ellos, podía ver a Bill, que se movía con tanta agilidad, pero él estaba luchando contra otros, entonces volví la vista a los que estaban por matarme, y una cosa enorme estaba sobre ellos. En seguida caí que se trataba de un lobo, empezó a morderlos y sacudirlos sin compasión alguna, parecía tener una rabia incontrolable. Los latidos de mi corazón se iban volviendo más distantes entre sí, todo iba muy lento para mí.
Recuerdos, recuerdos volvieron a mí, no sabía porque comencé por Riza. Recordaba su sonrisa y cuando se enojaba, los momentos de hermanos que solíamos compartir y las luchas que habíamos ganado en equipo. A su lado, jamás me había sentido solo, y era que los cazadores debían hacer las cosas por su cuenta, pero con ella era todo diferente, era como si hubiera estado destinado el que estuviéramos juntos.
Luego, las imágenes se cambiaron y ahí estaba el vampiro: sus confesiones y lo que sentía cada que lo tenía cerca; las veces en las que actuaba como un humano, la intensidad de sus ojos al mirarme. Aquel momento en el que, por impulso, había rozado sus labios con los míos, sintiendo todo tipo de sentimientos que, antes de conocerlo, no había experimentado. Todo se me juntaba, se ponía tan melancólico y eso me daba algo de miedo. ¿Acaso me estaba muriendo? ¿Esa iba a ser mi muerte? Parecía absurdo, no podía ser que él no lo viera venir, aunque me había advertido. Bill sabía que iba a morir, sin embargo, no me había dicho cómo o cuándo; en eso todo era incierto, y debía tener precaución.
Pero no, ahora estaba agonizando en el suelo, tratando de luchar contra el dolor. Mi mano derecha fue hacia el pecho, tocando la piel, todo estaba adormecido; logré poner los dedos a la altura que pudiera verlos y la sangre los teñía de rojo, temblaba, me desesperaba y no lograba hacer algo concreto. No obstante, mis párpados empezaban a cerrarse por su propia cuenta, ya no podía pelear contra eso, me ganaba debido a que no tenía más fuerzas. Lo último que había podido captar antes de entrar en un mundo oscuro, era que el lobo se giró para poder mirarme; por la posición de sus orejas, parecía estar algo triste de verme en ese estado.
Y luego… todo se apagó.
Continúa…
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