EaaRumA 8 (P.2)

«EaaRumA» Fic de MissAnunnaki

Capítulo 8 (P.2)

—Esa mundana es una estúpida, mira lo morado que se ve eso. —Hacía presión con sus dedos cubiertos por un paño mojado, mi cuerpo se estremecía un poco al contacto con el líquido. El golpe que había ocasionado dejó unas pequeñas ralladuras, y eso era porque la mundana llevaba anillos en sus dedos. Esa pequeña tenía una enorme fuerza y sabía como usarla. —La mataré en cuanto esté distraída.

—No es para tanto —le dije para calmarlo. Dejó de pasar el alcohol y comenzó a tapar la herida con un paño, ejerció algo de presión. En esta casita no teníamos material necesario, salvo las cosas que tenía Hagen en la camioneta, y las cosas mágicas que la mundana traía consigo; eran mágicas porque no sabía de donde diablos lo sacaba. —Solo quería practicar.

—Tú sabes que puedes morir de cualquier cosa —me regañaba, se separó de mí y yo bajé la remera. —Hasta esa mocosa puede hacerlo.

¿Acaso él también desconfiaba de ella? No, tal vez solo estaba molesto porque me vio siendo derrotado por una mujer. Aunque verlo de esa manera, tan sobreprotectora, era digna de meterme en problemas para ser regañado una y mil veces por él, sin importar el móvil que fuera, solo para poder ver que se preocupaba por mi. Nos quedamos mirando luego de aquello, él suspiró y yo me coloqué el abrigo, jugó con el trapo en sus manos mientras me observaba con detenimiento.

En el refugio no había nadie excepto nosotros, el resto estaba afuera, Georg tratando de que las dos mujeres se llevaran bien; su actitud me sorprendía cada día, pero tal vez empezaba a sentir algo de pena por Riza. Ella últimamente se mostraba malhumorada, y sabía que era por mi causa y por el destino de amar que me había tocado. Yo no podía modificar eso, si íbamos al caso de intentar enamorarme de ella, no podía hacerlo, había algo que lo impedía y no era por causa del vampiro. Yo amaba a Riza, pero no de la manera en la que ella pensaba; nunca le había dicho, pero ella me recordaba demasiado a alguien, a veces me ponía a pensar si ella haría lo mismo en su lugar. Mi madre tenía el temperamento de Riza, la recordaba cuando yo era joven, tenía esa imagen, nada más. Mi infancia había sido borrada mágicamente, y gracias a Bill, el recuerdo de mi madre había vuelto, aunque solo fuera de unos días antes de que ella, y mi padre, murieran pero no sabía en qué condiciones. Se tornaba difuso.

— ¿Quieres saber sobre tu infancia? —la manera en la que me preguntaba eso me hacía estremecer, era un asunto delicado. Solo él sabía sobre mis padres, yo solo tenía un pedazo de recuerdo. Sentía que la nariz me picaba, que mi garganta me molestaba y mis ojos se ponían un poco aguados; él acercó su mano y me acarició la mejilla. Era estúpido que me viera a punto de soltar una lágrima. En vez de contestarle, asentí con la cabeza.

Con todo lo que había ocurrido, dejé de pensar en mi madre, me enfoqué en aniquilar a vampiros y proteger a los demás. Se me pasó eso de recuperar mi pasado, aunque inconscientemente, creía, que no quería saber porque todos sabíamos lo que sucedía después de recobrar mi vida de nuevo. Faltaba una sola premisa para que la conclusión saliera a la luz, y eso me aterraba un poco. Yo decía que, sí tenía que morir, que así fuera; la verdad era que me asustaba un poco esa idea. Cada muerte era diferente, cada dolor era ajeno al que sentía en la vida anterior.

—Antes que nada, no soy pedófilo —Me eché a reír por eso, lo decía con tanta seriedad que me causaba gracia. —He conocido a tus padres en el antiguo Egipto, antes de que nacieras. Había llegado a ese lugar no hacía mucho y no tenía como orientarme, la amistad entre tus padres y yo fue muy sólida desde el principio. Se sentían felices de tener un amigo, ya que debido a rumores erróneos nadie se les acercaba. Mi vida como vampiro antiguo, era a de cerciorarme de que los vampiros no violaran las leyes establecidas; ya que fue en ese entonces, que algunos vampiros tenían comportamientos extraños y alguien debía frenarles el paso.

>>Tus padres no me juzgaron al confesarles de que era vampiro, me trataron como la persona que creían que era. Aunque al principio fue duro para ellos verme alimentar de un animal, y lo que fue peor, cuando tu madre vio como mordía a una mujer. Tu padre era más pacífico con ese tema, quería saber sobre mí y sobre nosotros, jamás les oculté algo, lo que sabía se los decía. Y cuando tú naciste, y la problemática de muertes abundaba en todas partes, tus padres querían que te protegiera. Así fue como te conocí; con el pasar de los años, tú crecías y me demostrabas ese afecto que tanto desconocía. Ese sentimiento de querer me transformaba en alguien sensible, tan frágil y manipulable: un ser humano. Cuando te convertiste en alguien de mayor edad, y cumpliste todos los objetivos de un egipcio, decidiste ayudar a parar con esos sujetos que destrozaban la vida de muchas familias, sin pensarlo se enfrentaban a los vampiros. Hubo varias batallas en ese entonces, fue ahí que todo en tu vida cambió. Tus padres murieron al intentar protegerte, mientras que yo evitaba que eso sucediera. A veces me siento culpable por eso, es algo que no puedo lidiar todavía. <<

En mi cabeza formaba esas escenas, todo se me hacía tan familiar, tal recuerdo, tan vivo y doloroso. Mis padres murieron por protegerme, al igual que los padres de Hagen. Suponía que nuestras vidas a estaban cruzadas entonces; me quedé pensativo, pensaba en la imagen de mi madre, esos últimos y únicos recuerdos. A medida que crecía me iba olvidando de lo vivido, podía ser por eso que no recordaba nada, pero seguía con la sospecha de que había sucedido algo.

— ¿Tú sabes con qué te hiciste esa cicatriz? —Llevó su dedo índice y presionó entre el final superior de mi pómulo derecho, y el comienzo de la sien. Recordé que me habían golpeado de niño pre adolescente con una rama de árbol, cuando jugábamos con la pelota en el orfanato. —No, no fue con una rama. Esa es la cicatriz que tienes en todas tus reencarnaciones, esa cruz es la marca de tu muerte en tu primera vida.

¿Mi primera vida? ¿Cómo era posible que no fuera del golpe estúpido que me di en el orfanato? Bueno, cabía destacar que me desmayé y quedé inconsciente por dos días, pero, y entonces, ¿Por qué la madre superiora había dicho que era la cicatriz de ese golpe? Sí, ya me estaba mareando con tanta información; al menos ya me sentía aliviado de la historia de mi vida, de mis padres y cual fue mi primer rastro en este mundo.

—Y por qué… —Me quedé quieto, comencé a oler algo desagradable, como si una horda de vampiros se avecinaba. Bill frunció el entrecejo y sus ojos color miel empezaron a brillar con más intensidad, se puso de pie de inmediato y corrió a la puerta. Oí los gritos de Riza que me llamaba con desesperación, fijé por la ventana y venía corriendo junto con los otros dos. La mundana gritó que venían unos vampiros y que debíamos irnos rápido. Bill me tomó de la mano y me jaló hacía él, logrando sacarme del refugio.

Y cuando estaba sabiendo la verdad, se desataba el caos. Esto ya me estaba molestando.

&

La puerta quedó abierta de par en par, yo era arrastrado por la nieve como un niño caprichoso que no quería obedecer a su madre. El vampiro caminaba con mucha rapidez, por lo que pronto empezaba a agitarme, de forma estúpida mis pies se enterraban en la nieve pero él seguía tironeando para que nada me impidiera avanzar. Miré hacia la camioneta y la mundana tomó el control, Hagen ni se inmutó por aquello pero Riza se quejó por dejarla manejar la camioneta.

— ¿Es una broma? ¿La vas a dejar manejar? —se molestaba mientras señalaba con su mano a la mundana, que cerraba la puerta y los observaba, no podía ver cuál era su expresión al oír eso, deducía que se trataba de una confusa. — ¿¡Acaso están todos locos!? ¡Esa tipa nos va a conducir al infierno!

— ¡Riza, sube al jodido vehículo! — le decía a regañadientes Hagen, se subieron al sector de carga. Ella volteó a mirarnos y nos animaba a que estuviéramos junto a ellos lo más pronto posible. Pronto me sentí levitar en el aire, y era que el vampiro había dado un gran salto, aunque no faltaba mucho para llegar; dicho brinco nos envió directo a ellos. Bill pareció caer con estilo, por el contrario yo casi me daba la cara contra el suelo, pero alguien me tomó del brazo para evitarlo. Me giré y él me observó con incertidumbre.

— ¡Acelera! —Georg le dio la orden a la mundana, ella dio a toda marcha hacia el lado contrario de donde provenían esos vampiros. Me puse de pie mientras mantenía el equilibrio con el vehículo en movimiento, el viento intentaba hacerme caer pero yo era más fuerte. Miraba como esos desquiciados corrían, sus piernas tenían vida propia, corrían como felinos a la cebra, sedientos de sangre, siendo zombies eternos, cuerpos sin alma que habían perdido la cordura al quedarse sin su esencia.

— ¿Estás loco, Hagen? ¿Cómo das la confianza a esa chica? Ni siquiera sabemos si todo esto es un complot, y ella nos lleva a donde están los demás, ¿Eres idiota? — Riza gritaba, se preocupaba más por la mundana que por los demonios que nos seguían, la velocidad que tomábamos nos daba una ventaja, pero eso nos podía aliviar solo por unos instantes, ya que, por el momento, no sabía qué clase de vampiros eran los que nos perseguían. — ¡No estas condenado a todos, y de una manera fácil!

— ¿Quieres callarte? —Los miraba con atención, Riza tenía el entrecejo fruncido, los dos se miraban a los ojos. Estaban demasiado cerca, el cabello de mi amiga por poco le azotaba el rostro de Moritz, pero eso ni siquiera lo iba a mover de su seriedad. —Hay cosas más importantes de las que tomar en cuenta.

Los dos voltearon a ver para atrás, hice lo mismo. Los vampiros, algunos, se tiraron hacía adelante, como si fueran unas hienas. Comenzaron a agilizar sus pasos, y todo porque ahora se desplazaban como unos animales; eso me alertó enseguida, me di cuenta entonces que estábamos frente a vampiros clase D, los que eran astutos. La camioneta comenzó a meterse entre las calles de los suburbios de un pueblo que se encontraba cerca del refugio, los vampiros no les interesaba lo que había dentro de las viviendas, todos los presentes sabíamos que ellos querían un solo objetivo, y ese mismo era yo.

—No dejen que lleguen a la camioneta —Hagen empezó a sacar su equipo, mientras que Riza miraba la cantidad que nos perseguía. —Y si intentan meterse a alguna casa, los aniquilan.

La camioneta hizo una maniobra extraña, la nieve dificultaba el camino pero sabía que no podría colisionar ya que era una corredora de todo tipo de terreno, lo malo aquí era que la mundana tal vez estuviera tan nerviosa que no podía controlar el volante como se debía.

—Antes muerta a que ella siga con el mando del vehículo.

— ¡Tú transfórmate y ayuda desde tierra! —Le ordenó Georg, otra vez la tensión se generó en ellos. ¿Había sucedido algo con antelación? El vehículo volvió a moverse, y se escuchó un jadeo de dolor. Volteé verificar y Bill había saltado para detener a uno. Pronto comenzó a correr con suma velocidad detrás de nosotros. — ¡Hazlo de una vez!

Dio un gruñido, caminó a paso veloz y saltó de la camioneta, transformando su anatomía en lo que el destino le había deparado. Me quedé mirando como tres se le tiraron encima de inmediato y ella se puso en defensa, mientras que me alejaba de ella y temía por perderla en esta persecución. Georg me arrojó un arma, no sabía de donde la había sacado pero suerte que no me sentía un parásito. Los dos empezamos a defender: la camioneta, nuestras vidas, y el bienestar de la mundana. Todo a nuestro alrededor se volvía un calvario, los malnacidos trepaban los árboles que habían en los suburbios, sabían esquivar las balas y las flechas, Moritz insultaba cada que no podía dar en el blanco, se lamentaba por perder sus amadas flechas de álamo, ya que jamás las abandonaba, pero siempre llegaba un momento en el que tenía que dejar ir ciertas cosas.

Por una distracción, por un pensamiento vago que en mi cabeza se había almacenado, me desconecté de la realidad y dejé de disparar. Gran error, el grito de Georg me advirtió de que algo malo estaba por suceder, cuando quería ver de qué iba, mi cuerpo se desplomó en el metal del suelo y rápidamente coloqué mis brazos adelante para evitar una tragedia. Un vampiro había logrado colarse, ahora lo tenía encima de mí, intentado llegar a rozar con sus colmillos un porcentaje de mi piel. Sentí el ruido del metal, luego de eso, una línea de sangre que me decoraba el rostro de manera terrible; entrecerré los párpados y no sentí ninguna fuerza ejercida por el de clase D. Su cabeza se desprendió, literalmente, de su cuello, y con ello, su sangre que coagulaba de forma inmediata.

Observé a Moritz, tenía en su mano un cuchillo santoku de mango forjado cubierto de sangre. En ese momento, en ese jodido momento, cuando las circunstancias definían la continuación de la vida y la muerte, me daba cuenta que las personas en las cuales, por más mínimo detalle que haya hecho por ellos, el más pequeño favor, la compañía innecesaria que había otorgado, era válida para demostrar que, estando en una situación así, podía caer de lleno en la cuenta de que ese detalle, ese hecho, ese gesto, se devolvía con la confianza, con la seguridad de cargar mi vida en las manos de alguien más, luchando por defender uno al otro, juntos, siendo un equipo. Por fin me venía esa sensación de conformismo, aunque sonaba muy egoísta pero así lo sentía.

Guardó el cuchillo efectuando un movimiento profesional y me tendió la mano, la tomé sin dudarlo. Me observaba de manera diferente, tal vez él también se daba cuenta de lo que acababa de pasar; él y yo jamás habíamos defendido la vida de otro, siempre fue la de uno mismo. Ser cazador implicaba ser egoísta, ambicioso y con la meta de superar a los demás. Sin embargo, esto era algo totalmente diferente; en Georg podía encontrar la lealtad de un amigo, la fidelidad de un compañero que no me iba a defraudar.

Quería sonreír, después de conocerle por cuatro años, recién ahora lo conocía perfectamente. Podía ser tóxico a veces, pero también era una buena persona, lo había comprobado al estar preocupado por Riza y haber dejado que la mundana fuera su compañera de cacería. Mi vista se deslizó un poco, lejos de él, el horror cayó sobre mí, la realidad me golpeada de una forma tan sádica, que la única reacción que tuve en ese instante, fue la de apartar a Moritz para que un vampiresa estuviera por arrojarse sobre mí. Pero no tuvo esa oportunidad, debido a que Riza saltó sobre ella, arrastrándola consigo hacía la vereda izquierda. Me preocupé de inmediato ya que escuché su queja, como si le hubieran hecho daño.

No obstante, vía ondas sentía que algo estaba sucediendo con Bill, así que intenté buscarlo con la mirada mientras seguía disparando a cuantos vampiros se me cruzaran, Moritz le daba indicaciones a la mundana para que pudiéramos abandonar los suburbios. Algunas personas que rondaban cerca salían corriendo, o los vampiros iban tras ellos, yo evitaba que les mordiera mientras les disparaba, al tiempo que me preocupaba por Bill, por Riza y por todos los humanos.

Los vampiros se detuvieron de repente, me sorprendí demasiado, al mismo instante todos se quedaron quietos en sus lugares, le grité a la mundana que detuviera el vehículo. Presentía algo misterioso dentro de todo eso; los vampiros empezaron a ir en una sola dirección, Bill salió de la nada y todos fueron a él. Yo empecé a ponerme un poco alterado porque no sabía lo que estaba sucediendo, ¿Por qué iban tras él? La camioneta se detuvo y yo salté de inmediato, comencé a correr con desesperación, importándome una mierda si me quedaba estancado, seguía adelante como podía. Los vampiros corrían, saltaban, volaban en dirección a Bill y no tenía la más clara idea del motivo.

Cuando una cierta cantidad se juntó cerca de él, logré ver que su brazo se extendió hacía arriba, y que algo estaba bajo sus pies. Reconocí a Riza, él estaba sobre su lomo. Él alzó su mano y la abrió, dejando que sus dedos no se tocaran uno con el otro, entonces una luz se generó del mismo y los vampiros retrocedieron. Me quedé absorto en esa resplandeciente luz, mis pies pidieron descanso y se los otorgué. Perplejo, tratando de comprender lo que estaba haciendo, me dediqué a examinar lo que estaba cometiendo; los vampiros se escapaban de esa magia que no comprendía, ni siquiera sabia si era magia o algo, pero era nuevo para mí. Ese círculo de destellos se encogió en un segundo, por lo que Bill bajó su mano con agilidad y se sintió un estruendo contra el suelo. Una onda expansiva se presentó y los vampiros gritaron mientras huían, pero no huyeron, se esfumaron en el aire, desaparecieron sin dejar rastro alguno.

Al ver que nada los acorralaba, el vampiro se bajó de Riza y ella cayó al suelo, volviéndose humana. Bill se quitó su abrigo, yo empecé a correr para socorrerlos. Estaba impresionado, y un poco fascinado, por lo que acababa de ver, tanto por la colaboración de lobo y vampiro, como por ese poder que él tenía para eliminarlos. La idea de asesinar a Bart se me venía a la cabeza, pero recordé que los antiguos no podían matarse entre sí. Tenía que saber si un cazador, un humano u otro vampiro que no perteneciera a su clase, podría matarlo.

Él la cubrió, cuando llegué me arrodillé sobre el pavimento y la nieve. Riza estaba herida, de nuevo, le brotaba sangre debajo de su pecho pero ya estaba algo coagulada. La ayudé a levantarse y la cubrí perfectamente con mi abrigo, entonces la recargué entre mis brazos y los tres nos dirigimos hacía la camioneta, que se acercaba a nosotros con prisa.

Miré de reojo a Bill y parecía estar cansado también, ¡Mierda, y yo aquí con Riza en brazos! Lo que menos quería era que se sintiera menos que ella por tenerla de esta manera, ¿Acaso no comprendía mis sentimientos con respecto hacía él? ¿Acaso no entendía que Riza era mi familia, y que él era el amor de mi vida? ¿Qué demonios debía hacer para que lo comprendiera?

Continúa…

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por MissAnunnaki

Escritora del Fandom

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