
«EaaRumA» Fic de MissAnunnaki
Capítulo 9
Habíamos pasado días de pueblo en pueblo, tratando de buscar un lugar donde pasar la noche, eso no duraba mucho, ya que algunos vampiros nos pisaban los talones. Básicamente dormíamos en la camioneta y nos turnábamos para manejar, y evitar una tragedia. Las relaciones en el nuevo grupo se habían dividido; por un lado estaban Hagen y la mundana, por el otro Bill, Riza y yo. Todos, excepto Hagen y yo, desconfiaban de la mundana. Bueno, por los menos había algo que unía a mi mejor amiga con mi compañero de vida, aunque haya sido de esa manera, lo importante era que ya no había rencores entre ellos.
El día veinticinco de Diciembre había llegado, no había motivos para celebrar la Navidad, más queríamos llegar a un lugar donde no pudieran encontrarnos y pasar la noche. Hacía un frío incontrolable que nos azotaba a todos, las mujeres debían ir en la cabina debido a las bajas temperaturas, mientras que el vampiro no se inmutaba de aquello, el frío era su fiel aliado. Hagen manejaba el vehículo, nos habíamos adentrado a un bosque para cortar camino. La meta ahora era salir del país para que no pudieran encontrarnos. Por lo que encontrar una casa en un bosque podía ser un nuevo refugio adecuado antes de que pudiéramos saber si el camino que estábamos haciendo era el correcto.
— ¿Y si mejor detienes la camioneta y empezamos a buscar? Dudo que encontremos siguiendo este camino artificial. —Riza miraba con atención hacia afuera. A Georg no le quedaba otra que hacerle caso, aunque él podría haberle dicho claramente que dejara de hacer preguntas, pero cedió a su pedido en un instante. Algo se traían esos dos.
Frenó luego de unos segundos, él se acomodó en la camioneta, dando a entender que no bajaría para morirse de frío. Nosotros optamos por buscar un condenado lugar para pasar la noche. Quería avisarle al vampiro que estaríamos buscando algo cerca, pero cuando miré el sector de carga ya no se encontraba allí, ¿Será que fue a buscar por su cuenta? Me molestaba que hiciera eso, siempre hacía las cosas sin avisarme y eso me ponía molesto.
Mi mejor amiga discutía con Hagen, ella estaba tapada con su abrigo dentro del vehículo. La herida se había curado gracias al don especial de Bill, tenía que agradecerle por el resto de mi vida lo que había hecho por ella. Había sido un momento realmente definitivo, Riza estaba muy mal herida y el pánico se adueñó de mí por no saber qué demonios hacer. Pero él supo como arreglarlo, y en un abrir y cerrar de ojos le curó. Ahora parecía estar normal, ya que andaba hablando de forma desagradable con Hagen. Ya comenzaba a sospechar que ellos se traían algo, porque los dos se comportaban extraños pero no quería preguntar o ellos me romperían la cara, y sería estúpido morir por algo como eso.
— ¡Chicos! ¡A lo lejos veo algo! —chilló la mundana con una sonrisa, se había alejado demasiado y casi la podía distinguir de los árboles que eran igual de esbeltos que ella, pero el abrigo la destacaba. Nos animaba con su mano para que la siguiéramos. Yo era el único que le seguía a pie, la camioneta me ganó de antemano y la siguió.
Minutos bastaron para poder encontrarnos con lo que parecía ser una cabaña, era de un tamaño considerable como para una familia de cuatro. Lo que no sabía era si había gente habitándola, no obstante, esa duda se me quitó de la cabeza al ver que la mundana salía de ese lugar nuevamente y nos saludaba con su mirada tan angelical. En serio que esa tipa podía ser manipuladora si se lo planteaba. Caminé hasta alcanzarlos, la pinta de la cabaña era algo terrorífica, suponía que estaba abandonada o algo así, por lo que sería difícil encontrar comida en su interior. Genial, íbamos a pasar hambre otra vez.
Subí las escalinatas, y al adentrarme, lo primero que me impresionó del interior, fue que todo estaba limpio y ordenado, como si solo la apariencia externa fuera para despistar. Un decorado living con chimenea nos invitaba a acomodarnos. Riza se sentó en uno de los sofás y se irguió enseguida, nos dijo que Bill estaba cerca, y cuando quería percibirlo, él apareció por el pasillo que conducía, al parecer, a otras habitaciones del hogar. La radio estaba encendida, fue un milagro que otra persona no apareciera entonces, tal vez le estábamos invadiendo la casa y estaba en el baño.
—Recorrí todo el perímetro, por el momento vamos a estar a salvo aquí. —nos decía con mucha seguridad, Riza agradeció al cielo por eso y se acomodó como pudo. Hagen empezó a limpiar la chimenea para hacer que funcionara.
— ¡Encontré comida! —la mundana traía comidas chatarra.
—Parece ser que quién estaba aquí salió en busca de tu cabeza —decía Moritz mientras me observaba. —Hay rastro de cigarrillos y la radio estaba encendida. Como sea hay que estar alertas.
Siendo sincero no parecía que fuera Navidad, era un día normal en la vida de los cazadores, vampiros y lobos, bueno, y mundana también. Un día en la que todos los seres que habitaban la tierra se unían en un grupo para defender la vida de un idiota, dar su vida si fuera necesario. Eso, eso realmente me fastidiaba, yo era quién debía dar la vida, pero una parte de mi se ponía egoísta y no quería eso, no quería morir y no sabía porqué. Miedo no tenía, había visto tantas cosas en mi vida que el miedo a morir solo era una frase para mí.
Nos pusimos a comer lo que había, sintiéndonos llenos, disfrutando de estar descansando, aunque solo fuera por una noche. Cada uno ya se fue adueñando de algunas habitaciones. Todo estaba perfecto, como si fuera que nos hubieran esperado con esta casa para poder dormir y comer.
— ¿No quieres comer más? —me preguntó Bill mientras se succionaba los dedos al terminar el último trozo de chocolate del paquete. Negué con la cabeza y admiré como se fascinaba con el chocolate. Le encantaba en exceso, desde su invento él lo disfrutaba tanto como podía y nunca desaprovechaba la oportunidad de comer uno cuando lo veía. —El chocolate es mi segunda debilidad.
— ¿Y el primero? —le pregunté con mucha curiosidad. Él volteó a mirarme con mala cara entonces lo comprendí —Oh…
—Sigo sin creer como es que puedes cambiar de vida, pero lo lento no te lo quita nadie —arrojó el paquete vacío al suelo. Se puso de pie y avanzó hasta tumbarse en la cama, nos encontrábamos en una de las habitaciones. Se dejó caer de espaldas hacia las sabanas y la conformidad, yo solo miraba como su cabello se desparramaba por donde podía.
Me levanté, sigiloso me acercaba hasta la cama. Contemplaba su cuerpo relajado entre las sabanas, notaba que su piel estaba pálida, más de lo común, entonces comprendí que sus fuerzas se estaban agotando y yo debía hacer algo para remediarlo. Al sentarme al borde de la cama, mi mano buscaba la suya tratando de transmitirle mi compañía. Él lo notó e hizo que nuestros dedos se entrelazaran, me giré en ese instante y nos miramos.
Mi corazón golpeaba con rapidez, sentía mis mejillas arder y me ponía incómodo. Carajo, me estaba enamorando otra vez, y era la parte que me resultaba una lucha, porque no podía controlar las emociones y lo que sentía en el momento. Lo había amado tantas veces, en centenares de vidas, y aún así, me sentía un poco avergonzado de cometer acciones que el corazón me impulsaba a realizar. Recordaba que, una y mil veces, lo que hacía ya lo había hecho en otras vidas, sentía un Deja Vu constante con cada paso que daba, con cada sensación que tenía.
—Quiero darte las gracias por salvar a Riza, y a todas las personas que estuvieron cerca de mi antes. —él se sentó, se cruzó de piernas y yo volteé el cuerpo del todo, enfrentándome a él. —Sé que te pones celoso de ellos al principio, pero sabes que te pertenezco y que nadie me hará cambiar de opinión respecto a eso.
— ¡Ay, Tom! ¡Estás por morir y te pones a delirar! ¡Voy a pedir ayuda! —Caminó por sobre la cama y saltó al suelo, pero antes logré tomarlo del brazo y lo jalé en mi dirección, obteniendo que se riera y cayera sobre mi. Lo atrapé con mis manos por la cintura y su sonrisa me contagió. Verlo así era un regalo insuperable, su hermosa sonrisa era toda para mí, no la compartiría con nadie; esa sonrisa tan tierna y angelical era otra puerta directa al cielo. —No tienes nada que agradecer, sabes que siempre cuido a las personas que quieres, aunque… aunque no pude cumplir eso con tus padres.
Se separó de mí y logró sentarse sobre sus piernas, con la cabeza gacha, sus dreadlocks tapaban su rostro y esa mirada cambió de forma repentina. Eché un suspiro y volví a sentarme, tomé su cara con ambas manos, haciendo que se sintiera relajado con las mismas. Poco lo lograba, ya que sus ojos tristes seguían sin mirarme. Creía que nada lo haría cambiar de opinión, era algo que iba a estar en su cabeza siempre, jamás lo olvidaría.
—No digas eso, tú ya estás cumpliendo algo de ellos, me estás cuidando. —Al oír eso, el levantó la cabeza y percibí que sus ojos brillaban más de la cuenta, no era por que estuviera al acecho, ni tampoco porque tenía hambre, si no que era por la felicidad. Lo sentía, podía sentirlo yo también dentro de mi pecho, mi corazón lo demostraba latiendo con fuerza, haciendo de mí un ser estúpido y cursi, pero suponía que el amor te ponía de esa manera.
Sin decir nada más, uní sus labios con los míos, mientras tomaba el control de la situación y lo desplazaba lentamente hasta colocarlo debajo de mí. Necesitaba hacerle saber cuanto lo quería, precisaba de demostrarle cuanto lo amaba, y esperaba que lo pudiera comprender. Y todo porque, al final, antes de que fuera demasiado tarde, uno de los dos iba a morir. Desgraciadamente, y condenado a este eterno amor, el que moría era yo.
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Paseaba el dorso de mi mano por su mejilla, corriendo algunos cabellos que obstruían su angelical rostro, admirando esos ojos color miel que eran solo míos. Él arrugaba la nariz debido a la calidez de mi piel, la suya era fría pero por momentos podía tomar la temperatura correcta, y eso solo se lograba por medio de una acción. Su mano cubría sus labios, y una estupenda sonrisa, su hombro desnudo resplandecía debido a la luz del velador. Era todo una obra de arte para contemplarlo hasta el fin de mis días.
—Por lo menos ya no se siente el frío. —Me decía divertido, ahora se lo veía mucho mejor. Había recobrado la energía que necesitaba, que truco tan bonito el de recuperar las fuerzas de esa manera.
Me senté contra la pared y me coloqué solo el abrigo, dejando al descubierto mi torso desnudo. Sentía su mirada pero ya no percibía ese buen ambiente, era como si él hubiera cambiado su expresión, por lo que volteé a mirarlo y se encontraba pensativo mientras me observaba. Enarqué una ceja para lograr sacarle información y él bajó la mirada a las sabanas; se movió en la cama y se sentó como yo, nuestras piernas estaban cubiertas por la manta de diseños afeminados, ni siquiera sabíamos de quién era la habitación, probablemente le pertenecía a una mujer.
—La cicatriz que tienes —empezó a hablar, sus manos se juntaron por encima de la sabana y los dedos se unieron uno con el otro. —es producto de tu primera muerte. Tú… Moriste intentando defenderme de Bart.
Le quedé mirando al oír eso, ¿Había muerto defendiéndolo? Ya me quedaba más claro el círculo vicioso, Bart era el que me mataba en cada vida; supuestamente, en todas mis reencarnaciones, yo no podía evitarlo, o cada que lo intentaba terminaba fracasando de todas formas, porque él siempre encontraba la manera exacta de terminar conmigo. Había recuperado la memoria, pero lo de mis padres y mi primera muerte me resultaba un misterio, pronto recordé que tenía esa misma amnesia cuando reencarnaba, era algo que no se podía lidiar hasta que Bill hablaba sobre ello. Como ahora.
—En tu primera reencarnación, solo eras un egipcio, una persona normal. Un golpe fuerte de vampiro puede matar a cualquier mundano, y eso es lo que te ocurrió. —echó un suspiro, sus palabras estaban cargadas de culpa. —Siempre intento defenderme yo mismo, pero tú y tu jodido orgullo no te dejan. ¿Por qué crees que te he dicho esa frase, aquella noche?
Un cazador no debe ser protegido, un cazador debe proteger a los demás.
Recordé la frase, la situación de esa noche años atrás, las sensaciones nuevas que de allí comenzaron a surgir, gracias a su presencia. Él quería ponerme a prueba, quería saber si yo recordaba todo al instante de repetir esa frase, porque en cada reencarnación tenía la misma personalidad, lo que variaba era el género: podía ser hombre o mujer.
— ¿Puedes recordar esa muerte? ¿Sabes el verdadero motivo? —me preguntó, los dos nos miramos y él parecía a punto de derramar lágrimas. No me gustaba verlo así, me daba más motivos para salir a buscar al imbécil de Bart y darle punto final. Pero, recordando eso, me daba cuenta de que había olvidado cómo era ese desgraciado. Negué con la cabeza, él mojó sus labios y tomó una bocanada de aire para continuar. —Bart era antes mi… Yo antes era su…
—Pareja. —solté de inmediato, asintió con algo de timidez. Entonces comencé a armar el rompecabezas, podía ser que algo había sucedido en el medio, tal vez el intruso era yo en la historia. ¿Y si yo no debía formar parte de eso? ¿Si debía morirme de una vez y decirle que dejara de buscarme? Empezaba a tirarme abajo con todo eso.
—No debes sentirte culpable por eso, la decisión de estar contigo fue mía. Le dejé en claro todo pero él decidió destruirnos. —una lágrima descendió por su mejilla, comenzó a sollozar pero no podía hacer nada de mi parte, me sentía contenido y un poco furioso. —Y por eso es que reencarnas, nos condenó a ambos a buscarnos y a perdernos al instante.
Me parecía totalmente absurdo poner a todo el mundo en mi contra, por un asunto de amor no correspondido. Aunque Bart era uno de los más antiguos, al igual que Bill, hacer que todos se volvieran en mi contra, solo para hacerle sufrir, era de persona obsesionada por tenerlo a su disposición. Realmente, ese hombre estaba enfermo. Necesitaba saber quién era, porque no lo recordaba, su nombre retumbaba en mi mente pero ninguna imagen se acomplejaba a dicho nombre.
Se tapó el rostro con ambas manos, mientras lloraba. Yo solo lo veía, quería abrazarlo pero me sentía culpable de su desgracia, por mi causa él sufría, por algo que él no pudo evitar. Nadie podía evitar enamorarse, eso sucedía, le pasaba a todo el mundo; lo que lo diferenciaba era tener que vivirlo una y otra vez, pasando por el calvario de mi muerte. Me preguntaba entonces, ¿Qué lo motivaba a buscarme y repetir el ciclo? ¿Qué sucedía si no lo hacía? Se aclaraba que no sufriría, viviría sin remordimientos, estaría vagando como todo un purasangre por las grandes habitaciones de su mansión. Sin embargo, él parecía preferir encontrarme y sufrir las mismas consecuencias destinadas en todas las vidas.
—No quiero que eso vuelva a pasar, quiero que estemos juntos, sin importar que una horda de vampiros nos siga el rastro, sin saber que todo el mundo está detrás de nosotros por mi causa. —se estaba animando, quería ser positivo, había interferido tanto en mis reencarnaciones que ahora parecía dar en el clavo exacto para terminar con esto.
—Así será —rodeé un brazo por sobre su espalda y lo atraje hacia mí, él se acomodó en mi pecho y lo cubrí con ambos brazos en un positivo abrazo. Aunque por dentro aún debatía en mi cabeza si continuar con esto, lo que me mantenía firme a él era que, más allá de que podría haber seguido sin mí, él optaba por buscarme y hacer que volviera a enamorarme de él. Que alguien hiciera eso por uno, significaba mucho más que las malas ideas que tenía en la mente. —Los dos vamos a terminar con esto, y prometo que dejaré que me muerdas el cuello por el resto de esta vida, eternamente, sin tener que recurrir a otra búsqueda, porque no permitiré que él vuelva a matarme. Primero lo elimino con mis manos.
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La mañana siguiente se acercó, no escuchaba absolutamente nada, por lo que me puse a pensar que tal vez todos estaban durmiendo plácidamente. Volteé a mirar a Bill, y él estaba cubierto con las sabanas, luciendo tan bonito con esos cabellos bicolores desparramados por todo su rostro y la almohada. Desvié la mirada hacia la ventana de la habitación que daba al exterior, las cortinas obstruían un poco la luz, por lo que me dirigí a ellas y las corrí un poco para ver el panorama. El sol ya había abandonado el horizonte al parecer, por lo que otro día de estrategia y vigilancia se había iniciado.
Exhalé el aire al pensar en eso, yo estaba arrastrando a todos a la misma bolsa; en parte me sentía una basura haciendo eso, bien podría enfrentarlo ahora mismo, pero no sabía cómo era Bart, y aunque quisiera preguntarle a Bill, sabía que él no me lo diría por el simple hecho de que no quería que muriera en ese instante. Me enfermaba un poco el saber que quería protegerme, era un egoísta en ese sentido, no quería que nadie me defendiera, yo podía hacerlo por mi cuenta.
Abandoné la ventana y me vestí, mientras pensaba en todo lo que Bill me había contado en la madrugada. Había muerto por celos, porque otra cosa no podía ser; Bart había estado resentido por eso todos esos años, por eso siempre buscaba la manera de hacer sufrir a mi Bill, consiguiendo que primero él me encontrara, me hiciera recordar, recuperara un poco el tiempo perdido, y al final, el horrible desenlace, era que él, por su absurda obsesión de venganza debido al rechazo del vampiro, me borraba del cuento. Y todo para que se volviera a repetir. Sin embargo, las cosas se volvían distintas, ya que en ésta vida era cazador; los vampiros antiguos no podían matarse entre sí, pero un cazador podía, tampoco podía decir si un mundano también podía hacerlo, ya que nunca uno tuvo la oportunidad, porque rara vez los purasangre se metían en líos con los mundanos.
Se podía decir que Bart era el Judas en todo esto, le dio la espalda a toda una especie y todo por una ruptura que no podía superar. ¿Cómo pudo sobrevivir todos estos años sin estar cerca de Bill? ¿Acaso, en algún momento, ellos se habrán cruzado? Interminables preguntas me atormentaban la cabeza, y recién era el comienzo del día. Uf, lo que hacía falta en estos momentos era una buena taza de café, y dudada de que podía encontrar eso en ésta cabaña.
Abrí la puerta despacio, sin hacer el menor ruido. Lo cerré mientras me colocaba la remera y comencé a caminar por el angosto pasillo; quería saber si Riza se encontraba bien, pero no recordaba en qué habitación se encontraba. Me quedé pensativo, tratando de descubrir donde ubicarla sin errores, segundos después opté por abrir la que estaba frente a la que compartí con Bill. No sabía porqué de la nada unos nervios se me avecinaban y la ansiedad tomaba lugar, me sentía extraño, aún no me podía acostumbrar a estas nuevas sensaciones. Sin atrasarme en lo que me proponía, tomé el pomo de la puerta y lo giré, empujé suavemente y observé el interior. Georg estaba dormido con el dorso de su mano apoyada sobre la frente y la otra… La otra estaba estirada por la cama, uniendo la misma con la de Riza, ¿¡Qué demonios pasó!?
Mi mejor amiga estaba acurrucada a sus pies, como solía hacer cuando dormía conmigo, solo que con su brazo extendido hacía arriba, sujetando la mano de Moritz. Ambos dormían de forma cómoda, pero comenzaba a pensar en miles de cosas al verlos así, ¿Qué pasó anoche? ¿Acaso todos nos habíamos puesto de acuerdo? Les miré por unos segundos, examinando si podía encontrar una respuesta más obvia de la que ya tenía, y aunque en cualquier momento podían despertarse, no me quitaba la idea de que esos dos traían algo y ya lo acababa de saber.
Oí un ruido, que parecía provenir del living, por lo que cerré la puerta para que ellos no me vieran en caso de que se despertaran. Más tarde tendré la oportunidad de preguntarle a uno de los dos qué mierda sucedió mientras yo no estaba, no podía ser que compartieran la cama y yo no sabía nada.
La voz de la mundana me desconcertó de inmediato, su voz era armoniosa y adorable, entonaba una canción en inglés. Avancé por el pasillo mientras la oía cantar, parecía estar relajada, me la imaginaba limpiando como la típica cenicienta, pensando en sí alguna vez podría ser rescatada y liberada. También escuchaba como si unos objetos se chocaran entre sí, por lo que aceleré el paso y me quedé en el umbral de la entrada. Ella estaba de espaldas, de cuclillas sobre la chimenea, y con sus manos acomodando los trozos de madera que descansaban a su lado. Parecía estar en su mundo, no pensaba que yo estaba mirándola.
—Hm… ¿Dónde está el fósforo? —decía mientras tanteaba su pantalón, segundos después, elevó su mano frente a ella con sus dedos extendidos, tal si estuviera cargando algo, pero allí no tenía nada.
Fue entonces, cuando un punto naranja se originó, mi respiración se contuvo al ver eso, ¿Qué mierda era? Dicho punto se volvió más grande en un segundo, y ahora no era un insignificante punto, sino una llama. La mundana, si era que podía decirle así en estos momentos, golpeó en dirección hacia el interior de la chimenea con esa bola de fuego y, mágicamente, la llamarada se alzó como si uno estuviera trabajando en eso para lograrlo, ¡Pero ella solo efectuó un solo movimiento para conseguirlo!
Retrocedí lentamente, choqué mi espalda contra la pared intentando asimilar lo sucedido. Todo esto me ponía en un aprieto, comenzaba a sentir nervios, ¿Quién era la mundana realmente? ¿Era certero que fuera la tataranieta de Cuvier? ¿O solo era una falacia para llegar a nosotros? Haciéndome éstas preguntas, un recuerdo se me venía, y era de cuando ella se reía, mientras que las frutas volaban con un aura violeta sobre ella. ¿Acaso ella lo había originado? ¿Cómo? Otro recuerdo, Riza diciéndome que podía ser una bruja, ¿Qué era todo esto? ¿Podía ser bruja? ¿Y por qué Bill no había sentido eso? ¿Acaso era un complot? Necesitaba responderme, o me iba a volver loco con las preguntas.
De repente, alguien estornudo, eso, por más normal que pareciera, me hizo sentir el más jodido del universo. Ella podría venir en mi dirección, y si me encontraba en estas condiciones, algo podría ocurrir y yo estaba con la guardia baja. Decidí retroceder unos pasos y hacerme el dormido, instantes después, la mundana se apareció y yo me refregué el ojo, fingiendo estar dormido. Ella me dijo buenos días, pero no eran buenos si no sabía quién mierda era esta tipa.
Tenía que contárselo a Bill, si se lo decía a Riza, se podía iniciar una guerra en este nuevo refugio y no quería que eso sucediera, no quería perderla. Ni a ella, ni a ninguno.
Continúa…
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