
«EaaRumA» Fic de MissAnunnaki
Prólogo (P.1)
No sabía quién me había salvado de que me asesinaran aquella noche, no sabía quién había sido la persona que aniquiló a los tres pandilleros que intentaban deshacerse de mí por no haber cumplido con una cuota ilegal. Daba igual, ahora estaba vivo y acostado en la cama de mi habitación; la verdad era que no podía dormir porque no dejaba de pensar en aquella persona extraña, tenía que admitir que se movía demasiado rápido, y en este mundo tan loco podías encontrarte hasta con un hombre lobo.
Sí, ese tipo de cuentos, esas narraciones orales, esas películas y libros sobre aquellos seres que, en algún momento nos parecían horripilante, irreales, intangibles… Ahora eran reales, visibles y sabíamos de su existencia. Nosotros los mundanos, como se nos calificó por ser tan solo seres humanos, teníamos que vivir con ello; poco a poco la humanidad fue aceptando a esos seres ajenos a nosotros, le bastó diez años al mundo para llegar a donde estábamos.
Tal vez era un hombre lobo quién me había salvado, porque se movía demasiado rápido, y si así era, entonces ¿Quién era? Yo no formaba parte de una hermandad de hombres lobo, ni tampoco pertenecía a una dinastía de vampiros, tampoco heredaba sangre de cazador de aquellos seres, aunque esos se estaban extinguiendo debido a una tregua mundial. Si eras cazador, no debías cazar a ningún vampiro, hombre lobo, bruja o lo que fuera en lugares públicos o estados dónde se dictaba la ley. Era como si se tratara de las drogas, eran ilegales; sin embargo, todo se disfrutaba en privado o dónde la policía y las autoridades no llegaban a mirar.
Bien, ya estaba pensando en un montón de cosas solo por no dormir. En verdad necesitaba descansar, mañana era otro día laboral y yo no podía conciliar el sueño, era como si constantemente me sentía vigilado y por eso no podía dormir.
– A la mierda… -Murmuré, me di media vuelta, dándole la espalda a la ventana y me cubrí con la sábana.
Segundos después, comencé a sentir frío, un frío tan escalofriante que comenzaba desde mi hombro, pasando lentamente por mi brazo hasta mi cintura, abrí los ojos y me giré: no había nadie. Viré hacía la ventana, estaba cerrada. Tragué saliva y volví a mi posición anterior, cerré los ojos y sentí mi cuerpo relajado.
Soñaba, soñaba que unas manos tocaban mi cuello, masajeándolo. Sus finos y largos dedos recorrían mi piel, era tan frío, tan escalofriante que lo único que podía hacer era dejar que continuara. Las manos comenzaron a bajar lentamente, logrando tocar mi pecho y debajo de él, mi torso. Sentí una descarga eléctrica dentro de mi ser, era como si sus manos me atrajeran bastante y quería que no dejara de pasear sus manos sobre mí, quería abrir los ojos para poder ver de quién se trataba, pero cuando lo hacía solo podía ver hasta la boca.
Era alguien, estaba sentado sobre mí, llevaba ropa oscura, de contextura delgada como sus manos, alcé más los ojos y solo llegaba hasta su boca, no podía más. Su piel era realmente pálida, lucía frágil, lucía magnífica. Era tan pálida que sentía que no era alguien de este mundo, pensaba que era un ángel o, incluso, un demonio súcubo que intentaba apoderarse de mi alma llevándome al más profundo de los sueños lujuriosos para así, poco a poco, sacarme las energías y morir en un sueño eterno.
Observé sus labios, eran rojos y carnosos, un lunar debajo de los mismos adornaba aquel mentón. Sus manos continuaban viajando por mi cuerpo, tenía que admitir que su contacto me paralizaba, me dejaba quieto, solo podía sentir esa sensación de tener el cuerpo adormecido por donde fuera que paseaba sus dedos. Mi respiración de apoco subía el nivel, y la piel se erizaba debido al frío que emanaba al tener contacto con la suya.
Quería saber de quién se trataba, quería saber quién era la persona que intentaba meterse en mis sueños para hacerme pasar un momento realmente excéntrico.
Sentí que comenzaba a inclinarse ante mí, y cuando mis ojos pudieron ver más arriba de su boca, me llevé una gran sorpresa. Primero pude ver su nariz, una perfecta, y luego sus ojos. Aquellos ojos tan penetrantes que ninguna herida catastrófica podía superar, me refería a que te observaban tan fijamente, que sí las miradas mataran, la suya ya lo habría hecho. Eran azules, de esos azules tan raros que te conmovían solo por ser exóticos, el maquillaje que los adornaba los hacía resaltar más, como si lo hiciera a propósito para no dejar de observarle.
No podía moverme, sus ojos me hipnotizaban, me dejaban absorto; era algo que jamás había visto, una mirada realmente única, unas facciones perfectas, y unos ojos azules que me dejaban al borde del abismo, como si incitara a entregarle mi vida tan solo para seguir contemplándolos por la eternidad.
Sentí algo postrarse sobre mis labios, bajé los ojos y vi su dedo índice apoyado sobre los mismos, volví mi vista y él me sonreía. Cuando lo hizo, vi que sus incisivos eran más largos que el resto, entonces pude darme cuenta de que lo que tenía frente a mí era un vampiro.
Por dentro quería despertarme, nunca había tenido la oportunidad de ver a uno tan de cerca. Me decía a mí mismo que ya era hora de despertarse, intentaba moverme pero me sentía paralizado, entonces el ser se acercó a mi oído y un miedo aterrador se asomó hacía mi pecho. Tragué saliva y mis ojos se abrieron más de la cuenta, si eso era una pesadilla, entonces tenía que despertar ahora porque no me gustaban ese tipo de sueños; y si era un súcubo disfrazado, entonces con más razón tenía que despertarme.
—No te asustes… —Me dijo en un susurro, su voz era realmente incalificable, no era grave ni tampoco aguda, se asemejaba más a un suave sonido, tan frágil y calmo, tan sereno y armonioso; como un clarinete. —Solo quiero cerciorarme de que estés bien.
Sentía un cosquilleo por todo mi cuerpo al escuchar su voz, me hacía estremecer demasiado, era indescriptible. Sentí sus labios por mi mejilla, por lo que cerré los ojos. Los mismos eran algo cálidos, también suaves, una sensación confortante debía jactar. Era la prueba clave de que la lujuria, a veces, podía comenzar con un solo roce y luego desprender un torbellino de lascivia y placer, una avalancha de sensaciones, un toque mágico a la vida rutinaria, un cambio extraterrestrial en lo común.
Comenzaba a descender mientras besaba mi piel, cada que lo hacía sentía que mi piel se quemaba pero no al borde de que se viera la carne, era solo la sensación. El último beso había sido en mi cuello, entonces no volví a sentirlos más, por lo que abrí los ojos y, por arte de magia, mi cabeza pudo girar para verle; él se preparaba para morder.
Reaccioné de inmediato y lo empujé, entonces fue ahí que me di cuenta de que todo era un simple sueño, y que me encontraba solo en mi habitación casi a oscuras. Mi respiración estaba muy agitada, mi frente sudaba y mis manos temblaban, tragué saliva y miré para la ventana. No sabía qué mierda había sucedido, pero eso se había sentido tan real.
Volví a recostarme e intenté calmarme, cuando recuperé la armonía volví a cerrar los ojos para continuar durmiendo. Bastaron solo segundos para eso, entonces oí:
—Nos volveremos a ver… Tommy.
Continúa…
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