«EL AMO» Fic Toll de Chris_twc

Capítulo 11

Nunca comprenderé cómo puede una bestia sin corazón dormir tan pacíficamente y parecer un alma dulce y cariñosa. Pero lo que sí sé es que él encaja perfecto en la definición del misterio. No había nada en él que fuera predecible. Era completamente distinto a todo lo que he conocido hasta ahora y aquello llamaba poderosamente mi atención. Quería estar todo el día a su lado y descubrir cada secreto.

Si yo fuera él, estaría hasta altas horas de la madrugada ideando algún plan que me quitara de la cabeza aquellas amenazas de la noche anterior. Yo no era él y me encontraba muerto de miedo.

Downey le dijo que lo lamentaría y no quería ni siquiera imaginar de lo que era capaz de hacerle a él sabiendo lo que me hizo a mí una vez. Las cosas podían empeorar en cualquier momento y no me podía esperar nada bueno. Me encontraba aterrado.

Lo que sí debo decir es que hay un lado positivo en todo esto y es que mi amo se negó a que esas personas me llevaran una vez más. Es decir, para él no era un simple empleado, para él era algo más que eso y el saber que me aprecia aunque sea un poco, es suficiente para renovar mis deseos de quedarme a su lado. Ya sé que eso no está bien, pero es imposible evitar esa hermosa sensación en mi pecho cada vez que me abraza y me confía lo que siente.

Mi amo era despiadado, sí. Era un ser al cual temer. Cualquiera en mi lugar habría escapado sin pensarlo dos veces, pues no creo que alguien desee enfrentarse a él en ninguna circunstancia. Tengo que admitir que no se merecía todo lo que tenía, pero aún así aquí me encuentro, entre sus brazos, aspirando ese varonil aroma de su piel y perdiéndome en el roce de las sábanas de seda que envolvían nuestros cuerpos. Abrazado a su cuerpo, dentro su mansión y en su cama.

Ni siquiera sé cómo llegué a esto. No sé cómo llegué hasta ese punto en que poco me importa cuanto me use. Pero lo peor es: ¿por qué lo permito?

Ya casi había olvidado aquella fantasía de empezar desde cero, lejos de esta casa. De hecho, ya no lograba pensar en escapar porque, aunque me cueste decirlo, no puedo ni quiero dejarlo a él.

Me encuentro tan jodidamente confundido en este momento. Quiero abofetearme eternamente porque sé que estoy en peligro, sé que él es un monstruo y sé que no debo confiar en él y aún así no quiero irme. Una parte de mi ser deseaba que él nunca se aburra de mi compañía.

Miré el espejo del techo y noté sus ojos abriéndose muy lentamente. Sonrió al ver mi mirada en la suya y sus dedos se enredaron en mis cabellos, acariciándome lentamente. Volví a esconder mi rostro en su pecho y él bostezó, soltando mi cuerpo solo para estirar sus brazos.

—Eres un desastre en la mañana— Gruñó para luego volver a abrazarme— ¿Dormiste bien? ¿No tuviste pesadillas?

—Muy pocas— Volví mi mirada hacia el espejo y vi sus ojos recorrer mi cuerpo—. No ha sido una buena noche. He estado preocupado— Formó una boba sonrisa en su rostro.

Su mirada se pegó a la mía y su mano acarició desde mi cintura hasta mi nuca con delicadeza, relajándome por completo.

—¿Por qué tanta preocupación?

—Ese tipo lo ha amenazado. Estoy preocupado por usted— Respondí con cierta molestia ante su tranquilidad.

— ¿Por mí? Eso no se oye todos los días— Soltó una leve risa—. Nada me pasará, niño. No seas idiota.

—¿Pero y si pasa?

—No pasará— Soltó con frialdad—. Deja de pensar estupideces.

—No creo que sean estupideces— rió— ¡No se burle de mí!

—Ese tipo no tiene ni la más mínima idea de lo que dice. Nadie se ha atrevido a enfrentarme y él no será la excepción.

— ¿No le asusta ni un poco?

—Tú eres el que se encarga de tener miedo. Yo solo te cuido— Acarició la punta de mi nariz con su índice.

— ¿Gracias?

—Nada de agradecer. Soy una mala persona, ¿recuerdas? La única razón por la que estás aquí es porque es fácil dominarte y hacerte daño, pero si quieres verlo de una manera menos cruel, piensa que solo siento lástima por ti.

—Lo entiendo— Apoyé mi mentón en su pecho y él me miró con una sonrisa en el rostro—, pero una mala persona me habría vendido una segunda vez.

—No lo hice como un acto de bondad, lo hice porque soy egoísta y odio compartir. No gastes tus esperanzas en mí.

—No son esperanzas de que cambie, simplemente siento que hay un lado suyo que nunca deja ver al resto. Se podría decir, un lado bueno.

—Ese lado no existe— Me dio una fuerte nalgada—. Ve a preparar desayuno y tráelo. Estaré todo el día fuera de la casa y quiero tener energías para evitar mis ganas de venir y follarte.

—¿No se quedará hoy?— Pregunté con cierta tristeza.

Él se sentó en la cama sin dejar de rodearme el cuerpo en un solo abrazo.

—¿Quieres que me quede aquí?— pegó su frente a la mía y yo asentí levemente— ¿Quieres que me quede contigo todo el día, en la cama?— Sus dos manos se pegaron a mi trasero y mi cuerpo chocó contra el suyo repentinamente— ¿No te bastó con lo de anoche?

Acerqué mis labios a los suyos pero él se alejó, dejándome con las ganas de saborearlo. Al final él fue quien me besó. Sus manos me recorrieron mis muslos con delicadeza, para luego subir por mi espalda hasta mis mejillas. No quise detenerme, quise seguir, que volviera a devorarme, pero él tenía otros planes y al final se separó de mis labios.

—Ve a traer el desayuno. Muero de hambre— Sentenció, alejando las sábanas de nuestro cuerpo —. Desayunas ahora o no comes nada en todo el día.

—Sí, amo— Respondí sonriente, ante su alegre mueca.

Me puse las primeras prendas que encontré y salí de la habitación, intentando acomodar mis cabellos por el camino. Me encontré algo mareado y dolorido por lo sucedido anoche. Como era de costumbre, empezábamos charlando entre risas y él terminaba sobre mí, follándome, y no era para nada delicado.

No pude sacarme de la cabeza aquellas amenazas dichas por Downey. Me hacía sentir bien que mi amo no me haya vendido, pero de todos modos había razones para preocuparme. Mi amo era lo único que me quedaba y no quería perderlo.

Otra cosa que me había dejado pensando era Bob, la primera persona que me brindó verdadera ayuda. Una ayuda que rechacé quién sabe por qué. Anoche, lo había visto por segunda vez luego de tantos meses en su ausencia.

Había visto a ese lindo muchacho que me había dado su apoyo desde el primer momento, pero luego se convirtió en alguien que desconocí por completo. Él parecía no querer comprender que desperdiciaba su tiempo conmigo. Llegó a un punto en que me asusté, pues parecía haber enloquecido. Llegué al punto de sentirme aliviado por haber rechazado escaparme con él.

¿Es que acaso él no temía por su vida? ¿No pensó en lo que pasaría si su padre se entera de que trató de ayudarme? O aún peor, ¿qué pasaría si mi amo se entera de que él intentó sacarme de aquí?

Con respecto a Bob, las cosas no marchaban nada bien. Sé que mientras mi amo no se entere de que fue a Bob a quien llamé, yo podré estar medianamente tranquilo. Por ahora, solo me preocuparé por no hacer enojar a quien me da de comer. Lo último que deseo es que vuelva a desatar su furia contra mí como el resto de las veces.

Entré en la cocina y me coloqué el delantal, dispuesto a preparar dos desayunos completamente diferentes.

Él no era como yo, él querría un desayuno de «seres muertos», como solía decir para burlarse de mí. Poco me importaba, yo no iba a comer lo mismo que él. Podía burlarse cuanto desee. —¡No, no, no! ¿Qué estás haciendo?— Agatha apareció y me arrebató la sartén antes de que pudiera hacer algo productivo con la misma— No vas a cocinar tú el desayuno, para eso me pagan a mí.

—Es que él me dijo…

—No te dijo nada— Me interrumpió—, pero tú tienes que contarme qué pasó anoche.

—Anoche no hicimos más que estar abrazados— Sonreí como un idiota mientras me sentaba en una silla—. Me di cuenta de que en realidad no es un hombre tan malo como yo pensaba, en el fondo es una persona tierna y comprensiva.

— ¿Te es suficiente que solo lo sea contigo?

—Es que no solo es bueno conmigo. En verdad creo que él confía en mí y todo ha cambiado mucho. Él ha cambiado.

—Los monstruos no cambian, niño— Habló Kate, entrando a la cocina—. Tú no significas nada para él. Eres alguien que se desnuda y es follado, no más que eso.

—Como si tú no lo hubieras hecho— Habló Agatha.

—Duermes en su cama y estás orgulloso de ello, ¿acaso no tienes en mente que ya todos pasamos por esa cama?

—Sin embargo, tú ruegas por su atención y Bill la tuvo desde el primer momento, ¿quieres que te recuerde cómo fue que llegaste aquí?

Aquello bastó para que Kate guardara silencio y se retirara, dejándonos a solas.

— ¿Cómo llegó Kate aquí?

—No querrás saber—Agatha siguió preparando el desayuno.

— ¿Por qué?— Insistí.

—Es algo personal solo de ella. No dejes que te afecte lo que diga. Le molesta no tener en sus manos a Thomas.

— ¿Por qué sabes tanto de él?

—Porque somos buenos amigos.

En ese momento comencé a sentir mucha curiosidad. Agatha era una mujer mayor y en esta casa no había visto a nadie de su edad. Algo me decía que ellos dos era mucho más que solo buenos amigos.

—¿Eres algo suyo?— pregunté intrigado— ¿Cómo es que confía tanto en ti?

—Deberías preguntar menos.

—Tengo derecho a saber— Ella no me contestó y eso me desesperaba—. Agatha, quiero saberlo.

—Lo que pase entre él y yo no es asunto tuyo— dijo fríamente—. Preocúpate por no hacerlo enojar. Lo último que quiero es que vuelva a golpearte.

—Es que si lo supiera, tal vez pueda tener más confianza con él.

—Conociste un lado de él que nadie más conoce. Esa persona que habla contigo, es el mismo Thomas que me confía sus secretos.

— ¿No podría ser así todo el tiempo como lo es contigo?

—No, lo tuyo es algo muy diferente— se dio la vuelta y dejó una gran bandeja con dos desayuno—. Eres una criatura adorable, Bill y eso es suficiente para él— me miró con una sonrisa.

—Pero no es suficiente para mí.

—Ganar su confianza llevará tiempo.

— ¿A ti te ha llevado mucho tiempo?

—Lleva el desayuno— me dejó un beso en la frente y se dio la vuelta.

—Está bien—Alcé la bandeja—. Gracias por apoyarme— ella no dijo nada, solo sonrió.

Miles de preguntas pasaban por mi mente mientras caminaba hacia la habitación.

Agatha sabía muchas cosas que yo sentía la necesidad de saber, pero estaba seguro de que no me contaría nada. Era obvio que su vínculo con mi amo debía ser más fuerte de lo que yo creía y yo moría por conocer cómo es que esa mujer logró ser tan importante para él.

Ya no sabía qué pensar. Lo único que se me ocurría es que ella podía ser un familiar cercano, ¿pero algo más? No me lo podía imaginar. Solo sabía que algún día lograría que Agatha me dijera todo lo que sabe porque mi amo no diría palabra alguna.

Subí las escaleras y entré a la habitación con la bandeja en mano. Él estaba sentado en la cama, tranquilo, revisando su celular. Llevaba el cabello húmedo y suelto y una toalla enredada a la cintura. Alzó su mirada hacia mí en cuanto entré y me sonrió.

—Era hora— Habló con una enorme sonrisa—. Búscame algo de ropa, pequeño. Algo no tan formal.

Dejé la bandeja sobre la cama y busqué algunas prendas en su armario. Me encontré con los trajes más elegantes que mis ojos hayan visto jamás.

Él decía «algo no tan formal», pero toda su ropa era carísima. Tenía una innecesaria cantidad de preciosos zapatos de cuero, unos trajes espectaculares, cinturones más que finos y podía jurar que la mitad de su armario aún llevaba la etiqueta de la tienda. Solo un par de veces había tenido la oportunidad de verlo con un traje formal y tenía que admitir que le quedaban hermosos, aunque su look de joven rebelde me gustaba mucho más.

Tan solo le entregué una playera blanca de mangas largas, un pantalón de color negro y su ropa interior. Él comenzó a vestirse frente a mí como si yo no existiera en esa habitación. Este hombre no tenía remordimiento alguno luego de desnudarse frente a mí. No es que me molestara, pero a veces no podía entender cómo es que podía hacer aquello con tanta naturalidad.

Al terminar de abrocharse los pantalones me miró fijamente, logrando que un fuerte escalofrío me recorriera la espalda. Desvié la mirada de inmediato. Él podía carecer de vergüenza, pero a mí me sobraba. A pesar de haber hecho miles de cosas en esa cama, aún así podía incomodarme con facilidad.

—¿Hay algo que te llame la atención?— Se rió de mí.

—No. Bueno, sí, pero… lo siento.

—Te gusto, ¿verdad?

—Un poco.

—¿Solo un poco? Esperaba otra respuesta porque tú me encantas. Me pongo duro con solo verte— Su fino lenguaje— ¿Comprendes lo que quiero decirte?

—Sí, amo.

—Me encantas, niño. Vamos a desayunar.

—Sí, amo.

Me besó la mejilla y se sentó en la cama a disfrutar de su desayuno. Yo me senté a su lado en la cama y tomé el plato con cereales y fruta que Agatha había preparado para mí. Mi amo tenía un plato con huevos fritos y tocino. El olor del tocino era desagradable, pero no tuve oportunidad de quejarme de ello mientras fuera él el que estaba comiéndolo.

—¿Frutas?— rió antes de llevar un vaso con zumo de naranja a sus labios— ¿jamás has consumido carne?

—Cuando era pequeño, como cualquier persona. Luego me enteré de dónde proviene y no volví a comer ni un bocado.

—Que delicado— Alzó una ceja.

— ¿Se va a reír de mí?— Lo miré y me sonrió, llevándose el tenedor con comida a la boca.

—Me resulta, más que nada, contradictorio.

— ¿Por qué?

—Porque tragas carne casi todas las noches y no parece molestarte. Sabes a lo que me refiero.

—No porque yo así lo quiera.

—No decías lo mismo anoche.

—Eso no quiere decir que me haya gustado.

—Cerraste los ojos y gozaste como una perra mientras lo tenías entero dentro tu hermosa boca. Sabías que me gustaba y a ti te encanta complacerme.

—¿Podríamos evitar ese tema al comer? Es bastante incómodo.

—No estabas para nada incómodo anoche cuando gemías pidiendo más. Parecías otra persona.

— ¡Ya basta!— Él rió, contagiándome.

—No aguantas nada, niño— Dejó un beso en mi mejilla—. Eres adorable, pequeño.

¿Cómo podía ser así de tierno luego de haber dicho tanta asquerosidad junta? Nunca lo sabré, pero como valían la pena esos momentos junto a él.

—Come o tendrás hambre por la tarde. Te llevaré conmigo.

—O sea, ¿quiere decir que saldremos?

Lo miré algo sorprendido ante sus palabras. Una cosa era que me permitiera salir solo y otra cosa muy diferente era salir junto a él y poder conocer sus actividades.

—No puedo pasar el día contigo aquí así que tú pasarás el día conmigo fuera de la casa, ¿te gusta la idea?

— ¡Claro!— Sonreí ampliamente.

—Entonces come, niño.

Al final, volví a tomar el plato de cereal y me lo terminé en unos minutos, ansioso al saber que saldría junto a él.

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—Ajusta bien tu ropa. No me sorprendería que alguien quiera follarte—Hablaba con total naturalidad, mientras recogía su rebelde cabello ondulado para atarlo.

Dejé de verme al espejo para mirarlo a él. Yo me encontraba probándome ropa, viendo cuál era la perfecta para salir. Al oír sus palabras, tomé una chaqueta a pesar de que estaba muriendo de calor. Quizás así evitaría que alguien me tocara.

— ¿Dejará que me hagan algo?

— ¿Te importa?

—Claro que me importa.

—A mí no.

— Pequeño, acostúmbrate a la realidad. No siempre puedes tener lo que quieres.

—Supongo que ya lo ha hecho antes.

Él se quedó callado un momento, pero sabía que estaba pensando en una respuesta. Por momentos, temí que se haya enojado y que retrocediera en la idea de salir conmigo.

—Supones mal— era una de las pocas veces que me respondía—. ¿Prefieres quedarte aquí?— Se acercó de pronto y me abrazó por la espada.

—No, amo.

—No lleves esa chaqueta. Te queda bien pero es difícil de quitar.

—¿Estaremos en público?

Él sonrió de lado, comprendiendo a la perfección a lo que me refería.

— ¿Por qué?

El juego de hacerme pasar vergüenza. Como disfrutaba hacer eso…

Bajó el cierre de mi chaqueta con una espantosa lentitud.

—No querría quitarme la ropa en público.

— ¿En serio? Sabes que no depende de ti, ¿verdad?— Metió su mano por debajo de la chaqueta y acarició mi abdomen.

— ¿Podría? Solo hoy.

— ¿Por qué estás tan asustado? Es algo natural.

—Es que no quiero. No en público— Dejó un beso sonoro en mi cuello.

— ¿Y qué tal una escapada a solas? ¿Eso te parece bien?

—Eso estaría bien— Dejé que me quitara la chaqueta y la tiró sobre la cama como si nada — ¿Estaremos fuera todo el día?

—Sí, pero no te preocupes. Solo debo hacer algunos negocios y luego haremos algo entretenido.

— ¿Algo como una cita?— Él rió.

Sí, había preguntado algo digno de una adolescente de quince años cuando se enamora del malo del barrio, pero me intrigaba saber su respuesta.

—Tómalo como quieras— Besó mi mejilla—. Solo te advertiré que si creas algún disturbio o me desobedeces, no dudaré ni un momento en arrojar tu lindo cuerpo del auto en movimiento para luego pasarte por encima.

—¿En serio haría eso?— Tragué saliva.

—He sido capaz de cosas peores, pequeño.

Rió y me dio una nalgada en el trasero antes de volver a mirarse al espejo. Se acomodaba su pelo de mil maneras y todas lucían bien.

—Se ve mejor suelto— Me atreví a opinar.

— ¿Así?— Dejó al aire su sedoso cabello.

Me quedé observándolo como un idiota a un papel brillante. Cuando despojó su pelo de aquella molesta banda elástica, se sintió como una escena en cámara súper lenta. Acababa de darme el gusto en algo, aunque sea una tontería, pero aquello lo aprecié demasiado.

—Sí, así— Sonreí.

—Luces encantador hoy. No entiendo cómo lo logras.

Acomodó el collar de mi cuello. Era un collar de cuero con cadenas que él me había comprado específicamente para que solo usara eso. Nada más que eso. Cada que podía me lo ponía sólo para él porque le gustaba tanto como a mí.

—Gracias por llevarme con usted hoy. Lo aprecio, de verdad.

—Deja de lucir tan inocente o juro que te follaré contra lo primero que encuentre.

No pude evitar reír ante aquello. La idea no era mala, pero su forma de decirlo me resultó divertida. Había algo en él cuando estaba tranquilo y ese «algo» me impulsaba a la idea de que no era una persona tan horrible como todos creen. Él no estaba siendo un monstruo ahora. De hecho, hasta estaba siendo tierno.

¿Por qué no puedo recordar todas las cosas horribles que me hizo?

— ¿Lo siento?— Le sonreí.

— ¡Dios! Eres encantador, pequeño.

Sus fuertes brazos se apoderaron de mi cuerpo en un cálido abrazo que me dejó sin palabras. Él olía tan bien y aquel pequeño gesto me llenaba de vitalidad.

— ¿Cómo pude estar sin ti todo este tiempo?— Soltó de pronto, dejándome completamente en blanco.

En ese momento sentí algo parecido a la tristeza recorrerme la piel junto a su perfume varonil. Esas palabras solo podían significar que se sentía solo y, de algún modo, yo compensaba su soledad. No mentiré, el compensaba la mía en mucho. Con él me sentía protegido y acompañado y algo en mí deseaba que él se sintiera exactamente igual.

Bajé la mirada mientras él dejaba otro beso sonoro en mi cuello. Suspiré al sentir esa suave sensación de sus labios sobre mi piel. Era lo más relajante que podía haber sentido en esos momentos.

—Te contaré algo— tocó mi nariz con su dedo índice—: Ya sabes que soy egoísta y una de las razones por las que quiero que salgamos juntos es porque la gente nos verá y deseará tenerte. La mejor parte es que nadie podrá porque eres mío.

— ¿Eso es malo?

—Lo es y me encanta— Rió—. Disfrútalo, puedes presumir que me tienes a mí.

— ¿A quién? No tengo a nadie más que a usted.

—Tienes razón, ¿no es eso genial? Solo nos tenemos a nosotros— No pude evitar sonreír ampliamente—. Por cierto, si hablas con alguien que no sea yo, te torturaré hasta matarte, ¿entendido?

—Sí, entiendo— Borré mi sonrisa de inmediato.

—Me molestaría tener que hacerle daño a un muchacho tan dulce… otra vez.

—¿Eso es cierto?

— No, la verdad es que no. Me encanta que me tengas miedo. Es fácil lastimarte y eso me vuelve loco— Alzó mi muñeca y dejó un beso en ella—. Si supiera que hay dos como tú en el mundo, ya te habría hecho sufrir como a nadie.

— ¿Por qué?

Sus palabras comenzaban a dar miedo. A esto me refería cuando decía que este hombre era un absoluto misterio. Nunca sabes lo que saldrá de su boca. Era un completo personaje de horror cuando se le ocurría ser sincero.

— ¿Importa?—Bajé la mirada, sin poder evitar sentir incomodidad—. Deja de hacer eso o me veré obligado a follarte hasta que llores— Volví la mirada a él.

—Lo siento.

Su mirada se tornó seria de pronto. Me miró fijo, como si quisiera comerse mi alma de un solo bocado. Mi corazón se aceleró poderosamente e intenté alejarme, pero no pude ejecutar movimiento alguno antes de que él lo hiciera.

Se aferró a mi collar y me empujó contra la pared, sin importarle cuando pudo haberme dolido. Me devoró los labios con salvajismo y se aferró a mi cintura para luego frotarse sobre mi cuerpo de manera casi desesperada.

Continúa… 

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