«EL AMO» Fic Toll de Chris_twc

Capítulo 13

—Lamento la tardanza, pero tuve que arreglar unos asuntos en el camino— Me dedicó una mirada pícara y yo sonreí sintiendo mis mejillas arder—. Nada importante, una distracción. Llegaré en un momento. Nos encontramos en el mismo bar de siempre— Cortó la llamada y dejó el teléfono a un lado—. Que suerte que acabas rápido. Me hubiera perdido de un buen negocio, de lo contrario.

—¿Lo siento?— Rió levemente y yo lo acompañé.

—Ya sabes lo que debes hacer: evita los disturbios y no te alejes de mí, amenos que yo te lo pida.

—Sí, amo— terminé de maquillarme nuevamente y guardé los productos.

Mi amo y yo habíamos tenido un pequeño momento a solas en la parte trasera de su auto. Entre el sudor, la fuerza bruta y mi torpeza, mi maquillaje había quedado completamente estropeado. Por suerte llevaba conmigo siempre mis cosméticos y pude arreglarme nuevamente en el camino.

No sabía como es que sucedía, pero cada vez que se ponía violento acabábamos tirados en algún lugar. Siempre lograba hacerme desearlo y todavía no sabía qué es lo que tenía que tanto me llamaba la atención. Era un monstruo.

¿A quién podría gustarle un monstruo? Ala única persona que pueda comprender que no lo es del todo.

Al mirar por la ventanilla mi mente comenzó a maquinar que yo ya había estado en aquel lugar. Recordaba exactamente cada local, cada calle, cada casa y a cada persona que cruzaba por las veredas. Era mi barrio, mi antiguo barrio. Mi casa no estaba muy lejos de allí.

Millones de emociones comenzaron a impactar justo en mi pecho.

—Es aquí— Anunció mi amo—. Llegamos.

Mi amo hizo un pequeño giro y estacionó su auto. Desabroché mi cinturón y bajé al mismo tiempo que él.

Miré a mi al rededor sin poder creer que estuviera pisando ese lugar que tantos buenos y malos recuerdos me traía.

El bar en el que habíamos estacionado, de hecho, yo lo frecuentaba. Solía ir de vez en cuando para poder leer tranquilo.

Recuerdo que una vez traje a mi madre, una noche después de encontrar a mi padre alcoholizado en la acera. Recordaba sus manos temblorosas, sus palabras llenas de miedo y a mi pequeña hermanita jugando con las servilletas sin enterarse de lo que sucedía realmente.

Mi amo me abrazó la cintura y así entramos a lugar. Inmediatamente sentí miles de ojos sobre nosotros. Veía otra vez caras que conocía de toda mi vida. Por alguna extraña razón no me incomodaba ni tampoco me molestaba, ahora estaba con mi amo y me sentía protegido junto a él, a pesar de que debería sentir todo lo contrario.

Me guió hasta una mesa en donde ya había dos hombres.

Mi mandíbula casi se cae al ver el rostro de uno de ellos. Reconocí perfectamente al gordo incompetente que antes solía ser mi jefe. Él posó sus ojos en mí junto a una espeluznante sonrisa. Sin darme cuenta, intenté retroceder, pero mi amo no me lo permitió.

— ¿Qué pasa contigo?— Me susurró, empujando mi cintura.

—Thomas, ha pasado tanto tiempo— habló el otro hombre.

Los dos se levantaron y saludaron a mi amo con un abrazo. Me quedé paralizado ante la mirada de ese tipo que no se despegaba de mí. Mi amo se acercó a mí y me obligó a avanzar con un nuevo empujón en la cintura.

—Walter, King, les presento a Bill— Habló mi amo—. Es mi muchacho favorito.

—Es un verdadero placer conocerte, Bill— Saludó el otro hombre—. Soy King.

El mismo tomó mi mano con delicadeza y posó un suave beso en el dorso. El que solía ser mi jefe hizo lo mismo, en silencio y sin quitarme la mirada de encima.

—Ya teníamos el gusto de conocernos— Sentenció el gordo—. Tu muchacho solía ser empleado en mi restaurante.

— ¿En verdad?— Preguntó mi amo—. Este mundo es un lugar casi tan pequeño como él.

Por momentos sentí que a él le molestaba, incluso más que a mí, la presencia de ese tipo. Me tomó por la cintura y me alejó de ellos, como si pudiese ver que algo malo iba a pasarme. No voy a mentir, me sentí mucho mejor estando en sus brazos.

—Bien, a lo que vinimos— Habló Walter.

Mi amo no quiso soltarme. Él mismo me sentó en sus piernas. Los otros dos tipos repitieron su acción.

—Entonces, lo acordado eran quinientos mil. La calidad es muy buena y hemos ganado miles en un mes con ellas— Habló mi amo.

— ¿Por qué las dejarías ir?— Preguntó King.

—Estoy interesado en otro tipo de productos. Ya no me interesan.

—¿Edades?

—De dieciocho a veintiuno. Tienen identificaciones.

Fue muy poco lo que necesité oír para tener una mínima idea de lo que se referían. Nada de lo que pudiese ocurrírseme en ese momento era bueno.

Walter dejó un maletín negro sobre la mesa y mi amo lo abrió disimuladamente. Yo alcancé a ver una cantidad incontable de billetes. Nunca había visto tanto dinero en mi vida y, definitivamente, aquello no podía significar nada positivo.

—Si quieres contarlo, no hay problema.

—Confiaré en que no falta ni un solo euro. Ustedes saben las consecuencias ya que son mis principales compradores.

—Nunca te decepcionaríamos—Sentenció King, con una gran sonrisa—. Estamos ansiosos por ver la mercancía. Confiamos en tu producto y es por eso que te pagamos por adelantado.

—Créanme, mi producto sigue siendo de la mejor calidad.

Mi amo dejó el maletín a un lado y continuó charlando amistosamente con estos hombres.

Estuvieron varios minutos charlando amistosamente sobre cosas relacionadas de esa extraña transacción y mis oídos estuvieron atentos a cada palabra que oía. El hecho de que un grupo de reducido de personas se juntaran con una inmensa cantidad de dinero era sospechosamente malo. Esperaba por saber un poco más, pero estas personas eran demasiado reservadas al hablar. Tal vez yo era muy idiota para comprender de lo que hablaban o ellos sabían expresarse sin necesidad de decir sus secretos. El punto es que no llegaban a ser exactos.

Por un momento llegué a sentirme algo incómodo porque, a mi alrededor, había mucha gente que ya me conocía y la mayoría se quedaba mirándome como si nunca me hubieran visto en su vida. Los entendía, había desaparecido muchos meses de este lugar, habían asesinado a mi madre y a mi hermana y, seguramente, mi padre estaría buscándome desesperado para echarme la culpa. Eran motivos para que todos estuvieran pendientes de mi vida, pero el más importante era la persona por la cual ahora estaba acompañado. Seguramente estaban preguntándose qué hacía yo sentado en la falda de un hombre atractivo y millonario.

—Bien, muchachos, su mercancía se encuentra lista para ustedes. Podemos ir ahora— Habló mi amo, luego de leer un mensaje de texto.

—Dime que la preciosidad que tienes a tu lado está en venta. Con gusto te ofrecería unos veinte mil por él, ahora y en efectivo—habló quién solía ser mi jefe.

—Nada de eso. Mi pequeño no está en venta y lo que ofreces es muy poco— Habló mi amo entre risas para luego dejar un beso en mi mejilla—. No hay excepciones. No estará en venta para nadie.

— ¿Ya ha sido vendido?— Preguntó King, esta vez.

—Solo una vez y me lo devolvieron en un estado deplorable, así que no creo que vaya a venderlo otra vez.

— ¿Quién ha sido el afortunado?

—Downey— Acarició un mechón de cabello para alejarlo de mi rostro—. Además, él no quiere ser vendido, tiene miedo de que vuelvan a hacerle daño ¿No es verdad, mi pequeño?— Asentí suavemente.

—Eso no se oye todos los días. Tienes un amo que se preocupa por ti, Bill. Si yo fuera tú estaría muy orgulloso.

—Lo está— dijo mi amo antes de que yo pudiera abrir la boca para decir lo mismo.

—No quiero sonar ansioso, pero quisiera ver la mercancía lo antes posible— Interrumpió Walter esta vez.

— ¿Qué esperamos entonces?

Los tres nos levantamos y, luego de que mi amo tomar aquel maletín, caminamos nuevamente hasta el auto. Ambos subimos callados, pero yo quería saber de qué se trataba aquella transacción.

Aunque mi curiosidad fuera inmensa, no pregunté absolutamente nada en todo el camino. Me moría de ganas porque saliera algo de sus labios sin necesidad de que yo preguntara. Quería que me dijera a dónde nos dirigíamos, que me dijera qué íbamos a hacer por lo menos. Pero nada. Él se mantuvo en silencio en todo momento. Por detrás, nos seguían en otro auto los dos hombres con los que mi amo había hablado minutos atrás.

No admitía que estaba asustado porque, en realidad, estaba aterrado. No sabía a dónde iba y algo no olía bien. Creía haber visto un lado bueno de mi amo, no quisiera que las cosas terminaran siendo completamente diferentes a como yo las creo ahora. Me decepcionaría saber que la persona que me abraza y me dice esas cosas tan hermosas fuera un demente enfermo. No quiero enterarme lo que pasará una vez que lleguemos a ese lugar, pero mientras más rápido nos vayamos de aquí más tranquilo estaré.

Los minutos pasaban volando y el auto fue deteniéndose en una gran mansión. Esa gran casa que todo el barrio admiró desde siempre por su inmensa belleza. Recordaba que estaba allí hace años y, de niño, solía mirarla como si se tratara de un palacio irreal.

¿Quién diría que mi amo fuera a estar relacionado con algo en este asqueroso barrio?

—Guarda silencio una vez dentro— Habló de pronto—. No voy a defenderte si alguien decide hacerte daño aquí. Quédate a mi lado en todo momento.

—Sí, amo.

¿Por qué? ¿Quienes estarán allí? ¿Qué es ese lugar? ¿Es peligroso? Todo eso se reducía en un simple «sí, amo», como siempre. Él se me acercó lentamente y dejó un beso en mi frente, un beso tierno que estuve encantado de recibir.

Él bajó del auto y yo me desabroché el cinturón de seguridad. Él volvió a tener el gesto amable de abrir la puerta por mí y bajé. Me abrazó la cintura al ponerle la alarma a su auto. Al parecer su «Quédate a mi lado en todo momento» había sido muy literal.

Con su mano rodeando mi cintura, entramos en la casa cuando el portón negro se abrió. Sentía los pasos de esos dos hombres detrás de nosotros. Los había visto bajar después de que mi amo me abrió la puerta. Yo no confiaba en ellos, ni en ese lugar y en esas circunstancias yo no confiaba en nadie. Con suerte, confiaba en la persona que tenía al lado.

Dos personas vestidas de negro y con gafas de sol nos abrieron las puertas del lugar para entrar. Podía jurar que las manos me temblaban y solo se me ocurrió abrazarme a él tan fuerte como pude.

Al levantar la mirada una vez dentro, me quedé mudo. El lugar era precioso, pero mi mirada quedó perdida en otras cosas. Había mujeres, muchas mujeres, incontables y todas estaban desnudas. Tan desnudas como yo lo estaba en casa de mi amo cuando me obligaba a limpiar.

—Bienvenido a mi paraíso, pequeño— Me habló mi amo al oído— Recuerda no alejarte de mí en ningún momento— Me pegué un poco más a su cuerpo.

Bajé la mirada y así lo seguí el resto del camino. No me atrevía a volver a levantar la mirada. Había muchas mujeres y, no es que me incomodara mirarlas pero prefería no hacerlo. A mí no me gusta que me miren, supuse que a ellas tampoco.

Definitivamente estaba temblando como nunca en mi vida. No sabía si sentía miedo o solo estaba un poco nervioso, pero no me separé del abrazo de mi amo en ningún momento. Rogaba que no me soltara jamás o moriría allí mismo.

Solo levanté la mirada cuando sentí que él me acariciaba la mejilla. Sus ojos se pegaban a los míos y me sonrió. Era una verdadera lástima que yo no pudiera corresponderle de la misma manera.

— ¡Thomas, querido!— Habló una mujer bastante mayor.

Otra cosa que no pude creer era la persona que se encontraba entre todo aquello. Se trataba de Selva Richter, una famosísima artista plástica que había nacido en esta ciudad. Nunca me hubiese imaginado que alguien así tendría algo que ver con toda esta mierda.

—Selva. He extrañado tu presencia.

Él se separó de mí para brindar un cálido abrazo a esta mujer.

Mientras ellos se saludaban, yo observé un poco más mi entorno. Parecía una especie de lujosa mansión, pero había muchas mujeres. Estiré mi cuello para mirar el patio trasero a través de una puerta de vidrio corrediza. Había una piscina y varias chicas estaban allí, nadando o disfrutando del sol. Yo trataba de no observar más de la cuenta, preferí bajar la mirada nuevamente.

—¿Y esta preciosidad? ¿Es nueva mercancía?

La mujer se me acercó y con sus largas uñas me acarició suavemente el rostro.

—No, nada de eso. Pequeño, ella es mi socia. Su nombre es Selva.

La mujer me extendió su mano y yo la tomé. Él me dio un leve empujón, dándome a entender que debía posar un beso allí y así lo hice.

—Es precioso— Sentenció la mujer—. Conoces tanto mi debilidad.

—Estamos a mano. Tú conoces las mías— Ambos rieron.

—Es un gusto conocerte, pequeño, no sabía que el amo podría tener un favorito.

—Él es especial— Besó mi mejilla.

—Hablando de cosas especiales: tengo a las muchachas listas si quieres pasar a verlas.

—Por supuesto.

Nada de esto me tranquilizaba. Lo peor era que no podía pensar en otra cosa que no sea que mi amo era un maldito proxeneta. Quisiera tener la mínima esperanza de equivocarme, pero no la había.

—Uno de nuestros colegas me acaba de llamar. Tenemos una nueva y no está nada mal, pero no la incluímos en la lista, pues llevará tiempo domesticarla— hablaba la mujer mientras subíamos las escaleras.

—Hiciste bien. No quiero vender mercancía en mal estado. Detesto a las muchachas que no cooperan— Apretó mi cintura al mencionar aquellas palabras y luego me miró—. No tolero la desobediencia.

—Nadie lo tolera, Thomas. Es por eso que tomé a las veinte mejores de la lista. Tus socios estarán encantados.

Subimos al segundo piso, donde la mujer sacó una llave de su cuello para abrir una puerta color café.

—La lista no lucía nada mal. No creo que vayan a arrepentirse.

—Adelante.

Al fin ella nos dio el paso para entrar a aquella sala. Era una preciosa habitación de color rojo, llena de sedas de color rosa, lámparas finas, espejos, maquillajes y vestuarios. Era una preciosidad, pero había aún más chicas, una vestida de manera más provocativa que la anterior. La mayoría estaban sentadas con los ojos bien abiertos, ni siquiera se inmutaron de que nosotros habíamos entrado.

—Muchachas, en fila.

Ante la voz de Selva, las chicas se pararon en fila frente a nosotros. La mujer volvió a cerrar la puerta y mi amo me soltó para pasearse frente a las muchachas, observándolas detenidamente una por una.

—No voy a mentirles— Les habló—. No estoy feliz de venderlas. Ustedes han sido mi mejor mercancía por largos meses, pero ya no puedo hacer nada más por ustedes.

Ellas se miraban entre sí con seriedad y miedo. Ninguna parecía dispuesta a hablarle o enfrentarlo. Él hablaba de ella como si fueran un objeto inservible y ninguna decía nada al respecto. Aquello era aterrador.

—Sus días en este lugar estaban contados, Esto tenía que pasar en algún momento— Se detuvo frente a una en particular, una muchacha de baja estatura y cabellos negros—. Tú siempre fuiste mi favorita, Erika— Mencionó antes de acariciar el rostro de la chica.

—Erika llegó con quince años. Era su favorita— Me susurró Selva al oído—. Es tan extraño que quiera venderla.

—Solo quiero decirles algo— Prosiguió él—: durante todo este tiempo me encargué de que estuviera felices y cómodas. He sido como un padre o un esposo para muchas de ustedes, así que es hora de que ustedes hagan su parte. Las llevarán a otro lugar, tal vez sea mejor que este o, ¿quién sabe? Tal vez sea peor, pero el punto es que yo fui quien las mantuvo vivas todo este tiempo, así que quiero que se comporten como corresponde. Si una de ustedes hace algo que no debe, ya no será de mi incumbencia y las van a lastimar.

—Que horror— Susurré para mí mismo, asqueado por completo.

—Créeme, se siente maravilloso tener al mundo en tus manos— La mujer acarició mis cabellos a lo cual reaccioné alejándome.

— ¡Selva, ven aquí!— Mi amo se giró al oír un grito que provenía de afuera— ¡Necesitamos ayuda!

Mi amo y la mujer salieron de la habitación rápidamente. Dudé en seguirlos, pues sabía que lo lamentaría. Ahora me encontraba aterrado, temiendo girarme e incomodar a alguna de aquellas muchachas que solo me miraban.

— ¡Niño, debes largarte de aquí!—Habló una de ellas— ¡Van a venderte! ¡Debes irte!

—Y-yo n-no puedo. Él me mataría— Titubeé, conteniendo mis ganas de llorar.

— ¿Qué te hace pensar que ahora no quiere hacerlo ahora? En cuanto se aburre de ti, terminas aquí o muerto. Lo sabemos, lo hemos vivido.

—No puedo hacerlo— Me giré para verlas—. No sé cómo.

—Solo sal de aquí, nosotras no diremos nada— Habló otra muchacha.

— ¡Debes irte!— Mencionó otra.

Temblé. Me llevé la mano al pecho sin saber qué hacer. Ni siquiera supe cómo fue que logré respirar nuevamente. Los ojos se me llenaron de lágrimas y sin poder evitarlo se me revolvió el estómago del asco.

—Nunca sabrás de lo que es capaz, es impredecible y por eso debes irte— Habló otra.

Fuimos alejadas de todas las personas que queríamos, él nos arrebató todo. No dejes que te pase eso a ti también.

— ¡Vete, huye!

Sin pensarlo dos veces, empujé la puerta y salí. Una fuerte adrenalina me recorrió el cuerpo en el momento en que crucé hacia el pasillo.

Comencé a caminar a paso lento, intentando no levantar sospecha alguna. Me moría de ganas por correr, pero aquellas muchachas me pasaban por al lado y algo me decía que captaban todos mis movimientos. Quise escapar sin necesidad de disturbios, pero no tardé mucho hasta encontrarme con una cara conocida. Era simplemente aquel gordo inútil, Walter, uno de los colegas de mi amo.

—¿A dónde crees que vas, Kaulitz?— Preguntó, interrumpiendo mi paso— No puedes salir sin autorización.

—Tengo permiso de mi amo— mentí.

— ¿De qué tengo cara? Eso es una gran mentira, primor— Se me acercó peligrosamente y me vi obligado a retroceder.

— ¿Qué importa?

—No has cambiado nada, Kaulitz— Me miró de pies a cabeza— ¿Quién lo diría que pasarías de ser un asesino a ser el protegido de un millonario?

— ¿De qué estás hablando?

—Vamos… vi las noticias en el periódico. Las mataste y luego huiste como una maldita rata.

Eso no es cierto.

—Pero todos creen que sí. Si tan solo hubieras aceptado mi propuesta, yo hubiera pagado bien para que nadie esté dudando de tu inocencia ahora— Me quedé petrificado, a lo que él posó su mano en mi rostro—. No me importa que seas un asesino.

—Yo no soy un asesino— Lo alejé de mí con un golpe— ¡Mi padre lo hizo!

— ¡Tu padre no puede ni siquiera deletrear su propio nombre! ¡Las mataste y las abandonaste!

— ¡No!

— ¡Han muerto por tú culpa!

— ¡Cállate!

— ¡Si tan solo te hubieras entregado a mí, la historia sería otra!— Se aferró a mis hombros de pronto.

— ¡No me toques!

Se rió y yo intenté empujarlo, pero él me tomó de las muñecas en mi torpe intento por quitarlo de mi camino

— ¿¡Qué vas a hacer, eh!?— me sacudió con violencia— ¿¡Qué pretendes!?— de un ligero movimiento, sus brazos quedaron en frente de mi cuerpo, aprisionándome.

El tipo apretó con fuerza hasta provocarme un horrible dolor. Me llevó hasta la pared más cercana para dar vuelta mi cuerpo y acorralarme allí hasta dejarme inmóvil.

¡No! ¡Suéltame!— Grité, al borde del llanto.

—¿Te ibas a escapar, sabandija?— me habló al oído— ¿Qué haría tu amo si se entera de esto? Tal vez se decepcione y acceda a dejarme pasar un rato contigo. Siempre me resultaste un niño precioso. Pagaría mucho por ti.

Su torso estaba pegado a mi espalda y me desesperaba. Al final, no me quedó más opción que gritar y patear en cualquier dirección de manera histérica.

—¡Suéltame!— me escandalicé— ¡Suéltame, hijo de puta!—comencé a patear al aire— ¡Suéltame!

—Tu amo sabrá que quisiste irte y no dudará en darte un buen castigo y ¿sabes qué? Me ofreceré a ser quien te de ese castigo.

—¡No! ¡Suéltame!— mis gritos llamaron la atención de todas las personas allí, pero nadie se atrevía a ayudarme.

—Tienes tanta suerte de ser de su propiedad.

Con aquellas palabras como las últimas, comenzó a avanzar, llevándome a rastras por toda la casa hasta aquel patio que estaba detrás de las puertas de vidrio.

Al llegar al patio, supuse que todo había terminado porque volvía al punto de inicio. Mi amo estaba allí, con una nueva víctima en sus brazos. Una joven muchacha inconsciente a la cual dejó en el suelo con delicadeza.

— ¡Thomas!— Cuando mi amo se giró a verme, casi se me detuvo el corazón—. Encontré a esta preciosura queriendo escapar— un empujón y caí al suelo, boca abajo.

La humillación me consumió. Todos me miraban y mi amo se acercaba muy lentamente a mí. A cada paso que él daba mi corazón latía mil veces más rápido. Fui incapaz de mover ni un dedo ante su presencia.

—¿Es verdad eso, mi pequeño?— Preguntó.

Prácticamente me arrastré ante él y abracé sus piernas. Levanté la mirada y moví mi cabeza negativamente. Rogué porque me creyera. Él miró al gordo incompetente.

—No, amo, lo juro— Le mentí.

—Él dice que es mentira.

— ¿Le va a creer?— Preguntó Walter.

—Es mi pequeño— me tomó de los antebrazos y me puso de pie—, debo creerle— me abrazó apretándome contra su pecho—. Él sabe que no debe mentirme, ¿no es así, pequeño?— asentí lentamente— Él sabe lo que le pasa a los mentirosos— su mano comenzó a acariciar mis cabellos lentamente, esta vez sentía temor ante sus palabras. Podía sentir la ironía tras cada una de ellas pronunciada— y también sabe las consecuencias de intentar escapar.

—Me parece bien— Walter comprendió mejor que yo que me encontraba en problemas.

—Lo arreglaré con él a solas. Selva, cariño, lleva a Walter a conocer a las muchachas.

—Claro que sí— Habló ella.

La mujer tomó de la mano al socio de mi amo y ambos se retiraron, ambos dedicándome una mirada que no me tranquilizó en lo absoluto.

—Ven aquí— su mano se pegó a mi nuca de repente y me obligó a avanzar.

Comenzó a caminar hasta introducirse en la casa. Me llevaba clavando sus dedos sobre mi nuca, provocándome un leve dolor que molestaba. Las personas aún seguían mirándome mientras caminaba. Él abrió una puerta y me metió allí de un empujón.

— ¡No he hecho nada! ¡Lo juro!— Me defendí en seguida.

—¡Cierra la boca!— el estruendoso ruido que hizo al cerrar la puerta casi hace que el alma se me vaya del cuerpo— ¡Tienes que seguir mintiendo!

—¡Ustedes un monstruo!

—¡Me importa una mierda!— Se acercó peligrosamente y yo retrocedí.

—¡A mí sí me importa!— los ojos se me llenaron de lágrimas.

— ¡Tú eres mío! ¡No debería importarte! ¡No eres parte de esto!

— ¡Lo que usted hace está mal! ¡Esas muchachas son usadas! ¡Usted es un monstruo, usted merece vivir lo que ellas viven!

Sé que cometí un error por enfrentarlo, pero jamás me imaginé que iba a darme un puñetazo como el que me dio en ese momento. Casi había olvidado lo fuertes que eran sus golpes. Su puño impactó en mi estómago y me encogí. Inmediatamente jaló mis cabellos hasta hacerme alzar la cabeza.

— ¿Estás poniendo a prueba mi paciencia? Sabes que no tengo mucha y si quiero matarte, lo haré ahora mismo, pero primero, dejaré que esos hombres te violen y te lastimen como nadie nunca lo ha hecho.

—Monstruo— Susurré con un hilo de voz.

—Esas mujeres que están trabajando para mí, tienen todos los privilegios y les concedo cosas que nadie nunca en su vida les va a conceder. No soy un monstruo por eso y si lo fuera me daría igual.

—Las alejó de sus seres queridos y les hizo daño.

—Tú eres como una de ellas— Me tomó del cuello y me obligó a pegar mi espalda a la pared— . Te dejo vivir en mi casa, te dejo dormir en mi cama, te doy de comer y otras cosas más, ¿no es cierto?

—No.

—Tú eres mi puta personal. Eso eres— Su mano rozó mi mejilla—. Por eso, no me obligues a hacerte daño— Bajé la mirada—, seamos razonables—. Si huyes, haré que te encuentren y haré tu vida miserable, más miserable de lo que ahora lo es. Soy capaz de hacer cosas mucho peores que esto y no querrás terminar como las personas que huyeron de mí, ¿verdad?— Tragué saliva moviendo mi cabeza negativamente.

Él me soltó de pronto, cuando el sonido de su celular llamó su total atención. Me quedé con el corazón en la boca del miedo, pero más miedo me dio ver su cara seria y pálida al atender la llamada.

Mi miedo desapareció para ser reemplazado por una completa preocupación, pues él parecía aún más aterrado que yo.

— ¿En dónde está?— Preguntó casi con voz temblorosa— ¡Voy enseguida!— Me tomó del brazo y me llevó hasta salir de allí— ¡Debemos irnos!

Su desesperación daban señales de que nada bueno había pasado, pero no me atreví a preguntar nada. Verlo asustado era algo que nunca me esperaba. Si algo podía asustarlo a él, eso mismo podría matarme a mí.

Continúa… 

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