
«EL AMO» Fic Toll de Chris_twc
Capítulo 15
Quise distraerme con cualquier cosa, pero por más que lo intentara, no podía sacar de mi cabeza el saber que ella no estaba entre nosotros. No entendía cómo es que pudieron hacerle daño a un ser tan lleno de amor y maravillas. Una mujer que no tenía maldad alguna, una segunda madre para él y para mí. Parecía increíble saber que ya no podría abrazarla nunca más.
Ahora, me encontraba limpiando una y otra vez el mismo jarrón sobre el hogar mientras miraba a la nada misma.
Mientras tanto, Kate estaba sentada en el sofá, observándome. Ella no podía hacer esfuerzos porque tenía un brazo enyesado, así que gastaba todo el tiempo libre que tenía en intentar molestarme. Ahora, más que nunca, me culpaba por lo que le habían hecho a ella y a Agatha.
—No tienes la mejor de las caras hoy— Me habló luego de un largo silencio— ¿Es por Agatha?
—A ti no te importaba Agatha— Respondí sin siquiera mirarla.
— ¿Crees que no intenté defenderla cuando esos imbéciles la golpearon? ¿Por qué crees que estoy así?
—No quiero hablar contigo.
—A ti no parece importarte que ella se haya ido. Anoche, entre las sábanas de tu amo, ni siquiera recordabas quién era Agatha.
—Cierra tu maldita boca.
—Deberías sentir vergüenza por lo que haces. Él es despreciable.
—No.
—¿Acaso te tomas la molestia de mirarte a un espejo luego de haberte acostado con él? ¿No sientes ni un poco de remordimiento por haber hecho lo que hiciste?
—Kate, en serio…
—Te está usando y no quieres darte cuenta de eso— Me interrumpió.
— ¡Es mi puto problema!— Hablé, alterado.
—Tu puto problema es que te dejas usar por él y es culpa de los dos lo que pasó con Agatha.
—¡Cierra la boca!— Grité.
Sin querer, dejé caer el jarrón que tenía en mis manos. Intenté calmarme con un largo suspiro. Bajé la mirada y me apoyé en la pared. El dolor de cabeza volvía a presentarse como cortas pero intensas puñaladas en mi sien.
—Solo intento ayudarte. Ya lo he vivido y dejarás de importarle en cuanto tu cuerpo se convierta en algo inútil a causa de las cicatrices.
—Déjame en paz— Susurré.
Me di la vuelta y me encaminé hacia la cocina para buscar algo con qué limpiar los vidrios rotos en el suelo. Ella guardó silencio, pareció comprender que yo en serio lo necesitaba y, aunque mínimamente, se lo agradecí por mis adentros.
Lo primero que pude oír al acercarme a la puerta fueron los escandalosos gritos de mi amo, mientras sostenía su teléfono en una mano y un cigarrillo a medio fumar en la otra. No me atreví a entrar, solo me quedé observándolo.
—¿¡Quién mierda te crees que eres!?— Hablaba a los gritos— ¿¡Acaso sabes con quién estás hablando!? ¡Soy el mismo que con apretar un maldito botón puede llegar a matarte y puedo hacerlo ahora mismo contigo y con lo que queda de tu familia!
Cortó la llamada y tiró el teléfono contra la pared. Este se rompió en mil pedazos, pero más destrozado quedó mi corazón al verlo tan fatigado. Dio una fuerte patada a la pared y suspiró, tal vez intentando calmar ese espantoso humor que tenía el día de hoy.
Estuvo toda la mañana haciendo llamadas a los gritos, insultando a cualquier pobre diablo que decidiera hacer sonar su teléfono.
A mí me tocaba ser su objeto antiestrés. Generalmente, solo me tomaba sobre su cama y me daba unos cuantos golpes para luego salir de la casa a respirar aire fresco, dejándome tirado sobre las sábanas, llorando y dolorido.
Anoche, no le bastó solo con follarme y golpearme hasta el cansancio, anoche fue una de esas veces en las que deseé tenerlo lo más lejos posible. Fue una de esas veces que quisiera olvidar cada vez que él es una persona tierna. Se convertía en una bestia sin escrúpulos y me tapaba la boca en cuanto intentaba advertirle que mi cuerpo no podría soportar tanto dolor.
Yo no podía hacer nada al respecto y tampoco quise lidiar con un amo mucho más furioso del que ya tenía, por eso fue que decidí dejar que él me hiciera cuanta bestialidad quisiera, aunque sí intenté rogarle inútilmente que se detuviera.
Dejé que me sometiera a sus caprichos por más bajos que fueran. Dejé que me golpeara, que me jalara el cabello, que me escupiera y me insultara de las maneras más horribles.
A veces pensaba en cómo sería mi vida sin aquellos momentos de sofocante adrenalina que dolían e incluso a veces me hacían sentir vivo. Sufrir de esta manera podría haberle partido el alma a cualquiera, sin embargo a mí me resultaba placentero en un sentido sexual, al momento de experimentar sobre una cama y junto a él. Una vez que el placer se desvanece, regresa la agonía y el saber que nunca resultaste más que un objeto, un juguete o un simple niño ingenuo que no ha comprendido lo horrible que puede ser el ser humano a veces.
Decidí adentrarme a la cocina, sin decir ni una sola palabra, temiendo molestarlo.
Mi amo ni siquiera me dedicó una mirada y eso era extraño en él, pero no me molestó en lo absoluto.
Al terminar el cigarrillo que tenía entre sus dedos, lo apagó e inmediatamente encendió otro.
Me preocupaba su salud. Sabía que nada de esto le iba a hacer bien y el encender un cigarrillo tras otro solo empeoraría las cosas. Cuando él se encontraba nervioso siempre fumaba, fumaba demasiado y, aún sin saber siquiera su edad, pienso que es peligroso para él. Solo desearía poder hacerle entender que todo iba a estar bien. Ojalá fuese tan fácil convencerlo, siendo él tan pesimista.
Abrí el armario y saqué los artículos de limpieza que necesitaba para seguir trabajando como me correspondía. Mientras sacaba algunas cosas oí el ruido de su silla arrastrarse en el suelo.
Se había levantado y yo comencé a temblar como una hoja al oír sus pasos cerca de mí, golpeando fuerte sobre el suelo como si intentara derribarme con cada pisotón.
Me di la vuelta y su mano se aferró fuertemente a mi mandíbula. Mi espalda golpeó con intensidad contra las puertas del armario. No supe si arrepentirme o no por haber entrado en un momento tan crítico para él. Solo supe que sus intenciones eran malas.
Nos miramos un momento. Su mirada solo daba a entender que se encontraba agotado. Podía ver cuán cansado y enojado estaba y sabía que era conmigo con quien se descargaba cada vez que estaba en ese estado. A penas pude contener una respiración normal ante su simple presencia, pues ahora me encontré aterrado.
Nuestra mirada no duró mucho tiempo ya que, con un rápido movimiento, me dio la vuelta y mi rostro quedó pegado contra el mueble de madera, sin mencionar que los artículos que tenía en mis manos desaparecieron a causa del temblor que se propagó por todo mi cuerpo.
A él no le fue muy difícil llevar a cabo la acción que seguía, tan solo desabrochó su pantalón y me penetró sin ningún cuidado, como si no le importara que yo fuera una persona que sentía dolor. Claro que no, eso no era un impedimento para él.
También, gracias a mi «uniforme de trabajo», a él le era sencillo tomarme en cada momento que quisiera. Tan solo un tonto par de medias de red, nada más que eso. El resto de mi piel estaba a su merced, para que hiciera conmigo lo que le venga en gana y eso era humillante.
Comenzó a moverse, abrazando mi cintura. Rápidamente me exalté y me aferré a la madera del armario con mis uñas, intentando contener aquel dolor punzante. Sí, dolía y yo no tenía más opción que aguantarlo.
Siempre la misma puta historia, por suerte cada vez dolía menos. Me jaló el cabello una vez más y con una fuerte embestida de las suyas, me estampó completamente contra el armario, sacudiéndolo con fuerza. Oía algunos artículos de limpieza caer o desacomodarse cada vez que él me proporcionaba una fuerte sacudida.
—Tú sí me importas y no vas a abandonarme— Murmuró en un suave jadeo cerca de mi oído—. A ti no te van a lastimar.
Logró hacerme sentir un niño bobo una vez más y yo aún no podía darme cuenta de cómo es que eso sucedía si estaba en un momento como este.
—N-no me iré. Lo prometo— Respondí, intentando tranquilizarlo.
Repentinamente, mi cuerpo quedó boca arriba y mi espalda dio contra el mueble de madera.
Me quedé un momento observando sus ojos. Sus ojos repletos de tristeza y dolor. Sus ojos podían decir mucho más de lo que las personas veían y yo estaba viendo a un ser destruido, un ser que se sentía completamente solo y tuve necesidad de apoyarlo.
—Claro que no te irás a ningún lado. Tú me adoras y no me dejarás jamás, niño tonto.
Tomó mi rostro con ambas manos y plasmó un beso en mis labios. Un beso que no pasó a más allá que un simple momento tierno. Luego, abrazó mi cintura y me llevó hasta la mesa, allí me aprisionó contra el borde de esta, dejándome sin escapatoria, y no es que hubiese deseado escapar de él en ese momento.
—Sé que estás aterrado, pero no tienes que estarlo. Sabes que no te haré daño.
—Lo siento—Susurré.
Su expresión cambiaba rápido y se notaba. De tener un tono de voz comprensivo y hasta adorable, se convertía en una persona seria y llena de odio. Esas actitudes suyas sólo significaban que haría algo al respecto. Siempre se encargaba de despertar todos y cada uno de mis temores, esa era su forma de escapar de los suyos, si es que los tenía.
— ¿Aún me tienes miedo?
—Tal vez.
—¿Tal vez?
—Sí, eso creo.
— ¿Por qué sigues mintiendo?
—No estoy mintiendo, amo. Es que…
— ¿Me tienes miedo o no?— Me interrumpió con un tono de voz fuerte y autoritario.
—Es que no lo sé.
Tomó mi mentón fuertemente y rodeó mi cintura con su brazo contrario para alzarme y sentarme sobre la mesa.
—Lo descubriremos, pequeño.
Ya podía ver lo que se venía. Me haría rogarle como un perro, me golpearía y volvería a escupirme como la noche anterior. De él no se podía esperar mucho más que eso.
Su mirada se tornó siniestra, como si ese ser maligno que solo buscaba destruirme, apareciera con la intención de derrumbarme tanto por dentro como por fuera.
Lo más interesante era que cada vez que él me decía cosas hermosas, me fortalecía y toda la mierda que me hizo pasar quedaba en el olvido. No entendía por qué solo eso pasaba con él, pero pasaba.
Ante mis ojos, encendió un cigarrillo para luego fumarlo y dejar posar el molesto humo sobre mi rostro, provocándome una leve tos. Luego, lo alejó de sus labios, lo tomó entre sus dedos y lo paseó ante mi atenta mirada
—¿Quieres?— Moví mi cabeza negativamente— No te haré daño si lo fumas. Debes confiar en mí.
Mi cuerpo jamás había estado tan tembloroso y su mueca siniestra no ayudaba en mucho.
¿Confiar en que él? ¿Desde cuando uno de esos juegos siniestros evitaban que él me hiciera daño?
Tomé el cigarrillo entre mis dedos e intenté fumarlo, pero inmediatamente tosí. Mis manos estaban terriblemente temblorosas y él se percató de ello en seguida del esfuerzo inhumano que estaba haciendo por terminarlo. Tuve miedo y aquello pareció molestarle.
Tomó mi nuca fuertemente y posó su mirada en mis ojos y, como si pudiese sentir ahora todo el dolor que él me haría sentir, comencé a llorar.
—¿No sabes hacer otra cosa que no sea llorar?— Preguntó, enojado.
— ¡Perdón!
— ¿Perdón? Abre la mano— Con todo el miedo del mundo recorriéndome el cuerpo, obedecí—. Deja de llorar, no he hecho nada aún. Eres una niña llorona, con razón tu padre quería deshacerse de ti.
¡Joder, eso había golpeado realmente duro dentro de mí!
Me quedé en silencio un momento y suspiré. Sabía cómo atacar mis sentimientos.
—En serio lo siento.
—Tienes suerte de tener esa carita de puta buena, de lo contrario ya te hubiera echado a la calle de una patada— Dio una última calada a su cigarrillo y echó el humo en mi rostro nuevamente— ¿Qué sería de ti sin ese lindo culo que tienes? Estarías muerto en una asquerosa zanja, inyectándote la primer mierda que tus ojos vean.
Luego de aquellas memorables palabras, apagó el cigarrillo en mi mano, quemándome como el infierno. Retiré la mano ante aquella quemadura, pero supe de inmediato que fue una mala idea, así que volví a ponerla donde estaba. No quise alzar la mirada y ver su expresión.
— ¿Cómo pretendes cuidarte ante el mundo si ni siquiera aguantas una simple quemadura? —Limpié una lágrima que rodó por mi mejilla con mi mano libre—. No puedo creer lo patético que eres ¿Qué mierda hago protegiendo a un ser tan inútil?
—Lo siento— Susurré entre sollozos.
— ¿Sientes qué? ¿El ser patético? Tal vez tu madre pidió a tu padre que la asesinara para no tener que lidiar contigo.
Coloqué una mano en mi pecho ante aquellas palabras. Intenté convencerme de que solo las decía para fastidiarme, aunque en serio dolieran.
—No, no fue así. No haga esto— Le pedí.
—¿Que no te haga qué? Estoy diciéndote cómo es la realidad. Mira como habrás sido de idiota que tu hermanita también decidió irse al otro mundo para no soportar eso. Ahora que lo pienso bien, ella era muy pequeña, pero al tener tu edad la habría recibido a gusto en mi casa. Podría haberme divertido más con ella que con el inútil de su hermano.
—¡Cállese!— Le di un empujón que solo lo hizo retroceder dos pasos— ¡Debería ser usted quien esté muerto ahora y no Agatha! ¡Usted es una mierda!
Por un momento me enorgullecí por mis palabras, pero por otro lado, supe inmediatamente que había cometido un grave error. El peor error que podría haber cometido hasta el día de hoy. No solo le levanté la voz, lo insulté y eso tendría graves consecuencias.
— ¿Crees que este es un momento para ser un héroe?— Sentenció con una sádica sonrisa.
Me bajé de la mesa tan rápido como pude e intenté correr, pero él fue mucho más rápido y logró jalarme el cabello, impidiéndome escapar de la cocina.
— ¡No! ¡Auxilio!— un simple jalón bastó para tirarme al suelo boca arriba— ¡Amo, por favor, se lo ruego!— Su pie quedó sobre mi pecho, dejándome inmóvil.
—Si no me sirvieras para nada ya habría pisado tu asquerosa cabeza— Sonrió maliciosamente y alejó su pie—. Considérate una persona con suerte— Me entregó su mano y yo la tomé—. Arriba, solo estaba jugando contigo.
Me levanté del suelo y él se acercó a mi oído luego de dejar un beso en mi mejilla.
—Me encargaré de retirar esas lindas palabras de tu boca luego. Si yo fuera tú, cuidaría un poco más lo que digo, pequeño— Posó su mano en mi nuca y me dio un empujón que me hizo avanzar unos cuantos pasos rápidamente—. Anda, vete a arreglarte. Tenemos que ir a un funeral.
Sin pensarlo dos veces, obedecí y me alejé de la cocina. Observé mi mano mientras caminaba, tan solo había una pequeña marca rojiza que ardía como el demonio. Intenté no dar vuelta la mirada en ningún momento, ya que volvería a encontrarme con Kate y yo no quería eso ahora, solo quería subir a mi habitación y llorar. No llorar por la manera en la que él me trató, sino por el hecho de que mis sentimientos habían sido pateados cruelmente.
Comprendía que él no estaba pasando por el mejor de los momentos, sé que había perdido a Agatha y ahora se sentía vacío, pero aquello no justificaba que me hiciera esto.
Él debe pensar que ya no tiene nada por lo que luchar, nada para sostenerse si estuviese a punto de caer. Ella había dejado un vacío muy difícil de llenar, lo sé, y yo nunca podría hacer eso.
Me adentré en la habitación y procedí ducharme rápidamente para luego elegir las prendas que utilizaría. Usé las primeras telas negras que se cruzaron en mi camino. Esta vez no me esmeré por lucir perfecto, supuse que eso no sería para nada necesario.
En momentos como este, simplemente quería echarme a llorar sobre la cama, en soledad o acompañado de la única persona que me quedaba en el mundo. Esa persona que, seguramente, estaba tan nervioso y triste como yo.
Era una mierda hacerlo enojar. Volvía a tratarme como un maldito trapo de piso y eso me estaba matando. Agatha me mantenía con ánimos, ahora solo tenía un amo nervioso y a la maldita rata de Kate, buscando oportunidad de molestarme constantemente. Ahora en verdad estaba solo, tendría que romperme literalmente el culo para sobrevivir.
Continúa…
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