«EL AMO» Fic Toll de Chris_twc
Capítulo 19
Siete de la mañana. Estaba muriéndome de frío, pero el frío no era más grande que el miedo que me recorría el cuerpo, prácticamente haciéndome temblar. Downey había cumplido con lo que prometió y ahora me encontraba de camino a la casa de mi amo, dispuesto a enfrentar lo que había hecho, a decirle lo que debía y a aceptar lo que me tocaba, como debió ser desde un principio.
Al parecer no era el único que estuvo asustado esta mañana. Luego de haber pasado esa noche junto a alguien con quien no quería, tenía que enfrentar la realidad de saber que llegué a caer tan bajo por alguien a quien, tal vez, no le importe en lo absoluto. Sí, yo estaba aterrado, pero este tipo tuvo tanto miedo a que mi amo saliera de la mansión y lo matara, que prefirió dejarme unas tres cuadras lejos de la misma, para que regresara solo. Hasta ahí llegó su valor o la poca muestra que le quedaba de hombría. Pobre imbécil. Me costaba creer que esa basura me había tomado sobre una cama la noche anterior. Patético, no podría describirlo de otra forma.
Había sido un sufrimiento enorme, casi un maldito sacrificio. Tuve que luchar contra mí mismo para no resistirme, mi fuerza de voluntad tuvo que ser enorme para no rendirme y darle el puñetazo que se merecía en medio de su asquerosa cara. No tuvo que obligarme a hacer cosas horribles porque yo no me resistí en ningún momento. Decidí quedarme quieto y que él hiciera lo que le diera la gana. Sabía que si intentaba resistirme, el tipo iba a matarme o algo peor, rompería el pacto e iría detrás de mi amo. Joder… y saber que mientras me entregaba a ese ser horrible solo pensaba en mi amo. Otro ser horrible para el resto del mundo, un misterio para mí. Un misterio que estoy dispuesto a descubrir aunque eso me cueste la vida.
Mi amo. No he dejado de pensar en él desde el momento en que salí de la mansión, anoche.
Imaginé su furia, su decepción, pero sobre todo el hecho de que yo ya no sería la misma persona ante sus ojos. Ya no sería su pequeño y eso podía doler más que cualquier golpe que pudiese proporcionarme. Él ya no iba a apreciarme como solía hacerlo, tal vez sería la última vez en la que pisaría esa mansión. Tal vez él me saque de allí, tal vez allí sea el último lugar en el que estaré, tal vez piense en asesinarme o simplemente va a torturarme hasta obligarme a rogarle que me deje ir; o aún peor, me volverá a vender. No soportaría eso, no sobreviviría. Es increíble que, aun, queriéndolo como lo quiero, sé que sería capaz de matarme. No olvido que él significa para mí todo lo que yo nunca significaré para él, no olvido que yo solo soy uno de sus tantos esclavos, no olvido que solo soy una escoria en su mundo ni tampoco me olvido de que él dice que el amor es solo una pérdida de tiempo, sé que se reiría en mi cara si se entera de que lo aprecio tanto. Jamás tomaría en serio mis sentimientos, pero no puedo hacer nada al respecto.
Mis pasos parecían volverse más lentos a medida que me acercaba a la casa. Cubrí mi cuello con una bufanda, sabiendo que aquello sería lo primero que captarían sus ojos al verme.
Downey no tuvo ni un poco de cuidado a la hora de marcarme como si en serio le perteneciera. Varias partes de mi cuerpo habían quedado impresas de sus golpes bruscos o a sus asquerosos besos y mordidas. Al no poder resistirme, supo aprovechar lo que tenía y lo hizo de la manera más cruel posible. Pero estoy seguro de que todo eso valió la pena y sé perfectamente que no estuvo bien pero… pero todo sea por él, por proteger su espalda, por cuidar de lo único que me importa.
Tal vez me arrepentiré de hacer semejante estupidez, pero… espero que él comprenda que yo haría hasta lo imposible por salvar su vida, porque sé que su vida vale mucho más que la mía y su felicidad me importa más que cualquier otra cosa. Vivir el resto de mi vida a su lado sería lo mejor que podría pasarme, pero soñar no sirve de nada cuando tu objetivo es inalcanzable. Tan inalcanzable como el amor que hay en su corazón.
Llegué finalmente a la casa y alcé la mirada para apreciar mejor aquel lugar. Salí de un infierno para meterme en otro. Los dos gigantescos guardias de seguridad aún seguían allí. Lo primero que hice fue acercarme a uno de ellos y suspiré profundamente, buscando alguna respuesta a la pregunta que ya era más que obvia. El tipo parecía reírse de mí interiormente, se burlaba de la tontería que acababa de hacer. Parecía pensar que yo era un idiota ingenuo que cometió el peor error de su vida y no es que tuviéramos un pensamiento tan diferente.
—Él está aquí, esperando por matarte a golpes, como lo quiso toda la noche— habló, con cierta ironía en sus palabras— Niño, déjame decirte que te compadezco y mi más sentido pésame desde ahora.
—¿Cuándo llegó?— observé la entrada de la mansión y mordí mi labio inferior, pensando en que, seguramente, él aún estaba despierto, esperando por mí.
—Llegó anoche, dos horas luego de que te fueras— mi corazón empezó a latir rápidamente— no está de muy buen humor, creo que es algo obvio. Niño, si yo fuese tú, estaría lejos, fingiendo que nunca he conocido a ese hombre— tragué saliva, sin siquiera darme cuenta de lo que me esperaba una vez adentro.
—¿Ha preguntado por mí?— cuando el tipo soltó una leve risa, tragué saliva y cerré los ojos. Él sabía que yo me había ido, estaba allí, me esperaba, probablemente despierto— Joder…
—Solo te diré una cosa. Fue un placer haber hecho negocios contigo, niño, es una lástima que después de esto dudo que sobrevivas— el guardia volvió a tomar su postura firme, mirando al frente y yo bajé la mirada, soltando el suspiro más pesado de toda mi vida.
No quise llorar, sabía que era demasiado temprano para eso. Me esperaba algo mil veces peor una vez que entrase a la mansión, allí tendría verdaderos motivos para echarme a llorar. El solo imaginarlo, parado en la entrada de brazos cruzados, esperando a verme llegar como aquella vez en la que fui vendido, pero ahora sería diferente. No me acogería en sus brazos como aquella vez. No intentaría tranquilizarme, no me trataría como a un niño desprotegido, todo sería muy diferente y eso desde ya empezaba a sentirse como una patada al alma.
Di el primer paso, el segundo y ya me encontraba caminando hasta la puerta. Giré el pomo y entré, sin levantar la mirada. La cerré detrás de mí y luego de tomar fuerzas de dónde no tenía, alcé la vista. Tal como lo imaginé, él estaba allí. Estaba despierto, miraba fijo la ventana.
Supuse que me habría visto llegar. La escasa luz del día se reflejaba en sus ojos negros y en parte de su rostro, delineándolo, haciéndolo afinadamente reconocible. Tenía un vaso en la mano, estaba casi vacío al igual que las múltiples botellas de whiskey a su alrededor. Algunas en el suelo, otras en la mesa del living. Otra vez había bebido y eso jamás era una buena señal.
Me atreví a acercarme, pero él no me miró, aunque sí sabía que yo estaba allí. Supuse que tendría que hablar, tendría que decirle lo que ha pasado o lo que he hecho, al menos. Al momento en que separé mis labios para pronunciar la primera palabra, él me ganó de antemano.
—Son las siete de la mañana— Habló de repente— Es tarde, el sol ya salió— Bajé la mirada y suspiré una vez más— no recuerdo haberte ordenado salir hasta tan tarde— su mirada aún estaba fija en el exterior de la ventana.
—No lo hizo, no me ordenó que lo hiciera— hablé, tratando de no sonar nervioso— yo… yo decidí salir solo, lo desobedecí y… y fue un error— noté como su mano comenzaba a apretar con fuerza el vaso de vidrio, temí que fuera a romperse y a lastimarlo.
—¿Por qué? ¿Qué era tan importante como para que te escaparas de mi casa? ¿Qué te causaba tanto miedo como para irte y desobedecer mis órdenes? ¿Cuántas veces debo explicarte la misma lección? ¿Tan inútil eres acaso?
—Le juro que no lo hice por desobedecerlo, esa nunca fue mi intención— Tragué saliva, nervioso por no saber exactamente qué decir— Tuve algo importante que hacer y… yo lo siento, lo siento mucho. Nunca quise que esto pasara, pero no tuve opción.
—¿Qué es más importante que una orden mía?— sus tono de voz comenzaba a asustarme.
Sonaba grave, como la de un anciano— ¿¡Pareces tener otra opción cuando se trata de obedecerme!?— gritó de pronto, sobresaltándome del susto.
—No… no es fácil de explicar. En verdad tenía que hacerlo y yo… lo lamento. Le prometo que no volverá a suceder nunca más.
—¿Lo lamentas?— su mirada se cruzó con la mía y retrocedí, como si fuese a matarme tan solo con sus intensos ojos— ¿¡Lo lamentas!?— alzó la voz y el vaso de vidrio que poseía en su mano estalló contra la pared que había detrás de mí. Si yo no me movía a un lado, ese vaso impactaba contra mi cabeza— ¿¡Lamentas qué!? ¡Pedazo de basura!— Se levantó y comenzó a caminar hacia mí, a lo que yo retrocedí, atemorizado.
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—L… lamento haberme ido, lamento haberlo desobedecido, pero no fue mi intención hacerlo— Miré detrás de mí, intentando no tropezar con nada— Le prometo que no sucederá otra vez, yo no quise que esto pasara y le juro que no sucederá nunca más.
—¿Dónde mierda estabas?— su mirada me causaba terror, podía sentir como mi sangre se helaba cada vez que él articulaba una palabra— Dame una razón para no matarte ahora mismo. Puedo hacerlo sin pensarlo dos veces y no me faltan ganas de hacerlo.
—Estuve fuera de la casa, p… pero le juro que no quise desobedecerlo, no lo hice porque quería— metió su mano en su bolsillo y sacó un arma. Cualquiera al ver sus grandes ojeras y las botellas de alcohol pensaría que él me dispararía sin pensarlo dos veces, pero no lo hizo. Aún podía bajar el arma y no hacerme daño, pero yo no confiaba mucho en eso— amo, por favor…
—Te pregunté algo muy sencillo, respóndeme— apuntó con el arma en mi dirección y me detuve, dejé de caminar cuando los escalofríos me azotaron el cuerpo— ¿Dónde estabas anoche? ¡Habla y di la puta verdad!— suspiré.
—En casa de otro hombre. Me acosté con alguien más— el ensordecedor ruido de un disparo impactó en mis oídos y luego el dolor. Sentí unas gotitas de sangre recorrer mi brazo hasta mis dedos y, desde allí, caer al suelo, manchando la alfombra blanca cuando caí al mismo.
—¡Ahh!— dejé salir un fuerte alarido al sentir como el dolor comenzaba a recorrerme el cuerpo. Tapé la herida con mi mano, intentando detener la sangre que comenzaba a fluir.
Me había disparado… ¡Me había disparado! Se atrevió a apuntar y dispararme como a cualquier persona que odiara. ¿Quién sabe? Tal vez tenía mala puntería y aquel disparo iba dirigido a mi cabeza o a mi corazón. Tal vez no planeó herirme, tal vez intentó matarme. Vi sus pasos acercándose a mí y no dudé en pararme solo para correr hasta la cocina. No me iba a quedar arrodillado, rogando su perdón, no arriesgaría mi vida.
—¿¡A dónde te crees que vas!?— Oí otro disparo antes de llegar a mi destino, pero ese no llegó a mí— ¡Regresa aquí!— sus gritos y sus pasos lentos y fuertes resonando por todo el lugar. Todo me hacía viajar a un momento que no quería recordar— ¡Si tienes los huevos para desobedecer mi orden, tenlos también para enfrentar las consecuencias! ¡Puto, maricón, maldito pedazo de mierda sin valor!— entré en la cocina y abrí el primer cajón de la mesada— ¿¡Qué pretendes!?— alcé la mirada y él estaba allí, parado en el marco de la puerta— ¿¡Crees que soy idiota!? ¿¡Crees que no me daría cuenta de lo que hiciste!? ¡No eres más que una zorra asquerosa, eso es lo que eres!
—¡No! ¡Sabía que iba a enterarse de esto, sé que no es un ingenuo! ¡Sabía también las consecuencias, sabía que usted iba a enojarse, pero yo sería incapaz de mentirle!— él no creía en mis palabras en lo absoluto, solo pensaba en hacerme daño y eso se podía ver en sus ojos, en su mirada. No se veía rastro de un alma en su interior.
—Claro que lo sabes— comenzó a acercarse y mi corazón se aceleró. Antes de que pudiera dar un paso más, metí mi mano en el cajón y saqué la cuchilla más grande. La tomé con ambas manos y apunté hacia él con ella— ¿Y ahora qué?— logré que se detuviera solo por un momento, cuando comenzó a avanzar yo retrocedí— ¿Qué piensas hacer con eso? ¿Matarme?— mis lágrimas comenzaron a fluir nuevamente. Supe que no me iba a defender, supe que de nuevo me convertiría en un cobarde. El cobarde que no fue capaz de salvar a su familia. Él no me tenía miedo, nadie me tenía miedo, quien le temía al mundo era yo.
—Por favor…— susurré con la voz temblorosa— amo, por favor…
—¿Por favor qué?— siguió avanzando y yo me detuve, sabiendo que no podía retroceder más— ¿vas a pedirme lo imposible?— se detuvo cuando la punta de la cuchilla se apoyó apenas en su pecho— ¿vas a pedirme que no te haga daño? ¿Que no te asesine? ¿Vas a pedirme que no te haga sufrir como te lo mereces? ¿Sabes una cosa? Si yo hubiera sido tu patético padre hubiera hecho mucho más de lo que hizo. Te hubiese torturado hasta verte rogarme que me detenga. A ti y a tu patética madre, a esa maldita vieja que ni siquiera se esforzó por defenderte y eso es porque eres un fracaso. Un inútil que no comprende ni una simple orden. Qué asco me das.
—Por favor…— no iba a resistirme. La sangre me hervía a causa del terror y la rabia. Mi mente me rogaba a los gritos que presionara aquella cuchilla, pero preferí escuchar a mi corazón roto, quien me aseguraba que mis sentimientos hacia ese monstruo eran verdaderos. ¿Por qué decidí oír a esa parte de mí que sufre tras cada palabra dicha por él?
—Por favor nada. Tu madre debió haber pensado en suicidarse al darse cuenta de que estaba estancada en una asquerosa vida sin lujos y con un imbécil, maricón e inútil como hijo. Ninguna madre desearía a un idiota como tú en su familia, ninguna madre desea tener un hijo fracasado, ninguna madre quisiera tener una decepción como tú. Eres patético. Patético, ¿me oyes? ¡Lástima es lo único que provocas en quienes te ven!
—No…
—¿No? Mírate, idiota. ¡Mírate!— Gritó, haciéndome cerrar los ojos fuertemente— ¡Ni siquiera eres capaz de defenderte, ni siquiera eres capaz de matarme para salvar tu repugnante vida!
¡Vales tan poco que ni siquiera te defiendes! ¡Si vas a hacerlo, hazlo! ¡Vamos!— Bajé la mirada— ¿¡Por qué no me matas ahora que puedes, eh!? ¡Vamos! ¿¡Dónde están los huevos con los que naciste, maricón!? ¿¡Por qué mierda no me atraviesas con esa puta cuchilla!?
—¡Porque lo quiero!— se formó un enorme e incómodo silencio. Fue en ese momento en el que me di cuenta de lo que acababa de decir— por favor… no quiero… no quiero herirlo— hablé, rompiendo el silencio.— l… lo quiero y no… no lo haría jamás, ni siquiera por defenderme a mí mismo— dejé salir todo aquello que se había acumulado en mi pecho durante todo este tiempo. Aquella parte de mí que tanto había presionado en mi pecho ahora estaba libre, ¿pero a qué precio? Todos mis actos tenían consecuencias y este la tendría, y dolería más que cualquier otra cosa.
—¿Quererme?— su mano rodeó mi muñeca y presionó fuertemente, mientras aquella cuchilla seguía en mis manos, luchando por no atravesar su cuerpo— El amor es para idiotas, patéticos e ilusos como tú. ¿Cómo tienes la cara para verte aún más imbécil de lo que ya eres?— Alzó mi brazo, aumentando el dolor de aquella herida que me había provocado con el disparo, pero no dejé salir ni una sola palabra, solo lágrimas que fluían sin permiso alguno— Ahora me doy cuenta de lo estúpido que fui al meterte a esta casa, creyendo que me servirías para algo. Ni siquiera te puedes tomarte en serio tú mismo, me das tanto asco.
—Solo digo la verdad, por primera vez estoy diciendo lo que en realidad siento. No hable como si no le importara, por favor.
—¿Parece importarme? Lo dices como si yo no estuviera siendo sincero contigo, niño— dejé caer la cuchilla al suelo. ¿Para qué engañarme? No tenía sentido seguir luchando contra alguien a quien nunca le ganaría— Eres un inútil, eso es lo que pienso. Eres tan inútil que ni siquiera fuiste capaz de ayudar a tu madre. No te enfrentaste a tu padre y ahora no quieres enfrentarte a mí. Eres, sencillamente, lo más patético que conoceré en mi vida. Decepcionas a cada persona que te conoce y eso es lo que más me molesta de ti.
—Si va a hacerlo, hágalo. Máteme— lo miré, intentando enfrentarlo— Hágalo si es eso lo que quiere, sinceramente ya no me importa lo que pase conmigo— creí que esa sería la forma de lograr que se detuviera, pero que tontería…
—¿Matarte? Oh, no… ¿Crees que te lo dejaré irte tan fácilmente? Aquel que me traiciona no vive para contarlo, pero tampoco muere sin sufrir antes. Vas a pagar por cada segundo que estuviste lejos de esta casa, desobedeciendo mis órdenes. Vas a sufrir como nunca antes lo hiciste, sabrás lo que es desear estar muerto.
—No quise hacerlo.
—Eso ya no es problema mío.
—Por favor…
—Ya es tarde— ni siquiera vi el movimiento de su mano, pero sí sentí el ruido de mi mandíbula cuando su puño me golpeó fuertemente y caí al suelo. Comencé a ver como todo a mi al rededor se nublaba y solo alcanzaba a divisar unas manchas de colores.
Comencé a arrastrarme por el suelo, creyendo que así escaparía de él, de sus golpes y maltratos innecesarios, pero no fue así, las cosas no mejorarían de ahora en adelante. Sentí como jaló fuertemente mis cabellos y así me elevó hasta ponerme de pie. No emití sonido alguno, pero sí sentí el fuerte dolor en mi cuero cabelludo, estirándose hasta hacerme rogarle mentalmente que me soltara porque por más que se lo pidiese, él no iba a soltarme. Aferré mis manos a sus muñecas para intentar que el jalón fuera más suave, pero no cambiaba en mucho. Seguía aferrado a mis cabellos como si su vida dependiera de ello y el dolor me estaba matando. Las lágrimas saltaban de mis ojos, no podía contenerlas ni un solo segundo.
Me levantó por los aires, entonces. Pude notar como mis pies rozaban ligeramente los mosaicos del suelo. El dolor se hacía presente tras cada movimiento que él hacía. Me arrojó al suelo nuevamente, mi rostro chocó violentamente contra la pared antes de caer por completo al mismo, pero las cosas no terminaban allí, no si hablábamos de él. Todo aquel sufrimiento acababa de empezar.
Una fuerte patada en mi estómago, otra en mi espalda, en mis piernas y brazos. Esta vez no lo hacía con cuidado a no acabar conmigo, no lo hacía pensando en que yo podría llegar a morir, no. Tal vez en esta ocasión intentaba matarme porque él no perdería nada haciéndome desaparecer de este mundo, pero si fuese lo contrario, yo estaría muriéndome, deseando ser yo quien esté en su lugar. Aún en esta situación seguía pensando en él, como si estuviese en peligro.
Lo último que sentí en ese momento fue su fuerte puño, impactado en mis costillas. Supe que se arrodilló a mi lado solo para golpearme. Su mano no logró presionar mi cuello porque me coloqué en posición fetal, cubriendo mi cabeza con ambos brazos.
—¡Por favor deténgase!— Grité al saber que ya no podía continuar recibiendo semejantes golpes— ¡Por favor, no!— él no respondió con palabras, respondió con fuertes golpes, uno más fuerte que el anterior y ni siquiera fui capaz de moverme para evitarlo. Un movimiento en falso y él me tomaría del cuello para asfixiarme y no quería eso.
—¡Maldito seas! ¡Maldito seas!— los golpes se detuvieron, solo respondí con mis lágrimas a cada uno de sus estruendosos gritos. Deseé mentalmente que todo se haya acabado— ¡Tendría que haberte dejado en la calle! ¡Tendría que haber permitido que esos dos tipos te violaran y te convirtieran en la puta que eres! ¡Joder!— soltó otra fuerte patada en mis costillas y no dudaba en que me haya roto alguna. Comencé a respirar profundo, sintiendo que el aire me faltaba— ¡Debí haberte matado cuando tuve la oportunidad!— jaló fuertemente mi cabello y empujó mi cabeza contra el suelo.
El dolor se volvió insoportable, pero intenté moverme, a pesar de que él estuviera allí. Quise hacer un esfuerzo por levantarme, pero no contaba con el fuerte temblor que sentía en mis extremidades. La desesperación me ganó y comencé a llorar porque esta vez era el verdadero horror que alguna vez sentí al tener a mi padre ante mí, amenazándome de muerte. Aquello volvía a repetirse, aquello me horrorizaba una vez más y seguía sin poder evitarlo.
—¡Levántate, vamos!— me dio un empujón con el pie, dejándome boca arriba. Incluso ese pequeño movimiento me provocó el peor de los dolores— ¡Levántate de una puta vez, no me obligues a pisar tu asquerosa cabeza!
—N… no puedo— hablé con un hilo de voz— no puedo moverme— él no comprendió eso y respondió con otra de sus fuertes patadas en mi muslo derecho— ¡Ahh!— solté un fuerte alarido cuando sentí ese dolor esparcirse por el resto de mi cuerpo— ¡por favor! ¡Por favor, pare!
—¡Para todo eres un inútil!— su mano se aferró a mi tobillo entonces y comenzó a arrastrarme por el suelo como si de un muñeco de trapo se tratase.
—¡No! ¡No!— Intenté zafarme, moviendo mis piernas, pero entre su fuerte agarre y el dolor que sentía, era imposible— ¡Por favor!— arañé los suelos, intentando liberarme, pero sabía que no era suficiente, nada lo sería.
Sin siquiera escucharme, comenzó a subir las escaleras, llevándome consigo, arrastrando mi cuerpo flácido y dolorido por cualquier lugar que sus pies pisaran. Mis gritos no lo detuvieron, mi llanto no lo conmovió, estaba comenzando a creer que los monstruos son reales y yo me había enamorado de uno.
Una de las puertas se abrió y yo alcé la mirada. Él acababa de entrar en el baño, dejándome tirado en el suelo, fuera del mismo. Comencé a buscar a mi alrededor, algo de dónde sostenerme, algo con qué defenderme o siquiera algo que me dijera que todavía no debía rendirme y dejar que él me hiciera daño. Solo logré colocarme en cuatro patas, pero el dolor me venció y volví a caer al suelo. Todo me resultaba tan inútil en ese momento.
Lo primero que oí fue agua y acerqué mi mirada a la puerta. Él se encontraba parado frente a la ducha, viendo caer la lluvia. La habitación se llenó de vapor en segundos y retrocedí en el pasillo, arrastrándome tanto como pude, pero no logré avanzar ni un centímetro. Él volvió y jaló mi cabello una vez más, para arrastrarme dentro del mismo. Me aferré a sus muñecas una vez más, pero no evitó que él me echara debajo del agua hirviendo.
Fue allí cuando comencé a golpearlo, a gritarle, a esforzarme por evitar caer debajo de la ardiente lluvia. Era la primera vez que lo veía, luchando por mantenerme como él quería. Era la primera vez que le costaba tanto que yo obedeciera a cada cosa que le pedía y eso comenzaba a molestarle demasiado, tanto así que me dio un fuerte puñetazo en la cara. Vi mi sangre caer al suelo y sentí mi piel arder a causa del agua caliente. Cuando él me liberó, comencé a alejarme, con el doble de dolor.
Me arrastré hasta la puerta y lo observé. Miré su rostro atentamente y comencé a sentir como todo lo que la gente me había dicho era cierto. Él no tenía compasión, solo era un ser horrible y yo di mi vida para que él esté aquí, golpeándome y tratándome como una porquería.
Se acercó y yo bajé la mirada, apoyando mi mano sobre el brazo herido. Se arrodilló frente a mí y tomó mi mandíbula, para acercar sus labios a mi oído al momento de alzar mi cabeza. —¿sabes que haré contigo?— susurró— te haré pasar los peores momentos de su asquerosa vida y luego voy a deshacerme de ti como lo hago con la basura. Te mataré y luego te enterraré en el primer lugar que encuentre. Vas a desear estar muerto, vas a arrepentirte de haber hecho lo que hiciste. Pero mírale el lado positivo, te devolveré a donde perteneces. Voy a devolverte al maldito infierno en el que está la puta de tu madre— soltó mi cabeza y tomó mi cabello, para arrastrarme fuera del lugar.
Ya no me quedaron fuerzas para seguir. Comencé a creer que ese sería mi último respiro y él, enviándome al infierno, sería lo último que yo escucharía. Comencé a pensar en mi madre, en sus lágrimas y en lo horrible que hubiese sido para ella verme en este estado. Un momento más para sentirme humillado y esta vez no estaba seguro de si lo merecía realmente.
—Dile adiós a este mundo— alcé la mirada y noté su arma, apuntando directamente a mi rostro— fue un placer haberte conocido— cerré mis ojos fuertemente, dije adiós a cada persona que había conocido, dije adiós al dolor, al sufrimiento y al ser que alguna vez creí amar.
Oí el disparo, pero este no llegó a mí. Creí que habría fallado o simplemente disparó al aire. Abrí los ojos y vi a Grant, luchando por quitarle el arma de las manos. Supe en ese momento que la vida me dio otra oportunidad.
Apoyé mis manos sobre la pared e intenté ponerme de pie. Se oyó un segundo disparo y vi a Grant caer al suelo, pero no estaba herido. El disparo había sido al aire y esta vez mi amo le apuntaba a él. Me arrojé sobre su cuerpo y golpeé su mano, dejé que al arma cayera al suelo, pero las cosas empeoraron cuando el que cayó fui yo. Se arrojó sobre mi cuerpo y comenzó a golpearme en el rostro. Dejé de ver sus ojos en cuanto todo se volvió borroso y oscuro. Los golpes no se detenían en ningún momento y el dolor comenzó a desaparecer.
Continúa…
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