«EL AMO» Fic Toll de Chris_twc

Capítulo 21

—¿Te sientes mejor? Tengo aspirinas si sientes mucho dolor en la cabeza— Grant colocó la bolsa con hielo en mi frente y yo cerré mis ojos fuertemente, ya que el contacto con el frío no era nada agradable— cuando ese idiota esté aquí, intenta no estar cerca de los vidrios. Sabes lo peligroso puede ser si la próxima vez no estoy aquí para defenderte.

—No, no quiero que te metas en esas cosas. No intentes meterte en el medio cuando se comporte de esa forma— tomé la bolsa de hielo yo mismo, permitiendo que él fuese a buscar algún medicamente— Además, ¿cómo iba a imaginarme que se aparecería de pronto? Ni siquiera me dio tiempo a alejarme y no iba a dejarme solo por más que se lo pidiera. Sabes que no me escucha y le importa una mierda cuanto me duela.

—Es increíble que siga repitiéndose la misma historia siempre, estoy harto de que te trate de esta manera. Si no fuera porque tú me lo impides, le rompería la cara y, en lo posible, le causaría ese dolor que te hace sentir a ti, pero un millón de veces más fuerte— no pude evitar soltar una leve risa. Era extraño que alguien me defendiera de esa forma.

—Yo no quiero involucrarte en mis problemas, esto es algo que debo arreglar solo con él. Espero que entiendas a lo que me refiero— él puso los ojos en blanco ante mi comentario, lo cual me molestó— ¡Deja de hacer eso!

—Es que siempre me dices lo mismo. Si ustedes dos «arreglan» las cosas, como dices, terminarán a los golpes y tú saldrás perdiendo. Al menos toma en cuenta lo que te propuse el otro día y carga el maldito gas pimienta.

—¿Crees que con el gas pimienta no irá detrás de mí nuevamente a matarme? ¡Tú estás completamente desquiciado! Si se pone como un jodido demonio cada vez que le alzo la voz, imagínate como se podría si le levanto la mano. No quiero pasar por eso de nuevo, no quiero estar en el suelo durante días.

—No es tan malo, Bill, al menos pasamos mucho tiempo juntos. Mientras tú te recuperas, pasamos el día hablando y tonteando.

—Para ti es divertido, ¿no? Mientras yo soporto el horrible dolor, tengo que aguantar que estés ahí, hablando puras tonterías.

—¡Auch! Oye, puedes ser muy malo cuando te lo propones, niño. Debo tener cuidado contigo— me dio un leve empujón en el hombro, riendo— vamos, anímate. Sé que las cosas van a mejorar para ti, te lo mereces.

—Vengo esperando algo mejor desde que escapé de mi casa, Grant. Creo que nunca cambiarán las cosas mientras esté aquí.

—¿Qué quieres decir con eso?

—Que tal vez… quiero irme, pero sé que no podría dejarlo. Permitiría que él me encuentre nuevamente y no me importaría que fuese a golpearme, pero aunque me haga la peor de las atrocidades, yo no podría hacerlo.

—Y creí que el loco aquí era yo, pero tú estás mil veces peor. Bill, ¿estás hablando en serio? ¿Cómo es que puedes aguantar semejante cosa?

—Tú sabes por qué lo hago.

—Claro…— se sentó sobre la mesa con un ligero movimiento— pero… ¿qué tal si no es amor lo que sientes y solo estás confundido? Tal vez necesites conocer otro tipo de gente, socializar un poco… no sé ¡Conmigo!

—¡Ni siquiera pienses en eso! ¡Déjate de estupideces!

—¡Oh, por dios, Bill!

—¡No! ¡Si empiezas con tonterías nunca más voy a dirigirte la palabra!— y nuevamente puso los ojos en blanco. Odiaba que hiciera eso— Vete al diablo, Grant— intenté salir de la cocina, pero él me tomó el brazo antes de que pudiese dar más de dos pasos.

—Vamos, no te enojes. Lo dejaré si dejas de enojarte conmigo.

—Trato hecho.

—¿Cómo está tu cabeza? ¿Aún te duele?

—Solo un poco. Me he golpeado muy fuerte.

—Maldito sea este tipo. ¿Acaso no le fue suficiente con lo de ayer?

—Por favor, ni me lo recuerdes— suspiré— fue mi error haber despertado a esas horas de la noche, no sabía que él estaría bebiendo.

—Deja de culparte por las cosas que no has hecho, me enoja que hagas eso. Este tipo está loco y tiene un problema con la bebida, no necesitas más explicación que esa. Debiste haberme dicho que bajarías y te hubiese acompañado.

—No… es que antes no era así, Grant. No lo había visto beber tanto hasta que Agatha se fue.

Antes… no lo sé, antes todo estaba mejor. Él no me trataba tan mal. Antes se esforzaba por redimirse por haberme hecho daño, pero ahora todo es diferente.

—¿Diferente en qué sentido?— alcé mi mirada hacia él y suspiré profundamente— ¿No dices que él siempre ha sido un monstruo?

—Pero conmigo no lo era. Conmigo era alguien totalmente diferente, pero es inútil intentar convencerlo. Es terco.

[Flashback]

Salí de mi habitación sigilosamente, cuidando de no generar ningún escándalo. La puerta de su habitación estaba cerca de la mía y di los pasos más cautelosos de mi vida al caminar frente a la puerta de dicha habitación, todo para que él no despertara y se pusiera como un loco. Claro, debía ser cuidadoso ahora más que nunca ya que él estaba constantemente pendiente de cada cosa que yo hiciera. Me sentía en una película de horror, en donde debes permanecer en silencio y escondido, mientras un asesino pasa a tu lado. Una vez que estuve lejos de la misma, seguí mi paso normal. Dejé los zapatos de lado y me atreví a caminar descalzo, sintiendo el frío suelo impactar con el tacto de mis pies. Joder, se sentía como caminar en las nubes. No recordaba la última vez en la que me había sentido tan libre al caminar.

Debía admitir que era extraño, después de tanto tiempo de haber estado sobre un frío suelo, volver a caminar normalmente, sin sentir un fuerte dolor al moverme. Grant cuidó de mí todo este tiempo, cómo su madre solía hacerlo. Debo admitir que desconfié de él al poner mi salud en sus manos, hasta que me demostró lo dulce que era. Me trataba como si fuese uno más de su familia, me daba todo el apoyo emocional que tanto me hizo falta en esos duros momentos.

Ese tipo hizo mucho por mí en muy poco tiempo, más de lo que mi amo hizo, tal vez. Me trataba muy bien, casi como un hermano mayor. Siempre me decía que lo daría todo por mí, que me cuidaría para siempre, sin importarle si tuviese que dar su vida por mí. Eso me hacía restaurar mis esperanzas en que debía seguir adelante. De hecho, me recordó a Andy, a su simpleza y entusiasmo por seguir adelante, sin importar cuan grandes fueran los obstáculos de la vida. Admiraba a Grant, hubiese deseado tener el mismo entusiasmo que él tenía conmigo.

Pero no todo había sido bueno al estar junto a mi nuevo amigo tanto tiempo. Él odiaba a mi amo, eso era algo más que obvio. Me había hablado, cientos de veces, de lo malo que era y de lo horrible que sería mi futuro si permanecía en esta casa. Pero por más que no quisiera creerle, estaba comenzando a pensar que él tenía razón en todas las advertencias que alguna vez me hizo. Cada cosa que mi amo formuló, solo lo hizo por su propio bien, por satisfacer sus bajos y codiciosos deseos y sin pensar en nadie más. Quisiera convencerme de que todo es cierto, que a él no le importo, así sería más fácil desprenderme de sus perversas intenciones, pero aún sigo teniendo esas estúpidas ilusiones de que él va a cambiar y va a tratarme bien, aunque nunca suceda. Siempre ocurre algo que hace que se vuelva loco y me trate como si en serio hubiese hecho algo malo. Yo no estaba dispuesto a morir por él. No moriría en sus brazos. Me negaba a que mi destino fuese morir en manos de un asesino, porque para mí eso era él aunque a veces quiera convencerme de lo contrario. Todo lo que ha hecho este tiempo es demostrarme que me he equivocado y me he comportado bien con alguien que no lo merecía. No diré que no desearía que fuera lo contrario porque si tuviera la opción de hacerlo cambiar de opinión, lo haría sin pensarlo dos veces.

Bajé las escaleras, sin perder vista de mis pies y giré para dirigirme a la cocina, pero antes de llegar me quedé parado junto al sofá. El televisor estaba encendido, más no había nadie allí. En la pantalla podían verse dos cuerpos, dándose placer el uno con el otro, simplemente solo se pasó una cosa por mi mente. Apagarla. Él veía estas cosas todo el tiempo y no entendía por qué lo hacía, si es que él podía tener a cualquiera en su cama. Incluyéndome, aunque yo no lo deseara.

Tomé el control remoto e hice lo que me propuse hacer. Dejé todo en su lugar y me giré para dirigirme a la cocina, pero me detuve inmediatamente y retrocedí con el corazón a punto de escaparse de mi pecho. Él apareció de pronto, como un maldito fantasma. Lo miré, sorprendido, y coloqué mi mano en mi pecho, intentando mantener la calma. Mi ritmo cardíaco había aumentado ante su simple presencia y yo me quedé inmóvil, deseando que desapareciera de mi vista.

No podía mentir, le tenía miedo. Le temía más que a cualquier persona y estar a solas con él podía ser peligroso. Sabía que Grant no estaría para ayudarme como la última vez y Kate no movería ni un dedo por mí. Estaba solo. Solo con él, con un asesino.

¿Qué sentiría cualquier persona al estar cara a cara ante un asesino? Pues yo sentía como los músculos se me endurecían y mi mandíbula comenzaba a temblar, como si estuviese en medio de un crudo invierno. El verdadero frío, estaba en sus ojos. Antes, podía jurar que hubo una luz de esperanza en ellos, pero hace mucho tiempo que no veo más que frialdad allí. La frialdad que solo se encuentra en un asesino.

—Es muy tarde, ¿qué haces dando vueltas por la casa a estas horas?— suspiré profundamente, tomando fuerzas para contestarle, intentando que mi mandíbula dejase de moverse frenéticamente— Contesta— me apuró.

—Solo… solo tenía sed y bajé para buscar algo que beber, no estaba haciendo nada malo— sus pasos comenzaron a sonar repentinamente. Se me acercaba como una bestia al acecho y yo solo bajaba la mirada, creyendo que con eso me perdonaría la vida. Era lo único que podía hacer cuando él se me acercaba, pero no era la mejor opción.

—¿Tienes mi permiso para beber algo?— moví mi cabeza negativamente, pero de inmediato recordé que no debía hacerlo— ¿Cuántas veces debo decirte que debes contestarme con palabras? Estás cometiendo error tras error y yo no perdono nada.

—Lo lamento, amo— contesté, inmediatamente— No, no tengo su permiso, pero usted jamás me dijo que eso estaba prohibido. No fue mi intención molestarlo. Volveré a dormir si eso es lo que desea— temblé ligeramente, al sentir su aliento golpear contra mi rostro.

—Tu estúpida intención siempre es molestarme. A veces, siento que lo haces a propósito y eso está empezando a disgustarme demasiado— ¿hacerlo a propósito? Pero si era él quien esperaba el más mínimo error para tratarme como una mierda, ¿pero que más se podía esperar de él?— Cada día te pones peor y debo castigarte por esas malas actitudes, niño. Tal vez unas semanas más en ese sótano te hagan recordar quien es el amo aquí.

—No, no hay… no hay necesidad para eso. Por favor— intenté mantener mi respiración a un ritmo normal. El solo pensar en un momento dentro de ese lugar, me aterraba— Yo no quiero molestarlo, nunca lo hice a propósito y usted lo sabe mejor que nadie— él se mantuvo en silencio y yo suspiré— en verdad no quiero molestarlo, pero si lo hago tiene el derecho de echarme de esta casa— de nuevo un silencio más que incómodo. Tal vez a él le desagradaba esa idea, por eso permanecía en silencio cada vez que yo se lo decía.

—¿Crees que sería tan idiota como para dejarte ir?— sentí un escalofrío en ese momento. Esa frase podía verse tanto hermosa como siniestra. Uno nunca sabía a lo que enfrentarse cuando se trataba de él— No dejaría que te fueras de esta casa porque aún no has sufrido lo suficiente— tomó mi mentón y, a la fuerza bruta, levantó mi cabeza— ¿comprendes por qué aún sigues aquí y vivo?— sonrió, como si aquello hubiese sido un chiste— Hasta no verte rogar por tu muerte, no voy a descansar. Además, luces tan bien cuando estás agonizando…

—¿Por qué sigue haciendo esto? ¿De qué le sirve seguir tratándome de esta manera? Ya ha hecho suficiente daño a todos los que lo rodean, ¿por qué no se detiene?— intenté buscar una chispa de comprensión en su mirada, pero solo se burlaba de mí. Era un ser tan maligno que su alma era inmune a cualquier súplica— Si quiere que me arrodille y le suplique por mi muerte, lo haré, pero ya no siga haciendo esto, ya no quiero— se me saltaron las lágrimas ante aquellas palabras, aún esperaba que él me dijera que todo iba a ser como antes, pero eso nunca sucedía.

—Entonces hazlo— Tomó mi nuca y me tiró al suelo, dejándome boca abajo— ruégame que te mate, muéstrame cuanto estás sufriendo— no me atreví a pronunciar palabra alguna, ni siquiera observé a sus ojos— ¿¡Esta es la manera en la que sufres!?— alzó la voz— ¡Vamos, pídeme que te mate para que dejes de sufrir!

—No…— susurré entre leves sollozos.

—Tengo un arma cargada en mi bolsillo, puedo volarte los sesos ahora mismo— su mano se aferró a mi mentón y alzó mi mirada— ¿así es como estás sufriendo ahora? Yo no veo que estés agonizando, no veo que desees morir. Mentir es algo malo, ¿sabías eso?

—Solo… solo déjeme. No le sirvo de nada, usted pude tener a quien desee— soltó mi mentón— quiero irme de aquí…— susurré.

—Tendrás que pasar sobre mi cadáver para hacer eso y si no pudiste clavar ese jodido cuchillo en mi pecho la primera vez, ¿qué te hace pensar que podrás ahora?

—No lo entiendo… usted dice que lo tiene todo, que no necesita a nadie. Puede tenerlo todo sin tenerme a mí. ¿Por qué hace esto, entonces?

—¿Quiere saber por qué lo hago? Te diré la pura verdad y espero que te duela— Tomó mi cabello y me obligó a ponerme de pie. Inmediatamente, acercó sus labios a mi oído— porque es para lo único que te tengo aquí, para divertirme contigo. Me gusta ver cómo la gente sufre y más a ti. Eres la verdadera razón por la que la escoria de este mundo sigue existiendo y, a pesar de que deberías estar muerto, prefiero jugar con tu alma y destruirla poco a poco. Así es como puedo ser feliz. Los millones que tengo no son toda mi felicidad, necesito que la gente llore, sufra y me respete. Poder, eso es lo que quiero. Verte llorar y rogarme que no te haga daño, es por lo que sigues aquí.

—Yo no he hecho nada malo— sentí el nudo formarse en mi garganta, casi quitándome el habla— salvé su vida y eso ni siquiera le importó. De no ser por mí estaría muerto y solo me golpeó por salvar su vida, ¿quién hace eso?

—Fue tu error el haberlo hecho, no el mío. ¿Parece importarme que hayas hecho algo bueno por mí? Yo no necesito que un escuálido imbécil haga cosas buenas por mí. No te necesito para protegerme, te necesito para golpearte y follar, nada más. Deja tus patéticas ilusiones de lado, aquí eso no existe, niño.

—Debería importarle— se alejó unos dos pasos de mí y se quedó observándome fijamente— hice algo que nadie nunca haría por usted y eso lo sabe. Sabe que nadie sería capaz de dar su vida por usted, pero yo lo hice y lo volvería hacer.

—¿Sigues con esa tontería del amor, no es cierto?— tragué saliva y volví a bajar la mirada. Me incomodaba que mencionara aquello, tal vez comenzaba a arrepentirme de habérselo dicho en algún momento— ¿sabes lo que significa «amor» en el mudo real? Es un invento que la gente enferma te mete en la cabeza, gente que luego muere pensando en todo lo que no tuvo y nunca tendrá. Personas que creen que deben depender de otra para sobrevivir, eso es esa estupidez. En tu caso, dependes de mi polla para sobrevivir, ¿o me equivoco?

—Se equivoca— lo miré— ¿eso es lo que cree que opino de su persona? Pues tal vez el resto del mundo crea eso de usted, pero yo no.

—¿Ah no? ¿Y qué es lo que piensas de mí? Yo decidiré si creerte o no. Veamos si eres tan valiente como para decirlo.

—Yo sé que usted ha sido una mierda con mucha gente, sé que ha hecho cosas horribles con las que nunca estaré de acuerdo. Más, nunca me importó. En el fondo, conocí a alguien totalmente diferente a la persona que ahora me está observando. He conocido a un hombre tierno, bueno y sincero que me ha tratado mejor de lo que cualquier otra persona pudo hacerlo en toda mi vida. Pero sé que ese hombre está escondido en algún lugar y teme salir.

Teme que alguien vea lo que en realidad siente, teme que alguien pueda dañar el poco amor que hay dentro de él y es por eso que no decide rebelarse. Pero yo lo he conocido más de una vez y de él me he enamorado.

—Estas son las cosas por las cuales me gusta ver que sufras. Eres tan inocente que crees que hay un lado bueno en cada persona que conoces— rió— eres un niño ingenuo y de alguna u otra forma tendré que enseñarte que esto no es una historia de niños. Este es el mundo real.

Aquí no vives si no sufres y, para mí, es placentero romper las ilusiones ajenas. Me gusta ver como todo lo que creías real, se derrumba, dejándote sin esperanzas. Muriendo, rogando porque tu mente deje de tratar de convencerte de que todo mejorará. Sigues con esas tontas ilusiones, que lo único que harán por ti es volverte un imbécil sin cerebro.

—¿Por qué no quiere ver o bueno que ha hecho por mí? Usted intenta convencerse de que es la peor escoria de todas y eso es porque ni siquiera quiere aceptar lo que siente. El problema no son mis ilusiones, el problema es lo que usted piensa de sí mismo.

—Acepto lo que siento y lo que soy. Ya me has oído decirte cuanto asco me das, niño. Déjate de tonterías y acepta que vives en esta realidad de mierda. Aquí no existen las esperanzas ni el amor, aquí solo naces, follas y mueres.

—¡Ya lo he aceptado! ¡Ya he aceptado lo que siento, es usted el problema! ¡Siempre ha sido usted quien no cree que me haya enamorado de ese ser que cree que no existe! ¡El problema siempre será usted!— ni siquiera me dio tiempo a retroceder, cuando se acercó y presionó mi cuello con su mano, sin llegar a cortarme la respiración aún.

—Atrévete a decir esa estupidez una vez más si tienes los huevos necesarios— recordé aquello que él me había dicho una vez. Nunca contradecirlo y acababa de hacerlo.

—Usted me golpeará si lo hago, ¿qué sentido tiene?— se acercó un poco más, hasta que su cuerpo quedó cerca del mío— No tiene sentido discutir con usted si sé que las cosas van a acabar de este forma. Usted no lo sufre, yo lo hago, ¿por qué debo pensar diferente?

—Porque yo lo digo. Tú debes hacer lo que yo te digo, ¿por qué te cuesta tanto poner atención a lo que te ordeno?

—No entiendo…

—¿Qué es lo que no entiendes?

—No entiendo de qué manera le he hecho daño para tratarme de esta forma. Tan solo le dije lo que sentía. Yo he obedecido a cada cosa que me pedía y todo lo que quería recibir a cambio era un poco de afecto, una sonrisa de vez en cuando… pero nada. Usted sigue siendo el tipo que me golpeó la primera vez, sigue siendo un monstruo.

—Me gusta que pienses así, pequeño. Hay que tener los pies sobre la tierra, ¿no es cierto? En este mundo no se consigue lo que uno quiere si alguien más no sufre por ello. Si tú no sufres, yo no soy feliz, ¿quieres que sea infeliz?

—Ya lo es. Todo lo que usted tiene, toda esas cosas materiales no llenarán nunca el vacío que tiene dentro, se lo juro.

—Tengo millones, una gran mansión y, si así lo deseo, puedo hacer que cualquier persona se incline ante mí con solo una mirada, ¿cuál vacío crees que necesite llenar?

—Esos millones no le darán eso que tanto desea. Solo provoca miedo en la gente y no es eso lo que usted quiere, lo he conocido lo suficiente en tan poco tiempo.

—¿Qué es lo que quiero? Veamos si me conoces.

—Cuando yo esté lejos de aquí, ya sea libre o muerto, lo lamentará. Va a llorar por mí, va a deseas que eso no haya pasado. La única persona que en realidad lo quiso, que no buscó nada a cambio, esa persona se habrá marchado y entonces se sentirá solo. Será la primera vez en su vida que estará solo de verdad. Agatha ya no está aquí para apoyarlo y un día, yo tampoco lo estaré. Allí es cuando se dará cuenta de lo que ha perdido y de lo que usted no tuvo por poner su orgullo ante todo. Se sentirá solo de verdad y sus asquerosos millones no serán quienes hablen con usted o lo apoyen en ese momento y me gustaría que eso sucediera, para que dejara de comportarse como lo está haciendo ahora. Nunca tendrá el cariño de nadie más si yo me voy de aquí.

—Lo que sentía por Agatha era respeto, puro y sincero. Tú no eres ella, nunca serás como ella, ¿entiendes eso? Tú eres una escoria para mí, me dará igual si te vas o te quedas. Si te mueres… eso me da igual, será por mis propias manos si es que llegas a dejar de respirar.

—Suerte con eso— sonreí débilmente— sé que si lo hace, no volvería a poner las manos encima a nadie más— con el dorso de su mano golpeó mi rostro con tanta fuerza, que caí al suelo. Jugar con sus emociones era el peor error que podía cometer, pero ya no me iba a quedar en silencio. Sinceramente, poco me importaba lo que hiciera conmigo.

Pero, en fin… nuevamente cometí ese error de intentar hacerle entender la situación. Todo era inútil cuando se trataba de él. Sabía que solo tendría estos momentos para hablarle, para expresarle los pocos sentimientos que aún no habían muerto en mí. Él tenía razón, si yo dejaba de respirar sería por causa de él. Estoy seguro de que él lo haría, él pondría el arma en mi cabeza y me mataría. No hoy, no mañana, pero lo haría.

—¿sabes cuál es tu problema?— tomó mi brazo fuertemente y me empujó sobre el sofá— que crees en las estupideces en las que antes no creías. Me caías mejor antes. No eras un imbécil, como lo eres ahora— jaló mi cabello y alzó mi cabeza— tienes suerte de ser tan lindo. Las golpizas que te he dado no te han quitado lo único bueno que tienes— sentí mi pantalón bajarse rápidamente, de un violento tirón— ya tienes otra razón para decirme que no debo matarte.

—Esa no es una razón válida, no para mí— dejó caer mi rostro sobre el sofá y acabó de bajar mi pantalón. Violentamente, comenzó a penetrarme— ¡Ah!— clavé mis uñas en el almohadón.

Comencé a soltar lágrimas, ni siquiera me concentré en lo placentero que aquello pudo sentirse alguna vez, tan solo sentí dolor. El puro dolor que debí sentir desde un principio.

Sus manos se aferraban a mis cabellos, a medida que las embestidas aumentaban en fuerza y velocidad. Él jadeaba, lo disfrutaba y yo solo lloraba en silencio. Por más que deseara que se detuviera no lo haría, iba a hacerme sufrir hasta que yo le rogara de rodillas que me asesinara.

Las cosas ya no eran como antes. Ya no disfrutaba de la misma forma cuando él me hacía suyo, ya no me sentía bien entre sus brazos. Sentía como aquellas ilusiones en las que yo aún creía, se derrumbaban tras cada golpe, cada insulto y así me iban matando de a poco. Era como tener una muerte lenta y dolorosa, a causa de aquello que alguna vez creíste verdadero.

[Fin del flashback]

Continúa… 

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