«EL AMO» Fic Toll de Chris_twc
Capítulo 23
No recordaba cómo llegué allí, ni tampoco me esforcé por recordarlo. Simplemente me perdí en el aroma de su piel. El radiante sol de una hermosa mañana entraba por la ventana, iluminando su rostro. Ese rostro que la noche anterior deseé no volver a ver. Ese rostro estaba frente a mí y mi cuerpo entre sus brazos. Una vez más, volvía a caer en su viejo truco. Ese truco en el cual caería hasta el fin de mis días. Un abrazo y un simple «pequeño» bastaron para rendirme ante él. Solo un tonto disparo me hubiera alejado de su presencia, pero eso no sucedió. Aún no comprendía qué fue lo que evitó que yo desapareciera de este mundo. ¿Ahora debería importarme? Verlo dormir era algo que siempre me gustó hacer. Me encantaba observarlo libre de todo impulso de ira. Cuando no estaba enojado era un ser totalmente tierno y me gustaba así. Me gustaba cuando sonreía y me decía cosas que enamorarían a cualquiera, incluso a mí que solía creer que el amor era una farsa. Me di cuenta de que el amor es el arma más peligrosa de todas, pero también el sentimiento más hermoso. Él fue capaz de romper mi corazón y, por esto, tomé la absurda decisión de poner un arma en mi cabeza e intentar acabar con mi vida, solo por un sentimiento el cual yo creía estúpido. Las cosas son más complicadas de lo que parecen.
Acaricié su pecho con mis dedos muy suavemente, intentando que no despertara. No quería que despertara y volviera a ser el mismo de antes. Quería a mi amo, el amo del cual me había enamorado como el imbécil que soy. Yo no me enamoré de un ser horrible, me enamoré de una persona sumamente hermosa que vive dentro de él. No puedo demostrar quién es él realmente porque esa persona solo está presente cuando estamos juntos. Tal vez es por eso tan difícil hacerle creer al mundo por qué estoy tan loco por él.
—¿Estás despierto?— oí su voz ronca y alcé la mirada. Sus ojos estaban casi abiertos, me miraba con una leve sonrisa— buenos días, mi dulce pequeño.
—hola— volví a recostar mi cabeza en su pecho. Sus brazos me sostenían fuertemente, temí que fuese a enojarse si me movía.
—¿Cómo te sientes?— ¿cómo me sentía? Aterrado. Aterrado por no saber si la persona con la que estaba hablando era un asesino o mi amo.
—Bien, ¿y usted?— sus caricias se posaron en mis cabellos y allí logré tranquilizarme. Amaba sus caricias, eran como un abrazo en el momento más triste.
—Mucho mejor— rió levemente— me diste un gran susto anoche— volví mi mirada hacia él, esperando que dijera algo más— creí que te perdería para siempre— sentí mi estómago dar mil vueltas ante aquellas palabras— No creí que lo harías.
—¿El qué?
—Huir de mí. Creí que te quedarías para siempre, como me lo prometiste alguna vez— bajé la mirada. Sentía que era estúpido que me reclamara aquello después de lo que hizo, después de haberme hecho daño de esa manera.
—Ya no lo soportaba. No quería seguir sufriendo por algo que es inútil. Fue doloroso, más doloroso que cualquier otra cosa que haya sentido antes y… no quería morir aquí, no quería que usted lo hiciera. Prefería morir en manos de alguien más.
—Yo no hubiese dejado que alguien más lo hiciera— Eso había sonado egoísta. Me hacía enojar estar en su cama, en sus brazos, oyéndolo reclamarme como si fuese un maldito objeto. Lo detestaba, detestaba que hiciera eso conmigo.
—Entonces lo hubiese odiado aún más— Él se quedó en silencio un momento. Hubiese jurado que se enojó, de no ser por aquellas suaves caricias que me hacían saber que no estaba enojado en lo absoluto.
—¿Aún me odias, pequeño?
—No lo sé.
—¿Aún me quieres?— apreté mi puño, permitiendo que la tela de su playera se enredara en mis dedos. Tragué saliva.
—¿Le importa?— nuevamente se quedó en silencio. Yo no supe exactamente que respondería, pero no quería ilusionarme.
—Por algo lo pregunto, pequeño— suspiré nuevamente. ¿Qué debía responderle? ¿La verdad?
La puta verdad no la sabía. Estuve a punto de suicidarme por él, ¿por qué debería quererlo? ¿Por qué debería enamorarme de él?
—No lo sé— cerré mis ojos fuertemente— cuando se lo dije la primera vez la pasé realmente mal. No sé si quiera cometer ese error de nuevo.
—no tengas miedo. No voy a hacerte daño— eso ya lo había oído antes, pero sucedió lo contrario. No debo confiar en él, sé que no me dice la verdad.
—Aún lo hago. Por más que lo intente no desaparece. Me sigue doliendo como la primera vez. Creo que aún estoy asustado.
—No voy a golpearte.
—No sé si deba confiar en usted. No sé si deba volver a creer en sus palabras, todo lo que me ha dicho ha sido mentira. Una mentira detrás de otra y no sé si quiera seguir soportando esas cosas. Usted me dijo que no tenía razones para mentirme, pero lo hace. Lo hace cruelmente, como si a mí aquello no me importara en lo absoluto. No entiendo cómo es que puede hacerlo sin remordimiento, ¿cómo puede tratar a alguien de esa forma?— solté un suspiro— Pero lo que más me confunde es… es su personalidad. No puedo descubrir quién es realmente. Un día me dice que todo estará bien, me trata mejor de lo que nadie nunca lo ha hecho y al otro día me trata como una maldita basura. Estoy confundido porque no sé qué es lo que piensa de mí.
Tampoco sé que es lo que busca. No sé si solo quiere jugar con mis emociones por diversión o en serio está intentando llevarme al límite para acabar conmigo. Es como si lo hiciera apropósito, es como si en serio me odiara. No me importa que me odie cualquier persona, pero con usted es doloroso. Me afecta el que usted me haga sentir una verdadera porquería.
Odio sentirme así, odio que haga esto conmigo. Me convierte en todo lo que nunca quise ser. Nunca creí que esto pasaría.
—¿Qué es lo que busco de ti?— habló luego de un largo silencio— Eso es lo que yo tampoco sé. Podría haberte matado, podría haberte echado, pero no lo hice. Decidí que te quedaras.
Creo que no me imagino a mi pequeño en brazos de alguien más. Soy egoísta, no me importa. Me importa tener lo que es mío en mis manos y no quería que nadie más te tuviera. Una vez le dije que no a alguien, ¿pero qué sucedió? Te tuvo de todas formas. Eso me enfureció y más me enfureció no encontrar a este tipo al momento en que te entregaste a él. Me enfurece saber que fuiste con alguien que no debía tenerte. Creí que todo castigo que estés recibiendo no era suficiente como para quitarte de encima lo que habías hecho.
—Eso es horrible. Yo sé que si hubiese escapado usted iba a encontrarme de todas formas.
Pero se lo juro, yo hubiese hecho hasta lo imposible por alejarme de usted— no me importó decírselo, no me importó echarle en cara las cosas que había hecho. Se lo merecía, se merecía saber la mierda por la que me había hecho pasar.
—Lo comprendo. Pero ahora estás aquí. Estás conmigo y no tienes que escapar. Te dije que no te haría daño.
—No le creo.
—Créelo. No tengo intención alguna de hacerte daño. No voy a golpearte, no voy a herirte ni voy a hacerte sufrir. Siéntete agradecido y no me discutas.
—Siempre es lo mismo. No debo creerle y no lo haré. No voy a permitir que siga jugando con mis emociones de nuevo, usted no es nadie.
—Escúchame bien— tomó mi rostro y me miró fijamente— estuve a un jodido disparo de perderte, ¿crees que me arriesgaría de nuevo? ¿Me ves capaz de matarte? ¡Mírame! ¡Mírame y dime si soy capaz de hacerlo!— tragué saliva. Supe que estaba diciéndome la verdad. Su mirada no era la misma que aquellas horribles veces— ¡Soy tan cobarde como tú lo fuiste! ¡No soy capaz de matarte, no soy capaz de alejarte de mí! ¿Acaso crees que no era capaz de matarte aquella vez? ¿Crees que no tenía la fuerza suficiente como para hacerlo? ¡No lo hice! ¡No lo hice porque no podía sino porque no quería! No quería matarte…
—No es cierto…— hablé con la voz temblorosa.
—¿¡Crees que esa puta arma con la que intentaste matarte estaba descargada por pura casualidad!? ¡La descargué luego de la primera vez que te disparé! ¡Sabía que no podía controlar mi ira la próxima vez y la descargué! Descargué esa arma para no herirte, para no perderte. No quería perderte. Significas mucho para mí.
—¿Por qué?— el bajó la mirada, con la seriedad presente en su rostro.
—No lo sé— respondió, finalmente, volviendo a mirarme a los ojos— Solo sé que no quiero perderte. No quiero que te vayas, ni mucho menos que mueras. Si esa arma hubiera estado cargada no sé qué hubiera hecho. Estuviste apunto de matarte, ¿sabes lo que eso significa? Casi te mueres, casi te pierdo. No quiero que vuelva a pasar eso. No voy a permitirlo.
—¿Es culpa lo que usted siente? ¿Es eso?
—Tal vez. ¡No lo sé, pequeño! Nunca sentí culpa al matar, solo… solo lo disfruto y me es divertido, pero no fue gracioso cuando estuve por perderte para siempre. Simplemente sé que no quiero que te vayas. Quiero tenerte conmigo mucho tiempo. Quiero que estés conmigo todo el tiempo que sea posible. Si es posible, para siempre— aquello había quedado impactado en mi pecho. Había sido egoísta y estúpido, pero también lo más hermoso que él haya podido decirme— quédate conmigo, pequeño, para siempre— ¡No! ¡No lo podía hacer, él volvería a ser el mismo de antes!
—Sí, amo— otro de mis errores, ¿quién sabe si alguna vez tomaría alguna buena decisión en mi vida? ¿Quién sabe si alguna vez me daría cuenta de quién es él realmente? ¿Quién sabe?
Su sonrisa hizo que mis pensamientos se dispersaran y solo quedara su imagen frente a mí.
Hacerlo sonreír de esa forma, eso no pasaba siempre o esta ocasión era la más especial de todas. Vaya… ¿cómo pude pensar siquiera en escapar de él? En ese hermoso lado de él que tanto me había enamorado. Ese hermoso lado de él era una trampa en la que podría volver a caer en cualquier momento. Sabía esto, pasaría, pero no hice nada para detenerlo. No hice nada para evitar que las cosas espantosas volvieran a suceder. Él podía conmigo, él me hacía sentir completo. Era un monstruo, pero yo quería estar en manos de ese monstruo. Sentía que podía dominar a esa bestia, aunque aquello fuese solo una fantasía mía.
—No quiero que vuelva a pasar esto— susurró, dejando un beso en mi frente— no quiero que intentes escapar de mí otra vez. No sé cómo, pero haré que confíes en mis palabras. Sé que llegará ese momento en el que desearás no alejarte de mí.
—No tendría esperanzas si fuese usted. Todavía sigo pensando que las cosas estarían mejor si el arma hubiese estado cargada— sus brazos me rodearon fuertemente, como si lo que yo dije le hubiera afectado en serio— Realmente quería una nueva vida. Quería estar lejos, no me importaba en qué situación me encontrara una vez lejos, pero hubiese preferido no volver a verlo.
—Supongo… que lo lamento— alcé la mirada. Él jamás pedía disculpas, nunca. Ahora lo hacía— en serio, lo lamento.
—Creí que nunca pedía disculpas a nadie, por ninguna razón— él giró la mirada, quedando en silencio un momento— ¿Por qué debería aceptar sus disculpas? Ni siquiera creo en que sean sinceras. Solo lo hace por quedar bien.
—Si nunca pido disculpas a nadie, deberías sentirte afortunado— habló sin siquiera dirigirme la mirada— si te digo que lo lamento, es porque lo es. Créeme o no, yo sé lo que acabo de decir y lo sostengo— me miró, fijando su mirada filosa en mis ojos— lo siento, pequeño, lamento haberte llevado hasta un límite tan peligroso. Lo siento.
—¿Debo creerle o volveré a sentirme un ser miserable?— acomodó su cuerpo, sentándose en la cama y apoyándose en el espaldar. Tomó mi rostro y se inclinó, dejando un beso en mis labios. ¿Cuándo lo había hecho con tanto cuidado? ¿Cuándo había sido la última vez?
—Créeme— susurró sobre mis labios— te lo estoy pidiendo— alcé mi cuerpo un poco y lo apoyé en su pecho, mientras él volvía a rodear mi cuerpo con sus brazos— no te vayas, mi pequeño. No te vayas nunca.
¿Anoche estuve a punto de cometer un error o de liberarme de lo que me estaba haciendo tan mal? Pues… anoche creí que sería libre de su recuerdo, pero cada maldito paso que daba me recordaba a él. Quería dejar de pensar en las sonrisas que compartimos, ¿pero cómo hacerlo?
Creí que sería fácil, pero no lo fue. ¿Cómo puedo seguir enamorado de él sí solo jugó con mis sentimientos? Me golpeó en donde más dolía y ahora estaba abrazándome, calmando mi llanto como si eso fuese a reparar todo el daño que me ha hecho. Eso no era suficiente para hacerme feliz, pero sí para mantenerme en pie. Como aquellas veces en las que usaba la fuerza bruta para derrumbarme y luego me regalaba sus caricias, sus abrazos y esos besos que no podía olvidar jamás. Esto es como un laberinto sin salida. Una maldita tortura.
—¿Quieres desayunar algo?— me preguntó— le diré a Grant que nos traiga el desayuno, comeremos juntos.
—No tengo hambre— la verdad era que solo quería recostarme a su lado y quedarme allí el tiempo que sea necesario para reparar mi corazón.
—¿No piensas comer?— dejó un beso en mi mejilla— come al menos un poco, pequeño— giré mi mirada y posé mis ojos en él, en su encantadora sonrisa— vamos, ¿qué dices?— su sonrisa no desaparecía y acabé contagiándome de ella.
—Bien— reí levemente, bajando la mirada.
—¿Bien? No, tienes que contestarme como corresponde— picó mi abdomen con su dedo y me sobresalté entre risas. Comenzaba a hacerme cosquillas y yo intenté escapar, pero sus brazos no me lo permitían.
—¡Suelte, suelte!— dije entre risas, tirando manotazos hacia atrás— ¡Por favor, pare!— él reía como un niño pequeño. Era lo más adorable que podría haber oído en mi vida. Jugaba como si fuese una criatura, pero yo estaba a punto de orinarme.
—Si no me dices lo que quiero oír no te soltar— reía.
—¡Sí, sí, amo!— me alejé de él a penas sus brazos aflojaron el agarre. Suspiré, intentando volver a la normalidad mi respiración.
—Bien— se levantó de la cama y dejó un beso en mi mejilla— ve a darte una ducha y luego desayunaremos algo delicioso— acarició mi mentón— me alegro de que estés aquí, mi pequeño— se puso derecho y salió de la habitación, dejándome a solas con mis pensamientos enredados.
Seguía sin comprender lo que sucedía con él. Cómo podía ser una mierda un día y luego tratarme como si… como si en serio yo le importara. Lo peor era que yo me quedaba viéndolo, pensando en que él había cambiado. Por un momento mi mente pensaba en nuestros momentos a solas, en la manera en la que él confiaba en mí y me decía lo que sentía. Desde un principio, pensé en que quería confiar en mí. No sé por qué, pero una parte de mí seguía confiando en él. Seguía enamorado de esa persona tan bella que se presentó esta mañana. Como si supiera que en serio necesitaba de esa compañía. No podía volver a enamorarme de él luego de haber intentado quitarme la vida la noche anterior. No es posible que siga siendo tan imbécil como para creer en sus mentiras que solo han sabido hacerme daño. Ahora sí me sentía un idiota.
Miré a mi alrededor y luego mi cuerpo. Estaba vestido, pero no como la noche anterior. Tenía puesta… su ropa. Eran sus pijamas, las reconocería en cualquier momento. Me quedaban enormes. Tenía unas cuantas tallas más que la ropa que uso normalmente. Reconozco que tenía que agradecerle por no haberme dejado desnudo. Hubiese despertado y creído que él… Joder, ¿pero qué mierda estoy diciendo?
Desabroché la enorme camisa y al abrirla mordí mi labio inferior y cerré mis ojos. No sabía si era la rabia lo que me consumía al ver las múltiples marcas rojizas en mi cuerpo o el hecho de que amaba, como un puto masoquista, que él me marcara de esa forma. ¿Qué más se podía esperar de él? Él aprovechaba cada pequeño momento y yo no podía mentir al decir que… mi mente retorcida deseaba que fuera todo a su manera.
Soltando un largo suspiro, me levanté y volví a abotonar la camisa. Salí de su habitación lentamente. El pasillo estaba despejado. Gracias a dios, no tenía que ver la cara de Kate.
Estaba seguro de que le faltaría el respeto ante el más mínimo grito que pegara en el cielo.
Aún estaba consciente de que ella me había visto cuando la descubrí con mi amo. Recordé su sonrisa triunfante ante mi rostro. Como si estuviese celebrando una victoria. Joder, el solo recordarlo ardo de furia. No quería volver a vivir algo así en mi vida. Creo que fue lo más doloroso que pude haber sentido en esta mierda de casa, dolió incluso más que el disparo que él nunca quiso repetir.
Entré en mi habitación y procedí a buscar la ropa que había tirado al suelo antes de irme. Esta estaba perfectamente acomodada en mi armario. Tal vez Grant lo había hecho, no creía que mi amo se tomara tiempo para esas cosas. Por momentos se me hizo gracioso el creer que había obligado a Kate a hacerlo. Eso hubiese sido algo muy cómico.
—¿En serio eres tú quién está aquí?— me giré al oír la voz de Grant, como si mi pensamiento lo hubiera llamado. Estaba parado en el umbral de la puerta, mirándome atentamente, sin una expresión en su rostro— volviste.
—Me trajeron— hablé, tragando saliva. Sabía lo mucho que Grant deseaba verme libre, me apenaba no poder haberlo hecho por los dos— No fue mi culpa. El tipo traía un arma, me apuntó en la cabeza y me trajo hasta aquí— su rostro continuaba inexpresivo, por momentos pensé que no creía ni una sola palabra de lo que yo decía— Estuve a nada de salir de aquí. Si ese tipo no me encontraba no estaría hablando contigo ahora.
—Tampoco estarías hablando conmigo si ese disparo salía, ¿sabías eso?— Nuevamente, me sentí avergonzado por mis actos— Lo vi todo— avanzó hasta mí y yo retrocedí— intentaste matarte. Debo admitir que me decepcionaste.
—Sabes que yo no deseaba estar aquí. No tenía otra opción. Creí que ese era mi último escape y no… no sé qué tenía en la cabeza en ese momento.
—Fuiste un imbécil— alcé la mirada— el imbécil más grande que he visto en mi vida— movió su cabeza negativamente— ¿En serio lo valía? Si le disparabas el arma no estaba cargada y él te hubiese dejado en paz. ¿Qué se siente saber que tomaste la decisión más estúpida de tu vida? ¿Qué se siente saber que preferías la vida de un asesino antes que la tuya?
—Él será un asesino, pero yo no. Yo no iba a dispararle, no iba a hacerle daño. Prefiero morir antes que ser como mi padre. Yo nunca mataría, ni siquiera a él. Jamás.
—¡Oh, vamos! ¡Ambos sabemos que esa no es la razón por la cual no disparaste esa puta arma! ¡Te engañó, te golpeó, te violó, te humilló y tú sigues creyendo que estás enamorado de él! ¿¡Acaso no entiendes que está metiéndose en tu mente y te está matando!? ¡Ya lo hizo! ¡Joder, mírate!
—Grant…
—¡Mírate!— Se acercó de pronto, tomando mi nuca y mi brazo. Me posicionó frente al espejo— ¡Mírate! ¿¡Ves algo que valga la pena!? ¿¡Ves algo en ti que esté bien!?
—¡Ya basta!— Ni siquiera fui capaz de mirarme al espejo. Sabía que él tenía razón, tenía toda la puta razón, pero no dejaría que me humille él también.
—¡No!— Tomó mi mentón y me obligó a ver mi reflejo— ¿¡Lo ves!? ¿¡Lo ves!? Eres tú. Eres tú usando su ropa, luego de dormir en su cama, bajo su mismo techo, con su asqueroso aroma.
Eres tú. Un maldito esclavo que fue capaz de sacrificarse por alguien que no vale ni la mitad de lo que tú vales— me soltó y yo cubrí mi rostro, alejándome del espejo— ¿Por qué, Bill?
—Lo amo…— susurré, sintiendo el nudo formarse en mi garganta— déjame amarlo, déjame en paz. Me consumiré en toda esa mierda y moriré, pero no me importa. No me importa lo que me pase, ¿acaso no lo comprendes? Nada de lo que digas va a hacerme cambiar, ni tampoco nada de lo que él haga. Lo amo, Grant.
—¿Despertaste a su lado?— moví mi cabeza positivamente, despejando las lágrimas de mi rostro— ¿Qué fue lo que te dijo?— dejé escapar una tonta sonrisa. Un recuerdo no muy lejano impactó en mi mente.
—Algo que no te diría a ti ni en un millón de años, ni a nadie más— alcé la mirada y sonreí— me ha pedido disculpas, me dijo que lo siente. Me quiere a su lado, como me lo había dicho muchas veces. Pero esta vez fue en serio.
—Nunca es en serio. Es solo una artimaña para hacerte caer en su juego— se acercó y acarició mis cabellos— olvídate de él. Ese tipo no te merece, pequeño— pequeño… me había llamado «pequeño». Solo había una persona que podía llamarme así y esa persona no era Grant.
—Sal de mi habitación— alejé su mano de mi cabeza de un golpe— Vete y déjame solo. Deja de decirme que no vale la pena, deja de insultarme, déjame amarlo y no me vuelvas a llamar «pequeño» jamás en tu miserable vida. No tienes derecho a llamarme así, nadie lo tiene.
—¿Vas a echarme por tener la razón? Los dos sabemos cuál es la decisión correcta. Los dos sabemos que él no vale la pena y que debes olvidarlo. Debes olvidarte de él y de tu estúpida fantasía. Él no te ama y por lo único que estás aquí es para ser usado por él. Te va a follar, te va a escupir como a una puta. Eso es lo único que eres para él, una sucia y vulgar puta— no pude contenerme, le di vuelta la cara de una bofetada. Inmediatamente retrocedí. Me había arrepentido de aquello. Recordé a Agatha, él era su hijo y yo me atreví a levantarle la mano.
—Sal de aquí, por favor. Vete, no quiero saber nada de ti. No quiero que me dirijas la palabra otra vez en tu vida. Vete.
—Bien— asintió lentamente y se acercó a la puerta, pero no se fue. Se quedó parado, dándome la espalda, como si el tema aún no estuviese del todo cerrado— Antes de que no quieras verme la cara otra vez, debo confesarte dos cosas. Primero: la razón por la cual deseaba tu libertad era para que no sufrieras ni un segundo más en tu vida. Quería que te olvidaras de ese monstruo y vivieras la vida que te mereces. De hecho, aún tengo esperanzas de que lo hagas. Solo deseo que seas feliz, pero sé que no lo serás a su lado. Seguirás sintiéndote miserable. Todo lo que hice, lo hice porque estoy jodidamente enamorado de ti, Bill. Desde el primer día en que mi madre te mencionó, supe que me volvería loco en cuanto te tuviera frente a mí. Creí que no sucedería, pero así ha sido. Ahora que me escuchas, lo sabes.
De hecho, creo que ya lo sabías, pero mereces escucharlo de mis labios sin dar ninguna vuelta.
Me gustas y ese tipo no te merece. Creo que soy egoísta, yo te merezco aún más que él.
Cualquiera podría darse cuenta, incluso tú. Tú más que nadie sabe que él no merece amor— Agaché la mirada. Yo no sabía si estaba en el momento indicado para escuchar aquello. Preferí no contestar, solo esperaba a que se fuera y me dejara a solas— Segundo: si crees que tu amo adivinó que te fuiste de esta casa, estás equivocado. Yo fui quien se lo dijo. Horas luego de que te fueras, pensé en mí. Mi egoísmo me ganó y fui y se lo dije. Le dije que te habías ido y, probablemente no volverías— lo miré, sin poder creer lo que oía— quería que fueras feliz y libre, pero yo no te quería lejos de mí. Creo que… que me odiarás después de esto. Pero tenía esperanzas de que al volver, te olvidaras de él y vinieras a mí. Lamento haber sido tan egoísta, Bill. Pero no lamento el tenerte de vuelta, estoy seguro de que no hubiese podido seguir sin ti— sus ojos se cruzaron con los míos— espero que no me odies por esto. A mi madre tampoco le hubiese gustado que estés lejos.
Continúa…
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