«EL AMO» Fic Toll de Chris_twc
Capítulo 24
Se alejó de la puerta y yo me senté en la cama, pensando en lo que acababa de oír. No supe en quién pensar primero. En él, en mi amo… sencillamente, no me esperaba esto. Grant, quien me había ayudado a escapar, había dado un paso hacia atrás y había ayudado a mi amo a traerme de vuelta, ¿quién lo hubiera imaginado? Ponía mis manos al fuego por él, ¿y luego esto? No sabía si matarlo o ir detrás de él y abrazarlo como nunca he abrazado a nadie. De no ser por él, yo no hubiese vuelto a ver a ese ser tan hermoso de cual me enamoré. Joder… esto era tan confuso. ¿Por qué me negaba a sentirme tan bien? ¿Por qué no podía simplemente amarlo? Nada tenía que impedírmelo, ni siquiera Grant. Downey no está aquí, nadie está aquí para decirme que no lo ame. Solo soy yo.
Me levanté de la cama y saqué ropa de mi armario. Decidí no pensar demasiado en lo que había pasado, preferí avanzar. No me importó lo que me deparaba el futuro, solo debía ver cómo seguían las cosas. En lo posible el amo que yo amaba, aún estaría conmigo. Esperaba que fuera así, para no volver a hacer algo tan patético como anoche y fallar en el intento.
Dejé la ropa lista sobre la cama y entré al baño. Me desvestí rápidamente y observé mi cuerpo antes de entrar debajo de la lluvia. Estaban sus marcas allí, las que él había dejado quién sabe en qué momento. Recorrí cada una de ellas con mis dedos suavemente. No dolían, pero sí se veían muy rojizas, algunas casi violetas. Parecían golpes, pero yo sabía mejor que nadie que no era ningún puto golpe. Eran sus labios. Sus jodidos labios que tanto me gustaban.
Me reí el solo pensar en él, besándome mientras me encontraba en su cama, luego de ponerme su ropa. Esa ropa que aún conservaba su aroma. Su ropa siempre tenía un olor particular, muy masculino. No era una simple colonia masculina, era el aroma de su piel. Su piel olía realmente bien. Cada que yo lo abrazaba, aprovechaba a aspirar ese fuerte aroma. Era dulce, casi tan dulce como su mirada cada vez que me cuenta sobre su pasado. Casi tan tierno como sus caricias… casi tan bello como él. Casi tan perfecto como él.
Dejé flotar mis pensamientos en el aire y entré a ducharme. Sentí la verdadera paz en mi interior cuando el agua tibia empapó mi cuerpo desnudo. Pude respirar y poner mi mente en blanco, solo por un momento. Todo era tranquilidad hasta que oí la cortina de baño correrse rápidamente a un lado. Giré mi mirada, pero no logré ver nada. Sentí unos labios desesperados sobre los míos, moverse una y otra vez. Unos brazos rodearme el cuerpo fuertemente y ese fuerte abdomen chocar contra el mío. Moví mi rostro a un lado, sintiendo su respiración sobre mi cuello, seguido de besos recorriendo cada parte de mi piel.
—No… no…— susurré casi sin aliento, a causa de sus roces— amo… no… sus labios húmedos rozaron mi oído y sus brazos me aprisionaron con más fuerza que antes.
—¿No? ¿No qué?— susurró, apoderándose de mi trasero con sus manos, jugando con él, apretándolo y masajeando cuanto se le diera la gana. Estaba excitado. Obviamente, sus roces me volvían loco, pero no lo iba a permitir. No quería que jugara con mis sentimientos.
—No quiero— sus ojos miraron fijamente los míos, haciéndome estremecer— p… por favor— las pequeñas gotas de agua, recorrían sus labios delicadamente. Deseaba ser ellas, pero no… no podía.
—¿Por qué?— una de sus manos acarició mi rostro— no me mientras, no le mientas a tu amo— besó mis labios una vez más. Creí que no me resistiría y la verdad era que mientras más intentaba resistirme, más me gustaba. Mi amo era como una jodida droga que no me permitía mantener mi mente en otro lugar. Pensaba en él en cada pequeño segundo, en consumirme en su fuerza, en su lujuria y brutalidad.
—Lo vi— confesé una vez que logré alejarme de sus labios— lo vi con ella, con Kate. No quiero ser un juguete— él se mantuvo en silencio y yo no me atreví a mirarlo. Alejé mi mirada de él tanto como pude, temiendo que se volviera loco en cualquier momento.
—¿Anoche?— asentí lentamente. Mi cuerpo comenzaba a temblar y él no tardaría en darse cuenta de que estaba sintiendo ese miedo una vez más— ¿y qué tiene de malo?— encima lo preguntaba.
—Estuvo con ella. Los vi a los dos y yo no quiero juegue con mis sentimientos. Fue horrible verlo con ella luego de todo lo que me hizo. Fue la gota que rebalsó el vaso.
—Solo fue una noche. Kate no me importa, tú sí— tal vez él no se daba cuenta, pero mis lágrimas comenzaban a hacerse presentes— no estoy mintiendo, pequeño— tomó mi rostro entre sus manos, pero yo cerré mis ojos— Solo fue un momento de debilidad, tú no me dejabas tocarte. Estaba enojado, necesitaba descargarme y no pensaba golpearte una vez más.
—Es mentira. Yo sé que…
—No— me interrumpió— por favor, mírame. Mírame, pequeño— abrí mis ojos lentamente y pude ver los suyos— solo fue una noche y no se volverá a repetir si así mi pequeño lo desea. No volveré a posar mis ojos en nadie más si me lo pides.
—Amo…
—Hablo en serio. No voy a permitir que cometas un error como el de anoche. No voy a dejarte ir y si debo renunciar a estar con otra persona, lo haré. Es así de sencillo. No necesito a nadie más que a mi pequeño. Te lo dije una vez, ¿recuerdas? No me importaría perder todo lo que tengo, pero a ti no te voy a perder.
—Prométame que solo fue una noche. Sé que nunca promete nada, pero… lo necesito. Necesito que me diga la verdad de una vez por todas.
—Te prometo que solo fue una noche— mi corazón se aceleró. Sentí que estaba diciéndome la verdad, por primera vez— me importas, ¿qué parte no comprendes, idiota?— soltó una bella sonrisa de la cual me contagié en un segundo— no dejaré que te escapes de mí otra vez.
—No me iré a ningún lado.
—No te creo. No creeré nada de lo que salga de tu jodida boca— bromeó entre risas— no quiero que te vayas, ¿bien? No lo hagas nunca o no sé qué mierda pasaría conmigo.
Probablemente me vuelva loco y mate personas, sería una masacre— acarició mi mejilla— perdería los estribos, por eso… nunca te vayas.
—no lo haré. No lo haré a menos que acepte…— me quedé en silencio, supe que estaba por decir una locura y no debía. No si quería seguir estando bien con él.
—¿Hasta que yo qué?— insistió— no voy a enojarme— acarició mi mentón y dejó un pequeño beso en mis labios— pequeño…
—Lo que siento por usted. Prométame que no va a odiarme por amarlo— él sonrió de lado, como si le enorgullecieran mis palabras.
—No me hagas prometerte cosas. Soy un idiota con las promesas— rió— pero… puedo intentarlo— se suponía que esa era su respuesta y no es que me pusiera del todo feliz, pero supuse que era su forma de decirme que las cosas estaban bien— cambia esa cara. Te prometo que no me enojaré por las cosas que sientes por mí— sonreí, un poco más conforme con sus palabras esta vez— Me importas, me importa lo que te pasa y lo que sientes. Prometo no enojarme si no dejas de sentir eso por mí nunca— oír eso… sentí como cada pedazo roto se reconstruía, como cada parte de mí se recuperaba de cada pequeño dolor. ¿Cómo es que me enamoré de un monstruo? Me enamoré de ese monstruo cuando descubrí que no era una bestia asesina, solo era una persona que temía mostrar lo que sentía.
Apoyé mi mano en su pecho y mis labios rozaron los suyos hasta fundirse en un apasionado beso que parecía no tener final. Permití que sus manos recorrieran mi cuerpo empapado, mientras la lluvia de la ducha humedecía nuestros cuerpos. Nuestras almas parecieron encontrarse luego de tanto tiempo. La atmosfera lucía placentera solo cuando sus labios recorrían mi piel, como solo él sabía hacerlo.
Me dejé llevar por sus bruscos roces, por la humedad de su lengua dentro de mi boca, recorriendo cada parte de ella. Su ritmo tan acelerado no me permitía seguirlo en lo más mínimo. Intentaba besarlo con la misma pasión con la que él me besaba a mí, pero era prácticamente imposible. Era imposible seguir ese paso tan acelerado. Al parecer el más entusiasmado por estar en estas cercanías con el contrario no era yo.
Sentí su corazón chocar fuertemente contra la palma de mi mano, mientras una de sus manos rodeaba mi miembro, logrando robarme gemidos con tan solo ese simple roce. Eché mi cabeza hacia atrás cuando comenzó a masajear justo en el glande. Sabía perfectamente lo que tenía que hacer para convertirme en un puto esclavo. Sabía mejor que nadie lo que me gustaba y eso era lo más placentero de compartir un momento íntimo con él.
—oh…— jadeé, mientras sus labios saboreaban mi cuello de arriba hacia abajo, con toda la tranquilidad del mundo— J… joder. Amo… ¡Ah!— solté un fuerte gemido cuando su mano contraria comenzó a moverse en círculos sobre mi entrada, acariciando esa zona tan sensible en mí— hum…
—No me digas que no lo has extrañado— habló, dejando una mordida leve en el lóbulo de mi oreja— no me digas que no lo deseas, pequeño.
—L… lo quiero— lamí su mentón, recorriendo con mi lengua desde aquel lugar, subiendo hasta llegar a sus labios. Esos hermosos labios con los que soñaba cada puta noche— dentro de mí. Quiero que entre en mí— ni siquiera me dio tiempo a pensar en lo que acababa de decir, sentí dos intrusos apoderarse de mi entrada, moviéndose frenéticamente, como intentando buscar algo allí adentro.
—¿Así, pequeño?— sentí millones de mariposas revolotear en mi vientre, casi cortándome la respiración— ¿Así o más fuerte?— los movimientos de sus dedos, coincidían con el fuerte bombeo que provocaba sobre mi miembro.
—Ouh…— no podía abrir mi boca más que para gemir— mmh…— al no obtener respuestas por mi parte, intentó alejar su mano de mi hombría, pero me aferré a su brazo antes de que pudiese hacerlo— No… no, no…— jadeé— p… por favor— sus dedos se removían casi violentamente, cortándome la respiración como nunca antes— más fuerte, más fue…— sin siquiera darme tiempo a reaccionar, estampó mi cuerpo contra la pared.
—Tú no tienes ni una puta idea de lo jodidos que han sido estos días sin oír tus gemidos— jaló mi cabello, pegando su cuerpo completamente al mío, permitiéndome sentir su cálida respiración cerca de mi oído— no tienes ni puta idea de cuánto he extrañado follarme a mi hermoso pequeño.
—Mmh… ah…— toda su longitud se paseó entre mis nalgas, dejándome ansioso. Quería que lo hiciera, que me follara como nunca antes lo había hecho.
—Dile a tu amo cuanto lo has extrañado, pequeño— la punta de su masculinidad ya estaba rozando mi entrada, podía sentirlo.
—He extrañado a mi amo— susurré entre leves jadeos— extrañaba que me follara como un animal— solté una sonrisa, preso del éxtasis en el que me encontraba cada vez que me hablaba de esa manera.
—Buen chico…— tan solo una estocada fue suficiente para estampar mi cuerpo contra los fríos mosaicos de la pared— estás más apretado que nunca— tomó mi mentón y posó sus ojos en los míos— ¿no hiciste tu tarea?
—Castígueme por no hacerlo— jadeé con el poco aire que me quedaba.
Su sonrisa se expandió más que nunca. Pude ver en sus ojos el deseo que recorría su cuerpo, el mismo deseo que yo sentía ahora en mi cuerpo, estremeciéndome. Esas ganas de tomarme en sus brazos y hacerme lo que mejor sabe hacer, aquello que tanto me gusta. Dominarme, follarme como una bestia, devorarme como solo él lo hace.
Cada vez era más intenso. El ambiente comenzaba a calentarse, al igual que la temperatura de mi cuerpo. El sonido húmedo de aquella fuerte penetración solo ponía la atmósfera más ardiente, más apasionante. Comencé a masturbarme poco después, mi miembro estaba endurecido. Sentía que iba a estallar en cualquier momento. Gracias a la lluvia, cada movimiento de nuestros cuerpos chocando, se convertía en un sonido húmedo y excitante.
Cuando sus brazos rodearon mi cintura, supe que ya no podría seguir ni un segundo más. Su miembro estalló dentro de mí luego de que yo empapara con mi semilla la pared en la que me encontraba apoyado. Mi cuerpo tembló entre sus brazos y resbalé en el suelo húmedo. Creí que caería, pero él tuvo la fuerza suficiente como para mantenerme en pie.
—Joder…— susurró con la respiración agitada— no te caigas, vas a romperte la cabeza— intenté apoyar mis manos en el muro, pero estaba resbaloso. Al final me di la vuelta y abracé su cuello. Mis piernas temblaban— cálmate, vas a matarte, niño— reí junto con él y volví a perderme en aquel aroma que, a pesar del sudor y el agua de la lluvia, no se iba.
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—¿No le molesta?— él me miró y movió su cabeza negativamente con una sonrisa— Seguro está jugando conmigo. Usted no es así.
—Si quieres puedes andar desnudo por la casa, eso no me molesta. Decido que uses ropa solo porque hay otro hombre en la casa— decía mientras se colocaba una playera— ¿esta te parece bien?
—Luce bien con todas ellas— se acercó a mí y dejó un beso en mis labios, un pequeño beso tierno— y sin ellas también— añadí, deleitándome con esa preciosa sonrisa una vez más.
—Irán todos de traje, ¿crees que está bien si rompo las reglas una vez?— acaricié su rostro, observándolo detenidamente.
—No creo que sea un problema. Con o sin traje, usted será el más guapo de todos— podía decirle todos los halagos que se me vinieran a la mente. Aprovechaba ese momento, casi nunca podía decirle cosas tan bonitas como las que él me decía a mí.
—Tengo una idea— acarició mi cabello, dejándolo detrás de mi oreja— ya que no iré con ese estúpido traje, llevaré algo hermoso para llamar la atención— alcé una ceja— estoy hablando de ti, niño. Vendrás conmigo.
—E… espere— me quedé en blanco— n… ¿no cree que alguien puede molestarse por eso? Es… es decir, será raro que…
—¿Qué?— me interrumpió— ¿Qué me vean ir con un muchacho? Pequeño, la mitad de los que están allí querrían follare.
—¿Y la otra mitad?
—Pueden irse a la mierda— reímos.
—La última vez que salimos juntos las cosas no acabaron bien. Temo que esta sea una de esas situaciones.
—¿Puedes ser optimista al menos una vez?— Se alejó para buscar un frasco de perfuma y se echó un poco en el cuello— será divertido. Conocerás mucha gente importante. Las mujeres te envidiarán por tenerme y puedo presentarte a las pocas personas en las que confío.
—No sé si eso sea del todo bueno. Insisto en que las cosas no van a terminar bien si voy con usted. La casa quedaría sola y…
—Vienes conmigo y te callas. Sigo siendo tu amo y si sigues desobedeciéndome tendré que… dejar de castigarte— sonrió de lado, mirándome— vamos. Necesitas divertirte luego del trago amargo que pasaste anoche.
—Tal vez sea divertido— hablé, no muy convencido de mis palabras.
—Lo será, te lo aseguro. Toma la ropa que más te guste, maquíllate y nos vamos. Nunca la vas a pasar mejor en tu vida.
—¿Por qué es tan importante esa fiesta? ¿Hace cuánto pensaba ir? ¿Quiénes estarán allí? —Creo que estás abusando de tu privilegio a corto plazo, pequeño— él odiaba que yo le preguntara cosas. Me lo permitía cada vez que estaba de buen humor y esta era una ocasión en la cual no quería acabar con su paciencia.
—Lo siento— mordí mi labio inferior, pensando en no agregar nada más— ¿no responderá, verdad?— agregué, gracias a mi jodida lengua larga.
—Es importante porque conozco más gente para hacer negocios. Soy invitado todos los años y allí estarán mis socios y mucha gente importante. Ya respondí. ¿Ahora estás feliz?— se sentó junto a mí, en la cama.
—Tal vez… más o menos— bajé la mirada y suspiré— creo que me pone nervioso el conocer más gente que tiene que ver con usted y su… trabajo. La última vez no tuve suerte con sus conocidos. No quiero que eso suceda una vez más.
—Esas personas están muy lejos de obtenerte. Ya me he encargado de que no vuelvan a meterse en donde no deben— besó mi mejilla y acarició la contraria— nadie va a tocar a mi pequeño mientras yo esté aquí, ¿entiendes?— asentí— así que no te preocupes. Ve a prepararte, salimos en media hora.
—Sí, amo— me levanté de la cama, pero él tomó mi mano antes de que pudiese siquiera alejarme.
—Pequeño, ya no me ocultes nada. Jamás— Era la primera vez que sentía que me hablara en serio, como si se preocupara por mí. Me soltó cuando asentí, dándole la razón.
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Una enorme mansión, casi tan grande como la suya. Decoraciones finas como en las revistas, gente con traje y mujeres bellísimas con vestidos y joyerías. Como si compitieran una con la otra para ver cuál era la más arreglada de todas. Era increíble que dejara que me arrastrara hasta un lugar así. Odiaba a esta gente y ellos me odiaban a mí, al menos aquellos que se quedaban viéndome de pies a cabeza.
—Toma, bebe— mi amo me entregó una copa de champán— no tengas miedo, no voy a emborracharte, te lo prometo— sonreí ante su pequeña broma y tomé de aquella copa. El sabor no era agradable, pero no pude decirle que no a su sonrisa.
—Están mirándonos— hablé en voz baja— tal vez la idea del traje hubiese sido más efectiva— él rió levemente y acarició mi mejilla.
—No necesitamos trajes. No somos iguales a ellos, somos mejores. Yo puedo hacer que todos ellos se arrodillen y me laman las botas. Tú también, solo por estar conmigo.
—Eso no se oye tan bien como lo parece. Estoy sintiéndome un poco incómodo, de hecho. Tal vez fue mala idea traerme con usted— cada pequeño movimiento que él hacía para acercarse aumentaba mi incomodidad, ya que las miradas no dejaban de posarse en nosotros.
—Que aguafiestas resultaste, pequeño— rió— disfruta. Es un lugar bonito, hay gente bonita y tú pareces ser el centro de atención.
—Yo no…— giré mi mirada y noté como un grupo de hombres se acercaba— viene alguien— miré a mi amo y él se puso de pie para saludar a estos hombres. No quise quedarme en el lugar, imité su acción y me puse de pie.
—¿Sin traje? ¿Cuántas veces en la vida se ve al gran Thomas Trümper sin traje?— habló uno de los hombres— no te he visto en todo el año, ¿cómo has estado?
—He estado algo ocupado. Los negocios van de maravilla— habló mi amo, estrechando la mano del señor— ¿cómo está Carol?
—Nos divorciamos hace dos meses. Supuse que era lo correcto ya que…— giré mi mirada hacia otro lado. Me encontré con un hombre el cual me llamo la atención más que cualquier persona que hubiese visto desde que entré allí.
El hombre me miraba y sonreía, levantó una copa de champán en su mano, saludándome amablemente. Me quedé observándolo ya que tenía los ojos maquillados. Era un hombre mayor, no un joven. No me molestaba mirarlo fijamente, tampoco me incomodaba, él también me miraba a mí con una sonrisa. Llevaba ropa negra. Era otra persona que no usaba traje y eso me agradaba mucho más.
Me sobresalté cuando sentí el tato frío de la mano de mi amo aferrarse a mi brazo. Lo miré, con el miedo plasmado en los ojos. Él se quedó con la mirada fija en mí y luego miró al hombre que yo no podía dejar de ver. Levantó su copa y el hombre hizo lo mismo. Se saludaron con total normalidad y yo me quedé inmóvil, temiendo haber hecho algo que no debía.
—Lindemann— habló uno de los hombres— es la primera vez en cuatro años que me cruzo con él— ¿acaso sabías algo de su vida?— mi amo lo miró nuevamente y volvió su mirada a los hombres, sin quitar su mano de mi brazo.
—No recuerdo haberlo visto desde la muerte de su esposa. Supongo que eso debió afectarle y es por eso que ha desaparecido de la vista del resto— volví mi mirada al tal Lindemann, ahora se encontraba compartiendo una conversación con otras personas, pero de vez en cuando volteaba a verme.
—Me dijeron que estaba quebrado. No entiendo cómo es que sigue viniendo a este lugar sin un centavo en su billetera. Esa clase de gente no debería entrar en estos lugares— el hombre que hablaba dirigió su mirada a mí— sin ofender, niño.
—¿Por qué se iba a ofender mi pequeño?— abrazó mis hombros y me apegó a su cuerpo— él no es ningún pobretón. Vive conmigo.
—algo me han dicho de él. Me han dicho que trabaja para ti y que es todo un rebelde, ¿estoy en lo cierto o son solo rumores?
—Un poco de esto, un poco de aquello…— respondió mi amo— ya no es mi empleado. Es mucho más que eso. Sé que cualquiera que se entrometa en sus asuntos o los míos merece ser castigado.
—No sabía que estabas comprometido con otro hombre— el trago de champán fue por el lado equivocado y comencé a toser a lo bruto ante lo dicho por aquel hombre.
—No lo estoy. Solo cuido lo que es mío— la frialdad al contestar de mi amo me tranquilizó— Me conformo con que la gente sepa que cortaré la cabeza a cualquiera que se acerque a él.
—Pues yo no me confiaría mucho de Lindemann, lo ha estado mirando desde que entró— mi amo giró su mirada hacia aquel hombre y yo también. Él nos miraba de reojo, pero no lo suficiente como para darnos cuenta de que nos espiaba— Si yo fuera tú, me cuidaría. He oído que apunta hacia los dos lados.
—¿Qué hay de malo con eso?— mi amo dirigió su mirada hacia los hombres y estos se quedaron en silencio, mirándose el uno con el otro— ¿acaso nunca se han follado a un muchacho? Pruébenlo, te hace sentir más joven y vivo que nunca. Creo que ustedes lo necesitan mucho. De hecho, puedo prestarles a mi pequeño. Una noche cada uno o todos con él, ¿qué me dicen?— miré a mi amo, sin comprender lo que hacía. Me preocupé porque su actitud haya cambiado— ¿no?— habló ante el silencio de los hombres— que lástima. Solo espero que entiendan que no hay nada de malo en apuntar hacia dos lados de vez en cuando. Te hace menos cobarde ante un mundo tan cerrado.
Los hombres asintieron y se alejaron rápidamente. Mi amo sonrió y volvió a sentarse en el fino sofá de terciopelo que había en medio del salón. Yo me senté junto a él, no podía evitar sentirme algo orgulloso por esas palabras que acababa de soltar con tal naturalidad. Era como si él les dijera que no le importaba que yo fuera un muchacho, así me respetaba y me aceptaba. Había sido muy tierno de su parte hacer eso.
—Eso fue… eso fue valiente de su parte— hablé, posando mis ojos en los suyos— en serio, fue algo muy lindo— él sonrió y, sin importarle cuanta gente hubiese frente a nosotros, tomó mi mentón y besó mis labios. Un pequeño, pero tierno, beso que me sacó la más grande de las sonrisas.
—Las personas aquí no valen ni la mitad de lo que tú vales, pequeño. Alguien tiene que ponerlas en su lugar.
—Gracias por eso.
—No me agradezcas por aceptar la realidad— dejó una caricia en mi cabello y reposó su espalda en el sofá— ¿te diviertes?
—La verdad… creí que sería una tortura. Pero hablar con usted es divertido— él dio un sorbo a su copa— No sabía que se apellidaba Trümper— esta vez me miró. Temí haberlo ofendido de alguna forma.
—No se te escapa una, pequeño— su sonrisa logró aliviar mis nervios un poco.
—Lo siento.
—No te preocupes. Por lo menos sabes algo sin tener que preguntarme— acaricié mis manos, con nerviosismo. Quería preguntarle miles de cosas, pero no me atrevía. Mis ganas de saber de él eran inmensas— no me preguntes nada. No aquí, al menos. No es el lugar ni el momento indicado para hablar de mí.
—Comprendo— asentí.
—Pero sí de ti— lo miré— ¿Hay algo que te haya llamado la atención esta noche?— me lo reprocharía. Debí saberlo desde un principio.
—El señor del que usted estaba hablando, ¿a eso se refiere?— movió levemente su cabeza a un lado— Solo lo miraba porque tampoco trae traje— proseguí, a lo que él rió levemente— y tiene maquillaje. No creí que llegaría a ver a alguien así entre toda esta gente.
—Entiendo, entiendo— no recordaba la última vez que lo había visto de tan buen humor— si quieres pudo llamarlo, para que charlen más a gusto.
—No, no haga eso— él se levantó y yo me levanté para tomar su brazo. Viniendo de él, no dudaba en que lo haría— ¡Amo, no!— era inútil hablarle, él avanzaba como si yo no existiera— ¡Amo, por favor!— sin darme cuenta ya estábamos los dos junto a este hombre. —Lindemann— Habló mi amo, haciéndome permanecer en silencio— ¿No pensabas acercarte a saludar en toda la noche?
—Thomas— Lindemann se dio la vuelta con una enorme sonrisa y estrechó la mano de mi amo— Lamento no haberlo hecho, temí darles una mala impresión a ti y a tu acompañante.
—He notado que no dejas de verlo, ¿hay algo interesante?— el hombre sonrió de lado y movió su cabeza negativamente— tú nunca cambias, ¿verdad?
—Tienes una compañía que llama demasiado la atención. No soy el único que ha posado sus ojos en ustedes esta noche. Mis disculpas si esto ha sido una molestia para ambos— el hombre no parecía asustado, tampoco enojado, de hecho se tomaba las cosas con total naturalidad.
—Deberían conocerse. Él tampoco ha dejado de mirarte. Le llamas la atención— mi amo dio un paso hacia atrás, dejándome frente a frente con este hombre. No supe que hacer. No supe si me estaba probando o simplemente quería que yo me relacionara con ese señor.
—Amo, no es necesario— hablé, intentando darle un fin a aquel momento incómodo.
—Es un placer conocerte— él hombre estrechó su mano— Lindemann— por respeto, estreché su mano— ¿Cómo te llamas?
—Bill. Es un placer.
—Veo que tenemos algo en común— señaló a sus ojos y yo reí levemente— tienes unos ojos muy bonitos, Bill.
—También usted, señor, muchas gracias— me alejé unos pasos, por miedo a que mi amo reaccionara de una manera en la que yo no quería.
—Creo que es la persona más amable que he conocido hoy— habló a mi amo— Tienes suerte, Thomas. No hay dos como él en el mundo, te lo aseguro.
—Lo sé— el brazo de mi amo rodeó mi cintura. Tenía esa sensación de inseguridad y alivio al mismo tiempo— Es por eso que lo llevo a cada lugar que voy. Tiene algunos problemas y no debo dejarlo solo.
—Ojalá pudiese, yo, tener a alguien así. Desde que mi esposa se fue, he estado solo. Viviendo el día a día como me sea posible.
—Es trágico. Creo que tenemos algo en común los tres. Todos hemos perdido personas que significaron mucho para nosotros— él hombre me miró. Supe inmediatamente que se moría de ganas por preguntarme a lo que mi amo se refería.
—Pero no tenemos que amargarnos la noche hablando de tragedias. Podemos disfrutar de esta noche con una sonrisa. Creo que eso sería lo más conveniente, ¿no crees, Bill?— él hombre me miró y yo le dediqué una sonrisa, afirmando a su pregunta.
Una noche en una fiesta de gente rica y yo conocía a un ser humilde. No solo una persona con la cual podía hablar sin que mi amo se enojara, sino que también podía pasar un tiempo con esa parte de él que tan bien me hacía sentir. Al principio creí que venir aquí sería la peor idea de todas, pero al final, resultó ser algo positivo. Pude conocer ese lado de él en el que defendía aquello que sentía y pude ver a alguien con ansias de ayudar. Este hombre apenas podía vivir con el dinero que le quedaba y mi amo dijo que haría lo posible por ayudarlo. ¿Pueden verlo? Al final no es tan monstruo, solo estaba confundido.
Continúa…
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