«EL AMO» Fic Toll de Chris_twc

Capítulo 25

—Aún no sé qué debo hacer contigo, pequeño. Te dije que no me volvieras loco y es lo primero que haces. ¿Acaso quieres volver al sótano? ¿¡Quieres que te meta ahí de nuevo!? ¡No me hagas enojar, sabes que soy capaz de cualquier cosa en este maldito estado!— era la primera vez que intentaba calmarse ante uno de mis errores. Generalmente me golpeaba y se encargaba de hacerme entender con claridad las consecuencias de mis acciones— Me estás volviendo loco, en serio. Sabes que no quiero hacerte daño, sabes que lo intento, ¿por qué sigues haciéndome esto?

—Lo lamento— me acerqué lentamente, con el temor aun recorriéndome el cuerpo— Pero yo le dije que no iba a hacerlo nunca más, ¿puede confiar un poco en mí? Se lo estoy pidiendo por favor— me incliné a su altura y acaricié su mejilla— Confíe en mí, le prometo que no voy a irme. No voy a dejarlo solo, no importa lo que usted haga. El único que tiene el poder de sacarme de este lugar es usted.

—No es eso lo que me preocupa. Sé que no intentarás escapar. Sé que no serías capaz de hacerlo de nuevo— suspiró— pero si sales de aquí van a matarte, ¿y crees que estaré tranquilo si alguien te aleja de mí? Si sales de aquí solo, corres el riesgo de que ni siquiera te reconozcan, ¿crees que eso me deje tranquilo? ¡Pueden matarte, secuestrarte o algo peor! ¿¡Quieres que te metan en un maldito prostíbulo!? ¿¡Eso quieres!? ¿¡Quieres que te vendan por dos malditos euros!?

—¡No! ¡No, por supuesto que no! Pero no tiene que preocuparse, solo salí al jardín. Hay seguridad en las puertas, nadie va a entrar o salir de este lugar. Por favor, intente calmarse, esto no es bueno para su salud— él alzó su mirada hacia mí— No quiero que se altere, tampoco quiero que se preocupe por mí. Todo está bien— el frotó su rostro con ambas manos— ¿Está más tranquilo?

—Juro que si intentas escapar te mataré antes de que mis enemigos lo hagan— tragué saliva.

Sus palabras no me tranquilizaban, pero supuse que solo las decía por el estado en el que se encontraba— No salgas de esta casa solo o te juro que ambos lo vamos a lamentar, sobretodo yo. Entiende que no quiero perderte, no quiero que pases otra desgracia más— Acarició mis mejillas con ambas manos— No quiero que te hagan daño. Aún eres un muchacho, no quiero ni siquiera imaginarme lo que harían contigo. Yo no puedo estar detrás de ti toda la vida, debes cuidar lo que haces.

—En verdad lo lamento. No sucederá otra vez, se lo prometo. No dejaré que nadie me saque de este lugar, nadie me va a alejar de mi amo— una pequeña sonrisa, casi imperceptible, se formó en sus labios— No se preocupe por eso. Tiene que calmarse.

—Eres una criatura realmente adorable, mi pequeño. Juro que haré hasta lo imposible por protegerte, así aquello me cueste la vida.

—No diga eso, por favor.

—¿Qué?

—No quiero pensar en su muerte. Desearía que eso no sucediera jamás. Quiero a mi amo junto a mí toda la vida, eso quiero.

—No tienes idea de lo mucho que me alegran esas palabras. Yo también desearía vivir para siempre junto a mi pequeño.

—¿Puedo decírselo?

—¿Qué?

—Usted sabe…— Tener que pedirle permiso para decirle lo que siento. A veces me atemorizaba el saber cómo iba a reaccionar luego de que le dijera que lo quería. Tenía que aprovechar los pocos momentos en los que él estaba feliz para decírselo.

—¿Qué?— su sonrisa se expandió. Él supo de antemano lo que yo quería decirle. Muy pocas veces me pedía que se lo dijera, pero eso solo sucedía si él estaba de buen humor. Sabía que le agradaba aquello y a mí me ponía de buenas el demostrarle lo que sentía.

—Lo quiero— susurré, desviando mi mirada al suelo.

—Creo que no te oigo, pequeño. No puedes hablarme y mirar el suelo, eso es una grave falta de respeto hacia mi persona— tomó mi mentón y alzó mi mirada bruscamente— Si vas a decírmelo, hazlo fuerte y claro, sino no lo hagas.

—Lo quiero— hablé, perdiéndome en el hermoso color de sus ojos— lo quiero mucho— sonrió ampliamente, dejando reflejada aquella alegría que le causaban mis palabras. Me daba rabia el no obtener una respuesta por su parte, pero creo que me bastaba con verlo sonreír.

—¿Por qué tienes que ser así?— su mano acarició mi cuello mientras sus ojos se posaban en mis labios— Eres un ángel. Un ángel que ha caído en manos de un asesino. Mejores personas que yo desearían tenerte en sus vidas, pero decides quedarte. Sabes que puedo matar con mis propias manos, puedo hacerte vivir los peores momentos de tu vida, ¿cómo es que un hermoso cristal sobrevive a tantas caídas? ¿Cómo es que un dulce niño decide seguir a un asesino y conservar semejante inocencia en su corazón? Explícamelo, mi pequeño.

—Tal vez ese niño lo quiere. Tal vez ese niño supo que ese asesino tenía un lado amable. Ese asesino cuidó del niño cuando su corazón se rompió y por eso el niño lo admira— sus ojos brillaban ante mis palabras, parecía conmovido— Ese niño lo quiere porque no es un asesino a quien decidió seguir, decidió seguir a quien le ha hecho sentir que vale la pena amar.

—Sé que te vas a arrepentir de haber tomado esa decisión algún día. De hecho, ya lo hiciste. Sé que se repetirá una vez más y será para siempre— miró a mis ojos. Su sonrisa ya no estaba, solo podía percibir su seriedad— ¿Qué haré yo en ese momento? ¿Qué haré cuando te pierda y estés lejos? Ni siquiera puedo imaginarme un día sin ti.

—No tiene que imaginar algo así, ni siquiera lo piense. Nunca voy a arrepentirme de las cosas que estoy diciéndole. Sé que si me voy, volveré. Soy un inútil, no puedo despegarme de su recuerdo. Sé que no sobreviviría si no está usted a mi lado. Sé que usted me buscaría y yo dejaría que me encuentre porque no tendría sentido perderse en un mundo en el que no tengo nadie a quien amar. En cambio aquí, está usted y a pesar de todo, sigo siendo… algo para alguien.

—Lo eres todo.

—Soy una gran nada. Apenas soy una persona que ha perdido el rumbo de su vida y no supo que hacer. Por un accidente caí en manos de alguien que me hizo sufrir, pero me enseñó lo que es el amor. Gracias a usted puedo amar más allá de todo.

—Yo no puedo amar.

—Yo también creía eso, pero ahora míreme. Observe en lo que me he convertido. Ya era débil, pero ahora lo soy más y todo porque usted ha hecho algo que nadie más pudo. Despertó en mí sentimientos que jamás había sentido por nadie y eso lo aprecio. En verdad lo siento, amo, debe creer que soy un completo idiota por decir esto.

—No eres un idiota. Creo que poder sentir algo por alguien y decirlo, es de personas valientes.

El tener sentimientos te convierte en una persona. Dejas de ser un monstruo cuando encuentras algo o alguien que deja salir de ti ese ser oscuro que ha dominado tu corazón todo el tiempo. Tú eres un muchacho valiente por cada cosa que dices, por cada vez que me has demostrado tu lealtad. Eres valiente, no eres un idiota. Crees que solo eres un muchacho idiota, pero no lo eres. Eres mi pequeño, la persona más fuerte que he conocido en mi vida. He hecho sufrir a personas mucho más grandes y poderosas que tú, pero ninguno de ellos se ha quedado a mi lado, creyendo que hay algo bueno en mí. Tú no ves al monstruo que soy, tú ves algo más y eso lo aprecio.

—Ellos no sienten esta porquería que tengo adentro. Usted fue bueno solo conmigo, ¿por qué? ¿Por qué conmigo es así y no con el resto del mundo? Jamás he podido demostrarle a nadie que usted no es un monstruo porque solo es bueno conmigo. Nadie cree que haya bondad en usted y eso me da rabia. Yo sé que no es una mala persona, yo confío en que hay un lado bueno en usted.

—No tiene que importarte lo que hablen los demás. Si soy bueno contigo es porque te lo mereces y punto. Solo me importas tú, ¿está bien? Así que deja de hacerme preguntas estúpidas que nunca contestaré como tú lo deseas. Deja de torturarte a ti mismo con fantasías.

—No lo hago.

—Lo haces. Sé que te duele que no te corresponda, ¿acaso crees que soy tan imbécil como para no darme cuenta de tu tristeza cuando me dices lo que sientes, sabiendo que yo nunca te diré lo mismo que tú me dices? Debes olvidarlo. Yo no puedo quererte, no siento nada por ti.

Estás aquí solo porque decidí ayudarte y porque eres lo único que ha valido la pena en mi puta vida.

—Por eso es una maldita porquería lo que siento dentro de mí y por eso soy un idiota— me alejé de él y tragué saliva, intentando ponerme firme para no llorar— odio sentir esto, odio saber que esto seguirá dentro de mí mientras usted esté en mi camino, pero también sé que no podría vivir si me alejo. Eso es sentirse un idiota, un completo inútil.

¿Por qué crees que eres un idiota? ¿Por creer que yo no soy lo que ven los demás o porque jamás te amaré?— cubrí mi rostro, mordiendo mi labio inferior. Mis lágrimas fluyeron ante aquellas hirientes palabras— Tal vez sí soy el monstruo que ve el resto, solo por no poder sentir cariño por nadie, ni siquiera por ti.

—No. por favor, basta…

—¿No?— Destapé mi mirada y lo vi acercarse rápidamente— ¡Deja de llorar como un niño!— tomó mis muñecas y yo alejé mi mirada de él— ¡Ya no eres un niño, no intentes cambiar a alguien que jamás va a ser aquello que deseas! ¡Soy bueno contigo, te doy todo lo que me pides, te trato mejor de lo que he podido tratar a alguien en mi vida! ¡No comprendo que es lo que pretendes de mí, no puedo hacer más de lo que ya hago! ¿¡Qué más quieres de mí!? ¡Contéstame!

—Una razón— Suspiré entre sollozos— solo quiero saber por qué lo hace. Nada más que eso— lo miré— y no diga que es porque lo merezco porque sabemos que no es cierto. Lo he desobedecido más de una vez, por mi culpa usted ha perdido a Agatha y por ser un puto cobarde mi padre ha matado a mi familia, ¿¡Qué mierda he hecho para que usted sea así conmigo!? ¡Usted! ¡El gran amo! ¡Ese que no le debe nada a nadie! ¿¡Qué es lo que usted quiere de mí!?

—¿¡Quieres saber la puta razón por la cual aún estás aquí!? ¿¡Quieres que te lo diga!? ¡Bien! ¡Estás aquí porque eres lo más cercano que tendré en mi vida a alguien que me ha querido! ¡Por eso estás aquí! ¡Porque tú me aprecias por como soy, no por lo que tengo! ¿¡Ahora estás feliz!?— aquello había sido aún más doloroso. Pegué mi mirada a él y suspiré, intentando obtener algo más— ¿Crees que alguien me ha querido alguna vez? Mírame, pequeño. Yo no sé lo que es cariño de una madre o de un padre, yo jamás he querido a nadie y nunca lo haré, pero de alguna forma siento que tú me nutres, me haces sentir vivo. Ese amor que dices sentir por mí me hace sentir bien. Pero a su vez es algo tan estúpido que ni siquiera puedo comprenderlo. No puedo entender cómo las personas sienten eso. Ni siquiera saben lo que es, ni siquiera existe.

—No es algo estúpido. Le aseguro que no es ninguna tontería. Yo sé que usted puede amar, sé cuánto quería a Agatha. Sé que la amaba con todo su ser, no tiene que sentirse avergonzado por eso. Ella no se avergonzaba de quererlo a usted.

—¿Avergonzarme de algo que jamás sentí? ¡Por favor, reacciona! ¡Eso que yo sentía por Agatha no fue cariño, fue respeto! Tuve respeto por ella porque fue la mujer que pasó más tiempo de su vida a mi lado que al lado de alguien que en serio la quería. Fue respeto por acompañarme gran parte de mi vida y te respeto a ti por estar aquí ahora, ¿no es eso suficiente para ti?

—¿Entonces qué siente por mí verdaderamente? ¿Ese respeto? ¿El mismo respeto que sentía hacia ella o simplemente me tiene porque no quiere que alguien más lo haga? ¿Es egoísmo o en serio me aprecia lo suficiente como para protegerme?

—Siento… lástima por ti. No lo sé. No estás aquí porque yo sea egoísta y te quiera solo para mí. Eres inocente, lo más tierno e inocente que conoceré en mi asquerosa vida, ¿entiendes eso? Un ser como tú no aparece dos veces en la vida y yo quiero tenerte para mí. Me encantas, me encantas y eres lo más cercano que tendré en la vida a algo puro.

—Aún no me dice por qué.

—No. Te estoy dando una razón, el problema es que no es lo que tú quieres escuchar. Te he dicho que estás aquí porque no quisiera que termines en un maldito prostíbulo. Te he dicho que siento la necesidad de protegerte, ¿eso no es suficiente para ti? Yo no voy a decirte ninguna cursilería porque no siento nada. Solo me siento bien contigo. Eso es todo. Me importa lo que te pase porque eres mío, no porque sienta algo por ti. Aquí no existen sentimientos, aquí no existe el amor. Estás en mi mundo, no necesitas nada de eso.

—Creo que…

—¿Qué?— me interrumpió.

—Que le creo. Creo que es verdad que nadie lo ha querido lo suficiente. Le creo cuando me dice que no sabe lo que es querer.

—Mejor así.

Bien, entiendo— alejó sus manos de mí y me dio la espalda para caminar hasta su armario.

Aún no comprendía cómo podía jugar con mis emociones de esa manera, pero me irritaba demasiado el que me hiciera pasar por esto. Me hacía sentir especial para él y luego pisoteaba mis emociones como si no doliera en lo absoluto.

—Ya no llores, eso sí es ser un idiota— caminé hasta la puerta en silencio— Ni se te ocurra salir de esta habitación— me detuve y lo miré, limpiando mis lágrimas— no he terminado contigo— se acercó y posó su mano en mi cuello, dándome un empujón, dejando mi espalda pegada a la puerta— ¿sabes por qué más estás aquí? Porque me vuelves loco— su mano no presionaba con fuerza, pero me quedé inmóvil, deseando que me soltara lo más pronto posible para salir de ese lugar— Eres como un niño. No te cansas de comportarte como un pequeño e inocente muchacho, ¿y sabes una cosa? Me pone como un loco que lo hagas. Me vuelve loco tanta inocencia y me vuelve loco corromperte. Me encanta verte llorar y luego gemir de placer como una puta. Te corres con un simple roce de mis manos y apuesto a que son las únicas manos que pueden hacerte revolver como una zorrita excitada sobre mi jodida cama, ¿no es verdad?

Admítelo, pequeño— tragué saliva. Sé que no debía, pero el solo sentir su aliento tan cerca de mis labios y su cuerpo rozarme suavemente… me excitaba. Me excitaba el tenerlo tan cerca.

—Es verdad— susurré.

—Dime que no disfrutas de las cosas que te hago sobre esa cama, vamos— fijé mi mirada en su cama y luego en él. Pude notar el deseo en sus ojos y sé que él pudo notar aquello en los míos— ¡ven aquí, maldita sea!— me cargó en su hombro repentinamente y me tiró sobre su cama— Vas a gritar para tu amo, tal como a mí me gusta— bajó mi pantalón rápidamente, llevándose con él mi bóxer. Apenas su cuerpo quedó sobre el mío, devoró mis labios con desesperación, como si en serio hubiese notado mis ansias de follar con él.

Continúa… 

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