«EL AMO» Fic Toll de Chris_twc
Capítulo 27
Lindemann abrió la puerta del auto amablemente, dejándome pasar. Grant nos acompañaba.
Según me dijo, mi amo debía vernos en un lugar a cierta hora. Grant solo nos acompañaba por seguridad, mi amo lo enviaba a cada lugar al que yo iba. Aunque él y yo ya no habláramos con la misma confianza de antes. Sabía que él no podría enojarse por mucho tiempo conmigo, éramos como niños que se pelean y luego se buscan para jugar. En cualquier momento abriría la boca, para decirme algo sobre Till. Sí, lo había visto. Había visto su forma de mirarlo, también nos había visto abrazados. No dudaría en que tomaría esta oportunidad para defenestrarlo y decirme que también es un monstruo. Sé que no tomará mucho tiempo el ver como empieza a hablar mal de mi nuevo amigo.
Subí a la parte delantera para no tener que hablar con Grant durante todo el trayecto. Till subió al asiento del conductor y puso en marcha el auto. Me sentía entusiasmado. Nada me ponía más feliz que saber que mi amo me esperaba en algún lugar. No quería entusiasmarme demasiado, pero tal vez tenía una sorpresa para mí. Eso siempre era una buena razón para verlo.
Últimamente todo se convertía en una sorpresa cuando él venía a buscarme. Todo era sorpresas. A veces agradables y otras veces mucho más que eso. Sus roces seguían siendo el regalo más hermoso que podía darme. Tenía que admitir que un momento en la cama con él, me hacía olvidar de todos mis problemas. Todo salía de mi mente en un instante cuando él me acariciaba y me decía al oído cuan bello me veía o cuan hermoso era para él.
Till me había hablado maravillas de mi amo. Cosas que pudo haber conocido de él en un pasado lejano. Hoy, no podía creer que las cosas que me contaba fueran verdad. Simplemente las veía increíbles. Mi amo siendo amble, tierno y gentil… eso se me hacía difícil de creer.
—¿Acaso te dijo a dónde vamos?— Pregunté a Till, quien sonreía mirando el camino, dispuesto a no decirme ni una sola palabra— Anda, dime. No me ocultes nada, te prometo que no diré ni una sola palabra— se mantuvo en silencio, sin decir nada— ¡Por favor!
—No te diré nada, deja de insistir. Me dijo específicamente que no debía mencionar ni una sola palabra a nadie. Pero te aseguro que será algo bueno. Tú solo relájate y disfruta el viaje. Te prometo que valdrá totalmente la pena.
—Pero en serio quiero saber a dónde vamos.
—Te dije que no te diré ni una sola palabra, niño.
—¡No me llames niño!
—Entonces deja de actuar como uno. No voy a decirte ni una sola palabra, él te las dirá en su debido momento, no yo.
—¡Eres un amargado, Lindemann!
—Sí, soy un amargado que cumple con su trabajo, así que cierra la boca.
—¡No me hagas callar!
—¡Shht!
—¡Till! Vamos… se supone que eres mi amigo, debes contarme cualquier cosa que él te diga— él rió— ¡No te rías en mi cara, deja de burlarte de mí! Vamos, dime a dónde vamos, por favor. Te juro que seré una tumba, él nunca se va a enterar de que me lo dijiste.
—Te dije que no voy a decirte nada, niño caprichoso— miré al frente y suspiré, cruzándome de brazos. Las ansias me estaban matando. Quería saber que tenía preparado para mí. La curiosidad me estaba matando.
—¿en serio no me vas a decir ni una palabra?
—no y es mi última respuesta.
—Bien.
—¿Ya ves cómo eres de caprichoso?
—¡No es cierto!
—Sí lo es— agregó Grant.
—¡Claro que no!— le respondí.
—¿Tú eres Grant?— preguntó Till.
—Así es, ¿y usted?
—Till Lindemann. Es un placer conocerte. No puedo creer que ya seas todo un hombre. Y pensar que yo conocí a tu madre cuando tú estabas en su vientre. En verdad es genial poder verte ahora que has crecido. Esa mujer era un tesoro, yo quería muchísimo a tu madre. Te puedo asegurar que será la mujer más amable y humilde que conoceré en toda mi vida.
—Gracias. Opino lo mismo— Lindemann me dedicó una mirada e hizo un gesto de disgusto ante la respuesta tan cortante de Grant.
—Ella era fantástica— agregué— daría todo por poder pasar un momento más con ella. Debió haber sido hermoso conocerla durante tanto tiempo.
—Sí que lo fue. Era una mujer ejemplar. Te lo aseguro. Yo también daría todo por poder volver a verla. Era una mujer única— mientras Till hablaba noté una figura extraña cruzar por la calle, era alguien que ni siquiera mostraba su rostro. Noté que no se movía del camino y aquello me alertó inmediatamente.
—¡Cuidado!— Grité al ver como se lanzaba sobre el auto, casi como si lo hiciera a propósito.
Lindemann frenó de pronto cuando un cuerpo voló sobre el auto, impactando en el parabrisas. El ruido fue ensordecedor— ¡Dios mío!— quise bajar del auto, pero Lindemann me detuvo.
—¡No salgan de este auto! ¡Quédense aquí!— él bajó y fue a revisar. Por suerte la persona logró ponerse de pie, pero había algo que no encajaba. A nuestro alrededor comenzaron a aparecer varios autos, todos del mismo modelo y color. Las cosas no marchaban del todo bien.
—Joder no…— susurré al darme cuenta de que todo era una emboscada— ¡Till!— bajé rápidamente, intentando advertirle que era una trampa— ¡Till, sube al auto!— se oyó un disparo y él se echó al suelo, empujando a la persona a su lado para mantenerla a salvo. Salí tan rápido como pude a buscarlo, a lo que Grant salió detrás de mí.
—¡Bill, sube al puto auto, van a matarte!— Gritó Grant detrás de mí— ¡Bill!— otro disparo se escuchó, pero ninguno impactó en nosotros. Estos disparos golpeaban en el auto. Alguien intentaba matarnos, todo sucedió tan rápido.
—¡Till, sube al auto, es una trampa!— tomé a Lindemann del brazo, pero me quedé inmóvil al ver quién era la persona a la que habíamos atropellado. Reconocí su rostro inmediatamente. Él me miraba con una expresión con la cual nunca me había mirado— ¿Andy?— él me miró y luego miró a su alrededor. Todo me hizo pensar en una cosa— ¿Andy, qué está pasando?
—¿Lo conoces?— Till se alejó del muchacho sigilosamente, para acercarse a mí— sube al auto, por favor, no permitiré que te pase algo.
—Debiste aceptar la ayuda que yo quise darte— habló Andy— ¿Qué pensaste? ¿Que no volvería por ti? Sabías que te amaba, no iba a echarme hacia atrás. Ven conmigo, aún estás a tiempo para escapar de él. Puedo hacerte feliz.
—No. No iré a ningún lado contigo.
—¿Esa es tu respuesta final?— él sacó un arma y me apuntó.
—Andy, por favor— retrocedí.
—Fue bueno haberte conocido— luego de haberme dicho esto me apuntó con un arma, pero el disparo nunca llegó a impactar en mí. Cerré mis ojos al sentir un cuerpo caer sobre el mío.
Luego del disparo, Andy salió corriendo y yo me quedé con Grant en mis brazos, a punto de caerse. Los autos comenzaron a alejarse lentamente y Lindemann aprovechó para levantar a Grant y recostarlo en el asiento trasero. Me desesperé. Deseé salir corriendo detrás de él, atraparlo y golpearlo. No supe si sentir miedo o rabia.
—¡Sube al auto! ¡Ahora!— Obedecí a la orden de Till sin decir una palabra. Pocos segundos después, él subió y arrancó, pero nada había terminado allí. Ese disparo solo había sido el comienzo de todo.
Los autos volvieron a aparecer en el instante en que el motor volvió a sonar. El primero por detrás. Sentí el fuerte choque del primer auto contra el nuestro. Lindemann aceleró rápidamente, pero un segundo choque impactó en el lado del conductor.
—¿¡Qué está pasando!?— Hablé, con el terror consumiéndome el cuerpo— ¡Haz que se detengan, por favor!— Me aterraba el pensar que no saldríamos de aquella situación. Me atemorizaba el hecho de que algo más pudiese salir mal. Tanto para mí, como para Till y Grant.
—¡Ve atrás, cuida de Grant, yo me encargaré de esto!— Lindemann intentó escapar repetidas veces, pero los golpes eran cada vez más fuertes y el miedo no desaparecía. Uno de los vidrios quedó marcado por un disparo. Allí fue cuando me agaché, temiendo que una bala ingrese.
—Bill…— Grant me habló y yo acaricié su cabello, intentando tranquilizarlo.
—T… todo va a estar bien, tranquilo— la sangre comenzaba a caer por su pecho. Su respiración comenzaba a fallarle y un hilo de sangre emanaba por su boca. No quería que algo malo le sucediera y menos luego de haber salvado mi vida— Grant, no cierres los ojos.
Estaremos bien, solo no cierres los ojos— Cuando los golpes cesaron, pude volver a respirar tranquilamente. Grant aún estaba herido. Pude ver que volvíamos a casa, el auto estaba en marcha a una velocidad sumamente peligrosa— ¡No, no podemos ir a casa, Till! ¡Hay que llevarlo a un hospital!
—¡No podemos ir a un hospital, son tres camionetas, nos están siguiendo y van a matarnos si nos bajamos en un lugar lejos de la mansión! ¡A penas bajes, ve y llama a un doctor, yo lo llevaré adentro!— asentí y observé a Grant, quien cerraba sus ojos lentamente.
—Vas a estar bien, llamaremos a un doctor. Te prometo que vas a estar bien— le dije, acariciando su rostro— Grant, no cierres los ojos. Escúchame, por favor— él parecía reaccionar ante mis palabras, pero las cosas empeoraban a cada minuto que pasaba.
Apenas el auto se detuvo, bajé y corrí hasta la casa. Lo primero que hice fue marcar a un doctor, mientras Till traía a Grant, para recostarlo en el sofá. Por suerte atendieron, el doctor llegaría lo antes posible y con suerte lograríamos salvarle la vida. Luego de hacer la llamada, corrí hasta el living. Tenía miedo, preocupación y rabia. Todo en un mismo momento.
—¡El pulso está muy bajo, está perdiendo mucha sangre!— Lindemann observó el cuerpo de Grant y se levantó para dedicarme la peor de las miradas— No sé cuánto más pueda resistir, la bala impactó justo en su pecho. No creo que haya algo que podamos hacer.
—No, no me digas eso…
—Lo lamento, Bill. Lamento que haya sucedido esto.
—Por favor, dime que va a estar bien— suspiré, sintiendo ese horrible nudo en mi garganta al ver a Grant en el sofá, inmóvil— Till, dime que se va a salvar.
—No lo sé. Sinceramente, no lo sé. Puede haber una posibilidad, pero no la veo venir. Lo siento mucho, Bill.
—No, no puede ser…
—Espero que los doctores lleguen a tiempo. Este muchacho necesita ser trasladado urgentemente, no sé si sobreviva. Sé que si salimos de aquí van a encontrarnos y entonces seremos nosotros quienes necesitaremos atención médica. Lo lamento, yo no puedo arriesgarme. No puedo dejar que te pase algo malo.
—Algo debemos hacer, no puedo dejar que se muera. Es mi amigo, Till, no quiero perderlo.
—En serio lo lamento.
—¿Grant?— me acerqué y acaricié su frente, echando sus cabellos hacia atrás. Él me miró y dejó escapar una leve sonrisa— Sé que puedes resistir, estarás bien. Los doctores vendrán y van a trasladarte. Estarás bien, te prometo que saldremos de esta, juntos. Yo estaré a tu lado.
—Salvé tu vida…— susurró.
—Lo hiciste— besé su frente— no me dejes solo ahora, Grant. No tú, no puedes dejarme. Esto aún no ha terminado, tú no vas a morir.
—Tranquilo, Bill— tragó saliva. Apenas se podía oír su voz— Hice lo que tenía que hacer. Yo haría lo que sea por ti, Bill. Daría mi vida por ti. Yo te quiero.
—Yo también te quiero y por eso no voy a abandonarte. Estarás bien. Debes resistir un poco más. Por favor, no me dejes.
—Ya he hecho lo que tenía que hacer.
—¡No! ¡No, esto no ha terminado! ¡No me dejarás, no puedes hacerme esto!
—Te quiero.
—Entonces no me dejes. Intenta resistir, por favor.
—Dime que me quieres también.
—Te quiero, Grant.
—Y yo a ti, pequeño— su mirada se pegó al techo y sus ojos se cerraron lentamente. Mi corazón empezó a latir fuertemente cuando él dejó de responder.
—¿Grant? ¿Grant?— él no respondía. Agité su hombro varias veces, pero fue inútil. Mi amigo ya no respiraba, ya no me oía. No podía responderme— No… ¡No, Grant! ¡Grant! Grant, despierta…
—Bill…— miré a Lindemann detrás de mí— Ya es tarde. Lo siento mucho.
—No…
—Llamaré a Thomas. Quédate aquí— él salió de la habitación, dejándome a solas con el cuerpo sin vida de Grant.
Miré el cuerpo y comencé a llorar, entrelazando mis dedos en los suyos. Tan solo un descuido y quien estuviera aquí podría haber sido yo. Una vez más deseé que así fuera. Todo era mi culpa. Lo peor era que la persona que disparó era aquella que alguna vez intentó ayudarme.
Andy. Ese Andy que alguna vez me dijo que me quería. La persona que dijo quererme me arrebató a alguien a quien yo quería. Supe que esa persona iba a pagar por haber hecho lo que hizo.
Sé que este será otro recuerdo doloroso. Otra razón por la cual desearé poner un arma en mi cabeza. Primero Agatha y ahora él. Él no había hecho nada malo, él… él no tenía la culpa de nada, ¡Joder! ¡Yo tendría que haber muerto, no él! ¡Yo tendría que haber recibido ese disparo, no Grant!
Las cosas no podían seguir de esta manera. Si hoy había sido él, ¿mañana quién seguiría? Ya no podía permitir que alguien más muriera por mi culpa. El día de mañana podría ser mi amo quien muriera a causa de mis errores. Prefería terminar todo allí antes de seguir dejando que las personas que amo vayan muriendo.
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—Lo siento— le di la noticia a mi amo. Él había bebido, supe que era una mala idea, pero cuando él me lo preguntó, no me quedó más que responderle— pero sé quién fue y no pienso quedarme callado esta vez.
—¿Quién lo hizo?
—Andy. El hijo de Downey. Fue él quien quiso dispararme y Grant se cruzó en su camino. Él me salvó la vida. Yo no quería que esto pasara, se lo juro.
—Pudiste haber recibido ese disparo y no lo hiciste.
—No pude reaccionar, ya he dicho que lo siento. Le juro que si hubiese podido hacer algo, lo hubiera hecho. Ni siquiera lo vi venir.
—¿¡Me juras!? ¿¡Tú eres imbécil!? ¿¡Cómo mierda permitiste que muriera!? ¡Hubiera preferido que murieras tú!— me dio un empujón que no logró tumbarme, pero sí hacer aparecer un fuerte dolor en mi pecho— ¡Tú debiste haber muerto!
—¿¡Cree que no hubiese preferido que así fuera!?— me dio una fuerte bofetada que me hizo girar el rostro a un lado— yo lo quería— dije entre lágrimas— yo lo quería mucho, ¿cree que no me duele saber que ya no está aquí?
—Lo odiabas.
—No, eso no es cierto.
—¡Tú lo querías ver muerto! ¡Querías que se muriera!
—¡No!
—¡Di la puta verdad!
—¡No estoy mintiendo, maldita sea! ¡Yo lo quería, usted es quien no lo quiere! ¡Usted no aprecia nada ni a nadie!
—¡Cierra la boca!
—¡Grant lo odiaba! ¡Lo odiaba por ser un monstruo conmigo, usted no puede quererlo si ni siquiera se quiere a sí mismo!— supe que cometí un error. El peor de los errores.
Un fuerte puñetazo en el rostro me dejó en el suelo. Como si de un muñeco de trapo se tratase, me alzó en el aire y arrojó mi cuerpo contra las escaleras. Los rígidos escalones golpearon mi torso, convirtiéndose en un dolor agudo y espantoso. Logré alzarme sobre mis rodillas, pero para él eso no fue suficiente. Me arrastró, enredando mis cabellos en su mano y volvió a tirarme al suelo. La sangre de mi boca caía en pequeñas gotas, manchando la fina madera. Esas heridas que cerraban, volvían a abrirse. Había vuelto a sacar a la bestia de la jaula.
—¿¡Cuándo será el puto día en que no tenga que golpearte!?— pateó mi estómago fuertemente, dejándome en posición fetal, tosiendo— ¿¡Por qué!? ¡Desde que estás aquí solo ocurren desgracias! ¡Maldita porquería!— jaló mi cabello y estampó mi rostro contra el suelo— ¡Todo ha sido culpa tuya desde un principio! ¡Primero Agatha y ahora Grant! ¡Todo es tu culpa!
—Lo siento…— hablé, dejando caer mis lágrimas— por favor…
—¿¡Por favor qué!?— Posó su pie en mi mejilla, sin presionar demasiado— ¿¡Qué mierda vas a inventarme ahora!?
—no sabía que aquello pasaría, no fue mi culpa— miré hacia arriba, pero él no comprendería. Estaba furioso y esta vez no tendría a Grant para defenderme— se lo ruego, perdóneme…
—¿Dices que no fue tu culpa? ¡Toda la mierda que pasa aquí es por tu maldita culpa! ¿¡Acaso crees que no sé qué ese tipo ha querido algo contigo desde la primera vez que entró por esa maldita puerta!? ¿¡Crees que soy tan idiota como para no darme cuenta!?— tomó mi cabello y me arrastró sin cuidado alguno hasta la cocina. Decidí no decir palabra alguna. Me mataría si decía algo más. Debía cansarse en algún momento. Sé que se detendría, tenía que hacerlo.
Alzó mi cuerpo y lo arrojó sobre la mesa. Arrancó con sus propias manos las prendas de ropa que yo llevaba puesta. Las destrozó en un instante, como si de papel se tratara. Me imaginé lo peor y esta vez nadie se atrevería a luchar por mí. Yo no podría contra él, si lo golpeaba, me devolvería algo mil veces peor.
No podía culparme por la muerte de Grant. Aquello dolía mucho más que los golpes. No podía decirme que por mí había muerto alguien a quien yo apreciaba mucho. No podía hacerme sufrir de esta manera, no ahora.
Me volteó sin cuidado, dejándome boca abajo sobre la fría mesa de mármol. La sangre ahora manchaba el bello color gris de la misma. Cerré mis ojos fuertemente y dejé escapar mis lágrimas. Sé que le dije muchas veces que nunca me iría pero en ese momento, solo en ese momento, deseé estar en un lugar diferente. En cualquier lugar, lejos de él. Al final, me había mentido. Dijo que haría hasta lo imposible por protegerme, por no hacerme daño. Todo fue mentira. Ahora estaba golpeándome, permitiendo que mis heridas sangraran, sin importarle mi dolor.
—Lo siento…— susurré. Él no me escuchó, ni siquiera se molestó en ver mis lágrimas o pensar en todo el sufrimiento que yo estaba pasando. A él no le importaba, a nadie le importaba. Tal vez ni siquiera a mí mismo me importaba lo que me pasara.
Oí el ruido de su encendedor y al momento sentí como este se paseaba por la piel de mi espalda. Era insoportable y él no se detenía. Las cosas empeoraban y su fuerte agarre no me permitía moverme sin sentir una fuerte puntada en mi brazo derecho.
—¡Aah!— comencé a gritar y a mover mis piernas, con esperanzas de golpearlo, detener el dolor o que alguien viniera en mi ayuda— ¡Ayúdenme, por favor! ¡Auxilio! ¡Auxilio!— Dejé salir mis lágrimas del puro dolor, mientras gritaba— ¡Por favor, alguien ayúdeme!— el horrible dolor cada vez iba bajando más por mi espalda. Ardía. Sentía como cada pequeña herida comenzaba a dar una fuerte punzada, que aumentaba el volumen de mis gritos, por más que nadie viniera en mi ayuda.
—¡Cierra la boca o la próxima será en tu cara!— aquella maldita llama bajó por mis muslos y mi voz comenzaba a sonar ronca. Casi como si mi garganta se estuviera destruyendo poco a poco. El dolor era cada vez peor, ya no lo soportaba.
—Por favor, amo…— hablé— por favor, basta… basta…— el pareció escucharme en ese momento. Supe que el fuego dejó de recorrer mi cuerpo, pero las quemaduras anteriores ardían.
—¿Quieres que pare?— asentí— Entonces hagamos que todo se detenga de una vez por todas, para que ya no sufras— tomó mi brazo y me bajo de la mesa, arrastrándome por el suelo. Supe que no tendría escapatoria, dejé que lo hiciera.
Me tiró al suelo, cerca de las escaleras. Quería que me dejara tranquilo, no quería pensar en poner un arma en mi cabeza una vez más. Lo último que quería era volver a ese momento. No quería odiarlo, quería que me quisiera. Quería que todo lo que me decía fuese verdad. Pero mis pensamientos fueron acallados cuando sentí el ruido de su arma al cargarla. Temblé, pero a la vez me sentí aliviado. Al menos el dolor cesaría para siempre si es que esa bala me mataba.
—Solo es un niño— giré mi mirada hacia la entrada y lo vi a Lindemann, parado, posando su mirada en mi amo— ¿qué haces con esa arma?— Miré a mi amo, tenía esa arma en su mano.
No me apuntaba, pero la sostenía con fuerza, como si fuese a disparar en cualquier momento— ¿Qué piensas hacer? ¿Matarlo? ¿Por qué?
—Esto no es tu asunto, Lindemann.
—¿Y qué? Por eso piensas asesinar a un inocente. Tú no eres así. No puedes hacer sufrir a alguien inocente y no sentirte culpable por ello.
—Te lo advierto, Lindemann.
—Tiene tan solo dieciocho años, ¿piensas robarle la vida a un niño? ¿Matar a alguien que no ha hecho nada malo? Thomas, míralo. Está sufriendo.
—Hagamos que deje de sufrir entonces.
—Esta no es la manera. Te vas a arrepentir si le disparas.
—Jamás me arrepiento de nada. Ni siquiera si se trata de él. Es solo un juguete. Puedo reemplazarlo cuando se me dé la gana. Si quiero, lo rompo y lo tiro a la basura. No es un problema para mí, puedo conseguir muchos más— arrastré mi cuerpo hacia Till y abracé sus pies. Rogándole que me ayudara, que hiciera que mí amo tuviera piedad de mí.
—Ayúdame, por favor— susurré— no… No dejes que me haga daño. No dejes que me mate, no quiero morir. No quiero morir…
—Las cosas no funcionan así. Estás haciendo que un muchacho con un futuro por delante acabe con su vida sin haber vivido ni la mitad de la misma.
—¿Y?
—Recuerda que tú también fuiste un niño y si alguien ha decidido robar tu inocencia, no significa que lo tengas que hacer con él también— Till se inclinó y tomó mis brazos— ¿puedes ponerte de pie?— asentí levemente y como pude, logré pararme. Le di la espalda a mi amo, pero era mejor darle la espalda a verlo de frente cuando dispare aquella bala.
—Si ha perdido su inocencia, ¿para qué seguir aquí? Ya lo ha vivido todo y ha arruinado lo poco que me quedaba— miré a mi amo y lo vi apuntarme con su arma.
—Soy capaz de matar por este muchacho— el brazo de Lindemann se estiró hasta mi amo, él también llevaba su arma— Te advierto que soy capaz de dispararte si le tocas un pelo. No permitiré que lo robes la vida a un niño que no ha tenido nada que ver con tus malditas desgracias.
—Te reto a dispararme— Con el cuerpo tembloroso, me acerqué a mi amo y abracé su cuerpo. Él ni siquiera se movió. No supe cómo reaccionaría, pero me esperé lo peor.
—Solo es un niño y está asustado, ¿en serio vas a hacerle daño a un ser como ese? ¿En serio vas a perder lo único bueno que te ha dado la vida?— mi amo bajó el arma para abrazar mi cintura— míralo, mira lo que tienes entre tus brazos. Eres afortunado, ¿piensas perder todo lo que tienes solo por un momento de enojo? ¡Joder, míralo!
—No dejaré que él le dispare— le susurré a mi amo— no me importa lo que haga conmigo, pero nadie va a tocar a mi amo. Nadie, ni siquiera él.
—¿Te das cuenta de lo que estuviste a punto de hacer?— oí la voz de Till— Yo no te entiendo, Thomas. Deberías sentirte la persona más afortunada del mundo y desperdicias todo el cariño que él te da. Es un ser sin maldad. Lo tienes entre tus manos y desperdicias todo lo que hace por ti. Es capaz de morir por ti y lo lastimas como si hubiese hecho algo malo.
—Vete de aquí, Lindemann— fue lo único que dijo mi amo. Sentí sus brazos rodearme con fuerza y un beso suyo en mi sien que logró hacer que mis lágrimas cesaran— ¿Cuándo mierda comprenderé que nada de esto es tu culpa?— susurró en mi oído— lo siento, mi pequeño. Lo siento— otra de sus disculpas, que no debía creer, pero aun así lo hice.
—No me haga daño, por favor…
—No lo haré— no creí en sus palabras, pero no tenía más opción que callarme e imaginar que nada de aquello volvería a suceder.
Continúa…
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