«EL AMO» Fic Toll de Chris_twc
Capítulo 29
Mi mente daba miles de vueltas. Tenía esas estúpidas ilusiones que quería sacar de mi mente a toda costa, pero estaban tan metidas allí que era casi imposible. Quería que él me quisiera tanto como yo lo quería, pero debía entender que eso era imposible. Intentaba recordar cada momento en que él metió ideas absurdas en mi mente, haciendo que me enamorara de él aun más, para luego pisotearlas y escupirme en la cara como a una maldita puta.
¿Será que lo dijo en serio? ¿Será que en verdad el cree quererme como yo lo quiero? ¿Será que quiso decirme lo que sentía con sus bruscas palabras, sin saber que podrían herirme luego? Tal vez solo quiso jugar de nuevo conmigo, eso lo vi mucho más creíble. Joder, pero que él me haya dicho eso significa mucho para mí. Que él me amara, me convertiría en la persona más feliz del mundo. Pero tan solo era un muchacho inútil e insignificante, ¿por qué alguien como yo se ganaría su cariño? No soy nadie especial después de todo. No soy una de esas personas con las que se podría asociar a alguien como él. Él es apuesto, inteligente, tiene dinero y puede lograr cada cosa que se proponga con solo hacer una llamada. Él puede hacerlo todo y yo solo soy nada, una gran nada que nunca fue capaz de lograr algo en su vida. Todo lo que hice fue perder mi tiempo, intentando ayudar a alguien que me ha pagado de la peor manera.
Desde el primer día todo ha sido así. Desde aquellas veces en las que mi cuerpo temblaba, cada vez que se acercaba y me decía que me veía bien. Me decía que era hermoso y que le encantaría tenerme junto a él por siempre. Todo ha pasado tan rápido que ya ni siquiera sé qué debo pensar exactamente. No sé si en verdad me aprecia o solo pretende jugar conmigo hasta el cansancio.
Me di vuelta en mi cama y abracé las sábanas, aspirando el aroma a lavanda. Intenté que mi mente fuera hacia otro lado, pero por más que lo intentara siempre se repetía lo mismo. Él tal vez me quería, tal vez yo le importaba y eso no me dejaba tranquilo. No había nada más que pudiera sacarme una sonrisa en un momento así. Solo él, diciéndome que soy su pequeño. Solo él me hacía sentir libre de cada mierda que vivía a diario. Él era como… como mi hermana y mi madre. Luego de un agotador día de arduo trabajo, volvía a casa y las veía. Las abrazaba y me contaban cada pequeño detalle de cómo había estado su día. Las amaba más que a nada en el mundo, sacarles una sonrisa era lo único que podía hacerme sentir el ser más feliz sobre la fas de la tierra. Con mi amo, pasaba lo mismo. Su sonrisa no tenía precio. La alegría que invadía mi alma luego de verlo sonreír era inexplicable. También era inexplicable la manera en la que él me hacía sentir luego de esos momentos a solas, en la que me recordaba por qué valía la pena seguir a su lado. Creo que el hecho de que él me haga el ser más feliz de la tierra, me hace quedarme a su lado. Teniendo esperanzas de que así sería por siempre.
Oí el sonido de la puerta abrirse lentamente y giré mi rostro, él entró como si nada. Ni siquiera se molestó en tocar, solo lo hizo.
—Pequeño, ¿sigues despierto?— era la primera vez que lo oía tan calmado al hablar. Me senté en la cama y suspiré nuevamente— necesito hablar contigo. Ven— la puerta volvió a cerrar y yo me levanté inmediatamente de la cama.
Su tono de voz me hizo sentir confiado. Tal vez me diría que lo siente, como la última vez. Podría esperarse cualquier cosa de él, pero en ese momento me sentí realmente seguro.
—¿Amo?— Hablé cuando abrí la puerta ara fijar mi vista en el pasillo.
—Ven aquí— mi amo se encontraba junto a aquel cuarto al cual no me permitía ni siquiera acercarme— vamos, acompáñame— él entró a aquella habitación y yo lo seguí.
—Amo…— lo observé desde la puerta. No entré hasta no estar seguro de que en realidad estaba invitándome a pasar a ese lugar.
—Pasa, pequeño, no te preocupes— Entré y cerré la puerta detrás de mí. Él se recostó en la cama de una plaza, cómodamente— ven, recuéstate a mi lado.
—¿Qué es esto?— me acerqué tímidamente e hice aquello que me había ordenado— ¿de qué se trata? Usted no me permite entrar aquí.
—Ahora sí te permito hacerlo. ¿Qué piensas de eso?— sentí sus brazos rodear mi cuerpo, dejando mi cabeza sobre su pecho.
—Pienso que es extraño.
—¿Por qué?
—Creí que usted estaba enojado conmigo. El hecho de que me haga entrar aquí no me tranquiliza mucho. Creo conocerlo bien como para creer que quiere hacerme daño.
—Si quieres que te diga que lamento haberte golpeado, lo haré. Solo tienes que pedírmelo— otra vez aquella situación que retorcía mi mente.
—No hace falta, en serio— lo miré fijamente— Dijo que quería hablar conmigo, ¿de qué?
—De nosotros— tragué saliva ante aquel «nosotros»— de lo que te dije hoy— pude jurar que estaba a nada de comenzar a sudar— Quiero preguntarte algo— bajé la mirada y mordí mi labio inferior— ¿cómo es querer a alguien?
—¿Qué?— lo miré, alzando una ceja.
—Quiero saber lo que sientes tú cuando quieres a alguien. Dijiste que me querías, ahora quiero saber lo que se siente.
—Creí que usted ya lo sabía— me reincorporé en la pequeña cama, sentándome mientras soltaba un suspiro— ¿Nunca sintió que era capaz de dar su vida con tal de ver una sonrisa en el rostro de alguien más? Tan solo por una sonrisa, ¿usted fue capaz de creer que era necesario sacrificar todo de sí mismo?
—Tal vez, no lo sé— bien, no me estaba ayudando en mucho. Lo que realmente no entendía era a qué venía todo esto.
—Sea sincero conmigo, yo lo estoy siendo ahora mismo con usted— él hizo una pequeña mueca, fijando su mirada en la nada misma.
—Puede que sí— fijó su mirada en las fotos alojadas en la pared y suspiró profundamente, con una tranquilidad muy particular en él— ella— fijé mi mirada en el mismo lugar— ella era mi madre.
—Ella era realmente hermosa.
—Lo era. Era la mujer más bella del mundo. Ante mis ojos, era una diosa— sonreí levemente al oírlo decir cosas tan bellas sobre alguien tan importante para él— yo era capaz de pasarme días y días a su lado, intentando hacerla sentir bien. Podía hacer cualquier cosa que ella me pidiera, por más imposible que fuera. Creo que fue la persona a la que más he respetado a pesar de todo— Recordé en ese instante cada palabra de Till me había dicho. Me partía el alma que ella no hubiera sentido el mismo amor que mi amo sentía hacia ella.
—¿A pesar de qué?— me atreví a preguntar.
—Al parecer yo no era tan importante para ella. Desde que era niño me daba cuenta de que a ella le importaba más el dinero que mi padre traía a casa, solo se comportaba como una verdadera madre cuando estaba sola, llorando. También lo hacía cuando había visitas en casa.
Cuando había gente, era una persona totalmente diferente. Mi padre nunca la quiso como se debía, creo que ambos eran totalmente opuestos y por eso luchaban hasta desgarrarse. —Estoy seguro de que ella si lo quería mucho, solo le costaba expresarlo— Acaricié su frente lentamente, a lo que él cerró sus ojos— ¿Usted la quería mucho?
—No lo sé, pequeño. No sé si solo sentía el respeto que siente un hijo a una madre o en verdad era capaz de recibir un disparo por ella. Hoy en día, a años de haberla perdido, no creo que se mereciera que yo me sacrificara por salvarla.
—No diga eso. Ella era su madre, puedo asegurarle que lo amaba en verdad. Tal vez ella era como usted lo es ahora.
—¿Cómo soy yo?
—Usted no quiere aceptar que alguien en verdad lo quiere, me doy cuenta de eso cada día que paso a su lado. Intenta ocultar sus emociones haciendo cosas que no debería hacer.
—Yo no siento culpa al matar a nadie. No siento absolutamente nada, ¿cómo es posible que pueda querer a alguien si ni siquiera sé lo que se siente?
—¿Daría su vida por alguien?— él hizo una pausa y mordió su labio inferior. Parecía calmado y, por primera vez en mucho tiempo, no sentía miedo ante su presencia. Se reincorporó hasta sentarse junto a mí y acarició mi rostro con su pulgar, dejándome completamente enmudecido.
—Eres jodidamente hermoso— susurró en mis labios. Los besó suavemente y se separó de ellos con una sonrisa— Sigo sin comprender qué haces aquí, a mi lado. Deberías estar escapando de mí una vez más. Sé que si no eres capaz de irte, yo podría hacerlo. No podría dejarte libre.
—No quiero irme. Sigo aquí porque no me importa cuantas veces me haga caer, seguiré levantándome para intentar hacerlo feliz. Eso es más importante que mi propia vida. Usted es todo lo que tengo y, a su vez, todo lo que necesito.
—¿Por qué tienes que ser así conmigo? Dime qué es lo que he hecho tan bien para que me digas eso ahora. No lo merezco. No te merezco.
—Usted…— bajé la mirada, sintiendo mi rostro enrojecerse rápidamente— usted me hace sentir bien. No lo entendería.
—Explícame.
—Exactamente como lo hace ahora. Yo soy quien no entiende por qué me siento de esta forma. Sé que cualquiera lo hubiera odiado, pero yo no puedo hacerlo por más que intente convencerme de que así tienen que ser las cosas. Me ha lastimado y humillado tantas veces que ni siquiera yo entiendo la razón por la cual lo quiero tanto.
—Tienes razón, no puedo comprenderlo.
—Lo sé. Pero si usted estuviese en mi lugar, ¿qué hubiera hecho?— su expresión se volvió seria en un instante y fue él quien bajó la mirada esta vez.
—Lo estuve. En su momento, yo tampoco comprendí por qué sucedían ciertas cosas. Yo no comprendía por qué no podía odiar— mi cuerpo comenzó a temblar, mientras mis ojos se inundaban en lágrimas— Ahora que puedo hacerlo, siento que soy incapaz de sentir otra cosa más que eso. A veces quisiera sentir algo, una mínima muestra de afecto. Cualquier cosa, pero quisiera saber si existe algo más aparte e la ira que me invade cada día de mi vida.
—Tal vez hay algo más. Solo debe pensarlo— él alzó la mirada y acarició mi mentón, observándome atentamente.
—Estás llorando.
—No— Moví mi rostro a un lado, intentando alejar aquellas lágrimas de mis mejillas— L… lo lamento— él tomó mi rostro con ambas manos, obligándome a divisar su mirada.
—Quisiera ser como tú. Eres capaz de sentir compasión por alguien que no la merece. Eres capaz de ver el lado bueno de cada persona que se cruza en tu camino, por más que haya cometido la peor de las atrocidades. Puedes sentir lástima, amor y tristeza, pero eres incapaz de odiar lo suficiente como para matar. Puedes ver lo bueno en cada mierda de este mundo y no comprendo cómo lo haces. Esa inocencia que hay en ti, es lo que más me llama la atención. Esa única cualidad tuya es capaz de hacerme parar antes de cometer una locura. No puedo deshacerme de ti, pequeño.
—No soy incapaz de odiar.
—Pero eres capaz de amar y tal vez eso es mucho más importante que el odio mismo. Por ese estúpido sentimiento, uno es capaz de cualquier cosa.
—¿Cómo puede usted saber eso?
—No lo sé. Yo fui capaz de muchas cosas por odio. Fui capaz de matar a causa del odio, pero por amor nunca he hecho nada.
—¿Cómo está tan seguro de eso? ¿No fue capaz de matar por amor a alguien alguna vez?
¿Nunca hizo algo por amor a alguien? Recuérdelo, sé que debió hacer algo por alguien alguna vez en su vida.
—¿Y si no lo hice jamás?
—¿Qué?
—Amar.
—Sé que sí. No existe ser humano en el mundo incapaz de amar. Sé que usted sintió amor por alguien alguna vez.
—¿Y qué es el amor realmente?
—¿Sabe algo? Mi madre me decía que me amaba cada vez que nos despedíamos. Siempre le decía a mi pequeña hermana que la amaba también. Un sentimiento tan poderoso como el amor, nunca debe ser juzgado. Una persona que amas es aquella por la cual soportarías todo, cada pequeña cosa la pasarías por alto con tal de que esta persona te devuelva ese «te amo» que tanto has deseado oír. Cada vez que ellas me decían que me amaban, mi mundo cambiaba de rumbo. Ya no era un día gris, ni oscuro, todo valía la pena cuando estaba con ellas. Cada momento era único. Ellas me enseñaron que el amor no es una tontería, es algo mucho más importante de lo que parece.
—¿y cuando amas a alguien más?
—Es lo mismo, pero sabes que en algún momento de tu vida tendrás que alejarte de tus seres queridos para vivir junto a alguien más y quieres que sea para siempre. Deseas que dure toda la vida, deseas que no exista nadie más en el mundo y, de hecho, cuando estás junto a quien amas… no existe nadie más. Te sientes completo, sientes que nada va a faltarte si recibes amor de una única persona. Sabes que si esta persona se va, tú también lo harás.
—¿Alguna vez lo has sentido?— tragué saliva y fijé mi mirada en las sábanas de la cama. Con nerviosismo empecé a apretarlas entre mis dedos.
—Sí. Pero no tiene importancia.
—Dijiste que el amor era algo importante— su mano acarició mi rostro suavemente. Incliné mi cabeza un poco, sintiendo su tacto con más intensidad— A mí me importa, ¿a ti no?
—Yo he perdido a mi familia y me sentí destruido. Hubo momentos en los que deseé no seguir adelante, pero de alguna manera usted llena ese vacío. Nunca creí que alguien iba a importarme tanto, pero usted me importa. Me importa su seguridad, su salud y sus sentimientos. Sé que los tiene, no tiene que negarlos. No hacia mí, pero de seguro hay algo que le importe lo suficiente como para sentir afecto. Ese afecto que usted tanto niega sentir.
—¿Estás enamorado de mí, pequeño?
—No se burle de mí, por favor.
—No me estoy burlando de ti. Te admiro. Admiro como eres capaz de aceptar tus sentimientos y decirlos tan naturalmente. Ya no veo que sientas el miedo que sentías antes. Creo que confías en mí y puedes decirme todo lo que piensas. Eres más valiente de lo que crees.
—Aún tengo miedo.
—¿Miedo a qué?
—De que el día de mañana usted ya no sea el mismo. Temo despertar y volver a ser humillado y golpeado, pero sé que lo soportaría porque…
—Porque me amas— me interrumpió él— ¿Me amas?
—Como no tiene idea— sus brazos rodearon mi cintura fuertemente y los míos su cuello. Mis lágrimas reposaron en su hombro, mientras una de sus manos acariciaba mis cabellos— lo amo. Realmente lo amo y estaré aquí, recordándoselo cada vez que lo necesite.
—Lo necesito ahora. Dímelo una vez más.
—Lo amo— alejé mi rostro de su cuello y lo miré fijamente— No me importa lo que haga, no me importa cuanto tenga que soportar, lo amaré hasta que me vaya de este mundo.
—No digas eso— Acarició mi rostro, alejando mis lágrimas— no voy a perderte, pequeño. Tú no irás a ningún lado. No vas a dejarme y yo a ti tampoco.
—Lo amo…— una pequeña sonrisa se formó en sus labios. Pude ver sus ojos humedecidos y brillantes, resplandeciendo esperanza ante mis palabras.
—Nadie nunca me lo había dicho, ¿qué se supone que debo decir?— soltó una leve risa y yo lo seguí. Dejé una caricia en su mejilla y besé sus labios.
—Diga lo que siente, solo eso.
—Ni siquiera sé lo que siento, pequeño.
—Yo sé que sí— pegué mi rostro a tu pecho y él volvió a abrazarme fuertemente— solo dígalo. Descríbalo y luego saque sus conclusiones.
—¿Qué siento?— suspiró— Siento que eres la única persona por la cual mataría o moriría. Tus palabras me hacen bien. Me hace bien que me ames, me haces sentir como un niño de nuevo.
—¿Un niño?
—Un niño sin odio, con esperanzas de que las cosas mejorarán. No permitiría que nadie me hiciera sentir así, pero contigo es completamente diferente. Me siento cómodo contigo. Puedo creer que tienes razón al decir que amar no es tan malo. De hecho, creo que está bien. Si el amor puede hacer feliz a alguien, eso es importante. Me has convencido, pequeño.
—¿Puedo preguntarle algo?
—Hazlo.
—¿En verdad daría su vida por alguien?
—Yo daría mi vida por ti, pequeño.
Continúa…
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