«EL AMO» Fic Toll de Chris_twc

Capítulo 3

—Solo está desmayado, no creo que sea nada grave. Te recomendaría que consideres hacerle unos cuantos estudios. Si el impacto fue muy fuerte, puede que será mejor hacerle una revisión— Oí en plena oscuridad, sintiendo cada extremidad de mi cuerpo pesar como nunca antes.

— ¿Crees que recordará algo de lo que pasó? No quiero que se acuerde de quién lo atropelló. No necesito una demanda en estos momentos— Risas. Ambos reían. 

Ambos eran hombres.

—Tendrás que esperar a que despierte para eso.

—Por lo menos no se va a morir. No quiero olor a cadáver en mi casa.

¿Morir? ¿Quién iba a morirse? ¿Yo?

Joder, no entendía absolutamente nada. Sí que esta situación era extraña.

La oscuridad empezaba a alejarse de apoco y pude recuperar la movilidad en mi cuerpo, pero aún tenía ese espantoso dolor de cabeza que pronto comenzó a expandirse por cada lugar de mí, ubicándose específicamente en mi nuca.

Abrí mis ojos con lentitud y me encontré en un paraíso. Era un hermoso lugar en el que nunca creí que despertaría. Creí que estaba muerto y volaba en el cielo, pero no era el cielo, solo era una casa demasiado hermosa. Una mansión, se podría decir.

Nunca en mi vida había pisado una casa tan grande como esa, era una gloria. Yo estaba recostado sobre un precioso sofá de cuero, color blanco, impactantemente cómodo al tacto. Deseé acostarme ahí por el resto de mi vida. Todo era tan fino… definitivamente yo no encajaba ahí y ese era motivo para estar preocupado.

Desde las preciosas obras de arte en las paredes, el hogar rústico, las mesas de cristal y esa encantadora alfombra blanca en el suelo. Sin mencionar que esa habitación era inmensa. De hecho, decir inmensa era poco.

Había quedado maravillado por ese hermoso lugar y fue cuando dejé de admirarlo que me di cuenta de que no sabía en dónde. Era un hermosos lugar que yo nunca había pisado y eso solo significaba que estaba en la casa de un desconocido.

Hice un esfuerzo por ignorar el dolor de cabeza y recordar.

Recuerda, Bill, recuerda…

Un auto… recuerdo un auto que atropelló. Me atropelló porque yo intentaba escapar de esos dos espantosos tipos… ¡Joder!

Me levanté rápidamente del sofá y miré hacia todos lados con la desesperación a flor de piel, intentando descifrar por dónde escapar.

¿¡Y si ellos estaban aquí!? ¿¡Y si intentaban lastimarme o robarme otra vez!?

¡Robar! ¡Mis cosas! ¡Mi dinero!

Todos los recuerdos se agolparon con furia en mi mente, provocando una horrible jaqueca.

Miré a mi alrededor, buscando mis cosas. Mi mochila estaba en un sofá más pequeño junto a mí. Me levanté de un salto y la tomé. Me la cargué al hombro dispuesto a irme, pero no pude dar más de un paso ya que un mareo me obligó a caer en el sofá nuevamente. Acaricié mi frente, intentando buscar una salida, mientras juntaba fuerzas para levantarme otra vez.

— ¿Ya te quieres ir? ¿Tan rápido?— Achiné la mirada al oír una voz. Con lentitud, aquella imagen dejaba de ser borrosa, para convertirse en una maravilla.

— ¿Eh?— Hablé, con confusión.

—Niño, acabas de darte el peor golpe que he visto en mi vida. No deberías levantarte en esas condiciones— Mencionó este hombre.

Bueno, no solo era un hombre, era el hombre más guapo que se haya cruzado en mi vida. El hombre tenía prominente barba y el cabello largo, castaño, amarrado tras su cabeza. Llevaba dos piercing en el lado derecho del labio inferior. Estaba vestido con jeans y una playera blanca ajustada al cuerpo, muy ajustada al cuerpo. Se notaba un excelente estado físico, tenía grandes brazos y pectorales bien marcados.

Definitivamente era guapo, el hombre más guapo que se haya cruzado en mi camino. Era idéntico a esos modelo que se ven en las revistas. Me alegré de haber despertado aquí, frente a semejante presencia. Podrá ser un desconocido, pero era el desconocido más atractivo del universo.

— ¿Quién eres tú?— Pregunté cuando olvidé, por un momento, lo atractivo que era.

—Soy el que te atropelló— Sentenció mientras se sentaba en el sofá, junto a mí—. Ten en cuenta de que también soy el que te salvó, así que no vayas a demandarme— Dejó salir una leve y encantadora risa.

—Gracias, pero no tengo idea de quién eres. Así que solo quisiera solo tomar mis cosas e irme. Por cierto, ¿dónde está la salida?— Su sonrisa desapareció un instante, pero no tardó en volver. Era incómodo.

— ¿Tan temprano? ¿No quieres saber qué fue lo que pasó?— No supe que me impedía irme. Tal vez era el hecho de que en serio era muy atractivo. Me quedé quieto en el lugar, no me atreví a mover ni un solo músculo.

—Bien…— Murmuré, esperando por una respuesta.

—Te atropellé esta mañana mientras corrías por la calle con los pantalones abajo— Miré hacia otro lado. Definitivamente, era un imán para la humillación— ¿Acaso recuerdas algo de eso?— y soltó una leve risa que me hizo sentir terriblemente incómodo.

—Sí, lastimosamente lo recuerdo— Carraspeé un poco.

—Entonces te acuerdas de haberme visto…

—No, eso no. Solo vi un auto.

—Pobre de ti…— y como si el momento no fuese a ponerse más incómodo, acarició mi mejilla con su pulgar— Te diste un buen golpe.

—No… no sería el primero. Estoy bien— No intenté alejarme. La verdad era que su tacto me tranquilizaba.

—No, no estás bien. Solo a un demente se le ocurriría pasar una noche en las calles de este lugar. No eres normal.

—No tuve otra opción. Es por eso que tengo que irme— Él se acomodó sobre el sofá toqueteándose el piercing del labio con la lengua, como si mi respuesta le interesara del todo.

— ¿No tuviste otra opción?— De nuevo esa sonrisa maliciosa. Se inclinó hasta quedar cerca de mi cuerpo. Muy cerca— ¿Quién te trajo a este lugar? Alguien que tampoco está muy bien de la cabeza, supongo.

—No te sirve de nada esa información, ¿verdad?— Dejó una caricia en mi rostro con su dedo índice. Jamás me había sentido tan incómodo en toda mi vida ante una persona.

—No, pero aún así insisto en saberlo— Su mirada estaba pegada a la mía— ¿Qué problemas has tenido y quién te trajo a este lugar?— Giré mi rostro para evitar sentirme tan incómodo. Él me obligó a verlo cuando volvió mi mirad a la suya, empujando mi mentón con su mano.

—Acabo de perder a mi familia y un amigo me trajo hasta aquí. Probablemente mi padre esté buscándome para matarme— Luego de haberlo dicho, me di cuenta de que tal vez cometí un error. Contar aquello a un desconocido era algo de lo cual arrepentirme.

— ¿Estás solo?— la sonrisa se borró de su rostro por un momento y miró hacia otro lado— Bueno, no es algo que se escuche todos los días. Imagino lo desesperado que debes estar— Su modo de decir aquello sonaba completamente desinteresado, casi sarcástico—. Necesitas ayuda con urgencia— Volvió su mirada a mí para sonreír.

—No, no lo creo.

— ¿No lo crees?— Alzó una ceja con aquella sonrisa en su rostro— Tú necesitas ayuda, niño, créeme— El tipo acarició mi cabello con toda confianza, mientras me veía de pies a cabeza—. Alguien como tú, solitario, en un lugar tan peligroso como este… no. No podrás hacerlo solo.

—No me conoces…

—Claro que sí. Te conocí esta mañana, te atropellé porque huías desesperado de dos tipos peligrosos que te perseguían.

—Solo intentaron asaltarme, nada que no me hubiera pasado antes.

—Nadie que intente asaltarte aquí pensaría en robar tus pantalones. Quisieron violarte y si no me hubiera cruzado en tu camino no solo lo hubieran logrado, sino que también hubiesen vendido tu culo al primer hijo de puta que diera un euro por él.

—¡Pude defenderme solo!— Sentencié con firmeza.

— ¿Entonces por qué estás en la casa de un desconocido ahora? No sabes si soy peligroso o si planeo hacer contigo lo mismo que esos dos idiotas intentaron.

Puedes estar corriendo un gran riesgo, aun sabiendo defenderte.

Sí, creo que a esto se le llama miedo. Cuando por fin abres los ojos y te das cuenta de que puedes estar cometiendo un terrible error. Él no parecía un error hasta que abría la boca. Su mirada intimidaba y sus palabras podrían erizar la piel a cualquiera. Él era aterrador en algunos sentidos, pero no lucía como alguien peligroso.

— ¿Eres peligroso?— Me atreví a preguntar.

— ¿Cómo te llamas?— Evadió mi pregunta. Primera señal de peligro.

—Bill Kaulitz— Respondí como el idiota que era.

—Tienes un bellísimo nombre como para estar metido en un lugar tan basura como este. Tienes un precioso rostro también y perdona mi atrevimiento— Un halago, un simple halago bastó para que olvidara las atroces palabras que acaba de decir minutos atrás— ¿Alguna vez te lo habían dicho?

—No.

— ¿Sabes que si pasabas un día más aquí no ibas a sobrevivir? Es un lugar en el que no deberías estar. Mala idea del que te haya traído aquí.

— ¿Por qué?

—Como antes mencioné, eres atractivo. De hecho, un muchacho demasiado bello.

Bastó una noche, solo una noche, aquí para que dos tipos quisieran violarte, ¿te imaginas lo que hubiera hecho alguien mucho peor y con más poder? Pequeño, lo mejor será que te cuides si quieres salir de aquí. Entrares fácil, salir… lo dudo.

—Tú vives en este lugar, ¿no? Seguro.

—Eso no significa que no haya querido irme alguna vez— Tenía tanta razón…—. Sería una verdadera pena para mí que salgas por esa puerta y alguien se apodere de ti. Las personas son crueles hasta con lo más hermoso— Dijo luego de un largo suspiro.

— ¿Y tú?

—Te atropellé accidentalmente y te traje hasta aquí, esperando tu recuperación. Incluso, gasté dinero de mi bolsillo para que un médico viniera a verte. Juzga tú mismo.

Por momentos, no pude evitar sentirme humillado. Este hombre me veía como un tonto niño debilucho. Aunque, pensándolo bien, el vergonzoso episodio que pasé en la calle solo me hacía reconocer que no era tan fuerte como creía. Puede que él solo quiera ayudarme, haciéndome comprender que yo no era más que un simple muchacho en un mundo lleno de peligros. Todo era demasiado confuso esta vez, ya no estaba en mi barrio donde yo era invisible, aquí corría muchos riesgos que antes no corría y no podía evitar estar asustado.

—Si es que este lugar es tan peligroso, ¿qué haces viviendo aquí?— Él se tardó en contestar, encendió un cigarrillo y sonrió antes de dedicarme una sonrisa.

—Yo sí puedo defenderme. Solo intento ayudar, pequeño. Te advierto que no deberías andar solo en las calles— Esta vez, acarició suavemente mis cabellos. Por segunda vez me llamó «pequeño» y no supe cómo reaccionar—. Que pena sentiré al verte marchar.

— ¿Puedes probar que todo lo que me dices es cierto?— Su pícara sonrisa desapareció. Casi lucía espeluznante cuando dejaba de sonreír de pronto.

Su cuerpo se inclinó poco a poco. Su altura superaba en mucho a la mía, así que no podía verse más terrorífico. Su rostro quedó muy cerca del mío y fue ahí cuando volvió a sonreír como un cínico.

— ¿Y qué necesidad tendría de mentirte? Solo es un consejo. Simplemente, pienso que es una lástima que algo tan hermoso se desperdicie de esa manera.

— ¿Qué me recomiendas hacer para salir de aquí con vida?— Entonces volvió a acomodarse, se quedó observando hacia la nada mientras le daba una calada a su cigarrillo.

—Bueno, no sé si exista alguna forma pero… necesitas hacer dinero sin que te maten y eso es muy difícil— Guardó silencio un momento y volvió a mirarme— ¿Cómo te llevas con las tareas del hogar?

— ¿Disculpa?— Alcé una ceja con total confusión.

—Como podrás suponer, esta casa tan enorme requiere de mucho personal. Tú necesitas dinero y trabajo, a mí me sobra el dinero y necesito empleados. Es mejor que andar corriendo por las calles sin pantalones.

— ¿Eso es lo que querías lograr? ¿Qué me quede aquí? Podrías haberlo pedido en vez de intentar manipularme— Entonces él rió. A mí no me hacía ni la más mínima gracia.

—Pequeño, si te hubiera querido para mí, te hubiera tomado. No necesito meterme en tu cabeza para obligarte a hacer algo. Solo te aconsejé y te advertí que si sales de este lugar van a violarte. Solo te estoy dando una opción, una ayuda.

— ¿Y por qué querrías ayudarme? No me conoces.

— Ya te lo dije, necesito empleados. Piénsalo, puedo ser tu única y última opción.

Con toda tranquilidad, él se acomodó nuevamente en el sofá con una sonrisa en el rostro, como sabiendo de antemano y despreocupado mi respuesta. Quizás, pensando en que yo caería como un idiota.

Odiaba admitirlo, pero este hombre tenía razón. Yo no tenía a dónde ir. El episodio ocurrido en la mañana había sido algo que no querría repetir ni en un millón de años. No conocía a este tipo, pero sí, temía que pudiese llegar a ser mi última opción.

—Entonces…— Volví a llamar su atención— ¿Debo limpiar?— Nuevamente, una sonrisa maliciosa.

—Es una de las tantas tareas. La idea es solo obedecer, pero no te preocupes. Te enseñaré todo lo que no sepas hacer. Me gusta que mi personal sea eficiente. Además, vivirás aquí, comerás aquí y te pagaré. No soy un ogro— Sonrió.

—Y si yo decido quedarme… ¡Es decir! Si yo trabajo aquí y junto suficiente dinero para largarme, ¿podré hacerlo?— Las intenciones de este hombre podían leerse como un libro abierto y quise estar seguro.

—Ni siquiera te he contratado y ya estás pensando en largarte, ¿qué estoy haciendo mal, pequeño?

—Solo fue una pregunta.

—No es así como trabajan mis empleados. Te explicaré: Tú trabajarás para mí hasta que yo lo decida. No puedes salir de esta casa sin mi autorización, no puedes largarte a ningún lado. No hay vacaciones, no hay salidas a ningún bar ni nada de eso.

— ¿No es un poco extremista?

—Se llama precaución, pequeño. Es la mejor oferta de trabajo que te pueden dar, si es que llegas a conseguir uno. También está la opción de que salgas, te secuestren y que algún hijo de puta pague un buen precio por ti, pero no es la decisión correcta. Te tendrán como a un animal entre cuatro paredes, comiendo cosas podridas y, ¿quién sabe? Tal vez abusen de ti hasta tus propios dueños. Si crees que soy extremista, puedes cruzar la puerta y averiguarlo tú mismo.

Asustaba. El mundo cada vez me resultaba un lugar más aterrador, pero él no lo suficiente. Tenía razón al decir que, si así lo quisiera, ya podría haberme hecho daño, pero no lo hizo. Solo estaba ahí, ofreciéndome un trabajo y un techo sobre el cual estar, que sí lo necesitaba con urgencia.

Era salir y ser libre, a merced de quién sabe qué horribles cosas o perder mis alas y quedarme aquí, trabajando para él.

Un desconocido que quiere ayudarme, versus un mundo desconocido que podría matarme de la noche a la mañana.

— ¿Qué más debería hacer si me quedo?— Él sabía que estaba a nada de convencerme, podía notarlo en su enorme sonrisa.

—Algunas de las cosas que pido te parecerán extrañas, pero son muy importantes.

Primero y principal, jamás te atrevas a levantarme la voz, no es algo que te convenga. Tendrás que llamarme «amo» en todo momento, pues de ahora en más eso seré para ti. Nunca preguntes sobre mi vida personal porque no doy detalles y si yo ordeno específicamente que no hagas algo… será mejor no lo hagas— Apagó el cigarrillo en el cenicero sobre la mesa de cristal—. Lo sé, mis órdenes pueden ser extremistas, pero es obedecer o entregar tu culo por unos pocos euros.

Generalmente, no ofrezco a extraños quedarse en mi casa, ¿sabes? Pero contigo haré una excepción ya que sería una pena que cayeras en manos equivocadas.

—Deberías dejar de mencionar eso.

—Entonces mencionaré otra cosa que exijo a todos mis empleados. Nunca, pero nunca, te atrevas a tutearme. Es algo irrespetuoso que detesto y me enfada.

Créeme, no querrás verme enojado— Sus aires de superioridad casi daban asco—. Si vas a trabajar aquí, creo que puedes dejar de hacerlo ahora.

—Creo que lo haré, entonces— mencioné al sentir que no tenía más opción, casi desanimado—. No voy a arriesgarme a que me pase algo malo en las calles. Aquí podré trabajar y estaré seguro, así que supongo que es la solución más conveniente para mí.

—No solo eres una cara bonita, por lo que veo— dejó una caricia en mi mentón—. Hiciste una excelente elección, pequeño. Bienvenido a mi hogar.

—Supongo que gracias— Agaché la mirada.

—Tengo una habitación libre que puede gustarte. Te la enseñaré, te daré tu uniforme de trabajo y puedes comenzar ya mismo, ¿qué te parece?— Asentí, sin ánimos de contestar— Levántate de ese sofá y sígueme— obedecí inmediatamente cuando él se puso de pie.

Algo me decía que lo que este hombre me advertía era verdad y que debía cuidarme mejor si decidía empezar mi vida desde cero. No soy idiota, sé que cuando consiga el dinero suficiente de él, buscaré una forma de escapar y hacer mi vida normalmente, como siempre quise. Sé que corro riesgos al quedarme aquí, pero mi mente no se encontraba del todo tranquila para poder razonar o optar por una mejor opción. Al menos tendré donde vivir y no tendré que vivir con miedo a que me pase lo mismo que me pasó en ese mugroso callejón.

— ¿Puedo hacer una pregunta?— Hablé mientras subíamos las escaleras, cumpliendo esa tonta regla de no tutearlo.

—Está bien, pregunta.

— ¿Vive solo en este lugar?

—Bueno, la casa es únicamente de mi propiedad, pero siempre estoy acompañado. Tengo solo dos empleadas, pero ellas viven aquí. No somos muchos, pero a veces eso es suficiente para volverme loco. Además, las pocas veces en las que estoy aquí, algunos compañeros de trabajo se acercan a cenar y es por eso que necesito más personal. Alguien tiene que atenderlos— De pronto se detuvo y giró su cabeza hasta verme de pies a cabeza, intimidándome de golpe—. Tú harás muy bien esa tarea.

Me quedé mirándolo con el ceño fruncido, sin entender del todo a lo que se refería. Por momentos me asusté y él no tardó en notarlo, así que siguió su camino escaleras arriba.

— ¿Qué clase de tareas son?— Me atreví a indagar mientras continuábamos nuestro camino.

—Se acabaron las preguntas, pequeño— Sentenció una vez en el piso de arriba.

Parecerá increíble, pero el piso de arriba era aún más hermoso que el de abajo. El tapiz en el suelo era de un color semejante al vino tinto. Había muebles muy finos y una enorme araña colgando en el techo, como dando la bienvenida a un paraíso.

—Esto es increíble— Susurré, admirando todo a mi alrededor.

—Bien, ahora voy a enseñarte algo— Estiró su brazo para señalar una puerta al final del pasillo—. Es importante que recuerdes esto: nunca, pero nunca jamás, debes entrar ahí y si alguien llega a hacerlo, vendrás a mí y me lo dirás, ¿comprendes?

—Sí, comprendo.

Lo que no comprendí era el porqué de tanto misterio, pero tampoco me importaba demasiado. Tal vez detrás de esa simple puerta blanca al final del pasillo, escondía a todas las mujeres que torturaba y asesinaba, luego de traerlas a su mansión con su cara bonita.

Él se dirigió hasta una de las tantísimas puertas del pasillo. Era de color rojo.

Todas, menos esta, eran de color blanco. Ni siquiera tenía una llave puesta, solo bastó girar la perilla para abrirla.

Como si no fuera poco, la habitación era más que hermosa.

—Esta será tu habitación a partir de ahora, a menos que yo quiera que duermas en otra parte.

Me metí en ese enorme espacio, sin poder dejar de ver cada detalle como un gran lujo que creí no merecer. Había una gran cama de dos plazas con sábanas de color rosa y las paredes grises, aunque el techo y el tapizado del suelo eran rojos. La habitación que estaba pisando era como diez veces más grande que mi vieja habitación. La mandíbula se me cayó en el suelo al ver el gran espejo en la pared y debajo de este un mueble de roble con bellísimos dibujos grabados.

Cada detalle, desde las cortinas de seda, hasta los marcos de la cama, me volvían loco. Me enamoré de esa maldita habitación. Se podría decir que era digna de alguien de la realeza. Lo más sorprendente de todo era el gran espejo en el techo, por momentos me dio una mala impresión. Esta habitación había dejado de lucir como para un simple empleado.

—¿Puedo preguntar algo más?— Algo me estaba incomodando demasiado, no pude evitar indagar.

—Solo porque es tu primer día.

—¿Todas las habitaciones de sus empleados son así? No quiero cuestionarlo pero es que es enorme. Tal vez demasiado.

—¿No te gusta, pequeño?

— ¡No, nada de eso! ¡Es hermosa! Es que me sorprende que me permita estar en un lugar tan lujoso como este. Es muy bello, pero tengo mis dudas— Él se rió un poco y se sentó en la cama con toda la tranquilidad del mundo.

—En respuesta a tu pregunta, todos los empleados tienen habitaciones así. No soy tan ogro, ¿verdad?— él rió y yo no pude evitar sonreír. Por un momento, pensé que él en serio era mi salvación— Aunque, no me opongo si prefieres dormir con mis perros.

—No, prefiero sentirme como un humano solo por esta vez en mi vida— Él no paraba de mirarme y sonreír. Su enorme mueca era casi hipnótica.

—Entonces, ¿por qué tantas preguntas?

—Es solo que siento que es más de lo que merezco. Es una habitación muy hermosa, en serio— Me quedé como un idiota observando el espejo en la pared.

Los detalles en los marcos, los cuadros de la pared, todo era precioso.

—Bien, pequeño— Sentenció él, llamando mi atención por completo—, encontrarás tu uniforme en el primer cajón. Tienes cinco minutos y entraré por ti, ¿entendido?

—Sí— Esperé a que se retirara, pero no lo hizo. Se quedó parado, esperando algo más.

— Sí… ¿qué?

— ¡Oh! ¡Disculpe! Sí, amo— Entonces volvió a sonreír para luego retirarse, satisfecho por haberme obligado a decir semejante estupidez.

Cuando él se retiró, me acerqué al mueble para abrir el primer cajón. No había más que un par de medias de red.

Tal vez se equivocó, pensé.

Busqué en todos los cajones. Nada. Busqué en los armarios, debajo de la cama y en cualquier otro mueble, pero aún así no había nada.

¿En serio estaba pensando en que usara esas estúpidas medias o esto se trataba de una broma?

Me planteé en tocar la puerta para preguntarle si esto era una broma o salir de aquí ya que mi otra teoría indicaba que este tipo era un completo degenerado.

Sí, la segunda se me hizo más acertada. Así que caminé hasta la ventana, pero no pude abrirla. Había un enorme candado en ella y, por más que las hubiera abierto, seguro me desnucaría al tratar de escapar por allí. No era una casa precisamente pequeña y no había mucho de lo que treparse.

Simplemente me sentí jodido, sin una sola idea de lo que este tipo iba a hacer. No quería quedarme. Mis ganas de irme se incrementaron junto con el temor que ahora se comía todos mis pensamientos.

—Se acabó tu tiempo, niño— Él entró sin previo aviso, el corazón casi se me sale por la boca del susto. Este tipo entró con una gran sonrisa, pero al verme su sonrisa desapareció— ¿Cinco minutos no son suficientes para ti? ¿Cuánto tiempo necesitas?— Ahora se acercaba con lentitud y comencé a sentir puro y auténtico miedo.

—N-no lo he encontrado— Dirigió su mirada hacia el mueble y yo hacia la puerta, esperando ese segundo indicado para salir corriendo.

—Creo que no has buscado bien— Se quedó parado frente a la puerta, como si pudiese leer mis pensamientos—. He sido muy paciente y bueno contigo, pero te daré otra oportunidad. Busca tu uniforme y úsalo.

Iba a matarme. Definitivamente, había algo malo con él. Odiaba no tener opción. Me acerqué a aquel mueble y busqué en el primer cajón. Volví su mirada hacia él.

Confirmado, quería que usara esa mierda.

—Escuche, yo…

—No tengo todo el día, niño— Me interrumpió. Ahora sí sonaba y se veía como un ogro—. Ese es tu uniforme, úsalo.

—Estás loco si crees que voy a usar esa basura— Olvidé por completo todas sus órdenes solo para intentar defenderme.

Error. Aprendí lo que no se debe hacer en cuanto se acercó y su enorme mano rodeó mi cuello para arrastrarme hasta la pared más cercana. Comenzó a apretar con fuerza, mucha fuerza. No intenté golpearlo, solo pude intentar alejar aquella presión que me impedía respirar.

—Fui paciente contigo, te pedí unas simples cosas y no supiste obedecer. No es posible que seas tan inútil— Su cuerpo presionó el mío contra la pared, como si planeara triturarme tan solo con su peso—. Vas a ser un buen empleado. Vas a ponerte tu puto uniforme y vas a hacer lo que yo te diga o aprenderás por las malas, ¿entendido?

—S- sí— Hablé con dificultad.

—Sí… ¿qué?— Y presionó con más fuerza.

—¡Sí, amo!— Y por fin me soltó, dejándome caer ante sus pies sin cuidado.

Cuando levanté la mirada, intentando dejar de toser, él me tomó del brazo y me tiró sobre la cama. Lo primero que pude ver fue mi reflejo en el gran espejo que había en el techo. Mi respiración estaba agitada y mi corazón no dejaba de latir.

— ¡No me hagas perder el tiempo!— Se cruzó de brazos frente a la cama, mirándome.

Me bajé de la cama para alzar las medias en el suelo. Supe desde ese momento que me arrepentiría por siempre de haber tomado la decisión que tomé. Me levanté con el puño en alto, pero este no llegó ni siquiera a rozarle. Me detuvo el cañón de un arma apuntándome la frente.

Retrocedí por cada paso que él daba. Lo peor no era la situación, sino la furia en su mirada. Si no llegaba a morir por un disparo, él me mataría con sus propias manos.

— Hay muchas cosas que debo enseñarte. Tú no eres un reto para mí. Ahora estás aquí y trabajas para mí— Quitó el seguro del arma y yo cerré mis ojos con fuerza, esperando lo peor—. Pero te daré una última oportunidad o tendré que volarte los sesos. Es una orden simple que cualquiera puede cumplir, incluso tú.

Nuevamente un empujón y al suelo. Él no quitó el arma de mi vista, así que ante su atenta mirada no me quedó más opción que quitarme la maldita ropa, como él me lo había pedido. Primero mi playera, entre temblores y leves lágrimas que amenazaban en convertirse en cataratas. Todo bajo su mirada de lobo que me hizo sentir indefenso.

Esta era una de esas situaciones que una persona espera nunca vivir. Es cierto, mi vida estaba más que jodida, pero no quería morir en ese lugar y a mi corta edad.

Proseguí a desabrochar mis pantalones y deshacerme de ellos, lo que se me hizo difícil con las manos tan temblorosas.

—Bien hecho— Dijo con el orgullo plasmado en una sonrisa—. Ahora, avanza, quiero verte— obedecí sin protestar esta vez.

Me intimidaba la manera en la que me miraba mientras me caminaba alrededor.

Por momentos sentí una de sus manos rozarme la cintura. Su tacto me erizaba la piel, me encontraba más que asustado, pero sobre todo humillado.

¿Cómo fue que fui a parar a ese lugar?¿Cómo fue que decidí aceptar quedarme con ese loco? Mi antiguo jefe era un imbécil, pero este era un monstruo y no tendría piedad conmigo.

De pronto se paró detrás de mí y tomó mi cintura. El miedo me subió por el cuerpo rápidamente pero fui incapaz de moverme. Sentí su cuerpo pegarse al mío cuando me jaló la cintura. Su respiración chocaba contra mi cuello de una manera terrorífica. Era la primera vez, desde que tengo memoria, en que el miedo me hacía llorar. Cubrí mi rostro con total vergüenza mientras lloraba. Nunca me había sentido tan desprotegido. Él me hacía sentir así, débil.

Continúa… 

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