«EL AMO» Fic Toll de Chris_twc

Capítulo 30

[Un año después]

—¡No, no, aleje eso de mí! ¡Por favor!— Retrocedí rápidamente al momento en que él acercó esa asquerosa y gigantesca tarántula a mi rostro— ¡No se atreva a acercarse a mí, juro que lo golpearé si lo hace!— él reía como un niño haciéndole una broma a su hermano menor.

Estiraba sus brazos, acercándola y yo me alejaba como si el animal fuese a saltar sobre mí para morderme— ¡Oiga, no haga eso!— lo regañé una vez más.

—No va a morderte, pequeño— el espantoso arácnido caminaba sobre su mano y él la observaba, maravillado— Bueno, tal vez lo haga, pero no te preocupes. Su veneno no es letal, no va a matarte. Es una linda araña, no como tú, que vives quejándote de cada cosa que ves— puse los ojos en blanco— ¿Ves? Pones los ojos en blanco siempre, siempre estás molesto y este pequeño animal tal vez vaya a sustituirte. ¿Quieres que la lleve? Sería una buena mascota y no requiere de mucho cuidado como otros animales.

—¿Vinimos a una tienda de mascotas por una simple araña que, encima, es fea? Hay miles en su casa, limpio las asquerosas telarañas siempre, todo el tiempo. Adopte una allí en vez de fumigarlas. La adopción es un acto de amor— mi amo rió y devolvió al pequeño animal a su prisión de cristal— Le saldrá más barato.

—Yo quería llamarla Gertrudis— Decía con un leve puchero, con el cual no pude evitar reír— me había encariño, la extrañaré más de lo que puedo llegar a extrañarte a ti— Joder, que cuando quería se comportaba como un maldito infante. Era un hombre, un gran hombre con actitudes de niño pequeño. A veces me causaba tanta ternura oírlo bromear como un crío de siete años y, la verdad, era que me encantaba verlo así.

—No es cierto, no la extrañará. No se encariñe ni le ponga nombre, el pobre animal ni siquiera sabe en dónde está parado. No sabe quién es usted ni recordará su rostro ni su voz. Es un insecto, no sabe nada de usted, ni siquiera sabe que usted quiere ser su dueño.

—Cuando quieres ser cruel rompes mi corazón— Hizo un puchero, llevando su propia mano a su pecho— Maldito insensible— tenía una sonrisa de oreja a oreja, me resultaba hermoso verlo así después de tanto tiempo de verlo enojado.

—No soy insensible— Tomé su mano— Y el corazón humano no está de ese lado, sino del otro— Me aferré a su brazo y jalé de él para alejarlo de aquella zona que estaba comenzando a causarme miedo— Vamos a ver los cachorros, yo quiero uno. Nada de bichos feos que pueden morder o envenenar.

—¡La jodida araña no te morderá si no la toqueteas y las serpientes tampoco! La mascota que yo quiero no defeca en el suelo, mejor llevemos la araña que yo quiero. Gertrudis está esperando por mí, pequeño, yo siento que me extraña— Refunfuñaba cual chiquillo— tiene pelos en las patas, como un perro y es pequeña. Te gustan los animales pequeños y peludos, ¿no?

—Yo quiero un cachorro. Es pequeño, peludo, defeca en el suelo, pero vendrá si lo llamo por tu nombre. No quiero una aburrida araña— Hice un leve puchero— usted prometió que me compraría la mascota que yo quisiera. Me lo prometió.

—¡Niño, a ti hay que explicarte cada cosa con dibujos! Siempre Interpretas mal mis palabras, pequeño. Lo que yo dije fue que compraríamos una mascota para que la casa no esté tan solitaria cuando yo no esté. Tú te fuiste a quién sabe qué nube y creíste que compraría lo que tú quisieras. Las cosas no funcionan así, niño. Es mi casa y no sé si quiero que huela a orines y a mierda de perro todo el día— Rozó la punta de mi nariz con su dedo— Además, como los animales que a ti te gustan, orinan en donde sea, la costosa alfombra que te hice limpiar una vez te hará sufrir el doble que antes, ¿estás dispuesto a eso?

—Limpiaré la alfombra todas las veces que sean necesarias, pero no lleve un animal venenoso a la casa. Además el perrito solo será travieso mientras sea un cachorro, pero crecerá y será un buen perrito. Yo lo entrenaré, será el perro más amigable del mundo. Hará popó afuera de la casa, será bueno y no romperá nada.

—Espera un momento, ¿dijiste que tú lo entrenarás?— Alzó ambas cejas y suspiró— ¿De verdad no quieres que llevemos a Gertrudis? Sería lo más confiable. Se entrenará sola y no habrá ningún desastre— Fruncí el ceño y me crucé de brazos, aparentando sentirme ofendido por aquel comentario. Él suspiró nuevamente y sonrió, aceptando que no podría contra mí— Bien, llevaremos lo que tú quieras, pero si llevas un perro no llevarás más de uno. Solo uno, ¿comprendes? Solo uno y lo vas a atender tú.

—¿Y si tiene hermanitos? ¿Piensa separarlo de sus hermanitos? ¿Y si tiene un hermanito gemelo y quiere venir con nosotros?— él se dio media vuelta, amenazando a salir de la tienda, pero nuevamente tomé su brazo— ¡Solo uno, entendí!— finalmente se detuvo y giró a verme— Le prometo que solo llevaré uno. Uno pequeño y lindo— él sonrió y abrazó mis hombros— ¿Enserio tenemos que llevar solo uno?— Me miró, con una mueca seria— solo bromeo…— reí con nerviosismo.

—Vamos a elegir a la máquina de defecar que llevarás a mi casa— Caminamos hasta aquella pequeña sección en la que había cinco cachorros. Eran adorables, uno más hermoso que el anterior.

—¡Mire eso!— me acerqué al pequeño cercado y vi como todos aquellos cachorros se paraban en dos patas contra el mismo. Tal vez queriendo jugar conmigo— ¡Mire que bonitos son!— Alcé uno en mis brazos y se lo acerqué con todo el entusiasmo del mundo— ¿No cree que es el perrito más hermoso del mundo?— el pequeño cachorro jugueteaba con mi cabello y me lamía la cara— Y es simpático, le agrado.

—Sigo pensando en que extrañaré a Gertrudis— Habló mi amo— pero este muchacho no es tan feo— acarició la cabecita del canino, jugueteando con él— Hola, amiguito— Hablaba con el mismo— Eres feo, igual que tu futuro dueño— le di un manotazo y él retiró su mano, riendo cual niño pequeño— ¿Llevarás este?

—Quisiera llevarlos todos, son preciosos. Deben ser todos de la misma familia y aún son muy pequeños— me acerqué nuevamente a ver el resto de los cachorros. Me daba lástima llevar solo uno. Si pudiera, me los llevaría a todos— ¿Cree que va a extrañar a sus hermanitos? Seguro se pondrá triste si está solo.

—No llevaré cinco perros a mi casa, pequeño. No quiero que casa huela a perro todo el tiempo. Sé que no vas a encargarte de cinco animales. Apenas puedes encargarte de tu higiene personal, no podrás con más perros.

—¿Y dos?— él pareció pensar seriamente mi propuesta— Uno para usted y otro para mí. Dos cachorritos pequeños— Miró al resto de los cachorros y alzó uno en sus brazos— Mire, usted le agrada— intenté convencerlo— solo serán dos. Para que este pequeño no esté solo— él observó al perro que tenía en mis manos y dejó escapar la sonrisa más hermosa que podría haber visto en él hasta ahora.

—Llevaremos dos, no habrá problema con eso— Sonreí alegremente. Me enorgullecía poder convencerlo de algo, sabiendo que aquello no era precisamente… fácil— Pero solo para que tu perro no se sienta solo. Eso implica que debes limpiar sus necesidades y darles de comer, ¿entendido? A los dos.

—Haré lo que sea necesario. Puedo encargarme de usted, ¿o no?— él rodó los ojos— Es decir, ¿qué le hace pensar que no podré con estas dos hermosuras? Son más limpios que usted, así que…— sonreí, triunfante ante mis palabras.

—Sigues malinterpretando lo que digo. Nunca mencioné que no pudieras encargarte de ellos, solo te exijo que lo hagas y que no dejes que se mueran. Sé responsable, niño tonto— el pequeño cachorro lamía su mentón y él le tiraba besos al aire— Además, no son tan feos, son solo raros. Se parecen a ti.

—No soy raro. Oiga, usted me trajo aquí a comprar una mascota, no a criticarme— se acercó y dejó un beso en mi mejilla— Deje de hacer eso. Es molesto.

—Eres raro— rió— Pero tienes suerte de que eso me guste mucho. Espero que sepas que este será tu regalo de cumpleaños, navidad y todas las jodidas festividades que conozcas y hayas vivido. Estos perros feos cuestan más que mi auto.

—Me parece perfecto, puedo vivir con eso— Sonreí ampliamente, orgulloso y complacido por lo que mi amo acababa de decir— Feliz navidad para mí, entonces.

—Feliz navidad para mí cuando vea mi piso de madera orinado por estas cosas espantosas— dijo entre suspiros, mirando hacia arriba— Dios, ayúdame a comprender los caprichos de mi pequeño y no morir en el intento.

—No sea tan pesimista, luego soy yo el dramático. Son unas pequeñas cositas adorables. No diga que esa preciosa carita no enamora— Alcé al cachorro frente a él— Mire esas orejas, ¿no es es lo más tierno que ha visto en su vida?

—Son dos malditas orejas, tiene pelo, dos ojos, cuatro patas, un hocico y punto. Ese perro que tienes en las manos es feo como tú. En cambio…— Alzó a su can de la misma forma, poniéndolo frente a mí— Este galán es bellísimo. Tu perro es feo como tú, pero este es totalmente guapo, así como yo.

—Los cachorros son exactamente iguales, solo les cambia el color del pelaje— Volví a cargar al perrito en mis brazos, mimándolo con caricias, como si las palabras de mi amo lo hicieran sentir mal— Son hermanos, tienen la misma cara, los mimos ojos y las mismas orejas. Ninguno es feo, ambos son hermosos.

—Pero tu perro sigue siendo feo. Las cosas se parecen a su dueño, recuerda eso la próxima vez que quieras una mascota.

—Oh, creo que lo comprendo lo que está diciendo— Sonreí, dispuesto a devolvérsela— ¿Por eso usted quería una gigantesca y asquerosa araña peluda?— Él sonrió de lado ante mis palabras— De nada— Sonreí, completamente feliz ante mis palabras. Él solo rió y dejó un pequeño beso casto en mis labios.

—Mira, niño, te dejaré ganar esta vez, pero no olvidaré que me la debes— Acarició mi mentón— Tú no puedes ganarme, nadie puede y recuerda que soy tu amo, pase lo que pase— Aquello había resultado excitante, incluso estando en el lugar y momento equivocado. Solo mordí mi labio inferior, demostrándole cuanto había comprendido sus palabras— Ahora ven, debo dilapidar mi fortuna en estos perros de porquería.

Él se alejó con su pequeño cachorro en brazos y yo me quedé observándolo, completamente embobado. Joder, como me gustaba que me tratara de esa forma. Nuestras pequeñas bromas siempre acababan sobre una cama, todo porque él siempre quería tener la última palabra y, ¿por qué resistirme a aquello? Después de todo, él era el único que podía hacer conmigo semejante atrocidad sin que yo quisiera escapar.

Pero, hace tiempo que él no era violento si no estábamos sobre una cama. De hecho, era muy tierno. Debía admitir que me encantaba verlo actuar así. Me encantaba que fuera tan gracioso, que ya no se tomara todo tan a pecho. Las cosas habían cambiado mucho en este último año.

Él era cada vez más cariñoso conmigo, me mimaba como a un niño, ya hasta hacíamos bromas entre los dos. Él no se enojaba como antes, no había vuelto a levantarme una mano si no era para darme una caricia. Creo que era la primera vez en mi vida que sentía que alguien que no era mi madre me valoraba. Sentía que realmente me hacía feliz sentir la presencia de alguien más, sobre todo la suya.

Lo que más amaba de él era que había perdido su miedo a mostrar ese lado infantil, casi tonto, que jamás mostraba frente a los demás. Conmigo era una persona realmente adorable, no temía decirme tonterías, no temía hacerme reír, ni tampoco temía reír él. Su sonrisa no se había visto tan presente en mucho tiempo. Era la sonrisa más hermosa que podría haber visto.

Era una verdadera sonrisa, demostrando felicidad absoluta. Era él. No era solo «El amo», era más que eso. Era mi amo, mi mundo y nada me hacía más feliz que verlo bien, seguro de sí mismo. No me importaba que me sacara de quicio a veces, me importaba que fuera él mismo.

&

—Parker, ven aquí— Llamé al cachorro, moviendo mis dedos, pero el pequeño animal no se movía de su lugar. Al parecer la alfombra del living era realmente cómoda para él. Sabía que a mi amo no le agradaría nada que sus patitas sucias jueguen sobre la carísima alfombra blanca— ¡Parker, vamos, ven aquí! ¡Joder, Parker, ven conmigo o papi nos va a matar a los dos!

—¿A los dos? No, el pobre animal no tiene la culpa de que tú seas un idiota. Dime una cosa, ¿En serio tú vas a entrenar a este pobre perro? Gran trabajo el que estás haciendo— me dio una fuerte nalgada a lo que enderecé mi cuerpo casi automáticamente.

—¡Au! ¡No en frente de Parker, por favor! Es un bebé todavía— Debía admitir que aquella nalgada había dolido, no me quedó más que acariciar la zona, intentando calmar el ardor— No sea bruto, en serio me dolió.

—El pobre perro conoce tu cara hace media hora, ¿cómo pretendes que te haga caso si ni siquiera sabe en dónde está parado? Álzalo y llévalo a comer su comida o morirá de hambre sobre mi alfombra y no quiero olor a perro muerto ahí.

—¡Cállese, él no va a morir de hambre! Y no, no quiero que Parker sea como usted. Él debe hacer las cosas independientemente de su amo. Debe aprender su nombre y debe saber que tiene que comer. Debe aprender que se llama Parker y que debe venir cada vez que yo lo pida.

—Es un jodido cachorro, ni siquiera sabe dónde está parado el pobre animal. Lleva ese maldito perro a comer o te obligaré a comer lo que él defeque en esa alfombra, te recuerdo que vale más que tu culo ¡Joder!— poniendo los ojos en blanco me acerqué al cachorro y lo alcé en mis brazos.

—No es justo, eso no debería funcionar así. Él debe aprender a comer solo— Hice un puchero, frunciendo el ceño.

—Ya aprenderá, necesita de ti ahora. Hiciste bien al hacerme caso, recuerde que así como Parker es tuyo, también es mío y tú también— se acercó y besó mis labios— Llévalo con Zeus, está comiendo en la cocina— Cuando me di la vuelta para dirigirme a dicho lugar, me dio otra nalgada, obligándome a dar un pequeño salto.

Me acerqué a la cocina y dejé al cachorro en el suelo. Éste inmediatamente corrió hasta su tazón y comenzó a comer como si no lo hubiera hecho en años. Mi amo decidió ponerle Zeus a su perro, lo que me pareció un tanto ridículo ya que el animal no nos llegaría ni a las rodillas al crecer. Era un bulldog francés, el empleado de la tienda dijo que no crecían mucho. Mi amo quiso un perro más grande, pero yo le hice pucheros hasta que decidió llevarlo finalmente. Se encariñó con el animal, ya que desde que salimos de la tienda hasta que llegamos a casa estuvo haciéndole miles de mimos y muecas graciosas, hasta le daba besos en su pequeña cabecita. Era jodidamente tierno.

A veces en serio me sorprendía que fuera tan lindo. Nunca imaginé que viviría para verlo juguetear de esa forma con un animal. Era prácticamente un niño con un nuevo juguete y eso me entusiasmaba demasiado.

—Mira mi pequeño Zeus, es más hermoso que tu estúpido perro— Sentí la voz de mi amo en mi oído e inmediatamente sus brazos rodear mi cintura— Apuesto lo que quieras a que Zeus crecerá más que Parker.

—Son machos, crecerán de igual manera— apoyé mis brazos sobre los suyos y eché mi cabeza sobre su pecho— Gracias, amo.

—Te lo mereces, mi pequeño— besó mi cabeza— aunque podrías haber pedido algo más bonito, como Gertrudis. Eso me hubiera hecho feliz— reí.

—Esa no era una buena mascota, era horrible. Las arañas son feas, como usted— alcé la mirada y le saqué la lengua, burlándome de él. Sus brazos apretaron fuertemente mi cintura y me levantó en el aire— ¡Ah! ¡No! ¡No, era broma, era una broma!— comenzó a caminar hasta el living y me tiró en el sofá— ¡Lo siento, lo siento!— Posé mis manos frente a mí cuando su cuerpo quedó sobre el mío— ¡Perdón, perdón!

—¡No mereces mi perdón, sucio bastardo!— Tomó mis muñecas rápidamente y las apartó de su pecho— ¡Me la debes de hoy, pequeño! Sabes que estás en una zona peligrosa y sigues metiendo la pata, niño, ¿cuándo aprenderás?— sus manos se metieron debajo de mi playera y comenzó a hacerme cosquillas. Él sabía que las odiaba y es por eso que lo hacía cada vez que se molestaba o quería molestarme a mí.

—¡No, por favor! ¡No, no!— Comencé a reírme a carcajadas, no podía contenerme. Golpeé sus brazos a pesar de que estos no se alejarían de mí— ¡L… lo siento! ¡Joder, lo siento! ¡Amo, lo lamento!

—¡Di que eres un bastardo y que eres inferior a mí! ¡Nunca obtendrás mi perdón, pequeño insecto!— apenas podía respirar, estaba ahogándome con mi propia saliva, comencé a toser.

—¡Soy un maldito bastardo y soy inferior a usted!— mi risa se oía como un estúpido ronquido que siempre me dejaba en ridículo ante él— ¡Amo, por favor! ¡Por favor, por favor!— comencé a girarme sobre el sofá, intentando alejar sus manos de mí. Las cosquillas continuaron en mi cintura y por mi mala suerte, no había parte de mi cuerpo que no las sufriera— ¡No, por favor, ya basta!— Las lágrimas saltaban de mis ojos al reír— ¡No puedo… no puedo respirar! ¡Haré lo que sea, por favor, deténgase!

—¡Silencio, basura!— Mis risas se detuvieron cuando mi pantalón se bajó rápidamente. Me estremecí al sentir sus dedos acariciar mi entrada bruscamente— Me lo debes, niño. Cerrarás esa hermosa boca y me dejarás hacer lo mío.

—Oh… E… espere…— susurré— clavando mis uñas en el apoyabrazos del sofá ante el tacto de sus dedos en aquel lugar tan sensible— N… No…— Jadeé suavemente ante aquella presión. Mi miembro se endureció en un instante cuando una fuerte oleada cálida me recorrió el cuerpo, como la brisa de verano ardiente.

—Me la debes, pequeño. Te dije que no te saldrías con la tuya— dos de sus dedos entraron en mí lentamente. Dejé escapar un leve gemido.

—L… los cachorros. Oirán y… y no quiero que vean— sus dedos entraron profundamente. Esos movimientos se volvían bruscos, al punto de embriagarme en una sensación tan exquisita como su embriagador perfume. El ambiente se volvía un infierno y eso solo sucedía cuando se proponía tomarme entre sus brazos como un animal y follarme hasta el cansancio. No había cuidado, no había delicadeza. Había sexo, puro, brusco, duro y sucio.

—No entenderán lo que sucede. Son inocentes, como tú. Disfrutan de cualquier estupidez que les haga sentir mínimamente bien, por más idiota que eso suene. Si te follo, te gustará, lo gozarás, pero en tu mente crees que está mal la manera tan brusca en que lo hago— su mano se aferró a mis cabellos y me obligó a arrodillarme sobre el sofá. Sentí sus dedos presionar dentro de mí al momento en que mi espalda se enderezó. Sentí mi entrada arder con aquellos intrusos invadiéndola— ¿Cuánto gastaste por ese peinado? Se te ve tan bien, joder. Te follaría hasta quedarme sin energías, solo para poder tirar de ese cabello y hacerte gritar de dolor. Debo admitir que te ves jodidamente precioso.

—Fuerte— susurré entre gemidos— por favor, amo— dos de sus dedos pasearon en mi mentón, limpiando el hilo de saliva que salía de mi boca. Estos fueron directo a ella y se metieron allí. Comencé a saborearlos, sabiendo cuanto le encantaba aquello. Le encantaba tratarme como a un animal, le encantaba que yo fuera su perra.

—Niño tonto. No puedo creer que alguien como tú disfrute de esto— su miembro se apoderó de mi entrada casi salvajemente, dejándome ahogar un fuerte gemido en mi garganta al tener sus dedos dentro de mi boca— Un alma tan dulce, disfrutando de un maniático robándole la poca inocencia que aún queda en él. Usándolo como una puta, tratándolo como una. Disfrutas ser mi linda putita, pequeño— una leve risa, casi malévola, se oyó en mi oído y luego una fuerte embestida, seguido de su mano jalando fuertemente mis cabellos Cada pequeño momento a solas con él, intimando, se convertía en un ambiente erótico, rudo, ardiente como el mismísimo infierno. Con sus palabras crueles, con el dolor que a veces me provocaba durante aquel acto, todo aquello… joder, ni siquiera yo podía comprender qué era lo que tanto me gustaba de aquel brutal trato, solo sabía que me encantaba. Era algo que no podía evitar por más que quisiera.

En el sexo, disfrutaba de sus bruscos roces, de sus insultos humillantes y más que nada de esa parte de él que tanto deseé evitar. Jamás me trató delicadamente en la cama. Él me dominaba, me torturaba y me usaba de la manera más cruel. ¿Creen que le importaba que mis gritos fueran de dolor? ¡Joder, no! El dolor ajeno era placer para él. Le encantaba verme arrodillado ante él, le encantaba que reconociera miles de veces a quién pertenecía y todo esto mientras me jalaba el cabello y me penetraba bruscamente. Nunca traté de detenerlo, nunca le dije que se detuviera, solo porque me encantaba aquello. Era algo muy contradictorio el hecho de que me gustara tanto aquello, al punto de darme un placer inimaginable. A causa de sus golpes, llegué a desear quitarme la vida. ¿Tendrá algún sentido el hecho de que, sobre una cama, aquello no tenga importancia?

&

Me encontraba acostado junto a él, en su cama. Nuevamente aquel aroma tan varonil que lo identificaba, invadía cada pequeño espacio en esa habitación. Debía admitir que me volvía loco sentir ese aroma impregnado en mi propia piel. A cada pequeño momento en que él pasaba a mi lado, dejaba esa esencia en el aire, hipnotizándome casi inmediatamente. Me seducía, me embriagaba, me excitaba y yo deseaba nunca dejar de sentir tan profunda fragancia. No podía creer que un hombre me volviera tan loco.

—Eres un buen chico, ¿no es verdad?— Hablaba entre sonrisas. Yo me quedaba viéndolo con ternura. Parecía un niño, un adorable muchacho jugando con su cachorro— Tienes suerte de no ser tan feo como Parker. Tú serás el perro más hermoso del mundo, solo por ser mío— Zeus estaba sobre su pecho, lamiendo la cara de mi amo, mientras este jugueteaba con las orejas del perrito— ¡Joder, no seas como el pequeño!— Reía.

—Yo no babeo su cara, deje de decir tonterías— Miré a mi pequeño Parker— No lo oigas, muchacho, es un engreído. Tú ya eres el perro más hermoso del mundo— Hablé a mi cachorro, quien estaba recostado a mi lado, durmiendo plácidamente.

—Tu perro es un perro normal y feo. De hecho, debe estar en el libro Guines por ser el más feo del mundo— Habló mi amo, dedicándome una mirada— y también es un holgazán aburrido— Alcé una ceja, ignorando sus comentarios— y tiene un nombre espantoso. Tienes mal gusto, pequeño. Eso ya es culpa tuya, no del cachorro.

—¿Quiere dejar a mi perro en paz? Yo no me quejo de lo que hace su perro. Apuesto a que dejará de ser «el perro más guapo del mundo» cuando comience a destruir sus zapatos y a defecar en su alfombra. En cambio, Parker será tranquilo y no hará travesuras. Mis cosas estarán intactas porque será un buen perro.

—No diría lo mismo por tu cabello. Apuesto a que Parker se divertirá mordiéndolas por la noche— Dijo, alzando una de mis rastas en su mano— Seguramente pensará que son feas y querrá destruirlas a toda costa— Miré al gran espejo en el techo y arreglé mi fleco a un lado, observando mis rastas atentamente.

Hacía poco tiempo decidí cambiar algo en mí. Mi cabello había comenzado a aburrirme demasiado y decidí agregarle finas rastas negras, con las puntas blancas. A mi amo le habían gustado. Cuando regresé de la peluquería, solo recuerdo que me esperaba de brazos cruzados, esperándome como siempre lo hacía. Cuando me preguntó dónde había estado, me solté el cabello. Su reacción fue inmediata. Me tomó por la cintura y me folló como una maldita bestia, allí mismo. Me jaló el cabello tanto como le fue posible, sus besos no me daban ni un solo respiro y yo… joder, agradecí eternamente el día en que decidí hacerme algo en la cabeza. Me había fascinado y a él también. Generalmente, él me dice lo que debo hacer con respecto a mi estilo, pero cuando me da libertad para probar algo nuevo, termino en su cama, gimiendo, con lágrimas de placer, totalmente extasiado. Como me gustaba eso, joder…

—Usted dijo que le gustaban, me dijo que eran bonitas— Giré mi rostro y lo miré— ¿Acaso me mintió?— Su mano acarició mi mejilla suavemente y su pulgar se paseó por la comisura de mis labios. Aquellas suaves caricias me devolvían el aire.

—Luces hermoso con cualquier cosa que hagas, mi pequeño. Tú eres perfecto. Desde tu apariencia hasta lo que hay dentro de ti. Eres perfecto así como eres. Con tus locuras, tus caprichos, tus berrinches y tu cabello enmarañado— rió— y me encanta tu locura. Tengo que admitirlo. Cada día me contagias un poco más.

—Lo amo— Mordí mi labio inferior, sabiendo que no me respondería aquello, por más que se lo dijera un millón de veces.

—Ven aquí, Billy— Él se sentó en la cama, apoyando su espalda en la pared y yo me recosté en su pecho, permitiendo que él me abrazara— Tú sabes lo que pienso, sabes lo que siento y te lo he dicho. Una palabra no significa nada para mí, intento demostrarte cada día lo mucho que me importas.

—¿Eso significa que me quiere?— Eché mi cabeza hacia atrás y suspiré profundamente. Él nunca lo diría, siempre recibiría la misma respuesta. Lo peor era que yo, como un idiota, seguía intentándolo. En mi cabeza no entraba que eso jamás sucedería.

—Significa que me importas mucho y que no dejaré que nada malo te pase. Significa que quiero estar contigo cada segundo de mi vida, ¿no es eso suficiente para ti?

—Sí, lo es— Entrelacé sus dedos con los míos— está bien así— Dejó un beso en mi mejilla y otro más pequeño en mi cuello.

—Te preguntaré algo, Billy. ¿Alguna vez has querido hacer algo en tu vida? ¿Alguna vez sentido que quieres hacer algo que te gusta y vivir de ello?

—¿A qué viene eso?

—Solo es una pregunta, pequeño.

—Se reirá de mí si se lo digo.

—Para que veas que no estoy planeando burlarme de ti, te diré aquello de lo que a mí me gustaría vivir— lo miré detenidamente, entusiasmado ante su palabras— Siempre creí que, al crecer, sería un buen abogado. El mejor de todos, eso quería cuando era un niño. Me gustaba el hecho de saber que podría defender a alguien, hacer justicia. Creía que los abogados eran superheroes. Así de ingenuo era yo.

—¿En serio?— Alcé una ceja, sin poder evitar soltar una risa— ¿Un abogado? ¿Usted? Es la persona de la que menos creía que llegaría a escuchar eso.

—Aunque te parezca contradictorio, siempre quise ser abogado. Siempre quise trabajar para la justicia y hacer que las leyes se cumplan. Ya sabes, un niño de pocos años puede creer cualquier cosa.

—Es lo más extraño que escucharé salir de su boca. No puedo creer que esté diciendo eso. Es lindo y a la vez… tonto.

—No insultes mi sueño, niño idiota— rió— Pues ahora lo sabes, quiero saber sobre ti. Ahora, dime tú, ¿De qué te gustaría vivir?

—Bien…— suspiré— siempre me han gustado muchas cosas. Me gusta todo lo que tenga que ver con la moda. Ya sabe, el maquillaje, el cabello, la ropa y también la literatura. Pero mi madre era una gran cocinera. Preparaba platillos magníficos y yo siempre quise ser pastelero, por ella. Recordaba que intentaba sus recetas, pero no era muy bueno. Hasta hoy en día tengo problemas con los pasteles, usted lo comprobó el otro día— carraspeé y él rió— No se burle de mí, en serio me esforcé porque quedara medianamente bien.

—Ese pastel…— Movió su cabeza negativamente— ni siquiera pude terminar de comer la primera pieza que me diste. Hasta el que hice yo estaba mejor que eso y yo apenas sé hervir agua, niño. Hay algo muy malo contigo. Es la primera vez que pruebo algo tan seco y asqueroso con semejante cantidad de crema.

—Cocine los pasteles usted, entonces— puse los ojos en blanco, sin poder evitar sentirme ofendido por su comentario— He cocinado miles de cosas para usted y dice algo así por un trozo de pastel— dije entre dientes.

—Joder, muchachito, deja de ser tan dramático por todo. Además, yo no debo cocinar, eres tú. Yo traigo el dinero, te doy de comer, techo y te hago gozar por las noches. Es tu deber ser bueno conmigo.

—Quiso traer una fea araña a la casa, sabiendo que me aterraban— alcé una ceja, mirándolo— ¿también tendría que haberme encargado de ella?

—Obviamente— sonrió ampliamente. Le encantaba ser el que mandaba, le encantaba jugar al dictador y, aunque a veces me sacara de quicio, debía admitir que era lindo.

—A veces me molesta quererlo tanto. Ni siquiera puedo enojarme con usted— él dejó un beso en mi mejilla.

—No quiero que te molestes conmigo. Recuerda que eres mi pequeño y, por más que me moleste, no puedo hacer algo que te haga daño— Besó mis labios— Las cosas están bien así, estamos bien.

—Estamos muy bien, amo— Acaricié su mejilla— ¿Así será por siempre, verdad?

—Esto es para siempre. Prometo sobre todas las cosas de este mundo, que no dejaré que nada se interponga entre nosotros.

—Creí que nunca prometía nada a nadie.

—Te lo prometo esto porque estoy hablando en serio. Te lo voy a demostrar mañana. Mañana sabrás realmente lo que siento— tragué saliva y lo miré fijamente.

—¿Mañana? ¿Qué quiere decir con eso?

—Solo espera, pequeño.

—¿Por qué no puedo saberlo ahora?

—Porque no sería algo especial, yo quiero que así lo sea— acarició mi mejilla— Mañana será el mejor día de tu vida, mi pequeño. Te lo prometo.

Continúa… 

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