«EL AMO» Fic Toll de Chris_twc
Capítulo 39
[Días después]
—Amo, despierte— le hablé suavemente y él reaccionó. Abrió los ojos y soltó un gran bostezo—. Le traje el desayuno y debe tomar su medicina.
—¿No me darás los buenos días?— sonreí levemente y dejé un beso en sus labios. Un beso dulce y suave, como el de casi todas las mañanas—. Buenos días, mi pequeño— susurró, acariciando mis cabellos suavemente—. Ayúdame, ¿sí?— Con mi ayuda, él logró incorporarse en la cama hasta quedarse sentado. Dejé sobre su falda la bandeja con el desayuno junto a sus medicinas, todas ordenadas a la perfección para que él supiera cual tomar primero. —¿Podemos hablar, amo?— él detuvo su mirada en mí un momento, con esa seriedad que casi daba miedo—. No tomará mucho tiempo, se lo prometo. Solo es una cosa.
—¿Es algo importante o es una tontería como las que siempre vienes a decirme?— me senté junto a él y suspiré—. Acabo de despertar, Bill, no quiero aguantar tus típicas tonterías. No estoy bien y deberías considerar eso.
—Sí, tomo en cuenta por lo que usted está pasando y todo, pero en serio es importante para mí hablar esto con usted— lo miré de reojo y él suspiró. No le gustaba que yo fuera así con él y, créanme, a mí tampoco me gustaba ser así y no porque no lo crea necesario sino porque me daba miedo su forma de mirarme.
—Habla.
—Es sobre la rehabilitación.
—¡Maldita, sea, Bill, ya hemos hablado de esa tontería!— y nuevamente volvía a verlo enojado— Creo que ya lo dejé lo suficientemente claro. Eso no funcionará. Ya te lo dije y no pienso repetírtelo como si fueras un niño— Maldita sea, él era aún más terco que yo y luego se quejaba de mi forma de ser. Pero si el niño aquí era él, no yo.
—No es una tontería para mí y no debería serlo para usted. El médico dijo que hay una posibilidad de que vuelva a caminar y yo confío en que puede volver a hacerlo.
—Una posibilidad en un millón, ¿crees que debo tener esperanzas por algo que es imposible? Tú solo eres uno de los tantos imbéciles que creen que para cada mierda de este mundo existe una razón y una solución, ¿y sabes qué, niño? No siempre es así, no siempre hay una puta solución para todo. Deja de ser tan crédulo por una vez en tu maldita vida. No tienes idea de lo estúpido que te oyes intentando convencerme de que todo va a mejorar cuando hasta yo sé que no es así. Las cosas que tengo que aguantar a estas jodidas horas de la mañana contigo, no te imaginas cuan desesperante eres a veces.
—¡No es mi culpa que usted no crean en sí mismo! ¡Solo quiero que se recupere y si a usted no le importa, pues a mí sí! ¡Es la única forma de hacerlo sentir mejor y volver a dónde habíamos quedado!
—Crédulo.
—Usted no es médico, no debo tomar en sus palabras por sobre las de un profesional. Si el profesional que lo atendió en ese hospital dijo que hay una posibilidad de que vuelva a caminar es porque la hay y debería aprovecharla.
—Niño, estás cruzando una línea que no querrás cruzar. Si aún tienes algo de razonamiento en esa estúpida cabeza cerrarás la boca. Si esa bala no llegó a ti puedo hacer que llegue cuando yo lo desee. Cierra la maldita boca y escúchame. No hay posibilidad de que vuelva a caminar y tú dejarás de decir estupideces, ¿comprendes?
—Sí, comprendo— él se mantuvo en silencio y volvió a comer su desayuno—. ¿Necesita que haga algo más por usted?
—Nada has hecho por mí hasta ahora— a partir de ahora me atacaría siempre que pudiera y yo sin defenderme—. Esto sabe espantoso, eres un inservible de mierda, ¿sabías eso? Debí dejar que te murieras allí o que ese imbécil te llevara con él. No vales ni la cuarta parte de lo que iba a pagar por ti. Eres patético.
—¿Puedo retirarme?— cada pequeña palabra dolía. El nudo en mi garganta se iba haciendo cada vez más grande y él no dejaba de sofocarme con sus ataques. Sabía que esto no iba a terminar allí, todo esto se iba a poner peor. Debía soportarlo, debía ser fuerte por los dos.
—No. Te quedarás aquí y me oirás— tragué saliva y suspiré, intentando juntar fuerzas para aguantar esta situación que nunca terminaba—. Me vas a escuchar bien porque últimamente solo escuchas lo que quieres y esa actitud me está hartando. Es como si olvidarás todo lo que te he dicho desde que estás aquí y si no estás para obedecerme, entonces ya no me sirves para nada. Si a mí no me sirves a nadie más le servirás porque eres un inútil.
—Lo siento.
—No lo lamentes, yo ya me estoy lamentando por tenerte aquí de nuevo. Debí haberte dejado con esos tipos, ya estarías lejos o muerto. ¿Quién carajo sabe? Donde sea que hubieras terminado no estarías aquí molestándome— sin darme cuenta dejé escapar mis lágrimas. Cada cosa que decía era una apuñalada en el alma y yo estaba muriendo desangrado—. De no ser por ti hoy estaría bien, pero no. Estoy aquí sin poder moverme y tú te comportas como un imbécil. No sé qué debo hacer contigo para que comprendas mis palabras. Si esa bala no me mató seguro tu ineptitud lo hará en cualquier momento.
—Solo quiero ayudarlo. Quiero ayudarlo y usted no me lo permite. ¿Cómo puedo ser eficiente cuando ni siquiera usted me permite serlo? Quiero que volvamos a ser como éramos antes de que mi padre apareciera. Quiero que volvamos a tener nuestros planes de una vida perfecta.
Quiero volver a emocionarme cada vez que usted… — suspiré y limpié mis lágrimas con el puño de mi polera— cada vez que usted me decía que yo era importante. Quiero ser feliz, pero nunca podré serlo si usted tampoco lo es.
Él guardó silencio entonces. Estuvo tan callado que por momentos me preocupé y volteé a verlo. Ni siquiera me miraba. Posó su mirada en la ventana, como si estuviera pensando seriamente en mis palabras. Tal vez ni siquiera me estaba escuchando y solo divagaba en otro lugar de su mente. Me hubiera encantado saber lo que pensaba, a estas alturas él era impredecible para mí. Nunca lograría acomodar su mente a mi favor, pero él podía acomodar mi cabeza como le diera la gana. Nunca lo comprendería, nunca descifraría todo lo que hay en él, pero él sí supo cómo manejarme en cuerpo y alma, ¿cómo?
—Sigo siendo un monstruo, ¿no es cierto? Sigo siendo una mierda contigo a pesar de todo. Sigo siendo el malo aquí. Soy siempre el que te hace llorar, el que te hace temer… el que te hace sufrir, ¿no es verdad? No he cambiado desde que llegaste y no sé si cambiaré. Seguirás siendo la víctima siempre que yo esté aquí y es que siempre será así con toda persona que toque mi territorio. Siempre seré el hijo deputa que no es respetado, ni amado, solo es temido por lo que es. Soy un monstruo con la única persona que me respeta aun sobrepasando mis reglas, solo por querer hacerme feliz, solo por tener esperanzas. No sé por qué eso me hace sentir como lo que soy, no sé por qué eso me hace dudar de si estoy haciendo las cosas bien. Jamás ha sido así, siempre me sentí orgulloso de todo el mal que hice y ahora no, ¿por qué?— me miró, por un momento mi corazón se detuvo. Su forma de hablar de sí mismo era aún más fuerte que la manera en la que me insultaba— De verdad no lo comprendo ni un poco ¿Qué mierda haces en esta casa, encerrado y cuidando de mí como si yo lo mereciera?
—Usted merece que alguien lo cuide, que alguien lo respete y lo quiera. Todos merecemos un poco de afecto de vez en cuando. Amo, usted merece ser feliz y es todo lo que me importa. Quiero cuidar de usted. Quiero estar aquí, quiero hacerlo feliz y no me iré.
—¿Y si yo quiero que te vayas?
—Tendrá que matarme porque no lo abandonaré mientras siga con vida. Volveré y encontraré la manera de seguir aquí. Yo no iré a ninguna parte sin importar lo que intente. Nunca me iré, no importa lo que haga o diga. Aguantaré.
—Quiero que te vayas. Quiero que te alejes tanto como puedas y no vuelvas a mí nunca más en tu vida. Quiero que te olvides de mí, como si yo nunca hubiera existido. Olvida todo lo vivido, olvida lo que hiciste por mí y lo poco que yo he hecho por ti. Olvida toda palabra cursi o estúpida que yo haya dicho, olvida nuestros momentos, olvida esta casa, esta ciudad y todo lo que tenga que ver conmigo. Olvídame.
¿Era la primera vez que desobedecería una orden suya esta vez? ¿Sería capaz de hacerlo? Mi mente se dividía en dos partes en aquel momento. Mi amor por él peleaba con el respeto que le tenía, ¿quién ganaría? Ya lo he desobedecido muchas veces y he pagado de la peor manera pero siempre estuve aquí. No importó todo lo que me haya hecho, no me alejé de su lado y, ¿esta vez sería el momento en que me castigue con lo peor? ¿Sería este el momento en que los dos hemos llegado a un final? No me iré de aquí, eso él lo sabe, pero si ya no me quiere a su lado tendrá que deshacerse de mí, ¿importará aquello para él? Tal vez ya no es el mismo de antes. Él tal vez ya no me ama y yo ya no soy importante. Pero si él no es mi amo supongo que ya nada tendría sentido. No tendría sentido seguir caminando en este mundo.
—No.
—¿No?
—No, yo no me iré a ningún lado. Tendrá que asesinarme si quiere que me vaya de este lugar— él suspiró y dejó escapar una leve sonrisa que me horrorizó. Nuevamente estaba ahí, jugando con mi mente como a él le convenía.
—No, claro que no irás a ningún lado— volvió su mirada al frente—. Tú no te irás a ninguna parte y yo no puedo alejarte de mí. ¿Por qué querría que te fueras de mi lado? Lo he perdido todo y solo te tengo a ti. En verdad me lo pregunto, ¿por qué querría deshacerme de lo único que cree en mí?— estiró su mano hasta mi mejilla y se deshizo de mis lágrimas— ¿Cuándo será el día en que dejes de llorar de esa manera? Detesto que lo hagas, me haces sentir que soy un monstruo aún peor delo que siempre fui. No quiero serlo contigo.
—No lo sé. Espero ya no hacerlo— a pesar de que sentí una rabia inmensa por aquello, no pude evitar que parte de mí se aliviara porque solo fue una de sus diabólicas pruebas en las que no había respuestas acertadas. Esta vez la había pasado, poniendo mi dignidad en juego y allí va la poca que me quedaba, en una lágrima que él deshizo con facilidad de mi rostro.
—Dilo— alcé la mirada a él, vi su sonrisa—. Dímelo, anda. Sé que quieres hacerlo, te lo permito por esta vez— ¿acaso estaba hablando de lo que yo creía? ¿Acaso estaba haciendo que mi vida tuviera sentido una vez más?—. Lo único que deseé mientras estabas metido en esa mierda de lugar era oírte decírmelo. No me sirve el verlo escrito en un sucio pedazo de papel, sabiendo que allí sufrías solo por mi culpa. No podía creer lo que leía sabiendo todo lo que sufrías en ese asqueroso lugar. Quiero oírlo ahora, mi pequeño. Quiero verte a los ojos y oírlo de tus labios. Quiero sentir que eres real y que lo que sientes por mí es real. Quiero darme cuenta de que esto es tan real como tú y yo. Dímelo ahora.
—¿Por qué quiere que se lo diga?
—Porque ahora sí estoy seguro de lo que debo responder, Bill.
¡Boom! Sí, ese fue el sonido de mi maldito corazón estallando en mi pecho. Mi cuerpo se llenó de sentimientos y sensaciones inexplicables tan rápido que apenas me di cuenta de que él estaba allí, frente a mí. Fue una dulce sensación que, dudaba, que volviese a repetir. Mi amo, frente a mí, pidiéndome que le diga cuanto lo amo. ¿Esto era real? Podía apostar a que no lo era. No recordaba cómo se sentía ser feliz pero él devolvió a mí cada ilusión destrozada. Él revivió al maldito ser que rondaba en mi interior, necesitado de afecto y cariño. Así de patético me veía, sonriendo por un par de palabras que él podría retirar cuando quisiera solo para romper mi corazón. Así de patético era yo, dejándome llevar por alguien que nunca terminaré de conocer. En verdad me estaba convirtiendo en un ser despreciable. Pero así prefería estar antes que perder su amor para siempre.
Cuando suspiré por última vez dispuesto a decirlo oí ladridos y giré la mirada. Arañazos en la puerta y ladridos. Dos ladridos agudos y supe inmediatamente de dónde provenían. Eran Zeus y Parker y yo, apurado por traer el desayuno para mi amo, olvidé darles de comer. Claro que estarían histéricos y más aún ya que habían aprendido a subir las escaleras. Eran adorables, pero inoportunos como nadie. Casi tan molestos como yo lo era a veces, solo a veces.
—Son los cachorros— mi amo sonrió y asintió lentamente, dándome el sí para dejarlos pasar.
Así que me levanté y abrí la puerta. Los dos pequeños animales se empujaron para entrar rápidamente—. Hola, pequeños— alcé a Zeus en mis brazos y volví a sentarme en la cama—. Mire quién ha venido a visitarlo.
—Dámelo, es mi perro y no merece estar con una horrible persona como tú— soltó en tono bromista, estirando sus manos como un niño que espera un juguete nuevo—. Ven aquí, pequeño— Dijo mientras alzó al cachorro— Tú sí que eres sinónimo de guapura, ¿no es cierto?— besó la cabeza del perrito mientras le hablaba—. Oh, sí, eres el perro más bello del mundo. Más bello que muchos humanos que están aquí ahora.
—Usted también es humano, solo quiero recordárselo— respondí, sabiendo que se refería a mí— y también es feo.
—Oh, vaya, ¿oíste eso, Zeus? Alguien aquí se sintió ofendido por un comentario que no fue dedicado para una persona en especial— giré la mirada y alcé a Parker, quién estaba parado en dos patas, rogando por subir a la cama.
—¡No, no, no, no! Nada de eso. No quiero humanos o perros feos sobre la cama. Mejor siéntense en el suelo— Abrí la boca, indignadísimo ante lo dicho.
—¡Tiene que ser una broma! No puede prohibirle a Parker estar aquí. Zeus puede subir sin problema y debe tener las patitas sucias.
—No, no quiero perros feos sobre mi cama. El único que puede subir es el pequeño Zeus. Es más pequeño que tú, así que no quiero a esa cosa espantosa sobre mi cama, ni tampoco a ti. Eres igual de feo que él— Parker fue hacia él, buscando su afecto. Gemía suavemente, rogando por una caricia.
—Parker no es feo.
—Es el perro más feo del mundo— a pesar de sus palabras, acarició a mi perrito—. Eres aún más feo que Bill y eso es un nivel importante.
—¡Oiga! ¡No!
—La verdad está ante nuestros ojos, no podemos mentirle al pobre animal y decirle que se ve atractivo cuando la realidad es que es un ser espantoso y algo tan feo no merece ni siquiera pisar esta cama.
—¡Que tonterías! Mi perro es hermoso.
—No te estaba hablando a ti, le hablaba a Parker— «Game Over». Esta vez sí que me había dejado sin palabras—. Aunque viéndote desde este ángulo y si achino un poco la mirada… no te ves tan feo— ¿Debería agradecer por eso?—. De hecho, hasta te ves casi atractivo— giré la mirada. No quería admitirlo, pero sí me había ofendido un poco. Solo un poco—. Creo que hasta luces, más bien, hermoso, pequeño.
—Gracias— respondí, finalmente, sin dedicarle la mirada. Solo me concentré en mirar al frente. En verdad quería que él supiera que me había molestado su comentario. Bueno, no me había molestado, pero quería que él creyera eso. Lo sé, demasiado infantil, pero él también lo era. A veces hasta más que yo.
—Oye, pequeño, aún no me has dicho lo que quiero oír—alcé la mirada hacia él. Sonreía como cada vez que me pedía que le dijera que lo ame. A veces era hermoso verlo sonreír.
Me arrodillé junto a él y besé sus labios. Él me correspondió de igual manera, lo cual me tranquilizó. Aquel momento hubiera sido perfecto de no ser porque no creí poder dedicarle las palabras que él tanto quería. Sabía que en cualquier momento, así como él estaba tan tranquilo ahora, retiraría esas palabras en un momento de ira y yo tendría que olvidar por completo de que alguna vez me amó.
—¿Sucede algo?— preguntó.
—No, es solo que creo que debería terminar su desayuno y luego lo ayudaré a darse una ducha. Hay un largo día por delante.
—¿Por qué tan seco de pronto? ¿Ya no me amas? Vaya palabras tan ciertas que eran las tuyas, niño— ahora el ofendido era él.
—¿Qué?— No pude creer que él me estuviera diciendo eso. Él dudando de mis sentimientos cuando siempre los afirmó antes que yo.
—Ya sé lo que sucede— de pronto desvió la mirada, soltando una risa nerviosa—. Ahora lo comprendo todo. Tú ya no me amas porque estoy en esa silla de ruedas, ¿no es verdad? Te da vergüenza amar a un maldito paralítico.
—Lo amaría aunque no pudiese mover ni una sola parte de su cuerpo. Lo amo ahora y lo amé antes a pesar de todo lo que me ha hecho, ¿cree que si sigo aquí, cuidando de usted, es por algo que no sea amarlo?
—Mejor sal de aquí, no quiero ver tu cara. Dile a Lindemann que venga a ayudarme, tú ve a limpiar, has cualquier cosa solo no te acerques.
—Lo lamento, no quise que lo interpretara de esa forma, yo solo…— dejé de hablar en cuanto sentí su mano jalar con fuerza mi cabello, me acercó él mismo a su rostro.
—Debe ser un don natural tuyo el arruinar los únicos momentos de paz que tengo en mi miserable vida, ¿no es verdad?— Parker comenzó a ladrar junto a Zeus— El puto día en que hagas algo bien estaré muy feliz por ti pero ahora me das lástima. Pura y sucia lástima. Haz lo que te pido y no discutas nada, ¿entendido?
—Sí, sí, amo— él me soltó y pude ponerme de pie. Los cachorros me siguieron cuando salí de la habitación.
Otra vez lo arruiné todo, ¿no es verdad? Podría no haber parado a pensar en el futuro y las cosas seguirían bien, como siempre. Joder, ¿por qué lo dudé? ¿Por qué dudé en decirle que lo amo si eso es lo que siento? Tal vez él estaba hablándome en serio esta vez y en verdad deseaba oírme decirle que lo amo. ¿Por qué fui tan idiota? ¿Por qué?
Acaricié la parte trasera de mi cabeza, intentando calmar un poco el dolor y caminé hasta la cocina. Allí les di a los cachorros su comida respectivamente. Maldito y largo día que sería este. Ya podía sentir mi cansancio como si el sol estuviese a nada de ocultarse.
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—Si quieres me encargaré de eso— no pude creer lo que mis oídos estaban oyendo—. No te preocupes, sé cómo le gusta la comida condimentada— Kate estaba ayudándome a cocinar. A mí. A su peor enemigo.
—Oye, no es necesario, ¿sabes? Te lo agradezco, pero…
—Tranquilo, esto no lo hago por ti. No tienes nada que agradecerme— entonces ella se adueñó de la cocina y, debía admitirlo, el olor a esa salsa que cocinaba era una delicia—. Estás cansado, ¿no? Debe ser agotador hacerse cargo de alguien que no puede caminar, más aun sabiendo que el humor no da para mucho.
—Solo está un poco molesto.
—Lo digo por parte de los dos, no solo por él. No es por nada, Bill, pero opino que eres demasiado joven para hacerte cargo de cosas como esta. Thomas no es un joven, él cree que su vida va a acabar mañana y no lucha por cumplir sus metas. No sé si logras comprenderme.
Él no vive cada día como si fuera el último de la misma forma en que nosotros lo haríamos. Está devastado, triste y siente que ya no tiene nada.
—Él me tiene a mí y también a ti y a Till. Solo debemos hacerle entender que con eso es suficiente y que puede seguir adelante, pero en realidad él es… es tan… Terco. Terco como una maldita mula. Lo sé, he estado en esta casa más tiempo que tú y lo conozco perfectamente. El único problema es que al ser tú quién está más cerca de él te ve más vulnerable y procurará que cada momento de rabia recaiga en ti. Lo sé, no es bueno para ninguno delos dos pero él es así. Recurre a hacerle daño a alguien más débil para sentirse más fuerte o mejor consigo mismo.
—¿Te lo ha hecho?
—¿A mí? No lo suficiente. Era cuestión de que alguien realmente débil pisara este lugar.
Alguien débil de mente, de corazón y cuerpo. Lo siento, pero eso te toca a ti. Serías capaz de tirar a la basura cualquiera de tus principios solo por obedecerlo. Si él te pide que te tires al suelo a lamer su mugre lo harás porque tienes miedo, porque sabes que él es físicamente más fuerte que tú. Además de que serías capaz de quitarte la vida por él, eso demuestra cuán débil eres. Él lo ha descubierto, para tu desgracia, y ahora aprovechará hasta el último segundo de tu vida para hacerla miserable. Creo que hay muchas cosas que Agatha no te dijo.
—Yo lo amo…
—Le temes.
—No.
—No confundas el miedo con el amor. Si él pudiera ya estaría aquí, matándote solo por dejarme que haga algo que te corresponde hacer a ti. Yo lo haría frente a él todo lo que me diera la gana, no me importa. Mientras él esté en esa silla de ruedas no puede hacerme daño.
Él ya no se aprovecha de mí porque sabe que no tengo miedo. En cambio tú… tú transpiras pavor cuando él se acerca, aun siendo un inútil en esa silla de ruedas.
—él no es un inútil— ella soltó un bufido, aunque no pude verla supuse que había puesto los ojos en blanco, pensando en que soy un completo terco—. No me asusta que me pueda hacer daño, me asusta que no se preocupe por él. Me asusta que no llegue a ser feliz y eso es todo lo que deseo. Quiero hacerlo feliz pero él… él no me lo permite.
—Deberías tener metas más realistas en tu vida— suspiró y se dio la vuelta para verme— ¿Nunca has visto una película o leído un libro? Los malos nunca ganan y ni tú ni yo, ni él mismo, podemos negar que él no es bueno. Él es peor que todo aquel que te haya hecho daño antes. Si aún no te convences de eso, creo que terminarás golpeándote la cabeza muy fuerte y, créeme, te dolerá más de lo que te duele verlo postrado en esa silla de ruedas. Bill, cariño, los cuentos de hadas son solo cuentos. Tú crees que lograrás enamorarlo, pero no es así.
—No es mi culpa que él no se haya enamorado de ti. Él me dijo que me ama— escupí, sin temor a herir sus sentimientos. Estaba enojado, cejado por su incapacidad de escucharme y entenderme.
—Y tú lo creíste. Es por eso que él no se deshace de ti, niño. Eres débil. Crees en tonterías que nadie nunca creería y eso es lo que él busca. Una mente frágil con la cual jugar a su manera y tú caíste en el peor de los juegos. Caíste en su trampa y no podrás salir de ahí. Te va a destrozar.
—No me da miedo lo que él haga conmigo.
—No, claro que no— volvió a darse la vuelta para continuar cocinando— ¿Sabes a que le tienes miedo? A que él te rompa el corazón. Él no está enamorado, nunca lo ha estado y nunca lo estará. Creerás en sus estúpidas palabras siempre. Eso hacen los niños débiles y estúpidos como tú. Recuerda lo que te diré hoy y nunca he dicho palabras más acertadas: «él no será tu amo para siempre. Él se olvidará de ti y te abandonará a merced de un mundo lleno de injusticias y tú seguirás creyendo que esto es un cuento de hadas porque él ya ha destrozado tu mente».
—Deja de asustarlo, Kate— Lindemann entró en la cocina casi como un fantasma—. No tienes que creerlo, Bill. Este mundo no siempre es tan malo como ella dice que es. No todos tendrían la suerte que tú puedes tener lejos de aquí. Otros tenemos malas experiencias, algunas peores que otras, pero siendo tú, creo que tendrías grandes oportunidades de triunfar y ser algo más de lo que eres ahora— dijo con una sonrisa, como si pudiese convencerme con eso.
—Bueno, pagarían bien por su culo si es que a eso te refieres— respondió ella—. De hecho, ya han pagado una buena suma por ti, ¿qué te hace pensar que no lo harían de nuevo? Cuando él quiera deshacerse de ti, creo que podrías dedicarte a eso.
Él no quiere deshacerse de mí— Por momentos sentí que ambos estaban en mi contra. Sus palabras, más allá de mis sentimientos, eran crudas y reales per yo me negaba a creerlas—. Ustedes son unos idiotas.
—Miedo— Habló Kate.
—Yo creo que es inseguridad— Agregó Lindemann— ¿Te sientes inseguro al pensar en que puedes perderlo? ¿Acaso tu autoestima no es lo suficientemente alta como para pensar que en serio eres alguien sin él? Por favor, Bill, Thomas no lo es todo en tu vida. Tienes mucho por lo que luchar, creo que solo roba tu tiempo y tu esperanza el creer que puedes ayudarlo.
—No tengo miedo y no me siento inseguro de mí mismo. Ustedes son unos imbéciles y si creen que esas tonterías me alejarán de él están muy equivocados. Tú— señalé a Kate y ella me miró—. Él jamás te dio la atención que me da a mí desde que estoy aquí, jamás te quiso y nunca significaste más que una empleada más para él. Eso no te da derecho a decirme tonterías como estas. Te equivocas y juro que en algún momento te lo voy a demostrar.
—No te preocupes, esperaré sentada. De hecho, leeré una revista mientras pienso en lo espectacular que será esa demostración. Eres débil y me das lástima. Los dos me dan lástima, ¿saben? Tú por ser un cobarde y tú, Lindemann, por permitir que el responsable de la muerte de tus únicos seres queridos controle tu vida a su manera. Ya eres un hombre adulto y te dejas humillar por el crío culpable de todo el dolor de estos años, ¿es en serio? Los idiotas aquí son ustedes dos— ella dejó el platillo terminado sobre la mesa—. Niño, si yo pudiera salir de aquí ya lo hubiera hecho hace mucho tiempo, pero no tengo más opción que quedarme y obedecer a otro cobarde que abusa de la fuerza física para sentirse superior. Tú eres el único que no lo entiende y por ello siento lástima por lo que vaya a ser de ti en un futuro.
Se quitó el delantal y salió de la cocina, dejando aquellas últimas palabras rondando en mi cabeza cruelmente, cada una más filosa que la anterior. Inmediatamente me levanté de la silla y tomé el plato, intentando borrar cada parte de esa conversación para concentrarme solo en él.
—¿En verdad lo amas?— Preguntó Lindemann antes de que yo saliera dela cocina.
—¿Existe alguna duda?
—Muchas. Pero prefiero dejarte en paz por hoy, ya has tenido suficiente con Kate. Creo que decirte más cosas solo empeoraría la situación y yo solo quiero que estés bien con o sin él.
—Gracias— me alejé de la cocina con la última palabra, tomando mi bastón en la puerta.
Me encaminé con dificultad hacia el cuarto de mi amo. Cada día costaba más cuando debía ser lo contrario. No temía por mi salud, temía el no poder hacerme cargo de lo que me correspondía. Las puntadas en mi pierna no dejaban de hacerse presentes y no necesitaba esto ahora. Un escalón tras otro, un escalón tras otro, tan rápido como me fuera posible para que su cena no se enfriara. Un escalón tras otro tan rápido como me fuera posible para que él tomara sus medicamentos a tiempo. Un maldito escalón tras otro sin importar si yo estuviera a punto de caer, solo importaba él.
Entré a la habitación, dejando el bastón a un lado para agarrar con ambas manos la bandeja que dejé sobre su falda nuevamente. La abrí para que él supiera que era su comida favorita.
Sus pastas favoritas con la salsa perfecta, esa que a él tanto le gustaba. Todos sus gustos para al final no recibir ni un «gracias».
Él tomó sus medicinas correspondientemente, mirando atentamente la pantalla del televisor.
Yo solo me senté en una silla, a un lado de la cama, corroborando que tomara todas las píldoras. Esa era mi única manera de descansar en paz luego de un agotador día. El saber que él cuidaba su salud era suficiente como para dejarme dormir en paz. Sinceramente, a veces me costaba mantenerme despierto, varias han sido las veces que casi caigo en sueño sobre la mesa de la cocina o aquí mismo, en esta silla junto a su cama mientras él veía el televisor, hipnotizado siempre con las mismas tontas películas en el mismo tonto canal.
—No me has traído servilleta— alcé la mirada y me levanté inmediatamente para tomar mi bastón—. No te he dicho que vayas por ella tampoco— ¿acaso bromeaba? Otra vez estaba jodiéndome y mi humor iba en picada— Quítate la playera— por poco pregunto por qué, pero sería un grave error de mi parte el hacer eso.
Obedecí a su absurda orden y él extendió la mano. Le entregué la prenda de ropa y él procedió a limpiarse con eso, sin siquiera voltear a verme. Ahora no solo estaba muerto de sueño y dolorido, también tenía frío y dudaba en que él me la fuese a devolver.
¿Desea algo más?— estuvo varios segundos mirando el televisor, luego comenzó a subir el volumen hasta que casi se volvió ensordecedor. Estaba ignorándome y yo me sentí un idiota por creer que insistirle serviría de algo.
Pasaron los minutos y nunca bajó el volumen del maldito televisor. Luego de media hora él me pidió que lo ayudara a recostarse. Me obligó a mantenerme sentado en esa silla, soportando el alto volumen del televisor mientras lo veía dormir y no porque él no necesitara, sino para fastidiarme. ¿Y yo? Solo lo obedecí porque en verdad soy un idiota.
Continúa…
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