«EL AMO» Fic Toll de Chris_twc

Capítulo 45

—¿Amo?— Su voz, oí su molesta voz al otro lado de la jodida puerta— ¿Puedo pasar?— Sabía que el simple hecho de ver su rostro me jodería las decisiones que acababa de tomar. Estaba en esa delgada línea entre querer verlo por última vez o no querer volver a verlo nunca más en mi jodida vida. El verdadero problema era que sí deseaba verlo, deseaba tocar su rostro y besar sus labios, pero me arrepentiría de hacerle lo que le iba a hacer— ¿Amo, está usted ahí? Le he traído la comida que pidió— Volvió a golpear la puerta y me apresuré a guardar los billetes en los cajones, él no debía enterarse de nada. Sabía que lloraría y rogaría y yo no podría evitar perdonarlo.

—¡Adelante, pequeño, puedes pasar!— alcé la voz para luego bajar la mirada. Quería evitarlo a toda costa, pero era imposible. Era imposible no verlo. Era imposible no querer verlo.

—Aquí tiene— dejó lo ordenado sobre el escritorio con lentitud, como si intentara buscar mi mirada mientras lo hacía— ¿Necesita que haga algo más por usted?— casi inconscientemente lo hice, tomé su mano sin mirarle a los ojos sin siquiera preguntarle. Eran tan suaves como siempre, tan pequeñas y diferente a las mías. Él era tan diferente a mí… casi se me hacía imposible creer que lo dicho por Lindemann era cierto— ¿Usted… necesita algo? ¿Se siente bien?— Preguntó con cierto miedo en su tono de voz. El miedo que Lindemann había mencionado.

—Solo… siéntate— no debí decirlo, aún más sabiendo que él no me iba a desobedecer. Solo se sentó y alcé la mirada. Estaba preocupado, no encontraba otra forma de definir esa expresión que él llevaba en el rostro— ¿Por qué?— pregunté mientras acariciaba su mano— ¿Tienes idea de todo lo que apostaba por ti? Ponía mis manos al fuego por ti—. Supe inmediatamente que él sabía a lo que me refería. Conocía sus gestos, lo conocía a la perfección. Su respiración pareció agitarse, tragó saliva sin que yo terminara la frase y desvió la mirada al suelo—. Estuve dispuesto a dar mi vida por ti, lo sabes. Me viste cuando recibí esa bala por ti, me viste a punto de morir y hubiera dado mucho más porque siguieras con vida— lo supuse, lloraría. En cualquier momento su llanto se presentaría y me arrepentiría de mis palabras.

—Yo… yo no sé de lo que me está hablando— y entonces mintió, me mintió en la cara. Me mintió descaradamente, como nunca antes lo había hecho—. Si he hecho algo malo le pido disculpas, intentaré no cometer más errores— golpeé la mesa con ambos puños cerrados y él se sobresaltó, retirando sus manos en seguida, asustado. Su respiración se agitó aún más, aunque aquello pareciera imposible.

—¿¡Por qué mierda sigues aquí!? ¿¡Qué más quieres de mí!? ¿¡Qué mierda pretendes lograr quedándote aquí!?— su labio inferior comenzó a temblar al instante, él detestaba tanto que yo le gritara…— ¡Joder! ¿¡A qué mierda estás jugando!?

—Quizás usted no me ame, pero yo sí a usted y es por eso que sigo aquí— ¿Qué yo no lo amaba? ¡Joder! ¡Él fue y siempre será mi más grande debilidad! Yo era capaz de todo por él y él… él me mentía en la cara, me estaba mintiendo en la puta cara. Después de todo lo que me ha jurado, me mentía en la puta cara. Ya no lo aguantaría.

—Te odio. Te detesto, ¿lo sabes?— se llevó una mano al pecho, sus ojos se tornaron vidriosos, casi podía ver su alma destrozándose a través de ellos. Su alma torturada, asesinada y violada por un monstruo, por mí—. Creí que en mi vida he soportado demasiada mierda, pero tú eres la mierda más grande que se haya cruzado en mi camino, ¿y sabes qué? Eres la peor de todas, la que más se merece todo mi desprecio y todo el mal que te pase en este mundo te lo vas a merecer. Te mereces una vida de mierda, mereces vivir en el peor de estos mundos, mereces un dolor eterno. Me encargaré de que sufras hasta el último segundo de tu miserable existencia. Todo lo que yo haya sufrido, tú lo sufrirás el doble o el triple. Te lo mereces y así será.

Él se quedó en silencio y al girar la mirada hacia la nada una lágrima rodó por su mejilla. A pesar de saber que lo había herido, no me sentía culpable. No hubo dolor al momento de escupirle el veneno en la cara. Generalmente reflexionaba al segundo de haberle dicho cosas que podían herirlo, pero no esta vez. Esta vez quise hacerle daño y lo logré y no me arrepentía de ello. Aun así, no me gustaba verlo llorar. Podría apostar a que no existe nadie en este mundo que soporte ver llorar a este niño. La lástima se mezclaba con la culpa y el dolor punzante te pateaba el pecho al ver la primera lágrima. Él era como una vieja y triste película de amor. Deprimente y aun así, lleno de sentimientos que podían hacerte sentir identificado.

Por más cursi que pareciera, es eso exactamente cómo describiría lo que él provoca en mí. No era divertido verlo triste cuando recordabas todas las sonrisas que te había compartido.

Él no tuvo miedo a llorar frente a mí, corriendo el riesgo de que a mí pudiese no importarme. Él no temía demostrar quién era realmente, yo sí. Temía lo que el mundo pensara. Temía que pudiesen verme como una persona débil y fácil de pisotear, pero él me hizo sentir valorado y valiente en muchos sentidos. Con él no tuve miedo de ser todo aquello que de niño nunca pude. Él fue mi amante, fue mi amigo, mi compañero de juegos y aventuras, fue la madre y el padre que nunca pude tener, fue un maldito dolor de cabeza y, al mismo tiempo, mi distracción más relajante. Fue lo mejor de mi vida y lo peor. Fue todo cuando yo quería que fuera una simple nada. Fue simplemente él y así es como logró enamorarme. Fue atento y romántico. Fue dulce, fue tierno y a su vez sensual. Fue lo más hermoso y no deja de serlo. El corazón más puro, el niño más inocente y lo peor que pueda pasarle a un ser humano. ¿Cómo no enamorarte de él? ¿Cómo no destruir tu corazón el saber que su corazón ya no te pertenece? ¿Cómo amarlo cuando deberías odiarlo? ¿Cómo odiarlo cuando sabes que todavía lo amas? ¿Cómo olvidarme de todo lo que representa? ¿Cómo?

¿Saben qué es lo peor? No podría hacerle daño, ni siquiera tenía los huevos para encargarme yo mismo de la atrocidad que iba a cometer. ¿Quién lo haría? ¿Quién sería capaz? Ni siquiera soy lo suficientemente hombre para hacerlo, tal vez si fuera otra persona, cualquiera, pero justamente tuvo que ser él quién rompiera mi corazón. Justamente tuvo que ser él quién me enseñara lo espantosa que es esta sensación. Justamente tuvo que ser él quién me dijera que me ama y me mintiera. Justamente tuvo que ser Bill. No sé si alguien pudiera, pero yo no. Yo soy un cobarde que no es capaz de vengarse de quién le ha hecho daño.

—Vete— sentencié, simplemente, pensando en no volverlo a ver a los ojos—. No quiero volver a verte en todo el maldito día y si solo se te ocurre llorar cerca de mí, te mataré. Lárgate de una puta vez— él asintió y secó sus lágrimas. Sin decir ni una palabra salió. Lo herí, lo herí demasiado. Comprendí que era cierto, yo he sido el monstruo.

Con Bill sentí que nada me faltaba, por eso ahora sentía que lo había perdido todo. No quiero volver a verle a los ojos, no quiero arrepentirme de mis decisiones. ¡Maldita sea! ¡Él fue quién lo quiso así en primer lugar! Si él no se iba de aquí, debía obligarlo, ¿y si es con Lindemann con quien quiere estar a partir de ahora? ¿Sería capaz de permitir eso? ¡Joder, no! ¡Él era mío! ¡Era mi pequeño! ¡Maldita sea, él podría haber sido mi esposo! Yo podría Heber sido realmente feliz solo con él. Yo podría haber sido todo lo que él desea, pero no lo lograré. Jamás lograría darle todo lo que desea, no así. Debía sacarlo de aquí esta misma noche. No volverá a verme ni yo a él. No pasaré por alto esto, no dejaré que se salga con la suya. Si él me hizo esto, lo pagará. Él no debería ser nadie importante, es hora de entenderlo. Es hora de decirle adiós y dejar de pensar en él como alguien que vale la pena. Me ha mentido, nadie debería mentirme. Él lo sabía, él me mintió en la cara.

&

—Dale esto a Lindemann. Asegúrate de que lo beba todo. Que no quede ni una sola gota— alcé el vaso y Kate me lo retiró de la mano casi inmediatamente. Solo en ella podía confiar desde hace mucho. Era la única que podía hacer que mi plan rindiera frutos— A juzgar por el hecho de que no te has retirado inmediatamente, deduzco que sabes la razón por la que estoy haciendo esto, ¿no?— ladeó la cabeza, sin quitarme la mirada de encima, esperando más información— Tú lo sabías, ¿no? Desde un principio.

—¿Saber qué, amo?— preguntó— ¿Lo que Lindemann ha hecho con Bill?— fruncí el ceño por un momento, mirándola, parecía como si me estuviese jugando una mala broma—. Si se pregunta cómo es que lo sé, supongo que este vaso debe tener veneno o alguna droga. No es raro que busque vengarse de quién se intenta apropiar de lo que es suyo. También sé que no es simple jugo de naranja, usted no le prepara un jugo de naranja a cualquiera. ¿Acaso está intentando matarlo?— guardé silencio un momento, pensando en una respuesta para aquella pregunta. Era la misma pregunta que me hice antes de salir de la oficina y después de pensar en lo que Bill sentiría—. ¿Solo a Lindemann o planea lo mismo para Bill?

—No te pedí que le llevaras el vaso a Bill, ¿no? Y no, no intento matar a Lindemann, simplemente lo haré. Él morirá esta misma noche, por eso necesito que se beba ese maldito vaso que acabo de darte y hasta la última jodida gota. Apúrate.

—Hay algo que no me cierra en todo esto. ¿Qué pasará con Bill? ¿Qué hará con él en realidad?— preguntó sin moverse ni un centímetro de dónde estaba, desobedeciéndome luego de tanto tiempo sin hacerlo. Me fastidiaba— ¿También él va a morir?— suspiré profundamente y la miré.

—No lo sé. El mundo se encargará de él, no yo. Creo que es lo suficientemente fuerte como para sobrevivir solo allá afuera. Ha aprendido mucho estando aquí, enfrentándose a mis enemigos y a mí. Seguro podrá solo, no me importa si muere o no, no lo quiero aquí.

—Entonces sí planea hacer algo con él. Me sorprende que su respuesta no sea: «seré yo quien se encargue de su muerte». Suena más algo como lo que usted diría, ¿sabe?

—Tal vez no soy tan egoísta como para encargarme de ello o, simplemente, estoy en una maldita silla de ruedas, siendo un inútil, ¿no crees que yo mismo habría matado a Lindemann si pudiera?

—Entonces debo suponer que Bill ya no le importa en lo más mínimo.

—¿Y a ti?— ella se puso derecha y caminó por la cocina hasta salir de la misma, sin decir otra palabra. Miré el reloj, faltaban solo quince minutos para deshacerme de ellos, para siempre.

Me dirigí al living room y en menos de lo pensado, Lindemann estaba bebiendo del vaso. Kate tenía un enorme poder de convicción, casi tan grande como el de Bill. Era una muchacha atractiva, manipulador e inteligente en muchas ocasiones. Bill podía ser todo aquello sin querer serlo. Podía ser una porquería, pero nunca notaría cuándo lo hacía. Él simplemente no quería ser malo, pero a veces no podía evitarlo. Él tenía incorporado en su ser todo lo que una mujer querría, por alguna extraña razón. Podía seducirte en un instante, podía jugar con tus sentimientos y destrozarlos. Él podría haber hecho lo que quisiera con cualquier persona, incluso conmigo, ¿por qué no lo hizo? Es simple, sigo pensando en que él no quiso hacer lo que hizo, yo fui quien lo obligó a hacerlo y esa es la única jodida razón que me impide matarlo o, siquiera, pagarle a alguien para que lo haga. Incluso habiéndome mentido como lo hizo y haberme jodido la vida de mil maneras, no es su culpa. Nada es su culpa. Prefiero culparme a mí mismo por todo antes que negarme a pensar lo buena persona que es y siempre fue.

Ni siquiera dos minutos habían pasado que el vaso ya estaba vacío sobre la mesa. Kate me dedicó una mirada desde el living y asintió. Su propósito había sido cumplido. Solo había que esperar un poco y todo estaría listo. Con Bill ni siquiera necesitaría hacerlo, él no necesitaba ningún tipo de droga. Es un debilucho. Apuesto a que él mismo se ataría las manos y se dejaría llevar si yo se lo pidiera. Ya lo ha hecho una vez, ahora que recuerdo bien. La única cosa de la que me arrepiento hasta ahora, solo hasta ahora…

Me quedé unos minutos observando el living y como poco a poco la cabeza de Lindemann se agachaba y volvía a subir, intentando mantenerse despierto. No lo logró. Al final vi su cuerpo caer sobre el sofá. Kate se levantó de su asiento y tomó el vaso en sus manos. Con un paso elegante se acercó a mí, pero no me dirigió la palabra. Fue directo a la cocina a enjuagar aquel vaso. No parecía enojada, más bien la veía preocupada. Sí, era la primera vez que la veía así.

Ella no era la clase de personas a las que les importaba mucho algo o alguien y menos si ese alguien era Bill. Este tiempo puede haber cambiado su perspectiva y eso no era bueno.

—¿Qué sigue en su malvado plan?— preguntó luego de unos minutos de silencio—. ¿Preparo un jugo para Bill también? Puedo ponerle carne en él, eso lo hará sufrir más que cualquier otra cosa que piense hacerle.

—En unos minutos vendrán por ellos y no te preocupes, lo que había en ese vaso no era veneno. Lindemann no está muerto, aún. No quiero un cadáver en mi casa, huelen espantosamente. En cuanto a Bill, no necesita ninguna droga para que se lo lleven de aquí a la fuerza. Solo encárgate de recibir a las visitas. Son caras, pero efectivas.

—Sí, amo— sus últimas dos palabras antes de salir de la cocina.

Me moví lentamente hasta el living, el espectáculo no tardaría en comenzar. No lo disfrutaría en lo más mínimo, pero estaba seguro de que era la decisión correcta. Si no era esa, ¿cuál era entonces? ¿Tener esperanzas? No las hay, no las habrá nunca y tal vez nunca las haya tenido.

Tal vez solo son un invento de las personas para no aceptar lo mierda que es la realidad que les toca vivir.

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By Bill:

¿Cómo fingir que algo no te importa? ¿Por qué nadie me enseñó sobre eso? Dieciocho años de vida y no he aprendido cómo diablos puedo fingir algo. Debieron enseñarme cómo, debí aprenderlo de alguna forma. Si tal vez solo hubiera disimulado, si lo hubiera ocultado un poco más tal vez él no me habría dicho lo mucho que me odia. ¿Debía temer esta vez? ¿Temer a qué? Sabía que cualquier calamidad que él planease hacer conmigo me lo merecería. No me importaba demasiado lo que quisiera hacer conmigo, eso era un hecho. Lo único que me importaba era él. Lo decepcioné tanto… justo cuando le juré que aquí estaría para él.

—¡Maldición! – Grité, dándole un puñetazo a la pared—. Eres un idiota, ¿sabías eso? Eres el tipo más idiota del mundo— me dije a mí mismo—. Si él fue un idiota, tú lo fuiste el doble— con un último suspiro tomé mi muñeca, comenzaba a doler al haber dado un mal golpe. Mis nudillos sangraron casi sin que yo me diera cuenta. Ahora sí me sentí un idiota, ¿en qué iba a ayudarme eso?

Me alejé y me recosté sobre la cama. Observé mi reflejo en el espejo del techo y, aunque sonara estúpido, deseé que se rompiera en mil pedazos y cayera sobre mí. Así de patético me sentía. Creí que merecería que cada uno de ellos me hiriera la piel y yo solo aguantaría el dolor. Así como lo ha sido desde que lo conocí. Él golpeaba y yo aguantaba los golpes, sin razón aparente. Esas deben ser las cosas por las que uno se convierte en un completo imbécil.

Él lo era y yo también, solo por permitirle hacerme daño de la manera en la que lo estaba haciendo. Cada vez que él me lastimaba me sentía como un inmortal a punto de saltar al abismo. Él podía herirme, pero yo sabía que no pasaría de ahí. Es triste, lo sé, deprimente.

Lo que había pasado esta vez, no había sido una estupidez, hubo algo más importante. Creo que excedí los límites y lo peor es que no puedo culparlo a él, la culpa fue mía esta vez. No iba a negarlo, sé que podría haberlo evitarlo todo desde un principio porque pude y debí hacerlo.

Esta vez había cruzado la línea. Todo estaba en mis manos y lo arruiné tanto para él como para mí.

¡Maldita sea! ¿¡Por qué debía ser así!? Me jodía profundamente que a él le fuera tan fácil conocerme, pero yo debía luchar con garras y dientes por saber algo más. ¿Por qué él me conocía tanto y yo tan poco a él? Con saber su nombre y su edad no es suficiente. He conocido parte de su pasado, pero hay tanto que aún no puedo descifrar en él y tal vez es por eso que sigo aquí. Él nunca dejará de ocultarme cosas, él nunca dejará de ocultarse a sí mismo. Sigo preguntándome luego de todo este tiempo: ¿a qué le tiene miedo?

Me sobresalté de la cama de golpe al oír un estruendoso ruido. Me puse de pie inmediatamente solo para ver a un desconocido entrar en mi habitación y luego de este, dos más. Tomé la lámpara sobre mi mesa de noche, dispuesto a defenderme. Ellos no se inmutaron demasiado, parecían reírse en mi cara al hablar entre ellos como si nada pasara.

Jamás había visto a estos tipos en mi vida y eso nunca significaba algo bueno. La seguridad en este lugar era inmensa y eficiente, no había forma de que pudieran entrar pero si eso había pasado, estando Lindemann abajo no quería imaginarme lo que a mi amo le podría haber pasado estando yo aquí. Mi amo, algo pudo haberle pasado y ahora venían por mí.

—Vamos a hacer esto sencillo para ti y para todos nosotros, niño— dijo uno de ellos, guardando el cuchillo que llevaba en las manos—. No te resistas y no saldrás herido, ¿qué dices? ¿Hacemos un trato?— bajé las manos, sin soltar mi única arma en ese momento y asentí. El tipo se acercó lo suficiente como para tomarme de las manos y allí estampé la lámpara en su cabeza.

Al momento en que las chispas volaron los otros dos se abalanzaron sobre mí, desempuñando sus armas sin pensarlo dos veces. Salté sobre la cama e intenté salir de la habitación, pero uno de ellos logró atraparme. Comencé a gritar, desesperado, intentando zafarme de aquel agarre, sin pararme a ver el arma que el sujeto llevara. Por alguna razón, confié en que no me dispararía. Sé que si estuvieran dispuestos a hacerlo, el primero no se hubiera molestado en darme la oportunidad de seguirlo con calma, sin resistirme.

—¡Lindemann! ¡Lindemann, auxilio!— grité, resistiéndome a que ellos me sacaran de allí— ¡Alguien ayúdeme, por favor!— me arrastraron hasta la escalera y allí me dejaron rodar escalón por escalón hasta caer finalmente en el frío suelo. Me alcé en ambas piernas inmediatamente, ignorando por completo el dolor. Nada era más importante en ese momento como mi amo, el saber dónde él estaba.

Con el peor de los dolores posibles en el pecho, comencé a caminar con dificultad hasta la entrada, pero vi su rostro a través de la puerta que daba al living. Estaba sentado, tranquilo, cruzando su mirada conmigo como si nada sucediera. No lo pensé solo un segundo y me encaminé hasta él, me arrodillé ante su silla de ruedas y me abracé a sus piernas. No lo comprendí, no comprendí nada de lo que estaba sucediendo pero solo él podía hacer que no me sacaran de allí, ¿qué más podía hacer? Solo había una razón por la cual él se encontraba allí, tranquilo mientras yo corría por mi vida.

—¿Qué está sucediendo?— susurré casi entre sollozos—. ¿Qué está pasando, amo? ¿Quiénes son ellos? ¿Qué sucede?— su mano acarició mi cabeza, sentí que nada de aquello podría tranquilizarme esta vez. Sus caricias ya no me calmaban como antes, no esta vez. Ahora sí estaba asustado.

—Vienen por ti, pequeño, irás con ellos— moví mi cabeza negativamente, apreté mis manos en puños fuertemente, como si aquello me ayudara a despertar de esa horrible pesadilla—. Obedécelos o te harán daño, ¿eso quieres?— mis brazos se aflojaron casi instantáneamente. Le advertí que él era quién debía sacarme de aquí y había cumplido eso. En verdad no me quería en este lugar.

Mis manos se alejaron de él cuando alguien las llevó a mi espalda. Lentamente mi cuerpo se fue alejando del suyo, me arrastraron hasta la puerta. No me resistí, me quedé con su imagen en mi mente. Él mirándome con desprecio, como si ya hubiese desaparecido la poca bondad que le quedaba, como si yo se la hubiese arrebatado. Nuevamente, era mi culpa. Me merecía lo que sea que me fuera a pasar, pero no merecía estar lejos de él. No merecía que se alejara de mí de esa manera. No podía quitarme lo único que tenía, ni siquiera si aquello era él.

Me cubrieron la cabeza con una tela, dejé de ver lo que hacían conmigo, apenas pude distinguir los sonidos. Intenté no escucharlos, intenté no pensar. Él no dejaba de torturarme aun sabiendo que estaría lejos de mí, aquello era la peor de las torturas. Solo sentí el frío suelo de una camioneta cuando caí allí como si fuera un muñeco de trapo, hasta sentí mi cuerpo rebotar. Ellos no podrían verme, pero desprendí tantas lágrimas como pude, cada maldito segundo, cada maldito sonido destrozaba aún más mi imaginación. Él me había destrozado el alma tantas veces y esta vez lo hizo tan despiadadamente que me convencí de sus palabras dichas en la tarde, me convencí de que me odiaba por completo. Había sido suficiente para él.

&

Sentí el movimiento de la camioneta detenerse, más el motor no lo hizo. La puerta de la camioneta se deslizó y mi cuerpo salió disparado hasta caer en el suelo, había césped allí y la caída no fue tan dura como esperaba. Por primera vez en casi una hora me quitaron la maldita bolsa de la cabeza e intenté ver con claridad donde me encontraba. La mandíbula casi se me desprende de la cabeza al ver a Lindemann frente a mí. Éste no estaba consciente, parecía estar completamente adormecido.

—¿¡Qué le han hecho!?— exclamé con total dolor en mi garganta—. Lindemann…— él simplemente no reaccionaba, parecía estar muerto pero respiraba.

—No le hemos hecho nada aún— habló uno de los tipos. El mismo que jaló mi cabello para fijar mi mirada en el cuerpo de Till—. Tu amo nos dio unas claras instrucciones y esta es una de ellas. Si no la cumplimos habrá problemas.

—¡Déjenlo! ¡Por favor, no!— intenté forcejear, quise defenderlo, lo intenté. Juro por mi maldita vida que lo intenté, pero no fue suficiente. Aquellos dos disparos me torturaron los oídos desde el momento en que la sangre comenzó a correr.

Mi única esperanza de escapar había muerto ante mis ojos y esta vez no podía no culparme por ello. La impotencia me carcomía la mente al ser arrastrado nuevamente hasta la camioneta, para luego volver a perder la vista por completo de lo que estaba sucediendo. Solo podía sollozar, sabiendo que me esperaba el mismo destino que a Lindemann.

&

—¡Abajo!— casi me asfixia el jalón en mi playera, por suerte me liberaron a tiempo y pude respirar— ¡Desátalo y vámonos de aquí antes de que nos disparen!— poco a poco las sogas en mis muñecas fueron aflojándose y, finalmente, la bolsa sobre mi cabeza desapareció— ¡Vamos, larguémonos!— reaccioné con lentitud. En cuanto menos lo esperé, la camioneta estaba en marcha, lejos de mí.

Me puse de pie casi inmediatamente y limpiando las lágrimas en mi rostro intenté correr detrás de ella. Ese vehículo era lo único que podría mostrarme el camino a casa, era lo único que podía darme una pista de en dónde estaba y cómo llegar a casa de mi amo. Pero no lo logré, nunca llegué a él. La maldita van aceleró y lo perdí de vista en una cuadra, junto con mis esperanzas.

No solo no sabía en dónde me habían metido, sino que tampoco sabía con lo que me iba a encontrar. La última vez que pasé la noche en la calle, me encontré con él. Es como si las cosas empeoraran y esta vez no sería una excepción. Tomando en cuenta el mal estado de las calles, la poca iluminación y el hecho de que no se veía una sola alma andando, esto no iba a llevar a nada positivo. Mi única esperanza era encontrar algún negocio abierto, pedir ayuda, llamar a…

¿a quién? ¿A quién mierda iba a llamar? ¡Estoy solo! ¡Estoy abandonado en un maldito lugar que no conozco y la única persona que he amado y juró protegerme me ha dejado aquí! Un momento, eso quiere decir que… que no iba a matarme. Sigo con vida, ¿acaso él solo quiso alejarme? Bueno, lo logró, pero no por mucho. No importa cómo, pero regresaré. Ya encontraré la manera, solo debo saber en dónde rayos me he metido y cómo salir.

.

By: Thomas

—Todo ha salido de maravilla. El tipo mayor está muerto, tiramos su cadáver al río. Todo salió como el plan inicial. En cuanto al menor, intentó seguirnos pero lo perdimos. Está metido allí y no creo que dure más de unos cuantos días solo— la voz ronca detrás del teléfono no se oía como siempre, se oía diferente. Con una cierta pizca de compasión o desagrado. Parecía increíble, pero así era.

—Te haré llegar el dinero a primera hora en la mañana— respondí—. Nuevamente, gracias por tus servicios— corté la llamada con desagrado. Claro que estaba arrepentido, ¿pero y qué? Ya estaba hecho.

—¿Puedo hacer algo más por usted?— la voz de Kate junto a mí resonó en mi mente y giré la mirada—. Ahora que Lindemann no está aquí no hay nadie que lo suba hasta su habitación.

—Ve a dormir, Kate. Ya has hecho suficiente por hoy.

—¿Lo va a extrañar?

—No— respondí inmediatamente—. Vete.

—Buenas noches, amo— sus últimas palabras antes de retirarse.

Mi pequeño ya no estaba aquí. Mi mejor amigo me había traicionado. La única persona a la que podría haber llamado «madre» ya no está en este mundo para protegerme y darme su apoyo como siempre lo ha hecho. ¿Acaso aún queda alguna razón por la cual seguir respirando? Lo dudo.

Aquello no quitaría el hecho de que he perdido más de lo que he podido ganar, ni tampoco quitaría el hecho de que era la primera vez que me sentía miserable por haber perdido todo y cuando digo «todo» me refiero solo a él. Solo a Bill. Alguien que siendo solo una gran nada, terminó siendo todo. Todo es una palabra con muchos significados. Él era algo bueno y algo malo también, de no ser por él no estaría en esta situación. ¿Pero valía la pena culparlo del todo? Yo fui quién se enamoró después de todo. Yo decidí rechazar mis principios, yo decidí pensar de otra manera y solo por hacerlo feliz. ¡Maldita sea, si lo único bueno que he hecho en mi vida ha sido por él! Él era lo único que no me hacía sentir un miserable. Él me hacía sentir que no merecía las cosas horribles que me pasaran. Con él sentía cosas que nunca creí que sentiría. Todas y cada una de esas emociones a las que siempre resistí, las dejé fluir con libertad cuando estaba a su lado. ¿Cómo pude confiar tanto en él? O mejor dicho, ¿cómo pudo lograr que yo confiara en él de esa manera?

Lo único que sé es que no dejaré de amarlo por más que ya no vea su rostro, no dejaré de pensar en él por más que deje de oír su voz y tampoco podría olvidarlo aunque pasen mil años.

No sé si seguiré recordándolo después de que mi corazón deje de latir, pero no pierdo nada con intentarlo, si al fin y al cabo ya no me queda nada por lo que seguir aquí.

Saqué de mi bolsillo el pequeño pote de pastillas y lo abrí, dejando caer sobre mi mano la primera. La ingerí, bajándola con un poco de whisky. Una tras otra, intentando desviar mis pensamientos a cualquier lugar, pero solamente podía pensar en él. Su maldita sonrisa no se borraba de mi cabeza, tampoco todos aquellos recuerdos. Todas las veces en las que dijo que me amaba, todo de él parecía eterno. Todo en él parecía perfecto.

Continúa… 

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