«EL AMO» Fic Toll de Chris_twc
Capítulo 49
Llevábamos horas en la carretera, paramos quince minutos para comer y ellos no decían una sola palabra. Lo último que oí de sus labios era que me llevarían a casa de mi amo, pero no mencionaron qué pasaría después. Creí en ellos porque lo único que quería era volver a sus brazos, sin importarme las consecuencias después.
Ellos parecían de confianza. Bueno, sabían sobre mi amo y no parecían malos sujetos. Lo único que me quedaba era confiar en ellos porque, ¿qué otra opción tenía? Estaba como un maldito barco en el medio del mar, perdido. Estaba solo, sin nadie que me pudiese decir siquiera en dónde mierda me encontraba parado. Ellos era mi única opción, ¿iba a rechazar aquello? Claro que no. No arriesgaría mi vida una vez en las calles de ese horrible lugar si eso significaba no poder volver a los brazos de mi amo.
—él iba a proponerme matrimonio, pero las cosas resultaron mal. Esa noche en que él me dijo que me amaba, me secuestraron y quiso salvarme, pero todo salió al revés de cómo lo esperábamos. A él le dispararon y quedó en una silla de ruedas. Luego de eso, su actitud cambio conmigo. Ya no era el mismo ser del cual yo me había enamorado, se convirtió en una persona peor de la que recordaba. Ya pensaba que ya no podría lastimarme de alguna manera, pero lo hacía y de alguna manera inexplicable me estaba destrozando por dentro. Me convertía en una persona débil y me sentí culpable en todo momento. Cuando no me estaba insultando, estaba retirando de mi mente todo lo bueno que yo rescataba de él. Ya nada era igual, pero había esperanzas. Había una esperanza de que él se recuperara, pero el problema era que solo yo tenía esperanzas y ganas de verlo de pie, luchando por las cosas que ama. El echó todo a la basura, era como si no quisiera recuperarse. Siento que poco le importaba que volvamos a ser los mismos de antes. Tal vez yo no le importaba tanto como siempre me decía.
— ¿él te confesó que estaba enamorado de ti? ¿Aquello salió de sus labios? Suena increíble oír que Thomas haya dicho eso— Exclamó William, casi sorprendido por lo que acababa de escuchar—. No puedo creer que todas aquellas historias hayan sido ciertas y que tú estés aquí, en nuestro auto. En verdad sé que cualquiera desearía estar en mi lugar. Eres toda una leyenda por estos lados, como un objeto muy codiciado.
— ¿una leyenda? — no pude evitar reír—. Soy tan real como él lo es y también sé que sus palabras fueron reales. Sé que es verdad, sé que realmente me ama. Es decir, él no hubiera salvado mi vida de no ser así ¿Verdad? — ellos se miraron y al final William sonrió.
—Bueno, viniendo de alguien como tú, supongo que no hace falta amar a alguien para dar tu vida. Sin ir más lejos, lo que hiciste ayer fue un ejemplo más que claro. Diste tu vida por una chica y ni siquiera la conocías. Ahora, viniendo de alguien como Thomas… lo admito, eso sí es raro. Debiste ser alguien muy importante como para lograr eso. Si fuera tú, estaría muy orgulloso.
—Es que en realidad estoy orgulloso, pero no estoy feliz. Hubiera sido realmente feliz si él estuviera de pie. No me importa si yo no sobrevivía, pero solo deseaba que él se sienta bien. Al final, el acto de amor más grande que hizo por mí lo llevó a ser infeliz. No puedo no culparme por ello. Debí dejarlo creer que me había ido por mi propia cuenta y, no lo sé, seguramente las cosas estarían mejores en su vida.
— ¿y en la tuya?
—Al diablo con mi vida. No tengo nada por qué luchar, nada por lo que vivir. Solo me importa él, es todo lo que tengo y necesito.
— ¿y si él está mejor sin ti ahora? ¿Cómo estás seguro de que las cosas van a ser mejor si vuelves? Tienes un gran valor para enfrentarlo luego de que él te echó de su casa. A propósito, ¿por qué tomó esa decisión?
—Porque hice algo que no debía y tuve la estúpida idea de que él nunca lo sabría. Él siempre se entera de todo, él sabe todo. Me conoce más que nadie y sabe perfectamente lo que voy a hacer, incluso sin haberlo dicho. Él conoce cada una de mis expresiones, mis movimientos. Con solo verme caminar ya sabe todo lo que planeo hacer. Es fascinante, pero una total pesadilla si planeas hacer algo a sus espaldas.
— ¿Y qué es lo que hiciste? Para querer deshacerse de ti debió ser algo por demás de malo— allí solté un largo suspiro, mientras veía los paisajes por la ventanilla del auto. No quería confesar aquello, pero ya estaba aquí y ellos merecían saber que mi amo tuvo sus razones.
—Me acosté con su mejor amigo— un enorme silencio se formó. Hubiera deseado saber lo que ellos pensaban, pero con mis insultos bastaban. No podía ni imaginarme los de ellos, aun sabiendo que eran amigos o socios de mi amo.
—No te creo— rompió el silencio, finalmente, William—. ¿Tú? ¿Tú te acostaste con alguien más? ¿Estás seguro de que quieres volver? Él debe estar ofreciendo recompensas por tu cabeza, bueno es lo que cualquier desquiciado enamorado haría, ¿no?
—Él pudo haberme matado él mismo y no lo hizo. Me arrodillé frente a él, pudo haberme volado los sesos de un disparo y no sucedió. Llamó a alguien más para hacer el trabajo sucio y no me hicieron ni un maldito rasguño. En cambio, a Lindeman… con él no tuvo piedad. Juro que no sé cómo podrá dormir por las noches después de lo que hizo. Es decir, Lindeman fue su mejor amigo desde siempre. Lo ayudó con todo lo que pudo y al final hizo rodar su cabeza. Eso es horrible. Yo no podía hacérselo, ni siquiera al peor de mis enemigos. Bueno, si los tuviera. Él se encargó de eliminar a todo el que me haya hecho daño.
—Hablas como si no los tuvieras— Habló el otro hermano, quién se había mantenido en silencio durante todo el viaje, ganándose mi completa atención esta oportunidad—. Hay gente que pagaría por tu cabeza. Sabes más sobre él de lo que cualquiera puede saber y fuiste su amante. Cualquier persona con dos dedos de frente que planee llegar hasta Thomas, iría detrás de ti primero. Si fuera tú, empezaría a preocuparme más por mí mismo que por él. Él puede estar a salvo si quiere, tú no— me quedé helado, hubiera jurado que por un momento pensé en abrir la puerta y tirarme con el auto en movimiento.
—No seas extremista— Habló William esta vez—. No le hagas caso, Bill, siempre es así de dramático. Tú dejaste en claro que nada sabes. Thomas y tú compartían solo una relación de amantes, no más que eso, ¿verdad? — me quedé en silencio un momento, observando primero a uno y luego al otro. Algo no encajaba y estaba empezando a desconfiar.
No me extrañaba por qué el otro tipo se había encargado de guardar silencio todo el tiempo. Cuando abría la boca, solo salían palabras llenas de terror y yo lo había sentido. La desconfianza se apoderó de cada parte de mí.
—Exacto— respondí, fijando mi mirada en el camino esta vez, sin poder quitarme de mi mente las palabras anteriormente mencionadas por el más reservado de estos dos.
—Cuéntame un poco más sobre ti, ¿dónde solías vivir? — mi confianza había bajado considerablemente, el miedo aumentó a un nivel que no podía controlar.
—Prefiero no hablar de eso, háblenme mejor sobre ustedes. Cuénteme un poco más de su vida, he estado hablando todo el camino sobre mí— ambos se dedicaron una rápida mirada—. No sean tímidos, yo confío en ustedes, ¿ustedes no en mí?— los desafié.
—Claro que confiamos en ti. Somos amigos, ¿o no? — habló William, seguido de una leve pero nerviosa risa que solo pudo indicar una cosa—. Dinos, ¿qué quieres saber en particular?
— ¿Desde cuándo conocen a mi amo y cuáles son exactamente los negocios que comparten con él? Digo, dos hombres con buenas intenciones, haciendo negocios con un proxeneta… eso no suena bien ante los oídos del resto del mundo. Por lo menos no en los míos— se formó un silencio bastante largo.
—Ya te lo hemos explicado, Bill. Thomas donaba dinero a nuestras entidades de bien benéfico. Él ayudaba a nuestra organización y nos manteníamos en contacto únicamente por eso.
—Eso es imposible de creer. Sé que él no regalaba su dinero a ninguna entidad. Él no era caritativo con nadie si no era por beneficio propio— de nuevo el incómodo silencio— ¿Qué ganaba él al regalar su dinero a tan buenas personas?
—Tal vez no lo conocías tan bien. Somos socios desde hace años y te aseguro que…
—Yo te aseguro que él no regalaba su dinero— lo interrumpí—. ¿Quiénes son ustedes en realidad? — otro silencio incómodo, el último de esa tarde.
William, quién iba conduciendo, le dedicó una mirada a su hermano y asintió levemente. El otro se giró y estiró su mano, apuntándome con su arma.
—Bien, ahora vas a escucharme atentamente— habló nuevamente William, pero esta vez no sonaba amable ni simpático, ahora sonaba serio y despiadado—. Nosotros pudimos ser buenos contigo y tú podrías haberlo tomado y quedarte en silencio, pero no. Nos obligas a hacer algo que no queremos hacer. ¿Sabes?, no nos gusta ensuciarnos las manos, así que lo mejor será que te quedes quieto— el auto comenzó a detenerse a un lado de la carretera—. No querrás no tener piernas al final de este trayecto, así que quédate en donde estás o las cosas se van a complicar.
— ¿Qué rayos está pasando? ¿Quiénes son ustedes? — esta vez William bajó del auto y se situó en la parte trasera, junto a mí y así ató mis manos detrás de mi espalda.
—Ya sabes quienes somos y sabes lo que hacemos— habló mientras se encargaba de dejarme inmóvil—. ¿Hace falta explicar a lo que nos dedicamos? — al terminar ató mis pies de la misma manera y luego de eso golpeó mi hombro— Y tú, niño, estás más que jodido. Creo que ya te has dado cuenta de eso.
Una vez más, producto de mi estupidez, terminé en un lío. Dos tipos en un auto, uno apuntándome con un arma y en camino a quién sabe dónde. Nunca aprenderé, maldita sea, ¿a quién mierda quiero engañar?
El tipo se levantó y volvió al asiento del conductor para volver a ponerse en marcha y el otro tipo, finalmente, bajó el arma. Suponían que no podía tirarme de un auto en movimiento y no erraron en lo absoluto. Estaba amarrado y las puertas aseguradas. Ahora solo me quedaba rezar a algún ser inexistente por mi liberación porque esta vez mi amo no vendría a rescatarme. Debía arreglármelas solo, pero no podía pensar si mi subconsciente me estaba gritando constantemente lo idiota que fui al caer en manos de estos dos miserables. Mierda, si más miserable era yo por creerle a estos tipos cuando me dijeron que mi amo era una buena persona. ¿En qué mierda estaba pensando? ¿Qué rayos pasa conmigo?
— ¿A dónde me llevan? — pregunté— ¿Qué harán conmigo?
—No llevarte con tu amo, por supuesto— habló el conductor, como si se burlara de mí—. Escúchame, ¿recuerdas lo que tu amo hacía? ¿Recuerdas cómo amasaba su gran fortuna? Ahí tienes la respuesta. Pagarán bien por ti, sabiendo de dónde vienes.
—No es cierto…— exclamé con pesadez para mí mismo— No otra vez, maldita sea…— me insulté a mí mismo de un millón de maneras mientras me lamentaba mentalmente por mis estúpidos actos.
Continúa…
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