«EL AMO» Fic Toll de Chris_twc
Capítulo 8
Bob se mantuvo observándome desde que el auto dejó de estar en movimiento. El solo pensar en hacer contacto visual con él me ponía los nervios de punta.
Yo acariciaba mis manos con sumo nerviosismo, deseando simplemente desaparecer.
Mis pensamientos se dispersaron en cuanto su mano se paseó delicadamente por mi rostro.
Un leve espasmo me recorrió el cuerpo. Me mantuve inmóvil, sin poder hacer algo al respecto para evitarlo.
Al final, me quitó las gafas de sol que traía puestas. Bajé la mirada al instante, con un enorme nudo en mi garganta que me obligaba a derramar lágrimas.
En mi ojo derecho había quedado la marca prueba de la bestialidad de su familia. A estas alturas, tenía un miedo que nadie me podría quitar. Tenía miedo de pronunciar palabra, de ser tocado de alguna manera también.
— ¿Cómo te sientes?— Se atrevió a preguntar— ¿Aún te duele?
— ¿Por qué lo hacen?— Hablé entre sollozos— ¿Cuál es el punto? ¿Qué es lo que quieren?
—No lo sé, Bill— Él se acercó y dejó un beso en mi frente—. Lo lamento.
—No es tu culpa.
—Debí haberlos enfrentado en cuanto tuve la oportunidad.
—No, no debías. Él te habría matado.
Sus labios se pegaron a los míos muy delicadamente en un beso que casi parecía una caricia. Tenía una herida en el labio y él trataba de no hacerme sentir dolor alguno. Incluso en esas circunstancias intentaba ser bueno conmigo.
—Hay que terminar con todo esto. Larguémonos de aquí.
—No, no. Algo podría salir mal.
—Él no va a ser delicado contigo— me atreví a verlo—. Ya te han hecho suficiente daño y no voy a permitir que esto siga así.
— ¿Tienes un plan?— Una bella sonrisa se formó en su rostro ante mi pregunta y volvió a reincorporarse en el asiento.
—Será algo peligroso, pero tengo una idea— Sacó una pequeña botella de su bolsillo—. No podemos fallar.
— ¿Qué pretendes?— Por momentos, su idea me espantó.
—Tranquilo, por más que quisiera, no lo mataremos. Solo se dormirá profundamente. Solo unas diez gotas y eso será suficiente.
—¿Y tus padres?
—No les importará. Bastará con decirle a Bob que me iré del país por un tiempo y, luego de eso, no volverán a saber de mí— Bob se veía demasiado confiado.
— ¿Y la seguridad?
—Conoces los sistemas de alarmas, ¿no? No será difícil desactivarlos en cuanto él esté dormido.
— ¿Y los guardias?
—Nada que no se solucione siendo hijo de mi padre. Unos billetes serán más que suficientes.
Sacó un celular de su bolsillo y me lo extendió junto con aquella botella.
—No estoy seguro de esto.
—Él intentará a toda costa ganarse tu confianza luego de esto. No hay forma de que falles— miré la entrada de la mansión con todas las dudas posibles en mi mente—. Solo asegúrate de que esté dormido y todo habrá terminado.
—Aún tengo miedo, Bob— Me sinceré.
—No estás solo, Bill. Ahora me tienes a mí— Acarició mi mejilla con suavidad—. Piensa en ti y solo en ti.
Me acerqué a su cuerpo y volví a abrazarlo como si fuera la última vez que lo tendría frente a mí. Él me rodeó en sus brazos y acarició mi espalda con delicadeza.
A pesar de toda la mierda que pasé durante casi toda la noche, Bob me había hecho sentir que no debía perder esperanzas. Sé que si él no hubiera aparecido, su hermano me habría arrastrado fácilmente hacia la muerte.
Bob me sacó de la habitación de su hermano, me dio ropa y se encargó de alejarme de su casa para llevarme con mi amo nuevamente. Hubiera aprovechado aquella oportunidad para largarme, pero había dos grandes camionetas siguiéndonos.
Él en verdad era diferente. No tuve miedo a su lado, de hecho, solo deseaba estar a su lado. Ahora, que me sentía tan frágil, él me ayudaba a mantenerme en pie. El solo imaginar que algo malo le puede pasar me destroza el alma.
—Por favor, ten cuidado— Susurré en su oído.
—No te preocupes, estaremos bien.
Nos separamos un momento y yo miré, a través de la ventanilla, la casa de mi amo. En serio no hubo forma de quitar ese horrible temblor de mi cuerpo. Nunca estuve tan aterrado.
Con las manos aún temblorosas, tomé los objetos que Bob me había entregado y los guardé, soltando el más largo de los suspiros. Intentando sacar fuerzas de donde no tenía para poder enfrentar aquella situación.
—Él no volverá a hacerte daño. No voy a permitirlo— Sentenció Bob—. Dejé mi número en el marcado rápido. Está anotado como «145», solo llama en cuanto estés listo. Estaré esperando a dos calles de aquí.
Asentí y procedí a bajar del auto.
—Cuídate, Bob—Le hablé antes cerrar la puerta.
—Bill, espera— antes de arrancar se acercó a la ventanilla nuevamente—. No dejes que juegue contigo. Estoy seguro de que querrá hacerlo.
Me dedicó una última mirada seria y el auto se alejó lentamente. El gran portón se abrió delante de mis ojos, los guardias de seguridad me acompañaron hasta un nuevo auto que me llevaba hasta la entrada de la casa.
Mientras llegábamos, volví a colocarme las gafas de sol. No pude explicar la espantosa sensación que me torturaba ahora. Temía verlo a los ojos y que notara lo que planeaba hacer. Lo notaría, seguro que lo notaría y me mataría.
¡Y Bob! No soportaría que le hiciera algo a Bob.
Debía haber una forma de detener todo esto. No puedo hacerlo, él siempre está un paso adelante. Él querrá lastimarnos y no puedo hacerle esto a Bob.
No, no puedo pensar de esta forma. El plan de Bob era sencillo y todo saldría bien. Todo iba a estar bien y yo sería libre. Sería, por fin, libre de él.
El auto se detuvo, al fin. Procedí a bajar y lo primero que vi fue su imagen imponente ante la puerta de la mansión.
Caminé, entonces, a paso muy lento sin alzar la mirada.
Sabía lo que haría ahora. Se reiría de mí y me humillaría otra vez.
Yo me encontraba más vulnerable que nunca. Me habían herido física y mentalmente y esta era la oportunidad perfecta para que él mostrara lo fuerte que es.
Luego de haber sufrido en ese infierno, solo podría esperar algo mucho peor.
Sin darme cuenta, ya estaba frente a él. Sentí a su mirada buscando la mía mientras mi vista se clavaba al piso. Su respiración bastó para hacerme temblar.
—Buenos días, pequeño— Su tono de voz era aterrador— ¿No piensas saludar a tu amo? Alza la cabeza— Ordenó y yo obedecí.
Vi su mirada pegada en la mía en cuando él mismo se deshizo de mis gafas. Con su mano contraria, acarició mi mejilla suavemente. Aquello en un incómodo y largo silencio que parecía no tener final.
Así, sin más palabra que agregar, me rodeó la cintura y me introdujo en la casa. Miré hacia atrás antes de que las puertas se cerraran. Vi mi libertad tan lejos y tan cerca a la vez.
—Kate, cariño, trae algo de comer a mi pequeño. Debe estar hambriento— Habló él a ella, quien se encontraba mirándome casi con horror.
—Sí, amo, en seguida— Ella se retiró dándome una última mirada de reojo.
— ¿Y tú no piensas decir nada?— Me rodeó los hombros y comenzó a caminar hasta el living— Tenemos una larga charla por delante— Habló de camino sofá.
Allí nos sentamos los dos mientras. Él me devolvió las gafas y pude colocármelas en seguida. Tenía ganas de llorar y, aunque él lo supiera, no quería que me viera.
—¿Te ha gustado?— Moví mi cabeza negativamente ante su pregunta— Entonces necesito que hables. Comienza por contarme quién se atrevió a lastimar tu rostro.
— Charlie— Hablé con el nudo en mi garganta—. Charlie y su padre.
— ¿Qué más te han hecho?
Todo aquello se me vino a la cabeza tan repentinamente como cada golpe que había recibido.
Había experimentado lo más humillante que podría pasarle a un ser humano. Me habían usado y ahora solo me sentía sucio e inútil.
—No puedo—mi voz se quebró.
Cada herida en mi cuerpo volvía a doler y los ojos se me llenaron de lágrimas. El solo recordarlo dolía.
—Está bien, tranquilo— sus brazos me rodearon lentamente hasta que mi cabeza quedó depositada en su pecho—. Quise advertirte que estas cosas iban a pasar— Su tono de voz estaba tan cargado de ironía.
— ¿Por qué lo hizo?— Pregunté entre lágrimas.
—Porque puedo— Fue su sencilla respuesta.
Así respondió a mis lágrimas. No supe si fue rabia o tristeza lo que me invadió cuando él soltó esas palabras con toda la naturalidad del mundo. Incluso sus palabras tan desinteresadas se sentían como golpes.
— ¿Y eso es todo?— Pregunté con una gran rabia invadir mi garganta— ¿Porque puede?
—Si hubieras hecho lo que te dije, estarías en mejor estado. Incluso, hasta lo habrías disfrutado—dejó un beso en mi frente.
No pude sentir más que rechazo por ese simple contacto.
— ¡No puedo creerlo!— Sentencié indignado— ¿Por qué es tan cruel?
Iba a separarme de sus brazos, pero al ejecutar un pequeño movimiento él aumentó la fuerza de su abrazo hasta dejarme casi inmóvil. Me quería entre sus brazos a propósito, para debilitarme con cada palabra.
—Mi trabajo no es ser un buen hombre.
— ¡Créame, comienzo a entenderlo!
—Quiero saber cada detalle y no te soltaré hasta saberlo.
—Por favor…— Quería quitar aquellas imágenes de mi mente, pero él las traía de vuelta y multiplicadas por mil.
—Puedo imaginarlo todo. Lo veo sobre ti, rasgando tus ropas hasta dejar tu piel expuesta. Lo veo sobre ti, aprovechando cada descuido para acariciarte.
— ¡Por favor!
—Un desconocido ha sido el primero en corromper tu inocencia. Un momento importante en tu vida, convertido en la peor experiencia que alguien puede imaginarse.
— ¡No! ¡Ya basta!— Comencé a forcejear para intentar escapar.
—Tu cuerpo flácido sobre la cama, clamando por ayuda y un ser despiadado, ansiando penetrarte hasta borrar esa mueca inocente en tu rostro. Todo aquello que te ataba a la felicidad, arrebatado.
—¡Lo odio!— Entonces guardó silencio, por fin.
Estuvo unos largos segundos en silencio, solo apretándome entre sus brazos. Mis lágrimas descansaban sobre su pecho junto con mi vergüenza. Aún herido, me encontraba abrazado a él como si fuera la única persona en mi vida.
— ¿Crees que no he notado todas aquellas veces en que me provocabas?— Habló de pronto— Tú lo deseabas. Deseabas que te follarte sin control y desde el primer día quise hacerte mío. Te derretías entre mis brazos y aquello me deleitaba.
Una de sus manos se posó sobre mi muslo y apretó suavemente, dándome un espantoso escalofrío.
— ¿Q- qué está haciendo?— Pregunté aterrado.
—Ahora estás aquí, con tu amo y no habrá necesidad de que alguien más tenga que tocarte porque yo seré quien te toque de ahora en más y sé cuánto te gusta que lo haga, sé que lo disfrutas— Su mano recorrió mi muslo hasta mi entrepierna. Me encogí inmediatamente—. Yo soy tu amo, pequeño, me perteneces hasta el fin de tus días— Susurró en mi oído.
—Amo, lo que ordenó— la voz de Kate, acompañada por sus zapatos de tacón, retumbó en la sala.
Examiné el plato de comida que ella acababa de dejar sobre la mesa de cristal. Había un gran filete jugoso, una ensalada y un vaso de jugo de naranja. Mi amo se quedó en silencio, pero sus brazos no se despegaban de mí.
—Es un plato excelente— Sentenció él—. Es casi tan excelente como tu servicio, Kate— Vi una sonrisa en el rostro de ella—. Me sorprende que cada día seas más imbécil— y borró aquella sonrisa de inmediato.
Ella se quedó mirándolo sin entender la situación. Él me liberó y se paró en frente de la chica que parecía estar asustada por su simple presencia.
—Amo, es que…—ella no alcanzó a terminar la frase, pues él le dio vuelta el rostro con una bofetada.
Estuve a nada de ponerme de pie, pero él se giró para dedicarme una mirada asesina que me devolvió al sofá en un instante.
— ¿Puedes describir lo que has traído?
—E-es una ensalada de tomates con un filete y…
—Exacto, es un filete— La interrumpió—. Mi pequeño no consume carne.
— T-tiene razón—Habló ella completamente aterrada—. Cambiaré el platillo inmediatamente. Mil disculpas.
—Discúlpate con él—él se aferró a su nuca y la obligó a arrodillarse ante mí—. Pídele disculpas a mi pequeño.
—Lo lamento, pequeño— Decía intentando mantener la postura—. No volverá a pasar.
Si es que Kate me detestaba, ahora no querría ni siquiera verme a los ojos. No pude creer que permití que le hiciera eso.
—Ahora lárgate y trae algo que valga la pena comer— Ella se puso de pie de inmediato para retirarse pero él le rodeó el brazo con fuerza—. Un error más y te mataré con mis propias manos— Ella asintió, aún asustada y se retiró inmediatamente en cuando él la liberó.
—Usted es un monstruo— Me atreví a enfrentarlo.
—Lo sé— Alzó una ceja, con indiferencia— ¿Y qué?
—Lo odio.
—No es novedad—Se cruzó de brazos—. Hay una larga lista detrás de ti, ¿qué importa?
—Ahora entiendo por qué todos lo detestan. Por eso está solo, nadie lo quiere, nadie lo respeta.
— ¿Y cuál es el problema?
— ¿Cómo puede vivir así?
— ¿Vivir cómo?—volvió a sentarse a mi lado y tomó mi rostro con ambas manos— ¿Sin dependencia de alguien? ¿Sabiendo defenderme solo? Sí, es una sensación horrible— Sentenció con ironía.
—Usted me da asco.
—Eso no es verdad— Soltó una sonrisa maliciosa—. Lo que sí es verdad es que tú dependes de mí. Dependes de tu amo porque eres una gran nada. Me tienes a mí y solo a mí y eso te da gusto.
—Nada me haría más feliz que estar en otro lugar.
— Mueres porque te diga algo que te haga sentir útil, ¿no es verdad?— Acarició mi cuello— Es tu día de suerte, pues confieso que deseo que te quedes a mi lado.
Mi mente se quedó en blanco ante aquellas palabras. Su mirada se pegó a la mía y acarició mis mejillas con suavidad.
—Sé que quieres irte— prosiguió—, pero yo no sé qué haría sin ti. Llenas un enorme vacío en mí y, si te vas, sé que buscaría debajo de cada piedra en este mundo con tal de encontrarte. Quieras o no, eres especial, niño— Sin perder tiempo, besó mis labios con delicadeza—. Tu amo te necesita aquí, por siempre.
— ¿Eso es cierto?— Pregunté, desconfiado.
Aunque no encontré rastro de sinceridad en sus palabras, había algo que me impulsaba a creerle. Aquellas palabras tan carentes de emoción eran como un gran trozo de oro para mí.
—Lo es. Ya nadie más podrá tenerte. Ahora eres solo mío— Acarició mi mentón con toda suavidad— ¿Te agrada la idea de ser solo mío?
Sé que me iba a arrepentir por haberle creído, pero lo hice. Me sentía un idiota, pero su sonrisa alegre hizo que mis pensamientos destructivos se alejaran. Creí haber sentido que era sincero tan solo por ese momento. Bueno, la verdad era que yo quise creer que era sincero. Jamás sabré si lo había sido en ese momento.
Sentí sus dos manos agarrarme el trasero descaradamente y apretarlo, mientras la humedad de su lengua inquieta recorría mi cuello, haciéndome sentir esa sensación exquisita que solo sus labios provocan. Mi cuerpo se elevó hasta quedar sentado sobre su regazo. Sus dedos se enredaban en mi cabello acariciándome delicadamente mientras me mordía el cuello.
— ¿Me has extrañado, pequeño?— susurró en mi oído— Dime que me has extrañado.
—No, no quiero— Pegué mis manos a su pecho tratando de alejarlo pero él no me soltó.
Nuestras miradas se cruzaron nuevamente y él volvió a besarme. Sus manos recorrían mi espalda muy lentamente mientras el sabor de sus besos se impregnaba en mis labios esta vez. Como si sus caricias intentaran convencerme de lo contrario.
Hubiera jurado que nunca me trató con tanta delicadeza como en ese simple beso. Me dejé manipular por el sabor de sus labios y aquello me avergonzaba.
Yo despreciaba a ese horrible ser. No podía dejarme engañar por unas simples palabras y unas caricias.
No, él no merecía tenerme entre sus brazos, no se merecía esa gran casa, no se merecía sus sirvientes, no se merecía nada de lo que tenía. Era injusto, pero esto no opacaba el hecho de que me hacía sentir en las nubes cada vez que besaba mi piel.
Lentamente sentí su mano bajar el cierre de mi campera y le sostuve la muñeca cuando todas aquellas imágenes de la noche anterior azotaron mi mente, provocándome lágrimas inmediatas.
Él me miró y me dedicó una leve sonrisa que me horrorizó.
—Yo seré cuidadoso con mi pequeño— Susurró— ¿Confías en mí?
¿Qué? ¡No! ¡No después de lo que me hizo!
—Sí, amo.
Permití que él bajara por completo el cierre de mi abrigo y lo empujara, deslizando la prenda por mis brazos hasta quitarla. La oí caer al suelo y acarició los brazos mientras se paraba a ver detenidamente cada moretón que tenía repartido por mi piel.
La misma persona que se había atrevido a venderme, ahora estaba obligándome a hacer algo de lo que no me sentía seguro y lo peor no era que yo lo permitía; lo peor era que deseaba que nunca se detuviera.
Tomó el borde de mi playera y la levantó hasta quitarla por completo. Sus manos recorrieron todas y cada una de mis marcas mientras se detenía a mirarlas con atención. Me avergoncé por tenerlas, eran como una señal de que le pertenecía a alguien y me daba asco. Me preguntaba que pasaba por su mente al verme así, ya que su expresión no me daba a entender nada.
Sus labios se pegaron a mi pecho lentamente y me recorrieron con suavidad hasta llegar a uno de mis pezones. Allí se detuvo y me mordió, logrando robarme un suave quejido agudo. Él sonrió, le gustó y me mordió aún con más fuerza que antes.
— ¡Au!—Me quejé al sentir un fuerte ardor en mi pecho.
Una sonrisa se hizo presente en su rostro, como si hubiera disfrutado de mi dolor. Esa mueca era encantadora.
— ¿Duele?— Preguntó.
Me proporcionó otra mordida aún más fuerte y aquella fue aún más dolorosa. Volví a quejarme y él procedió a lamer aquel lugar, mientras que su otra mano tomaba mi muñeca solo para pasarla alrededor de su cuello.
—Desde el primer día supe que serías especial, pequeño— Habló al sujetarme con fuerza la cintura—. Desde ese momento en que te sostuve en mis brazos y te dejé sobre mi sofá pensé en que ibas a ser importante— Se puso de pie y yo rodeé su cintura con mis piernas cuando se puso de pie—. Desde el primer instante quise hacerte mío.
Nos quedamos mirándonos fijamente un momento antes de que él comenzara a avanzar. Lo sostuve fuertemente y dejé reposar mi cabeza en su hombro. Me perdí en el varonil aroma de su perfume mientras él caminaba, subiendo las escaleras para luego entrar en una habitación.
Me perdí en sus caricias, en el sonido tan suave de sus suspiros. Era espantoso recordar que estaba en brazos de alguien que me vendió y me humilló como nadie antes.
Mi cuerpo cayó sobre una suave tela de seda que acaricié, intentando despertar de aquel trance en el que él me había metido. Se quitó su playera dejando a la vista ese glorioso físico que tanto me atraía.
Su cuerpo cayó delicadamente sobre el mío y volvió a besarme con esa intensidad que me volvía loco. Me acariciaba la frente, alejando de mi rostro los mechones de cabello que comenzaban a caer a causa de los bruscos movimientos.
Una de sus pierna se posó entre las mías y me acarició con insistencia hasta hacerme jadear entre aquel beso que compartimos. Él me escuchó y presionó más fuerte, restregándose contra mi cuerpo. Mi miembro se endureció al instante, deseoso por escapar de la prisión de tela en la que se encontraba.
—Luces encantador— Susurró al ponerse de pie ante mí.
Continúa…
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