Meses después Bill se fue aclimatando a ese ritmo de vida que Tom le había impuesto. Disfrutaba de cada momento que compartía con él en los escasos días que pasaba en casa de sus padres, y luego se pasaba el resto del tiempo echándolo de menos.

Cada vez le salían más viajes de negocios y siempre que se despedían le prometía que trataría de pasar más tiempo en casa. Pero…nunca lo hacía…

Podía estar casi un mes entero viajando y luego pasar una semana como mucho en casa de sus padres, con esa mujer a la que llamaba esposa. Y que Bill sabía que le odiaba. No había más que ver la fría mirada que le dirigía cuando se lo cruzaba, como si le quisiera robar algo que solo el pertenecía a ella.

Pues no era así. Tom era suyo, él le vio primero y no pensaba dejárselo a esa arpía. Cada vez que pensaba en ella, en la posibilidad de que se lo arrebatara del todo sentía que la sangre le hervía. Entonces respiraba hondo y sujetaba en sus dedos el colgante que Tom le regalara. De esa manera le sentía más cerca, tener su corazón tan cerca del suyo era un gran alivio en sus largas y solitarias noches…

Faltaba unas horas para que Tom volviera a casa. Nuevamente fue delegado de sus trabajos en el jardín para que se ocupara de que la habitación estuviera limpia y sus ropas bien colgadas. No lo entendía, si al parecer “sobraba” en la casa, ¿por qué nadie le echaba? El jardín podía llevarlo cualquier otro criado y la habitación de Tom podía ser encargada a alguna de las criadas de la casa. No entendía porque siempre que Tom estaba en casa, el señor Kaulitz le ordenaba que dejara lo que estuviera haciendo y atendiera las necesidades de su hijo. No, no lo entendía…

Tampoco quería pensar mucho en eso, no fuera que sacara una conclusión equivocada. Se limitó a hacer lo que le habían ordenado y cuando se hizo de noche, Tom y su esposa llegaron de un largo viaje.

Se les veía cansados y Bill ya lo había previsto. Una tina de agua caliente esperaba a Tom en su vestidor y otra en el de Carol. El ya se encontraba e el piso superior dejándolo todo preparado cuando escuchó la bienvenida que la señora Kaulitz le dio a su hijo y nuera. Esperó unos minutos hasta que sintió que subían por las escaleras, entonces se puso derecho y esbozó una amplia sonrisa cuando Tom apreció ante sus ojos.

Le notaba cambiado, no le miraba y pasó a su lado sin decir nada. Dejó de sonreír y le siguió hasta el vestidor, cerrando la puerta tras ellos.

—Te preparé un baño—explicó sin necesidad.

—Gracias—murmuró Tom algo frío.

“Está cansado”—se dijo Bill para tranquilizarse.

Esperó en silencio mientras que Tom se desnudaba, recogiendo cada una de sus prendas y dejándolas bien colgadas. Sintió como se metía en el agua y suspiraba, solo entonces se volvió.

—¿Quieres que me vaya?—preguntó mordiéndose el labio.

—Ya es tarde para eso—contestó Tom suspirando de nuevo.

—No…no entiendo—susurró Bill poniéndose tenso.

—Carol sabe lo nuestro—soltó Tom sin más.

No quería ser brusco, pero llevaba todo el maldito viaje buscando la manera más apropiada de decírselo, dándose cuenta de que no la había.

—¿Cuándo se ha enterado?—preguntó Bill en un susurro.

Buena pregunta…Tom no lo sabía. Todo ocurrió el día anterior a la vuelta a casa de sus padres, estaban cenando en un lujoso restaurante y a su alrededor habían unos niños jugando entre risas. Fijó en ellos la atención y empezó a pensar en lo bonito que sería tener risas infantiles corriendo por la casa. Y así se lo hizo saber a Carol.

Un error del que ya no había vuelta atrás…

—¿Qué te parece la idea de tener un hijo?—preguntó con naturalidad.

Carol se atragantó con el agua que estaba bebiendo y tras secarse con una servilleta miró a su marido como si fuera la primera vez que lo viera.

—¿Cómo dices?—preguntó pestañeando.

—Un bebé….tú y yo…—murmuró algo cortado Tom.

—¿Cómo te atreves a pedirme eso?—siseó Carol.

Esa vez fue Tom quien miró a su mujer como si fuera la primera vez que la viera. Había dado un drástico giro en cuestión de minutos, ante él había un ser frío carente de cualquier sentimiento humano que no fuera un odio intenso.

—Sé lo tuyo con Bill—le escupió Carol a la cara, viendo como Tom palidecía de inmediato—Y no te atrevas a negármelo. No sé como has podido ser tan imbécil, hasta corren rumores por la casa. Todo el mundo sabe que te tiras a un vulgar criado menos yo, tu esposa ultrajada.

Paró de hablar para tomar un poco de agua, viendo como Tom la escuchaba en silencio sin saber qué decir.

—Os vi un día—explicó Carol por encima—Estabais en el dormitorio y yo me vestía en la habitación de al lado, me asomé a ver si me podías echar una mano con una pulsera que no lograba abrochar. Ahí estabais los dos, besándoos y metiendo mano. Me dio un asco horrible, más cuando hable con tu padre y me lo confirmo sin inmutarse. Me ordenó silencio y he podido aguantar todo este tiempo cumpliendo el papel de esposa perfecta, aguantándome las arcadas cada vez que compartíamos la cama. Pero…que me pidas un hijo solo para acallar tu maldita conciencia…

Tom no sabía que decir, jamás pensó que iba a mantener una conversación así con Carol. ¿Y toda la casa estaba enterada de su relación con Bill? No podía creérselo, pensaban que había sido discretos, claro que si Carol los había descubierto de una manera tan sencilla, fijo que habrían sido vistos en otra situación intima por algún criado que sabiendo del peligro que corría su puesto de trabajo había callado.

—Tom, me da igual a quien te tiras—dijo Carol más calmada—Tener un amante es de lo más normal…

—¿Tú…tú te ves con alguien?—preguntó Tom en un susurro.

—Por supuesto que sí—contestó Carol sin inmutarse—Con varios de hecho, pero nadie de mi mismo sexo. Te diré lo que haremos, sigue viéndote con Bill si es eso lo que quieres, pero ni se te ocurra volver a preguntarme si quiero tener un hijo contigo porque la respuesta sigue siendo un rotundo no. Podemos hacer el amor cuando quieras, no es eso lo que te estoy negando. Y tranquilo, estoy tomando una medicación con la que no me puedo quedar embarazada, así no habrá peligro de…de un tonto descuido.

—¿Lo sabe?—repitió Bill en voz baja.

—Si, y dice que le da igual—dijo Tom resoplando—Lo sabe ella y casi toda la casa. ¿Sabes lo humillado que me siento?

No quería estallar delante de Bill, pero no lo podía evitar. Estaba enfadado con Carol, no era normal que reaccionara de esa manera, dándole permiso para que se siguiera viendo con su amente. Si le pidiera el divorcio se lo daría encantado, jamás debió casarse con ella. Y su padre…solo veía en su matrimonio una fusión entre ambas empresas sin importarle los sentimientos de ambos.

—¿Me estás dejando?—preguntó Bill a punto de llorar.

—No he dicho eso, lo siento—dijo Tom ablandándose—Pero hemos de ir ahora con más cuidado, no quiero levantar más comentarios.

—Sabes lo mucho que te amo y que jamás te he pedido nada—empezó a decir Bill—Pero si Carol lo sabe, ¿por qué sigues casado? Lo mejor sería…

—Es todo por el bien de la maldita empresa—le cortó Tom—Hemos captados muchos clientes pero no los suficientes. Mi padre ha tenido una mala racha y hay deudas que pagar. Me temo que no puedo dejar a Carol así como así, su familia tiene dinero y nos está respaldando. Si la dejo, mi familia caerá en la bancarrota y yo en al deshonra. He de seguir con Carol y hacer todo lo que ella me pida…

—Incluso…el amor…—apuntó Bill susurrando.

Tom asintió mordiéndose el labio, no tenía el coraje de decirle que llevaba acostándose con su mujer desde que se casaron. Últimamente no lo hacían mucho pero conocía a Carol y sabía que recurriría a él cuando sintiera la necesidad y no hubiera nadie más a mano.

—Siento mucho hacerte pasar por esto—dijo Tom incorporándose en la bañera.

Bill estaba arrodillado a su lado, no sabía ni cuando cayó al suelo de rodillas. Seguro que cuando empezó a contarle la historia, sus piernas temblarían de miedo por lo que estaba escuchando. Miedo de perderlo…

—Todavía me amas, ¿verdad?—preguntó Tom tomando entre las manos su cara.

—Jamás dejaré de hacerlo—contestó Bill con firmeza.

Tom asintió y atrayéndolo le besó en los temblorosos labios. No se merecía a Bill, era muy bueno. Justo todo lo contrario que él, acostumbrado desde niño a tenerlo todo sin importarle el medio de conseguirlo. Quiso tener a Bill y no le importó tener que acostarse con él y engañarle. Siempre le pedía que confiara en él y que nunca dejara de amarle. Y Bill siempre le contestaba con lo mismo… que confiaba en é y que siempre le esperaría…

por lyra

Escritora del fandom

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