El amor nunca muere (Psicofonía de amor) 18

Capitulo 18

Una vez aliviado, salió del baño y se vistió con rapidez. Escuchaba la dulce voz de Bill en su cabeza llamándole como solo él sabía hacer.

Ven a mí….”

Y así lo hizo Tom. Pasó al lado de su madre dirigiéndola una fría mirada y siguió esa voz que dulcemente le llamaba. Fue a la casa de al lado y una vez más Bill le esperaba en su habitación como antaño.

Todo estaba muy cambiado, nada más poner un pie en la estancia desaparecieron las telas de arañas y todo volvió a ser como entonces estaba. La gran cama en medio de la estancia, los lujosos muebles que su madre eligió para su único hijo, sus ropas bien colgadas en el respaldo de una silla a la espera que él se las pusiera…y a su lado un sonriente Bill que suspiraba emocionado…

Ven a mí—le llamó de nuevo.

Tom asintió sonriendo y cerrando la puerta a su espalda se fue desnudando por el camino. Llegó hasta Bill y cogiéndole por la cintura le acercó y se apoderó de esos temblorosos labios que besó con emoción.

Entró en su cálida boca y le besó con pasión mientras que con sus manos aún aferrando su cadera le atraía contra su pelvis con insistencia. Empezó a frotarse contra él, sintiendo esa dureza que pujaba por salir y frotarse contra su desnuda piel.

Sentía a Bill estremecerse en sus brazos, como suspiraba contra sus labios y dejaba escapar gemidos incontrolados. Le deseaba en esos momentos, y no quiso perder más el tiempo. Tiró de él y empezó a caminar de espaldas hacia la cama cayendo sobre ella de espaldas. Bill se quedó tumbado sobre él y sin despegar sus labios más que lo necesario le ayudó a desnudarse.

Una vez desnudo contra su piel rodó en la cama para dejarle debajo y acomodándose entre sus piernas separadas entró en su cuerpo con una fuerte embestida.

Hummm…..—gimió Bill con los ojos cerrados.

Lo siento mucho, amor mío—susurró Tom contra sus labios.

No lo sientas tanto…y hazme el amor—apremió Bill desesperado.

Tom sonrió y enterando la cara en la curva de su cuello siguió embistiéndole con una pasión desatada, sintiendo como Bill pasaba las manos por sus espalda llegando incluso a arañarle desesperado cuando tras darle dos suaves embestidas se derramó en su interior entre gemidos incontrolados.

Bill…mi amor…—susurró entre lágrimas.

Te he echado mucho de menos—susurró Bill entre jadeos.

Y yo—suspiró Tom.

Salió de su cuerpo y tumbándose a su lado cerró los ojos de nuevo suspirando. Era verdad, hacía tiempo que no sentía algo parecido a lo que estaba sintiendo en esos momentos. Una gran paz celestial…

&

No me vuelvas a decir que todo va bien, porque no lo está—dijo Simone mirando fijamente a su marido.

Habían pasado 3 horas desde su extraña charla con su hijo, y estaba más desconcertada que al principio. Y no solo eso, esperó a que saliera del baño para ver si la ducha le había calmado un poco, pero su hijo volvió a mirarla tan fríamente que se encogió donde estaba y le vio salir de casa sin mediar palabra.

Le estuvo espiando por la ventana y le vio dirigirse a la casa de al lado. Respiró algo aliviada sabiendo que iba a estar solo, a lo mejor necesitaba tiempo para pensar pero llegada la hora de comer no había regresado y su marido se lo tomaba con cierta calma.

Está muy raro—insistió Simone—Me ha mirado de una manera…y ha dicho algunas cosas, que…

¿Qué te ha dicho?—preguntó Gordon, preocupado por si le había soltado alguna grosería como a él.

Cosas sin sentido—contestó Simone suspirando—Como que yo le había elegido a Bill o algo así… ¡pero si no le conozco de nada!

¿Y si llamamos a uno de sus amigos?—propuso Gordon—Tal vez ellos sepan algo.

De acuerdo, pero que no sea Andreas—dijo Simone con firmeza.

Si, sé que no te cae muy bien…—empezó a decir Gordon.

Aparte de eso, creo Tom y él han….quiero decir que los dos…

Gordon asintió levantando una mano, ya sabía por donde iba y estaba igualmente desconcertado. En un solo día descubrían que su hijo era gay y al parecer no tenía novio fijo, pues le daba igual acostarse con amigo que con otro.

Llamaré a Gustav—dijo Simone suspirando.

No esperó una respuesta de su marido, cogió el móvil y marcó el número del amigo de su hijo. Esperó en silencio hasta que escuchó al otro lado una adormilada voz.

¿Hallo?

Vaya…te desperté—dijo Simone carraspeando.

No…no pasa nada—murmuró Gustav aún medio dormido.

Soy la madre de Tom…Simone—le explicó.

Oh…—dijo Gustav sin entender—¿Le ha pasado algo a Tom? Si es por lo de la fiesta, fue culpa de todos. Si alguien del pueblo se ha quejado, nosotros…

No, no es por lo de esa fiesta—cortó Simone pasando por alto ese problema…de momento—Te llamaba porque Tom está algo raro y pensé que a lo mejor sabes algo.

Gustav se quedó pensando en silencio. ¿Tom raro? Pues él no se había fijado, sabía que estaba algo molesto por lo de la mudanza a ese pueblo perdido de la mano de Dios, pero también sabía que al final acabaría aclimatándose. Pero aparte de eso, le veía como siempre.

¿Gustav?—llamó Simone—Sé que sois amigos y si mi hijo te pide que no cuentes nada no lo harás, pero esto serio y necesito saber qué le pasa.

No le pasa nada, créame—afirmó Gustav—El otro día se divirtió en la fiesta como el que más, yo diría que el único que estuvo de capa caída fue Andreas hacia el final, pero Tom estuvo en su salsa.

Ya, Andreas se molestaría por lo de Bill—aventuró Simone.

¿Bill?—repitió Gustav.

Si, Bill. ¿Conocéis a alguien llamado así?—preguntó Simone cruzando los dedos.

Pues no—contestó Gustav muy seguro.

Tal vez algún chico que Tom haya conocido y quisiera mantener en secreto—insistió Simone—O tal vez Andreas sepa algo, ya que él también está involucrado.

¿Andreas?—repitió Gustav de nuevo.

Simone dejó de hablar, estaba claro que el chico no sabía de qué le estaba hablando. Era un secreto que su hijo guardaba con mucho recelo ya que ni siquiera se lo había contado a sus mejores amigos.

Te he despertado, lo siento—se disculpó suspirando—Y nosotros íbamos a comer. Te dejo, pero si te acuerdas de algo o hablas con Georg o Andreas, llámame por favor.

Lo haré—afirmó Gustav.

Simone colgó el teléfono y miró a su marido muy preocupada.

No sabe nada—informó.

Tal vez Tom lo esté llevando en secreto—murmuró Gordon.

Si, debe ser eso—dijo Simone resoplando—Dios, esto es…ridículo.

Si, parece que el tal Bill es un fantasma que solo ve Tom—bromeó Gordon entre risas.

No digas eso tan alto—le riñó Simone dirigiendo sus asustados ojos a la casa de al lado.

Los fantasmas no existen, querida—dijo Gordon firmemente—Están solo en nuestra cabeza.

No descansaré hasta averiguar quien es Bill, y que le está haciendo a mi pobre hijo—prometió con firmeza Simone.

Pasó al lado de su marido y dejando a un lado el temor que le producía la casa de al lado, se dirigió a ella con paso decidido. Gordon siguió sus pasos, había una cosa que aún no había dicho a su mujer y tenía miedo de su reacción cuando la descubriera. Y sabía que cuanto antes lo supiera mejor, y más si era por él.

Simone, espera—pidió cogiéndola del brazo.

No trates de detenerme, pienso averiguar que le pasa a mi hijo—insistió Simone sin volverse.

Lo sé, pero…—empezó a decir Gordon—Escúchame, por favor.

Simone dejó de andar y se volvió al fin mirando fijamente a su marido. Le conocía perfectamente, la expresión de su cara le delataba.

¿Qué has hecho, Gordon?—preguntó con miedo.

Gordon asintió suspirando, no podía engañar a su mujer ni entraba en sus planes.

Yo….no sé si tengo algo de culpa del estado de Tom—empezó a explicarse Gordon—El otro día le pedí que me buscara en Internet alguna información sobre la casa de al lado y creo que…lo que ha leído le ha calado hondo y…

¿Qué pasó en esa maldita casa?—estalló Simone sin poderse contener.

El hijo de los dueños cayó enfermo y murió—explicó Gordon por encima—También se llamaba Tom.

¿Y ese es el fantasma del que todo el pueblo habla?—preguntó Simone ahogando un sollozo.

No, ese chico murió lejos de aquí—contestó Gordon—Pero hay algo que le relaciona con nuestro Tom, lo presiento.

Lo presientes—repitió Simone en voz baja.

Sabía por donde iban los tiros, su marido era un buen psiquiatra y mucho se temía que analizaba a los que les rodeaban sin poder evitarlo. Cuando ella se divorció cayó en una profunda depresión agudizada al ver que su hijo prefería irse a vivir con su padre en vez de quedarse con ella, y terminó en la consulta de Gordon. La ayudó mucho y con el tiempo terminaron gustándose y casándose.

Y cuando Tom volvió con ellos, mucho se temía que Gordon quiso analizarlo, saber si estaba bien, como había llevado el divorcio…y el porque de su comportamiento.

Has querido usar a mi hijo como conejillo de india y te ha salido el tiro por la culata—murmuró Simone tratando de soltarse.

No, eso jamás—dijo Gordon con firmeza sin soltarle—Me he preocupado por Tom porque le considero mi hijo, le he ayudado en todo lo que he podido y al verle tan mal por lo de la mudanza pensé que algo que le distrajera le vendría bien.

¡Pues mira lo que has conseguido!—gritó Simone—Le has llenado la cabeza de historias de fantasmas y en estos momentos anda en una casa donde a saber Dios que ha pasado para que un chico cayera enfermo y mi hijo parezca que está siguiendo sus mismos pasos.

Pegó un fuerte tirón y se soltó del agarre de su marido, echando a correr hacia la casa y entrando en ella llamando a su hijo desesperada.

¡Tom!

No sabía por donde empezar a buscarle, pero su instinto de madre le hizo mirar las escaleras y las subió como una exhalación. Escuchaba a su marido correr tras ella llamando también a su hijo. En esos momentos le odiaba con todas sus fuerzas, era solo culpa suya que su hijo se hubiera vito involucrado en esa historia llena de fantasmas donde nada tenía pies ni cabeza.

¿De verdad había un fantasma? ¿Podía existir algo así? ¿Y qué demonios pintaba en toda esa historia el tal Bill?

Subió las escaleras seguida de su marido, guiándose de su maternal instinto que le decía que su hijo estaba en peligro…y así lo comprobó con sus propios ojos cuando al entrar en una de las habitaciones vio a su hijo en el suelo tirado y completamente desnudo.

¡Tom!—grito ahogando un sollozo.

Corrió a su lado y se arrodilló al tiempo que su marido se quitaba la chaqueta que llevaba y cubría con ella la desnudez de su hijastro.

Pero… ¿qué ha pasado?—preguntó Simone entre lágrimas.

Gordon no sabía qué contestarla, no paraba de mirar al chico que yacía a sus pies con los ojos fuertemente cerrados y una amplia sonrisa en los labios. No parecía estar herido, era como si estuviera plácidamente dormido ajeno al sufrimiento de su madre.

Llevémosle a casa—sugirió carraspeando.

No le gustaba la casa, desde que había puesto un pie en ella un escalofrío le había bajado por la espalda. Era como si sintiera que no era bien recibido en ella…

Se inclinó y pasando un brazo por debajo de las rodillas de su hijastro y otro por su espalda le alzó y acomodó en sus brazos. Se puso en camino con su mujer aferrada a su brazo, ninguno de los dos dijeron nada, en esos momentos solo quería averiguar que le pasaba a Tom y ayudarle en todo lo que estuviera en sus manos.

Continuará…

por lyra

Escritora del fandom

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