Fic TWC de lyra

3: Gemidos en mitad de la noche

Terminó de deshacer sus maletas y regresó al baño a lavarse las manos. Suspiró mientras se las secaba. No le había dirigido la palabra a Tom desde que sus compañeros les dejaran solos de nuevo.

Sabía que les había contado su pataleta por lo de la cama. Odiaba que hiciera eso, contar sus intimidades a los demás sin tener en cuenta sus sentimientos.

Escuchó que llamaban de nuevo a la puerta y sin poder evitarlo maldijo por lo bajo. ¿Es que no les podían dejar tranquilos en su propia habitación?

— ¿Habéis terminado?—escuchó la voz de David.

— ¡Bill!—le llamó Tom.

Suspiró y dejó la toalla sobre el lavabo. Tras mirarse al espejo y alisar unos mechones rebeldes de su pelo salió del baño para enfrentarse a esa comida que se le apetecía larga y aburrida.

—La Sra. Marline nos ha preparado un ligero almuerzo—explicó David.

—Vamos a buscar a los demás—dijo Tom saliendo de la habitación.

— ¡Bill! ¡La pared!—gritó David al verle.

No sabía cómo ha pasado. Solo ha oído a Tom decir que iban a la habitación de al lado y sus pasos le encaminaron en dirección contraria. Escuchó el grito del productor y cuando alzó la mirada vio que tenía la pared a escasos milímetros de su nariz.

—Qué raro—murmuró girándose sonriendo—Creía que aquí había una puerta.

Pasó al lado del productor y se reunió con Tom en el pasillo, que nuevamente le miraba preocupado.

— ¿Todo bien? —preguntó Tom en voz baja.

—Sí, solo estoy cansado por el viaje—contestó Bill sin mirarle.

Tom vio cómo bajaba las escaleras sin esperarle, actuando de nuevo de una manera muy extraña. Suspiró esperando que tras comer y descansar volviera a ser el hermano gruñón de siempre.

Se volvió en dirección contraria a la tomada por Bill y llamó a la habitación de sus amigos, bajando todos juntos al comedor que encontraron vacío.

— ¿Y Bill?—preguntó Tom al aire.

&

Perdido en sus pensamientos, dejó que sus pies escogieran el camino. Cuando quiso darse cuenta vio que había entrado en una de las habitaciones de la planta baja que no estaba abierta al público.

Paseó la mirada por la estancia, viendo como los muebles estaban resguardados del paso del tiempo bajo unas sábanas blancas.

— ¿Se ha perdido?—escuchó la voz del Sr. Marline a su espalda.

—Eso parece—contestó Bill sonriendo.

Salió de la habitación y le siguió por un estrecho pasillo que no recordaba haber cruzado. Por las paredes habían colgados más retratos antiguos. Casi como si uno de ellos le llamara se paró de golpe ante el.

Se trataba de una mujer de unos 20 años, sentada en un sillón de mimbre con un traje antiguo de encaje blanco. Se quedó mirando la triste expresión que le recorría la cara, sus ojos apagados como sin vida….

—La señorita Carmel March—informó el Sr. Marline de nuevo a su espalda—Murió al año de hacerse este retrato. Solo tenía 19 años…una pena…

—Fue un accidente—murmuró Bill casi sin voz.

— ¿Cómo? —preguntó el Sr. Marline.

—Sí, una tragedia—dijo Bill carraspeando.

Se alejó del cuadro y echó a andar sin esperarle, dando con el comedor donde sus amigos habían empezado a comer sin haberle esperado.

— ¿Dónde estabas?—preguntó Tom cuando se sentó a su lado.

—Me perdí—contestó Bill avergonzado.

Sonrió agradecido a la Sra. Marline cuando le sirvió la comida, negando con la cabeza cuando quiso ponerle más.

—No tengo mucho apetito, gracias—se excusó.

Comenzó a comer en silencio, sin prestar atención a la conversación de sus compañeros, que ya hacían planes para los días libres que tenían por delante.

—Yo me los pasaría durmiendo—dijo Georg con la boca llena.

— ¿Sin comer?—picó Gustav riendo.

—Solo se despertaría para eso—apoyó Tom la broma.

David sonrió al oírlos, viendo como el cantante no se les unía, sino que se quedaba mirando el plato donde solo jugaba con la comida sin haber llegado a probar bocado.

— ¿No tenías hambre?—preguntó David preocupado.

—Estoy cansado del viaje—repitió Bill la misma excusa de antes—De todo…de la vida que llevo, de que me cueste tanto conseguir lo que deseo…

Todos guardaron silencio al escuchar sus palabras, viendo como alzaba la mirada y los miraba sorprendidos, como si él no las acabara de pronunciar.

— ¿Pasa algo?—preguntó al ver que todas las miradas recaen sobre él.

—No, nada—contestó Tom por los demás.

— ¿Por qué no salimos a dar una vuelta después de comer?—preguntó David mirando con preocupación al cantante—El aire fresco nos vendrá bien a todos.

—Prefiero subir a acostarme un rato—dijo Bill dejando el tenedor con fuerza sobre el plato.

Se levantó y antes de que nadie se lo pudiera impedir echó a correr escaleras arriba, llegando a la habitación y cerrando de un ligero portazo.

—Es el estrés—le disculpó Tom yendo tras él.

Subió corriendo las escaleras, pensando en el porqué de la manera de actuar de Bill. Cansancio, estrés,…se le acababan las excusas que daba a sus compañeros, y a él mismo. Estaba raro, y no había ninguna excusa para su comportamiento.

Entró en la habitación que compartían y se paró en la puerta ante la gélida mirada que le dirigió Bill.

—Nunca llamas—reprochó Bill cruzándose de brazos.

—Perdona—se disculpó Tom cerrando la puerta tras de sí.

— ¿Qué haces?—preguntó Bill al verle avanzar—Dije que quería descansar, no te invité a subir y acosarme.

—Bueno, ya está bien—estalló Tom cansado— ¿Se puede saber qué demonios te pasa? Actúas como si no me conocieras y me tratas de la peor manera posible.

Las palabras de Tom lograron hacerle reaccionar. Pestañeó como si saliera de un sueño y le miró fijamente a los ojos, sintiendo como los suyos se le iban llenando de lágrimas.

—Yo….no lo sé…. —balbucea a punto de llorar.

Tom lo notó y corriendo a su lado le dio un fuerte abrazo.

—No me hagas caso, yo también estoy cansado y digo bobadas—murmuró Tom mientras le acaricia la espalda.

Le escuchó suspirar contra su pecho y cerró los ojos al sentir como su aliento le rozaba la piel, sintiendo un escalofrío recorrerle por dentro.

—Venga, que te ayudo a acostarte—dijo Tom separándose un poco.

No lo pudo explicar, pero ha sentido que los que estaba haciendo estaba mal, abrazar a su hermano, sentirle temblar en sus brazos….

Le cogió de la mano y le hizo sentar en la cama, donde le deja descalzarse mientras que coge la manta que había en la descalzadora a los pies de la cama. Le vio tumbarse en ella suspirando y corrió a taparle para que no cogiera frío y estuviera más cómodo.

—Al final he conseguido que me arropes—logró bromear Bill con un hilo de voz.

Tom rio al escucharle y sin poder evitarlo se inclinó sobe él y le besó en la frente.

—Descansa, te vendré a buscar para la cena—susurró a modo de despedida.

Bill asintió y cerró los ojos cuando le vio salir de la habitación. Se acomoda mejor en la cama, pensando que seguía siendo tan cómoda como recordaba…

&

— ¿Se encuentra bien?—preguntó David cuando regresó al comedor—Porque me estoy empezando a preocupar.

—Sí, solo necesita descansar—aseguró Tom sin mucha convicción.

Decidieron dejar el paseo para otro día y salieron al jardín a estirar las piernas. Mientras daban una vuelta, Tom no pudo evitar pararse en el mismo lugar en el que lo hizo Bill unas horas antes, observando con atención el suelo.

— ¿Se le ha perdido algo?—preguntó la Sra. Marline al verle.

—Pensaba….que no he visto ningún rosal en todo el jardín—susurró Tom conteniendo el aliento.

—Ahora no es época de rosas, pero justo donde está hubo un rosal tiempo atrás—explicó la Sra. Marline—El señorito Lucian mandó quitarlo.

— ¿Lucian?—preguntó Tom muerto de curiosidad.

—Lucian Compton. El hijo del último lord—contestó la Sra. Marline sin más explicaciones.

Y Tom no se las pidió. Ya le daba miedo haber descubierto que Bill adivinó que allí hubo un rosal, por no hablar de cuando supo el ingrediente secreto de los bizcochos, o su extraño comportamiento.

A partir de entonces no le quitaría los ojos de encima. Más esa noche en la que compartirán cama. Podía aprovechar para intentar hablar con él, o al menos procurar que durmiera y descansara, con la idea de que a día siguiente volviera a ser el de siempre.

&

Llegó la hora de la cena y tal y como le prometió subió a despertarle, encontrando la cama vacía. Escuchó ruidos en el baño y se asomó a la puerta, distinguiendo su silueta a través de la cortina de la ducha.

Le dejó ducharse tranquilo mientras paseaba nervioso por la habitación jugando con el móvil en un mano, dando un salto cuando comenzó a sonar y casi le hizo tirarlo.

—Mamá—saludó al reconocer su número en la pantalla.

— ¿Qué tal lo estáis pasando?—preguntó Simone a su hijo mayor.

—Muy bien, la casa es….acogedora—contestó Tom sin saber cómo calificarla de verdad.

Bill se comportaba de una manera muy rara desde que puso un pie en ella y a él le daba escalofríos.

— ¿Y tu hermano? —siguió preguntando Simone.

—Se está duchando, vamos a bajar a cenar—explicó Tom sin entrar en más detalles, no queriendo asustar a su madre—Le digo que has llamado.

Se despidió de ella con un beso para Gordon también y se giró tras cortar la comunicación, encontrándose con Bill apoyado en el marco de la puerta. Se le quedó mirando como si nunca le hubiera visto de esa manera. Recién salido de la ducha con el pelo húmedo cayéndole por hombros y espalda, y con una simple toalla ajustada a su cadera.

— ¿Pasa algo?—preguntó Bill incómodo ante su extraña mirada.

—Ha llamado mamá—contestó Tom pestañeando—Si has terminado, entraré a ducharme yo también.

—Todo tuyo—dijo Bill sonriendo.

Le devolvió la sonrisa y tras rebuscar en uno de los cajones cogió una muda limpia y se encerró en el baño suspirando. Necesitaba una ducha con urgencia… ¡pero fría!

No sabía cómo había ocurrido, pero al ver a Bill de esa manera se había puesto duro al momento. Le veía bajo una luz nueva, con una extraña expresión en la cara que nunca antes le había visto. Y cuando le sonrió de esa manera….

Gimió al sentir una punzada en su miembro. Tenía que sacárselo de la cabeza, estaba mal que pensara en él de esa manera. Se desnudó con rapidez y se metió bajo el agua sin esperar a que saliera al menos templada.

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Una vez calmado, suspiró aliviado y secándose con una toalla se puso la muda limpia y salió a la habitación a por el resto de sus prendas, viendo que Bill ya estaba vestido y se maquillaba ante el espejo de la cómoda.

—Estamos entre amigos, no hizo falta que te maquilles tanto—murmuró Tom sin mirarle.

—Hay que estar bien arreglados para cenar—dijo Bill sin más.

Viendo que le había dejado libre el baño, cogió el secador de su maleta y entro para alisar su rebelde pelo. Conectó el secador y comenzó a tararear sin darse cuenta.

Tom le escuchó desde la habitación y se quedó con la camiseta de la mano intentando adivinar el título de la canción. No la reconoció como de las suyas, tal vez una nueva….y muy buena.

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Una vez listos bajaron al comedor y se reunieron con los demás, viendo que el ambiente era muy distinto al de la comida. Pasaron la cena bromeando y contando a la Sra. Marline anécdotas de sus conciertos que escuchaba encantada con la boca abierta,

Llegó la hora de acostarse y tras despedirse y agradecerle la buena cena, subieron a sus habitaciones y se dispusieron a dormir.

Mientras que Bill se desmaquillaba en el baño, Tom no le quitaba el ojo a la gran cama, viéndola en esos momentos muy pequeña. Pensaba como iba a poder pasar una noche al lado de Bill tras lo que sintió unas horas antes. Solo rezaba para que no se volviera a repetir.

Se desnudó y metió en la cama, apagando la lamparita de su mesilla, cerrando los ojos y fingiendo dormir cuando le escuchó salir del baño. Se puso tenso al sentirle echarse a su lado, apagar la luz y suspirar con los ojos cerrados.

Los cerró él también y se dispuso a dormir, pensando que la charla que quería tener con él esa noche se iba a posponer.

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No sabía cuánto tiempo llevaba dormido. Le despertó un extraño ruido, parecido a un gemido. Abrió los ojos y se quedó escuchando, pero no lo volvió a escuchar. Solo sentía a Bill revolverse a su lado, como si tuviera una pesadilla.

Se giró preocupado dando la tenue luz de su mesilla, viéndole arrugar la frente y sonreír en sueños. Porque estaba sonriendo… ¿o más bien gimiendo?

Vio como separaba los labios y dejaba escapar otro gemido como el que escuchó minutos atrás, se incorporó en la cama, asustado al verle levantar una rodilla. Dirigió a ella su mirada, viendo que había más movimientos bajo las sábanas.

Una idea cruzó por su mente y antes de arrepentirse cogió un extremo de las sábanas y al alzó poco a poco, conteniendo el aliento al ver como Bill llevaba una gran erección.

Dejó caer la sábana de nuevo, saliendo de la cama lo más deprisa que pudo sin despertarle. Se le quedó mirando gemir y sonreír en sueños mientras arqueaba la espalda y elevaba sus caderas. Miró hacia su izquierda, viendo un cómodo sillón donde sabía con certeza que iba a pasar el resto de la noche.

Cogió la manta con la que le tapó esa misma tarde y sentándose en el sillón se cubrió con ella. Dejó de nuevo la habitación a oscuras y cerró los ojos tratando de no escuchar los gemidos que salían de los labios de Bill.

Pero abrió los ojos como platos cuando en vez de un gemido escuchó algo bien distinto.

— ¡Lucian…!

Continuará…

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por lyra

Escritora del fandom

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