Fic TWC de Khira

Capítulo 11: Punto y aparte

La sala de reuniones estaba amueblada únicamente con una gran mesa con sobre de cristal y sillas lacadas en negro a su alrededor, además de un pequeño minibar en el fondo de la estancia. David se dirigió directamente al minibar, de donde sacó una cerveza.

-¿Quieres una? -le preguntó a Bill, enseñándole la pequeña botella.

-No, gracias -respondió el muchacho. Todavía sentía algunas punzadas en las sienes por la resaca.

-¿Quieres otra cosa?

-No, no tengo sed.

-Ah, ok…

Mientras David abría la botella de cerveza, Bill le miró atentamente. Sólo habían pasado un par de semanas desde la última vez que lo viera, pero tenía la sensación de que habían pasado años. David le parecía… diferente. De pronto sí aparentaba los treinta y cinco años que tenía, aunque Bill siempre había pensado que el productor parecía más joven. Sin embargo, los únicos cambios físicos que podía identificar en él eran que llevaba el cabello un poco más largo y una barba de dos días. Cosa rara en él, teniendo en cuenta que siempre solía ir perfectamente afeitado…

-¿Y bien? ¿De qué querías hablar?

La voz de Jost interrumpió sus pensamientos. Bill dio un par de pasos hacia él y carraspeó. Estaba muy nervioso, y no quería meter la pata. Empezó por preguntarle directamente sobre lo que acababa de descubrir gracias a Silke.

-¿Por qué le pediste a Silke que te mantuviera informado sobre mí? ¿Por qué esperaste a que te llamara yo para preguntarme personalmente cómo estaba?

David le dirigió una mirada claramente sorprendida. A continuación desvió la vista y dio un sorbo a su cerveza después de murmurar algo inteligible. Bill creyó escuchar las palabras «Silke» y «bocazas».

Al cabo de unos segundos el productor se apoyó de espaldas en la mesa y le miró a los ojos de nuevo.

-No quería molestarte, Bill. Pensé que estarías más tranquilo si te dejaba en paz por un tiempo.

Bill abrió mucho los ojos.

-¿Molestarme? ¿De verdad crees que me habría molestado al menos una miserable llamada tuya preguntando qué tal estaba? No, David, no me habría molestado. Lo que me ha molestado es que no lo hicieras.

David no replicó, sólo se le quedó mirando fijamente. Y de pronto a Bill se le encendió una luz. Repasó mentalmente la conversación con Tom y todo lo sucedido con David y su mente formuló una teoría.

-¿O era eso precisamente lo que pretendías?

David alzó las cejas.

-¿Cómo?

-¿Que si acaso pretendías que me molestara contigo, que te odiara, para así sobrellevar mejor nuestra ruptura?

-… -Al principio David no respondió. Tomó otro sorbo de su cerveza-. No digas tonterías, Bill… -murmuró finalmente el productor sacudiendo la cabeza.

El comentario, en lugar de molestarle, hizo que Bill estuviera cada vez más seguro de que había acertado. Conocía bien a David: la pausa del productor y su tono le habían delatado.

Tras unos segundos de tenso silencio, el chico decidió volver al principio de todo.

-David… ¿Por qué rompimos?

Un gesto de cansancio cruzó el rostro de Jost,

-Bill, ya hablamos de eso… -murmuró.

-No, no hablamos. Me dijiste que se acabó y te fuiste. A eso no se le puede llamar «hablar».

-No había más que decir.

Bill se mordió un labio. Nunca antes le había resultado tan difícil conversar con David. Parecía que había que sacarle las palabras con pinzas. Pero no se iba a rendir tan pronto.

-Pero después de tanto tiempo… ¿por qué tan de repente? ¿Sólo porque Tom nos descubrió? -inquirió.

-¡¿Y te parece poco?! -saltó David, sobresaltando levemente a Bill.

-¡Pero es mi hermano! Nunca nos delataría…

-Fue Tom, pero podría haber sido cualquiera, y aún lo estaríamos lamentando.

-Vale, pero fue Tom, ¿no? Y él es el único que lo sabe, así que…

-¡No, Bill, Tom no es el único que lo sabe!

La sorpresa y el miedo se apoderaron de Bill a partes iguales.

-¿Qué…?

David suspiró.

-Patrick también lo sabe.

-¿Patrick? -exclamó Bill, aturdido-. ¿Cómo…?

-Un día fue a hacerme una visita y te vio salir de mi edificio. Por lo visto saliste a la calle a cara descubierta y te reconoció.

Bill tragó saliva. Recordó al momento a qué día se refería David. Siempre que le visitaba en su apartamento lo hacía en taxi, y se bajaba del vehículo en el propio aparcamiento del edificio. Al marcharse, también llamaba al taxi desde el aparcamiento. Sólo una vez salió a la calle directamente desde el portal del edificio, una noche, hacía unos seis meses, en que su móvil se había quedado sin batería, y en lugar de subir de nuevo al apartamento de David para llamar desde allí, salió a la calle para buscar una cabina. Era de noche, no había nadie por la calle (o eso había creído), y no se preocupó de ponerse las gafas de sol.

Por fin comprendió por qué David se había enfadado tanto cuando Tom les había pillado en su habitación por dejar la puerta abierta. Era la segunda vez que un descuido suyo les costaba un testigo.

-Lo siento… -musitó.

-En realidad no importa… -murmuró David-. Patrick es mi amigo y tampoco va a contar nada.

Se quedaron en silencio unos segundos. Bill avanzó un par de pasos más hacia David. Ya estaban prácticamente enfrente uno del otro.

-Pero supongo que cuando lo de Tom pensaste que ya lo sabía demasiada gente… ¿no? -Bill seguía pensando que ese había sido el motivo de la espantada de David, y el productor no tardaría en confirmárselo por fin.

-Es que parece que sigues sin darte cuenta de lo delicada que es… era -se corrigió- nuestra situación -habló David-. Incluso ahora, si la prensa se llegara a enterar de lo que ha habido entre nosotros… se acabó, Bill. Se acabó todo. Y parece que tú no lo entiendes.

-¡Claro que lo entiendo! -se defendió el muchacho.

-Pues dijiste en aquel baño que no te importaba que todo el mundo supiera lo nuestro, ¿recuerdas?

«¡Me da igual!»

Bill se mordió un labio, compungido. Era cierto que lo había dicho.

-Pero David, estaba borracho…

-Los borrachos y los niños nunca mienten… -suspiró David.

-David, por favor… -gimió.

El muchacho no sabía qué decirle para que comprendiera que en ese momento el alcohol le había nublado la razón y que en verdad entendía perfectamente que su relación no podía trascender de ninguna de las maneras. De pronto sentía un incómodo escozor en la garganta y supo que estaba a punto de ponerse a llorar, pero no estaba dispuesto a hacerlo. Dio el último paso hacia Jost y apoyó las manos en los muslos del productor, quien seguía apoyado en la mesa. Notó que éste se tensaba un poco.

-David, yo te quiero. Te quiero, ¿vale? -dijo sereno y sin apartar la mirada de los ojos de su ex amante-. Y sé que…

Pero se interrumpió al observar, alucinado, que David había escuchado su declaración con un gesto final de… ¿incredulidad?

-¿No me crees…? -preguntó asombrado.

David no respondió, pero Bill no pensaba dejar aquello así. Apretó los puños por encima de la tela de los vaqueros de Jost y repitió su pregunta.

-David, ¿es que no me crees?

El productor suspiró y dejó la cerveza en la mesa antes de encarar de nuevo a Bill.

-Bill, no es que piense que me estés mintiendo… Pero eres muy joven, y aún eras más joven cuando tú y yo empezamos… Si ni siquiera has estado nunca con una chica…

Un pequeño sonrojo adornó las mejillas de Bill. Era cierto que nunca había estado con una chica, se lo había confesado a David tiempo atrás. Y no es que fuera algo que le preocupara ni mucho menos importara, pero tampoco le agradaba que se lo «recriminaran».

-¿Qué tiene eso que ver? -inquirió molesto.

-Que quizás crees que sientes algo que en verdad no sientes, porque eres demasiado joven e inexperto para saberlo.

Bill no daba crédito a sus oídos. Se apartó un paso de Jost.

-¿Eso es lo que en verdad piensas de mí? ¿Que soy un niñato que no sabe lo que quiere?

-No he dicho eso… -empezó David, pero Bill le interrumpió.

-¡Sí lo has dicho! -exclamó furioso, aunque inmediatamente bajó el tono de voz, no quería que nadie del estudio les escuchara discutir-. ¿Pero sabes qué? ¡Te equivocas! ¡Sí, te equivocas, porque aunque sólo tenga dieciocho años, aunque sólo haya estado en la cama contigo, siempre he tenido mis sentimientos muy claros, te quiero, así de simple, no como tú, que has estado jugando conmigo todo este tiempo hasta que te entró el canguelo de que nos descubrieran!

-Es cierto, puede que me haya acobardado -admitió David, algo conmovido por la declaración de Bill-. Pero lo he decidido y no voy a arriesgarme a destrozarte la vida, ni mucho menos a que me odies por ello. -Hizo una breve pausa y continuó-: Y no he estado jugando contigo. Te quiero. Por eso precisamente tomé esta decisión.

Bill parpadeó un par de veces seguidas.

¿Había oído bien?

Pero si David le había dicho claramente en aquel baño que…

Un momento.

«Yo nunca te he dicho que te quiero, Bill.»

Claro. Qué estúpido que había sido, y qué listo David, quien se las había apañado para romperle aposta el corazón sin mentirle en ningún momento. Que nunca le hubiera dicho que le quería no significaba que no lo hiciera.

Una lágrima empezó a asomarse por su ojo derecho, pero no se molestó en secársela. Todo empezaba a cobrar sentido.

-¿Y por qué has querido hacerme creer lo contrario? ¿Tienes idea de lo mal que lo he pasado?

-Puedo imaginarlo y lo siento.

La mano derecha de David se alzó y se posó en su mejilla, secándole la lágrima con el pulgar. Bill cerró momentáneamente los ojos para disfrutar de esa caricia.

-Quería que te olvidaras de mí lo antes posible… -confesó el productor-. Pero no contaba con que vendrías a mí a pedirme tantas explicaciones -añadió con una sonrisa triste.

«Fue idea de Tom…», alcanzó a pensar Bill. «De no ser por él…»

El cantante volvió a apoyar las manos en los muslos del productor. Sonrió levemente y se inclinó hacia él de manera que sus rostros quedaron muy cerca.

-¿Sabes? En el fondo siempre supe que no habías estado jugando conmigo…

Intentó besarle, pero se quedó en eso, en un intento. David se incorporó bruscamente y se alejó un par de pasos de él.

-Bill, ¿no has escuchado nada de lo que te he dicho? -preguntó visiblemente molesto. Al ver la cara de confusión del muchacho añadió con un suspiro-: No podemos estar juntos. Es demasiado arriesgado.

-¿Arriesgado para quién? ¿Para ti? -inquirió Bill, ahora también molesto.

-Para ti también. Y para el grupo. ¿No te das cuenta de que si tú te vieras involucrado en un escándalo, tu hermano, Georg y Gustav también saldrían perjudicados?

Bill se mordió un labio. De nuevo le escocía la garganta.

El grupo o David. Era una elección difícil, a la par que cruel. Pero David le había facilitado las cosas decidiendo por él.

-Entonces… ¿se acaba aquí? -musitó más bien para sí mismo con voz temblorosa.

David se cruzó de brazos con gesto cansado.

-Me temo que sí…

Bill se llevó ambas manos a la cara. Quería llorar pero no quería que David le viera. Pero el sollozo que se le escapó fue perfectamente audible.

De pronto, en medio de la oscuridad, sintió unos brazos que le abrazaban. Pero no sintió ningún consuelo, ya que sabía que aquel gesto era como una despedida definitiva… y muy, muy dolorosa.

Lo comprendía, comprendía por fin las razones de David para que se separaran, Tokio Hotel estaba en su mejor momento y si saliera a la luz que el vocalista se tiraba a uno de sus productores sería un escándalo con mayúsculas, pero le seguía pareciendo tan injusto para ellos… Además, Tokio Hotel no duraría para siempre, y tener que renunciar a…

De pronto cayó en la cuenta.

Bingo.

Una pequeña sonrisa apareció de nuevo en sus labios. Se deshizo del abrazo de Jost, quien lo miró interrogante al ver que sonreía.

Antes de que pudiera preguntarle, Bill comenzó a hablar a la vez que secaba sus lágrimas.

-David, aunque sea nuestro mayor deseo, todos sabemos que Tokio Hotel no durará para siempre. Somos un fenómeno fan, eso nos ha encumbrado pero también nos hará caer.

David no entendía a qué venía eso y se lo hizo saber con una mirada.

-Quiero decir, que no tenemos por qué separarnos para siempre. Sólo hasta que se pase la fiebre.

El productor suspiró.

-Bill, ¿crees que no había pensado en eso? Pero podrían pasar años hasta que llegue el fin de Tokio Hotel…

-Ojalá, pero puede que no. Y aunque así fuera… ¿Habrían cambiado tus sentimientos para entonces…?

No hubo vacilación en la respuesta de David.

-No, Bill. Pero, ¿y qué hay de ti? Te lo he dicho antes, eres muy jo…

Bill le interrumpió antes de que el productor le saliera otra vez con su juventud e inexperiencia.

-Te lo demostraré cuando llegue el momento -sentenció con una sonrisa pícara.

Al cabo de unos segundos de silencio, David no pudo evitar devolverle la sonrisa.

Bill miró un momento hacia la puerta, y a continuación sorprendió a David con un rápido pero intenso beso en la boca.

-Nos vemos… -dijo al separarse.

Y sin dejar de sonreír, el cantante salió de la sala.

&

Tom, quien había estado aguardando sentado en el sofá del recibidor del estudio, se levantó inmediatamente al ver a su hermano salir al pasillo. Durante las milésimas de segundo que transcurrieron hasta que le vio el rostro, su cuerpo entero se tensó. En ese momento no le preocupaba lo más mínimo que estuvieran en el estudio de Berlín ni que éste estuviera lleno de conocidos ni mucho menos armar un alboroto. Si Jost le había vuelto a hacer daño a su hermano, iba a cobrar.

Pero la sonrisa que adornaba el rostro de su hermano le tranquilizó por completo.

-¿Qué? -preguntó en voz baja en cuanto tuvo a su gemelo frente a él-. ¿Qué ha pasado? ¿Habéis vuelto…?

Shhh… -le indicó Bill con un disimulado gesto, sin dejar de sonreír-. Te lo cuento en el coche.

Tom tuvo que conformarse. Bill pasó por su lado en dirección a la puerta del estudio; Tom se dispuso a seguirle, pero justo antes de darse la vuelta vio salir a Jost al pasillo. El productor, aunque seguía con el rostro serio, parecía más animado que cuando entró a la sala con Bill. Se quedaron mirando fijamente.

«De la que te has librado…», pensó Tom, pero sin poder evitar que sus labios se curvaran en una sonrisa. David siempre le había caído bien y le aliviaba sobremanera que las cosas entre él y su hermano hubieran terminado bien.

El productor le devolvió la sonrisa y entró de nuevo en la sala de grabación.

Tom aguantó como pudo la curiosidad hasta que estuvieron los dos dentro del Cadillac.

-¿Y bien? -Como Bill seguía sin responder, insistió-: Va, no te hagas de rogar…

Bill abrió la boca por fin.

-Digamos que lo que yo ya daba por punto y final… se ha convertido en punto y aparte.

Al escuchar eso Tom enarcó las cejas, no muy seguro de haberle entendido. Aunque a juzgar por la sonrisilla que no abandonaba el rostro de su hermano, se trataba de algo positivo.

-¿Pero volvéis a estar juntos? -inquirió.

-No, pero… me quiere.

Tom seguía sin entender nada. Bill sonrió más ampliamente al ver la expresión confusa de su hermano gemelo.

-Te lo explico todo por el camino, ¿vale? Tengo ganas de llegar a casa…

-Claro…

Tom arrancó el coche, y pocos minutos después ya estaban en la autopista camino a casa, con Bill contándole con pelos y señales lo que había sucedido con Jost en la sala de reuniones. Cuando terminó, Tom se sintió más aliviado que nunca, pues había acertado convenciendo a su hermano de realizar esa visita. De pronto él también sentía ganas de llegar a casa, ya que esta vez sí, iban a disfrutar al cien por cien de sus forzadas vacaciones en familia.

F I N

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