Fic TWC de Khira
Capítulo 2: En la fiesta
Ninguno de los gemelos Kaulitz bajó a cenar. Tom ordenó que le trajeran la cena a su habitación y Bill sentía el estómago tan cerrado que no se vio con ánimos de comer nada.
La noche se hizo larga para ambos.
Al día siguiente sí bajaron a desayunar, pero Tom estaba igual de serio y distante, y Bill tampoco abría la boca. Georg y Gustav empezaban a preocuparse de verdad.
-¿Se puede saber qué os pasa, chicos? -preguntó Georg, cansado de ver a Tom y a Bill con caras tan largas que casi les llegaban al suelo. Los cuatro estaban sentados solos en una de las mesas de aquel enorme comedor.
-No nos pasa nada -contestó Tom sin ganas. Bill por su parte se quedó callado.
-Esta mañana es la prueba de sonido y os recuerdo que no hay otra oportunidad -comentó Gustav-. Espero que no la caguéis.
-Que esté de mal humor no significa que se me haya olvidado cómo tocar la guitarra -masculló Tom.
-¿Entonces admites que estás de mal humor? -insistió Georg.
-Oh, por favor, dejadme en paz -exclamó el guitarrista soltando de mala manera la cuchara dentro del tazón, haciendo un pequeño ruido metálico.
Georg y Gustav se miraron entre ellos, y luego miraron a Bill. Pero el vocalista tenía los ojos clavados en su vaso de zumo. Suspiraron, pero no volvieron a sacar el tema.
-¿Sólo vas a tomar eso? -preguntó Gustav mirando el vaso de zumo de Bill y la solitaria tostada que le acompañaba.
-No tengo mucha hambre -musitó el cantante. De hecho no tenía planeado ni comerse la tostada.
-¿Qué te ha pasado en el brazo, Bill? -preguntó Georg de pronto.
Todos, incluido Tom, miraron hacia donde señalaba el bajista. En el brazo izquierdo de Bill lucía un pequeño pero bien definido arañazo de color rojo.
-No lo sé -mintió el aludido-. No recuerdo haberme hecho nada.
El arañazo no era gran cosa, por lo que Georg y Gustav no le dieron más importancia. Lo que les seguía preocupando era la actitud de los gemelos.
-¿Habéis terminado, chicos? -les preguntó un chico del staff mientras se acercaba a ellos-. Hay que ir a hacer la prueba de sonido, y el estadio queda un poco lejos.
-Sí, hemos terminado -dijeron a coro.
-Muy bien, pues en marcha.
Los cuatro chicos se levantaron y se dispusieron a seguir al staff hasta el autocar que les llevaría al estadio donde ese mismo día por la tarde darían el concierto.
Aunque ya llevaban muchos conciertos a sus espaldas, pocas veces habían tocado en estadios tan grandes como ese. Bill, ya con el micrófono al lado, miró a su alrededor y se sintió algo intimidado al imaginarse aquel espacio tan grande lleno de fans. Le hubiera gustado comentarle algo de eso a su hermano, pero sabía que sería inútil. Tom no le dirigía la palabra, y apenas siquiera le miraba a la cara.
La prueba de sonido fue como la seda, pero Bill sabía que un concierto era algo más que música. Le preocupaba que el enfado de Tom influyera negativamente en la actuación y que ésta resultara un desastre.
Sin embargo, a pesar de la actitud de Tom y la preocupación de Bill Georg y Gustav, el concierto no resultó perjudicado. Sólo las fans más observadoras se dieron cuenta de que Tom, contrario a su costumbre, no se acercó por iniciativa propia a Bill en ningún momento, sino que tuvo que ser el cantante el que siempre se aproximara a él para cantar a su lado.
El momento más delicado fue cuando llegó el turno de «In die Nacht», la canción que interpretaban los gemelos solos. Pero gracias a que normalmente mientras tocaba esa canción Tom nunca despegaba la vista del suelo, la actuación tampoco resultó demasiado sospechosa. Lo que sí sorprendió un poco a las fans fue que Bill no le diera su habitual patada a Tom para que le mirara ni que fuera un momento mientras le cantaba «tú eres todo lo que soy y todo lo que fluye por mis venas».
El concierto terminó, y los cuatro recibieron un gran aplauso por parte de sus fans. Después de casi diez minutos de ovación finalmente se retiraron hacia el backstage. Allí les esperaba David, acompañado de Patrick, otro de sus productores.
Bill se puso rígido. Llevaba todo el día preguntándose dónde se había metido David y deseando verle, pero encontrárselo de pronto con Tom delante… La situación no podía ser más incómoda.
Sin embargo, ni Tom ni David se mostraron tensos por la presencia del otro. Tom simplemente no varió la expresión hosca que mantenía desde el día anterior, y David se dirigió al grupo con normalidad.
-Buen trabajo chicos -dijo el productor-. Ha sido un gran concierto.
-Gracias -dijeron Gustav y Georg.
-Para celebrarlo hemos reservado una sala exclusiva en un local de moda de la ciudad -dijo Patrick-. Nos esperan dentro de una hora. ¿Os dará tiempo a ducharos y arreglaros? -preguntó mirando específicamente a Bill.
-Claro -murmuró el cantante, sin ánimos siquiera para ofenderse.
-Bien, pues nos vemos allí.
Los dos productores se alejaron y Bill se quedó mirando sus espaldas.
David ni siquiera le había mirado una vez.
Exactamente una hora después el grupo Tokio Hotel y gran parte de su staff accedía por la entrada VIP a la sala reservada para la celebración por el éxito del concierto. Tom se fue directamente hacia la barra, y los otros tres componentes del grupo le siguieron. Bill no dejaba de mirar a su alrededor entre la multitud buscando a David, pero no había ni rastro del productor.
Suspiró y miró de reojo a Tom. Estaba cansado de que dos de las personas más importantes de su vida le ignoraran, y si David no aparecía, lo intentaría de nuevo con su hermano. Esa noche no quería regresar al hotel sin haber arreglado las cosas al menos con uno de los dos.
En cuanto los cuatro tuvieron su bebida en las manos, Georg y Gustav se dispersaron y Bill aprovechó para encarar a Tom.
-¿Cuánto tiempo planeas seguir ignorándome? -preguntó Bill en voz suficientemente alta para que le escuchara a pesar de la fuerte música.
Pero Tom miró hacia otro lado, seguramente buscando alguna chica guapa a la que abordar.
Bill comenzaba a perder la paciencia.
-¡Mírame! -gritó a la vez que empujaba suavemente a su hermano por el hombro para que se girara hacia él.
Y Tom le miró, pero a Bill no le gustó lo que vio en sus ojos. Nada.
-¿Qué quieres? -preguntó sin un ápice de emoción en su voz.
-Que me perdones -a Bill le salió aquello sin pensar, pero era cierto que lo necesitaba-. Que me perdones, Tom. Eso quiero.
Tom negó lentamente con la cabeza. Él tampoco era nada feliz con esa situación, pero no podía dejar de pensar en todo el tiempo que Bill le había estado mintiendo. Podía entender que hubiera ocultado su verdadera sexualidad y su romance con David al resto del mundo, pero a él… ¡A él, su propio hermano gemelo! ¡Su mejor amigo, además! Eso dolía. Y había algo más, algo que era incapaz de definir, pero que le atormentaba de igual manera que las mentiras de Bill.
-No puedo -murmuró, y Bill sintió que algo dentro de él se rompía-. Lo siento Bill, no puedo.
Y Tom se marchó, dejando a su hermano solo y conmocionado en la barra.
-¿Otra? -preguntó una voz.
Bill levantó la cabeza y vio al camarero con una botella en las manos. Sin darse cuenta había dejado su vaso vacío en la barra justo frente a él.
-Sí -musitó-. Otra, por favor.
Mientras tanto Tom se había alejado lo suficiente para no ver a Bill en la barra. Se encontraba en el otro lado de la pista. Una chica muy guapa se le acercó muy emocionada para pedirle una foto y él accedió, preguntándose cómo lo hacían las fans para acceder a esos eventos tan exclusivos. Después de la foto, la chica aprovechó para quedarse charlando con él, pero Tom en verdad no la escuchaba. Tenía demasiadas cosas en la cabeza. Además, una escena que estaba transcurriendo a su derecha le llamó la atención.
Eran David y Patrick, y parecía que estaban discutiendo acaloradamente. Aunque más bien Patrick era el que discutía solo; David se limitaba a asentir con expresión… ¿desolada? Tom no tenía ni idea de lo que estaban hablando, pero estaba claro que David no parecía muy feliz escuchando lo que Patrick le decía.
Pero a Tom le importaba más bien poco en ese momento que David estuviera triste o no. Así que se decidió a hacerle caso a la chica y la invitó a beber en otra de las barras.
Por su parte, Bill había perdido ya la cuenta de los cubatas que se había tomado. Había pensado que quizás bebiendo un poco se sentiría más animado, aunque fuera de manera artificial, y de momento estaba funcionando. El problema con su hermano ya no le parecía tan grave, y estaba decidido a encontrar a David como fuera. Así que dejó plantadas a dos chicas que se habían acercado para saludarle y partió en su busca.
Tardó menos en encontrarle de lo que se esperaba. Le vio entrando en los baños y, ni corto ni perezoso, le siguió.
David se mostró sorprendido cuando le vio entrar tras él.
-Ah, hola Bill -le saludó.
-Hola David -sonrió Bill, y, nada más escuchar el tono de su voz, David supo que había bebido demasiado.
-¿Qué tal va la fiesta? -preguntó distraídamente el productor mientras se dirigía a los lavabos con la intención de lavarse las manos.
Bill se colocó a su lado. Estaban solos en los baños.
-Aburrida. ¿Qué te parece si nos vamos de aquí directos a mi habitación? -preguntó sin dejar de sonreír-. Habrá que terminar lo que empezamos ayer, ¿no?
-No es buena idea, Bill -respondió David en un tono demasiado serio-. Mañana tengo que levantarse temprano. Iba a marcharme en unos minutos.
El vocalista bufó. Estaba harto de rechazos. Así que, sorprendiendo a David, le agarró de las solapas de la camisa y le plantó un inesperado y apasionado beso en la boca.
-¡Bill! -exclamó David horrorizado, soltándose de inmediato y mirando a la puerta de los baños por si alguien hubiera entrado. Afortunadamente no era así-. ¿Qué haces?
-Te beso…
Y sin darle tiempo al productor a reaccionar le volvió a besar, con más intensidad aún. Sus manos se aferraron como garras a la camisa, y viendo que no se podría soltar de nuevo sin rasgarla, David optó por meterse con Bill dentro de una de las cabinas.
-¡Bill, basta! -exclamó separándose por segunda vez de él, aunque Bill le mantenía sujeto por la camisa.
-¿Por qué? -casi gritó el muchacho, encolerizado-. ¿Por qué no podemos besarnos?
-¡Porque podrían vernos!
-¡Me da igual!
David le miró muy preocupado. Patrick tenía razón…
-Bill, esto no va a funcionar -soltó de improviso-. Creo que deberíamos dejarlo.
El muchacho sintió que un frío glacial se extendía por todo su ser mientras procesaba lo que David acababa de decir.
-¿Por qué dices eso? -preguntó-. ¿Tanto te asusta que la gente se entere?
-Así es.
-¡Pues si me quisieras de verdad no te importaría que todo el mundo supiera lo nuestro!
-Yo nunca te he dicho que te quiero, Bill.
De la impresión, Bill le soltó por fin la camisa. Pero era cierto: en todo el tiempo que llevaban juntos nunca habían hablado con profundidad de sus sentimientos.
Sin embargo, eso era algo que él, Bill Kaulitz, tenía muy claro.
-Yo sí te quiero… -musitó.
-Lo siento -dijo David por toda respuesta. Y aprovechando que Bill le había soltado salió de la cabina, y pocos segundos después se escuchó la puerta de baño.
Bill se dejó caer lentamente resbalando la espalda por la pared de la cabina hasta quedar sentado en el frío suelo. Estaba borracho, pero no tanto como para no darse cuenta de que David acababa de dejarle.
Y por primera vez en sus dieciocho años de vida, Bill Kaulitz supo lo que era tener el corazón roto.
Continúa…
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