Fic TWC de Khira

Capítulo 4: Consecuencias

A Tom nunca le habían gustado los hospitales. De hecho, los detestaba. Pero en esos momentos no le quedaba otra que permanecer allí, en una sala especial que les habían habilitado para que no revolucionaran el hospital, esperando noticias de los médicos que atendían a Bill.

Le dolía el estómago a causa de los nervios, y también la nariz, la cual tenía amoratada. Pero un médico le había atendido a él también y, después de confirmarle que no estaba rota, le había recetado un anti inflamatorio y un analgésico y le había asegurado que la hinchazón bajaría en unos días.

«No sabía que Bill era capaz de pegar tan fuerte…»

A su derecha, Georg y Gustav permanecían en silencio, el primero leyendo una revista y el segundo absorto en sus pensamientos. A su izquierda, Oliver y Silke, igual de callados.

-¿A qué esperan para decirnos algo? -masculló el guitarrista, no pudiendo aguantar más tiempo ese silencio.

-Ya nos han dicho antes que tenían que hacerle varias pruebas -murmuró Oliver mientras se acomodaba de nuevo en la incómoda silla de plástico-. Y que algunas podían tardar.

-¡Pero ya casi ha pasado una ho…!

No terminó la frase. David acababa de entrar en la sala, y no con muy buena cara.

-¡¿Se puede saber qué ha sucedido?! -preguntó a modo de saludo.

Oliver y Silke se pusieron en pie, y Georg, Gustav y Tom les imitaron.

-Bill se ha desmayado durante la prueba de sonido -respondió Oliver con calma-. No recobraba la consciencia y por eso llamamos a una ambulancia. No sabemos por qué se desvaneció, pero es muy probable que al caer se golpeara la cabeza. Los médicos también piensan lo mismo y le están haciendo pruebas.

Tras escuchar la explicación de Oliver con impaciencia y tras unos segundos de asimilación, David miró directamente a Tom.

-¿Y esa nariz? -preguntó con un bufido.

Tom vaciló, y Oliver respondió por él.

-Tom y Bill se pelearon pocos segundos antes de que se desmayara.

-¿Y por qué, si se puede saber?

-Eso ya no lo sé…

Tom sintió todas las miradas de los que estaban en esa sala sobre él. Sabía que tenía que responder algo; el problema era que en esos momentos la razón de por qué se habían peleado él y Bill le parecía una estupidez.

Afortunadamente para el guitarrista, uno de los médicos que estaban atendiendo a Bill apareció por fin. Saludó a los que conocía y se presentó a David en perfecto alemán demostrando de nuevo su magnífico dominio del idioma.

-¿Cómo está Bill? -preguntó el productor.

-El TAC ha confirmado que el muchacho ha sufrido un traumatismo craneoencefálico leve -al ver la alarma en los rostros de quienes le rodeaban, el médico hizo un gesto tranquilizador con las manos-. Pero ya está consciente y evoluciona de forma favorable.

El alivio se dibujó en los rostros de todos, especialmente en Tom y David.

-Gracias a Dios… -suspiró el productor.

-¿Dónde está? ¿Puedo verle? -inquirió Tom.

-Ahora está en observación. Y sí, como familiar eres el único que puede pasar.

-Doctor -le llamó David, haciendo que el médico se girara nuevamente hacia él-. ¿Sabe por qué se desmayó?

El hombre negó levemente con la cabeza.

-Me temo que aún no. Habrá que esperar a los resultados de la analítica.

David asintió, resignado. El médico se dirigió otra vez a Tom.

-¿Me acompañas? -preguntó.

-Sí -contestó Tom mirando a Georg y Gustav.

-Nosotros te esperamos aquí -dijeron sus compañeros de banda.

-Nosotros también nos quedaremos un rato -dijo Oliver.

Tom asintió, y tras echar una rápida mirada a David, siguió al médico fuera de la sala.

Mientras echaban a andar por un pasillo, Tom empezó a sentirse angustiado. No sabía cómo enfrentar a su hermano después de lo sucedido.

-Sé que tu hermano y tú sois mayores de edad -comentó el médico, interrumpiendo sus pensamientos-, pero creo que no estaría de más que vuestros padres vinieran.

-Sí, les llamaré… -murmuró Tom mientras imaginaba la reacción de Simone cuando se enterara. Tuvo un escalofrío.

Se detuvieron frente a una puerta acristalada tras la cual Tom sólo podía ver los pies de una cama. El médico la empujó y pasó delante de él.

-Hola Bill. Te traigo una visita.

Tom dio un par de pasos y entró también en la habitación.

No era la primera vez que Tom veía a Bill en la cama de un hospital; sin embargo, no se esperaba encontrarse a su hermano tan desmejorado.

Bill estaba muy pálido, vestido únicamente con un camisón celeste, y tenía un pequeño tubito de oxígeno bajo la nariz, además de una aguja de suero clavada en el brazo izquierdo. Al menos su expresión al verle fue bastante positiva.

-Ey, hola -dijo el vocalista con una pequeña sonrisa. En su labio inferior destacaba una pequeña mancha de color rojo oscuro.

Tom, animado por la sonrisa de su hermano, pero sintiéndose de nuevo culpable al ver el corte, se acercó a él por el lado derecho de la cama.

-Hola… -musitó.

-Bueno, os dejo solos -dijo el médico-. Bill, vendré a verte dentro de un rato.

Bill asintió, y en cuanto el médico hubo abandonado la habitación, se dirigió nuevamente a su hermano.

-Tom, lamento mucho lo que ha pasado -se disculpó sinceramente-. No debería haberte pegado. Lo siento.

-Yo también lo siento -se apresuró Tom a decir-. Sobre todo siento lo que te dije. No lo pensé, sólo lo dije para molestarte.

Bill asintió; sabía que Tom se refería a lo de llamarle «maricón».

-¿Te duele…? -preguntó Tom.

-¿La cabeza o el labio? -Bill sonrió de nuevo, pero a Tom no le hizo gracia.

-Ambos -replicó seriamente.

-Si te digo la verdad, lo que me duele más en este momento es la mano -dijo el cantante a la vez que alzaba su mano derecha para que su hermano la viera. Tenía los nudillos levemente amoratados-. No sabía que tuvieras la cara tan dura… -añadió divertido.

Tom no rió la broma. Se hizo un breve silencio.

-¿Y a ti? -preguntó Bill-. ¿Te duele la nariz?

-Un poco… -reconoció Tom.

-Lo siento… -repitió el vocalista.

Tom negó levemente con la cabeza. Ya se habían disculpado el uno con el otro; era el momento de pasar a temas más serios.

-Bill, ¿qué pasó? ¿Por qué te desmayaste?

Bill se encogió levemente de hombros.

-¿Cómo quieres que lo sepa? No recuerdo nada a partir del momento en que te abalanzaste sobre mí.

De nuevo un breve silencio. Tom miró a un punto indefinido de la pared.

-¿Has venido solo? -preguntó Bill de pronto. Por lo que le habían contado, nadie había podido acompañarle en la ambulancia.

-No -respondió el guitarrista-. Gustav, Georg, Oliver y Silke también están aquí. Ah, y también ha venido David…

Al terminar la última frase, Tom miró de reojo a su hermano. Le vio bajar la mirada, pero no dijo una palabra.

-De hecho, debería volver un momento para contarles que estás bien. Aunque supongo que el concierto de mañana será cancelado -añadió el guitarrista.

Bill miró alarmado a su hermano.

-¿Qué? ¡No, no, no! ¿Pero qué dices? ¡No vamos a cancelar el concierto por una tontería así!

-¿Una tontería así? -repitió Tom, incrédulo-. ¡Bill, estás en un hospital!

-¡Pero ya estoy bien!

-¡Vale, pues eso se lo dices a los médicos! ¡A ver qué opinan sobre dejarte dar mañana un concierto! -sentenció Tom.

Bill hizo una mueca pero no replicó.

-Bien, pues voy a hablar con ellos. Ahora vuelvo.

Tom dio media vuelta y salió de la habitación.

Bill se acomodó en la cama y bufó contrariado por la situación. Aunque al menos había hecho las paces con Tom, o eso parecía… Alzó la mano derecha y se colocó un poco el pelo para que no le molestara. Al hacerlo un ramalazo de dolor procedente de su nuca le dejó sin respiración.

-Maldita sea… -suspiró.

Pensó en una de las últimas frases dichas por Tom antes de irse.

«Gustav, Georg, Oliver y Silke también están aquí. Ah, y también ha venido David…»

El muchacho frunció los labios. No había hablado con David desde que rompieron, o mejor dicho, desde que él le dejara. Y pensar que ahora le tenía en el mismo edificio, incluso en la misma planta… Necesitaba verle más que nunca, pero algo le decía que David no se pasaría a verle a la habitación. El productor le estaba evitando, eso estaba claro, pero Bill no entendía por qué.

Con lo bien que estaban hasta hacía apenas unos días…

«Yo nunca te he dicho que te quiero, Bill.»

Hizo una mueca al recordar tan dolorosa declaración. Aunque fuera cierta, Bill opinaba que David no tenía por qué haber sido tan brusco. Estaba seguro de que el productor se había dado cuenta de sus sentimientos, de que él sí que estaba enamorado, y aun así no había tenido ningún remordimiento en dejarle tirado sin apenas explicación.

Notó que los ojos se le empezaban a aguar y se los secó rápidamente con la mano izquierda.

Ya estaba cansado de llorar.

Efectivamente, el concierto del día siguiente y último de la gira fue suspendido. David no necesitó siquiera hablar con los médicos para tomar esa decisión. El concierto se aplazó hasta una nueva fecha que se decidiría conjuntamente entre la discográfica y la promotora de la gira.

Tras un par de horas en observación, Bill fue trasladado a una habitación privada. Aquella misma noche Simone y Gordon Trümper se presentaron en el hospital. En cuanto habían recibido la llamada de Tom contándoles lo sucedido, habían recogido lo imprescindible y partido hacia el aeropuerto.

Como ya eran demasiado en la habitación, Georg y Gustav se habían marchado en cuanto llegó la pareja. Además conocían bien a la madre de sus amigos… y habían preferido no estar presentes durante el reencuentro. Oliver y Silke también ya se habían ido de vuelta al hotel tras visitar a Bill y hablar de nuevo con los médicos. David también había hablado con ellos, pero en cambio no se había pasado por la habitación para ver a Bill, tal y como este se había temido.

En cuanto Simone comprobó por sí misma que su hijo menor estaba consciente y aparentemente bien, y tras enterarse de todos los detalles, la regañina no se hizo esperar.

-¡¿Cómo pudisteis llegar a las manos?! ¡¿En qué estabais pensando?! -les recriminó la mujer.

Bill se mordió el labio, cabizbajo. Le entristecía ver a su madre tan enfadada.

-No pensamos mucho… -murmuró Tom, también cabizbajo.

-¡Pues ya sois mayorcitos como para pensar antes de actuar como animales!

-Cariño, el médico ha dicho que no debíamos alterar a Bill… -terció Gordon, apoyando una mano en el hombro de su esposa.

Simone iba a replicar, pero al final no lo hizo. Gordon tenía razón. En esos momentos la salud de Bill era más importante que el hacerles entender a ambos chicos que lo que habían hecho estaba muy mal.

-Buenas noches…

Todos se giraron hacia la puerta. El médico de Bill acababa de entrar en la habitación.

-Buenas noches -saludaron Simon y Gordon.

-Traigo los resultados de la analítica. Lamento el retraso, pero hemos tenido algunos problemillas en el laboratorio.

Todos miraron hacia el portafolios que llevaba el hombre entre las manos.

-¿Y bien? -preguntó Gordon.

El médico les miró uno por uno, y terminó por dirigirse a Bill.

-Bill, quizás preferirías hablar de esto en privado.

Simone abrió mucho los ojos.

-¿Perdón?

-Bill es mayor de edad, por lo que…

-¡Ya sé que es mayor de edad! -exclamó Simone-. ¿Y por eso tengo que salir de la habitación para que le cuente lo que le pasa? ¡Soy su madre!

-Simone… -susurró Gordon, tratando nuevamente de calmarla.

Mientras tanto a Bill se le había encogido el corazón. ¿Por qué le había propuesto el médico hablar a solas de los resultados de la analítica?

Él no tomaba ningún tipo de drogas, así que era imposible que se tratara de eso. ¿Y si le habían encontrado alguna enfermedad? ¿Venérea quizás, y de ahí que el médico considerara que mejor que su madre no estuviera presente? No, él siempre había practicado sexo seguro…

-¿Bill? -insistió el médico.

-No… No hace falta. Pueden quedarse. Es más… lo prefiero.

Simone le cogió de la mano, agradecida, y miró significativamente al médico, pero este no se inmutó.

-Bien, vamos allá… -empezó. Bajó la vista al portafolios y pasó un par de hojas-. Bill, los análisis no muestran nada anormal. Tienes la tensión algo baja y una leve anemia, pero nada grave… El desmayo que sufriste podría deberse a una simple lipotimia.

A Bill le entraron ganas de saltar sobre el médico y estrangularle. ¿Por qué había tenido que acojonarle si no tenía nada?

Pero el médico, para su pesar, aún no había terminado de hablar.

-Sin embargo, tu bajo peso corporal, sumado a la presión que seguro debes padecer a causa de tu profesión, son factores añadidos que me preocupan, Bill… ya que entonces podría tratarse de anorexia…

Eso fue el colmo para el muchacho.

-¡Yo no soy anoréxico! -casi gritó. Otro ramalazo de dolor proveniente de su nuca le hizo gemir de dolor.

-Bill, cariño… -empezó Simone.

-Últimamente no come nada -saltó Tom de improviso, quien hasta ese momento había permanecido callado.

Bill le lanzó una mirada asesina, pero su hermano no se inmutó.

-¿Eso es cierto? -preguntó Simone, mirándoles a los dos de forma seria.

-Oh, por favor… Como si no tuviera suficiente ya con los rumores… -masculló el cantante, cruzándose de brazos sobre el pecho. Ahora se arrepentía de no haber hablado a solas con el médico.

-Pues no sería el primer rumor que resulta ser cierto… -susurró Tom.

El menor de los Kaulitz sintió que se le congelaba la sangre. ¿Cómo se le ocurría a Tom decir eso? Por suerte Simon y Gordon no parecían haber oído nada…

-No soy anoréxico -repitió más calmado-. Es cierto que en los últimos días no he comido mucho, pero no ha sido por capricho. Es que… no sé, no me entra nada. Me siento como si tuviera el estómago cerrado, siempre estoy nervioso, desanimado… Y al mismo tiempo me preocupa estar así o que alguien lo note y se preocupe a la vez por mí, lo que no hace sino ponerme más nervioso aún…

El labio inferior de Bill empezaba a temblar. No estaba acostumbrado a sincerarse así delante de tanta gente. Simone le acarició el pelo de forma cariñosa.

-Entonces podría ser estrés -sentenció el médico, quien había estado tomando algunas notas mientras Bill hablaba.

Tom, quien no había apartado los ojos de su hermano, sintió que un incómodo sentimiento de culpa le invadía. Él sabía que no era estrés, al menos no del todo. Era a causa de la ruptura con David. Y lo peor de todo, era que él sabía que Bill lo estaba pasando realmente mal y no le había ofrecido su ayuda, ni como hermano ni como amigo.

Pero decidió que, a partir de ese día, eso cambiaría.

-Bill, mi recomendación es que te tomes unas cuantas semanas de descanso. Tanto para relajarte y descansar, como por el traumatismo que sufriste, que, aunque leve, necesitará un seguimiento, aunque por supuesto podrás realizarlo en Alemania.

-Eso es imposible -replicó Bill-. El de mañana era el último concierto de la gira europea, pero el mes que viene tenemos otra gira en América.

-Olvídate de las giras -dijo Tom, y con un tono tan serio que no parecía él-; tú eres lo único que importa.

Bill se quedó mirando a su hermano gemelo, tan sorprendido por sus palabras que se le olvidó replicarle de nuevo al médico.

-Haremos una cosa… -comenzó Gordon, y todos le miraron-. De momento, y ya que el final de esta gira ya está suspendida, volveremos a Alemania, y una vez allí, que Bill visite a su médico personal. Y después decidiremos.

Simone asintió, de acuerdo con la proposición. Conocía a Gordon y sabía perfectamente que había dicho aquello para que Bill dejara de protestar, porque estaba claro que le harían acatar la orden de los médicos fuera cual fuera. Y Bill también asintió, creyendo que sería capaz de convencer a su médico de que podía realizar la gira americana sin problemas.

Continúa…

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