Hola!
Sobre el baile loco de Bill, me lo imaginaba haciendo algo similar a los videos de Sia, donde Maddie baila.
En caso que no conozcan a Sia, esos son los nombres de las canciones.
» Elastic Heart» y » Chandelier»
Y si gustan échenle un vistazo a los videos de Sia.
Y sin más.

Fic Twc / Toll escrito por Caroline
Capítulo 4
—Me acerque más a Bill. Y de pronto sentí el cuerpo del menor tensarse.
— Jack… — Pronuncio el hermoso pelinegro antes de salir corriendo. Y detrás de él un chico con un antifaz puesto.
— ¡Bill! ¡Escúchame!
— ¡No! ¡Traidor de mierda! ¡Aléjate de mí!
No supe que hacer, como reaccionar y mucho menos cuando escuche vidrios romperse y ver a Bill en el suelo y alrededor de este, muchas personas.
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— ¡Bill! — Grite, corriendo detrás de él. Todos me abrieron espacio y corrí hasta quedar frente al chico. Inconsciente, cubierto de sangre y pedazos de vidrio. Estaba sin palabras. El hombre de antifaz lloraba. Se llevaron a Bill. Y yo, obviamente detrás de Bill. Estaba muy preocupado por Bill. Pero mi mente no dejaba de pensar en ¿Quién es el del antifaz? ¿Por qué altero tanto a Bill? ¿Por qué el «traidor»? Tenía tantas preguntas…
&
Habían pasado ya 3 días de aquella vez. Y por fin Bill despertaba. Sin embargo Bill no me quería decir nada de ello. Esta vamos en la enfermería.
— Bill… ¿quien era el del antifaz?
— Tom… por favor no insistas.
— Por favor dime quien es…
— Tom…
— Bill…
— ¡Basta! ¡No voy a soportar tus idioteces! — Y sin más Bill salto de la camilla, con una mano enyesada, la cabeza, y el pecho vendado. Y nuevamente Bill estaba molesto.
— Uuuhh, alguien se molestó…
Levante la vista, encontrándome con una chica rubia de ojos azules.
— ¿Quién eres tú?
— Me llamo Chantelle Paige.
La observe detenidamente. Es una paciente…
— Yo Tom Trumper.
La chica sonrió. Observándome de pies a cabeza. Yo trate de ignorar ese hecho.
— Lo que pasa es que Bill está molesto con Jack.
— ¿Quién es Jack?
— El de cabello bicolor, que usaba antifaz.
— ¿Cómo lo sabes tú?
Ella volvió a sonreír, escondiéndome algo.
— Jack es hijo Gordon. Gordon es el padrastro de Bill. Un hombre muy rico y malo. Él fue quien interno a Bill aquí.
— Pero… ¿porque?
— Detestaba a Bill.
— Pero…
— Mira, sé que tienes muchas preguntas, pero yo no sé contestarlas y no debo. Quien debe hacerlo es Bill.
Se acercó más a mí y deposito un beso en mi mejilla.
— Suerte con ello. — Y sin más se fue. Dejándome confundido y sin saber qué hacer.
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— ¡Hey Bill! — Salude, provocando que se sobre-saltara.
— ¡Aah! — Se llevó la mano al pecho, justo donde estaba su corazón, suspiro e inhalo. — Madre mia…
— ¿Sucede algo Billy? ¿Sigues molestó conmigo? ¿Porque si quieres puedo irme por donde bine…?
— No, está bien, quédate.
Sonreí victorioso y me senté.
— ¿Porque Gordon te interno aquí?
Pregunte de sopetón, haciendo que Bill abriese los ojos como platos.
— ¿…eh…?
— Dime ¿Porque?
— ¿Cómo sabes?
— Eso no importa, dime.
Bill agacho la cabeza, pensando.
— Me odiaba, me quería fuera de su vista. Y cuando mamá murió… — Una lagrima callo sobre en el regazo de Bill. — Intento matarme. Pero Jack me protegido. Pero al final Gordon me envío aquí. A un manicomio.
— ¿Y porqué lo hizo?
— Yo era apenas un niño. Pero sabía perfectamente que me odiaba. Su mirada, su forma de ser, de dirigirse a mí. Siempre me vio como un bicho. Decía que parecía niña, que era muy débil y tonto. Mamá era heredera de la fortuna de los abuelos. También era joven y hermosa. Gordon era rico, 20 años mayor que mi madre. Con un hijo adolescente. Su nombre es Jack. El del antifaz. Me amo con locura. Él era lo único bueno que había en esa mansión. El único que se apiado de mí. Yo lo quería estaba seguro, pero no sabía de qué forma exactamente me amaba él. Muy diferente a mí. El ultimo día que estuvimos juntos, el prometió que nunca nada o nadie me aria daño y me beso. Al día siguiente me trajeron aquí.
Observé en silencio. Y finalmente pregunte.
— ¿Cómo murió tu mamá?
— Gordon pago para que la matasen.
Me quede sin palabras.
Bill sabía tanto. Pero no podía hacer nada. ¡Joder que habían matado a su madre!
— ¿Y porque la mato?
— Heredó la fortuna de mis abuelos. Ellos tenían una fábrica de chocolates suizos.
— ¿Tus abuelos son de Suiza?
Bill asintió.
— Además Gordon estaba interesado en otra mujer. Mi madre ya no era nada para él.
— ¿Y qué hay de Jack?
— Oh Jack…
— ¡Hola tipos ¿que me cuentan de nuevo?! — Grito Andrej, apareciendo por detrás. Provocando que me sobresaltara y casi impactará contra el suelo. Andrej, Andrej y Andrej. Nadie como ese australiano… O ¿australiana? Era muy similar a una mujer. Solamente su manzana de Adán, sus órganos sexuales masculinos, su voz fingida, su pecho plano y sus no curvas. Eso era todo. Me preguntaba porque de un momento a otro se había vuelto tan… femenino… O en otras palabras «se había volteado»
La primera vez que lo vi, no era así.
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A veces al salir del trabajo paso por la pequeña tienda del manicomio en donde venden trabajos hechos por los pacientes. Actualmente he comprado una bufanda y algunas flores de papel, echas por Bill.
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La locura es una huida que a veces conduce a un callejón sin salida; a veces huir del dolor conduce a un dolor más intenso aún.
Hay gente que no está en condiciones de soportar la realidad dolorosa y se interna por completo en una realidad ilusoria, se extravía en sus propios sueños, donde el filo cortante del dolor no sólo se ha desgastado, sino que ha desaparecido del todo; los lamentos se disuelven en el sueño, se pierden, se reducen a un solo punto; derivan en una plácida paz. Había gente así en El Nido, yacían en sus camas y una sonrisa burlona vibraba en sus labios. Como si acabaran de desprenderse de este mundo para cruzar las puertas del paraíso, o como si regresaran al vientre materno.
Gocé Smilevski.
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Una mañana, Bill y yo nos encontrábamos en el comedor. Bromeábamos, reíamos. Ajenos a lo demás. Y de repente, la cabeza de Pauline cayo, sobre la mesa. Como si estuviese dormida. Bill lloro durante semanas. Pauline había sido una gran amiga suya. Nunca supimos porque o de que murió.
Los últimos días de vida ella actúo de una forma más loca. A lo que me han contado Pauline solía pedirle al doctor Hudec que le dejase ir a su casa. A esto el Doc decía;
— ¿Que casa?
— Mi casa. — Respondía Pauline.
— Esta es tu casa.
— No. Mi casa es allá fuera, con mis hijos, mi hermana y mi sobrino.
El doctor guardaba silencio. Y a esto Pauline decía.
— Quiero irme a mi casa. Esta no es mi casa, quiero irme a mi casa.
El doctor Hudec asentía y le decía que iría a su casa. Ella se iba con una sonría pegada a su cara y días después volvía a decirle que quería irse a su casa. La escena se repetía, hasta al momento que la muerte de Pauline llegó.
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Durante semanas consolé a Bill. Se mostraba muy triste y desanimado. Cuando alguien muera en El Nido todos lo saben. Pasa de boca en boca. Aunque realmente no conocieran a esa persona se suponía que ya conocían la causa de su muerte. De boca en boca, cada, boca agregaba algo nuevo. Hasta que oí decir que Pauline había estado embarazada, se había suicidado o que tenía cáncer de colón. Bill había estado muy molestó con ganas de golpear a cualquiera que se le cruzara en frente. Hasta que un día le dije una frase que escuchaba a diaria decir mi madre cuándo era un crio. << Hay un loco no dos. >> En un principio solo se había molestado en parar sus dedos terceros de cada mano. Pero después comenzó a ignorar los comentarios, la gente lo ignoro a él y todos terminaron olvidando el chisme. A Pauline la enterraron en el panteón del hospital.
&
Entre temprano al trabajo, sonreí al ver a Bill hacer otra vez su danza rara. Y al igual que la otra vez me ignoro y siguió bailando. Cuando termino dije.
— Buenos días, poseído.
— ¡Te eh dicho que no soy un poseído!
— Pues tu bailecito ese dice otra cosa.
— Cállate trenzas.
— Nah, cállate paliducho.
Bill abrió los ojos como platos, sorprendido y con claras ganas de golpearme.
— ¡Si vuelves a llamarme Paliducho prometo tomar un palo y…!
— ¡Hey paliducho ábreme ya! — Dijo Karla tocando la puerta. Y al juzgar por otra voz, Ricky también estaba afuera.
Solté una risita y Bill corrió a abrir.
&
Ese mismo día, Bill y yo paseábamos por «El jardín Japonés.» era más noche, pero estábamos solos, pronto me iría y Bill se iría a su habitación, pero aprovechábamos el momento. Todo era tranquilo.
— Oye Bill…
— ¿Si Tommy? — Pregunto ahora sentándose a mi lado, recargándose en mí, ambos sobre el césped.
— Recuerdas cuando el Doctor Lubitz nos vio en la habitación de disfraces?
— Sipi. — Asintió haciendo un puchero, típico de él. Siempre diciendo, «Sipi», «Sip», «Nop» o «Nopi.» en vez de «No.» y «Si.»
— Te le dijiste que tengo 26.
— ¿Y?
— No los tengo. Soy mucho menor.
— Bueno. Tu estas en los veinte. Así que me hacer que.
— … Olvidado…
— Ok.
Me hacer que mas a Bill, y pase mi brazo por su espalda, ahora abrazándolo. El sonrío y me miro a los ojos, con su linda sonrisa y sus ojos brillantes, ahora sus lindos ojos avellana lucían más claros, feliz, lo sabía, cuando estaba molesto, sus ojos se volvía de un tono más oscuro, y esta vez había estado molesto por los rumores de la muerte de Pauline. Y esta vez… Estaba feliz.
Para cuando me di cuenta, su rostro está muy cercas del mío. A casi nada de juntar nuestros labios.
— Tommy… — Dijo Bill con una voz suave, bajita y relajada.
— ¿Si?
— Tu…
— Dime Bill.
— ¿Arias algo por mí? — Ahora su rostro estaba tan cercas del mío. Tanto…
— Claro.
— Si algún día salgo de aquí. Del manicomio tu…
Espere a que lo dijera.
— ¿Podrías llevarme a las montañas y… Comprarme leche de burra?
¿…que? ¿Que tenía que ver la leche de burra en esto? ¡Bill! ¡Arruinaste el momento! ¡Casi te beso! ¡Malaita leche de burra!
& Continuará &