En el manicomio 6

Fic Twc / Toll escrito por Caroline

Capítulo 6

¿En serio? ¿Por qué a mi? ¡Joder, que acabo de volver del baño! ¡Biiiilll!

Como imaginaran el Sr Billy está haciendo una tontería suicida. El junto con Andrej, Karla, Ricky  otros chicos están rodando desde un desnivel de algunos 3 metros, nada grave. El piso es de césped, muy bien cuidado y sin piedras ni plantas, nada que pueda dañar a esos locos.

Suspire y me senté en una banca, simplemente observando. No había nada que hacer. Los demás enfermeros charlaban entre sí, observando de vez en cuando a los pacientes.

— Hola. — Sentí una mano posarse en  mi hombro derecho y alguien sentarse a mi lado. De inmediato volteé, encontrándome con la hermosa y sexy Chantelle. — ¿Qué haces?

— Nada. ¿Y tú?

— Oh, nada. Solo observó a un sexy chico de trenzas. ¿Qué más podría hacer?

Trate de no mostrarme sorprendido. ¿Chantel me la está tirando a mí?  Oh, no esto no. ¡Por favor!

— Ah.

— Dime Tommy. ¿Bill y tú tienen algo?

— ¿Algo…? ¿Cómo, qué? Explícate.

— Pues te veo a ti, y a él muy… No sé… Se echan un juego de miradas. Se miran de una forma, que…

— ¿Que?

Ella se acercó peligrosamente más cercas de mí. Madre mía… ¡Chantelle aléjate!

— Nada…

— Chantel… — Llevé la mirada hacia Bill, dándome cuenta que… Nos observa. Pero con los ojos entre serados y la nariz arrugada. Hay Billy…

— ¿Si Tommy? — La chica sonrió. Yo llevé la mirada al piso. Ella se levantó y antes de irse me dio un beso en la mejilla.

&

Como una mierda. Así es como me siento. Una completa mierda. A pasado cercas de una semana y Bill no me dirige ni la mirada. Está molesto, mucho. Es un orgulloso, si demasiado. Es muy celoso. Ahora me doy cuenta. Chantelle se ha vuelvo a acercarse a mí. Pero siempre busco excusas para salir huyendo.  Pero aun así, no es suficiente, no lo es.  Bill sigue sin prestarme atención y muero, muero lentamente. ¡BILL! ¡BILL! Dentro de mí no dejo de gritar su nombre. Estoy muriendo. Muero lenta y dolorosa (muy dolorosa) mente  ¡BILL HÁBLAME!

&

— Hola hijo. — Saludo aquel hombre que me había otorgado la vida y me había criado. Aquel mismo que había matado a Simone y había metido a Bill en la casa de los locos. Me siento mal, culpable. Le jure a Bill que lo protegería y al día siguiente terminó en un manicomio. Soy un tonto, un débil y un inmaduro.

Gordon está nadando en dinero, con todo a la palma de la mano. Cada vez queriendo más y más. Nunca cambiará.

Cambio a Simone, aquella hermosa mujer con una belleza única, con una sonrisa sincera, unos ojos hermosísimos, joven, lista y graciosa. La cambio por una fea modelo plástica, que podría ser mi hermana. Una modelo con un cerebro de bellota y un corazón podrido.  Ambiciosa, egoísta e hipócrita.

— Hola padre. ¿Cómo estuvo tu viaje?

— Magnífico. ¿Cómo has estado?

— Bien.

— Escuche por ahí que hubo una fiesta en El Nido y tú asististe.

Aun así, con este dolorcito en mi pecho dije un «Sí.»

— ¿Y cómo está el loco?

— Se llama Bill.

— Aja. ¿Como esta? ¿Ya le pusieron camisa de fuerza?

— No.

— ¿Sigue vivo?

— …si. — Esta charla comienza a irritarme.

— ¿Y cuántos años tiene el mocoso?

— Se llama Bill. Y tiene 16.

— 16…

— ¿Cómo es que no recuerdas cuantos años tiene? 

— No me importa. Y si quieres que siga viviendo no vuelvas a hablar con él ¿Entendido?

— ¿Porqué?

— Solo obedece.

— No.

El me observó con ceja alzada. — ¿No?

— No. — Dije firmemente y me pare. Él también lo hizo. Pero.

Gordon cayó al suelo.

Sin tener que hacer algo.

Ese fue el primer indicio. El primero de tantos. Solo para saber que mi padre está enfermo.

&

— ¿Hey Bill que me cuentas?

Bill me observó con ceja alzada, y no me dijo nada. Decidí entonces que insistiré en que me hable. No se lo voy a dejar fácil.

— ¿Veronika decide morir por Paulo Coelho? — Pregunté. Bill no levantó la vista del libro y mucho menos dijo nada.

 .

Siempre que estaba con Bill había tención en el aire, tanto, casi como si fuese posible cortarla con una simple tijera. Un aire de rencor. Yo tenía que estar a su lado por trabajo. El, porque sin mí no podía ir a ningún lado. Y mucho menos desde la vez que lo encontré en su habitación rasguñándose las manos. No podía seguir haciéndose daño a sí mismo o terminaría con una camisa de fuerza.

&

Muchos de aquellos que habían sido  internados a la fuerza en El Nido querían que los dejasen salir. Algunos lo pedía en voz baja, juntando las manos o arrodillándose delante de los médicos, otros lo pedían a gritos, y había también quienes proferían amenazas. <<Os mandaré a todos al infierno>>, gritaban aquellos que se creían dioses, unos dioses caídos en la Tierra de forma provisional; aquellos que se consideraba grandes jefes militares apresados por sus adversarios amenazaban con que, si no los soltaban por las buenas, al recuperar el poder, se vengarían; otros amenazaban con algo más sencillo: retorcerles el cuello a los médicos o clavarles un cuchillo.

 Algunos trataban de engañar a los demás y de engañarse a sí mismos, diciendo: <<Estamos aquí de paso, nos quedamos en este hotel solo por hoy, pero mañana…>>, y señalaban hacia alguna dirección con las manos.

Particularmente insistentes eran las solicitudes a la hora de las manualidades, cuando los médicos trabajaban junto a nosotros, tejiendo, tricotando o elaborando objetos de madera. En eso momentos, en el taller, al unísono, levantaban las voces aquellos que querían salir de El Nido: entre las paredes resonaba entonces una verdadera sinfonía para voces humanas, llenas de suplicas, quejas, promesas. Decenas de voces conformaban esa pieza musical, en la que se entretejían diferentes ritmos, tonalidades, velocidades, y entre las palabras claramente identificables se escuchaban también murmullos y gritos confusos, extraños sonidos como el castañeteó de dientes, zumbidos de labios, la repetición de cierta voz, la reproducción de sonidos que sólo se podrían oír entre algún sueño, en alguna pesadilla. Más allá de las palabras, se podían adivinar los destinos de aquellos que hablaban, gemían, zumbaban, castañeteaban, murmuraban y gritaban.

Goce Smilevski.

&

Eran cercas de las 6 p.m. cuando caminaba por los pasillos. Hacia el baño. Cuando me detuve en seco al escuchar un par de voces discutir.

— ¡Aléjate de Tom!

— ¡No!

— ¡No te quiero cercas de él Chantel, eres una barata! ¡Tanga fácil!

— ¡Mira Billy! !Mejor le bajas a tus humos! ¡Tom ha querido hablar contigo y tú lo ignoras! ¡No lo mereces!

— ¡Cállate! ¡Y deja de meterte en esto!

¿Ambos se peleaban por mí?

&

Al día siguiente fui a hablar con Chantelle. Esta me explico que había sucedido la tarde de ayer.

Días después Bill se disculpó. Y por supuesto que lo perdone.

— Eres una tanga fácil. — Dijo Bill con una sonrisa.

— ¿Eh? No, claro que nop.

— Sip. Tanga fácil, tanga fácil y tanga fácil. Me perdonas a la primera.

— ¿Entonces quieres que sea una tanga difícil y siga molesto contigo? Porque si eso quieres… Bien, lo are.

— ¿Eh? — Bill abrió los ojos como platos, sorprendido. — !NOP! ¡Claro que nop!

— ¿Entonces quieres que sea una tanga fácil?

— Eh… Si… Supongo…

— Entonces cállate.

— Nah, no importa.

— Cierto, aun así… Sigo loco por ti.

— ¿Loco? ¿De qué forma?

— De la forma que todos siempre están, cuando están locos de amor.

— Oh, Tommy… Todas las personas normales son normales a su manera, así como todos los locos son locos a su manera.

&   Continuará   &

por Caroline

Escritora del Fandom

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

error: Content is protected !!