Fic TWC de lyra
Capítulo 3. Una noche para el amor
Ese era el mayor deseo de Gustav, pasar toda la noche con Bill entre sus brazos dormido, abrazarle fuertemente y apoyar la frente en su pelo.
Pero en su mente eso ocurría después de una apasionante noche de amor. En cambio en esos momentos estaban así porque Bill necesitaba consuelo, y él se lo ofrecía de la mejor manera posible.
Esa iba a ser su gran noche, la primera vez que iban a hacer el amor, pero el idiota de Tom se la había estropeado dos veces. Primero al pelearse con el periodista, y luego al hacerle daño a Bill cuando le abrió el corazón y le contó uno de sus mayores secretos.
“Será estúpido”—pensó besando a Bill en la frente.
Por fin consiguió que dejara de llorar y se quedara dormido sobre su pecho. Le tapó como pudo con la colcha de la cama y ya llevaban así casi dos horas, pero él no había conseguido cerrar los ojos.
Estaba muy nervioso por Bill, porque al día siguiente aparecería la pelea en los periódicos y David había organizado una rueda de prensa para que Tom se disculpase o hiciera otra estupidez, quien sabía lo que pasaba por su estúpida cabeza.
¿Qué excusa iba a dar? ¿Qué se peleó porque le daba rabia que los rumores fueran ciertos?
Suspiró tratando de calmarse. Solo rezaba que para cuando se enterase de que él estaba con Bill el puñetazo no doliera tanto.
—¿Suspiras?—murmuró Bill contra su cuello.
—Por ti, mi amor—susurró Gustav besándole en la nariz.
Pero Bill no se conformó con un breve beso, levantó la cara y separó los labios. No hizo falta que dijera algo, los labios de Gustav se acercaron a los suyos y le besaron tiernamente.
Un gemido escapó de sus labios y levantó una mano para atraerle por el cuello. En esos momentos necesitaba todo su amor y que hiciera desaparecer de su cuerpo ese sentimiento que su hermano dejó en el: vergüenza.
Gustav entendió su súplica silenciosa y empezó a entrar en su boca muy despacio. Se frotó contra su lengua jugando con ella, consiguiendo arrancarle una sonrisa de placer.
Esa era la señal que necesitaba para aumentar la pasión. Le abrazó con más fuerza, le hizo girar en sus brazos y se tumbó encima de él. Continuó besándole mientras empezaba a bajar una mano, rozándole el borde de la camiseta y metiéndola bajo ella. Le acarició con suavidad el vientre haciéndole jadear contra su boca.
Entonces fue él quien sonrió y llevó más abajo la mano. La metió por sus pantalones hasta llegar a su objetivo. Le rozó la entrepierna por encima de la fina tela de sus bóxers, y sus jadeos se volvieron más violentos.
Notó como se aferró a su cuello y levantaba la cadera, frotándose contra su cuerpo. Sólo le estaba acariciando sobre la ropa interior, pero su respuesta era más de lo que él se esperaba.
Siguió con sus caricias, movió la mano y la metió por su bóxer acariciando su miembro con la punta de los dedos. Entonces fue un resoplido el que estalló en su boca.
Las manos de Bill dejaron su cuello y se volvieron locas por su espalda. Tiraron desesperadas de su camiseta, la levantó y hasta casi le arañó.
—¡Esas uñas!—protestó Gustav entre risas contra sus labios.
—Lo siento—susurró Bill sonriendo.
Relajó las manos y trató de no dañarle. Las bajó hasta su cintura, rozándole los costados y sintiendo su cuerpo en tensión. Sonrió al descubrir un lugar en donde tenía muchas cosquillas, y le pasó con suavidad las uñas para hacerle reír más en su boca.
—Para, que me desconcentras—suplicó Gustav acomodándose encima de él.
—Si me lo pides así, lo haré—dijo Bill riendo más alto.
El sonido de su risa excitó más a Gustav. Se apodera de nuevo de sus labios, con más pasión esa vez y movió más la mano sobre su miembro. Bajó la otra y le desabrochó los pantalones con esfuerzo.
Bill bajó también su mano y la mete por los pantalones de Gustav también desabrochándolos. Empezó a acariciarle con torpeza, era la primera vez que lo hacía y se sentía perdido.
—Más suave—explicó Gustav en voz baja—Mueve la mano un poco más abajo…ahí, justo ahí…
Bill obedecía avergonzado, más todavía cuando Gustav bajó una mano y la puso sobre la suya para guiarle. Quería retirar la suya, pero se la cogió con más fuerza y sin dejar de mirarle a los ojos le obligó a tomar su miembro entre su mano, a acariciárselo con suavidad y a rozarle la punta con los dedos.
Bill cerró los ojos avergonzado, pero un beso en su mejilla le hizo volver a abrirlos.
—Que nadie te haga sentirse avergonzado. Así es el amor—dijo Gustav rozando su miembro con suavidad.
—Creo que ya estoy listo—susurró Bill entre jadeos.
—¿Estás seguro de querer hacerlo?—interrogó Gustav—Sabes que no me importa esperar.
—Tú lo has dicho. Esto es amor, y quiero sentirlo en mi interior—susurró Bill de nuevo acariciando también su miembro.
Gustav sonrió y tras besarle brevemente en los labios sacó sus manos mientras se ponía de rodillas entre sus piernas. Se sacó la camiseta sin dejar de mirarle, dejando a la vista su musculoso pecho.
Bill le imitó y se quitó la suya. Se quedaron mirándose y se echaron a reír por los nervios.
Gustav se bajó de la cama lo necesario para desnudarse del todo. Bill hizo lo propio tumbado en la cama.
Terminó de desabrocharse los pantalones y antes de que se los empezase a bajar Gustav ya estaba tirando de ellos, arrastrando la ropa interior de paso, dejando al aire una erección que pedía compañía a gritos. Se tumbó encima de él y se la roza con los labios por el camino.
—Date la vuelta—pidió en un susurro tocándole el hombro.
Bill se tumbó de lado y puso las manos bajo sus mejillas, preparándose para las sensaciones que iba a sentir en unos minutos.
Cerró los ojos cuando sintió que sus nalgas eran separadas, como entraba un dedo humedecido en su interior y como un beso era dejado en su cuello.
—Así no te dolerá tanto—explicó Gustav sin dejar de besar su piel.
Se sentía raro teniendo que explicarle cada paso que daba. Preferiría hacerlo sin hablar, pero sabía que era la primera vez de Bill y no quería que se pusiera nervioso o se asustase.
Bill gemía cada vez más alto. Sentía como su cuerpo se abría cada vez más, cada vez que otro dedo entraba en él acompañando a los primeros.
—Esto ya está—susurró Gustav retirando los dedos.
Se lamió la mano y pasó por su erección, que empezó a acercar rozando su entrada pero Bill puso una mano en su cadera haciendo que se detuviera.
—¿No te sientes preparado?—preguntó Gustav frotándose contra su entrada.
—Sí….—susurró Bill tras soltar el aire que tenía contenido en sus pulmones.
—¿Entonces?—insistió Gustav sonriendo ante su respuesta.
—¿No vas a usar nada?—preguntó Bill en voz baja.
Gustav maldijo por lo bajo por no haberlo pensado. Se alejó unos segundos de su lado y abrió el primer cajón de la mesilla.
—¿Estás enojado?—preguntó de nuevo Bill sin girarse.
Sabía lo que se estaba poniendo y le daba vergüenza mirar como lo hacía. Escuchó el ruido del envoltorio al rasgarse y un chasquido cuando lo estiró y desenrolló por su miembro.
—Para nada. Debía haberlo pensado antes, pero con las prisas se me olvidó—explicó Gustav acostándose otra vez a su lado— ¿Listo?
Bill cerró los ojos y asintió con la cabeza. Apretó las manos en dos puños al sentirle rozarse contra él de nuevo. Contuvo la respiración cuando le sintió entrar en su interior poco a poco, muy despacio.
—Si te hago daño dímelo y me paro—dijo Gustav acariciando sus caderas con las manos.
—Sigue—consiguió decir Bill entre jadeos.
Gustav le obedeció y continuó entrando en su interior. Le alzó un poco más las caderas apoyándose en su espalda, llenándosela de besos para intentar que se relajase y no estuviera tan pendiente de si le podía hacer daño o no, que disfrutase de ese gran momento.
Entró del todo en él y se quedó quieto unos segundos.
—¿Qué tal?—preguntó con una sonrisa.
—Mmmm…—contestó Bill sin poder decir más.
Gustav rio en voz alta y empezó a salirse un poco de él haciéndole soltar un gran gemido de placer. Le embistió suavemente arrancando más gemidos de sus labios. Aceleró el ritmo haciendo que se transformasen en gritos.
Soltó una mano de su cadera y tomó su miembro. Lo cogió entre los dedos y acarició de arriba a abajo al ritmo de sus embestidas que cada vez eran más veloces.
El orgasmo les llegó a la vez y se derramó dentro de Bill haciendo que él lo hiciera entre sus dedos.
Bill gritaba y gemía a la vez, ya no sabía ni lo que tenía que hacer. Su cuerpo era recorrido por oleadas de placer que le nublaban la mente. Quería gritar su nombre, pero sus labios eran incapaces de articular cualquier palabra. Solo se quedó con ellos entre abiertos dejando escapar su aliento, intentando respirar el aire que parecía que no querer llegar a sus pulmones.
Gustav salió de él y le giró para verle la cara, sonriendo ante su expresión.
—Cierra esa hermosa boca—dijo besándosela suavemente.
Bill consiguió sonreír cuando pudo al fin recuperar la respiración. Se echó encima de él y le llenó la cara de besos.
—Gracias, gracias—decía tras cada beso.
Gustav le abrazó con fuerza para que no parase.
—Sabía que te iba a encantar—dijo entre risas.
Bill detuvo su loca carrera de besos. Se le quedó mirando desde arriba apoyando las manos en su pecho.
—Gracias por hacerme olvidar—susurró, de todo corazón.
—De nada, ya sabes que siempre estaré a tu lado—dijo Gustav con firmeza.
Bill sonrió y apoyó la cabeza en su pecho cerrando los ojos. Se encontraba muy satisfecho, se había sentido lleno cuando creía que iba a estar vacío el resto de su vida.
“Siempre estaré a su lado”
Esas palabras flotaban por su cabeza, haciéndole recordar que por mucho que Tom quisiera renegar de él, había una persona que no le dejaría llorar en soledad, que le daría todo su amor porque le amaba con todo su corazón.
Continuará…