Fic TWC de lyra
Capítulo 4. Traiciones
Gustav sonrió cuando el agua fría le mojó el cuerpo. Necesitaba estar despejado para afrontar el duro día que se les venía encima, para estar a su lado y cogerle la mano.
Sabía lo duro que iba a ser para él, ver a Tom tras su confesión, sentir la vergüenza asomar a sus ojos cada vez que le mirase.
¿Y si le miraba a él? ¿Vería como se asomaba a sus ojos el odio? ¿La traición?
Acostarse con su hermano a unos metros de él. Si se llegara a enterar su cara lo iba a lamentar, y se lo tendría bien merecido por no hablar con él primero antes de acercarse tan íntimamente a Bill.
Cerró el grifo y se envolvió en una toalla. Salió del baño y una gran sonrisa se apoderó de sus labios. Todavía continuaba dormido en su cama, encogido en una esquina y con la sábana medio resbalada de su cuerpo. Le está dando la espalda dejando al descubierto gran parte de sus nalgas.
“No me tientes”—pensó caminando hacia la cama.
Cogió la sábana y le cubrió mejor viendo como se revolvía en sueños, suspiraba y seguía durmiendo como si nada. Decidió alejarse de él antes de que se tumbase a su lado y le despertara llenándole el cuerpo de húmedos besos. Sabía que necesitaba descansar después de esa noche llena de tantas emociones, unas no tan buenas como las otras.
Su amor por él. El desprecio de su hermano.
Comenzó a vestirse sin dejar de mirar como dormía, como suspiraba en sueños y sonreía también en ellos. Terminó de vestirse y miró la hora. Como no le despertase no le daría tiempo a arreglarse, y conociéndole muy bien Sabía que querría estar impecable para enfrentarse a la prensa.
Rodeó la cama y se arrodilló en el suelo rozándole la cara con una mano. Vio que sólo sonreía, que sus ojos seguían fuertemente cerrados. Suspiró y poniéndole un mechón tras la oreja se acercó a sus labios y se los besó con suavidad. Le acarició los labios con la lengua hasta que los separó y le dejó entrar en él.
Una mano le aferró el cuello y tiró de él impaciente, pero Gustav no podía entretenerse en ese momento. Dio el beso por termino y se separó de su cara cogiéndole una mano. Le besó la palma y sonrió al ver que abría al fin los ojos.
—¿Por qué has dejado de besarme?—preguntó Bill frotándose los ojos.
—Tienes que levantarte y vestirte, ¿o es que vas a ir desnudo a la rueda de prensa?—preguntó Gustav levantando la sábana con una mano.
—Se me había olvidado—murmuró Bill bostezando.
—Siento habértelo recordado—susurró Gustav suspirando.
—No importa—dijo Bill sonriendo—Nada es culpa tuya.
Se sentó en la cama y miró la habitación como si buscara algo.
—¿Y mi ropa?—preguntó avergonzado.
Gustav rio y sacó su pantalones de debajo de la cama. Se levantó y tras localizar su bóxer colgando de una silla se los lanzó.
Bill los cogió y se los puso bajo la sábana. Se levantó de la cama y se puso los pantalones mientras buscaba su camiseta sin lograr encontrarla.
—Tiene que estar por aquí—murmuró desesperado deshaciendo la cama.
—Tranquilo, que te presto una mía—dijo Gustav abriendo un cajón.
Le entregó la primera que vio y Bill se la puso no muy convencido.
—Si me ve alguien con ella sabrá que no es mía—murmuró, omitiendo lo que de verdad quería decir.
“Si Tom me ve con ella…lo sabrá de inmediato”
—Seguro que nadie se entera, tienes mucha ropa—dijo Gustav como consuelo.
Sonrió al verle con su ropa puesta. Le estaba un poco ancha pero le sentaba muy bien. Decidió regalársela, nunca le pedirá que se la devolviera.
Abrió la puerta de la habitación y tras comprobar que no había nadie en el pasillo se giró y le besó en lo labios.
—Hasta luego—le despidió sonriendo.
Bill sonrió también y salió al pasillo. Comenzó a caminar con rapidez, quería llegar a su habitación y respirar tranquilo dentro de ella. Se sentía como si llevara la palabra “sexo” escrita en la mente.
Giró en la esquina del pasillo y la respiración se le cortó al chocarse con una persona.
—Perdón—murmuró sin levantar la mirada.
—¡Bill!—escuchó la voz de Tom, que le cogió del brazo.
Le hizo girar y le miró la cara que todavía mantenía agachada.
—Mírame, por favor—pidió Tom apretándole suavemente el brazo.
Bill suspiró y levantó la mirada tal y como le pedía Tom.
— ¿Qué quieres?—preguntó enojado.
—Pedirte disculpas—contestó Tom para su asombro—Ayer me pillaste desprevenido y no supe como reaccionar.
—¿Y hoy ya lo sabes?—inquirió Bill alzando una ceja.
Tom le soltó el brazo y se alejó de su lado.
—Veo que estás enfadado. Lo entiendo—dijo sin enfado alguno.
—Así es—murmuró Bill continuando su camino.
Deseaba no haberse encontrado con él por el camino, era la última persona que esperaba ver después de haber hecho el amor.
Corrió y entró en su habitación soltando un gran suspiro al cerrar la puerta. Entró en el baño mientras se desnudaba por el camino. La rueda de prensa era dentro de 2 horas y tenía que arreglarse.
Se quitó la camiseta y la dobló con cuidado. Sonrió al verla, le traía muchos recuerdos de Gustav, y tenía su olor prendido en ella. Decidió quedársela para tener algo suyo para siempre, hasta podría dormir con ella las noches que estuvieran separados.
Salió de la ducha secándose el pelo con una toalla y con otra en la cintura. Estaba cansado después de esa noche tan movida, después de tantas emociones vividas.
Las buenas y las malas.
Se sentó en la cama para terminar de secarse cuando sintió una punzada de dolor.
“Gustav no me avisó de que hoy me podía doler un poco”—pensó acomodándose mejor.
Siguió secándose el pelo mientras recordaba lo mucho que disfrutó la noche anterior, hasta soltó una carcajada al pensar en lo torpe que se había sentido por ser su primera vez.
“Seguro que Gustav se ha reído mucho de mí”—pensó sonriendo más.
Se vistió con rapidez y se arregló el pelo con esmero. Tenía que dar una buena imagen ese día, aparentar que estaba muy disgustado por la pelea y preparase para la pregunta de todos los días.
¿Chicos o chicas?
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Bajó a desayunar y se encontró con Gustav en el comedor del hotel. Georg estaba sentado a su lado devorando su desayuno ante la atenta mirada de su amado.
—¿No puedes simplemente comer en vez de engullir?—preguntó Gustav arrugando la frente.
—¿Qué pasa? ¡Tengo hambre!—contestó Georg con la boca llena.
Bill soltó una carcajada y Gustav levantó la mirada al oírle. Si no estuvieran rodeados de gente se levantaría y besaría esos labios por los que salió tanta felicidad.
—Buenos días—saludó Bill sonriendo.
Georg solo gruñó como saludo y siguió comiendo mientras miraba muy entretenido una revista que tenía abierta a su lado.
Bill se preparó un café y se sentó enfrente de Gustav, pero no pudo evitar que un gemido de dolor se le escapase de los labios.
Georg no lo escuchó porque hacía mucho ruido al masticar su desayuno como para enterarse, pero Gustav le había oído claramente, y además había visto su expresión de dolor. Haciendo como que le pasaba una servilleta le cogió un momento la mano y se la acarició.
—No es nada—murmuró Bill a su silenciosa pregunta.
Esbozó una sonrisa con esfuerzo y empezó a desayunar quitándole importancia a su malestar.
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Llevaban media hora desayunando cuando Bill por fin se dio cuenta de que no estaba su hermano.
—¿Y Tom?—preguntó de repente.
Gustav se encogió de hombros y Georg tragó con esfuerzo antes de hablar.
—Bajó antes que vosotros, dijo que le dolía el labio y que no podía comer nada por los nervios—explicó sin aliento.
—¿Tom nervioso?—comentó Gustav sin poderlo evitar.
Una mirada de Bill le hizo callar. Le suplicaba que no hablase más del tema, que no insistiera.
—Creo que será mejor que vaya a ver que tal está—le dijo a Gustav.
—¿Quieres que te acompañe?—se ofreció el batería.
Bill negó con la cabeza mientras se levantaba. Salió del comedor y recorriendo el hall del hotel entró en el ascensor. Se miró en el espejo esperando impaciente a que subiera. Estaba fijándose en su cara, intentaba encontrar algo que indicase que la otra noche se lo pasó muy bien.
Eso esa lo malo de tener un hermano gemelo, se conocían tan bien que bastaba un simple detalle para saber que el otro se encontraba mal, o demasiado bien.
El ascensor llegó a su destino y salió de el sin mucha ganas. Llegó a la habitación de su hermano y llamó a la puerta. Al cabo de unos minutos Tom la abrió y se sorprendió de verle plantado ante ella.
—¿Puedo pasar?—preguntó Bill sin mirarle.
Tom abrió más la puerta y le invitó a entrar haciendo un gesto amplio con la mano. Bill entró con paso firme y Tom cerró tras él observándole con detenimiento. Sabía que había algo raro en él, aunque todavía no sabía el que.
—Venía a ver que tal te encontrabas—explicó Bill dándole la espalda.
—Me duele un poco el labio, pero ya me he tomado un analgésico—explicó Tom a su vez.
Caminó hacia él y se quedó a su lado, pero sin tocarle.
—¿Qué nos ha pasado?—preguntó Tom de repente.
Bill se encogió de hombros sin saber que contestarle.
—Antes nos lo contábamos todo—dijo Tom suspirando—Nos llevábamos tan bien…
Dejó la frase sin terminar, esperando a que dijera algo, pero Bill se volvió a encoger de hombros como única respuesta.
—Vamos Bill, lo estoy intentando ¿vale?—dijo Tom procurando no irritarse—Quiero hacer las paces contigo, demostrarte que te apoyo en tu decisión, y que siento mucho mi reacción de ayer.
Bill se le quedó mirando y sonrió con esfuerzo. Sabía que le está costando mucho pedirle perdón, que se estaba esforzando.
—Acepto tus disculpas—dijo tras unos segundos.
Tom sonrió y le dio un golpe amistoso en el hombro, golpe que Bill le devolvió sin perder la sonrisa. Rieron en voz alta y dejando atrás la pelea se fundieron en un abrazo.
—Te echaba mucho de menos—dijo Tom abrazando más fuerte a su hermano.
—Yo también. No me gusta que estemos peleados—murmuró Bill suspirando.
Se separaron y Tom caminó hacia la cama en donde se tumbó resoplando. Bill se le acercó y se sentó a su lado preocupado.
—¿Te duele mucho?—preguntó en voz baja.
Tom asintió cerrando los ojos.
—Tal vez deberías quedarte en la habitación descansando—dijo Bill sintiendo mucho su estado—No hace falta que vayas a la rueda de prensa.
—Tengo que hacerlo—murmuró Tom con firmeza— Ha sido todo por mi culpa y a saber lo que dice David si no voy.
—Yo te defenderé, déjame hacerlo por una vez—suplicó Bill cogiéndole una mano.
Tom abrió los ojos y le miró sonriendo.
—Ya lo harás otro día—murmuró sonriendo con esfuerzo.
Tiró con suavidad de él y le hizo echarse a su lado. El repentino tirón hizo que Bill soltase un gemido de dolor, pero no por lo que Tom pensaba.
—¿Te hice daño en el brazo?—preguntó Tom frotándoselo.
Bill sonrió y negó con la cabeza. Se recostó mejor y se apoyó en el hombro de Tom sin decir nada. ¿Cómo iba a explicarle que le dolía todo el cuerpo tras su primera noche de amor?
Cerró los ojos y se concentró en lo bien que se sentía por estar echado a su lado, por haber hecho las paces y que todo volviera a ser igual que antes.
Tom pasó un brazo por encima de él para que se acomodase mejor y le abrazó contra su cuerpo.
—¿Estás bien?—preguntó Tom, sintiendo algo raro en él.
—Solo un poco nervioso—contestó Bill en voz baja.
—No te preocupes, yo arreglaré las cosas—dijo Tom con firmeza—Soy tu hermano mayor, sabes que siempre voy a cuidar de ti.
—Lo sé, pero tú ya sabes…
—Que tienes a alguien que te cuida mejor que yo, lo recuerdo—terminó Tom por él la frase.
Bill se levantó apoyándose en el codo. Le miró con la preocupación en la cara reflejada.
—Los dos me cuidáis muy bien—aseguró—No quiero que te apartes solo porque hay alguien a mi lado.
—No lo haré—prometió Tom acercándose más a él.
Le abrazó por la cintura y cerrando los ojos descansó la cabeza contra su pecho. Bill le acarició la cabeza y le permitió recostarse sobre él.
Estuvieron unos minutos en silencio hasta que la voz de Tom lo interrumpió con una pregunta que llevaba toda la mañana tratando de hacer.
—¿Eres feliz con él?—susurró.
—Mucho—afirmó Bill sin pensárselo.
Tom levantó la cara para mirarle, para ver la felicidad que le iluminaba la cara.
—Avísame si no te hace feliz, entonces se enterará de quien es tu hermano mayor—dijo en un tono serio—Nadie te hará sufrir si yo puedo hacer algo para impedirlo.
Bill sonrió agradecido por sus palabras. Se inclinó y le besó en la mejilla.
—¿Y esto?—preguntó Tom sorprendido.
—Te lo tienes merecido—contestó Bill sonriendo—Todavía no te he agradecido que me hayas defendido, que te hayan partido el labio por mi culpa.
—No ha sido nada—murmuró Tom recostándose sobre él de nuevo.
—Descansa hasta la entrevista, me quedaré contigo—dijo Bill acomodándose en la cama también.
Tom sonrió y se dispuso a dormir un poco abrazado a su cuerpo. Quería sentirse muy cerca de él, porque lo sentía muy distante a pesar de que habían hecho las paces.
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Pasada casi media hora Bill decidió levantarse. Tom se ha quedado dormido sobre él y se movió despacio para no despertarle. Se incorporó ahogando un gemido al levantarse. Se llevó la mano a la espalda para tratar de aliviar así el dolor. Caminó lentamente y entró en le baño cerrando la puerta tras de si.
Tom le había estado observando en silencio. Se despertó cuando sintió que le dejaba solo en la cama. Abrió los ojos y escuchó el gemido ahogado de su hermano. Le vio como se frotaba la parte baja de la espalda y caminar con dificultad.
Se sentó en la cama de golpe. Ya sabía con certeza que Bill se encontraba mal. Y también sabía el motivo, lo que le hizo sentirse peor. Una cosa era saber que era gay y que tenía novio, y otra muy distinta era ver con sus propios ojos el resultado de una noche de amor.
Y luego le dejó echarse a su lado como si nada hubiera pasado. El enfado volvió otra vez a su cuerpo y antes de que saliera del baño se levantó y salió de la habitación.
No quería verle la cara, en esos momentos no podía mirarle a los ojos sin ver en ellos la pasión de la noche anterior, ver sus labios sin pensar que de ellos salieron gemidos de placer.
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Se reunieron con David en la sala donde iba a tener lugar la rueda de prensa. Bill estaba al lado de Gustav, hablando en voz baja para que nadie les oyera.
—¿Entonces todo ha mejorado entre Tom y tú?—preguntó Gustav aliviado.
—Creo que si—contestó Bill en voz baja—Hicimos las paces, le acompañé hasta que se durmió pero cuando salí del baño se había ido.
—¿Así de repente?—dijo Gustav alzando una ceja.
Bill asinrió con la cabeza. Por mucho que le llamó al móvil Tom no se lo cogió. Estaba muy preocupado y no le veía por ningún lado.
—La rueda de prensa va a comenzar, ¿no piensa asistir tu hermano?—preguntó David enfadado.
Pero antes de que Bill abriera la boca Tom hizo acto de presencia. David le llamó con la mano y tras reunirse con ellos y Georg tomaron sus asientos y esperaron a que los periodistas ocupasen los suyos.
Bill estaba sentado al lado de Tom, como en todas las entrevistas que hacían.
—¿Dónde estabas?—le preguntó en voz baja.
Pero Tom no contestó, ni siquiera le miró. Bill se inclinó para decirle algo, pero en esos momentos David anunció que la entrevista podía empezar y retomó su postura gimiendo por lo bajo, cosa que hizo que Tom se pusiera más rígido en su asiento.
La primera pregunta no se hizo esperar y fue hecha por una ávida reportera.
—Tom por favor, cuéntanos que tal te encuentras.
Tom suspiró y se acercó a su micrófono. Sabía que todas las preguntas serían para él y que esa era la única que podría contestar con la verdad.
—Un poco mejor, gracias—dijo con voz firme.
Iba a continuar hablando pero fue interrumpido.
—¿Por qué se peleó con el periodista?
Sintió a Bill ponerse tenso a su lado, también sintió una mano en su rodilla y repulsión a su contacto.
—El motivo no importa ya, solo importa el hecho de que estoy muy arrepentido y que no va a volver a suceder—contestó procurando no pensar en la persona que tenía sentada al lado.
David asintió sonriendo. Esa era la repuesta que esperaba, pero lo hacía con miedo por si soltaba alguna de sus borderías. Pero había respirado aliviado demasiado pronto.
—¿Es verdad que le motivo de la pelea fueron los rumores que corren acerca de su hermano?
Bill se inclinó para contestar, pero Tom se le adelantó apartándole la mano de su rodilla.
—Como ya he dicho, el motivo no importa. Ya no importa—recalcó con tono duro.
—¿Ya no le importa lo que la gente opine de su hermano?
—Creo que mi hermano ya es mayorcito para defenderse él mismo—contestó con firmeza—No hace falta que siga recibiendo sus golpes cuando ya no me los merezco.
Un murmullo recorrió la sala tras esas reveladoras palabras. Bill ahogó un gemido y tapando el micrófono con una mano se inclinó para hablar con Tom.
—¿Qué estás haciendo?—susurró más asustado que enfadado.
—¿Y tú con quien te lo estás montando?—preguntó Tom a su vez mirándole con furia.
—¿Entonces confirma que los rumores son ciertos?—les interrumpió otra periodista.
No hizo falta que Tom abriera la boca para responder afirmativamente, ya se encargó Bill de confirmar los rumores al levantarse y abandonar la sala corriendo.
David se apresuró a dar por finalizada la rueda de prensa y los chicos se levantaron y salieron por donde lo hizo Bill llorando. Gustav se les adelantó y corrió tras él sin importarle que la gente les viera demasiado juntos.
En esos momentos le necesitaba a su lado. Tenía que volver a consolarle por lo que le había hecho su hermano.
Antes se avergonzó de él, ahora le había traicionado.
Continuará…