Fic TWC de lyra
Capítulo 5. Vidas destrozadas
Gustav alcanzó a Bill camino de su habitación. Le cogió la mano y quitándole la llave electrónica abrió la puerta y la cerró tras ellos. Solo entonces se dio cuenta de su estado.
Pálido, con las lágrimas bajando por sus mejillas llevándose con ellas el maquillaje, dejando tras ellas un triste rastro negro.
Le abrazó con fuerza, consiguiendo que rompiera a llorar desconsoladamente, que se aferrase a su cuerpo en busca de un consuelo que no hallaba fácilmente.
Gustav sintió que él también comenzaba a llorar y sollozó contra su frente. Caminó hasta la cama cuando el llanto de Bill se transformó en un ligero hipo. Le dejó en ella y fue al baño a por un vaso de agua.
Le incorporó y se lo acercó a los labios que le temblaban ligeramente.
—Bebe un poco , te ayudará—susurró Gustav con tono dulce.
Bill le obedeció haciendo derramar un poco de agua. Gustav alejó el vaso cuando terminó y con el pulgar le recogió una gota que escapó de sus labios.
Bill se recostó en la cama y esperó a poder hablar con normalidad.
—Me ha descubierto ante la prensa—murmuró entre hipos.
—A ti solo no, a los dos—apuntó suspirando Gustav.
—De ti no dijo nada, nadie sabe que estás conmigo—apuntó Bill a su vez.
—Pues lo diré, no te dejaré pasar solo por esto—dijo Gustav con firmeza.
—Con que estés a mi lado me conformo—suspiró Bill—No destruyas tu vida solo porque mi hermano haya destruido la mía. No te lo mereces.
—Ni tú tampoco—susurró Gustav abrazándole fuertemente.
Le besó en la frente cuando vio que empezaba a llorar de nuevo. Se echó a su lado y dejó que diera rienda suelta a sus lágrimas, preguntándose si esa sería la última vez que llorase por todo el daño que Tom le hacía…
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—Dime exactamente lo que has querido decir con esas palabras—exigió con firmeza David.
Tom se encogió de hombros y se acomodó mejor en la silla en la que estaba sentado. En cuanto terminó la rueda de prensa David se lo llevó a su habitación para echarle una buena bronca.
—Primero la pelea y ahora esto. ¿Cuándo aprenderás a no ser tan impulsivo?—estalló David furioso—Has hecho mucho daño a la gente que te rodea, y eso incluye al grupo, por no hablar de que has destrozado la vida a tu propio hermano.
—Se la ha destrozado él solito, yo no he intervenido para nada—murmuró Tom sin remordimiento alguno.
—Te podías haber callado—siguió David con su enfado—Es un asunto muy íntimo, mejor guardar los trapos sucios que airearlos.
Sucios. Una buena palabra que definía muy bien a Bill. Estar con un chico. Permitirle estar dentro de él solo para sentir placer, por buscar el amor en él.
Amor. Esa palabra le podía definir a él. O mejor aún celos, porque Bill ya no le necesita, porque estaba con otra persona que le entendía y le hacía feliz.
—Por suerte nos vamos a casa en unas horas—dijo David suspirando—Cuando quiera salir la noticia en los periódicos estaréis en vuestra casa, lejos de los periodistas. Mejor llama a tu madre para avisarla, se disgustará cuando lo lea.
—Que la llame Bill, es él el causante de los problemas—saltó Tom.
—Bill no ha abierto la boca para nada, todo ha salido de tus labios, por no saber mantenerlos cerrados—apuntó David.
Salió de la habitación dando un portazo dejando a Tom sumido en sus pensamientos.
¡Claro que sabía mantenerlos cerrados! Lo conseguiría si Bill pusiera los suyos encima.
Sacudió la cabeza para desechar esa imagen. ¡Por favor! ¿En qué pensaba?
Se levantó y empezó a hacer la maleta. Todavía les quedaba por delante casi un día entero de viaje. Rezaba para que al menos pasaran la noche en un motel, no quería dormir con Bill en la cama de al lado, no quería sentir la melancolía en la que su egoísmo le había sumido.
Porque él era su hermano, porque le pertenecía solo a él. Su mirada, sus labios, los besos que salían de ellos. Todo su amor tendría que ser solo para él…
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Bill despertó sobresaltado al oír un ruido. Se sentó en la cama y se llevó una mano a la cabeza.
—Lo siento—se excusó Gustav tras dejar bien cerrada la maleta.
—¿Qué haces?—preguntó Bill con voz ronca.
—Te he hecho la maleta, nos vamos en un par de horas y no te quería despertar—contestó Gustav.
Se acercó a la cama y se sentó en ella. Le pasó una mano por la mejilla y consiguió hacerle sonreír a medias.
—¿Dolor de cabeza?—preguntó Gustav preocupado.
Bill asintió y se dejó caer de nuevo en la cama. Gustav le cubrió con la manta y besó en la mejilla.
—Descansa hasta que nos vayamos—susurró contra su piel—Yo mientras iré a hacer mi maleta.
Corrió las cortinas y dejó la habitación en penumbras. Salió de ella y se dirigió a la suya, tropezándose por el camino con Tom.
—Hola—saludó sin mirarle.
—¿Tú también te has enfadado?—preguntó Tom parado en mitad del pasillo.
Gustav retrocedió y se encaró con él.
—¿A ti que te parece?—estalló cansado de su comportamiento—No me ha gustado ese golpe bajo que le has dado a Bill. No eres quien para decidir si tiene que hablar de su vida privada o no, no tienes ningún derecho sobre él.
—Soy su hermano, tengo más derecho que tú, que solo eres su amigo—dijo Tom con firmeza.
Gustav soltó un carcajada y le dejó en el pasillo esperando una respuesta. Se moría por gritarle la verdad a la cara.
Nunca fueron amigos, se gustaron desde el primer día que se vieron. Lo sabía con certeza, siempre vio algo en él que le llamaba la atención. Era especial y lo vio en sus ojos, lo sintió en sus labios cuando se dieron con timidez su primer beso.
Siempre quisieron ir más lejos en su relación, pero Bill era muy joven en esa época y le daba miedo. Decidieron esperar para que fuera especial. Y en esos momentos que lo habían conseguido, la desdicha lo había enturbiado todo.
Entró en su habitación e hizo la maleta con rapidez. Recogió la camiseta que Bill se dejó la noche anterior. La encontró debajo de la cama y decidió quedársela. Se la acercó a la cara y aspiró su suave aroma. Era un olor que siempre le había gustado, el olor de su cuerpo mezclado con el de los productos que usaba para peinar su pelo.
Sonrió y la dobló con cuidado dejándola en el fondo de la maleta. Terminó de hacerla y salió con ella para ir a buscar a Bill.
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Unos golpes dados en su puerta despertaron a Bill de su errático sueño. Solo quería estar con los ojos cerrados para que la cabeza no le doliera tanto, pero cada vez que cerraba los ojos veía a Tom diciendo al mundo entero su secreto.
Se levantó con pesadez de la cama y corrió a ver quien era. Pensando que podía ser Gustav abrió la puerta con una gran sonrisa, que murió en sus labios al ver a su hermano. Intentó cerrar la puerta, pero Tom era más fuerte y la empujó para impedirlo, haciéndole caer al suelo gimiendo.
Tom entró en la habitación y tras cerrar la puerta se inclinó para ayudarle a levantarse, pero Bill le golpeó la mano y se levantó él solo con esfuerzo.
— ¡No me toques!—gritó tropezando al alejarse de él.
Tom no lo pudo evitar y alargó una mano para sostenerle, pero Bill le clavó las uñas y le hizo soltar un grito de dolor.
—Joder Bill, solo he venido a hablar contigo—dijo Tom enojado.
—¿Te he hecho daño? Pues te jodes—gritó Bill enojado también—Y no tenemos nada de que hablar, creo que ya has dicho demasiado.
Tom le ignoró y se sentó en la cama sujetándose la mano herida. En el fondo se merecía eso y más. Y también su desprecio.
—Hay que llamar a mamá—explicó con rapidez.
—¿Para qué? ¿También se lo vas a contar a ella?—soltó Bill con ironía.
—Saldrá todo en las noticias, es mejor que se entere por nosotros—explicó Tom.
—Lo mejor hubiera sido que se enterara por mi, en el momento adecuado—murmuró Bill.
Caminó con furia hasta la mesilla y cogió el móvil sin mirarle.
—¿Te vas a quedar escuchando? ¿O se lo quieres decir tú mismo?—preguntó Bill enfadado.
—Yo no sé todos los detalles—contestó Tom levantándose.
Bill le cogió con fuerza del brazo y le hizo girar.
—Pregunta lo que quieras, puedo darte la exclusiva—replicó con ironía.
—Mejor siéntate para hablar con ella, si es que tu culo no está tan resentido—soltó Tom empujándole sobre la cama.
Bill cayó sobre ella lanzando un gran gemido de dolor. Por su sufrimiento, por las palabras usadas por Tom. Rompió a llorar y se cubrió la cara con las manos.
Tom maldijo al escucharle. Quería irse corriendo de allí para no oírle llorar, pero su corazón le dictaba lo contrario. Era su hermano y le había hecho mucho daño. Estaba sufriendo y necesitaba su consuelo.
Se tumbó en la cama a su lado y le abrazó con fuerza, pero Bill se rebeló contra él y empezó a golpearle el pecho con los puños.
—Te he dicho que no vuelvas a tocarme—gritó entre sollozos.
Tom quiso escucharle y se echó más encima de él. Se sentó a horcajadas sobre su estómago y le separó las manos sujetándoselas con las suyas a ambos lados de la cabeza.
—No te quiero hacer daño—dijo Tom con enfado.
Pero no está enfadado con él, sino consigo mismo. En el fondo se arrepintió en el momento en que las palabras salieron de sus labios. Le prometió estar a su lado y le había fallado. Prometió que nadie le haría sufrir y él le había hecho mucho daño.
Y todo porque le quería, porque tenía celos de que hubiera otra persona que le cuidase cuando era él quien tenía que hacerlo, que le amase cuando él estaba primero.
— ¡Bájate de encima!—gritó Bill revolviéndose bajo su cuerpo.
Jadeó intentando soltarse en vano. Dejó de moverse y relajó su dolorido cuerpo. No tenía fuerzas para defenderse de Tom, estaba a su merced.
Tom acercó más la cara a la suya. Bill le miró fijamente con furia en los ojos.
—Te odio—le escupió a la cara.
—Y yo te amo—contestó Tom en un susurro.
Y acercándose más, se apoderó de sus labios que se separaron por la sorpresa de su confesión. Le besó con pasión sin soltarle las manos.
Se apoderó de su boca sin darle opción a negarse. Era su hermano y todo lo suyo le pertenecía.
Su amor prohibido. Sus besos furtivos.
Continuará….