Fic TWC de lyra
Capítulo 7. Olvídame tú, que yo no puedo
Se le quedó mirando desde arriba. Los jadeos le impedían hablar, la furia se había aposentado en su garganta impidiéndole respirar. El chico que estaba tirado a sus pies sangrando no era su hermano, ya no. Dejó de serlo cuando pegó a la persona que más quería, o tal vez mucho antes, cuando se apoderó de sus labios besándole como nunca antes lo había hecho nadie.
Sintió que le cogían del brazo y se lo llevaban al autobús, solo entonces fue consciente de los gritos que las fans habían soltado al verlos pelear, de la gente que se había arremolinado en torno a su hermano ayudándole a levantar y deteniendo esa sangre que no deja de manar.
—¿Qué has hecho?—preguntó Gustav asustado.
Cerró la puerta del autobús tras ellos y le cogió la mano con la que había golpeado a Tom, viendo sus nudillos amoratados. Tiró de él y le hizo sentar en uno de los sillones, para abrir la mini nevera y sacar hielo de ella.
—Ponte esto, te debe de doler un montón—dijo Gustav poniendo un paño con los hielos sobre su mano.
El gesto de Bill cambió cuando sintió ese frío que le hacía arder la piel. Solo entonces se fijó en lo que Gustav le había dicho. Miró su mano y los ojos se le abrieron como platos. La tenía mal, de la fuerza con la que había golpeado a su propio hermano.
Levantó los ojos y miró a Gustav sin poder hablar. Quería preguntarle que había pasado, porque Tom le había golpeado, pero antes de que pudiera articular palabra la puerta del autobús se abrió de golpe y entró David atacado de los nervios.
—¡Dios! ¡Bill! Pensé que tendría problemas con tu hermano, no contigo—saltó David exaltado— ¿Qué demonios has hecho? La gente está histérica, todos quieren saber que ha pasado, porque os habéis peleado y no les puedo dar ninguna explicación.
—¿T-tom…?—balbuceó Bill con esfuerzo.
—Se lo han llevado al hospital, le pedí a Georg que le acompañara. ¿Por qué? ¿Ahora te preocupa su estado?—preguntó David resoplando.
Bill miró a Gustav en busca de una explicación, que le dijera algo a David para que dejase de hacer tantas preguntas estúpidas y molestas. Pero Gustav no sabía qué le podía decir, aparte de la vedad, que los dos hermanos se habían pegado movidos por el odio.
Porque Bill creyó que habían pegado a lo que más quería en este mundo, y eso le dio las fuerzas necesarias para pegar a su propio hermano, para llegar a odiarle.
Vio que Gustav no iba a decir nada y asintió suspirando. Sabía que no le podía pedir eso, que mintiera por él, que le defendiera de sus propios actos.
—Yo….son cosas de hermanos—murmuró como única respuesta.
— ¡Otro igual!—exclamó David de nuevo resoplando—Me estoy cansando de que provoquéis peleas delante de la gente y luego nadie me quiera dar una explicación. La prensa se os va a comer viva, y yo no podré hacer nada para evitarlo.
Salió del autobús dando un sonoro portazo y fue entonces cuando Bill se derrumbó. Rompió a llorar sin consuelo, apoyándose en la mesa que tenía delante, dejando caer sobre ella su cabeza y de paso sus amargas lágrimas.
— ¡Bill!—dijo Gustav corriendo a su lado—Fue un accidente, Tom me golpeó sin querer.
—No me toques—pidió Bill apartándose de él—Soy un ser horrible, no me merezco tus abrazos. Mira lo que he hecho, he creído ver algo que no era y me he atrevido a pegar a mi propio hermano.
—Pero no lo podías saber, solo has salido en mi defensa—dijo Gustav tratando de consolarle en vano—Tom te ha estado provocando todo el día, es normal que actuaras así.
—No debí hacerlo…..a pesar de todo el daño que me ha hecho, es mi hermano…y ahora me debe de odiar….—decía Bill entre sollozos.
Huyó corriendo al piso superior, en donde se echó a llorar sobre su cama, dejando abajo a un pensativo y preocupado Gustav. Sentía que se estaba metiendo en medio de los dos hermanos, que por su culpa se habían distanciado mucho, hasta llegar a las manos.
Sabía que les ha hecho mucho daño, a los dos. A Tom por no contarle lo suyo con su hermano en su debido tiempo, es su amigo y se lo debía. A Bill por hacer que se peleara con su propio hermano, provocándole le mayor de los daños.
Sabe que solo había una solución para ese problema, y que no le quedaba más remedio que aceptarla. Por el bien de ambos hermanos, por el bien de la banda. Debía dejar a lo que más quería en el mundo, por mucho daño que a él le causase.
Cada vez que le viera, que le oyera llorar por haber perdido a lo que más quería. Por no poder ir a abrazarle y decirle lo mucho que lo sentía…
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Esperaron encerrados en el autobús. Tom llegó a las dos horas acompañado de Georg y David. Entraron en el autobús y se encontraron a Gustav en el mismo sitio que Bill le había dejado, sumido en su mar de pensamientos.
—¡Tom! ¿Te encuentras bien?—preguntó nada más verle.
Tom asintió sin articular palabra. El golpe le hizo saltarse algunos puntos y se los habían tenido que volver a dar, aconsejándole que no hablase nada en unos días, que intentase mover lo menos posible los labios.
Se sujetaba una gasa sobre ellos que estaba teñida de su propia sangre. Se quedó de pie mirando a sus compañeros, buscando con la mirada al causante de todo su dolor, el físico y el emocional.
—Está arriba—murmuró Gustav como respuesta a su muda pregunta.
Asintió y subió las escaleras con paso lento. Llegó hasta la zona en la que estaban sus camas y le vio tumbado en la suya, sollozando por lo bajo. En esos momentos la furia le impedía consolarle. No sabía porqué le había pegado, pero el que lo hubiera hecho le hacía sentirse asi de mal.
Se echó en su cama y corrió la cortina para no verle, cerró los ojos para no escucharle. Trataba de pensar en lo mucho que lo llegó a querer, que tenía que tratar de olvidar esos sentimientos que no eran correspondidos.
Se acostó de lado dándole la espalda, como si así consiguiera algo. Sus sollozos le penetraban en el cuerpo por cada uno de sus poros, le llenaban de su tristeza que flotaba por el aire.
Sintió que se iba quedando dormido lentamente, el calmante que le dieron el hospital empezaba a hacer efecto. Suspiró rezando para no verle en sueños, no verle feliz a su lado cuando era todo lo contrario…
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El autobús de puso en marcha con los dos hermanos dormidos bien cerca pero a la vez separados. Cada uno sumergido en sus pensamientos. Uno rezando para poderle olvidar. El otro preguntándose porqué un solo beso le había trastornado, porque había pegado a su propio hermano para defender algo que creía que está empezando a perder…
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Gimió en sueños y se da la vuelta. Aún estaba medio dormido, perdido en la semi inconsciencia. Hasta sus oídos le llegaron voces lejanas, que no entendía o no lo quería hacer…
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—No lo entiendo, ¿por qué lo tenemos que hacer?—preguntó Bill a punto de llorar.
—Solo os causo daño—contestó Gustav tratando de no derrumbarse delante de él—Mira lo que le has hecho a Tom, y él ya estaba mal antes. Desde que ha sabido lo tuyo no ha levantado cabeza, se le ve muy desdichado.
—¿Y yo no lo estaré?—sollozó Bill sin poderse contener—¿Te importa más él que yo?
—No….eso no es así….—empezó a decir Gustav.
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Escuchó unos sollozos y como alguien trata de consolarlos en vano. Abrió los ojos lentamente tratando de enfocar la vista. Lo veía todo borroso y por más que se los frotaba no conseguía nada. Alargó una mano y levantó un poco el borde de la cortina que le separaba de las voces.
Lo que vio ante sus ojos le dejó sin respiración. Había alguien sentado en la cama de Bill, cogiéndole entre sus brazos, saboreando esos labios que él solo una vez había probado.
Dejó caer la cortina de nuevo, no quería seguir mirando, ya lo veía todo claro. Por eso fue el puñetazo, porque creyó que le había pegado. A lo que más quería en el mundo, a la persona que se lo había robado.
Porque eso era lo que le había hecho el que creía que era su mejor amigo. Le había robado su más preciado tesoro, y no podía hacer nada para recuperarlo. Porque había visto que era feliz a su lado, había visto que con él sería desdichado…
Gustav separó con dolor sus labios de los suyos, que temblaban sin poderse controlar. El corazón se le había parado desde que tomó esa drástica decisión. La de dejar al ser amado para que las peleas terminaran, para que nadie más saliera mal parado.
Pero, ¿y ellos? ¿Acaso no son también víctimas? Se verían todos los días, recordarían lo que no pudo ser, tratarían de evitar volverlo a hacer. No más daño. No más dolor. Solo el de ellos, del que nadie sería testigo.
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Pararon a repostar y todos salieron a estirar las piernas. Con las gafas de sol puestas salió un Bill muy abatido. Le había dejado la persona que más quería en el mundo. Tom no le dirigía la palabra, y hasta se negaba a mirarle. No sabía que hacer para que le perdonase, para que le aceptase a su lado otra vez.
¿Otra vez? ¿Es eso lo que quería? Después de ese beso las cosas no serían como antes. No podrían mirarse sin recordarlo. Cerró los ojos y le volvió a ver sobre él, volvió a sentir sus labios apoderarse con firmeza de los suyos, volvió a sentir esa lengua frotarse con la suya haciendo que un gemido se escapase de sus labios.
Sacudió la cabeza para alejar de su mente esos locos pensamientos. ¿Cómo iba a desear a su propio hermano? ¿Cómo era que se acordaba perfectamente del sabor de sus labios? ¿Por qué no era capaz de olvidarlo?
Entró en el autoservicio y miró algo para picar pero sin saber el que. Se distrajo viendo lo que había sin fijarse que cerca del autobús las dos personas más importantes para él estaban hablando.
—Gustav—susurró Tom al verle.
El aludido se giró y se le quedó mirando. Aunque ya no estuviera con Bill, no podía olvidar todo el daño que sus palabras le habían causado.
— ¿Querías algo?—preguntó tratando de ser educado.
Tom miró por encima de su hombro, viendo a Bill de espaldas en la tienda. Sabía que tenía pocos minutos para hablar con Gustav en privado.
—Yo…lo sé……todo….—empezó a susurrar.
— ¿Todo?—repitió Gustav extrañado.
—Sé que eres tú la persona que hace tan feliz a mi hermano—explicó Tom sin tomar aliento.
Gustav le miró asombrado. Y tenso. No sabía que esperar de él, no sabía si le iba a pegar como Bill creía que haría el día que se enterara.
— ¿Te lo ha dicho Bill?—consiguió preguntar.
—Os he visto hace unos minutos, en el autobús—contestó Tom incómodo.
¿Cómo le iba a decir que les había pillado besándose? ¡Si hasta a él le costaba imaginárselo!
— ¡Ah!—es lo único que pudo decir Gustav.
Se quedaron mirándose en silencio, pensando que era lo que iban a decir a continuación.
—Pero eso ya se acabó—apuntó Gustav con dolor.
— ¿Se acabó?—repitió Tom alzando una ceja.
—Lo he hecho por su bien—dijo Gustav suspirando— Si seguía conmigo las cosas irían de mal en peor. Solo he conseguido haceros daño a los dos, y sois mis mejores amigos. No os lo merecíais. No te merecías enterarte así de lo nuestro. Te lo debimos decir el primer día, y no esperar a que te partieran la cara por defender algo que yo debía hacer.
—Bueno, es mi hermano, no me podía quedar de brazos cruzados—susurró Tom—Y sé que contigo estaría mejor que con otro.
Gustav sonrió al escuchar esas palabras. Sabía que le había costado mucho decirlas, pero se notaba que las había dicho de todo corazón, y eso le honraba.
—¿Y no hay vuelta atrás?—preguntó Tom de repente.
—No, es mejor así—contestó Gustav negando con la cabeza—No más dolor.
—¿Y el vuestro? ¿Ese no cuenta?—inquirió Tom.
—Se le pasará—susurró Gustav arrugando la frente con dolor—Contigo a su lado no habrá más. Cuida bien de él, se merece ser feliz.
Tom asintió y le tendió la mano, que Gustav aceptó de buen grado. Se separaron y cada uno fue por su lado. El autobús estaría media hora parado para que todo el mundo pudiera estirar las piernas.
Tom observó que Bill salía de la tienda y se cruzaba con Gustav, pero solo se saludaban inclinando la cabeza. Nada más. Vio el dolor en su cara. A pesar de las gafas la tristeza se refleja en ella, le rodeaba como un manto invisible que se negaba a abandonarle.
Pasó por su lado imitando el gesto que le hiciera a Gustav y entró en el autobús. Todavía no habían hablado. No sabían que decirse, aparte de una disculpa que ambos se merecían del otro.
Observó que en el autobús no quedaba nadie, que Georg se fue al baño y sabía que tardaría bastante en regresar. Vio a David hablando con Gustav mientras tomaban un café.
Sabía que había llegado su momento, y no pensaba desaprovecharlo.
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Entró corriendo y al ver que no estaba abajo subió al piso superior en donde le vio acostado de nuevo. Y también de nuevo sollozando.
Como sabía que no debía hablar y ya se había excedido con Gustav, cogió un cuaderno que había encima de la mesa y un boli para escribir todo lo que no le podía decir en esos momentos.
Minutos después, se acercó a Bill y le toca el hombro con la mano. Esperó a que lentamente levantase la cabeza y le mirase con los ojos llenos de lágrimas. Solo entonces le dio el cuaderno, dejándoselo encima de la cama y dándose la vuelta para acostarse en la suya.
Bill lo cogió entre sus manos temblorosas pero no lo miró. Le daba miedo ver que era lo que le había escrito, con solo ver su reacción al dejárselo le había quedado claro que estaba aún enfadado con él.
Bajó los ojos con lentitud y suspirando empezó a leer lo que sabía que podían ser las últimas palabras que su hermano le dirigiría.
“En el hospital he tenido tiempo para pensar en el motivo de tu ataque, y solo he hallado una explicación posible. Sé que estás con Gustav, solo te podías haber puesto así si alguien dañara lo que más ama en el mundo. Lo sé porque yo también he hecho los mismo, no dejo de pelearme porque atacan a lo que más amo, porque me veo impotente cada vez que escucho sus sollozos por el daño que le hacen esos malditos rumores, porque me muero por ir a su lado y consolarle diciéndole que todo irá bien…..porque no encuentro la forma de que te des cuenta de que intento olvidarme de ti sin conseguirlo, de lo mucho que te amo en silencio….”
Dejó de leer, mirando como sus lágrimas habían caído mientras leía en esa nota que desprendía tanto amor y tristeza. Se levantó de la cama y con la nota de la mano todavía se acercó a la de Tom. Se le quedó mirando de pie, le observó descansar con los ojos cerrados y un gesto de dolor en la cara.
Miró su cada vez más hinchado labio y un pensamiento le recorrió la mente. Se inclinó despacio sobre él y posó con suavidad sus labios en esa herida que él mismo había provocado.
Tom abrió los ojos al sentir unos labios sobre los suyos. Miró directamente a los de Bill, que los había posado con ternura sobre los suyos, besándole suavemente para no hacerle más daño.
Levantó las manos y le atrajo más hacia él, le envolvió en un abrazo y le recostó sobre él, intentando hacer el beso más profundo pero sin lograrlo por culpa de los puntos.
Gimió contra su boca, pero no era de dolor, sino de desesperación. Había conseguido lo que llevaba toda la vida esperando y no podía hacer más que quedarse quieto mientras ocurría.
Bill lo notó y sonrió contra sus labios. Pasó la lengua por la comisura y dio ese beso por finalizado. Se separó de sus labios y le miró desde arriba con un brillo especial en los ojos.
—Me di cuenta—susurró sonriendo—Desde el primer puñetazo que recibiste por mí. Cada vez que me defendías de esas crueles palabras podía ver tu amor por mi en cada palabra que salía de tus labios.
Pasó un dedo sobre ellos, haciendo que el cuerpo de Tom se arquease bajo el suyo.
—No me pidas que te olvide, porque nunca lo haré—dijo Bill con firmeza—Siempre estarás unido a mí, ya sea por un lazo de hermandad o por algo más.
—¿Amor, quizás?—preguntó Tom esperanzado.
—Amor será—contestó Bill en un susurro.
Sus labios se volvieron a unirse en un tierno beso. Se abrazaron con fuerza dejando atrás sus problemas. Juntos se enfrentarían a lo que dijera la gente. A lo que su madre pensase.
Porque eran hermanos. Porque se pertenecían el uno al otro.
F I N
Puede que el final sea algo brusco, tal vez debi hacerlo en dos capitulos, uno explicando mas los motivos de Gustav para dejarle, y otro en el que Tom trabaje para conseguir el amor de su hermano, porque después de lo que le ha hecho todo ha ido muy fácil para conseguirlo…
Pero en fin, ya mis neuronas no daban más de si y esto es todo lo que he podido escribir….