Fic TWC de Melody Fliegen

Capítulo 13: Malos encuentros

By Tom

Miré a mi hermano fijamente mientras tragaba saliva sonoramente. Sí, lo miré de una manera extraña que no pude comprender… como si quisiera que hiciera algo, que me ayudara. Mierda, así no soy yo. Bill me miró fijamente mientras con su mano, la que antes me empujaba para que lo soltara, me tomaba con fuerza mi polera y la apretujaba, como reprimiendo decir algo.

Baja a saludar, no seas mal educado, todos te están esperando — le susurré para olvidar a la persona que estaba allí abajo con mi prima… como si no me diera cuenta que usaba a Melanie sólo para estar aquí con algún pretexto… Mi hermano bajó la mirada y se mordió el labio.

Pero… — Bill me miró a los ojos como un perrito pidiendo que no lo soltara. Apreté mis dientes con fuerza y lo empujé suavemente escaleras abajo.

Anda, no seas idiota — y con eso se cabreó y bajó rápido las escaleras. Era fácil controlarlo todavía, lo conocía como la palma de mi mano, quizás más. Sería fácil tenerlo de nuevo conmigo.

Llegamos al primer piso en un abrir y cerrar de ojos, como si el tiempo se hubiese detenido en todo ese tiempo que lo tuve en mis brazos, protegiéndolo de algo invisible que él no deseaba.

David miró a Bill con una sonrisa hipócrita e indiferente, le tendió la mano. Yo miré conteniéndome de negar ese tacto… era sólo un saludo, nada más.

David Jost, mucho gusto… tú debes ser Bill Kaulitz, sé de ti por mi Melanie — apreté los puños mirando a otro lado, cabreado. Él sabía de Bill por mí, yo le hablé de él hasta el último día. No lo conocía por esa perra, sino por mí. Terminó de estrechar las manos con mi hermano, y me miró a mí, que le devolví la mirada con una sonrisa falsa, mis ojos decían más cosas… pero yo no las quería aceptar — tú debes ser al que mi chica llama antisocial… Tom, ¿no? — me alargó la mano para estrechársela, se la estreché con suavidad aunque lo único que quería era estrujársela hasta que le doliera. Estaba realmente enojado y deseoso de salir de allí rápido. Sobre todo quería tranquilizarme… ya estaba necesitando un buen sexo… o tocar a Bill… pero nuevamente sólo me quedaba con una alternativa — Yo no creo que seas antisocial…

Ay mi amor no seas así con ellos, que después…

Menie, ya… — oh, hasta le había puesto diminutivo — Tom, te traje un regalo… bueno, es una postal de cumpleaños, es simple… no te conozco, así que no sabía qué regalar… — con su otra mano me alargó un sobre blanco… ¿Qué no me conocía? Ja, esa no se la creía. No pude negarla, la tomé sonriendo.

Gracias — sabía actuar bien, y él también. Pero entre ambos se sentía la tensión en el aire… sobre todo la sentía Bill, que había mirado hacia otro lado.

Yo… eh… debo ir por Andreas… — Bill habló nervioso mientras todas las miradas se posaban en su pequeño y débil cuerpo… mi juguete. Pobrecillo.

Nosotros vamos afuera con los invitados — dijo Melanie mientras tomaba a su novio del brazo y lo atraía hacia ella — Tom deberías venir, ¿no? — lo dijo como si fuera tonto y no entendiera lo que me decía.

No, estúpida… ya deja de creerte la diva Melanie… — hice unas comillas al aire al nombrar “diva”, ella no era nada — yo sé lo que tengo que hacer.

Y dicho eso me volteé para subir las escaleras… pero me encontré con la dulce de mi madre mirándome con una ceja alzada y taconeando el suelo con un pie. Mierda, más problemas… cerré los ojos esperando que hablara… pero en vez de eso me tomó de un brazo y me llevó a la sala de estar, antes de cerrar las puertas conmigo y ella dentro, se volteó hacia Bill y los invitados, y dijo:

Por favor, vayan a la mesa, está todo servido. Nosotros vamos ya… sólo tengo que hablar con mi hijito hermoso — me crucé de brazos detrás de ella, ¿hijito hermoso? Estaba de broma. Rodé los ojos mientras Bill se acercaba a nosotros…

Pero mami… yo te quiero en la mesa… — Bill intentaba salvarme… lo sabía por su voz sobreactuada. Lo conocía tanto que hasta me hacía reír — Por favor… vamos.

Billy, hijito — mi madre miró a mi gemelo y le dijo — dame sólo un par de minutos, no tardaré…

Pero…

Bill, anda, ¿qué estás esperando? — miré a Bill fijamente a los ojos, obligándolo con la mirada a que me dejara en paz… prefería ahorrarme yo solo esta plática, además sería mucho mejor que la que podría haber tenido con David… lo único que quería en ese momento era que se fuera, sinceramente. Bill se volteó rápidamente y caminó seguido de Melanie, Jack y David. Sonreí cuando mamá cerró las puertas deslizantes y se acercó a mí — ¿Tengo que pedir perdón? — Mamá me miró fijamente a los ojos, e inesperadamente me dio una bofetada que me volteó la cara. Me quedé estático mientras mis ojos brillaban del dolor. Apreté mis puños — ¿qué hice ahora?

Deja en paz a tus primos — con una sonrisa, ignorando el dolor que me había provocado el golpe, me arreglé la mandíbula y volteé a mirar a mi madre.

Creo… que tú no entiendes cuánto cabrean ellos mami… — le gustaba que le dijera así, a mí no me molestaba, la quería a pesar de todo lo que hacía… o lo que no hacía, porque a mí me ignoraba apenas aparecía mi hermano pequeño en la habitación. De hecho era primera vez que me golpeaba… me sentía importante ante eso… por fin me estaba “tomando en cuenta” en su apéndice en su “perfecta familia de tres”.

Hijo…

Por fin me tratas como tal… — susurré mirando el suelo. ¿Qué me pasaba?

Tom Kaulitz, déjate de hacerte la víctima… — y con eso me hizo explotar.

¿Víctima? — Tomé a mamá de los hombros y la zarandeé — ¡¿Es que acaso no te das cuenta que siempre ha sido así?! ¡NUNCA ME HAS CONSIDERADO COMO TU JODIDO HIJO! — Las lágrimas se agolparon en sus ojos a cada grito que daba — Ya date cuenta que tienes otro hijo… se llama Tom Kaulitz, mucho gusto, soy yo… el hermano mayor de Bill Kaulitz… — la solté y me volteé para no mirarla a los ojos. Los míos me estaban jugando en contra, por primera vez no me estaba controlando bien.

Tom… ¿por qué crees eso? — mamá sollozó mientras yo me apretaba los brazos. Yo no lloraba, nunca.

¿Sabes? Hagamos como si esto nunca hubiese pasado, como siempre lo hacemos, así es como vivimos, todos somos felices así. La perfecta familia de tres, Bill Kaulitz, Simone Trümper y Jörg Kaulitz… — sonreí volteándome hacia mamá, que me había tomado la manga de mi polera — ¿Qué? ¿Olvido a alguien? — Con mi mano conté hasta tres con suspicacia en mi rostro — no, creo que no olvido a nadie.

Tom Kaulitz… tú eres mi hijo aunque no lo desees.

¡Tú no lo deseas! — y con eso me gané otra bofetada, con la que levanté una ceja y me contuve de contraatacar. Mamá lloraba, yo sonreía.

Esta familia no va a cambiar. No te mientas Tom Kaulitz — la miré apretándome los labios — Tú solo te aislaste, y sólo va a haber una diferencia cuando tú decidas cambiar tu actitud — levanté una ceja y caminé a la salida de la sala, sin voltearme — ¡tú mismo te alejas de tu familia! — me volteé y la miré a los ojos.

¡BIEN! ¡QUE TU PERFECCIÓN SE QUEDE IGUAL!

Le grité antes de cerrar la puerta de la sala y caminar con las manos cerradas en puños, antes de subir las escaleras, miré un espejo que estaba colgado en la subida, y me observé.

Mis ojos brillantes, mi mandíbula descolocada de lugar de la rabia, mi ceño fruncido, mis mejillas rojas por las bofetadas de mamá, algunos de mis rastas fuera de la gorra, mis labios rojos de tanta presión que había hecho con ellos para reprimir mi rabia.

Miré con cólera a mi propio reflejo, y golpeé al lado del espejo con fuerza, logrando romper mis nudillos, los cuales dejaron su respectiva mancha en la pared color celeste. Reprimí un gruñido mirando hacia otro lado apretando los dientes, y corrí escaleras arriba sigilosamente.

Y entonces lo peor que podían ver mis ojos, se presentó…

Bill y… David. Estaban amenazadoramente cerca, David le respiraba en los labios a Bill, y mi gemelo apretaba los puños y golpeaba la pared con rabia. No sé cómo no notaban mi presencia. Pero mi hermano no quería estar allí, y David no lo dejaba ir porque lo sostenía por los hombros mientras sonreía.

Más que nada… algo me provocó esa escena.

Bill era Mío.

Y David me había dicho cuando hablaba con él, cuando estábamos “juntos”, que a él Bill no le interesaba, pero ahí estaban los dos… Los dos hijos de Puta…

Déjalo en paz — susurró mi hermano entre dientes…

Tú no eres nada para él, ¿sabías eso? — David lo miraba cada vez acercándose más a él. Tuve que bajar la vista, aún ese hombre me provocaba esa especie de respeto que le tenía, y algo más que no descifraba, pero que me hacía bajar la cabeza como un perro faldero. No tenía idea de dónde había dejado su “regalo”, y tampoco me interesaba — Creo que ya te ha dicho juguete más de una vez, ¿no? — Bill apretó aún más sus manos, tenía las venas marcadas de todos sus brazos, y sus nudillos estaban blancos — Lo conozco más que tú, y sé que te podría tratar distinto… — maldito hijo de…

No es así — hablé por fin acercándome a esa escena, de la cual ambos cómplices se sobresaltaron.

Y me miraron fijamente.

Bill con una sonrisa de ilusión y dolor en el rostro, con sus ojos brillantes, cercanos a llorar, y sus manos aún en puños, pero ahora notoriamente más relajados.

Y David, me miró con una sonrisa, como si supiera que estuve escuchando en todo momento. Soltó a Bill, y dio un par de pasos hacia mi persona, yo no me moví, miraba a mi gemelo, él me miraba notoriamente triste.

— Por fin, ya te esperaba — se acercó a mí y me miró a los ojos, ya estábamos lo suficientemente cerca como para que me tocara — Mira, Bill Kaulitz… para que veas que nunca te ha querido, y que sólo se “excita” conmigo…

Y se puso al frente mío y me plantó contra la pared. Ante él, yo parecía un muñeco de trapo, su tacto me provocaba algo, como si controlara todos mis movimientos. Aunque yo no lo deseara…

Volteé mi rostro para mirar a Bill, que se había tapado la boca y le habían comenzado a salir lágrimas, de sólo verme en esa posición, me sentía avergonzado, más aún con Bill mirándome, si se supone que yo no era así…y no lo era… nunca lo había sido, excepto con David, él siempre había sido mi mentor… pero ahora…

Me comenzó a besar el cuello y metió rápidamente su mano en mi pantalón… no tardó en comenzar a masturbarme… apoyé mis manos en la pared, buscando algo que apretar.

Yo lo único que hacía era mirar a Bill, cada uno de sus movimientos, de sus lágrimas que caían cada vez más abundantes… se sentía totalmente abandonado. Y no quería que se sintiera así, porque él era mío… nadie me lo arrebataría. Se sentía traicionado… y no lo podía compensar en ese momento.

Me mordí el labio, y Bill dio otro sollozo, intentaba acercarse, pero sus piernas flaqueaban, y su cara tenía una rara expresión de pasión, como si sintiera lo mismo que yo…

Y entonces hice lo que menos deseaba, y que hizo que Bill se rompiera, lo pude sentir en su ser… Emití un gemido…

— ¡NOO! — gritó mi hermano.

Y yo… yo me desesperé… era primera vez que gemía.

Y no había sido con Bill.

Continúa…

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