Fic TWC de Melody Fliegen
Capítulo 18: Black & White (P.1)
By Bill
Me desperecé sonoramente en mi cama, estirando todo mi cuerpo cuan largo era, haciendo crujir mis articulaciones de los dedos de manos y pies. No abrí mis ojos por pereza, sabía de sobra que Tom ya no estaba a mi lado, hoy teníamos instituto, no podíamos llegar tarde.
La alarma había sonado puntual, y por eso pude despertar, sino habría dormido hasta el martes. Pero hoy… hoy teníamos castigo por algo que habían escrito nuestros primos en el gimnasio, y nos habían culpado injustamente a nosotros.
Escuché un pequeño ladrido desde mis pies, me sobresalté y levanté de mi cama de un salto. Mierda, ¿qué hacía Scoty en mi habitación? Mi respuesta fue respondida rápidamente cuando encontré la mitad de una hoja de dibujo garabateada con la notoria letra de mi hermano.
—Será mierda… — susurré.
Había sacado la mitad de uno de los dibujos de William, y había escrito ahí. No pude evitar sonreír cuando vi la parte que había sacado. Era un dibujo que tenía repetido varias veces, la verdad no era una gran pérdida. De igual modo quería patearle el culo.
Había cortado a William en dos, y había garabateado sobre la entrepierna del moreno. Negué con la cabeza y leí lo escrito por mi hermano: “Como volvemos a estar bien… aceptarás mi regalo como yo acepté los tuyos. Cuida de Scoty”, al lado de una carita sonriente que dibujó a un costado, puso su nombre… como si no supiera que él había sido.
Acaricié al animalito detrás de sus orejas, haciendo que saltara a mi pecho y comenzara a lamer mi cuello. Me hizo reír sonoramente mientras gritaba que se detuviera. Era todo ternura jugando con él, hasta que escuché la voz de Tom desde la puerta:
—Ese cuello es mío, así que no le dejes lamerte, yo solamente tengo ese derecho… —no sé si había pasado por ahí intencionalmente, o si había sido casualidad. Sólo supe que sus palabras me helaron la piel con la seriedad que lo dijo. Yo le pertenecía— Ya, pequeño príncipe del juego… levántate o vas a llegar tarde a clases… —se volteó, y antes de irse, terminó— no olvides darte una ducha… aún tienes fresa en la piel.
Bien… mi cara fue de total estupefacción ante sus palabras. Y también sonrojo…
Primero: “pequeño príncipe del juego”, ¿qué mierda significaba eso? Un juego… yo era el príncipe en un juego suyo, ¿acaso se refería a eso? Por lo menos ahora no decía que era un juguete, eso me aliviaba. Ya no me veía como eso… había dado un paso, estaba seguro.
Y segundo: “levántate o vas a llegar tarde a clases”, eso fue totalmente inusual, él no se preocupaba por si llegaba o no a clases, cada uno se levantaba a la hora que quería, y si no quería ir al instituto estaba dentro mi elección.
Acaricié a Scoty y sonreí. Tom estaba cambiando, y no podía negar que me agradaba mi hermano así. Seguía siendo esa máquina sexual que lograba excitarme con la mirada, pero a la vez estaba cambiado, quizás estaba mostrándome sus sentimientos. Y eso me hacía estar aún más enamorado de él, si es que se podía.
Miré mi reloj y abrí mis ojos enormes. Era tarde… muy tarde, y tenía que bañarme en tiempo récord. Salí de mi cama en bóxers rápidamente y, tomando una toalla que ya había usado, encendí la ducha y me metí en ella rápidamente. Ya no me importaba nada, debía ser rápido para que no me castigaran más de lo castigado que estaba por culpa de mis queridos primos. ¿Cómo podían ser tan fastidiosos? Eso sólo ellos lo sabían.
Me lavé el cabello en tiempo récord, y salí de la ducha resbalando con mis pies mojados hasta que logré estabilizarme al llegar a mi cama… suspiré agradeciendo mentalmente a mi persona por no haber caído al suelo. Me vestí rápidamente y salí corriendo escaleras abajo para chocar con mi hermano, que estaba riendo de lo lindo por lo apurado que estaba.
—Tranquilízate, estás bien en el horario, desayunamos y saldremos bien a la hora —me susurró al oído mientras me agarraba la mano para dirigirme a la cocina. Mierda, ¿alguna sorpresa más? Ya comenzaba a preparar mi desmayo. Por suerte la cocina estaba intacta, yo debía prepararme el desayuno. Suspiré haciendo que mi alma volviera a su lugar— no creas que te iba a tener listo el desayuno. Eso cada uno lo hace, tenemos diferentes gustos.
—Ja, claro Tom, por eso desayunamos siempre los mismos cereales, a ambos no nos gusta el café… sí, somos tan distintos en gustos de comida —reí divertido mientras él sonreía y me daba una pequeña nalgada que me hizo saltar—, hoy estás distinto hermanito…
—Distinto… creo que tú lo estás… menos sexual que ayer… con ese golpe que te acabo de dar habrías pedido que te metiera estos — levantó sus dedos moviéndolos cerca de mi cara. Reí divertido.
—Sí Tomi, deseo que me folles día y noche… —suspiré divertido— como si eso fuera lo más importante de mi vida —mi hermano alzó una ceja, notoriamente curioso, y se acercó a mí hasta acorralarme contra la mesa. — ¿ahora qué mierda quieres?
—¿Qué quieres tú? Estás provocándome Bill Kaulitz —me miró fijamente a los ojos y tomó mis muñecas para apresarlas detrás mío— aún nos quedan quince minutos… suficiente para una buena mastur… —metió su mano libre entre mis ropas, me estremecí.
—Tom… déjalo para más tarde, ¿sí? Tenemos que ir a clases, y no quiero volver a cambiarme de ropa —se mordió el labio mientras me soltaba rápidamente. Me impresionó lo rápido que lo convencí.
—Hoy no quiero tocarte. Júntate con tu tal amigo William… —alcé una ceja, así que andaba con eso… —¿Celoso, Tomi…?
Me miró divertido y me besó en los labios riendo. Ni siquiera me dejó terminar de hablar y ya me estaba besando. Con un último pequeño mordisco en mi labio inferior salió de la cocina despidiéndose con una mano.
—Nos vemos en el castigo —gritó cerrando la puerta de entrada.
¿Castigo? ¡Mierda, el castigo! Pero por un lado, era con Tom…
Rodé los ojos crispando los dedos… Me cabreaba tanto tener que borrar algo que no había hecho. Pero había una ventaja, descubriría qué era lo que supuestamente habíamos escrito con mi hermano.
Tomé mi bolso y salí corriendo tras mi hermano, había una ventaja de ser un poco más ágil que él al correr. En la cama y en el momento de tocar, él ganaba por leguas de ventaja. Pero corriendo, el triunfador era yo.
Al abrir la puerta me encontré con mamá, que me miró fijamente, y no pude evitar detenerme… ella me miraba extraño. Me acerqué a ella, y esbozó una pequeña sonrisa antes de abrazarme. Me preocupé… si ella nos había visto en la cocina estaríamos muertos. La miré fijamente, esperando. Aún me quedaban diez minutos que podía aprovechar, no pasaría nada malo si hablaba un poco con mi madre.
—¿Qué pasa, mami?
—Hijo —me miró preocupada— por favor, trata de estar menos con tu hermano, él no es buena influencia para ti, sólo te va a llevar por el mal camino.
—¿Q… qué? —quedé totalmente impactado por las palabras de mamá, fueron tan cortantes, tan decididas— tienes que estar bromeando… es… mami él es mi hermano…
—Lo sé… ¿pero alguna vez ha hecho algo bueno por ti? —quise decirle que sí, que haberme dejado tocarlo para mí era hermoso. Pero, lógicamente, no podía decirle eso.
—Pero… mamá, es mi hermano, lo quiero mucho…
—Sólo… hijito… —me volvió a abrazar y me quedé rígido— no confíes en él. No dejes que te haga daño. —me solté de su abrazo y la miré a los ojos, corrí a la puerta principal y la abrí torpemente.
—Yo… nos vemos en la tarde mamá, te quiero… y, cuida a Scoty por mí, por favor —susurré antes de cerrar la puerta rápidamente y salir a la calle de golpe.
Suspiré un poco nervioso. Las palabras de mamá sonaban tan determinantes, tan fuertes, como si de verdad quisiera que me alejara de mi hermano. Ella no sabía lo infeliz que me haría alejarme de él. Sería separarme de la persona que más amaba, a la que me entregaría cuando el momento lo dictase.
Caminé a mi colegio en silencio, escuchando la brisa que se colaba por los pequeños espacios entre las hojas de los árboles. Un perro del barrio ladró al escucharme pisar un par de hojas en el suelo, circunstancia que me relajaba. No tardé en llegar al instituto, y en la entrada me encontré con mi mejor amigo, que levantó su mano en señal de saludo y se acercó a mí. Lo esperé con una sonrisa, y entramos al colegio conversando cosas amenas, de nuestros trabajos, nuestras ideas…
Íbamos solos hasta que apareció un chico de cabellos negros y ojos celestes, que me hizo sonreír inmediatamente, al alcanzarnos me alargó una rosa pequeña que tenía guardada celosamente. Me sonrojé y lo miré fijamente, esperando una explicación.
—Regalo de cumpleaños.
Fue cortante, pero no pude evitar abrazarlo mientras lo agradecía. Era una rosa blanca preciosa, sin espinas en su tallo. Era brillante, el sol la hacía parecer aterciopelada en sus pétalos, una visión hermosa. Casi ensoñadora.
William me abrazó con más fuerza y me sonrió cuando lo solté. Quería preguntarle sobre el modelaje, era algo que realmente me interesaba. Pero me miró a los ojos fijamente y luego miró a Andreas, que estaba cruzado de brazos esperando que terminara de saludar a mi amigo mayor. Sin que Andreas lo notara, me entregó disimuladamente un papelito doblado en cuatro, que procuré guardar en mi bolsillo en tiempo récord.
William se alejó de nosotros dejando un ligero olor cítrico gracias al perfume característico que aromatizaba su piel blanca como la nieve. Sonreí atontado mientras mi amigo rubio me tomaba del brazo y me dirigía al aula tontamente. Estaba embelesado con su belleza. Podría compararlo con Tom y… no, eran demasiado distintos.
Andreas me zarandeó un par de veces hasta que mi sonrisa se tornó normal y pude mirarlo a los ojos mientras acariciaba la rosa tan peculiar de aspecto aterciopelado.
—Bill, tú estás enamorado de William.
—¡¿Yo?! —mi ensoñación con la rosa se rompió apenas escuché esas palabras… yo sólo amaba a Tom, a nadie más. Lo miré a los ojos un poco cabreado, tenía la misma actitud de mi hermano a veces… y eso me asustaba— no lo amo, es sólo mi amigo… nada más.
—Sí, Bill… lo que tú digas —dijo sarcástico.
Resoplé y le sonreí, me abrazó también con una sonrisa. Él sabía la verdad de toda mi persona. Bill Kaulitz se dejaba tocar por su sexy hermano Tom Kaulitz, que estaba sentado al otro extremo de la sala, y conversaba con su séquito de amigos, sonriendo indiferente.
Con la rosa regalada por mi modelo favorito en las manos, me sentí lentamente excitado cuando Tom me miró con lujuria a través de sus amigos. Me pediría explicaciones, lo sabía, pero con un poco de mis jadeos y gemidos, no tendría que explicarle que William, el chico que dibujé tantas veces en mis croqueras, con todos los estilos existentes en el mundo a través de la historia, me la había regalado… y que eso, sinceramente, había sido algo totalmente… nuevo. Y me había encantado.
Andreas notó que lo veía, sobre todo que algo me había movido en el interior, y suspiró para luego susurrarme, notoriamente preocupado:
—Por favor… no lo dejes. Detenlo antes que sea tarde para ti, y termines sufriendo, sin encontrar una salida… —lo miré a los ojos, y le hice un puchero.
—¿Cuándo vas a dejar de preocuparte, Andy? Él… creo que se han cambiado los papeles desde ayer —me miró con impacto, sumamente confundido— Oh… no pienses lo que estás pensando… —me acerqué a él, a su oído más directamente, y le susurré— aún soy un puto virgen. Aún nadie me ha escuchado hacer esos sonidos que te hago a ti de aburrimiento… mm… —le di un pequeño gemido de excitación, y luego me reí a carcajadas cuando lo vi totalmente sonrojado y nervioso.
Andreas bajó la mirada y se fue a su puesto. En la clase que nos tocaba, anatomía, nos tenían puestos asignados. Justamente, me tenían en el último puesto, aislado del mundo. Y a Andreas en el puesto más cercano al profesor.
Tocaron el timbre y me senté en mi puesto.
Hasta ese momento no me concentré en lo que pensaba o decía. Me tuve que tapar la boca impactado. Le había gemido a Andreas en público… eso yo no lo habría hecho, no podía ser… no me reconocía. Estaba, sexualmente excitado con la mirada de mi hermano. El muy hijo de mi madre lo había hecho a propósito.
Ya, con Andreas a veces jugábamos a gemirnos en el oído. Pero eran sólo juegos, era una diversión algo extraña, sí, pero éramos amigos íntimos, no nos interesaba… pero no lo hacíamos en público. Menos de manera tan sexual como lo había hecho en ese momento.
Suspiré un poco extrañado de mí mismo. Yo no quería que Andreas se incomodara, él sólo me ayudaba, me quería mucho, y lo demostraba dándome su apoyo incondicional ante todo, excepto el tema que implicaba a mi hermano. Él lo detestaba… y no entendía a qué se refería cuando me decía que me haría daño. Tom no lo haría, ambos nos queríamos mucho, sólo que a él le costaba más admitirlo.
Olvidé el tema de Andreas-gemido-hermano, cuando volví a posar mi vista en la flor blanca que no había soltado de mis manos en todo ese tiempo. Había sido un gesto tan… tan William. Me encantaba su manera de ser tan simple, humilde, a pesar que sabía que tenía todo lo que deseaba sólo con chasquear los dedos. Él no lo presumía…
Saqué la nota de mi bolsillo mientras todo mi cuerpo se estremecía nervioso. Estaba ansioso por saber lo que decía. Con un poco de torpeza en mis manos, la abrí. Tuve que reprimir mi emoción cuando vi su letra tan bien trazada con lápiz verde en esa hoja blanca arrancada de un cuaderno cualquiera.
Olí la rosa nuevamente, y me puse de pie antes que todo el curso estuviera listo para la clase. Rogué a mi profesor para que me dejara salir de clases, actué que tenía un dolor horrible en el estómago desde el día anterior, y que tenía unas náuseas horribles. Me dejó ir cuando hice una arcada intencional.
Afuera de la sala, me dispuse a caminar lo más rápido que pude a la sala de música. Estaba, para qué negarlo, ansioso. Sobre todo porque su notita me tenía intrigado:
“Debo hablarte, ven a verme a la sala de música en el primer bloque…
Me escaparé sólo por ti.
William M.”
By Tom
Vi salir a mi hermano luego de una actuación, para mis ojos mal hecha, totalmente apresurado y notoriamente nervioso. Fruncí el ceño ante eso, ¿qué iba a hacer mi hermano? Sólo esperaba que no hiciera algo estúpido.
Suspiré durante toda la clase. Mi hermano no regresó del lavabo, al parecer se lo había chupado el retrete. No dejé que eso me afectara, Chantelle estaba un puesto más adelante que yo, y me dedicaba a molestarla dándole toqueteos con mis pies en su culo. Ella hacía soniditos de incomodidad que me hacían reír. No eran excitantes como los mínimos sonidos que salían de la boca de Bill, ni siquiera se acercaban, pero no me interesaba. Ella me daría sexo, era lo importante. En cambio Bill todavía no estaba preparado, el momento estaba cercano, pero él debía pedírmelo.
Las clases pasaron totalmente aburridas, sin nada de novedad, y Bill no volvió en los dos primeros bloques. Me había cabreado, yo lo controlaba, tenía que tenerlo en la mira. Y no lo había visto en toda la mañana.
El segundo bloque llegó luego de una colación en la que tampoco lo encontré, a pesar que estaba muy atento a ver si olía su perfume o si escuchaba su risa. Nada, ni siquiera Andreas sabía en dónde estaba, de hecho cuando se atrevió a preguntarme, lo miré seriamente y lo eché luego de darme cuenta que él no sabía dónde estaba.
Las clases de arte eran las favoritas de mi hermano, no podría faltar a ellas… De eso estaba seguro.
Tenía razón, observé entrar a Bill con rostro de preocupación, apretaba su cuaderno de dibujo con fuerza entre sus brazos, como si temiera que se lo fueran a arrebatar. Buscaba a alguien con la mirada, y lo encontró, me buscaba a mí. Me miró seriamente e hizo una señal para que me acercara a él. Alcé una ceja un poco cabreado. Primero se escapaba de clases sin razón aparente, y luego me pedía que me acercara a él.
De todos modos fui a su encuentro cuando el director se presentó en la sala tomando a Bill del brazo. Intentó quitarle la croquera, pero no lo logró, haciendo que Bill se sonrojara por la pequeña pelea que había tenido que formar para poder quedarse con el cuaderno en sus manos.
El director le susurró un par de palabras a la profesora de arte, y ella, pidiendo silencio con sus manos, gritó:
—Tom Kaulitz, afuera de la sala. Tiene permiso de ausentarse a esta clase por hoy.
—Pero yo no quiero —respondí cruzándome de brazos— No voy a salir, gracias.
—¡Es una orden! —mierda, esa señora sí que asustaba. Me puse de pie resignado y caminé fuera de la sala mientras Bill salía con la cabeza gacha, sin soltar su cuaderno.
Afuera de la sala, el ambiente estaba tenso. Caminamos uno al lado del otro en silencio mientras el director nos dirigía al gimnasio. Bill levantó la vista al notar a dónde nos dirigíamos. Instantáneamente habló:
—Yo no voy a limpiar algo que no hice —abrazaba su croquera con fuerza, como si el viento fuera a arrebatársela en cualquier momento.
—Tenemos el video en nuestro poder, no pueden hacer nada, Menos usted Bill Kaulitz, escaparse dos horas de clase fue muy inadecuado. ¿En qué estaba pensando?
—Estaba aburrido —bajó la vista de nuevo. Eso no era verdad, había algo detrás de eso, y tenía que descubrirlo a como de lugar— es mucho lo que hay que pintar de nuevo.
—Todo lo que rayaron —dijo cortante el director.
No tenía ganas de discutir, además me sacaban de una clase, eso era genial y lo agradecía. En cambio, era la clase favorita de Bill, se lo notaba cabreado.
Alargué mi mano para que me pasara lo que tenía en sus brazos tan celosamente, quería saber qué escondía, pero él ni siquiera me miró. Sonrojado se alejó un poco más de mí, e hicimos ingreso al gimnasio.
—En esto se van a pasar las siguientes horas. No lo hicimos fuera del horario de clase porque nadie se podría quedar vigilando. En cambio ahora… se quedarán con llave —el director nos miró con sus cejas alzadas, haciendo que su frente se surcara de pequeñas arrugas— no saldrán a la hora de la merienda. Aquí tienen sus delantales para no ensuciarse —nos entregó un par de color negro, de nuestra talla.
Abriendo mucho mis ojos, me quedé impactado, soportar todo el tiempo con mi hermano sería demasiado. Apenas estábamos juntos en la semana, eso lo dejábamos para los fines de semana.
Nos pusimos los delantales y el director nos dejó solos en el gimnasio imponente, totalmente solitario excepto por nosotros y una gran pared con un garabato dibujado. Tuve que taparme la boca para no reír. Bill también hacía lo mismo por su parte.
Decía en letras totalmente legibles, pero a la vez feas, notoriamente de nuestro querido primo Jack: “Instituto del follar libre. Aquí me cojo a quien quiera”, y abajo encerrados en un corazón, unas letras solamente legibles para nosotros que conocíamos a nuestros primos, una B y un T, y un gran pene dibujado torpemente arriba de esa frase tan idiota.
Mi hermano se acercó al dibujo y levantó la mano como calculando algo. Luego dijo con una sonrisa en sus labios:
—Yo lo habría dibujado con más detalle —apuntaba al miembro dibujado— está desproporcionado, le faltan retoques en la punta… ¡¿Es que acaso nunca han visto un pene en su vida?!
Nos miramos a los ojos cuando él se volteó, y nos pusimos de rodillas de la risa que se nos vino a la garganta. Reíamos a carcajadas que se doblegaba debido al eco que provocaba el gimnasio. Hasta nos salieron lágrimas de la risa.
No cesamos de reír hasta que nos secamos las lágrimas y nos volvimos a levantar del suelo. Me acerqué a mi hermano lentamente, y le tomé el mentón para que me mirara a los ojos.
—Yo podría cogerte aquí mismo, tal y como dice lo que “escribimos aquí”. —le sonreí tocándole el trasero con descaro. Se removió incómodo.
—No Tom, no tengo ganas… —se alejó de mí y se acercó a los tarros de pintura y las brochas. Tomó una de ellas y me miró a los ojos — lo mejor es terminar lo más rápido posible, ¿no? —alcé una ceja, un poco cabreado por la actitud de mi hermano. En la mañana estaba feliz y ahora, ¿ni siquiera se inmutaba? Algo le había pasado en las dos horas que no entró a clases. Me acerqué a las pinturas e hice lo mismo.
—¿Qué estuviste haciendo esas dos horas que no entraste? —se quedó tenso por un minuto, luego abrió una de las latas para meter la brocha en ella.
—Nada.
—Bill —lo conocía perfectamente, y “nada” era más que una mentira, hasta daba risa. —¿dónde mierda estuviste metido? —Nada Tom, no hacía nada… sólo…
No lo dejé continuar y lo estampé contra la pared del gimnasio, allí comencé a besarlo rudamente, sin importarme sus alegatos y gemidos de desaprobación. Él no deseaba eso, pero yo era el que controlaba aquí…
Metí mi mano en sus pantalones, y encontré su miembro, el cual comencé a masajear haciendo que Bill hiciera sonidos mezclados: gemidos de placer, sonidos de dolor por mi brutalidad, y protestas violentas.
Lo dejé de besar por un segundo, y Bill me miró con una sonrisa extraña, lo había apresado totalmente contra mi cuerpo, y sus muñecas estaban arriba de su cabeza con una de mis manos como esposas. Seguí masturbándolo mientras movía sus caderas al compás. Luego de que apretara sus dientes, susurró notoriamente enojado.
—¿Vas a hacerme lo mismo que te hizo a ti ese tal David? —Me quedé congelado, mirándolo a los ojos fijamente— porque tú no querías, él lo hizo en contra de tu voluntad… tu voz en mis oídos ese día fue… horrible… lloré al verte sufrir. Sangrabas Tomi… te dolía.
—Si sigues hablando, yo te parto el culo a ti ahora mismo —dije seguro, totalmente enrabiado con mi hermano, ¿qué se creía hablándome así?
—¡En una sala fría y un colchón sucio lleno de semen de otros! —ya lo había soltado, ahora me gritaba desde su posición mientras se arreglaba sus ropajes desordenados.
—Por favor… ya…
—¡¿AHORA ME PIDES POR FAVOR?! —Lo miré con mis ojos brillando como chispas de fuego ardiendo, estaba a punto de golpearle, pero apreté la brocha con fuerza, soportando— Tom… él no es bueno…
—Cállate.
—No quiero que te conviertas en él…
—Cállate —nunca me convertiría en David. Yo era alguien mucho mejor que él.
—¡Tom eres un…! —lo empujé hacia la pared con fuerza, haciendo que gimiera con dolor. Ahí lo agarré de pelo mientras se quejaba de dolor. No me interesó, se lo tiré con fuerza y luego le agarré el mentón, ignorando sus protestas.
—Tú… —hablaba entre dientes— no sabes lo que es ser la oveja negra de la familia, no me iba a quedar sólo… —sus ojos se aguaron — ¡Él me ayudó cuando tú eras mimado por mamá y papá!
Lo solté bruscamente y me alejé de él. Lo vi tocarse la mandíbula totalmente adolorido, la movía lentamente para estabilizarla.
Volteándome tomé una brocha y la sumergí en pintura, comencé a pintar indiferente, yéndome al extremo del dibujo, lejos de Bill, que también comenzó a pintar en silencio, mientras se limpiaba los ojos disimuladamente, había llorado un poco con lo último que le había dicho.
Se lo merecía.
El dibujo era bastante grande, pero terminamos la primera capa en un tiempo prudente. Lo malo era que el dibujo se seguía notando. Así como se veía, nos llevaría unas tres capas más de pintura en la pared.
Me senté en otra pared y saqué mi iPod. Poniendo cualquier canción cerré mis ojos, tardaría su tiempo que se secara la pintura, y no tenía ganas de hablar con mi hermano. Por mí que se jodiera.
Iba en la mitad de la primera canción, cuando escuché un susurro a mi lado, casi inaudible. Abrí mis ojos tranquilamente, y me encontré con la mirada de Bill, sus ojos brillaban cautelosos. Tragó saliva mientras alzaba mis cejas sacándome un audífono del oído derecho. Lo miré con fijamente, esperando que hablara.
—Yo… no quería… —bajó la vista— perdóname. Mi mañana no estuvo bien.
—¿En dónde estuviste todo el primer bloque? —Bill me miró a los ojos nuevamente, le agarré el brazo para que no intentara alejarse.
—Quería respirar… —hizo una pausa algo larga— necesitaba satisfacerme y ver el cielo… yo… estuve en el baño.
—¿Te estuviste masturbando, Bill? ¿Durante el bloque completo? Es una hora y media… —no podía imaginarlo.
—Sí —fue cortante.
—No te creo… —le dije mirando a otro lado, poniéndome de pie rápidamente.
—Es cierto —lo decía como si ni siquiera él lo creyera— perdóname, yo no quise decir eso… estaba un poco enojado. No sé por qué reaccioné así —hizo una pausa suspirando, me volteé a mirarlo— Nunca lo volveré a hacer, no debí…
—Deja de lamentarte, me das repulsión haciéndote la víctima —se tapó la boca, notoriamente afectado por mis palabras. Luego me miró a los ojos, fijamente.
—¿Me perdonas entonces?
—Quizás…
Eso hizo que se ilusionara, una mínima sonrisa se formó en sus labios rosados, y puso su mano en uno de sus bolsillos delanteros, al parecer algo guardaba. Apretó su lengua con los dientes haciendo el esfuerzo de sacarlo con esos pitillos tan apretados.
Un mismo empaque como el del lubricante de ayer, apareció de sus pantalones repentinamente. Había una pequeña diferencia, el color era ligeramente más oscuro, como fucsia…
—Yo… estaba pensando que… —se sonrojó suavemente, mientras bajaba la vista— traje de cereza.
—¿Al colegio? —asintió suavemente. Reí descaradamente, ¿qué más traía mi hermano en los bolsillos? Lógicamente los trajo escondidos en su mochila, si lo revisaban sería su perdición. Me miró a los ojos al ver como reía— eso es impresionante… —cerró un poco sus ojos. —Sólo lo metí en la mochila…
Se lo quité de las manos con una sonrisa lujuriosa, y le comencé a girar la tapa con lentitud mientras Bill se mordía los labios, imaginando lo que pasaría.
¿Cómo no perdonarlo?
Continúa…
Gracias por la visita.