Fic TWC de Melody Fliegen

Capítulo 21: Provocaciones

By Tom

Yo no lo amo —volví a repetirle a David, pero ahora extrañamente agotado, por lo que tuve que volver a sentarme, lejos de él, pero en el mismo banco.

—Já, Tom, escúchame —alcé mis cejas y me crucé de brazos. Lo miré con odio.

—Habla.

—Él se va a ir, te va a abandonar apenas hagas algo —comencé a reír mientras hablaba—. ¿No me crees?

—Él me ama, idiota —me tiré hacia atrás en el banco, satisfecho—. No me va a dejar, además, ¿por qué lo haría? Le doy todo lo que desea —David volvió a reír mientras se ponía de pie.

—Cuando te deje, voy a estar ahí para verte sufrir— se acercó rápidamente a mí y me tomó de las mejillas, haciéndome mirarlo a los ojos. le tomé las muñecas, apretándoselas—. Y vas a ver que estaba en lo cierto… —me sonrió antes de darme un suave beso en los labios.

Me levanté rápidamente para empujarlo, y al hacerlo se volteó y comenzó a caminar por el mismo lugar por el que llegó a mi visión. Le grité pero solo levantó una mano a modo de despedida y luego puso sus manos en los bolsillos. Apreté mis dientes y me volteé, enojado.

Regresé a casa bastante cabreado, David me había sacado de mis casillas y luego se había ido como si nada, no sé qué mierda se creía, pero así no se podía tratar a Tom Kaulitz. Ya lo entendería, se sentiría avergonzado de haber dicho que no sería capaz de cumplir lo que había prometido hacía cuatro años.

Además, ¿qué era todo es de “vas a sufrir”? Como si no me conociera. Ya no podía sufrir desde que me enseñó a ser como era ahora. Nada podía cruzar mi barrera.

Entré a mi habitación dispuesto a dormirme rápidamente con ese pensamiento inmerso en mi mente…

—Tom…

La voz de mi padre me hizo voltear, estaba sentado en mi silla de trabajo de brazos cruzados. Alcé mis cejas y me tiré a la cama. Me habría enojado por haberlo encontrado en mi habitación, pero ya tenía la rabia con David latente, no era necesaria otra.

—¿Qué quieres? Estoy bastante cansado como para que me reprendas porque no encontré a tu hijito preferido —dije sin más— De hecho, no me interesa que no esté mi gemelo, solo sé que no está aquí y eso me basta.

—¿Qué mierda dices, hijo? —eso me impresionó, papá no era de decir malas palabras, y menos con un tono de enojo en su voz. Me puse de pie nuevamente, al igual que él—. Nunca he tenido preferencias —me crucé de brazos, ya era demasiado por hoy.

—No tengo ganas de discutir algo que es realmente obvio, aunque quieran negarlo —papá se acercó a mi totalmente irritado. Algo pasaba, él era bastante sumiso y sólo lo había visto explotar últimamente defendiéndome de Simone—. ¿Me vas a golpear como lo hizo mi “mami” el otro día? Anda, no tienes nada que perder. Aprovecha que no tengo ganas de devolver —le solté desinteresado, levantando mi quijada a modo de entrega.

—No te voy a golpear, Tom. Quiero que algo te quede claro —dijo con voz dominante, una voz que me hizo ponerle total atención, era impresionante como su voz había cambiado—: no sé qué pretendes con la pose que has tomado estos últimos años, decidí no decirte nada porque pensé que Simone lo hacía… de lo que me arrepiento totalmente porque ella tiene una… pequeña preferencia por Bill.

—¿Pequeña? —pregunté irónico alzando una ceja.

—Ya, no lo había notado porque por mi trabajo, como lo notas, no estoy muy presente en casa, tu madre trabaja menos que yo. Y yo tengo que estar viajando casi todo el maldito año… —se tocó el cabello cerrando los ojos con una expresión de angustia—. Gracias a eso ustedes tienen todo lo que quieren, pero yo perdí a mi familia —tragué saliva, aún no comprendía a lo que mi padre quería llegar con tanta charla. Entonces me miró fijamente a los ojos, poniéndose totalmente serio—. ¿Qué mierda pasa entre tú y tu hermano? —abrí mis ojos, impactado por la pregunta y el cambio de tema tan repentino.

—¿Qué? ¿A qué te refieres? —me crucé de brazos.

—Te escuché hablando con… ese chico. El novio de tu prima, si no me equivoco. Así que ahora no me puedes mentir, Tom —lo miré fijamente a los ojos, poniéndome rígido y serio, igual que él, que me miró fijamente a los ojos, intentando descubrir lo que pasaba por mi mente en ese momento. No lo descubriría—. Es tu hermano Tom, ¿desde cuándo eres gay y…?

—¿Qué escuchaste? —susurré interrumpiéndolo, desviando la respuesta.

—Lo suficiente para saber que algo pasa entre ustedes —hizo una pausa No puedo creer que cometan incesto —alcé mis cejas—, ¿cómo Simone nunca lo notó? Cómo yo no noté que pasaba algo entre…

—Ya, para —susurré sonriendo de manera nerviosa—, nosotros no…

—Tom, no sé qué mierda quieres conseguir con todo esto, pero detente antes que te arrepientas. Créeme hijo, lo que haces no es bueno —dijo tocándome el hombro. Al instante aparté su mano de un tirón.

—Sal de mi pieza —me puse de pie y miré por mi ventana—, ahora que todo está hecho no puedes venir a exigirme ser tu hijo, yo ya no pertenezco a esta familia… ¡desde que decidieron tener sólo un hijo yo ya no soy de aquí! —le grité.

Y papá me abrazó, me agarró con fuerza entre sus brazos para que no escapara, y me mantuvo ahí un tiempo largo, a base de movimientos incómodos míos, desesperados por alejarme de él, que me soltara… nunca había sentido esa extraña sensación que ahora me estaba entregando, pero me desesperaba, era algo nuevo… algo totalmente indeseado de momento por mi persona. ¿Creía que así iba a solucionar todo? ¿Con un simple abrazo? No.

—No cometas ese error —me susurró al momento que yo apretaba mis dientes.

Me soltó rápidamente después de eso y lo empujé con todas mi fuerzas, sacándolo de mi habitación rápidamente.

—Tom Kaulitz no comete errores.

Dictaminé antes de cerrarle la puerta en la cara a mi padre, cuya expresión fue de absoluta impresión y desconcierto ante mis últimas palabras. Caí en mi cama boca abajo, tapándome la cara desesperado por entender, tratar de comprender algo que no tenía explicación, que no tenía sentido en mi reino.

Bill… cuando viera a mi hermano, no sabía lo que le esperaba.

.

By Bill

Logré saltarme una semana de clases inventando que estaba enfermo, gracias a William, que hizo un certificado falso. Él tampoco quería que fuera al colegio, no quería que me encontrara con mi hermano, me lo dijo directamente, sin preámbulos, que no iba a dejar que me hiciera daño, y que por eso haría lo posible por hacer que no nos encontráramos. Al momento que dijo esas palabras me sacó la primera sonrisa luego del mar de lágrimas que había durado más de dos días. Fue una sonrisa débil como una nota tocada con delicadeza en el piano, como un pichón recién nacido… pero fue una sonrisa al fin.

Hablé con mis padres seriamente sobre lo que sucedía, es decir, inventé que iba a estar con William porque tenía que hacer un proyecto de artes demasiado complicado y extenso para el colegio, y que yo lo debía ayudar ya que era mi fuerte. No dije la verdad por ningún lado, pero le pedí expresamente a mamá que no le dijera palabra a Tom, a lo que ella contestó que no sería problema. Admitiría que en ese instante me gustó mucho que mi madre no se comunicara mucho con Tom, porque así me aseguraba que de verdad no le iba a decir las cosas. Papá me habló bastante extraño sobre mi situación, pero me dijo que por el momento no se preocupaba que no estuviera en casa.

La semana que estuve en casa de William tuve la oportunidad de conocerlo más, y me enteré de sus labios que llevaba dos años enamorado de mí, lo que me dejó atónito, pero él no quiso ahondar en más palabras, dijo que por el momento no era importante ni necesario hablar de él. Sugirió que me lo contaría cuando hubiera más tiempo y mi mente estuviera más despejada, lo que agradecí sobremanera. Me contó incluso cosas banales como que prefería a los perros sobre los gatos, que su comida de los jueves era siempre spaguetti al pesto, y que las alcaparras eran su debilidad… y muchas cosas más de su vida personal que me parecieron interesantes y chistosas, también. Estaba conociéndolo en profundidad, y me daba miedo la sensación que tenía en mi pecho debido a eso.

Sabía que esa paz no iba a durar mucho, William se iba en solo una semana a Los Ángeles, y debía volver a casa, volver a ver a mi hermano. Volver a verlo luego de todas sus mentiras, luego de aprovecharse de mí, que me hizo ser una persona más sexual que humana. Me había transformado en su perro, en su mascota incondicional. Sabía que volvería a caer en su juego si volvía, sus caricias me desenfrenaban y me transformaban sólo en deseo y descontrol. Volver sería mi absoluta perdición. Me tendría las veces que quisiera. No… no podía dejarlo si estaba cerca, rondando. En una semana volvería a la maldita rutina que él había ocasionado. No quería por nada del mundo que la semana llegara a su fin. Aunque tenía todavía un opción… quizás no fuera correspondida, pero no perdería nada intentándolo…

—¿En qué piensas Bill? Estás ido… —estábamos acurrucados en su cama, me rodeaba con sus brazos fornidos mientras su respiración tibia me acariciaba el cuello. Me reconfortaba su calor y ternura, tan contraria a la de Tom. Con no me sentía con ganas de ir más allá, mi mente estaba en paz en sus brazos.

—Es sólo que… —de algún modo tenía que explicarle las cosas. Confiaba en William, siempre confié en él, ¿por qué no contarle todo?—, bueno, creo que…

—Confía en mí —me susurró al oído. Abrí mis ojos con lentitud pero desesperación. Sabía que si le contaba a William lo que pasaba por mi cabeza, de un modo u otro terminaría rompiéndole el corazón. Tenía que actuar rápido, pensar en una excusa, inventar una mentira. Por el momento no podía contarle todo lo que Tom provocaba en mí.

—Solo… solo creo que esta semana deberíamos ir a clases —se alejó de mí para sentarse en la cama, vi como negaba con la cabeza mientras sus ojos se oscurecían de manera extraña—. Déjame explicarte —suspiró y me miró, incitándome a continuar—. Sé que es una locura, pero creo que debo volver a mi vida normal, no será fácil, ya que debo aprender a… bueno…

—Superarlo —dijo sin más, ambos sabíamos que se refería a Tom. Asentí acariciándome el cabello en un gesto de nerviosismo.

—Sí, William… vamos hoy en la tarde no creo que haya problema. Estaré con mis amigos y contigo, no me va a pasar nada, ninguno perderá el control ni nada por el estilo —lo miré a sus intensos ojos, y le dije cortante—. No puedo esconderme más. Le avisaré a Andreas.

—Tienes razón —dijo luego de un momento de silencio incómodo y un largo suspiro de su parte, a lo que una diminuta sonrisa salió de mis labios—. Cuando me vaya tendrás que… bueno…

—No lo digas, sí, entiendo —dije bajando la vista, ya me había puesto de pie, ambos estábamos en el lado contrario del futón, teniendo una distancia que no me acomodaba del todo. Apreté mis labios con fuerza antes que mis palabras salieran, más serias de lo que esperaba—. William, tengo otra cosa que decirte.

—Si es sobre quedarte aquí mientras estoy en Los Ángeles, claro que puedes. Quiero cancelar mis… —No es eso —suspiré mientras apretaba el cubre cama— escúchame, por favor.

Tragó saliva y sus ojos cielo se posaron en mis ojos, esperando mis palabras con una ansiedad palpable… no quería romperle el corazón.

—William, yo quiero…

.

By Tom

—Jaque Mate —le dije a Jan, mi contrincante, un compañero de clase con el que a veces solía conversar de manera amena y natural, era algo cercano a un amigo.

—¿Cómo lo haces? Siempre me ganas en el ajedrez. Es como si estuvieras hecho para ganar en este juego —dijo chasqueando la lengua, frustrado.

—Yo siempre obtengo lo que quiero —dije simplemente, sin preámbulos, sonriéndome a mí mismo.

—Tú y tus alardes de grandeza —dijo entre risas—, en fin, no me interesa. Otra vez, en algún momento tienes que perder, ¿no? —Yo nunca perdería. Él estaba sentado mirando hacia la puerta, mientras yo le daba la espalda, totalmente desinteresado de lo que pasaba. Estaba concentrado en el tablero de ajedrez.

Era mi juego de mesa favorito, sobre todo porque para mí todos tenían nombres reales: Bill, William, Jan, Georg, Andreas, David… todos estaban presentes en mi tablero de cristal.

Las palabras de mi contrincante zumbaron en mis oídos de manera extraña.

—Mira quién decide aparecer luego de una semana ausente. Perdón, quiénes —dijo Jan sonriendo mientras se tocaba el cabello rubio y apuntaba detrás de mí—, tu hermana y el modelo —siempre se dirigía a Bill de esa manera y… ¿Bill? Me volteé lentamente, sin creerme que mi hermano volvía a aparecer en público. Tenía que darme explicaciones de su desaparición tan repentina. Tenía mucho que darme… y él lo tenía claro.

Su rostro tenía una sonrisa aparentemente inocente mientras entraba a la sala con William detrás, de escolta, sin siquiera percatarse de mi presencia. Se le veía feliz, demasiado feliz. Y una mierda, no tenía ganas de pelear o decirle algo en ese momento. Ya se las vería en casa, mejor no armar mucho alboroto en clases.

Volví a mirar a William, que me miraba fijamente, casi podía sentir su odio hacia mí. Ladeé mi cabeza con aparente inocencia mientras él miraba hacia otro lado y le tocaba el hombro a Bill, que se volteó rápidamente y le dijo algo en respuesta a una pregunta que le hizo William. Pregunta que no pude escuchar debido a la lejanía y la gente que hablaba. Acto seguido William estrechó en sus brazos a Bill, que le correspondió con delicadeza mientras una pequeña sonrisa salía de los labios de William.

Él quería guerra, pero no sabía con quién se estaba metiendo. Cerré mis manos en puños cuando lo observé salir de la sala con Bill y Andreas, que le tomaba la mano a mi hermano descaradamente. ¿Acaso no se daban cuenta que estaba ahí mismo observando sus movimientos? Mis manos se cerraron en puños, y sonreí mientras le decía a Jan que debía salir al baño. Al salir por la puerta lo escuché gritar que a la próxima me ganaría, lo que me hizo reír antes de ingresar al pasillo. Nadie me ganaba.

A lo lejos divisé tres siluetas que caminaban lentamente hacia algún lugar del patio. Caminé con sigilo a una distancia prudente de ellos y, cuando observé que William se iba en otra dirección, no sin antes despedirse de Bill y Andreas, decidí seguirlo a él. Al fin y al cabo, él era el que me había provocado en la sala de clases. Mi hermano y su amigo desaparecieron de mi vista en un momento, y cuando supe que ya no me podían ver, caminé más rápido hacia la silueta de William que seguía caminando derecho por el campus escolar. ¿Acaso quería llegar al final del establecimiento?

Cuando dobló a la izquierda una esquina, prácticamente corrí para alcanzarlo y que no se perdiera de mi vista. Al llegar a la esquina rápidamente doblé y observé con mi respiración agitada en donde estaba, pero no había ningún alma en ese lugar, era como si se lo hubiese tragado el viento.

Di por perdida mi búsqueda golpeando la pared que estaba a mi izquierda, y me volteé. Y unos ojos celestes aparecieron ante mi vista, dejándome por un momento totalmente estupefacto. Parpadeé por un momento antes de hablar y sonreí. Este día se estaba poniendo cada vez más divertido.

Continúa…

Gracias por la visita.

por administrador

Publico con autorización del autor

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

error: Content is protected !!