Fic TWC de Melody Fliegen

Capítulo 3: Desayuno Incómodo

By Tom

Se movió encima mío tan malditamente sexy… que mi cuerpo respondió a sus movimientos, a los movimientos de él encima mío como lo hacía perfectamente una chica. Pero era distinto, era mi hermano encima de mí, no era cualquier persona. Era el juguete, mi juguete sexual, nada más que eso, y no se comparaba con las chicas, ellas si que eran ardientes.

Ni siquiera me despedí de él, solo le dije que lo odiaba y me fui de allí. Pensé que me seguiría como siempre lo hacía, cosa que no deseaba en ese momento, lo habría echado. Pero no, no vino, y me dejó ir al baño para poder masturbarme a gusto. Me gustaba gruñirle porque sabía que eso lo ponía tan cachondo que rápidamente se iba en mis manos. Me gustaba excitarlo y que gimiera, pero él, para mí… no era más que un simple juguete del cual me aburriría pronto. Como todos los niños, en algún momento se aburren de jugar con su juguete… y se renuevan con otros… eso le pasaría en algún momento y no me importaría. Mi viejo juguete había sido un autito de carreras, el otro era un muñeco de acción, ahora era él, ya encontraría uno más atractivo y adiós juguetito. Solo debía esperar.

Pasadas las doce siempre mamá y papá subían a dormir luego de quedarse abajo por horas y horas hablando de nuestro cumpleaños o lo que a ellos se les ocurriera en ese momento. Cuando los sentí pasar al lado de mi pieza, tuve que morderme el labio para no gemir como idiota cuando ya mi trabajo estaba terminado. Tenían que pasar justo en mi mejor momento… mierda.

Estaba feliz de tener mi habitación propia. Bill no, siempre decía que todo sería más fácil para nosotros si no nos hubieran separado, pero eso para mí era más privacidad, lejos de mi afeminado hermano era mucho mejor, lo único que me pedía era que lo tocara, y si yo no quería, me decía que era idiota, y como yo me cabreaba porque me dijera esas cosas, terminaba masturbándolo haciéndolo gritar como un animal.

Sabía que su estilo “Rockstar” con excesivo maquillaje no se lo cambiaría, por lo que me había resignado. Me pasé más de un año y medio diciéndoselo y nunca lo tomó en cuenta. Idiota. Así es como lo molestan en el colegio. Que aprenda.

Nuestro cumpleaños dieciséis había pasado rápido y, como era viernes, ya tenía todo planeado para la noche… un par de cervezas, cigarros caros y una buena sesión de sexo con Chantelle, la rubia más caliente del curso, mi novia actual, es decir, de la semana.

Mi hermanito me encantaba, definitivamente me podía calmar, que me dejara tocarlo cuando quisiera era lo mejor, así liberaba mi estrés y de paso hacía feliz a mi inocente hermano. Pobre, si sólo no fuera tan ingenuo…

Me fui a mi cama luego de limpiarme la mano y me acosté en ella. Dormir era lo mejor para el momento, porque tenía la ligera impresión que no dormiría mucho la noche siguiente. Que suerte que mi cumpleaños cayera viernes. Todo era perfecto en mi vida: un juguete, una novia, mi atractivo, mis rastas, mi pieza, mi música, mi banda. No podría haber algo malo o una pieza fuera de lugar en mi tablero. Todo estaba perfectamente armado, nadie se cruza con nadie, es un perfecto juego de ajedrez, y el ganador soy yo.

By Bill

Esa noche estuve con una sensación melosa en mi cuerpo, y me pasé un buen rato, luego de ponerle pestillo a la puerta y poner un poco de música a un volumen moderado en el radio, penetrándome con mis dedos, haciéndome gemir y jadear pensando en Tom, en mi lindo hermanito que cada vez me trataba mejor, quizás me pediría ser su novio en secreto en algún momento. Quién sabía. Quizás sería esta semana…

Viernes. Un nuevo día se presentaba ante mis ojos prometiendo relucir y hacerme sonreír, el día de mi cumpleaños número dieciséis, y mi regalo más deseado ya lo había disfrutado. Sí, definitivamente hoy sería un gran día.

Me levanté desperezándome como un gatito en la cama, notando que había dejado mi reproductor de música toda la noche prendido, por suerte a un volumen que no llegaba a molestar a nadie. Debía darme rápido una ducha, tanta excitación en la noche me había dejado mis ropas sucias y mi cuerpo también, y el colegio comenzaría pronto.

Con mis ojos aún un poco somnolientos prendí la ducha, que me dio en la espalda fría como el hielo, haciéndome gritar una maldición antes de que me saliera de la ducha saltando, mojando el suelo y, mierda, mi cepillo de dientes y mi pasta cayeron a la taza del baño. Eché otra maldición al aire mientras tomaba lo caído al baño y lo botaba a la basura, por suerte el baño estaba limpio, pero, ¿quién había sido el idiota que había dejado la tapa del baño abierta?

Recordé que estaba desnudo y que me tenía que duchar cuando escuché el sonido del agua caer en la tina. Por fin el agua estaba caliente y me duché tranquilo. Había sido una mañana un poco desgraciada, pero no dejaba de ser divertida.

Sonreí, lo único que quería era… era tocar a Tom, yo poder hacerle sentir placer, pero por una extraña razón no me dejaba tocarlo. Pero como éste había sido un cumpleaños especial, quizás…

Me vestí con unos pitillos negros, una polera roja con unas grandes letras negras que escribían un gran “Fuck you”, y una chaqueta de cuero negra. Me alisé el pelo y revisé mis uñas, negras como me gustaban. El maquillaje, sombra de ojos negra, un grueso delineador, y brillo tenue de labios sólo para hacerlos más provocativos.

Corrí escaleras abajo y pude observar a Tom desayunando ya, con su típica ropa de Hip Hop que realmente me comenzaba a gustar, cada día que se la veía puesta, con esos rastas que le caían por el cuello, me iba gustando más y más, a pesar de que sabía que eso era totalmente fuera de moda. A mi hermano se le veía realmente bien.

Llegué al lado de Tom mientras mi madre se acercaba para abrazarme.

Éramos una familia unida, y eso me agradaba, mamá me cantaba el feliz cumpleaños mientras Tom me miraba fijamente, mordiéndose el labio mientras “accidentalmente” se le caía un poco de mermelada por la pera, para luego con su lengua lentamente limpiársela.

¡MIERDA! Ese maldito sólo quería excitarme, y vaya que lo conseguía. Por suerte mamá me soltó y avisó que subiría a buscar sus cosas cuando sentí mi miembro ya adolorido por el poco espacio que le daban mis pantalones.

¿Por qué mierda me haces esto? Sabes que me carga hacerlo en la mañana. Es una mierda sin sentido.

Es la gracia, ¿no crees? Sólo porque tú no puedes hacerlo conmigo no significa que yo no me quiera divertir un poco hermanito. Tranquilo, que eso baja luego de un rato, sólo piensa en alguien que odies y te da el bajón rápidamente – se acercó a mí mientras yo cerraba los ojos. ¿A quién odiaba? A la rubia sintética Chantelle, lo único que hacía era coquetearle a mi hermano, y él se hacía el idiota. Maldita… y sí, mi gemelo nuevamente tenía razón, mi endurecida entrepierna ya había desaparecido, en sólo pensar en su repugnante sonrisa… — ¿Ves? ¿En quién pensaste Bill?

Mm… en ti… — me miró seriamente y me agarró de los brazos, pidiendo explicaciones – en ti desnudo, puaj… — me metí un dedo a la boca haciendo una mueca mientras a él le subía cada vez más la rabia, la impotencia – Mierda, suéltame…

¿Sabías que eres un hijo de Puta?

No quería aceptarlo, pero ya que lo dices, ¿crees que mami es una prostituta Tomi? – Nuevamente con su brutalidad me apretó – tú lo pediste… — con mi pie logré encontrar su entrepierna en ese ancho pantalón y comencé a tocarlo justo ahí. Gruñó enojado – si no me sueltas te doy una patada… — lo amenacé haciéndolo mirarme fijamente a los ojos, parecía bastante enojado…

No te gustaría – se hizo un poco para atrás, pero mis piernas al ser largas siguieron tocando su miembro, que comenzaba a sentir distinto. Genial.

Mm… Tomi… Sí… — comencé a gemirle despacio mientras seguía moviendo mi pie en su miembro ya endurecido.

Eres un… — me tomó de los hombros y me sentó para luego mirarme fijamente a los ojos – ¿realmente quieres que me cabree, Bill? – Le sonreí divertido, asintiendo – pues lo estás consiguiendo, y eso no es nada bueno…

¿Bueno? No me interesa… — me separé de él con brusquedad y, tomando mi último trago de leche, le susurré antes de esfumarme por la puerta – ya quiero ver cómo te sacas eso de los pantalones. Feliz cumpleaños Tomi.

Caminé al colegio tranquilamente sabiendo que Tom tardaría unos minutos más en llegar conmigo. Bien. Así podría relajarme un rato.

Mi instituto quedaba a diez minutos caminando, era cómodo para mí. Me daba tiempo de pensar. Pensar en Tom, en sus palabras, sus actos… estaba esperando que me abrazara y me besara, pero a cambio de eso hizo que mi desayuno se convirtiera en un juego para él, que lo único que quería era reírse un rato. Por suerte los papeles cambiaron por un rato.

Mi cumpleaños dieciséis, tres años de nuestro primer descubrimiento de excitación. Era bastante. Junto con el extraño sentimiento del amor en mi corazón que nunca creí tener por él, me gustaba más llamarlo atracción. El amor dicen que daña en su momento. A mi Tom no me hacía daño. Y si lo amaba, bueno… creo que sí lo amaba, estaba loco por él, todo su ser me embelesaba. Pero amor… amor… esa palabra…

Llegué a las puertas de mi colegio justo en el momento en que Tom me tocaba el hombro. Me volteé y me encontré con él cara a cara. Me miraba fijamente, serio, notoriamente enojado y con un poco de sudor en su frente. Quizás se había venido rápido al instituto. Tragué saliva mientras Tom me acorralaba contra una pared.

No sabes lo que haría ahora Bill Kaulitz, agradece que llegaste a las puertas del colegio… si te hubiese alcanzado en la calle…

Mierda… — podría haber caminado un poco más lento para que me metiera en un callejón – estamos solos… — le dije alzándole una ceja.

No lo creo… — se acercó a mí lentamente. Cerré mis ojos, esperando unir mis labios con los de él… lo deseaba… — Te haría muchas cosas aquí por castigo por lo de en la mañana… — me susurró al oído haciéndome estremecer sin siquiera tocarme un cabello. Abrí mi boca un poco, esperándolo, pero…

¡Bill! – esa voz… ¡Andy! Tom me acorraló con más fuerza mientras yo veía llegar a mi amigo detrás de él. A Tom no le agradaba la gente que se acercaba mucho a mí, pero eso para mí era pura mierda. Que se metiera su soberbia por donde le cupiera. Lo empujé con fuerza para que luego Tom resoplara y me dejara abrazar a mi amigo — ¡Feliz Cumpleaños! – me estrechó en sus brazos mientras yo no podía evitar sonreír — ¡Dieciséis años!

Tres siendo mi… — escuché a Tom reírse antes de que desapareciera en la entrada, dirigiéndose lentamente al salón de clases. Logró hacerme sonrojar levemente.

No sabes cuánto odio a tu hermano… tan arrogante y puto… — ups… olvidaba que Andy odiaba a Tom… ¿por qué? Ni idea.

No le digas así, no es cierto. Es muy amoroso – sonreí para mis adentros.

Ah sí, olvidaba que con las chicas con las que se mete puede ser tierno, pero después las deja por otra, todas las noches… una y otra vez — ¿por qué siempre decía eso de Tom? Yo más que nadie sabía perfectamente que él era hombre de sólo un… hombre… — pero bueno. Lo importante hoy eres tú. ¡Mi mejor amigo de cumpleaños! – por suerte el tema “Tom” desapareció rápidamente, dejaríamos de pensar en él por un momento. Ya había tenido suficiente de él en la mañana.

Jeje… gracias Andy… — me toqué mis cabellos mientras mi amigo rubio me tomaba el brazo y me decía

– Tenemos que ir a clases… ojala éste día fuera feriado. ¿Hoy vienes a mi casa? — ¡Oh! Había olvidado la invitación de mi amigo a su casa – sí, lo olvidaste… torpe – sabía que tenía mala memoria para algunas cosas. La fiesta en casa de Andy se me había ido totalmente de la cabeza.

¡No lo olvidé! – Mentí — ¡Claro que iré! Pero recuerda que primero debemos pasar por mi casa para cambiarme… y… — llegamos a la sala, cuando ya estábamos adentro, un grito me hizo voltearme hacia la entrada nuevamente.

¡Bill! – Georg y William, mis amigos mayores – Mierda, creíamos que te quedarías durmiendo, pero al ver a… a él… — apuntó a mi hermano, que estaba a un costado del salón rodeado de amigos y de la ramera… perdón, Chantelle. Georg y William también odiaban a Tom… era odio mutuo — ¡Feliz dieciséis años pequeño! Y pensar que te conocimos cuando tenías apenas trece… — Mi amigo de ojos grises me estrechó con fuerza, sonreí y le correspondí mientras él me levantaba del suelo fácilmente.

Por un momento nuestras miradas se cruzaron, serias y silenciosas mientras me abrazaban y la ramera Chantelle se tiraba encima de Tomi, refregándose en él como era ella, todos sus pechos encima de la cara de Tom. Nadie notó cómo nos mirábamos y lo que había pasado por nuestras mentes. Hoy no habría cariños. Bien por mí. No quería tener nada con Tom. Estaba enojado sin saber por qué. Quizás por el hecho de que Tom sonreía al tener en manos a Chantelle.

¡Y hoy nos emborracharemos en casa de Andy! – Gritó Georg mientras el timbre sonaba estruendosamente avisando el comienzo de clases y yo daba un respingo – Nos vemos en recreo.

William se despidió con una sonrisa, no era de hablar mucho, pero me atraía bastante, me gustaba hablarle a pesar de que él me respondía pocas veces. Y bueno, no podía decir que sus respuestas fueran muy productivas, siempre eran “sí”, “no” o “que bueno”. Tenía ojos celestes, cabello oscuro, negro azabache, y un cuerpo de modelo envidiable. En su tiempo libre de hecho el modelaje era su vocación. Pero no conocía nada más de él. Era un real misterio.

Sentí una mirada punzante detrás de mí y me volteé, Tom me miraba fijamente.

Tom no podía negar mis juntas. Si a él no le gustaba Georg por su estúpida banda a mi no me importaba, ya se las arreglarían ellos. Que a mí no me metiera en sus problemas estúpidos…

Ya quería que llegara la noche.

Continúa…

Gracias por la visita.

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