Fic TWC de Melody Fliegen

Capítulo 6: Ebrio

By Tom

Ya eran las una de la mañana, la fiesta que habíamos tenido en casa de Gustav había sido explosiva, chicas semidesnudas por todos lados, Chantelle a mi servicio, gran cantidad de cerveza, unos cigarros caros. Y sexo puro.

Pero ni siquiera pensé en dormir con Chantelle y amanecer con ella, quería llegar a casa y encontrarme con mi hermano. Tenía la extraña necesidad de saber si olía a sexo o si ni siquiera había ido a una fiesta y me había mentido. Quizás sólo se había juntado con su amigo Andreas a pintarse las uñas y llorar con una película cursi de niñas…

Por suerte sabía que Andreas no le diría nada de mis andanzas a Bill, lo tenía bien amenazado, por lo que con él no tenía que temer perder mi juguete. Sólo debía hacer que sus amigos cercanos mantuvieran la boca cerrada, y claro que lo lograba, era muy fácil hacer que todos se callaran con mi poder. Como ya lo había dicho, todos estaban a mi merced, no había mucho que discutir.

¿Por qué te vas? — Chantelle me miró fijamente mientras se levantaba de la cama dejando al aire con descaro sus grandes pechos. Me mordí el labio y le sonreí.

Debo ir a casa, mis padres llamaron.

Ah… — levantó las cejas mientras miraba hacia otro lado — tus padres no te dan libertad.

Yo creo que sí. Tener sexo a los dieciséis años… — me acerqué a ella, le tomé el rostro posesivamente y la obligué mirarme a los ojos — con la chica más sexy del curso… en una fiesta dedicada a mí… — le besé los labios con lentitud mientras ella cruzaba sus brazos detrás de mi y yo le comenzaba a masajear los pechos con descaro.

Tom… mm… Tomi…

No, Tomi no… no me digas así — no me gustaba que nadie me dijera así. Nadie excepto… bueno, excepto mi hermano. Sólo a él le sonaba bien. Mierda, ¿qué tanta libertad tenía Bill conmigo? Bueno, él no podía tocarme. — Me gusta Tom. Tomi no, es muy infantil — e infantil era solo con mi hermano.

Mm… entonces Tom… házmelo de nuevo — hacerlo por tercera vez… era tentador, sabía moverse bien. Rápidamente tomó mi hombría y empezó a masajearme haciéndome morderle el labio. Esa chica realmente tenía práctica, y era rápida, no había que mandarle nada para que ella misma lo hiciera. Quizás con cuántos lo había hecho antes que conmigo.

No — me alejé de ella antes de que mi cuerpo hiciera lo contrario — quizás uno de estos días me pase por tu casa, y te haré ver estrellas chica… — se sonrojó mientras se tapaba y yo terminaba de ponerme mi polera y chaqueta — Nos vemos… Chantilly…

¡Tom!

Odiaba que le dijera así, por lo que cuando salí por la puerta escuché que me habían tirado algo. Quizás había sido su sostén, siempre tiraban el sujetador las mujeres cuando se enojaban, nunca encontraban algo mejor…

Bajé las escaleras y salí de la casa rápidamente antes de que alguien me detuviera, comenzando a caminar por las calles. Mi casa sólo quedaba a veinte minutos a pie. Caminaría.

Las luces de los focos de la calle estaban todos totalmente prendidos, a excepción de algunos que parpadeaban o simplemente no funcionaban. La noche estaba con una brisa agradable, no daba frío y era tranquila, había mínimo ruido, meramente ambiental, ningún ruido extraño…

Hasta que escuché un gemido lastimero proveniente de un callejón por el que iba pasando, seguido de un pequeño ladrido, de cachorro. Me detuve en el camino y me saqué las manos de los bolsillos, para escuchar mejor…

Silencio por un momento, y luego otro ladrido lastimero proveniente ahora de una notoria caja un poco arrugada tirada en el callejón. Caminé hacia él y escuché un ladrido y un movimiento en el interior de esa caja. Llegué a ella y observé su interior, en ella había un cachorrito con el estómago blanco y el lomo negro manchado con puntos blancos. Su carita era lastimera… y no pude notar por qué lloraba hasta que observé su pata trasera hinchada, no se podía parar por dolor.

No sabía qué se creía la gente, golpeando a los pobres animales, yo estaba seguro que ellos tenían sentimientos, y no tenían derecho a golpearlos al no tener la capacidad de defenderse. Esa gente realmente valía pura mierda, que malditos, dejar a un pobre animal en un callejón, no tenían decencia. Además el pobre era bonito, quizás no de raza, pero ya casi ningún animal es de raza, se cruzaban con cualquier cosa que pasara por el camino… así que no importaba.

Me acerqué a él y le estiré la mano con lentitud, teniendo cuidado que no me mordiera. Su primer reflejo fue gruñirme, pero al darle una pequeña sonrisa y decirle que todo estaría bien, me movió con lentitud su pequeña colita y me dejó hacerle cariño. El pequeño se notaba que había sido de alguna casa, ya que estaba aseado a pesar de tener pequeñas heridas que curaría rápidamente en casa. Lo tomé con suavidad, teniendo cuidado de no tocarle la patita trasera, lo atraje a mi cuerpo, y lo seguí acariciando cariñosamente.

— ¿Quieres una casita que te acogerá? Bueno, quizás Bill te ame con toda su vida, sin duda lo hará — me movió el rabito haciéndome sonreír, como si entendiera perfectamente esas palabras — Créeme, te podrías terminar aburriendo de él, es muy exigente… Bueno, quizás no te canses de él… Por lo menos yo no lo he hecho — sonreí y le toqué su naricita, comenzando a sacar su lengüita para lamerme los dedos. Estaba realmente feliz, como si fuera primera vez que le dieran amor. No amor, cariño — ¿cómo te quieres llamar? — me dio un pequeño ladrido mordiéndome la mano con suavidad. Volví a mirar la caja en la que lo había encontrado y me acerqué a ella, a pesar de estar bastante desgastada, tenía escrito con plumón negro en el exterior un nombre: “Scoty”, raudamente, como si lo hubiera escrito un niño pequeño rápidamente — ¿Quieres llamarte Scoty? — El animalito me ladró y lo consideré como un sí — Perfecto, ahora a casa.

Lo puse sobre mi hombro con cuidado de no tocarle su patita herida, ya que un segundo antes sin querer lo había hecho, y el muy bestia me había mordido fuerte la mano, como si él me controlara en ese momento. “Si no controlas, te controlan… “ Sonreí, a mi nadie me controlaba.

Luego de tener en brazos un rato al perrito, con su cola golpeándome la nariz cada cierto tiempo, su respiración se volvió tranquila y pude sonreír al notar que se había quedado dormido. Nunca había visto a un perro quedarse dormido tan confiado en brazos de alguien que recién lo había cogido. Pero bueno, éste animal era especial.

Al llegar a mi casa y abrir la puerta creí escuchar un grito que despertó a Scoty… ebrios. Acaricié al cachorrito e ingresé a la casa para luego subir las escaleras y llegar a mi pieza rápidamente. Quedaba al otro extremo del pasillo de la habitación de Bill, pero de todos modos supe que no estaba en casa porque no lo escuché. Ya vería cuando llegara y le encontrara algo sospechoso.

Con el animalito en brazos comencé a buscar una caja en donde ponerlo, no dejaría que durmiera en mis sábanas, además se lo regalaría a Bill, que él se encargara del animal.

Cuando logré encontrarle una pequeña caja en la que cabía su diminuto cuerpo, sonreí y lo miré para luego decirle que dormiría en la caja bien abrigado al lado de mi cama. Me movió el rabito y me pasó su lengua por la nariz, haciendo que se me escapara otra sonrisa. Lo dejé en el suelo cuando escuché unos fuertes portazos desde la puerta de entrada. Al instante supe que era Bill. Tenía que ser él, nadie más tocaba casi a las dos de la mañana a la puerta de un desconocido.

Acaba de llegar tu nuevo dueño — me dio un pequeño ladrido de satisfacción — espérame aquí y te lo presento. ¿O acaso quieres que yo sea tu amo? — sonreí cuando me tiró otro ladrido más sonoro y, apoyando su hocico en sus patas delanteras, cerró sus ojos para esperar.

Sí que era un animal especial.

Bajé las escaleras cuando escuché nuevamente el insistente golpe en la puerta. Grité un seco “Ya voy”, y escuché una risa exterior.

Como me entere que…

úsalos como juguetes… eso es lo que son…”

By Andreas

Hacía horas que había perdido de vista a Bill.

Ya eran la una y solamente había logrado divisarlo un par de veces en la fiesta, cada vez que lo veía, estaba bailando con una chica diferente. Como si hubiese un millón de chicas con las que bailar. Claro, el anfitrión era yo y Bill no me daba ni bola.

Creí escucharlo gritar en su momento, pero luego supe que sólo había sido parte de la canción. Una chica guapa rubia igual a mi, se me acercó y me miró sonriendo.

¿Quieres saber en dónde está tu amiguito lindo, hermanito?

Mm… ¿hablas de Bill, linda? — le sonreí a mi hermana mientras ella se cruzaba de brazos.

Bailando arriba de la mesa del comedor, con una botella de vodka totalmente vacía en las manos, una tirada en el suelo, y más que ebrio, si apenas se puede mantener en pie…

Me costó procesar toda esa información…

Bill, ebrio, bailando arriba de mi mesa, haciendo ridiculeces… era un idiota.

Miré a mi hermana nuevamente y, tocándole los hombros y agradeciéndole a ella, corrí a su encuentro pasando por la sala, esquivando chicos que bailaban desenfrenadamente y chicas que me pedían bailar con ellas, toqueteando todo cuanto podían, y unos cuantos chicos que tenían las piernas estiradas en el sillón impidiéndome el paso. La fiesta estaba controlada, no había disturbios hasta el momento. Pero al ver a Bill bailando un estúpido lento mientras sonreía como un idiota, notándosele su exceso de alcohol en la sangre, todo mi mundo se fue hacia abajo.

Él no era de hacer disturbios, y menos de emborracharse, nunca lo hacía. Era primera vez que lo veía en esta situación, y al parecer él también pasaba por primera vez por este estado. No se controlaba. Al estar frente a él, lo miré hasta que logró enfocarme con la mirada, y me sonrió tontamente gritando:

¡HEY! ¡Ven a bailar conmigo! Aquí todo está más alto… ¡Alcanzo el cielo! — levantó las manos y se las golpeó al tocar el techo con ellas. Las volvió a bajar, se las miró y susurró — creo que no es tan bueno tocar el cielo… se supone que si las nubes…

Bill, Bill baja, ven…

¿Por qué? Tú no me mandas, rubito — mierda, odiaba que me dijeran así. Lo aborrecía y él lo sabía, comenzó a reír como poseso.

Es que… te tengo una sorpresa. Pero tienes que acompañarme — al parecer le gustó la idea ya que se acercó a mi y se tiró al suelo, por suerte alcancé a tomarlo antes de que se desplomara en el piso cuando sus piernas se enredaron. Al ser tan alto me costó tomarlo, pero por lo menos se mantuvo a salvo. Lo ayudé a caminar y, al llegar a el pasillo principal, le dije sin más — nos vamos a casa. — Pero si ya estoy en casa…

A tu casa.

Oh… — sonrió para sus adentros, embobado — ¿estará mi hermanito allí?

Mm… — me miró un poco enojado, esperando mi respuesta — ¡Claro! — y sonrió divertido. Esa era la respuesta que esperaba.

Oh… jejeje, genial… — ¿qué tanto le veían a ese mujeriego? Bueno era estúpido pensar eso de Bill, ni siquiera estaban juntos en clases, sólo se querían como simples hermanos. Que torpe yo al creer que eran algo más. Georg pasó justo por nuestro lado, acercándose a nosotros al ver a Bill casi cayéndose sostenido de mis hombros.

¿Qué mierda le dieron?

Hip, una botella de vodka completa… jajajaja… espera… jajaja… fueron dos… — fase de la risa de la ebriedad. Cómo me cargaba esa fase. Cualquier palabra y Bill explotaría como si fuese lo más gracioso del mundo.

Wow, eso sí es estar ebrio. ¿Lo llevo a casa?

Prefiero hacerlo yo, pero gracias Georg, cuida mi casa…

Jajaja… — Bill seguía riendo más despacito mientras movía sus piernas torpemente de un lado hacia el otro.

Pero…

No creo que te quieras encontrar con Tom, no sería agradable, ¿lo crees? — me miró asintiendo — además se pondría a preguntar qué haces con Bill… y todo eso de posesivo que tiene con él…

Pero tampoco creo que sea divertido para ti verlo…

Para mí ya no es nada Georg, para ti sí. Tú y tu banda le declararon la guerra a la suya. Va a pensar que tú le hiciste esto a Bill — dije apuntándolo mientras él apuntaba un punto vacío y le brillaban los ojos sonriendo.

¿Qué cosa? Jajaja. Mira, ¡luciérnagas! — Nunca me embriagaría, era definitivo. No habían luciérnagas dentro de una casa, menos en un barrio, ¿qué mierda estaba viendo Bill? Oh, la luz principal — ¿No las ves? — me miró tocándome la cara con un dedo.

Mm… sí, Bill, sí… son hermosas — era mejor seguirle el juego antes de impedirle, podría enojarse…

¡Son hermosas! — repitió mis palabras agarrándose de mi brazo

Llévatelo antes de que decida irse a bailar con otra chica… mira cuántos papeles salen de su… pantalón… — ¿Qué miraba mi amigo?

Oh Dios Mío, de su delantera salían muchos papeles que decidían caer al suelo de mi pasillo. Quizás cuánto lo habían toqueteado esas perras. Aunque podría haber sido bueno, pero no para Bill. Él definitivamente cambiaba cuando el alcohol envenenaba su sangre.

Oh… — Bill bajó la vista hacia donde Georg y yo mirábamos, y sonrió para luego con descaro meterse la mano y sacarse como quince papelitos con números que arrugó y tiró al suelo riendo — No me sirven… porque no eran de mi tipo… ¿Quieren saber quiénes son de mi tipo amigos? Pues claro que no me gustan las mujeres… — ambos quedamos boquiabiertos por la revelación tan espontánea de Bill, ni siquiera tuvimos un momento de silencio cuando Georg rápidamente reaccionó — me encantan los hombres… soy… ¡Soy Uke! — Lo miré impactado… ¿uke?

Mierda… ya llévatelo, que delira…

Sí, o sino definitivamente le doy un golpe en la cabeza… — dije yo comenzando a caminar hacia la puerta, abriéndola mi amigo rápidamente, dando paso a la calle gélida que nos daba la bienvenida a caminar hacia la casa de mi amigo. Sólo quince minutos a pie.

Es mejor la seguridad de su casa…

Sí, claro, con Tom de escolta para él. Seguro… — dije levantando las cejas.

Hoy se fue con Chantelle, no interesa, no va a estar…

Tienes razón — mi pequeña sonrisa de diversión por Bill desapareció al escuchar a Georg. Realmente era un cabrón sin remedio — ya me voy.

Cuídate.

Como siempre, cuida mi casa…

Y dicho eso, saqué a Bill rápidamente de mi casa mientras Georg cerraba la puerta tras de mí. Nunca creí que tendría que llevar un borracho a su casa, y menos a mi Bill, era un poco incoherente, él nunca hacía estas locuras. Pero siempre había una primera vez para todo, eso decían. Aunque Bill tendría que tener un buen fundamente para emborracharse tan patéticamente, en su propio cumpleaños.

Íbamos caminando relativamente lento por el camino. Primero, porque llevaba a Bill con cuidado, y segundo, porque se tambaleaba demasiado. Una botella de vodka completa en su sangre… esas eran las consecuencias, y la resaca que tendría mañana… oh… que mal.

Andreas… yo dibujo — ahora se pondría a hablarme de su vida… ¿por qué tenía que aceptar traerlo yo? Debió venir Georg, rodé los ojos.

Sí lo sé Bill — era su mejor amigo, siempre nos dibujaba abrazados.

Y Tom no, no tiene idea de mi vida… de nada… solo me quiere por… jajaja… — miré de reojo a mi amigo, quizás, sólo quizás era verdad lo que estaba pensando. ¿Acaso Tom… con Bill…?

¿Y qué importa que tu hermano no sepa Bill? — le dije mientras él sonreía tontamente.

… casi todos mis dibujos… son de él… son retratos… jeje… ¿puedes creerlo? Tanto lo amo… que lo dibujo… — mis piernas se quedaron estáticas en el pavimento. Sentí náuseas desagradables que casi me devuelven el estómago, mi garganta se quedó casi rota. Bill se me soltó de los brazos y llegó a chocar con un poste — Oh… Auch… perdón por chocarlo… espere… ¡Usted me chocó! — Apuntó el poste de alumbrado con un dedo — ¡Usted es el culpable! — Se mantuvo tambaleante de pie mientras yo aún no podía reaccionar — ¡Pídame disculpas! — si sólo se diera cuenta que era un poste. Sonreí débilmente y me acerqué a él, lo ayudé a esquivar al poste—persona y seguimos caminando. Estaba sumido en mis pensamientos. Bill, ¿amaba a Tom? Le dije que… mierda — ¿Andy? No me dejaste luchar con el señor… — lo miré a los ojos y sonreí.

él era pacífico… — le dije sin más, haciéndolo reír rápidamente.

Andy siempre me defiende de la gente mala… — era un puñetero poste…

Bill… — decían que los ebrios decían siempre la verdad — ¿Amas a Tom?

Que sí… ya te lo había dicho… ¡te lo dije recién! — Dijo levantando una mano y dando otros pasos que enredaron sus piernas delgadas pegadas a un apretado pantalón — ¡Amo a Tom! — gritó fuertemente antes de que le tapara la boca. Realmente lo amaba… ja… no podía ser verdad… quizás solo hablaba estupideces.

¿No sabes que Tom no te ama? — dije sin más.

Ah… soy su amor… no me haría daño…

Mierda… Bill…

Jajaja… jajaja… mira… un pájaro… — ni siquiera me escuchó — oh no, no es un pájaro… — apuntó el cielo estrellado, donde, por casualidad, no había ningún ave, solo… ¡estrellas estáticas! — ¡Es superTom!

Y esa fue nuestra pequeña conversación incoherente con Bill.

En la que se mantuvo en silencio hasta llegar a casa de mi amigo, estaba un poco desorientado, pero al llegar a casa, sonrió y comenzó a golpear la puerta.

Tomi… Tomi sé que estás ahí… — hablaba con voz demasiado picarona como para ser la de él normalmente, y demasiado baja como para que alguien escuchara… bueno, a veces decían que los ebrios mentían, quizás el decir que amaba a su hermano era una broma, tenía que serlo…

Bill… Tom no est…

¡Ya voy! — se escuchó desde la planta superior el sonido de la voz de Tom, el hermano gemelo insoportable diez minutos mayor que Bill… me preparé para entregárselo e irme, irguiéndome, aunque internamente me sentía totalmente devastado, si todo lo que había dicho Bill era verdad… Mierda, no sabía que estaría en casa… Se supone que hoy estaría con Chantelle teniendo una sesión típica de sexo, según la mayoría de la gente.

Jajaja… te dije que estaría… jejejeje… — la puerta se abrió rápidamente, apareciendo el gran cuerpo de Tom frente a ella. De hecho yo le había dicho que Tom iba a estar en casa.

Como me entere que… — su voz se desvaneció al encontrarse su mirada castaña con mi mirada celeste. Tragué saliva — ¡¿qué mierda haces aquí?!

Continúa…

Gracias por la visita.

por administrador

Publico con autorización del autor

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