EXTRA. El secreto escondido en el muro

RESUMEN: Tom tiene muchos secretos y demasiadas preocupaciones para ser un guardián eficaz.

«Basorexia» Capítulo especial

El secreto escondido en el muro

Aquella era una hermosa mañana de martes. El cielo estaba completamente despejado y —pese a encontrarse bien entrada la primavera— circulaba una brisa fresca que invitaba a disfrutarla en el exterior.

A Tom le picaban las manos por aprovecharla pintando una pandereta en una calle aledaña que descubrió accidentalmente un par de días atrás. (Y por accidentalmente quería decir que viró a la derecha donde el GPS de Zorra indicó virar a la izquierda y condujo sin rumbo fijo durante aproximadamente media hora).

Pero en lugar de ello debió permanecer auto recluido en casa, como un nerd cualquiera, desarrollando una extensa guía de álgebra. Los exámenes estaban al caer y necesitaba aprobar con la mejor calificación posible, su situación ya era de por sí bastante complicada como para empeorarla reprobando el curso.

Había tomado un pequeño recreo, regresaba de la cocina con una soda fría y una bolsa de nachos cuando se vio atrapado dentro de un abrazo de oso y debió soportar un ruidoso beso en su frente.

—¡No me babees!—chilló, limpiándose teatralmente con la mano en cuanto su cariñoso agresor lo liberó.

De acuerdo, Tom sabía que el comportamiento algo sofocante de su hermano era movido por buenas intenciones.

Nick era un sujeto de piel y esa era la mejor forma que conocía de demostrarle a Tom que en esa casa si era querido, y mucho.

No que el adolescente no valorara el gesto. El ser barbado en el que Tom no creía sabía —donde quiera que se encontrara— que el adolescente necesitaba cada una de esas muestras de cariño.

Pero…

(Porque había un pero, y era enorme)

El problema con las constantes muestras de cariño del adulto era su efusividad, su hermano no se medía con ellas. No fueron pocas las ocasiones en que lo avergonzó en la fila del supermercado o en el cine. Incluso una vez una mujer le había dado de golpes con su bolso, acusándolo de pedofilia. La anécdota pudo pasar de castaño a oscuro si no hubieran puesto pies en polvorosa en el instante en que la mujer cogió su móvil y le marcó a la policía.

—¿Cómo vas con Shakespeare?—preguntó el adulto, quitándose la mochila. No era extraño que se dejara caer un rato por la mañana o a media tarde, la clínica estaba a un cuarto de hora en automóvil y a Nick no le gustaba dejarlo solo en casa tanto tiempo.

—Ya acabé con él… Mejor dicho, él acabó conmigo. Estoy repasando matemáticas.

—Eres bueno en matemáticas, deberías reforzar inglés.

—Es sólo un último repaso, necesito obtener la nota máxima. Además estudio inglés todas las tardes— agregó entre dientes, echándose de cualquier manera en el sillón.

Agradeció que Nick no siguiera indagando, no quería mentirle, mucho menos mencionar a cierto ratoncillo que le daba clases particulares de inglés.

—¿Te quedas a almorzar? —preguntó, buscando desviar el tema.

Según el reloj de pared aún faltaba para el mediodía por lo que Nick se excusó, comprensiblemente. Sin embargo prometió acompañarlo al día siguiente, si el chico preparaba Risotto.

Sorprendentemente, Tom se había convertido en un talentoso cocinero, y aunque no era algo que deseara comentar con nadie, le producía una gran satisfacción.

El mismo lo había considerado «labor de mujeres», en otro tiempo. Sin embargo, luego de sus primeros intentos fallidos, descubrió que cocinar era un arte y que, como tal, dominarlo tenía un alto grado de dificultad. Empero, con dedicación y tenacidad (en su caso terquedad) los resultados podían ser asombrosos.

Los ojos de Tom se abrieron de par en par al ver el maletín de madera que su hermano depositó sobre la mesita de café, ante él.

—Sé que ya casi no te quedan óleos, y sería una verdadera lástima que dejaras inconcluso el mural por falta de materiales.

Tom pasó de la algarabía a la perplejidad y luego al pánico en sólo fracción de segundos.

—Entraste a mi habitación.

No era una pregunta, era una acusación.

—No quise invadir tu espacio, enano, pero la ropa sucia no se materializa dentro de la lavadora. Si no la pones en la cesta debo recolectarla del piso.—se excusó su hermano, con una sonrisa afable.

Tom guardó silencio, el nerviosismo lo embargaba, en esas circunstancias hablar sólo podría empeorar la situación.

Las reglas en esa casa eran muy diferentes a las que había en casa de sus padres. Desde su regreso Nick hizo hincapié en que respetaría su privacidad y así lo había hecho, la única vez que su hermano entró sin su permiso a su cuarto fue aquella noche en que el volumen de la música era demasiado elevado, incluso para oírlo llamar a la puerta.

Sin embargo en esa ocasión apenas comenzaba a pintar el mural.

Mural que ahora estaba casi terminado, si Nick lo había visto significaba una sola cosa.

Nick sabía… y todo por culpa de un tonto descuido de su parte.

Su hermano era distraído, más no estúpido… Mucho menos ciego.

El retrato de Trümper abarcaba la mitad de la pared oeste de su cuarto. No había forma en que el adulto no se hubiera dado cuenta, reconocido al chico de la pintura… Y sumado dos más dos.

De todas las reacciones que imaginó cuando su hermano se enterara de la identidad del objeto de su insana obsesión, la que menos esperó fue la que finalmente obtuvo.

Nick se sentó junto a él en el sillón y apoyó ambas manos en sus hombros, mirándolo con calidez.

—Estoy muy orgulloso de ti—aseguró. Dejando a Tom aún más desconcertado.

Tom bajó la mirada, su sonrojo fulminante era el menor de sus problemas en ese momento.

—¿Podemos olvidarnos de esto?—pidió, avergonzado. No estaba listo para hablar de su abominación, verbalizarlo lo haría real, rotundamente real y se rehusaba a que ello sucediera. Bastante tenía con discutirlo en cada sesión con Pauline, no necesitaba subir a su hermano al carro.

—Es una pintura muy bien lograda. Pero la parte más hermosa es que no transmite ira ni viole…

—Bro… Por favor.

Nick se rindió a sus súplicas, al menos en ese aspecto Tom era afortunado, el corazón de mantequilla de su hermano se conmovía con facilidad. Sin embargo debió soportar ser estrujado por otro de sus abrazos de oso.

La promesa que su hermano susurró en su oído se suponía que buscaba tranquilizarlo, sin embargo tuvo el efecto contrario, situó una espada de Damocles, balanceándose sobre su cabeza.

«Cuando te sientas preparado, hablaremos de ello».

F I N

por Haruxita

Escritora del Fandom

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