EXTRA. Ich liebe dich, Nick

RESUMEN: Llevaban casi un año jugando al escondite inglés, Val no aguantaba estar metido en esa comedia de equivocaciones ni un minuto mas.

«Basorexia» Capítulo especial

«Ich liebe dich, Nick» 

Tiempo atrás, en la exposición de un reputado afichista polaco en Soho, Valentino Trümper conoció a Celesta, una orfebre que desarrollaba un trabajo en joyeria poco convencional.

Las piezas que le mostró en su móvil parecían interesantes, extrañas pero hermosas en su singularidad. Sin embargo distaban de encajar en el estilo del modelo. Este guardó su tarjeta por cortesía y se olvidó de ella…

Hasta que se encontró nuevamente en la Gran Manzana, a unos días del cumpleaños de Nick, sin saber que obsequiarle.

Creó un tablero con una abrumadora variedad de objetos que acabó descartando por uno u otro motivo, nada parecía apropiado para ese hombre de gustos simples, que probablemente valoraría mas el gesto que el presente mismo.

En un momento de desesperación (y osadía) se permitió fantasear con una clase muy diferente de obsequio.

En su mente esperaba ansioso por él en su habitación, vistiendo sólo su kimono de seda azul—aparentemente a Nick le había gustado el día que se lo vio puesto— y un lazo de satin en su muslo.

A regañadientes espantó la fantasía en el punto en que su amado desasía el nudo del lazo con los dientes. Si sus pensamientos continuaban por esos derroteros sabía muy bien adonde lo conducirían.

Tal vez debería cancelar su membresía en Nubile Films, no necesitaba ese tipo de imagenes mentales rondando pemanentemente en su cabeza.

El último Pin lo llevó a tomar un taxi rumbo a «the Village», no disponía de mucho tiempo si quería alcanzar el siguiente vuelo a Berlín.

El calmado rostro de negocios, que le mostró a la orfebre al plantear el diseño de la joya, ocultaba a la perfección la ansiedad que burbujeaba en su interior.

La idea era simple, de buen gusto y contaba con el conveniente agregado de complementar la declaración que planeaba realizar el sábado siguiente.

Val no perdía detalle del complejo proceso mediante el cual Celesta convertía su voz en una imagen que luego plasmaría en oro de 24 kilates, Le parecía en extremo simbólico que su amado llevara sus palabras con él, donde quiera que fuera, casi como un tatuaje.

Mientras que el patrón de ondas sonoras era tallado en metal, Val se dejó llevar por un impulso atolondrado — algo no muy habitual en él, pero que se estaba volviendo costumbre cuando se trataba de algo relacionado con el veterinario— y lo grabó en su IPhone. Todo parecía dispuesto para ello: El programa estaba abierto, el archivo reproduciéndose, esas picudas líneas azules marcando su declaración de amor.

Ignoraba porqué lo hizo.

Tal vez se estaba volviendo un romántico sin remedio y quería conservar ese momento para la posteridad.

O tal vez su lado racional — anticipándose a los acontecimientos— previó que su amado reaccionaría con excepticismo cuando finalmente le revelara sus sentimientos.

Y no se equivocó…

~*~

—L-lo qu-que dij-dijiste en e-el lago… ¿E-es ciert-cierto? ¿Tu de v-verdad m-me…?

Irónicamente debía agradecer a Maurice —el inestable productor de Son of a Witch— por requisar su IPhone, de haberlo llevado con él en su paseo en ese momento estaría en el fondo del lago.

Y a Isabella, desde luego, por arreglárselas para colarse a hurtadillas en el avión y recuperar el aparato.

No había respondido con palabras al temeroso cuestionamiento de su amado y tremendamente inseguro veterinario. Ya que este parecía reacio a creer en ellas, no le dejó otra alternativa que darle una prueba más gráfica de sus sentimientos y mostrale el video que siempre cargaba en su móvil.

Esperó con impaciencia su reacción, pero este permaneció muy callado oyendo la grabación reproducirse una y otra vez.

«Ich liebe dich, Nick. Ich liebe dich, Nick. Ich liebe dich, Nick.»

Suspiró, obligándose a ser comprensivo con él. Aquello tal vez era demasiado para que su tímido veterinario lo asimilara rápido.

Pausó el video y bajó el móvil, su corazón latía agitado temiendo que su amado insistiera en que todo se debía a una confusión producto de haber estado a un tris de ahogarse.

Acarició la muñeca en que Nick llevaba la esclava. Había tantas cosas que deseaba decirle, pero que eran susceptibles de malinterpretarse, de manera que optó por ser brutalmente directo y honesto.

—Hasta hoy callé mis sentimientos por cautela, pero luego de lo sucedido no estoy dispuesto a desperdiciar mas tiempo —inhaló profundamente, era la primera vez que hacia eso y estaba increiblemente nervioso y temeroso de recibir a cambio una respuesta negativa. —Lo que dije en el lago es verdad: Te amo. Por favor, dime que no me equivoco al creer que soy correspondido.

La respuesta que obtuvo jamás se le hubiera pasado por la mente.

—C-creo q-que las ga-ga-galletas m-me hicieron a-a-alucinar.

Val apretó los puños a los costados, furibundo. ¿Que más tendría que hacer para que Nick creyera en sus palabras?

—TE AMO, NICK KAULITZ. ¡¿Es que debo contratar un aeroplano para que lo escriba en el cielo?!—Chilló, ya comenzando a cabrearse.

Llevaban casi un año jugando al escondite inglés y no aguantaba estar metido en esa comedia de equivcaciones ni un minuto mas

Nick infló sus cachetitos, de esa forma en que hacía sobresalir su labio inferior y convertía sus ojos en dos brillantes renglones marrones.

—Q-qu-quería ha-ha-hacer un ch-chiste.—se excusó, con un hilito de voz.

Val bufó, cruzándose de brazos. —No tuvo la menor gracia.

¡Tanto tiempo esperando ese momento para que su amado lo relativizara con una broma sosa!

—L-lo-lo s-siento —balbuceó el otro hombre, llevándose una mano al pecho, oprimiéndolo en señal de dolor.— est-to-toy tara-tata-tratando de n-no hip… no-hip… no hiperv…

Si había algo que desarmaba todas las defensas del modelo era ver a Nick completamente indefenso.

Le tomó el rostro con ambas manos y con voz calma pero firme fue guiando su respiración, hasta que esta lentamente recuperó su ritmo normal.

—… y ahora exhala despacio por la boca. —concluyó, sonriéndole con ternura. En ningún momento sus manos dejaron de acariciarle suavemente la barba, ni las puntas de sus narices de rozarse, el aliento de ambos mezclándose pacificamente.

Mas calmado, el veterinario puso las manos en los hombros del maniquí, como buscando soporte.

—Jamás esperé o-oír esto. D-digo… M-me he pasado los últimos meses rechazando c-cada indicio que creía v-ver de tu parte, fi-fingiendo no darme c-cuenta…–Val parpadeó y guardó silencio, dándole el espacio y el tiempo que precisaba para desahogarse —U-una parte de mi deseaba creerlo. Pero la parte m-mas recelosa siempre se imponía, me recordaba que y-ya había metido la pata una vez y que no me p-perdonarías una segunda. N-no alcanzas a imaginar todo lo que significas para mí, perderte era un precio demasiado alto por actuar d-de forma imprudente otra vez. Tenías razón, eres encantador con todo el mundo, cuando quieres —agregó, con una pequeña sonrisa—. ¿quien era yo para sentirme especial?

Val pasó saliva con amargura, sus ojos poniéndose acuosos. Si tan solo hubiera sabido que ese lejano arrebato de ira le iba a costar tan caro se habría contenido.

—Nada de lo que dije esa tarde lo pensaba realmente, ni antes ni ahora. ¡Por supuesto que creo que eres atractivo! Todas las mujeres que se acercan a ti te hacen ojitos. Ardo de celos cada vez que una runner de grandes pechos se acerca a coquetearte en el bosque. Pero habías herido mi orgullo y quería vengarme, lastimándote tanto como tu lo habías hecho.

—¿Herirte? ¿De que forma yo…?

Val sonrió a pesar de todo. Nick sólo prestaba atención a lo realmente importante. No hizo ni una mención a las runners ofrecidas.

—Esa tarde, en el pub —aclaró Val, acariciando con su pulgar ese labio inferior que siempre le pareció extremadamente sensual —. Agradeciste mi hipotética propuesta y acto seguido la rechazaste. No sólo habías fabricado toda una escena en tu cabeza, ¡sino que tuviste la osadía de decir que no!

—Estaba confundido, sé que no es excusa, me comporté como un imbécil de clase mundial. —reconoció, Val pudo notar, a través de su tono de voz y su lenguaje corporal, lo mucho que le costaba realizar esa confesión—. Antes de conocerte nunca me había cuestionado mi sexualidad. De pronto entras en mi vida y comienzo a sentir cosas… Luego descubro que la chica con la he estado obsesionado media vida no era realmente una chica y me asusté.

Val se enterneció y besó la punta de su nariz.

—Dejemos el pasado en su lugar, removiéndolo no conseguiremos cambiarlo. —dictaminó, bajando las manos hasta su pecho, justo sobre el estampado con el logo de la banda.

No necesitó pensarlo dos veces, le bastó una mirada a esos labios carnosos —que siempre se le antojaban— para saber lo que venía a continuación, De sobra sabía que su amado Nick nunca se atrevería a dar el primer paso.

Lo jaló de la camiseta con ambas manos y se adueñó de sus labios, como hacía cada noche en sus afiebrados sueños.

Esta vez Nick no huyó, respondió el beso de forma un tanto temerosa y titubeante.

Nick jamás le habló de su vida privada, Val no sabía nada sobre sus citas o novias pasadas. La historia que le contaron esos labios era bastante triste, Nick estaba completamente fuera de práctica.

Ya se encargaría él de ponerlo al corriente… con premura.

—Gracias por las botas —comentó Nick, en medio de una pausa para compartir breves carantoñas. Val alzó una ceja sin comprender sus palabras— No tener que ponerme de puntillas para besarte fue un placentero añadido.

Tendría que acostumbrarse al desconcertante humor de su amado, que destrozaba todos sus momentos de intimidad.

Cerró los ojos y regresó a por sus labios, besándolo despacio pero sin tregua. Ninguno de los dos hizo intento por profundizar mas allá. Nick no quería parecer a sus ojos como un cachondo desesperado, Val en ningún momento perdió de vista la noción de que se encontraban en medio del bosque, a metros de un montón de desconocidos, cualquiera de ellos podía salirse del claro y atraparlos en el acto.

Inopinadamente el modelo recordó un asunto de suma importancia y se alejó con pequeños besitos por toda la extensión de la barba.

El veterinario se puso a la defensiva.

—¿Sucede algo malo?

—Si, terrible, de hecho.

La expresión dramática del modelo le hizo a Nick temer lo peor. En alguien con tan generosa imaginación para las tragedias eso no era una minucia.

—Estamos a punto de regresar a Berlín y aun no te he pedido que seas mi novio.

Nick sonrió con alivio, quitándose una enrome roca de sus hombros. Debería recordar que Val no sólo era modelo, sino que un excelente actor.

—¿Me das un momento para pensarlo? No es una decisión para tomar a la ligera.

—¿Cómo?

—¿Las bromas no se me dan? ¿verdad?

—Otra bromita como esa y juro por Dior que retiro mi petición.

Ya mas envalentonado por los copiosos besos y la enfática declaración de amor, Nick se sintió con la confianza suficiente para responder con honestidad.

—Ignoro que fue lo que viste en mi, pero juro que haré que cada día juntos valga la pena. Me esforzaré por hacerte feliz, y si estás triste sacarte una sonrisa o al menos compartir la pena.

Emocionado, Val se secó una lágrima solitaria con el dorso de la mano y lo jaló de la camiseta para apresarlo en sus brazos.

—Sé que lo harás. —susurró en su oído—Es lo que has venido haciendo desde que nos conocimos.

F I N

por Haruxita

Escritora del Fandom

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