EXTRA. Rasguños y cicatrices

Notas: Se que muchas se quedaron preguntando qué había sucedido entre Markus y Bill para que este enviara ese mensaje a Tom. esta es la respuesta.

RESUMEN: Las heridas mas profundas son invisibles a los ojos.
Bill no se resigna a perder las esperanzas con Markus, decide jugar su última carta antes de arrojar la toalla.

«Basorexia» Capítulo especial

Rasguños y cicatrices

Chequeó por enésima vez los chupetones en el espejo.

Su corazón palpitaba ansioso, no podía esperar a que Markus los viera.

¿Qué tan enojado se pondría?

Tal vez fuera conveniente avisarle a «Bob Marley» de que no fuera el lunes, Markus podría ponerse un poco violento.

«¿Pero, en que estoy pensando?»

Casi se olvida de que, ahora que su fachada era innecesaria, el chico de rastas ya no tenía motivos para regresar a su casa.

Markus detestaba tanto a Kaulitz que no indagaría sobre su repentina ausencia.

Se obligó a no apresurarse, las marcas permanecerían en su piel por un par de días, debía encontrar el momento perfecto para exponerlas sutilmente.

La mañana del sábado parecía la más conveniente.

Val estaría correteando en el bosque con el tarado hasta entrada la tarde y Hitomi iba al mercado, por lo que estaría fuera a lo menos tres horas.

No le supo nada bien recordar de pronto que Markus algo había mencionado sobre llevar su camioneta al mecánico…

Pero, no todo estaba perdido. Val salía antes de las ocho, el ama de llaves no mucho mas tarde. Lo que le daba un pequeño margen de tiempo para abordar a su amor durante su desayuno.

Era eso, o esperar hasta la tarde, pero quería evitar aquello a como diera lugar.

Necesitaba estar a solas con Markus, su relación no era un tema que quisiera ventilar ante sus amigos.

De manera que, pese a haber dormido poco esa noche por culpa de la anticipación, se despertó temprano para escoger su ropa cuidadosamente No quería ser demasiado evidente.

Desde luego, lo más práctico habría sido prescindir de la camisa y aparecer vistiendo solo el pantalón del pijama. Las noches se habían vuelto calurosas y no levantaría sospechas si «casualmente» iba por un vaso de jugo a la hora en que el guardaespaldas desayunaba.

Sin embargo, existía un enorme PERO.

En la casa Trumper existía un estricto código de vestuario el cual, aun en ausencia del dueño de casa, todos respetaban a rajatabla.

Val consideraba grosero y de mal gusto ver torsos desnudos circulando por el piso.

Asimismo, los pijamas solo estaban permitidos fines de semana y días festivos, hasta mediodía y acompañados de sus correspondientes batas y pantuflas.

Su hermano era un pequeño tirano en su reino.

Un tirano de adorable sonrisa y cuyas delicadas manos camuflaban un puño de hierro.

Finalmente se decidió por una camiseta musculosa, algo ajada porque la usaba en la clase de deportes.

No levantaría suspicacias, cuando andaba de vago en casa no solía arreglarse mucho.

Además era perfecta, el chupetón del cuello y los rasguños en su espalda se notaban claramente.

Inspiró profundamente antes de entrar, rogando porque el talento actoral de su hermano se le hubiera pegado por osmosis, y se dejó caer en la cocina con cara de sueño, rascándose la panza por sobre la tela. (Estuvo tentado a alzar tantito el bordillo de la camiseta, para dejar al descubierto su estrella, pero a último minuto lo consideró excesivo).

—¿Me llevarías al super? —pidió, luego del saludo de rigor, metiendo medio cuerpo dentro de la nevera —necesito comprar algunas cosas para la fiesta.

—Debo dejar mi auto en el taller. —terció el hombre, con aspereza.

En el tiempo que Bill lo conocía había aprendido a distinguir perfectamente cuando su tono seco era debido a resabios de su acento de cuando el ruso estaba siendo cortante.

—Podemos coger un taxi, necesito que alguien me ayude con las bolsas. ¿Por favooor?

—¿El delincuente de tu novio no puede llevarte?

Una vocecita en su cabeza gritó «victoria». Ese calorcillo de regocijo que abrigaba su corazón cada vez que los celos de Markus quedaban al descubierto reapareció.

Rodó los ojos teatralmente y se apresuró a defender al de rastas, porque era lo que se esperaría que hiciera un «novio».

Era el momento, lo podía sentir en cada vello de su piel.

Bebió un sorbo de jugo y dejó el vaso sobre la mesada. Acercándose al guardaespaldas con paso calmado. Luchando internamente por controlar su desbocado corazón

—Tom es un buen chico, ¿qué debo hacer para que me creas?

«Por favor, dilo de una vez. <<Él no es para ti, tú eres mío>>».

Desesperado por conseguir la reacción que buscaba se llevó una mano al cuello y se rascó suavemente.

La sutileza no era lo suyo, bajó la mano esperando que su movimiento algo torpe hubiera atraído la atención del hombre.

Debió esforzarse por no sonreír cuando lo vio ponerse de pie y cerrar la distancia que los separaba.

Lo que no pudo evitar fue cerrar los ojos ante la suave caricia de sus dedos sobre la piel lastimada.

El suave contacto no duró mucho, abruptamente fue cogido del brazo y girado. De un fuerte jalón en su camiseta, Markus expuso su espalda.

—Voy a matarlo.

De acuerdo, la idea era despertar su lado pasional, pero esto se estaba extralimitando un poco.

No pretendía poner en peligro a Bob Marley. El chico era un idiota, pero le había tendido una mano desinteresadamente cuando nadie más quiso.

—¿Desde cuando viene sucediendo?—le interrogó, con los ojos convertidos en un par de ascuas.

—Desde que estamos juntos. ¿Qué crees que hacemos en mi cuarto? ¿Jugar Pictionary?

Con algo mas de delicadeza le bajó la camiseta y lo volteó.

—Te enseñé a defenderte, ¿por qué permites que te golpee?

Bill parpadeó, algo perdido.

Estuvo a punto de darse una palmada en la frente.

«Alguna gente ve solo que quiere ver»

—¡Él no me golpea! ¡Sólo es demasiado efusivo con sus caricias! Esta loco por mí, ¿sabes? —Agregó, con acritud.

¿Por qué lo primero que vino a la mente de Markus fue maltrato? ¿Acaso no creía que alguien pudiera perder la cabeza por él, al punto de tener una alocada noche (o tarde) de pasión?

De hecho si los había. El que no fueran el tipo de persona que él quería en su vida era otro asunto.

Eso no estaba resultando como había imaginado en su cabeza, en lo absoluto.

—Ese chico no es de fiar, su conducta es violenta. Te golpeó antes, bien puede volver a hacerlo.

—¡No lo hará!

—¿Cómo puedes estar tan seguro? ¿Sólo por que él dice estar «loco por ti»? Te creía algo mas inteligente que eso.

Bill bajó la cabeza. Markus estaba siendo innecesariamente cruel.

—Lo mantendré vigilado. Y tú… Cuídate.

El moreno se marchó a su cuarto, con sus esperanzas aporreadas y arrastradas por el suelo.

Su brillante plan no pudo salir peor.

~*~

No estaba de humor para fiestas. Pero no podía cancelar si tener que dar un montón de explicaciones a todo mundo, partiendo por su hermano, Val. Quien se marchó con resignación a casa de Andy, para dejarlo a solas con sus amigos. (Una forma elegante de decir que huía del bullicio y alboroto provocado por un montón de adolescentes).

La relación de su hermano con el empresario iba de mal en peor. Se preguntó cuánto tiempo más tardaría Val en aceptar que aquello fue un desacierto.

Recibió el beso triste que su hermano le dio en los labios antes de marcharse y lo despidió con el corazón apretado. Preguntándose por qué los habitantes de esa esa casa parecían condenados a la desdicha.

~*~

El grupo no era muy numeroso. A los amigos de siempre —Gus, Geo y Mandy— se les habían unido dos chicas que conocieron en su nueva secundaria y con las que se habían afiatado bien… Demasiado bien. Geo le había echado el ojo a Angela, la pelirroja, pero la chica se lo estaba poniendo difícil.

Aparte de ellos sólo estaba la sempiterna novia de Gus.

Como era inevitable, a poco de llegar Geo comenzó a interrogarlo sobre ese novio misterioso del que casi nada sabían.

Bill se acabó su tercera cerveza. Estaba dispuesto a ahogar sus penas o, si no lo conseguía, al menos caer pronto en la inconsciencia.

Les repitió por enésima vez la versión oficial: «está en el closet».

Iba a dar el tema por cerrado cuando divisó al fondo de la terraza a Markus.

Bufó para si. Debía ser el único adolescente con chaperón en sus fiestas privadas.

Se incorporó en la tumbona y subió un par de decibeles.

Todo se había ido a la mierda con Markus, ya no le importaba arruinarlo aun mas.

—Él es maravilloso, quisiera que pudieran conocerlo. —relató, con falso aire soñador

— Lo amarían, como yo lo hago. Es taan dulce y apasionado… —se mordió la lengua, le estaba saliendo muy sobreactuado. Pero la mera idea de que Bob Marley fuera «dulce» casi le provocó un ataque de risa. —Y está loco por mi, con suerte me lo consigo quitar de encima.

Los comentarios de sus amigos le tenían sin cuidado, su atención estaba puesta en el silencioso espía que no le quitaba la mirada de encima.

—Creo que él es el definitivo. No deseo a nadie más, él lo es todo para mi. —las palabras sonaban vacías para Bill. No era Bob Marley por quien albergaba esos sentimientos, sin embargo estos ahora carecían de valor, al haber sido rechazados por su destinatario.

—¡Si que te pegó fuerte, compañero! —Bromeó Geo, palmeándole la espalda.

Bill fingió una sonrisa satisfecha. La cara de Markus era mas que elocuente: estaba furioso.

~*~

Las cervezas no tardaron en hacer efecto.

Algo mareado ya, bajó a su habitación a hacer una pequeña parada en el baño.

Sin embargo, no alcanzó a llegar a destino porque Markus lo interceptó en el pasillo, lo agarro del brazo sin miramientos y lo estampó de forma poco gentil contra la pared.

Mas que asustado— Markus nunca actuaba así, al menos no con él.—Bill trató de zafarse. Por muy enfurecido que él estuviera jamás se atrevería a golpearlo. ¿Verdad?

El hombre no dijo palabra, sólo metió la mano al interior de su chaqueta, extrajo una pequeña caja y la puso en sus manos.

—¿Pero qué…?

Por toda explicación el hombre farfulló.—Si vas a arruinar tu vida al lado de ese delincuente, al menos cuídate—. Tras lo cual se marchó a su habitación, dejando a Bill aun mas confundido.

Apretó la cajita en sus manos, tratando de asimilar lo sucedido. Era una extraña forma de darle su «bendición» a su noviazgo con Bob Marley.

Sería un detalle increíblemente tierno, si las circunstancias fueran otras.

Al llegar a su cuarto arrojó la cajita de condones sobre su cama, cogió su móvil y despachó el mensaje que tenía pregrabado, pero que le habían faltado las fuerzas para enviar.

Ignoraba cómo sería su vida de ahí en más, ahora que había perdido al amor de su vida definitivamente.

De una sola cosa estaba seguro: A pesar de todo, Markus nunca dejaría de velar por él.

F I N

por Haruxita

Escritora del Fandom

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