«I’m in love with a ghost»
Capítulo 10: Enamorado de un fantasma
¡Pero claro que sí! Ésa había sido una muerte estúpida y yo quería decírselo, porque no debió de haber peleado con el tal Gerard porque esa perra de Anne, no se merecía que Tom se importara tanto por ella. Si él no hubiera ido, ahora seguiría vivo y a lo mejor lo hubiera conocido y hubiéramos podido ser… Oh ¡por Dios Bill ! ¿En qué estás pensando?
Tenía ganas de llorar, unas tremendas ganas de llorar por lo que estaba comenzando a sentir por alguien que relativamente ni siquiera existía.
— ¿Te pasa algo Bill? —preguntó mientras posaba su mano sobre la mía, pero yo de inmediato la alejé.
— Tengo que ir a… clase —dije nervioso y rápidamente salí de ahí.
Caminé, o más bien, corrí rumbo al salón en donde Andreas y los G’s ya me esperaban.
Me vieron raro cuando me acerqué a ellos pero no preguntaron nada. Unos segundos después el maestro entró y todos tuvimos que sentarnos.
Tom no se presentó, pero por el momento era mejor así.
Tenía que pensar muy bien en eso que había comenzado a admitir: Me estaba enamorando de un fantasma y ni siquiera me había dado cuenta el cuándo, cómo, dónde, ¡¿por qué?!
Acaricié mi sien un par de veces, la cabeza comenzaba a dolerme y eso que ni siquiera había comenzado con la verdad.
¿Cómo iba a afrontar esto? Digamos que el problema no fuera que Tom era un fantasma, pero sí lo era el hecho de que ambos éramos hombres y mi amigo lo había sido hasta el día de su muerte. No creo que ahora venga a cambiar por mí… Aunque realmente desearía que lo hiciera.
La hora de la salida llegó. Como siempre, mis amigos y yo nos fuimos caminando rumbo a casa, aunque por supuesto, el de trenzas no nos acompañó. Los G’s no se hablaban aún y ya era demasiado tiempo. Tendría que hablar con Gustav, aunque sabía lo que eso significaba: un gran sacrificio por parte de mi amigo.
Llegamos a casa del de lentes, era la primera en la calle.
— ¿Me invitas a comer Gus? —dije sonriente. Él me miró raro, seguramente porque no se esperaba eso, aunque al final accedió. — Regreso al rato Andy.
— Está bien Bill… Yo les aviso a mis papás. —Ambos se fueron y Gustav y yo nos metimos a su casa.
— ¡Ya llegue papá! —gritó.
— ¡Lávate las manos hijo! ¡Ya vamos a comer! —contestó él.
Sonreí con algo de melancolía. Aquella frase me recordó mucho a mi madre… Pero ya, no quería ponerme más triste de lo que estaba.
Gustav y yo fuimos a la cocina a lavarnos las manos. Ahí estaba su papá, terminando de servir la comida.
— Buenas tardes señor —saludé lo más cordial que pude.
— Buenas tardes joven.
— Papá, te presentó a Bill Kaulitz, uno de mis mejores amigos. —dijo Gus con una pequeña sonrisa— Bill, él es mi papá, Jurgen Wolfgang.
Ambos estiramos la mano y luego de eso nos sentamos para poder comenzar a comer. Yo no había tenido el gusto de conocer al padre de mi amigo, pero al parecer era un señor buena onda.
Comimos rápido y luego, Gus y yo, subimos a su habitación.
— Dime lo que me tengas que decir —musitó mi amigo mientras entrabamos a su cuarto.
Me senté en su cama y suspiré.
— Es que… Tenemos que hablar sobre Georg.
— ¿Sobre Georg? —preguntó sorprendido— ¿Por qué sobre él?
— Porque no se hablan y ya pasó mucho tiempo, ¿no te parece?
— Bill, no es tan fácil como crees —admitió bajando su mirada— Hablarle como si nada pasara será lo peor que haga en mi vida y aún no estoy listo.
— Te entiendo… —confesé.
— ¿Acaso algo parecido te ha pasado? —cuestionó y no me quedo más remedio que asentir— ¿En serio?
— Sí, pero no quiero hablar de eso…
Salí de casa de Gustav cuando terminamos de hablar. Él me dijo que haría lo posible por recuperar la amistad que tenía con Georg, porque era lo único que podría mantenerlo a su lado, aunque eso le costara sufrir mucho.
Caminé lo más lento que pude, pensando en aquello que había decidido el de lentes. ¿Por qué yo no hacia lo mismo? ¿Por qué simplemente no me quedaba callado y seguía siendo amigo de Tom como si nada pasara? Sí, eso haría, estaba decidido.
Me quedaría callado, seguiría siendo amigo de Tom y posiblemente me llevaría el secreto de que me había enamorado de un fantasma hasta la tumba. Nadie nunca tendría porque saberlo, menos el de trenzas. Él estaría por mucho tiempo a mi lado, tal vez después se aburriría de mí y terminaría largándose, pero el tiempo a mi lado ya nadie me lo quitaría.
Sí, así sería.
Cuando llegué a casa me encontré con Andreas y sus padres sentados en la sala, saludé rápido y por suerte, nadie preguntó nada. Subí a mi habitación por las escaleras. Antes de entrar tomé una larga bocanada de aire y traté de resignarme a mi triste vida.
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Gustav también había estado pensando en aquello que me había dicho sobre recuperar la amistad de Georg y quedarse callado. ¿Será lo correcto? Se cuestionaba. ¿Estaba haciendo bien? No quería cometer ningún tipo de error porque tampoco quería perder la amistad de Georg.
Pero, ¿Qué tal que no podía quedarse callado? Esto estaba resultando todo un problema.
— Gustav, ¡Ya me voy! Regreso en la noche —gritó Jurgen desde las escaleras.
— Está bien papá —contestó el de lentes.
Cuando escuchó que la puerta había sido cerrada, se acostó en su cama y comenzó a llorar. El pobre de Gustav se sentía mal de verdad.
Buscó una botella de alcohol que tenía guardada en el cajón de su buró, sintió la necesidad de olvidarse de sus problemas por un momento y no encontró método más efectivo que emborracharse.
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Un par de horas después, Gustav ya se encontraba perdido en un mundo en el que no podía distinguir entre lo que era realidad y lo que era producto de su mente, estaba completamente alcoholizado pero seguía sintiendo un profundo vacío dentro de él.
Toc, toc, toc. Escuchó que alguien tocaba la puerta de entrada. Tal vez era su papá, pero no, él tenía sus propias llaves, no tenía necesidad de tocar.
Se desconcertó un poco y tuvo que levantarse al escuchar que tocaban insistentemente.
Bajó las escaleras con mucho cuidado, porque sentía que se podría caer. Rió como un tonto y abrió la puerta torpemente.
— Ge…Georg ¿Qué haces aquí? —preguntó sorprendido.
— ¿Gustav? ¿Estás borracho?
— No… —resopló. El de lentes dejó al castaño solo y subió a su habitación, a Georg no le quedó más remedio que seguirle. — ¿Por qué no te vas?
— Porque tengo que hablar contigo.
— ¿Conmigo? —decía entre hipos, sonaba dolido y triste. Se sentó en su cama y su amigo lo imitó.
— Sí… ¿Puedes explicarme por qué te enojaste conmigo? ¿Qué hice? —preguntó realmente frustrado.
Gustav lo miró con miedo. Estaba claro que no podía decirle la verdad, no podía decirle que lo amaba y que estaba enojado con él por el simple hecho de no poder tenerlo, por verlo con todas esas chicas y por saber que él nunca sería para él, porque lo que sentía estaba mal y era imposible.
Siempre sería imposible pero no ese día, hoy no.
El de lentes comenzó a acercarse al castaño, lo miró dudoso pero no se detuvo porque en los ojos de Georg no percibió nada que lo hiciera retractarse. Luego de unos segundos, sus labios por fin se juntaron. Al principio fue sólo un beso tierno y casto, pero luego se convirtió en algo húmedo y cálido.
Georg posó sus manos sobre las mejillas de Gustav profundizando el beso, juntando sus lenguas en una batalla que el de lentes no quería terminar.
Pero el castaño reaccionó y alejó a su amigo de él. Sus respiraciones eran agitadas y era lo único que se escuchaba por toda la habitación.
— Yo… Perdóname Gustav yo no debí… —se disculpó Georg.
— ¿Acaso te arrepientes? —cuestionó Gustav dolido.
Georg no contestó nada porque ni él mismo sabía la respuesta. No sabía si se arrepentía de lo que acababa de pasar, todo era muy confuso. Acababa de besar a su mejor amigo y temía que alguno de nosotros o de su familia se enterara de eso. Aunque por otro lado, algo en él le decía que no debía de preocuparse, ¿por qué hacerlo?
— Anda, ¡contesta! —gritó Gustav— Te arrepientes ¿verdad?
— Gustav, yo… — El de lentes empujó al castaño fuera de su habitación.
— ¡Lárgate de aquí! —Y dio un fuerte portazo.
— ¡Abre! ¡Gustav abre! —Exigió Georg mientras golpeaba la puerta, pero luego de un rato al ver que no abriría, prefirió irse de ahí.
Continúa…
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Y yo que me alegre por nada xv Por qué siempre algo tiene que arruinar algo feliz, y peor por qué siempre me termina gustando más la pareja secundaria xD