«I’m in love with a ghost»

Capítulo 11: Besos fantasmales

Tomé la perilla de la puerta y la giré. Metí mi cabeza antes que todo mi cuerpo, Tom estaba sentado en el borde de la cama viendo hacia la entrada de la habitación. Cuando me vio sonrió. Entré por completo y cerré la puerta.

— Hola —saludé un poco nervioso.

— Hola, ¿en dónde estabas? —cuestionó. Yo aventé mi mochila y me quedé parado lejos de él. — Vi que Andreas llegó pero tú no.

—Oh bueno, estaba en casa de Gustav… Necesitaba hablar con él.

— Entiendo. Yo también necesito hablar contigo. —Dijo mientras se levantaba de la cama y comenzaba a caminar hacia mí, pero de nuevo me alejé— ¿Qué tienes?

— ¿Yo?… Yo nada —dejó de caminar y se paró a unos dos metros de mí.

— Lo que necesito decirte es muy importante —aseguró suspirando. Lo extraño era que no me miraba ni un poco, estaba sonrojado y parecía nervioso. Entonces, algo me impulso a dar un paso para quedar más cerca de él.

— Te escucho…— Él al fin me miró.

— Bill… Hoy cuando… bueno, cuando me dejaste solo en la biblioteca yo pensé en algo que ya me había planteado incluso antes de aparecerme ante ti —hablaba controlándose en no titubear. Estaba escogiendo las palabras exactas para decirlo y entonces, mi corazón se emocionó sin razón aparente. —Pero, no sé cómo decirlo y que no suene extraño ni tonto —me acerqué más y tomé sus manos.

— Tom, nada de lo que me digas puede ser tonto, extraño sí, pero por Dios… —No pude seguir hablando. Mi amigo me miraba como nunca antes lo había hecho pero me miraba justo y como yo me había imaginado que algún día lo haría.

Tom tomó mi cintura y me acercó mucho, mucho a él, más de lo que alguna vez había estado. Nos miramos unos segundos, rezaba porque por lo menos ésta vez nadie interrumpiera, aunque si lo hacían, no dejaría por nada del mundo que éste momento se arruinara. — Yo tengo que decirte que me he enamorado de ti —confesó sonrojado y muy seguro, no pude evitar sonreír ante aquellas palabras.

Inevitablemente lo tomé de ambas mejillas y me acerqué a él disfrutando de cada segundo que pasaba, entonces, nuestros labios se juntaron. Los de él estaban algo fríos, pero no era lo que me interesaba en ese momento, porque lo único que importaba era que Tom sentía lo mismo que yo, que por mucho que las cosas fueran imposibles entre los dos, había una pequeña luz de esperanza en el camino, que haría que no nos rindiéramos ante ningún obstáculo. Que nos haría seguir más allá de la vida y la muerte.

Cuando necesité un poco de aire tuvimos que separarnos, mi respiración era agitada y los labios de él tenían un tono rojizo por lo sucedido. Definitivamente esto era algo que nunca en mi vida podría olvidar. Había besado a un fantasma y no me arrepentía en lo más mínimo, él tampoco.

Ambos nos acostamos en la cama y me abrazó. Recargué mi cabeza en su pecho y sólo pude disfrutar de ese momento. Puede que la vida sea injusta contigo de mil maneras, pero siempre te pagará todos esos momentos malos con cosas buenas y mejores. Al menos eso me estaba pasando justo ahora.

Tom acariciaba mi espalda, eso se sentía tan bien… Alcé mi vista, quería verlo, quería saber que él seguía ahí, que no se había ido, que yo no estaba soñando y sinceramente, si lo estaba haciendo no quería despertar, prefería estar dormido para siempre.

El de trenzas me sonrió y besó mi frente, me aferré más a él.

— Te amo Tom —dije sincero. No tenía muy claro aún cómo es que me había enamorado de él, tal vez nunca lo sabría, pero eso tampoco importaba.

— Yo también te amo Billie — Entonces miles de mariposas revolotearon por todo mi estómago, eso sonaba tan bien de sus labios, con esa voz tan perfecta que tenía. Sonreí de nuevo y luego me senté, él me imitó.

— ¿Cómo lo supiste? —cuestioné de repente.

— ¿En verdad quieres saber? —Asentí— Bueno pues desde el primer día en que te vi, pensé que eras el ser humano más hermoso que había visto en toda mi vida y en toda mi «muerte»… Como ya sabes comencé a seguirte y todo de ti empezó a parecerme interesante, cada cosa que hacías era especial, desde la forma en la que hablabas, el tono tan dulce de tu voz…—decía sonrojado y las mariposas aparecieron de nuevo— Ése brillo tan hermoso en tus ojos, todo tu ser… Pero no podía aparecerme de repente como si nada, yo sabía cuál era mi lugar y era ser invisible para siempre —suspiró.

La sonrisa de mi rostro no podía irse, tenía ganas de besar a Tom de nuevo, pero la verdad era que quería enterarme de cómo se habían presentado las cosas para él. Porque para mí, aceptar que estaba enamorado de un fantasma y saber que no existían demasiadas posibilidades para estar juntos, me había sido muy difícil.

— Pero no pude mantenerme así… Cuando tú mamá murió creí que era prudente estar a tu lado, apoyarte. Déjame decirte que lo pensé mucho, creí que te espantarías al verme y entonces, nunca más podría aparecerme ante ti. Tuve que armarme de mucho valor, rezando que lo tomaras como algo normal y lo hiciste. Extrañamente, aunque te espantaste un poco, me tomaste como algo normal, cosa que agradecí. —Sonrió— Luego, comenzamos a convivir, nos hicimos amigos, empezaste a confiar en mí, me dejaste dormir contigo, escuchaste todo lo que tenía que decir. En cierta forma, me apoyaste. — Recargó su cabeza en mi hombro y suspiró, para luego, continuar con su historia. —Cuando fue el funeral de tu mamá y pasó lo que pasó en el cementerio, decidí que tenía que buscar a Anne, de alguna forma necesitaba algunas explicaciones y la verdad es que en ese entonces, yo ya sentía algo por ti, pero no quería aceptarlo, porque seguramente un ser tan especial como tú no podría enamorarse de un fantasma como yo, así que pensé que tal vez si la veía, me daría cuenta que seguía amándola y que contigo sólo estaba confundido… Pero no fue así. Nunca te fuiste de mí mente y me di cuenta que lo que sentía por ella no podría compararse con lo que siento por ti. — Quitó su cabeza y me miró con un brillo especial en los ojos. — Me di cuenta que nunca me había enamorado de ella… Bill, me di cuenta que me había enamorado perdidamente de ti y sólo esperaba que tú sintieras algo similar…

No pude hacer otra cosa más que abrazarlo, aferrarme a él y hacerle saber cuánto era que lo amaba.

— Te amo, te amo, te amo Tomi… — Repetí con algunas lágrimas que no podía dejar ir, no quería llorar, ni siquiera de felicidad. Éste era el momento más perfecto de toda mi vida y no quería arruinarlo.

Nos separamos y él acarició mi mejilla suavemente.

— ¿Puedo preguntarte algo?

— Lo que quieras —contesté sonriente.

— ¿Por qué actúas tan normal conmigo aún sabiendo que soy un fantasma? —cuestionó con curiosidad.

— ¿Por qué habría de actuar de otra forma?

— No sé —alzó sus hombros— Sólo que pienso que si fueras alguien más, habrías ido a contar que un fantasma se te apareció… o yo que sé, algo por el estilo.

— Uhm, bueno, pero yo no soy alguien más.

— Por suerte no —sonrió y ambos nos besamos de nuevo.

Continúa…

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