«I’m in love with a ghost»

Capítulo 12: Novios

Desperté y por primera vez en toda mi vida lo hice feliz, porque a mi lado estaba la persona que amaba. Tom se había convertido en mi razón para vivir.

Lo sentía abrazado a mi cintura, volteé cuidadosamente y no lo vi, sólo lo sentía, eso me causó algo de melancolía porque quería verlo dormir y estaba claro que eso nunca ocurriría. De repente comenzó a aparecer, señal de que estaba despertando, segundos después abrió sus ojos y me sonrió, estábamos de frente, podía sentir su respiración fría en mi rostro.

— Hola —saludó suavemente.

— Hola. — Respondí con una sonrisa leve y mi amigo me dio un beso tierno en los labios. —Tomi, ¿puedo preguntarte algo?

— Claro. ¿Qué pasa?

— Uhm, ¿qué somos? —cuestioné algo apenado y él sonrió de nuevo. Cuando lo hacía era simplemente hermoso.

— ¿Qué somos? —repitió pensando en la respuesta, pero alguien tocó la puerta.

— ¿Qué? —grité fastidiado.

¡Son las 6:45 Bill! Apresúrate o llegaremos tarde.

Gruñí— ¡Ya voy Andreas! —Me levanté con el ceño fruncido y comencé a vestirme con una playera negra y unos jeans, Tom se burló un poco de mí, según él era gracioso cuando me enojaba. Cepillé mi cabello, me maquillé un poco y ambos salimos de la habitación. Me había alistado para ir a la escuela en tiempo record, diez minutos. Tomé un vaso de jugo y Andreas y yo caminamos a casa de Georg.

— Hola chicos. —Saludó el castaño cuando estuvo en el umbral de su puerta, se veía raro.

— Hola. — Nos limitamos a decir. Me percaté que entre más nos acercábamos a casa de Gustav, él más ansioso se ponía.

Andreas presionó el timbre del hogar del de lentes un par de veces y casi de inmediato el papá de nuestro amigo abrió.

— Buenos días señor —dije.

— Buenos días Bill, Georg, Andreas. ¿Cómo están?

— Bien —contestamos al unísono.

— ¿Y Gustav? —pregunté.

— Oh, él sigue durmiendo.

— ¿Durmiendo?

— Sí, al parecer no tuvo una buena noche…

— Hola —saludó Gustav sonrojado, Georg parecía estar asustado. — Hoy no iré a la escuela chicos, la cabeza me duele horrible.

Fue su excusa para faltar, aunque no le creímos del todo porque actuó muy nervioso.

&

La hora del almuerzo llegó y Tom me pidió que ambos fuéramos a la biblioteca porque necesitaba hablar conmigo de dos cosas importantes. Me desconcertó un poco aquello que me dijo pero preferí no preguntar nada y esperar.

Nos sentamos de frente en el piso, escondidos entre el último y el penúltimo anaquel, como si fuéramos pequeños niños jugando. Tom sonrió.

— ¿Qué pasa? —Pregunté entre risas leves y sin esperarlo, el de trenzas me besó suave y delicadamente, como si yo me fuera a romper con cualquier movimiento brusco o violento. — Y eso ¿qué fue? —cuestioné entre jadeos cuando estuvimos separados.

— Bill, estuve pensando muy bien aquello que me preguntaste en la mañana —musitó sonrojado— Y yo quería saber si tú… Uhm… ¿Quisieras ser mi novio? —preguntó nervioso.

Sin poder evitarlo sonreí y me lancé a abrazarlo, cayendo encima de él.

— ¡Claro que sí quiero! —dije emocionado mientras lo besaba de nuevo, él sonrió feliz. Después de ese pequeño capítulo, otra vez nos sentamos. — Bueno, y ¿qué otra cosa es la que me tienes que decir?

— Oh, eso es aún más difícil… —musitó con la mirada perdida— Es sobre tu mamá. —Puñalada a mi corazón. Hablar de mi progenitora aún me costaba demasiado trabajo.

— Lo que sea que vayas a decir, dilo ahora —exigí con voz suave.

— Bueno… Bill, ¿recuerdas que el día en el que tu papá… asesino a tu mamá… recibiste una llamada? —dijo con miedo. Asentí.

— Fuiste tú, ¿no? —aseguré ausente.

— Ajá… Fui yo. Y quiero que me perdones.

— ¿Perdonarte? — fruncí el ceño. ¿Por qué se estaba disculpando? No entendía nada.

— Sí. Ese día que fuiste a la fiesta te seguí, estuve contigo, cuidando que nada malo te pasara y descuide a tu mamá… — Tom no me miraba a los ojos y yo aún no comprendía el por qué de todas sus palabras. — Pero cuando hablabas con Georg sentí que algo malo estaba pasando, así que regresé a tu casa, presintiendo que lo que percibía provenía de ahí… Cuando llegué, tu papá estaba golpeando a tu mamá en la planta alta, quise defenderla pero justo cuando subía por las escaleras, él la aventó y yo ya no pude hacer nada por ella —decía en medio de sollozos. Mis ojos comenzaron a llenarse de lágrimas, pero no de tristeza, sino de rabia e impotencia. — Perdóname, ¡yo tenía que salvarla!

— No, no, no Tomi —susurré abrazándolo— Para empezar tú no tienes la culpa de nada, cuidarnos no es tu responsabilidad…

— ¿Qué haces Billie? —se escuchó de repente. Era la voz irónica de Harold, me veía raro, pero yo tenía que aparentar que ahí nada extraño pasaba, ese tonto no podía darse cuenta que Tom existía, eso sería muy peligroso.

— ¿Qué te importa?

— No, no me importa en nada. Pero parecías loco ahí sentado, ¿te imaginabas que abrazabas a alguien? —resopló bufando— Creo que necesitas un psicólogo —decía burlonamente.

— ¡Y a ti qué! —le grité. Tom y yo nos levantamos para salir de ese lugar, pero justo cuando pase al lado de Harold, éste me tomó del brazo. — ¡Déjame! —exigí.

— Te dije que no creyeras que porque tu papá es un asesino, yo tendré algún respeto o miedo por ti.

— ¡Pues por mí, sí tendrías que tener miedo! —Gritó el de trenzas pero sin ser visible para el estúpido ése.

— ¿Qué? ¿Trajiste compañía? — Él miraba para todos lados, buscando a algún chico que estuviera escondido por ahí, según él, mi compañía. — ¡Sal de donde estés! — Pero al ver que nadie hacia caso a sus peticiones, dijo — Veo que tu amiguito tiene miedo de salir, entonces, divirtámonos un poco.

— ¡Déjalo en paz! — De repente, Tom apareció frente a Harold y éste gritó, estaba pálido, parecía que sus ojos se saldrían de sus orbitas, se fue de espaldas cayendo al suelo.

— ¿Qu… Qué eres?

— ¿Qué no ves? ¡Soy un fantasma! Y si no quieres que te vaya muy mal, lo mejor será que dejes en paz a Bill y a cualquier otro chico que estés molestando, ¿está claro? —Decía firme y serio, la verdad es que causaba mucho miedo, incluso a mí que sabía que él no sería capaz de hacerle ningún daño a nadie. Harold no contestó, estaba completamente petrificado, no movía más que sus ojos. — ¡¿Dije que si está claro?!

— S… Sí señor… Digo, sí fantasma digo…

— ¡Cállate! Y mejor ¡ya lárgate de aquí! —Harold se levantó lo más rápido que pudo y salió de la biblioteca como alma que lleva el diablo.

— Tom, ¿no crees que sea peligroso que Harold sepa que existes?

— No —contestó con toda la tranquilidad del mundo— Creo que con lo que le he dicho basta para que tenga miedo durante toda su vida— dijo burlonamente mientras sonreía.

El tiempo del almuerzo terminó y tuve que volver a clases. Harold no me miró para nada y cuando lo hacía, procuraba que yo no me diera cuenta. Tom se reía a carcajadas de él y me distraía mucho.

— ¡Cállate! —Musité algo fuerte. También quería reírme pero no se me hacía prudente hacerlo con aquél tipo tan cerca.

— ¿Todo bien señor Kaulitz? —me cuestionó un irónico maestro de matemáticas. No pude hacer otra cosa más que asentir. — Dígame la respuesta al ejercicio que está en el pizarrón por favor.

Miré hacia la pizarra y observé por unos segundos la ecuación que estaba escrita. Yo no era muy bueno con las matemáticas, así que me tardé en procesar todo.

— Lo estoy esperando joven — El maestro me miraba amenazante. ¿Por qué los profesores te ponían a resolver algún problema o dar alguna respuesta, cuando era evidente que no estabas poniendo atención?

— Es veintisiete —dijo Tom de repente.

La verdad fue que dudé un poco pero preferí dar ese resultado — ¿Veintisiete?

— Correcto —miré a Tom y le agradecí en voz baja.

&

Andreas, Tom y yo, íbamos llegando a casa. Georg ya estaba en la suya o al menos eso suponíamos. Entramos por la puerta y los papás del rubio estaban sentados en la sala, ambos parecían preocupados.

— ¿Qué pasa? —cuestionó Andreas. La señora Carolina me estiró un sobre sin decir nada.

Lo recibí y pude leer que era una notificación del juzgado. Abrí el sobre: aquél fin de semana tendría que asistir a juicio para declarar contra mi propio padre.

Continúa…

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